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Drácula. El origen, de Dacre Stoker y J. D. Barker

–¿Otra vez con Drácula?

–Sí, sí, pero no es Drácula es…

–¡Joder, qué cansino con Drácula y los putos vampiros, chico! ¡Lee otra cosa, lee libros de amor!

–¿Me quieres dejar hablar, que esto es muy interesante?

–Bah, me voy.

–Pues vete y no molestes. Y cierra.

Pues sí, nenes, Drácula. Otra vez. Y las que hagan falta. Una obra cumbre de la literatura. Y digo de la literatura, eh, no de la literatura de terror. Mucha gente tiende a considerar ingenua, equivocada e incluso algunos maliciosamente a la literatura de terror como una forma de literatura menor, como un subgénero, y no es así. Como muestra, la obra más universal de Stoker. Uno de los pocos libros que he leído más de una vez. Y eso es mucho, teniendo en cuenta la cantidad de libros que tengo por leer.

Pero esta vez no vengo a hablar de la mitiquérrima novela sino de Drácula. El origen, la precuela autorizada por los herederos de Bram Stoker, escrita a pachas por Dacre Stoker (Drácula. El no muerto) y J. D. Barker.

Para entrar en materia tengo que empezar por el final, por el epílogo de este libro, que es muy jugoso y esclarecedor (al menos para mí) en algunas cuestiones, y del que además voy a citar bastante material.

“Bram Stoker no pretendía que Drácula pasara por una obra de ficción, sino que sirviera de advertencia sobre un mal muy real.”

Cuando Stoker llevó su manuscrito a su editor de Londres la ciudad se estaba recuperando de los asesinatos de Jack, el Destripador y se vio obligado a realizar cambios en la novela. Cambios que supusieron eliminar ciento una páginas por considerarlas demasiado aterradoras, alterar el texto, modificar el destino final de Drácula y sustituir el título original, El no muerto, por el ahora también aterrador de Drácula.

Pero Stoker accedió, ya que prefería eso antes que su mensaje de advertencia no viera la luz. Y además contaba con otra baza, como bien explica el epílogo: hoy las editoriales de todos los países trabajan con el mismo borrador. Antes no. Stoker se encargó de enviar un borrador de su novela a cada una de sus editoriales por todo el mundo. Los cambios que se hicieron en la editorial inglesa afectarían solo a la edición para Reino Unido. (Recordad que el año pasado por estas fechas reseñé Makt Myrkranna (Los poderes de la oscuridad), que no es otra cosa que la versión islandesa de Drácula, la cual difería muchísimo respecto a la “versión oficial” conocida por todos. Tantos cambios había que no se parecía casi nada a ella).

Eso por un lado, para conocer el porqué de este libro.

Otra cosa más: Bram Stoker pasó gran parte de su infancia postrado en cama, a punto de morir varias veces. Hasta los siete años. Entonces, milagrosamente, sanó. Tanto, que de ser un chico endeble pasó, en sus años en el Trinity College, a destacar en remo, natación, rugby, marcha atlética… ¿Sospechoso, no?

Bien. Pues Drácula. El origen juega con todo esto mezclando realidad y ¿ficción? Alternando, como en Drácula, los diarios escritos en primera persona por Bram (tanto en modo flashback como en el presente), con los escritos por su hermana Matilda, por su hermano Thornley, con telegramas, con algún recorte de prensa y con notas de Arminius Vambéry (personaje que existió realmente y que sería usado por Stoker para su Van Helsing), conoceremos la historia de Bram y de su niñera, Ellen Crone, quien salva misteriosamente a este de la muerte… Una niñera que, tras esa cura desaparecerá aún más misteriosamente, habiendo dejado dos marcas en la muñeca del Bram niño.

Pero antes de esto, Bram y Matilda habían curioseado en la habitación de Nana Ellen y lo que habían descubierto no era muy normal. Una gruesa capa de polvo en el colchón de la cama, una jofaina que mostraba no haberse usado desde hacía mucho… y más cosas interesantes que no voy a contar y que descubrirán una noche tras seguir a su niñera por el bosque.

El inicio del libro está francamente bien. Se hace entretenido, interesa, atrapa y te tiene en vilo. El ambiente, los diálogos entre Bram y Matilda (tal vez demasiado adultos para los respectivos siete y ocho años), y el desarrollo de la trama resultan atractivos y no hay freno capaz de parar la lectura.

Quince años después, con los hermanos ya crecidos, Matilda vuelve de un viaje de París y asegura haber visto entre la multitud a Ellen, igual de joven y hermosa a pesar del tiempo transcurrido. Los hermanos recuerdan lo que vieron de niños. Algo que, a día de hoy, con la mirada adulta les parece imposible haber visto. Algo que decidieron catalogar como fruto de su imaginación y que, con el paso del tiempo, fue relegado al olvido.

Pero, poco después de la vuelta de Matilda, algo más va a hacer que los hermanos duden de lo que vieron y que necesiten respuestas. Respuestas que tendrán que llevarles (o no) a Ellen, sea quien sea esta mujer, la cual va a conectar directamente esta historia con la de Drácula.

“–¿Confías en mí?–me dijo.

Incapaz de hablar, me obligué a asentir.

–No deberías –respondió.”

Me encanta Drácula, lo he dicho unas mil quinientas veces y creo que en parte se debe a la estructura basada en diarios, periódicos, cintas magnetofónicas… Esta precuela repite el patrón estructural y es todo un acierto porque logra así imbuirte en la atmósfera del libro primigenio y, de alguna forma, ser consciente de esa continuidad.

Toda la trama, con sus diversos personajes y subtramas, se ha elaborado y desarrollado de manera creíble, llevadera y con un estilo muy de Stoker. Tanto que si nos dicen que este libro es un manuscrito de Stoker que acaba de encontrarse nos lo creeríamos sin dudarlo.

“Hubo muchas ocasiones en las que sentimos que la mirada de Bram se asomaba por encima de nuestros hombros y leía nuestras frases conforme iban llenando las páginas, leyendo sus propias frases recuperadas de unos textos olvidados hace ya mucho tiempo.”

Aunque la primera parte, cuando los hermanos son unos críos, es la más fascinante y misteriosa, la obra entera se lee con gusto, gracias a un vocabulario sencillo y a una trama que avanza poco a poco sin que se pierda el interés. Nosotros imaginamos lo que va a ocurrir, pero aún así vamos leyendo con el corazón en un puño, con el esfínter cerrado a conciencia, porque con estos seres uno nunca sabe…

Por otra parte, uno siempre va con miedo a este tipo de cosas por el temor de que se mancille la obra original, o a que se aprovechen de ella y la usen de mero reclamo publicitario para sacar tajada. Pero lo cierto es que me ha gustado lo suficiente como para poder recomendarlo y eso que, en realidad, del origen de Drácula se cuenta bastante poco, (unas pocas líneas para ser exacto, y son tan solo meras suposiciones hechas por uno de los personajes).

No obstante, tal vez sea mejor que sea así y convenga mantener el misterio del origen de una figura que ha tenido representación en los miedos de la humanidad de todas las épocas y de todas las partes del mundo. Porque, si el hombre ha temido durante tanto tiempo este mito en múltiples culturas y áreas, si esto es así, algo de verdad tiene que haber, ¿no? Si hasta el propio Stoker dejó instrucciones para que lo incineraran inmediatamente después de morir en una época en la que no era una práctica corriente…

Lo dicho: buena lectura, una digna precuela en formato tocho, vampiros como Dios manda y un gran entretenimiento, con base en los escritos del propio Stoker y una enorme labor de buceo documental. Ideal para cualquiera al que le gusten las historias de no muertos y, sobre todo,  la mejor de ellas.

2 comentarios en “Drácula. El origen, de Dacre Stoker y J. D. Barker

  1. Me encanta Drácula, y por la reseña que has hecho este libro tiene una pinta muy interesante.

    Me parece un acierto que utilicen esa supuesta veracidad que quiso dar Stoker a la obra. Sin duda tuvo que ser un individuo muy peculiar.
    Comparto en redes.

    ¡Saludos!

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