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El pecado que mató a Carolina Martín, de Eugenia Dalmau

El pecado que mató a Carolina Martín

El pecado que mató a Carolina MartínSolo hace falta echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de que el pecado convive con nosotros. Da igual lo que hagamos y en la situación en la que estemos: alguno de los pecados capitales está presente. Siempre. Y, señores, que tire la primera piedra el que no haya envidiado nada, el que no haya sentido un ataque de ira, el que no haya devorado algún suculento manjar sin tener hambre. También el que no se haya dejado llevar por la pasión, el que no haya puesto el despertador “cinco minutitos más”, el que no haya subido selfies y selfies a las redes sociales o incluso el que no haya querido tener algo para sí y no compartirlo jamás con nadie. Vamos, estoy segurísima al cien por cien de que todos los aquí presentes nos quedaríamos con la piedra en la mano, porque sea de la manera que sea, hemos cometido alguno de estos pecados a lo largo de nuestra vida.

Eugenia Dalmau se centra en este hecho para desarrollar su novela: El pecado que mató a Carolina Martín. No os voy a engañar. Al principio, el título de la obra no me convencía en absoluto. Demasiado largo y misterioso para mi gusto. Pero a medida que fueron pasando las páginas, lo entendí. Entendí por qué esta autora valenciana había optado por poner un título tan enigmático.

Empecemos por el principio: un cuerpo aparece, en una casa, sin signos aparentes de violencia. Parece un infarto, o incluso un suicidio. Sí, el cuerpo es el de Carolina Martín, una  mujer de éxito que se codea en las altas esferas de Madrid. Lo tiene todo: un trabajo de lujo, un chalet en una urbanización envidiable, amigos influyentes, juventud, belleza a rebosar y mucha inteligencia. La casualidad quiso que Jaime Reyes y Manuel Serra fueran los encargados de esclarecer los hechos y darle sentido a esa escena. Porque si hubieran sido otros los inspectores encargados del caso, no hubieran descubierto jamás la historia que encerraba el asesinato de Carolina.

Poco a poco estos inspectores irán poniéndole cara a todas las personas que componían el círculo más cercano de la fallecida, concluyendo que cada uno de ellos era la viva imagen de un pecado capital. ¿Qué fue lo que mató a Carolina? ¿Qué pecado hizo que apareciera muerta en su casa? ¿La ira, la pereza, la lujuria, la envidia…? Siete son las opciones y siete los posibles móviles del crimen. Detrás de ellos, su jefe, su hermana, su cuñado, su amante… un sinfín de personas que podrían haber cometido esa barbaridad sin ningún tipo de remordimiento.

Ahora pasemos a analizar el cuerpo de la obra. En la primera mitad del libro, Eugenia Dalmau sigue una tónica que se repite constantemente: nos da un capítulo en el que conocemos a un nuevo personaje y acto seguido encontramos otro capítulo en el que nos cuenta la vida de esa persona y que, tras leerlo, nos deja claro qué pecado es el que se esconde en las entrañas de dicho personaje. Cuando ya tenemos todos los pecados y personas presentadas, comienza la “segunda parte” del libro —lo pongo entrecomillado porque no existen partes divididas físicamente, pero yo sí que he notado una clara separación en este punto—. Esta segunda parte, como decía, se centra ya en la resolución del crimen. Una vez que sabemos todos los motivos de los sospechosos, iremos desgranando poco a poco, junto a los inspectores, todas las pistas del caso. Sabiendo esto, lo del título escogido se entiende muchísimo mejor, ¿verdad?

Esto me ha gustado especialmente, pues al principio nada más que quería llegar a esos capítulos explicativos en los que nos remontamos años atrás para conocer la vida de un personaje en concreto. Es como si el lector se convirtiera por unos momentos en un psicólogo, que se adentra en la mente de esa persona para entender qué es lo que le ha llevado a ser quién es en la actualidad. Esto también permite al lector formar parte del equipo de investigación, como si fuera un tercer compañero en el equipo de Reyes y Serra. Conociendo la vida de los sospechosos, podemos empezar a hacer nuestras elucubraciones e intentar adivinar quién fue el asesino. Yo, aviso, por más que lo he intentado, no he acertado. Pero claro, es que en cada capítulo cambiaba de opinión: “sí, sí, estoy segura, ha sido fulanito porque blablablá. No, no, antes me equivoqué, ¿cómo pude ser tan tonta? Ha sido menganito porque blablablá…”. En fin, así durante las cuatrocientas páginas que tiene el libro. Y no, no acerté. Así que menos mal que mi oficio nada tiene que ver con resolver asesinatos…

En cuanto a los personajes, me ha gustado mucho la evolución del inspector Reyes. Aunque el narrador de la historia es su compañero, Serra, a través de sus palabras podemos ver claramente como el personaje de Reyes va evolucionando poco a poco. Empieza siendo un desconocido para nosotros, un tanto distante y frío y al final se convierte en alguien cercano y al que acabamos cogiendo cariño. Serra aporta un toque de humor al argumento con sus comentarios constantes y su forma de ser, tan de valencia.

El pecado que mató a Carolina Martín es un libro de esos que atrapa. Eugenia Dalmau nos va dejando miguitas de pan que solo hacen que queramos más y más. Pero no, hasta el final no obtendremos nuestra recompensa. Así que hay que tener paciencia. Además, tiene un ritmo bastante lineal que se ve muy incrementado cuando nos vamos acercando a ese desenlace donde se descubre todo el pastel. Por lo que el final es genial, muchísimo más ágil y que hará que nos leamos las últimas ochenta páginas del tirón.

Al principio hablaba de la facilidad de caer en el pecado, de dejarse llevar por esos malos pensamientos. Y es curioso que uno solo de ellos fuera el que acabó con Carolina Martín. Pero, más curioso es todavía, el hecho de que cualquiera de los personajes, cada uno con su pecado particular, podría haber tenido motivos para hacerlo. Eso me ha hecho pensar y me ha gustado mucho, porque al final cualquier pequeño detalle puede hacer que la chispa se convierta en llama.

No seré yo quien tire la primera piedra, por supuesto. Tengo tantos defectos como cualquiera. Mientras leía este libro he detectado varios: primero, la pereza, porque llegó el fin de semana y no quería salirme de mi cama con tal de pasar un rato más leyendo esta novela. Segundo, la gula, porque ¿qué mejor que un buen chocolate caliente para calentar el cuerpo mientras seguía leyendo? Tercero, la ira, porque me enfadaba cada vez que mi sospechoso cambiaba, desbaratándome todo el razonamiento. Y, cuarto, la envidia, porque me encantaría tener la mente de Eugenia Dalmau para que este argumento se me hubiera ocurrido a mí antes.

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El consejo, de Carlos Palanco Vázquez

El consejo

El consejoHace unos años, cuando estaba en segundo de Bachillerato, descubrí cuánto me gustaba la Filosofía. Era mi asignatura favorita y a la que más tiempo dedicaba por las tardes. Cada vez que estudiábamos un autor, acudía a la bibliografía complementaria para leer algo más sobre él. Cosa que, curiosamente, no me ocurrió con Locke, que no sé por qué, nunca terminó de gustarme. Será porque tampoco llegué a comprenderle del todo, cosa indispensable para poder estudiar su forma de pensar.

Cuando terminamos el curso, con la Selectividad mirándonos desafiante, nuestra profesora nos preguntó cuál había sido la técnica filosófica que más nos había convencido. Que si tuviéramos que escoger solo una para intentar solucionar los problemas del mundo, cuál sería. La mayoría de mis compañeros pasó del tema y se quedó mirando el cuaderno intentando que la profesora no preguntara al azar. Y otros cuatro o cinco empezamos a darle vueltas a la cabeza. Yo no he sido nunca de lanzarme, así que esperé a que la profesora me mirara para yo decir que mi corriente favorita era la mayéutica socrática. Si yo tuviera que solucionar los problemas del mundo, empezaría por ahí. Por el diálogo. Ya no solo para conocer a todos los que nos rodean, sino para conocernos a nosotros mismos, punto fundamental. Ya que si lo que queremos es arreglar el mundo, lo primero que tendremos que hacer es arreglarnos a nosotros mismos. Luego ya se verá.

Todo esto me ha venido irremediablemente a la cabeza ya que toda la historia que nos cuenta El consejo gira alrededor de la Filosofía. Nuestros protagonistas viven en el año 2020, en un país llamado Atlántika. Después de haber pasado por una gran crisis, el país va saliendo a flote poco a poco. Mientras tanto, un grupo de cinco personas (tres hombres y dos mujeres) recibirán una carta que les cita en un lugar donde se les revelará una importantísima misión: crear un libro que cambie la historia del país. Estas cinco personas, con grandísimas mentes, formarán El consejo y tendrán que apañárselas para ponerse de acuerdo en cuáles son las mejores decisiones para el Estado. Javier es uno de los miembros, profesor de universidad, filósofo e inconformista. Parece que ese trabajo está especialmente hecho para él.

Tendrán la difícil tarea de analizar todos y cada uno de los problemas que asolan el país e intentar darles la mejor solución, pero no será fácil ponerse de acuerdo. Y mucho menos cuando parece que hay una sociedad secreta que está tramando algo que puede afectar a las decisiones ahí tomadas.

Al final, Atlántika no deja de ser un reflejo bastante fiel de nuestra sociedad actual. Después de una crisis durísima y que ha azotado a todos y cada uno de los rincones de nuestro país, los cimientos económicos, políticos y sociales se han visto dañados. Hay que recomponer la estructura, sí, pero desde abajo. Empezando por el principio. En Atlántika tuvieron muchísima prisa y se consiguió salir de la crisis sacrificando algunas cosas que deberían ser intocables. Hablan de una bajada del paro, por ejemplo, pero a costa de ofrecer trabajos precarios con salarios y contratos irrisorios, cosa que, desde el punto de vista de los miembros de este consejo, es inadmisible. Por eso, cuando leemos esta novela, no podemos evitar comparar su situación con la nuestra propia y analizar, a la vez que los protagonistas, todos los monstruos que asolan a nuestra sociedad.

El consejo es una novela del autor pacense Carlos Palanco Vázquez. Después de una vida entera dedicada a la Medicina, en 2014 publica su primera novela de ficción, Las tres llaves, aunque la vocación ya venía de antaño, ya que también se dedicaba a escribir artículos médicos y relatos cortos.

Cuando leo un libro me gusta indagar un poco en la vida del autor. Saber de dónde viene, a qué se dedica cuando no está escribiendo, qué es lo que le ha llevado a escribir esa novela… en fin, cotillear un poco. Y me quedé muy sorprendida cuando leí que Carlos Palanco estudió Medicina y que actualmente es cardiólogo. Y digo esto porque yo me imaginaba que este escritor sería un catedrático de Filosofía o algo así. Básicamente porque en su libro la Filosofía es lo principal y las conversaciones que tienen los personajes giran todo el tiempo a su alrededor. La crisis social, económica y política que vive Atlántika es analizada desde muchas corrientes filosóficas, que se pueden entrever en las conversaciones de los protagonistas que forman El consejo. Yo me imaginaba que Carlos Palanco sería un profesor universitario, como Javier, pero ya veo que no, no podía estar más equivocada. Así que bravo, porque conseguir escribir un libro como este, en el que la Filosofía lo es todo, sin dedicarte profesionalmente a ella, merece todo mi respeto y admiración.

En cuanto a la narración, es una obra ligera, pese a que puede parecer lo contrario. No paro de decir que la Filosofía es lo principal y eso puede dar a entender que el libro es aburrido y tedioso. Pues no, para nada. Poco a poco nos vamos metiendo en los problemas de Atlántika, siendo partícipes de ellos. Las páginas van pasando y nos descubrimos opinando sobre esos problemas. Pensamos en qué haríamos nosotros si tuviéramos el poder que ellos tienen (al fin y al cabo, son ciudadanos normales y corrientes, no políticos con un alto puesto ni nada por el estilo), qué cambiaríamos, qué mantendríamos, a qué le daríamos unas cuantas vueltas… Y eso al final es precioso y no deja de ser el método de la mayéutica socrática que mencionaba al principio. Cuestionar y cuestionar y, a través del diálogo, descubrir y descubrir.

Así que no penséis que es un libro sin acción, porque esta va aumentando a medida que pasan las páginas. La trama se entremezcla con puntos de misterio que resultan muy interesantes y que hacen que queramos leer más y más.

En cuanto a los personajes, Javier está muy bien desarrollado. Al final digamos que es el que nos está contando toda la historia y con el que más complicidad tenemos. De los otros personajes tenemos menos información, incluso de un par de ellos al principio solo se nos dan unas pinceladas, y esto provoca una sensación: duda. No sabes cómo son, ni cómo piensan. Y por lo tanto no sabes si puedes fiarte de ellos o si su forma de pensar arruinará todo el plan. Eso me ha gustado especialmente, ya que en mi cabeza he podido hacerme una idea de cómo era el resto de personajes, para ir desvelando poco a poco sus verdaderas identidades, así como en el juego Quién es quién.

Si le tengo que poner una pega, es que el autor le tendría que haber dado una vuelta más a la corrección ortográfica. Si este pequeño fallo se pule en las siguientes ediciones, estoy segura de que será un libro que venda muchísimos ejemplares. Eso quiero y deseo para este autor que ha demostrado que sabe de lo que habla y que ha llegado al mundo de la escritura para quedarse.

En primero de Bachillerato tuve el mejor profesor de Filosofía que se puede tener (con respeto de mi profesora de segundo). Eugenio, se llamaba, “el bien nacido”. Él nos enseñó que la gente que gobierna a un pueblo debería ser siempre y ante todo, filósofa. Los políticos deberían estudiar obligatoriamente Filosofía. Deberían aprender a pensar. A analizar los problemas, comprenderlos y darles una solución lógica. Si siguiéramos ese consejo, y el que nos da Carlos Palanco, estoy segura de que ahora no estaríamos donde estamos. No lo sé, ¿tú qué opinas?

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Almas muertas, de Nikolái Gógol

Almas muertas

Almas muertasHace unos meses, dos amigos y yo decidimos crear un club de lectura propio. Pequeñito, sí, pero con calidad. Mucha calidad. Cada mes, uno de nosotros escoge el libro que vamos a leer con una sola condición: no se puede elegir un escritor de la misma nacionalidad que otro que ya hayamos leído. Nuestro objetivo es conocer horizontes nuevos, descubrir obras que quizás de otro modo no nos hubiéramos ni planteado leer. Este mes le tocaba el turno a Jota, que se decantó por la nacionalidad rusa. Propuso tres libros de tres escritores rusos y votamos. Así que aquí estoy, reseñando Almas muertas. No os voy a mentir, otra de las opciones era Anna Karenina, opción que me gustaba más, pero al final el pueblo habló y he pasado los últimos días junto a Nikolái Gógol.

Para mí, la literatura rusa era una gran desconocida. He de decir que solo he leído a Nabokov y, aunque de origen ruso, su literatura es más cercana a la estadounidense de aquella época, por lo que tengo entendido. Así que afronté con un poco de miedo esta obra. No sé por qué, los rusos me han dado siempre muchísimo respeto. Siempre he leído que son unos grandes literatos y que no cualquiera puede adentrarse en sus páginas, así que me alegro de haber empezado con Almas muertas, porque es una obra bastante ligera, entendible y amena.

Cuenta la historia de Chíchikov que, junto a su criado y su cochero se dedica a recorrer varios pueblos con un solo objetivo: comprar almas de personas fallecidas. Así, tal cual. La intención de este personaje (“nuestro héroe” como lo llaman en la edición de Cátedra) es comprarlos para poder después hipotecarlos y hacer fortuna. Lo de las almas tiene su explicación histórica. Resulta que a mediados del siglo XIX, una persona podía poseer siervos como una propiedad. Estos eran considerados como bienes muebles. Pues bien, estos siervos podían venderse, enajenarse o incluso hipotecarse, aumentando así el patrimonio del propietario. A estos siervos se les denominaba comúnmente “almas”. Así, Gógol toma este término para elaborar toda su obra, solo que en vez de comprar almas vivas —siervos vivos—, compraba almas muertas, de siervos que ya habían fallecido.

Nikolái Gógol no quiso más que hacer una sátira, una burla de la sociedad en la que vivía, de ahí esa paradoja de las almas muertas y las vivas. Esto se ve muy claramente en los personajes que Chíchikov se va encontrando a través de los capítulos. En cada pueblo, tendrá que lidiar con un personaje con un carácter fuertemente marcado, respondiendo a los más exagerados estereotipos. Son personajes muy exagerados, llevando su caracterización al extremo. Como si de una comedia se tratara.

Mi edición no la traía, pero este libro tiene segunda parte. Gógol decidió continuar las andanzas de Chíchikov pero, poco antes de morir, el escritor decidió que era mejor quemar el manuscrito para que jamás se publicara. A pesar de ello, se consiguió recopilar la suficiente información como para poder editar esta parte a título póstumo, así que, dependiendo de la edición, se puede encontrar esta segunda parte o no.

En la edición de Cátedra no está incluida, pero en su lugar trae un prólogo bastante extenso (unas ochenta páginas) donde nos ponen en situación con una contextualización muy exhaustiva y con capítulos extras en la parte final que bien podrían servir de aclaración de muchos aspectos que durante el libro se quedan un poco en el aire. Por supuesto, también están las notas a pie de página, que para mí son imprescindibles. Sobre todo al principio, porque te explican la forma que tenían los rusos de llamar a las personas y así no te haces un lío, porque hay personajes que les llaman hasta de tres formas diferentes.

En resumen, ha sido una lectura que he disfrutado muchísimo, a pesar de que iba con miedo al principio. No sé de dónde viene este temor, la verdad, pero siempre he pensado que hay que haber leído mucho para poder entender la literatura rusa. Y bueno, no ha sido tan terrible. Siendo sinceros, es un libro que hay que leer con detenimiento y que no es una lectura en la que podamos sumergirnos toda una tarde sin apartar los ojos de  sus páginas —al menos en mi opinión—, pero es un libro que al final es muy amable, ya que en muchas ocasiones llega a hacernos reír y el personaje de Chíchikov se convierte en un viejo conocido. Me ha gustado mucho este mes, sin duda. Ahora, me toca elegir a mí la próxima lectura y ya que Anna Karenina no lo podemos leer por haber agotado la nacionalidad rusa… no sé por qué me voy a decantar. Pero desde luego necesito algo que esté a la altura de Nikolái Gógol y sus Almas muertas.

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Cuba, al otro lado del espejo, de José María Mellado

Cuba, al otro lado del espejo

Cuba, al otro lado del espejoMi pasión por la fotografía ya viene de largo. Desde que tengo memoria puedo verme con una cámara de fotos en las manos. Primero, la de mi padre, que, aunque intocable, alguna vez se convertía en mi juguete. Después, mi primera cámara propia, la que me regalaron por mi comunión. No os imagináis la cantidad de fotos que hice ese día. Muy ridículas todas, por supuesto, pero ahora las veo y se me escapa una sonrisa. Con los años he ido avanzando en este mundo, hasta ganar, a los diecisiete, un premio que se convocaba en Barcelona. Se llamaba “La bici en la ciudad”. Yo presenté una foto que había tomado el verano anterior en Inglaterra, mientras trabajaba como aupair. Fotografié al niño que cuidaba mientras volvíamos a casa en bici. Él en la suya, diminuta y yo unos metros por detrás en la mía. Esa instantánea, en blanco y negro, hizo que llegara a mi poder mi primera cámara de verdad, una Sony DSC H50, que ha sido mi fiel compañera durante muchos de los mejores momentos de mi vida. Sobre todo, el viaje a Kenya, donde me ayudó a tomar unas fotos de las que estoy orgullosísima. Estas Navidades le pedí a Papá Noel una nueva compañera y ahora es una Nikon D3300 la que vivirá junto a mí lo que me depara la vida, al menos en un futuro próximo.

Con esta pequeña biografía, dejando ver una faceta de mí que quizás antes no había mostrado, entenderéis por qué me ha hecho tanta ilusión que Anaya me hiciera llegar un ejemplar de las dos últimas obras de José María Mellado. Por una parte, Fotografías de alta calidad, mis mejores técnicas y consejos y Cuba, al otro lado del espejo, del que vengo a hablar hoy. El primer libro es una obra maestra para todo aquel que ame la fotografía. Es un manual que todos deberíamos tener en nuestra mesilla para poder echarle un vistazo de vez en cuando. En ese libro aprenderemos a utilizar aplicaciones que harán de nuestras fotografías verdaderas obras de arte.

Pero hablemos del otro libro, Cuba, al otro lado del espejo. Cuando llegó a mi casa… puf. Qué difícil es describir todo lo que me hizo sentir. Llegué de trabajar y el repartidor lo había dejado en casa de mi abuela. Me avisó por la ventana nada más verme (ventajas de vivir en un pueblo pequeño) y con las mismas subí para ver qué había llegado. Sin darme tiempo ni siquiera a quitarme el abrigo, ya lo había desempaquetado. Me quedé anonadada con lo que me encontré. Si seguís alguna de mis reseñas ya sabréis que amo viajar. Que podría dedicar todo el dinero que tengo a viajar sin medida y sin fronteras. Así que toparme con este libro, que es un viaje condensado en sus páginas, me teletransportó. Me llevó a un país en el que no he estado, pero que parece que ahora conozco a la perfección gracias a las fotografías tomadas por José María Mellado. Y es que este libro es eso: una recopilación de una serie de fotografías hechas en Cuba que dejan sin aliento. No solo retratan la cara más amable de la isla, los paisajes paradisiacos y los colores que todo lo atrapan. Sino que también nos muestra la cara más dura de la pobreza, de la supervivencia y del abandono que esas personas han tenido que sufrir durante muchísimos años.

Es un libro precioso. Para observar muy detenidamente, bebiendo da cada foto que encontramos. Las páginas son de muchísima calidad, convirtiéndose en un libro que durará toda la vida en nuestra biblioteca personal y al que será bonito acudir de vez en cuando.

Este libro mezcla dos de mis pasiones: la fotografía y los viajes. Será por eso que me ha conmovido tanto. Pero tiene un pequeño problema: desde que lo abrí por primera vez, no he podido evitar imaginarme a mí misma en las coloridas calles de Cuba con mi amiga Nikon intentado seguir todos los consejos que he aprendido de José María Mellado. Ojalá algún día se haga realidad. Mientras tanto, siempre me quedarán sus libros.

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La duda y el deseo, de Ariadna Tuxell

La duda y el deseo

La duda y el deseoEnero, nuevo año, nuevos propósitos, nuevas metas. Pero antes, hay que analizar cómo ha ido el año que nos ha dejado. Siempre suele ser igual: que si no has perdido los kilos que te propusiste, no has dejado de fumar, no te has sacado el título de inglés, aunque te apuntaste al gimnasio dejaste de ir a las dos semanas… en fin. Una lista interminable de propósitos frustrados, que será más larga o más corta dependiendo de la persona de la que estemos hablando. Espero que tú, lector, hayas tachado al menos uno de esos propósitos. Si no es así… en fin, tendrás que arreglártelas para poder tacharlos este año que acaba de empezar. Mis propósitos para el año 2017 eran, principalmente, terminar la carrera (objetivo conseguido), encontrar un trabajo pasable (conseguido también) e incrementar mi lista de libros leídos. Este último propósito no consistía únicamente en leer más cantidad de libros, sino en leer más variado. Ahí estaba la clave. Quizás porque soy una persona muy obsesiva que cuando le gusta algo no puede parar de hacer cosas relacionadas con ello. Si me gusta un género literario, puedo leerme quince libros seguidos sobre lo mismo sin problema. Lo mismo que si me gusta un autor… intento leer el máximo número de libros de ese autor en el menor tiempo posible. Pues eso, rozando lo obsesivo.

Así que el año pasado me propuse variar. Leer sí, mucho. Pero de todo. Probar géneros nuevos, descubrir autores que no conocía, atreverme con algún libro que a priori hubiera descartado sin dudar… básicamente variar.

A medida que avanzaban los meses, he ido cumpliendo mi propósito. Sobre todo porque unos amigos y yo hemos creado un club de lectura y cada mes uno de nosotros propone un libro. Solo tenemos una regla: no podemos repetir nacionalidad de los autores que ya hayamos leído. Es una fantástica forma de conocer libros nuevos y de leer obras que quizás no me habría propuesto leer. Aun así,  para cuando llegó diciembre, todavía no había leído ningún libro que fuera novela erótica. Creo que lo último que leí de este género fue la famosa saga de Grey, pero ahí me quedé. Sí que había leído novela romántica, pero no un libro en el que el protagonista fuera directamente el erotismo. Así que La duda y el deseo llegó en un momento clave, ya que podría entrar dentro del propósito ese de variar mis hábitos de lectura.

La protagonista de esta novela escrita por Ariadna Tuxell —seudónimo bajo el que publica esta autora—, es Sabina. Sí, como el cantante. Así lo dice ella cuando le preguntan por el origen de su nombre. Tiene apenas veintitrés años pero ya ha conseguido el trabajo de sus sueños: ser bombera. Trabaja en un parque de bomberos repleto de hombres. Es la única mujer y se siente muy a gusto con esa situación, ya que siempre ha sabido congeniar más con los hombres que con las mujeres. Después de un accidente de coche al que acude para liberar a unas personas que habían quedado atrapadas, Sabina se presenta en el hospital para acompañar a uno de los heridos. Allí está Jan, el mejor neurocirujano de Barcelona y probablemente de todo el mundo. Siempre hubo una chispa entre los dos pero ninguno se atrevía a dar el paso. Hasta que lo dieron. Y aquello se convirtió en algo mágico. Sabina descubrirá cosas que desconocía hasta entonces, incluso de su propio cuerpo. Jan la llevara hasta el límite.

Pero como en todas las historias, no todo es tan bonito como parece. Jan guarda un secreto que hará que Sabina quiera alejarse de él. Ese secreto es el que la llevará a conocer a un joven y apuesto juez que competirá por su amor, siendo un duro rival para Jan, ya que también sabe cómo dar a Sabina lo que necesita.

La duda y el deseo es una novela muy entretenida. A ratos divertida, a ratos intrigante y siempre muy erótica. Las escenas de sexo son las protagonistas y la autora no se corta a la hora de describirlas. He leído por ahí que algunas de las historias que contiene este libro son inventadas pero otras muchas son experiencias reales de la propia autora. No es por ser cotilla, pero mientras leía el libro sentía muchísima curiosidad por saber dónde estaba el límite entre la fantasía y la realidad. En fin, me imagino que eso será algo que nunca sabremos. Aunque no sé, quizás en las siguientes partes de la saga —que ya se anuncian en la contraportada del libro— podamos descubrir algo más al respecto. Quién sabe.

Es una historia que engancha mucho porque es una novela con bastantes altibajos. La historia no es plana, ya que da bastantes giros a lo largo de las páginas. Esto hace que la trama nos intrigue desde el principio. Cuando pensamos que sabemos lo que va a pasar, la autora da un giro de ciento ochenta grados. Y vuelta a empezar. Por eso se lee muy rápido. Si la pillas con ganas y con tiempo es probable que en un par de días o tres la tengas terminada.

Si le tengo que buscar un pero, uno chiquitito es que me falta quizás un poco de desarrollo en la historia. A ver cómo me explico yo… Ariadna Tuxell recurre muchísimo a los diálogos, tanto que se podría decir que el ochenta por ciento de la novela está escrita a través de diálogos. Eso es genial, a mí me encanta y me ayuda a que los libros no me resulten pesados, ya que no me van demasiado los libros que dedican mucho tiempo a darnos largas parrafadas describiendo algo determinado. El problema es que la autora no recurre a cierres de diálogos explicando, por ejemplo, quién es el que está hablando, qué siente, o qué piensa. Si en la escena solo aparecen dos personas, no hay problema porque la historia se sigue bien. Pero si en una misma escena interactúan varios personajes, cuesta un poco reconocer quién está hablando. Aunque también es cuestión de acostumbrarse. A medida que pasan las páginas le fui pillando el truco y llegó un momento en el que ya no echaba de menos esos cierres de dialogo.

Pero obviando este pequeño detalle que se trata más de una cuestión de gustos que de un problema de redacción, la novela me ha gustado bastante. Me he entretenido mucho con ella y me he reído en inmensas ocasiones. Sabina es un personaje al que al final cogí cariño y solo deseaba que le pasara todo lo bueno que le podría llegar a pasar. Sin duda, me ha gustado mucho poder tachar este propósito de año nuevo. Ahora me tengo que plantear cuáles querré tachar este año que acaba de empezar.

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La mentira, de Nora Roberts

La mentira

La mentiraHay libros que empiezan despacio. Te ponen en situación, te cuentan un poco la historia de los personajes, te dejan ver algo de lo que te podrás encontrar más adelante, alguna pista. Te ponen la miel en los labios, pero solo una gotita. Lo demás, se hará de rogar. Y hay libros que empiezan a cañón. Pum. De sopetón, pasan un montón de cosas que dejan al protagonista casi tan desorientado como al lector, para después, poco a poco, ir deshilando la madeja que se ha formado en unas breves páginas y llegar a un final impresionante. Ahí, el escritor no te da una gotita de miel, te da el bote entero y de dice: “a ver qué eres capaz de hacer con esto”.

La mentira pertenece a este segundo grupo. De repente, Shelby Pomeroy se queda viuda. Su multimillonario marido ha sufrido un accidente de barco y nada se sabe de él. Ella solo sabe que estará muerto con casi total seguridad y que se ha quedado con una casa que vale millones de dólares y unas deudas del tamaño de la luna.

Shelby siempre se dedicó a complacer a Richard. Se conocieron muy pronto, se casaron muy deprisa y ella quedó completamente anulada. No sabía nada de la economía doméstica, no sabía gestionar el dinero. Se lo prohibieron. Así que cuando se queda viuda y todas esas deudas le llegan de sopetón, no sabe ni por dónde empezar.

Cuando comienza a rebuscar por toda la casa, intentando encontrar tarjetas de crédito que no estén endeudadas, descubre que su marido no era quien ella se pensaba. Era un mentiroso compulsivo que la había engañado de todas las maneras posibles. Incluso encuentra documentación falsa en la que sí, aparece la foto de Richard, pero con un nombre diferente. Shelby se volverá loca intentado componer el puzzle que dejó su marido antes de morir. Agobiada, vuelve a su pueblo natal, lejos de la casa de Richard para poner orden a su vida. Allí conocerá a Griffin Lott, un apuesto constructor que le ayudará en los momentos más difíciles. Y no le vendrá mal su apoyo, ya que muchas mentiras de Richard están por ver la luz todavía y eso convierte a Shelby en el blanco de muchísimos problemas.

Así empieza la historia de La mentira. En apenas unas pocas páginas, Nora Roberts, una de las escritoras estadounidenses con más éxito a nivel mundial, nos da los ingredientes suficientes como para tenernos enganchados durante horas y horas. Si hay algo que se le da genial a esta mujer es eso de dejarme sin vida social. Cada vez que cojo un libro suyo, desaparezco del mapa. Necesito terminarlo como sea. Me voy a la cama y lo único que puedo pensar es en leer un capítulo más. Voy a tener que empezar a leer a esta autora con moderación si no quiero quedarme sin vida.

Lo que más me gusta de ella es la veracidad de sus protagonistas, normalmente mujeres. En este caso, Shelby es una ama de casa forzada que se ha visto reprimida por su marido durante casi toda su existencia. A raíz de la muerte de este, Shelby revive. Renace. Y nosotros lo haremos junto a ella. De Nora Robert también me gusta mucho el que haga tan partícipe al lector de la historia. Ella, sutilmente, va dejando un reguero de pistas para que el lector descubra, al mismo tiempo que la protagonista, el sorprendente desenlace. Y ya os aseguro que no es fácil, porque esta autora, aunque es conocida por ser unas de las escritoras de género romántico más importantes de la era actual, es una gran escritora de novela negra. Detrás de sus historias de amor que usa como marco en casi todas sus novelas, se esconden oscuros secretos y, en muchísimas ocasiones, asesinatos pendientes de resolver.

A mí me gustan los libros que empiezan así: bien, con fuerza y con gancho. Que cuando te quieres dar cuenta, vas por la página cien y no has podido despegar los ojos del libro en ningún momento. Así que para mí ha sido una grata sorpresa encontrarme, de nuevo, con Nora Roberts. Vamos, como siempre.

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Operación Picasso, de Pedro Saugar Segarra

Operación Picasso

Operación PicassoVarias son las casualidades que me llevan a estar escribiendo ahora mismo esta reseña. La primera: el nombre del autor del libro que me ocupa. Pedro Saugar Segarra. Segarra es un apellido de origen vasco pero que se acomodó rápidamente en la zona de Cataluña y Comunidad Valenciana. Mi padre lo tomó de allí, concretamente de un pueblo llamado Vinaroz. Pero yo nací en Madrid y después me mudé a Cantabria. Así que Segarras, lo que se dice Segarras… conozco poquísimos. En el colegio era de las que tenían que repetir su apellido varias veces. No, Segura, no. No, Sagarna tampoco. Segarra, sí, como los zapatos. Así que ver mi apellido reflejado en un libro me hizo muchísima ilusión. Esa ha sido la casualidad número uno.

La casualidad número dos ha sido que este libro, como su nombre indica, trata sobre la vida de Picasso y sobre el enigma de si fue él el que pintó Las damas de Avignon. Cuadro que hace más o menos un mes estuve viendo en persona en el MoMA de Nueva York. No os voy a engañar, yo iba a ese museo para ver uno de mis cuadros favoritos, La noche estrellada, de Van Gogh. Y, sinceramente, ni me había preocupado por saber qué otros cuadros lo acompañaban, así que, después de verlo detenidamente, me dispuse a dar un paseo por aquel enorme museo sin tener la menor idea de lo que me iba a encontrar. En la misma sala donde yacía este cuadro, se hallaba también Las tribulaciones de San Antonio, de James Ensor, que es un cuadro muy curioso porque cada vez que lo miras ves una figura diferente. Mi novio y yo pasamos más del tiempo necesario mirando el cuadro fijamente como dos idiotas para descubrir nuevas figuras, cosa que hizo que de inmediato se convirtiera en uno de mis cuadros favoritos. Salimos de esa sala y, deambulando, llegamos a otra, que estaba presidida por un enorme cuadro del que solo podía ver la parte superior, pues decenas de personas se agolpaban ante él. Pude distinguir colores claros, marrones. Un brazo. Una cabeza. Y, entonces, me di cuenta, ¡Las damas de Avignon! Cogí a mi novio de la mano y corriendo me acerqué lo más que pude a ese cuadro. ¡No esperaba encontrármelo allí! Pero era verdad, ese dibujo que tanto había visto y que tanto me llamaba la atención, estaba delante de mis propios ojos. Fue un flechazo a primera vista. Así que es de imaginar que esta casualidad, la número dos, fuera que hizo que definitivamente quisiera leer este libro.

Operación Picasso es un libro que entremezcla diferentes tramas. En él podemos encontrar varias historias que suceden en lugares y momentos distintos. Así, viajaremos hasta el París de principios del siglo XX a la vez que conoceremos la Cuenca también de principios de siglo. Pero la historia no se queda ahí, ya que se seguirá desarrollando en un encuadre situado en una Cuenca cien años posterior.

En París conoceremos a Picasso, un joven inconformista, bohemio, que busca hacerse un hueco como artista, como pintor. Junto a Picasso, encontraremos a Fernande Olivier, artista y modelo que acompaña al pintor español en unos momentos muy difíciles, llegando a convertirse en una de sus primeras parejas sentimentales. A través de los saltos en el tiempo descubriremos un crimen que une el París de principios de siglo con la Cuenca actual.

Es un libro muy interesante si te gusta el arte pero, sobre todo, si te gusta la historia. Pedro Saugar sabe retratar muy bien las localizaciones en las que basa el libro, haciendo que resulte extremadamente sencillo desplazarnos hasta ellas. Gracias a sus descripciones, —que no son nada repetitivas ni extensas— conseguimos imaginarnos el París de Picasso sin ningún problema.

Sí es cierto que al principio este libro es un poco lioso. Son muchos cambios en el tiempo, con protagonistas en constante intercambio. Al principio no se sabe muy bien de qué va la historia y es un poco difícil seguirle el hilo. Pero a medida que se va avanzando (os prometo que os hará falta avanzar poco, unas cincuenta páginas), la historia va cobrando sentido. Iremos viendo cómo las diferentes tramas tienen más en común de lo que pensamos en un primer momento. Ayudado por la poca longitud que tienen los capítulos, notaremos que las páginas pasan más deprisa de lo que hubiéramos pensado en un principio. Así que solo hay que tener un poquito de paciencia para poder descubrir una historia misteriosa que engancha hasta el final.

La forma de escribir del autor merece también ser destacada. Me ha encantado. Operación Picasso es muy rico en vocabulario y en formas de expresarse. Se nota que el escritor se ha esmerado muchísimo en la forma de redactar. Es muy particular y a mí, personalmente, me ha parecido lo mejor del libro. Y para muestra, un botón: “Acabamos de regresar a casa. A pesar del terrible viaje —peor aún que las mulas se desbocaran al toparse con un rebaño de yeguas salvajes saliendo de los Pirineos y tiraran toda la carga fue que Pablo enfermara al llegar a Puigcerdà—, a pesar del insoportable calor que nos recibió a la vuelta al estudio, a pesar de que los ratones han devorado en nuestra ausencia la cubierta de tafetán color tabaco de mi quitasol favorito y de que tuvimos que colocar platillos de azufre caliente para ahuyentar a las chinches que invadieron la cama, a pesar de todo eso y de que estoy literalmente muerta de cansancio, soy la mujer más dichosa del mundo”.

En cuanto a los personajes, hay unos que me han llegado más que otros. Por supuesto, Picasso, que está perfectamente retratado. Cuando yo pienso en Picasso, no puedo evitar imaginármelo como en Midnight in Paris, la película de Woody Allen, pero la verdad es que ese director hace un retrato muy superficial del pintor. En cambio, Pedro Saugar desnuda a Picasso ante nosotros de una forma muy detenida, dándolo a conocer como si fuera un viejo amigo. Pero a pesar de ello, Fernande Olivier me ha llegado todavía más. He conectado con ella, con su forma de ser, con la pasión que le ponía a su vida. Con el resto de personajes no he conectado tanto y eso que muchos de ellos son más actuales que Picasso y Olivier.

En definitiva, es un libro muy polivalente, que va sorprendiendo a medida que avanza la historia. Un buen descubrimiento que hará que en tu mente solo resuene la pregunta ¿pintó Picasso Las damas de Avignon?

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Torres en la cocina, de Javier y Sergio Torres

Torres en la cocina

Torres en la cocinaTengo el pelo rizado, como mi madre. De un marrón oscuro con tonos rojizos, como mi madre. Tengo los ojos muy negros, como mi madre. Soy ordenada, obstinada, valiente y decidida, como mi madre. Si leo un libro que me gusta, es muy probable que a ella también. Adoramos a Queen sobre todas las cosas. Y a los Rolling. Y a David Bowie. Nos parecemos en infinidad de cosas, más de las que me gustaría reconocer. Entonces, ¿alguien puede explicarme por qué narices NO COCINO COMO ELLA?

Vamos a ver, es que este tema a mí me toca de verdad. Y me enerva. A mí me encanta comer, desde siempre. Me encanta probar cosas nuevas y, siempre que quede dentro de mi dieta sin gluten, porque soy celíaca, como de todo. Pero odio cocinar. Si la elaboración conlleva más de quince minutos y ensuciar muchos cacharros… paso. En cambio, ella se puede tirar toda una mañana en la cocina elaborando platos alucinantes. El otro día me hizo unas croquetas… de llorar. Y, ¿sabéis? Yo viajo bastante y el momento que más me gusta del viaje es cuando vuelvo a casa y me está esperando mi madre con una tortilla de patata. Mi novio coincide en esto también, creo que solo me quiere por esta tortilla. Entonces, si tanto me parezco a ella, ¿por qué no me gusta cocinar? No lo entiendo.

Y llegan estas fechas y siempre me apetece intentarlo. Así que todas las Navidades acabo haciéndome con algún libro de cocina para ver si me inspira y me anima a meterme en la cocina una tarde entera para preparar una cena alucinante. Este año, la elección ha sido Torres en la cocina, de Javier y Sergio Torres. Sí, esos que salen en Televisión Española por las mañanas y que preparan platos que hasta se pueden oler a través de la tele. Esta vez me he decantado por ellos porque me parece que, a pesar de que los platos que preparan son bastante elaborados, da la sensación de que lo hacen tan sencillo que hasta yo podría intentarlo. También me gusta mucho la mezcla de lo moderno con lo clásico. La cocina tradicional es la base de sus platos, pero lo cierto es que no se quedan ahí. Innovar es la clave. Ha habido un plato en especial que me ha llamado muchísimo la atención: cabracho relleno de manitas de cerdo. Jamás se me hubiera ocurrido. No hace falta decir que mi señora madre prepara un pastel de cabracho que… puf, quita las palabras. Así que creo que yo soy incapaz de empezar por ahí. Quizás me decante por la crema de bacalao y coliflor. No soy mucho de cremas, pero con el frío que está haciendo en Reinosa a estas alturas de diciembre, algo así es lo único que apetece. Eso, o un buen cocido (que no me maten los cántabros, pero yo soy de cocido madrileño)

La edición de Torres en la cocina es perfecta. Es un libro muy manejable, cosa que se agradece en la cocina. Estoy harta de tochos de recetas que son rígidos y ocupan más espacio en la cocina que una olla a presión, así que esta edición de Plaza & Janés me parece ideal. Además, dentro de cada receta encontramos el tiempo medio que nos llevará hacerla (ya os aseguro que yo soy capaz de reducirlo a la mitad. Así tengo los resultados que tengo) y, lo que más me ha gustado: “el toque Torres” en algunas de sus recetas, que son trucos que darán un toque especial al plato.

Venga, lo prometo, este año me voy a poner seria y voy a incluir como propósito del 2018 pasar más tiempo en la cocina y aprender algo. Aunque sea un poquito. Y espero no acabar regalándole el libro de Javier y Sergio Torres a mi madre, a sabiendas de que ella sabrá sacarle muchísimo más partido que yo.

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Star Wars, atlas galáctico, de Tim McDonagh

Star Wars atlas galáctico

Star Wars atlas galácticoConsidero que tengo una familia envidiable. Sin duda, es la mejor cosa que me ha pasado en la vida. A pesar de que mis padres se divorciaron cuando yo era muy pequeña y que los problemas familiares eran el pan de cada día, con el tiempo me he dado cuenta de que la familia es lo primero. No tengo hermanos, pero tampoco los he echado de menos porque durante muchísimos años vivió en mi casa mi tío David, que me saca catorce años. Él se encargó de hacer de hermano mayor, con las cosas buenas que implica y con las malas. Tengo muchos recuerdos de cuando era pequeña —mi familia me dice que es increíble la memoria que tengo— y uno de mis favoritos es aquel en el que yo salgo de clase y él está en la puerta del colegio esperándome. Entonces íbamos a casa, comíamos súper deprisa viendo los Simpsons y luego nos poníamos a jugar a la Play un buen rato. Hasta que venía mi madre y nos echaba la bronca por estar todo el día enganchados a la maquinita. Normalmente, él jugaba —sobre todo al Grand Theft Auto— y yo iba buscando en Internet trucos para que él los aplicara. Lo pasábamos en grande. Ahora él tiene dos hijos pequeños a los que veo día sí y día también. Ahora soy yo la que juega con ellos a la Play y les enseña todos los trucos que pueden hacer en el Spyro o les pasa las pantallas difíciles del Gran turismo. No os imagináis lo feliz que me hace eso.

Y diréis, ¿qué tiene que ver todo ese rollo con el libro que vienes a reseñar? Muy sencillo: he decidido leer este libro por ellos. Ahora mismo son fanáticos de la saga Star Wars. Se han visto las películas como un millón de veces. Lo tienen absolutamente todo, las sábanas, los pijamas, los muñecos, todo. El mayor siempre se pide a R2-D2 y el pequeño a Darth Vader. El otro día le explicaba el origen de ese personaje (toda la historia de Anakin Skywalker y el pobre me miraba con una cara como diciendo “esta tía está loca”). A sus cuatro años todavía no había hilado ese razonamiento, así que el pobre me miraba con una cara…

La cuestión es que vi el libro Star Wars, atlas galáctico que ha editado recientemente Planeta Junior y que está ilustrado por Tim McDonagh y no pude evitar imaginarme a mí misma contándoles toda la historia de Luke y Leia, de Han Solo, Obi-Wan Kenobi y Chewbacca usando los mapas que vienen dentro de este libro. Cuando me llegó a casa me quedé sin palabras. Para empezar, me lo imaginaba muchísimo más pequeño. Sabía que no tendría el tamaño de un libro normal y corriente, pero no me lo imaginaba tan gigante. La edición es perfecta, sumamente cuidada. En cada página podemos encontrar la historia de un planeta diferente, donde se contiene un análisis de su población y de los personajes más importantes que allí habitan. No solo podremos encontrar mapas, sino también cartas estelares, las batallas más famosas de la saga y, lo más importante, la cronología de los hechos. Porque queramos que no, Star Wars es un poco lío en cuanto a fechas. Seguro que todos hemos hecho esa pregunta de: “¿pero en la tercera película de las viejas o de las nuevas?” Porque ya sabemos que las primeras que vieron la luz, las originales, son posteriores en el tiempo que las que se emitieron a principios de los dos mil. Por no hablar de la saga que está emitiéndose ahora —POR FIN este mes se estrenará la segunda parte— que sería la continuación de las películas de los ochenta. Y también se ha hecho una precuela, Rogue One, que se estrenó el año pasado y que iría justo después de la saga de los dos mil. Pues eso, un lío de los buenos.

Star Wars, atlas galáctico es una pieza de coleccionista. Para niños y no tan niños. Es más, estoy segura de que en este caso disfrutaremos de este libro muchísimo más mi tío y yo que los niños. Es volver atrás, volver a revivir todo, recordar y sonreír.

En serio, no os imagináis lo feliz que me hace poder tener este libro entre mis manos. Aunque ahora lo he cerrado para hacer esta reseña, estoy segura de que volveré a abrirlo una y otra vez cuando me apetezca recordar y que la fuerza esté conmigo.

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El secuestro de la esperanza, de Álber_4

El secuestro de la esperanza

El secuestro de la esperanzaSi hay algo que me acompaña en mi día a día —aparte de los libros y la escritura, claro está— es la música. Desde bien pequeña me inculcaron el gusto por ella hasta el punto de empezar a dar clases de piano cuando tenía ocho años. Esa afición fue creciendo, tanto que cuando tenía dieciséis años era incapaz de dormirme si no estaba la minicadena encendida. Mis gustos se fueron definiendo poco a poco y llegó un momento en el que ya podía decir que mi género de música favorito era el rock. Así, Platero y tú, Extremoduro, Marea y La Fuga estaban en mi top de favoritos en cuanto a música nacional. Parece ser que Pedro, uno de los protagonistas de El secuestro de la esperanza también llenaba su mp3 de la música de estos grupos. He querido empezar esta reseña así por una sencilla razón: La Fuga ha sido siempre uno de mis grupos favoritos. Me sé absolutamente todas sus canciones, de principio a fin. Tal vez sea porque compartimos hogar, Reinosa, o porque sus miembros son tan cercanos que parecen de la familia. Así que me ha encantado ver la referencia a mi amada Balada del despertador entre las páginas de este libro. A partir de ese punto exacto, Pedro empezó a caerme muy bien.

Pero vayamos por partes. Esta novela, escrita por el vallisoletano conocido como Álber_4, cuenta la historia de Devassy, un joven procedente de la India que decide abandonarlo todo para venirse a vivir a España. Junto con otros chicos de su edad, obtendrá una especie de beca otorgada por la Iglesia Católica que promete cubrir todos los gastos que puedan tener en España. Eso,  parecer ser suficiente como para que Devassy pueda pagarse los estudios de Teología que tanto ansía y para, después de años estudiando, poder ordenarse sacerdote y tener un sueldo fijo hasta el fin de sus días. Qué bonito es el sueño español. Todo lleno de esperanzas y luz y mariposas…. Pobre Devassy. El tiempo pasa volando para él, tanto que cuando se quiere dar cuenta, habrán pasado dos años desde que llegara de la India, tiempo en el que no ha sabido nada de los compañeros que emprendieron con él aquel maravilloso viaje. Es así como conoce a David y a Pedro (el de antes, el chico que escuchaba La Fuga en su mp3), que le ayudarán a encontrar a sus antiguos compañeros.

Cuando Devassy decide emprender el camino a España, ya empieza a imaginarse su gran futuro, cuál será su sorpresa al darse cuenta de lo que es en realidad la sociedad española.

Lo cierto es que lo que podría parecer un libro sobre aventuras, sobre el descubrimiento de uno mismo o de las diferencias culturales, al final se convierte en un libro cuya acción va creciendo más y más. No se queda ahí. La trama se irá enredando a medida que nos adentramos en la historia, hasta el punto de encontrarnos ante una novela que bien podría ser un thriller, pues nuestros tres protagonistas se verán envueltos en una trama de corrupción, cosa que jamás sospecharon en un principio.

Álber_4 retrata la España de los años dos mil, en concreto del dos mil siete, donde la crisis ya empezaba a vislumbrarse. Así que no es de extrañar que los más corruptos de la sociedad se prevalecieran de esta situación e invitaran a España, todavía más, a entrar en la crisis que tan impronunciable fue durante tanto tiempo. Los saltos en el tiempo son constantes en la novela, cosa que me gusta muchísimo. Volvemos asiduamente dos años atrás para ver cómo fue la llegada de Devassy a España. Es un recurso que siempre me ha gustado, ya que el autor te va dando detalles de la historia poco a poco. Se retrotrae a un punto anterior de la trama para darte aclaraciones o especificaciones que serán importantes posteriormente. Además, los capítulos están contados por los diferentes protagonistas dependiendo del momento y eso, a mi parecer, dota a la obra de mayor agilidad y velocidad. En este caso, me ha ocurrido porque me encantaban los capítulos en los que Devassy contaba su propia historia, así que los capítulos en los que Pedro o David eran los protagonistas, los leía deprisa para poder volver a encontrarme pronto con Devassy. No es que los otros narradores no me hayan gustado, es que me ha gustado mucho cómo el joven de la India cuenta sus propias vivencias y da su punto de vista sobre todo lo que está ocurriendo.

Por eso, sin duda una de las cosas que más me ha gustado de este libro es haber podido ver España desde los ojos de Devassy. Él viene de un país con una cultura extremamente opuesta a la nuestra. Sin ir más lejos, en un capítulo, Devassy habla de que una de las cosas que más le choca cuando llega a España es el hecho de que las mujeres trabajen. Dice que en la India las mujeres que están en el mercado laboral son casi una especie en peligro de extinción. Por lo tanto no es de extrañar que le sorprenda que sea una chica y no un hombre la que le sirva el café por las mañanas. Él no dice que le parezca mal, sino que le parece extraño. Así, como este hecho que nosotros acostumbramos a ver a diario, Devassy encuentra cientos. Cientos de particularidades de nuestra sociedad que a él le parecen de lo más extraño. Aquí hay que romper una lanza a su favor. Imaginaos ahora a vosotros mismos viviendo en un país extranjero tan diferente al vuestro. En mi caso, podría ser la India. Imaginaos convivir con ellos, con su cultura y sus costumbres. Yo creo que podría escribir un libro explicando todo lo que me parecería extraño en comparación con el sitio del que vengo. Y eso que nunca he estado en la India (una pena).

El secuestro de la esperanza es la primera parte de la saga Enmascarados por el mundo. Cuando conocí el libro me sorprendió leer que estaba enfocada a un público millennial. Aunque yo estoy dentro de esa generación que está dando mucho de qué hablar ahora mismo, la verdad es que he tenido que bucear un poco por Internet para saber cuáles son las características que nos definen y por qué este libro podría encajar en nuestro perfil. En primer lugar, la palabra que más he leído en estos artículos ha sido la palabra “tecnología”. Está claro que no sabemos vivir sin ella, que estamos enganchados. Ya sea al ordenador, al móvil, a las redes sociales… el abanico es amplio. He leído que de media pasamos unas tres horas usando la tecnología. A mí no me salen las cuentas… porque yo creo que empleo alguna más. También he leído que somos escépticos. Eso es muy cierto. Todo lo ponemos en duda, lo cuestionamos todo, buscamos alternativas, nos quejamos y nos volvemos a quejar. Pero muchas veces pecamos de no dar soluciones. Y, por último, he leído que ante todo tenemos un espíritu solidario y viajero, que las barreras normalmente no existen para nosotros y que coger un avión para conocer una cultura nueva es algo que siempre tenemos en mente. Si la persona millennial que lea este libro cumple, aunque solo sea, con el cincuenta por ciento de las características que acabo de mencionar, estoy segura de que se enganchará a sus páginas enseguida, pues conseguirá conectar perfectamente con los personajes y con la historia. Así que sí, estoy de acuerdo con que es una novela para la generación de la que hablamos.

No sé cómo serán las siguientes partes de esta saga, pero solo espero que Álber_4 consiga mantener el nivel de redacción y de desarrollo que ha tenido en esta primera entrega. No me imagino lo difícil que tiene que ser autoeditar tu propio libro, empezando desde cero, sin la ayuda de distribución y publicidad que podría dar una gran editorial. Así que desde aquí le quiero mandar mi enhorabuena, por el trabajo tan bueno que ha hecho.

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Indomable, diario de una chica en llamas, de @Srtabebi

Indomable

IndomableTengo la suerte de tener una madre que me llevó por el buen camino. Que me dio voz y voto. En mi casa y en mi vida. Me enseñó que tenía que ser una mujer fuerte y valiente y construyó sobre mí una capa de hierro para que fuera inmune a las opiniones de los demás. Me dijo que yo podía ser lo que me propusiera y que debía luchar por ello con todas mis fuerzas. Me dijo que jamás debía depender de un hombre, que tendría que aprender a sacarme yo sola las castañas del fuego. Que tenía que esforzarme por tener pronto el carnet y ahorrar para comprarme un coche, para no tener que depender de nadie si necesitaba escapar. Que estudiara para darme cuenta de que el mundo no es lo que vemos en los telediarios y que me quitara la máscara de los ojos para que todo el mundo me viera tal y como soy.

En cambio… tuve amigas que no tuvieron esa suerte. En casa las enseñaron a portarse bien, a asentir ante todo. A ceder. A comer solo lo que entrara dentro de una dieta estricta, a llevar la ropa que solo se podía encontrar en un escaparate de Zara. Nada de rebelarse, nada de luchar. Conformarse y sobrevivir. Como una vez hicieron sus madres.

Yo tuve (y tengo) una suerte tremenda. Porque solo gracias a mí he conseguido terminar una carrera, conseguir un trabajo que me gusta, tener mi coche, mi vida. Y también una persona a mi lado que me respeta, como mujer y como pareja. Que me escucha, que me da voz y que me apoya en todas las decisiones que tomo día a día. Eso, eso es tener suerte.

Así que no es de extrañar que este libro llegara a mis manos. Si os soy sincera, soy un poco desastre con las redes sociales. Las uso a diario pero yo voy a mi bola. Ni entiendo de lo que está de moda, ni sigo las tendencias. Yo, a lo mío. Así que no, no conocía a @Srtabebi. Cuando pedí su libro, Indomable, después de haberlo visto en una librería, me metí en su perfil de twitter y comencé a empaparme de todas las joyitas que ahí deja a diario. Es una mujer irreverente, que escribe lo que le apetece cuando le apetece. No le importan las normas ni el qué dirán. Hace, como bien repite ella constantemente, lo que le sale del coño. Lleva el feminismo por bandera y la ondea sin cesar llenando el timeline de quien la sigue de frases liberadoras. Su libro es más o menos como su perfil de twitter. En él podemos encontrar poemas y relatos que narran la vida de una niña que empezó a convertirse en inflamable. Que, poco a poco y a medida que iba descubriendo de qué iba la vida, le entraban más ganas de prenderle fuego a todo.

En este libro, Indomable —que llega después de su otro éxito Amor y asco—, encontramos poemas como este: “La gente siempre te hará daño / alguna vez. / El dolor forma parte de la vida. / Lo importante es que tú sepas / quién lo hace sin querer / y quién lo hace sin quererte. No sé. Pensadlo un poco. Tiene toda la razón del mundo.

En esta reseña también quería hacer mención a la editorial, Montena, que se merece un reconocimiento enorme. Esta edición… me ha dejado sin palabras. Alterna constantemente los colores rosa y negro creando un ambiente precioso ¡Y las ilustraciones! Dan ganas de imprimirlas y colgarlas por todas las paredes de la casa. Para no olvidar jamás que todas las mujeres debemos ser unas indomables, que tenemos que seguir nuestras propias reglas, sin importar nada ni nadie.

Yo soy mucho de regalar libros. Creo que no puede haber un regalo mejor. Sobre todo si ese libro llega en el momento preciso. A mí me ha pasado muchas veces. De repente, estás leyendo algo que ha llegado a tus manos por casualidad y eso hace que abras los ojos y tomes la decisión que tendrías que haber tomado hace mucho tiempo. Y como yo soy mucho de regalar libros, creo que tengo en mente a la chica perfecta que sabrá apreciar el mensaje escondido que hay detrás de todas estas letras de @Srtabebi. Así que lo voy a compartir con ella. Para que aprenda que es mucho más que una cara y un cuerpo. Que es una mente. Muy brillante, además. Que es fuerza y determinación. Que ha sido muy valiente por escoger la opción que ha escogido. Si entre @Srtabebi y yo lo conseguimos, seré enormemente feliz.

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El desierto que hay en mí, de Manuela Fonseca

El desierto que hay en mí

El desierto que hay en míÁfrica tiene algo que me atrae. Recuerdo que cuando era pequeña jugaba a un juego en el que cada uno tenía que elegir un país, luego el que se la quedaba lanzaba una pelota lo más alto posible y gritaba un país al azar. Si alguno de los demás había elegido ese país, tenía que ir corriendo a por la pelota antes de que tocara el suelo, sino perdía. Bueno, pues conmigo siempre era muy fácil jugar porque todos mis amigos sabían que el país que elegía yo el ochenta por ciento de las veces era Egipto. Con quince años pisé África por primera vez, en un viaje que hice a Túnez y hace apenas unos meses volví a hacerlo por segunda vez, para conocer Kenia. Hay algo en su cultura, en sus gentes, que me atrae irremediablemente, por lo que cuando leo un libro que está ambientado en estas zonas no puedo hacer otra cosa que ponerme cómoda y empezar a disfrutar.

La vida de José Besara nunca fue fácil. Crecer en Venezuela era sinónimo de tener un futuro incierto. Él se esforzó enormemente por salir adelante. Y lo estaba consiguiendo. Hasta que una negligencia grave en su puesto de trabajo hizo que una deuda de indescriptibles dimensiones fuera lo único que ocupaba sus pensamientos. Agobiado y sin otra salida, decide hacer las maletas y marcharse lejos, muy lejos. A Marruecos, concretamente, donde se hallan las raíces de su familia. El mismo día que llega a ese país tan exótico para él, una subasta muy importante está teniendo lugar muy cerca de donde él se encuentra. Casualidades de la vida, se está subastando una daga de orejas, perteneciente, nada más y nada menos que al Reino Nazarí de la ciudad de Granada. José Besara se las ingenia para adentrarse en los entresijos de la subasta, haciéndose pasar por un trabajador, con la sola idea de poder tener esa daga un ratito entre sus manos. Y todo porque él sabe perfectamente a quién perteneció ese precioso objeto: a los Negm, una familia muy adinerada que, por lo que tiene entendido, forma parte de su árbol genealógico. Su precaria situación económica, por supuesto, le impide poder hacerse con esa daga, pero eso no será excusa para que nuestro protagonista remueva cielo y tierra para dar con la persona que la vendió, con la intención de conocer a su antigua familia.

Como en casi todas las historias, el protagonista no actúa solo. Y esta novela no iba a ser una excepción. José Besara conoce a Saraiana, una mujer que con solo mirarla le enmudece. No solo se trata de una mujer andaluza preciosa e imponente, sino que además, es una gran historiadora, por lo que no duda ni un momento en emprender la búsqueda en la que participa José. Quizás esa es la historia perfecta que ella necesita para poder escribir la novela que siempre había querido.

Pero no os penséis que José Besara y Saraiana son los únicos protagonistas de esta novela, no. Manuela Fonseca intercala capítulos dedicados a un tiempo anterior, muy anterior. Y que sucede en Granada en la época en la que existía el Reino Nazarí, donde el rey, musulmán, se enamora de una chica cristiana.

El desierto que hay en mí es un libro que trata sobre la búsqueda de la identidad, aunque esta búsqueda se vuelve muchísimo más interesante cuando se tiene que hacer en una cultura que poco o nada tiene que ver con la tuya. José Besara descubrirá un montón de cosas sobre ese entorno pero también sobre sí mismo y su familia. Y también indagará sobre lo fascinante que puede llegar a ser Saraiana, que le deja sin palabras cada vez que le cuenta una historia.

Descubrir la verdad sobre uno mismo es una tarea ardua y mucho más si esa verdad no es la que uno espera. José Besara tendrá que lidiar con la realidad que llevó a sus padres a mudarse a Venezuela. Y la propia Saraiana descubrirá secretos que la afectarán personalmente.

No sé si lo he dicho alguna vez, pero a mí me gustan mucho las redes sociales. Las uso a diario y me encanta comentar mis lecturas con todos mis seguidores. Cuando iba por la mitad del libro, puse este comentario en Twitter: “Ahora voy a seguir con El desierto que hay en mí, de @mfonsecab. Llevo la mitad y ¡me está encantando!”. Pocas horas después, recibía este tweet de vuelta: “Gracias miles y de todo corazón. Espero que te enamore aún más hasta el final”. Y, ¿adivináis quién me estaba escribiendo? ¿a mí? ¡la propia autora! Manuela Fonseca se tomó la molestia que muy pocos autores se toman de contestar a un tweet de una de sus lectoras. Esto me hizo muchísima ilusión y me animó a coger el libro todavía con más ganas. No voy a desvelar el final del libro, por supuesto, pero sí diré que el libro enamora todavía más a medida que van avanzando las páginas. Porque aunque es un libro mayormente histórico, la trama de amor está ahí, es evidente. Y va creciendo y creciendo a medida que se desarrolla la historia.

Se nota enormemente el cariño con el que Manuela Fonseca escribe cada una de las palabras de este libro. Y también la dedicación con la que lo ha hecho, ya no solo por la historia tan apasionante que nos ofrece, sino por los escenarios en los que se desarrolla. Esta autora venezolana se toma mucho tiempo para construir la ambientación de su novela. No solo viajaremos por Casablanca, sino que también conoceremos lugares increíbles como Fez, Rabat, Marrakech o Meknes, ya que nuestros protagonistas viajarán siguiendo la línea del Atlas llegando a adentrarse, incluso, en el grandioso desierto del Sáhara.

Es un libro que transmite muchas emociones, ya tocando lo personal. Es muy fácil empatizar con José Besara y querer, al mismo tiempo que él, descubrir los secretos que su familia ocultó en tan lejano destino. Es algo que me gusta mucho de los libros, poder ponerme con facilidad en la piel de los personajes. Que sean accesibles para mí. Y, en este caso, Manuela Fonseca me lo ha puesto en bandeja.

En mi opinión, creo que es un libro perfecto para todas aquellas personas que tengan una alma inquieta, que les apasione conocer lugares nuevos y adentrarse en lo desconocido. También para aquellas personas a las que les guste la historia, ya que la doble trama que nos aporta este libro es ideal para los que adoren profundizar en épocas pasadas. Y también para aquellos que amen viajar (yo me encuadro en este último bloque), porque con los paisajes tan detallados que nos ofrece la autora, en nuestra cabeza, después del libro, parecerá que hemos recorrido junto a José Besara ese increíble país.

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