Light Chaser: Surcaluz

Reseña del libro “Light Chaser: Surcaluz”, de Peter F. Hamilton y Gareth L. Powell

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En una época en la que todo va a mil por hora, en la que el tiempo se nos escurre entre las manos, y en la que producir lo es todo, cuando llega el momento de estar ociosos, tratamos de que ese momento de recreo también sea productivo. Intentamos por todos los medios no equivocarnos. Ya sea a la hora de ver una serie o una película, o cuando decidimos empezar a leer un libro, conocer casi todos los recovecos de la obra es necesario para no embarcarnos en algo desconocido. En lo que ignoramos cabe la posibilidad de dar como resultado el descontento. Algo que hoy en día parece inaceptable. Así que indagamos por internet, buscamos la opinión en redes sociales de mutuals y en algunos casos hasta aceptamos algún que otro spoiler con tal de no lanzarnos totalmente a ciegas, aunque todo ese proceso nos reste la opción de maravillarnos.

Harto de esta obsesión, de este miedo de dar un paso en falso, decidí empezar a leer Light Chaser: Surcaluz conociendo solamente lo que el propio libro podía contarme. En la portada me encontré con la maravillosa ilustración de una nave de factura impresionante viajando a toda pastilla por el espacio. Bajo el título el nombre de dos autores desconocidos para mí: una novela corta escrita a cuatro manos. Los encargados de publicar dicha obra eran Red Key Books, una editorial con poco bagaje pero con algunos títulos muy potentes en lo que se refiere a la literatura de género. Un giro de muñeca y encuentro la sinopsis: escueta, misteriosa y atractiva. Aquí, en este justo momento, es cuando os insto a dejar de leer esta reseña, a lanzaros hacia lo desconocido, hacia esa parte del mapa donde reza “aquí hay dragones” y que os internéis en ese territorio inexplorado que tantas sorpresas os tiene preparados.

Si todavía continuáis por aquí me veo en la obligación de explicaros quién es Amahle, qué es la Mnemósine y que misión llevan a cabo. Amhale ostenta el cargo de light chaser o surcaluz. Su ADN sintético de ocho caracteres hace que su esperanza de vida sea tan larga que a ojos de un humano normal parezca inmortal. Viajar por las estrellas la convierte en casi una leyenda. A bordo de la Mnemósine, una nave interestelar con capacidad de acelerar a velocidades cercanas a la luz, viaja de planeta en planeta, realizando siempre el mismo circuito, siempre en el mismo orden. Su cometido parece una tarea valiosa, pues en cada planeta que visita recoge unos collares que ella misma, anteriormente, entregó a ciertas personas. Collares que pasarán de generación en generación para grabar vivencias y sentimientos. A cambio ella entrega tecnología y baratijas que los nativos de cada planeta reciben gustosamente. Los autores no tardan mucho en plantearle ciertas dudas a la protagonista sobre la misión que está llevando a cabo y estas vienen a través de uno de esos collares. Un mensaje imposible de alguien que no debería existir. Alguien que le advierte que la realidad que vive es una mentira y que el Dominio (el conglomerado de planetas que los humanos fueron capaces de colonizar) es toda una vasta red de mentiras.

Peter F. Hamilton y Gareth L. Powell son dos reputados escritores de ciencia ficción con una carrera más que consolidada en el sector. Mientras que al primero ya hemos tenido opción de leerlo en nuestro idioma (aunque hoy en día esos títulos ya están descatalogados) no había sido así con Gareth L. Powell hasta el título que hoy nos ocupa. Hamilton y Powell unen fuerzas en esta novela corta, mostrando una sinergia y un entendimiento mutuo sin igual, para hablarnos de viajes increíbles, de mundos imposibles, pero sobre todo de un amor capaz de perdurar eones y sobrevivir más allá del espacio-tiempo y todo en menos de 150 páginas. Y es que parece que para contar algo grande, una historia que te remueva por dentro, la novela (sobre todo si nos circunscribimos al terreno de la ciencia ficción o la fantasía) deba poseer no menos de 500 páginas. Light Chaser: Surcaluz es una historia épica, titánica y trascendental encapsulada en una novela corta. Una novela que en un principio puede parecer compleja por toda esa jerga necesaria en la hard SF (burbuja de tiempo, estrella subgigante, órbita geosincrónica, disco de acreción…) pero que rápidamente se nos muestra como una space opera capaz de grabar a fuego en nuestra imaginación no pocas maravillas. Prodigios que tienen que ver con los diferentes planetas que Amahle se ve obligada a visitar y que nos mostrará varios tipos de civilizaciones e historias. Una historia repleta de historias. Algunas de ellas en mundos medievales, otras con pinceladas de campiña inglesa a lo Jane Austen y no pocas donde lo cyberpunk campa a sus anchas. Y aunque una vez que la novela enfila su recta final parece aflojar el ritmo y mostrar alguna pequeña inconsistencia, tras el epílogo quedará conquistado hasta el corazoncito del lector más reticente.

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