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Raros, torpes y hermosos, de Raúl Jiménez

raros torpes y hermosos

raros torpes y hermososDe entre la maraña de libros que salen al mercado, ya no cada mes o cada semana, sino cada día, es fácil que se nos puedan pasar por alto auténticas joyas de la literatura y más que de cualquier otra de la literatura breve. Sin embargo, algo había en el libro de Raúl Jiménez que llamaba poderosamente la atención. Es cierto que un libro no debe juzgarse por la portada, pero en esta ocasión la portada con la inocente, tierna y única imagen de un conejo mutante con tres ojos, como salido del río cercano a la central nuclear de Springfield, y actitud juguetona, creo que define muy bien el percal de lo que vamos a encontrarnos en el interior. Así pues, editorial, primer objetivo conseguido: no se nos ha escapado.

Lo siguiente es querer saber de qué demonios irá un libro presentado así, aunque se puede intuir. Raros, torpes y hermosos es una colección de cuentos de lo más variopinto y extraño. Cuarenta y cuatro cuentos o relatos de extensión muy corta (los hay incluso de cinco líneas) que empiezan de una manera apacible, cotidiana, a partir de una frase cualquiera, pero de los que no puedes imaginar el giro final, ese que te dejará con el culo torcido. Y eso que, cuando ya llevas leídos unos cuantos y ya vas prevenido, puedes intentar adivinar el desenlace. Pero no. Se quedará en un mero y burdo intento porque el cabrito de Raúl Jiménez sabe lo que estás pensando y te va a coger del moflete y te va a decir “no, no, no, creías que iba a pasar x pero lo que va a pasar no es y, y ni siquiera es z, porque tengo un abecedario nuevo y lo que va a pasar es aa”.

En cuanto a la temática, hay de todo, como en las tiendas de chinos, pero desde el prisma realista en su mayoría. No hay ciencia ficción ni fantasía (salvo en el cuento La taberna). La comprobación de la inmortalidad de un hombre, una casa de huéspedes, una extraña comunidad de vecinos, un pueblo en el que todos son taxistas, celos de un padre hacia su hijo recién nacido, los cuidados de los mayores de la familia, los avatares de un sicario, psicópatas coleccionistas, ricachones enfermizos que no leen telegramas… Todo se narra con una naturalidad increíble, como si lo que nos estuviera contando sucediera a consecuencia de una serie de hechos lógicos, que derivan, a pesar del resultado en un final impensable pero coherente y sorprendente a la vez.

Y como en toda colección de relatos siempre hay algunos que te gustan más que otros, estos son mis favoritos:

El inmortal: en el que un pintor aseguró hace tiempo que no moriría nunca y el narrador le sigue la pista para comprobarlo.

La casa de huéspedes: un misterio desvelado.

Nuestro pueblo: el del pueblo de taxistas en el que… no, de este no cuento más.

El bebé: o los celos enfermizos del padre hacia el bebé con un inesperado desarrollo.

El puré: o de cómo tratar bien al suegro.

La abuela: este da miedito y me voy a permitir copiarlo, ya que incluso viene impreso en la contraportada:

“La abuela había sido maestra. Así que a mamá le pareció lo más adecuado que fuera ella quien nos enseñara a leer. Papá al principio protestó: ¡Pero si está muerta! Luego mamá le mostró la güija y el pobre papá se quedó sin argumentos”

Buenos vecinos: ¿se puede echar de menos no hablar del tiempo con nadie en el ascensor?

Halloween: corto, pero intenso, triste y aterrador también.

La taberna: en dónde un extraño personaje se pregunta el porqué de que el tabernero siga con su mujer.

El llanto: a falta de conversaciones en el ascensor…

Despedida: este es muy bueno. ¿Sabéis realmente si conocéis a todos los integrantes de vuestros grupos de WhatsApp? ¿Seguro? ¿A todos? ¿No se os ha infiltrado nadie?

Primer ejercicio de redacción…: el título es muuuuy largo. Es el último y también es algo más largo, pero es una gozada también. La gerontofilia y sus problemas.

Que conste que quedarme con estos no quiere decir que los demás sean malos. Para nada. Estos son los que más destaco porque por una u otra razón me han llegado o gustado más, pero en líneas generales todos son buenos, todos están muy bien escritos y estructurados, todos consiguen meterte de inmediato en la respectiva historia y provocarte extrañas reacciones y, por supuesto, todos merecen ser leídos e, incluso, releídos.

Rarezas, extravagancias y humor, humor negro, miedo (sí, acostumbrémonos a decir miedo cuando se parece al terror pero no lo es), tiñendo el día a día en sus muchas formas es lo que nos podemos meter en vena con esta excelente y variada colección de cuentos.

Un libro diferente de una recién creada editorial, Sala 28, a la que animo a seguir con proyectos tan frescos y estimulantes como este Raros, torpes y hermosos.

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