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Jakob von Gunten

jakob von gunten

Jakob von Gunten, de Robert Walser

jakob von gunten

¿Y si no existiese aspiración más digna y loable en la vida que no ser nadie?

Precaución:  Si en estos momentos usted trata de alcanzar alguna meta, si se esfuerza por ser alguien en esta vida o si, simplemente, aún no ha renunciado a todos los buenos propósitos con los que inauguró el año, no lea este libro.

Al menos yo no me hago responsable si, tras leer Jakob von Gunten, se deja enredar por su simpático y parlanchín protagonista y se convence, como él, de que no hay nada más conveniente y deseable que dedicarse, con todo su empeño, a ser un “encantador cero a la izquierda, redondo como una bola”.

 

Jakob von Gunten es una novela destacable por muchas razones: adelantada a su tiempo en muchos aspectos y escrita con maestría y pasión, narra una buena historia, tan capaz de penetrar en la psicología de sus personajes como de divertir al lector.  Pero su autor, el suizo Robert Walser, puede presumir además de algo que sólo está al alcance de unos pocos: la creación de un personaje capaz de encarnar un rasgo del carácter humano hasta convertirse en un símbolo, del mismo modo que hicieran Cervantes con El Quijote o Melville con Bartleby.

Jakob von Gunten es un adolescente que, en los primeros años del siglo XX, se inscribe en el Instituto Benjamenta, una especie de internado en el que muchachos humildes son formados para ser sirvientes.  Allí se convertirá en el arquetipo de la renuncia a triunfar, a prosperar, a destacar siquiera entre sus compañeros.  No se puede afirmar que se trate de un fracasado o un perdedor: Jakob tiene talento y energía; simplemente ha decidido que el único objetivo digno en el que invertirlos es ser un individuo anónimo, integrado en la sociedad, pero ocupando su último peldaño, donde desarrollar una existencia útil pero subordinada y carente de responsabilidad o iniciativa.

Currículum

El que suscribe, Jakob von Gunten, hijo de buena familia, nacido el día tal del año tal, educado en tal y tal lugar, ha ingresado como alumno en el Instituto Benjamenta a fin de adquirir los escasos conocimientos necesarios para entrar al servicio de alguien.  El infrascrito no espera absolutamente nada de la vida.  Desea ser tratado con severidad para saber qué significa tener que dominarse.  Jakob von Gunten no hace grandes promesas, pero se propone comportarse de manera honesta y encomiable.  (…)  El infrascrito cree poder adaptarse a cualquier situación, por eso le es indiferente lo que se le ordene hacer; está firmemente convencido de que cualquier trabajo hecho con cuidado le supondrá más honor que llevar una vida ociosa y angustiada junto a la estufa de su casa. (…)”

Como pueden ver, el currículo de Jakob es revelador.  No quiere prosperar, a pesar de no ser indolente ni vago; no desea tener éxito en nada, aunque es el más inteligente del grupo; pide que se le reprima y se le doblegue a la fuerza, pero no es masoquista.  Ni siquiera es un conformista que autojustifica su incapacidad para medrar, pues nació en una buena familia, en un hogar acomodado del que ha escapado, renunciando a sus privilegios y oportunidades, para comenzar desde lo más bajo y no llegar a nada.

En definitiva, la suya es una elección completamente voluntaria y consciente, fruto de una reflexión moral y, sobre todo, estética.  El joven Jakob von Gunten es, en última instancia, la semilla del hombre moderno.

Y el lóbrego y decadente Instituto Benjamenta, regentado por Herr Benjamenta y su hermana, es el lugar ideal para que Jakob consiga alcanzar sus objetivos.

“Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta jamás llegaremos a nada, es decir que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada.  La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito.”

Sin más profesores que la condescendiente Fräulein Benjamenta, con un solo libro de texto que lleva el curioso título ¿Qué objetivo persigue la escuela de muchachos Benjamenta? y un estricto y omnipresente reglamento que establece hasta cómo debe ser la mirada de los alumnos, el Instituto Benjamenta es un lugar sórdido y triste, situado al margen del resto del mundo.  Sin embargo, a los ojos del inocente y apasionado Jakob se convierte en un universo mágico y cerrado que rebosa de secretos maravillosos y misterios indescifrables en su imaginación.  Vehemente e imaginativo, hasta el acontecimiento más nimio es registrado por el joven aprendiz de criado como si de un acontecimiento portentoso se tratara.  Incluso Herr y Fräulein Benjamenta se convierten, gracias a la pluma de Jakob, en personajes fabulosos, casi míticos.

Robert Walser le dio a Jakob von Gunten la forma de un diario, una especie de cuaderno de notas en el que se recogen las experiencias y reflexiones de Jakob durante su estancia en el Instituto Benjamenta; los acontecimientos cotidianos se mezclan con sus pensamientos y sus opiniones sobre sus compañeros:  Graus, Schacht, el polaco Schilinski, Fuchs, Peter el Larguirucho… cada uno de ellos representa una forma de enfrentarse a un futuro incierto, a un mundo en constante en cambio.  Y cada uno explotará las habilidades que tenga más desarrolladas –la capacidad de trabajo y sacrificio, el encanto personal, la adulación– para enfrentarse a esa vida desconocida e inquietante que espera más allá de los muros del Instituto Benjamenta y labrarse un porvenir.  Pero Jakob no; él, que es el más dotado de todos, será un cero a la izquierda.

Jakob plasma en su diario su entusiasmo desbordado, sus sentimientos siempre extremos y sus espontáneas y a menudo contradictorias reflexiones con una sinceridad deslumbrante, quizá porque el propio Robert Walser había pasado por una institución similar pocos años antes de escribir el libro.

Existen más paralelismos entre Walser y su personaje.  El escritor también eludió el éxito y el reconocimiento durante toda su vida, prefiriendo la soledad de una vida errante, de ciudad en ciudad y de trabajo en trabajo, al aplauso del público.  Con el paso de los años su salud mental se fue deteriorando, como ya les sucediera a varios miembros de su familia.  Terminó sus días en Waldau, una residencia para enfermos mentales, volcado en la escritura de microgramas –crípticas notas escritas a lápiz en papeles sueltos con una letra microscópica–.  Su afición por dar larguísimos paseos en soledad –como Jakob– se acentuó con el paso del tiempo.  El día de Navidad de 1956 no volvió de su caminata; unos niños encontraron su cuerpo sobre la nieve, exactamente igual que un personaje de una de sus novelas, Los hermanos Tanner.

Soy consciente de que me estoy extendiendo en esta reseña más de lo habitual, pero les aseguro que este libro me ha entusiasmado hasta tal punto que me resulta difícil contener el torrente de ideas y emociones que quisiera plasmar en el papel.

Leer a Robert Walser es una experiencia sorprendente.  Su lenguaje rico y elaborado, sus frases densas y perfectamente construidas, su envidiable capacidad para encontrar la palabra exacta remiten a la gran literatura del siglo XIX, pero la manera audaz e innovadora en la que expone los pensamientos de Jakob, su capacidad para plantear dilemas hasta entonces inexplorados e incluso el ritmo de la narración son increíblemente modernos, no solo para su época, sino incluso hoy en día.  He leído novelas escritas cien años después que transmiten menos frescura que ésta.

Mucho más apreciado por los escritores de su generación y de las posteriores que por el público en general, su influencia es visible en novelistas de la talla de Musil, Kafka, Canetti o Bernhard.  La obra de Robert Walser, en cierto sentido, tiende un puente entre los grandes novelistas del XIX y las vanguardias del XX.  Tras su muerte sus novelas alcanzaron algo de popularidad.  Sin embargo, hoy es un escritor casi olvidado.  Y quizá este olvido no haga justicia a su calidad como escritor ni a su importancia en la historia de la literatura contemporánea pero, a fin de cuentas, eso es probablemente lo que él deseaba:  pasar desapercibido, rumiar sus escritos en soledad y ser recordado en su lecho de nieve, al fin en armonía con el mundo.

Pero lo más importante, más allá de curiosidades académicas o biográficas, es que la lectura de Jakob von Gunten es un auténtico placer; un libro original, cautivador y delicado de cuyo protagonista, entre brillante y tarambana, debemos cuidarnos, no sea que nos contagie su afán de no triunfar jamás y terminemos convertidos en unos encantadores y apasionados ceros a la izquierda.

Javier BR
javierbr@librosyliteratura.es

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14 comentarios en “Jakob von Gunten

  1. Genial reseña.
    Quiero leerlo ya! No porque no tenga planes (confieso que la advertencia del principio me dejó reservas) pero me parece que el personaje y su historia suenan tan atractivos.
    Además, si el escritor vale la pena como decís al final de la reseña, habrá que hacerle honor.

  2. Genial, ya puse este libro en mi lista de deseos 🙂
    Espero que sea una experiencia sorprendente como tu dices

  3. La verdad, eso de ser un 0 a la izquierda, y no sentir ningún tipo de remordimiento o de rencor, no es una mala idea. Trataré se hacerme con este libro, y seguiré tu recomendación. Veo que te movilizó bastante, lo cual quiere decir que el libro algo transmite.

    Saludos

  4. Que conste que tengo mis planes y buenos propósitos para este año. Pero… ¿quién se resiste a este libro después de leer tan buena reseña?
    Yo, desde luego, no. Otro autor que no conocía que se suma a mi lista de pendientes.
    Saludos!!!

  5. Hola, Rosario, Poemas, Darío, Margarita. La verdad es que la lectura de este libro me dejó muy buenas sensaciones. Me resultaron muy interesantes por una parte la combinación de una forma de escribir “clásica” con unos planteamientos sorprendentemente modernos y, por otra, la idea del hombre que desea fundirse en la masa y renunciar a su individualidad. Pero sobre todo, hubo una cierta empatía entre el autor y yo. Si lo leéis, espero que también os suceda.
    Muchas gracias por vuestros comentarios.

  6. Hola Javier. Por lo que nos vamos conociendo a través de las reseñas, creo que tenemos unos gustos bastante similares. De hecho, ya he empezado a empatizar un poco con el personaje mientras leía tu reseña… Trataré de hacerme con el libro, pues me parece una propuesta muy interesante.

    Un saludo.

  7. Estoy de acuerdo contigo, Iván, yo también opino que nuestros gustos literarios se parecen. Si te decides a leerlo, espero que te guste como me gustó a mí. Ya me contarás.

    Saludos.

  8. Te faltó el “Llame ya y se lleva otro de regalo! Jajaja ¡Qué bien vendiste el libro! ¡Me lo quiero comprar!

    Más allá de los chistes, es verdad que parece un librazo. Me trajo a la mente uno de los libros que estoy leyendo “La conjura de los necios”

    Sin dudas intentaré leerlo, cuando le toque llegar primero a la lista de libros a leer.

    Saludos!

    Pd: gran reseña!

  9. Hay libros que te gustan y libros que te entusiasman, y este es de los últimos. Pero vamos, tampoco hace falta comprarlo (la editorial no me da comisión, a pesar de que la merezco, jaja), se puede leer en las bibliotecas.

    Bromas aparte, en este inmenso mar de publicaciones, todas tan parecidas unas a otras, cuando algo es bueno y es original, merece la pena destacarlo con entusiasmo.

    Gracias por tu comentario, Roberto.

  10. Tampoco tan olvidado. No sólo Vila-Matas recuerda a Walser siempre que tiene ocasión, sino que hace ya tiempo que la obra de Walser se edita i reedita. Y también son numerosos los libros sobre Walser, como “el paseante solitario”, de Sebald, y muchos otros. Hasta el punto, que seguramente tanto éxito molestaría al propio Walser.

  11. Y, perdón por el exceso, ahora estoy leyendo “la promesa”, del gran Dürrenmatt, y, casualidad o no, uno de los personajes responde al nombre de Von Gunte. Bonita casualidad, he pensado mientras leía.

  12. Es cierto, dErsu, Vila-Matas menciona mucho a Walser: en “Dublinesca” cita constantemente “Los hermanos Tanner”. Y también es verdad que no es tan difícil encontrar títulos de Walser en las librerías. Pero, aunque sea una opinión mia imposible de corroborar, creo que es un autor más conocido entre otros escritores que para el gran público.
    Y eso es probablemente lo que a él le habría gustado.
    Gracias por tu comentario.

  13. Siempre es una alegría encontrar en Internet reseñas sobre grandes escritores como Robert Walser. Sin embargo, el entusiasmo por “[s]u lenguaje rico y elaborado, sus frases densas y perfectamente construidas, su envidiable capacidad para encontrar la palabra exacta remiten a la gran literatura del siglo”, sólo podrá haberlo despertado, en el caso de una traducción como la publicada por Siruela, la labor del traductor. Hacer crítica de una traducción es tarea ardua, pero mencionar en la ficha del libro o en alguna parte de la reseña el nombre del traductor no lo es. Ésta `parece ser -si el ISBN no me engaña- de Juan José del Solar, el “traductor oficial” de Elias Canetti. Por lo demás, insisto, me ha encantado ver una reseña de este libro.

    Saludos cordiales

    Francisco

  14. No puedo hacer otra cosa que darte la razón, Francisco. Habitualmente pasamos por alto la gran labor de los traductores (que sólo se mencionan cuando se sospecha que la traducción es mala). Es cierto que de un tiempo a esta parte sí incluyo el nombre del traductor en los datos del libro, pero en las reseñas más antiguas no figura, cuando no costaba nada ponerlo.

    Sería interesante debatir sobre el papel del traductor en la literatura, ya que, aunque imagino que intentará que el resultado sea lo más parecido posible al texto original, es innegable que algo (no sabría decir cuánto) pone de su parte.

    En fin, te agradezco enormemente tu comentario y, aunque en las reseñas recientes ya está corregido este error, trataré de buscar el tiempo para enmendar las antiguas. Por lo demás espero que la reseña te haya resultado interesante.

    Un saludo.

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