Penitentia

Reseña del libro “Penitentia. Balada de sombras errantes”, de Gonzalo Vázquez Cagiao 

Penitentia

Penitentia es el nombre de la ciudad a la que van a parar todos los condenados. Si el purgatorio es ese espacio transitorio en el que las almas de las personas se purifican para entrar al paraíso, quienes aquí habitan también esperan su turno de entrada. Sin embargo, en Penitentia el único camino a donde lleva esta espera es al mismísimo infierno.

Bajo esta premisa, Gonzalo Vázquez Cagiao nos ofrece en las páginas de Penitentia una interesante novela de ficción que es todo un ejercicio de imaginación y habilidad. Una novela de más de quinientas páginas que he devorado en apenas dos días y que me ha mantenido pegada a sus páginas sin apenas levantar cabeza. 

El agente antidroga Max Béker acaba de fallecer en acto de servicio. Él mismo ve su cuerpo inerte sobre la camilla del hospital. Cuarenta y cuatro años. Podría haberlo hecho mejor, pero, ¿acaso podemos elegir nuestro desenlace? Tras abandonar el hospital se sube, casi por inercia, a un autobús que lo llevará a un destino aún peor que el de saberse muerto: Penitentia. Allí es acusado del asesinato de su compañero, pero el Magistratus le hará una proposición para alcanzar la redención: deberá colaborar con la agente Ventura para resolver el caso del reciente asesinato del psíquico Simon Noret. Max, todavía asimilando dónde está, no podrá hacer otra cosa que aceptar la oferta.

Mientras, en las entrañas de la ciudad, Garand, agente de la policía metropolitana, escolta al último condenado hacia el Pórtico de la Perdición. En cuestión de segundos, los Insaciables, servidores del inframundo, devorarán vivo al condenado. Para ella las cosas también están a punto de cambiar. El procurador fiscal la necesita para una nueva tarea en el departamento: controlar al psíquico Linus Pendergast, sustituto del recién asesinado Simon Noret. Nadie debe saberlo. Garand y su nuevo compañero serán los encargados de vigilarlo desde un piso franco. ¿Qué gana ella a cambio? Rebajar el tiempo de su condena. 

Por su parte, los agentes Brox y Rem, del Departamento de Inteligencia, vigilan a la despampanante Anabela Hoffman, una prostituta sospechosa de estar implicada en un asesinato. Dudan de que se trate nada más y nada menos que de un súcubo. Para dar con ella comienzan por interrogar a sus clientes más habituales. ¿El primero de la lista? Van der Been, un erradicador que nada tiene que perder. 

Últimamente en Penitentia los trabajos de exorcismo cada vez son más necesarios. Mireia y Nora no dan abasto. Una posesión múltiple, firmada por un ser demoniaco muy poderoso que se hace llamar Azariel, les pone tras la pista de algo más grande.

¿Has escrito un libro y quieres que lo leamos?

Como veis, Penitentia es una novela coral. Cada uno de los personajes va desplegando ante nosotros la trama de esta interesante historia a la que no le falta de nada. Me parece muy interesante la forma en la que Gonzalo Vázquez Cagiao alterna los personajes capítulo a capítulo para contarnos la historia y cómo va tejiendo los hilos de las tramas hasta que todas confluyen. Sin duda, esta forma de narrar desde distintas voces le da mucha vitalidad a la novela. El estilo narrativo del autor, fresco, ligero, mordaz y sin pelos en la lengua y la fuerza con la que impregna a todos y cada uno de los personajes son sin duda los puntos fuertes del libro. Sin olvidar la magnífica historia y el universo único que el autor recrea, a ritmo de Johnny Cash, en las páginas de Penitentia. Una ciudad que, en cierto modo, me ha recordado a aquella que Robert Rodríguez, Frank Miller y Quentin Tarantino nos mostraron en la gran pantalla con Sin City, un peliculón basado en los cómics de Frank Miller que, salvando las distancias, recrea una ciudad y unos personajes que bien podrían pasearse por las páginas de este libro.

En Penitentia solo unos pocos conocen toda la verdad. Los secretos, el poder de las altas esferas, el suspense y la acción son el pan nuestro de cada día en las calles de esta abominable ciudad. Solo unos pocos podrán lograr su propia redención. ¿Te atreves a alcanzar la tuya?

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