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Sonetos y otros poemas, de Antonio Gala

Sonetos y otros poemas

Sonetos y otros poemasSiempre he sido de la creencia de que aquel que escribe lo hace para explicarse lo que sin la escritura no podría. Este pensamiento – que para nada quiero atribuirme como original – coge mucha fuerza en el personaje del que hablo hoy: Antonio Gala – mejor no escribir su nombre completo. Buscadlo y entenderéis por qué –. En esta ocasión aparece Eirene Editorial para publicar sus Sonetos y otros poemas, con prólogo de Manuel López Azorín, en los que recoger el trabajo poético de este poeta, novelista, ensayista, articulista y dramaturgo que, aunque muchos no puedan creerlo, es el poeta español que más libros de poesía ha vendido.

Cuando yo era niño, la mayoría de las novelas que veía en mi casa – propiedad de mi madre (los libros, no la casa) – tenían la firma de este escritor andaluz, nombrado «Autor del año 2016» por el Centro Andaluz de las Letras. No sé si por suerte o por desgracia, eso nunca dejó poso en mí. Nunca he leído a Gala; bueno, hasta hoy. Estos días he podido viajar a través de su poesía por un mundo donde el amor se ve introducido en el molde formal de la poesía más tradicionalista. El soneto, que cada vez cuesta más de ver si no es que estás dentro de librerías de viejo, es el muro de carga del mundo poético de Antonio Gala. En esta recopilación de poemas, encontramos más formas aparte de los sonetos, pero queda claro quiénes son los importantes – solo hace falta fijarse en el título del libro –. Gala es el poeta del amor, no cabe duda sobre eso, y este libro, por tanto, es el libro del amor. La gran mayoría de nosotros, los que no escribimos, tenemos suficiente con nuestro cuerpo para verter dentro de él nuestra intimidad. Gala, no. Él necesita de un soporte extra en el cual poder derramar ese exceso de pasión íntima, y en su caso es un papel, que forma un libro y que, casualidades de la vida, acaba en nuestras manos.

Sonetos y otros poemas es ese soporte externo en el que Antonio Gala ha plasmado a lo largo de una vida su zozobra interior con respecto al amor, su sentido, sus para qué, sus porqué y sus hasta cuándo. La poesía de Gala no es complicada de entender, cosa que muchos agradecerán, y seguramente por eso haya tenido tanto éxito a lo largo de su vida. Hablando de temas que todos vivimos alguna vez, y con palabras que todos usamos diariamente, Gala consigue crear un respiro dentro del mal de amor con soluciones, con remedios, con recetas en forma de poema para una enfermedad o un virus del que todos nos infectamos alguna vez. Si has sufrido por amor, si has estado enamorado, si no, Sonetos y otros poemas es un reflejo claro de a qué te puede llevar ese amor: incluso a ser poeta – aunque siempre he pensado que aquel que se enamora es o ha sido alguna vez poeta –.

Pero al igual que no solo hay sonetos en este libro, no todo es el tema del amor generalizado. También encontramos odas a su tierra andaluza en Testamento andaluz o su experiencia madrileña plasmada en Madrid, igual que la transcurrida en su finca malagueña La Baltasara – con título del mismo nombre –. Después de leer todos los poemas, te quedas con la sensación como de que Gala se ha vaciado, que te ha dado todo lo que te podía dar, casi como de que haya sido una despedida. Pero entonces, cierras el libro, ves su rostro en la portada con la mirada posada en ti de medio perfil y te dices, que quieras o no, que te guste o no, que tenga defensores o no, Gala siempre estará cerca de ti, porque Gala es poeta, porque la poesía es un libro y porque los libros son tu vida. Y Antonio Gala forma parte de ella.

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Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Veinte poemas de amor y una canción desesperadaVeinte poemas de amor y una canción de desesperada es ese libro que algunos defienden como el más popular y recordado de Neruda y otros como el más ligero, el de menos trascendencia. Adjetivos, por otro lado, que no se excluyen entre ellos. Sí, es posible que sea el libro de Neruda más leído, y también puede que no sean sus mejores poemas. Pero no lo olvidemos, es un poemario escrito con tan solo diecinueve años y que para muchos forma parte hoy en día de su canon poético.

Neruda, empapado de toda la corriente nueva del arte del momento con acento francés, aparece en una tierra lejana para demostrar la universalidad del lenguaje. Desde Latinoamérica, surge su voz con ganas de seguir la estela surrealista que ya ha empezado en Europa. Eso sí, sin que nunca se pudiera afirmar – ni todavía en nuestros días – que él hubiese formado parte de ello. Con el uso magistral de los adjetivos – recuerdo una frase de la época, no sé si de Neruda, que afirmaba algo así como «el adjetivo, cuando no da vida, mata» -, el chileno ofrece veinte poemas de amor más uno final, el único con título: Canción desesperada. No podemos hablar aquí de manera global de la forma poética que caracterizará a Neruda, ni tampoco de la sacudida personal que sufrirá tras vivir las guerras – sobre todo la Guerra Civil Española –, o de las experiencias tan impactantes que serán para él sus explosivas relaciones sentimentales. Neruda es aquí todavía un niño pero ya con importantes destellos de grandeza.

En esta edición, a cargo de Navona y enmarcado en su colección Los ineludibles, nos ponemos delante de una cubierta amarilla con letras en color verde y unas páginas que desprenden un olor inevitable; todo ello encabezado por el prólogo del escritor colombiano William Ospina. Los poemas, sin título, van precedidos por una página en verde con el primer verso en letras grandes. Y ya metidos en el libro, nos encontramos con la investigación que hace Neruda de su amor, de sus sentimientos, de su experiencia pasional. Ya desde sus inicios vemos sobrevolar esa nube negra que siempre acompaña a sus poemas – recomiendo, si no lo habéis leído todavía, el poema Walking around, uno de mis poemas favoritos – y que provocará aquellas famosas «lentas lágrimas sucias». Todo eso ya está aquí pero pintado con el amor de un joven prendido por la que sería el prototipo de su musa ideal, Albertina Azócar. Neruda prende en este poemario la mecha del intenso camino amoroso que será su vida. En sus poemas no vemos el amor como algo que llega, se establece y queda. En Neruda, el amor es lucha y nunca calma, es una batalla sin final en la que el amante está obligado a luchar. Con heridas que son lágrimas enquistadas y con la mirada triste de quien se sabe triste se nos muestra el Neruda que busca hacer sentir más que contar, que nos demuestra la afirmación de Ospina en el prólogo cuando dice que «la sed, el ansia, la indecisión, que parecen los obstáculos que le impiden vivir, son en realidad la materia que está hecho».

Dice también Ospina que «solo un poema de amor es capaz de hacernos sentir que no hay soledad más sola que la del que ama». Y quizás por eso es posible decir que este es el libro más leído y más popular de Neruda, porque al fin y al cabo ¿quién no ama en esta vida? O mejor todavía, y como canta Carlos Goñi en El peligro: «¿Pero aquí quién no es cobarde por amor?»

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Versos de la Tierra, de Javier Ruiz Taboada

Versos de la Tierra

Versos de la Tierra«Hay muchas cosas bonitas / más cerca de lo que crees, / y este poema te invita / a que las intentes ver». Volvámonos niños, aunque sea solo por un rato. No tengo hijos todavía pero cuando divago sobre ello no sé decirme nunca si leer un cuento a mi hijo o hija será una diversión mayor para él o ella o para mí. Esto lo pienso sobre todo en momentos como el de hace poco rato, cuando tenía este Versos de la Tierra entre manos, publicado por SM Ediciones, y me sentía como un bebé hojeando el libro del salón de su casa y que mide casi como él o Alonso Quijano con el Amadís de Gaula y esas ediciones gigantescas antiguas entre manos. Versos de la Tierra es un libro de más de 30 centímetros de largo, os podéis imaginar, ha sido como bañarme en uno de esos antiguos atlas que siempre estaban en nuestras casas y que ahora formar parte del mundo googleiano.

Escrito por Javier Ruiz Taboada e ilustrado por Miren Asiain, Versos de la Tierra busca informar a los niños acerca de todo lo que pueden llegar a ver a su alrededor si se atreven a mirar. Se nos habla de la Tierra, de los continentes, de los países, los ríos, las montañas, los planetas, los astros, los animales, etc. Todo a través de una poesía cargada de ritmo y sonoridad que pide a los padres ser leída a los hijos. Este narrador que parece que nos conozca y nos imparta una clase – muy amena – de vida, parece también pedir a los padres que hagan lo mismo que él está haciendo – tomando como pauta que el narrador es Taboada –: es decir, que lean esto a sus hijos tal y como él está haciendo. En definitiva, que corra el conocimiento.

Me ha gustado personalmente que se haga hincapié en el cuidado y el buen mantenimiento del planeta y todo aquello que este contiene, ya que en un principio puede parecer que los poemas – eso sí, con mucha soltura y gracia – presenten un mundo ideal e inacabable. El mundo es finito, eso debemos tener claro, y cuanto antes nos lo digan mejor. Y es que ahí está la clave, que nos digan las cosas. El conocimiento no es más que un río y nosotros somos piedras las cuales nos vamos mojando con su agua. Nos modifica, nos mueve, pero en definitiva, nos baña, nos empapa. Salpiquémonos de esa agua entre nosotros, que no cuesta nada.

Solo marcaría un punto en el libro que no me ha reconfortado especialmente y es el momento en que se le dice al niño o niña en cuestión que para saber más sobre la gravedad y las mareas le pregunté a papá. ¿Solo a papá? Creo que esas convenciones se han agotado hace tiempo, o debería, porque es cierto que todavía seguimos celebrando el Día de las Escritoras. ¿Hace falta? Ojo, no estoy tildando con esto al autor de machismo, para nada; si no dar un ejemplo de lo corrompido que está nuestro lenguaje y que, en casos como este en los que el público está empezando a construir su mentalidad, se debe tener muy en cuenta.

Dejando esto de lado – aunque me cuesta evitar el miedo de que cualquier pequeño empiece desde la infancia a pensar que las dudas relacionadas con el pensamiento deben trasladarse expresa y principalmente al padre –, debo reconocer que he disfrutado teniendo este objeto entre las manos. Porque más que un libro es una experiencia material, te invita a adentrarte en él sin dejar espacio a tu vista para distraerte más allá que en sus páginas. Y te adentras, leyendo a modo casi de canción, una poesía que desprende olor, sonido y sabor a Naturaleza, a Tierra.

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La Caza del Carualo, de Lewis Carroll

la-caza-del-carualoPara Carrol, madurar es morir. Como pedía a gritos Ortega y Gasset en La deshumanización del arte, o como defendía Leopoldo María Panero cuando le dejaban hablar – «en la infancia vivimos y después sobrevivimos» -, o incluso como trataban muchos de los artistas románticos, la clave de toda creación artística está en la mirada del niño. Y eso lo podemos leer en cualquier obra de Lewis Carrol, el escritor – y no de Charles Dodgson, el matemático –. Hoy lo vemos en La Caza del Carualo (The Hunting of the Snark), poema en ocho prontos que se publicó por primera vez en 1876 y que ahora lo hace Nórdica Libros, traducido por Jordi Doce e ilustrado por Tove Jansson.

Desde muy pequeño fui atraído por el universo de Alicia, pero claro, como nos sucede a todos, me quedé en ese primer nivel de ficción en el que todo nos hace gracia por ser maravilloso. No hace mucho caí – al estilo de Alicia – en el mundo creado por Manuel Garrido como estudio preliminar en la edición que Cátedra publicó de Alicia en el País de las Maravillas junto con A Través del Espejo. Fue gracias a esto con lo que descubrí la cara oculta de la obra de Carroll: lógica, lingüística, matemáticas, numerología, palabras maleta, sinsentidos; todo en unos cuentos que hacen estallar de risa a los más pequeños. Quiero pensar que esta carga, que este peso que dejó Carroll en sus obras, queda dentro del niño tras la lectura sin que él sea consciente, para despertar años después. Quiero pensar que eso me sucedió a mí.

Y lo pienso porque cuando leo ahora a Carroll siento algo distinto a cuando era pequeño. Veo ese amor incontestable hacia una niña de la que finalmente le apartaron – recomiendo mucho sus Poemas, publicados por Valparaíso Ediciones –, veo una mente brillante que se dio cuenta de aquello que la poeta estadounidense Louise Glück afirmó no hace mucho en uno de sus poemas: que «miramos al mundo una sola vez, en la infancia. / El resto es memoria». Y esa mirada es la que intenta conseguir, y consigue, Lewis Carroll.

Afirma Manuel Garrido en el estudio preliminar a las obras de Alicia que «la apoteosis del disparate poético en la obra de Carroll es, indudablemente, La caza del Snark» que, en este caso, Jordi Doce decide traducir como La Caza del Carualo. ¿Por qué? Aquí es donde hay que resaltar la importancia de las palabras maleta. Snark es una de ellas, que no viene a ser más que la creación de una palabra a partir de dos distintas, en este caso: snail (caracol) y shark (tiburón o escualo), de aquí que Jordi Doce haya decidido traducir Snark como Carualo (caracol y escualo).

Como veis, y como dije al principio, todo es juego en la obra de Carroll. Y podemos descifrarlo gracias a ediciones como esta, donde se nos explican muchos de los secretos de la obra carrolliana, donde – esto hay que resaltarlo – se nos ofrece la versión inglesa del poema y donde, además, se nos deleita con las maravillosas ilustraciones de Tove Jonsson. Sí, es una pena que no seamos ingleses para empaparnos de los juegos lingüísticos de Carroll, que tengamos la sombra sobre nosotros de esa fórmula latina del traduttore, traditore (traductor, traidor); todo es tan una pena que lo mejor es olvidarlo y sumergirnos en el mundo de la ficción, ¿no?

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Sobre la lectura, de Steve McCurry

Sobre la lectura

Sobre la lectura«Las maravillosas fotografías de este libro, realizadas por Steve McCurry en muchos países y a lo largo de varias décadas, son la prueba visual de buena parte de lo que he escrito: la compostura del lector, la mirada luminosa, el concepto de soledad, la posición relajada, la singularidad del esfuerzo, la sensación del descubrimiento y la insinuación de la alegría».

Con estas palabras termina Paul Theroux el prólogo al exquisito libro del que hablo hoy: Sobre la lectura, de Steve McCurry. Paul Theroux, aclamado escritor de novelas y libros de viajes, nos regala una oda a los libros en unas primeras páginas que serán las únicas contenedoras de palabras, porque a partir del prólogo todo son mágicas e inolvidables fotografías. Coloco como uno de los mejores libros que he leído en este año uno que no tiene palabras pero que, de igual forma, cuenta historias. ¿Quién me lo iba a decir? A través de las fotografías tomadas por Steve McCurry, viajamos alrededor del mundo de la mano de lectores. Niños y adultos, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, blancos, negros, pobres, ricos, altos o bajos, e incluso humanos o no humanos. Todo en Sobre la lectura orbita alrededor del libro como objeto generador de mundos. En todas las fotografías veremos una mirada posada en las páginas de un libro.

Como aquella famosa frase que defiende que «una persona leyendo un libro que te gusta es un libro recomendándote a una persona», aquí, todo son recomendaciones de personas, personas de todo el mundo, el mundo en sí nos es recomendado. De esta forma, Steve McCurry consigue que a través de la defensa de la lectura el mundo se una y demuestre la base de humanidad que todos contenemos. Sin importar la raza, el género o la edad, aquí lo importante es comprender que existe un lenguaje que todos hablamos, que todos compartimos y que nos hace uno: el lenguaje de los libros.

¿Qué hay más maravilloso que ver a un niño leyendo? Ver a todo el mundo leyendo. Esculturas, perros, monjes, ancianos, tullidos, turistas, alumnos, escritores, parejas, viajeros, empresarios. En la montaña, en la calle, en el coche, en un parque, en un avión, en el suelo, en voz alta, en grupo, en clase, en el bar, en la montaña,… pero siempre la creación del hilo solitario que une al lector con su libro a través de la mirada. Dicen que no hay nada como perderse en la mirada de otro. Sí lo hay, perderse en la mirada de un libro. Y perderse en este es encontrarse para siempre.

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Nana de tela, de Amy Novesky

Nana de tela

Nana de telaCreo que es la primera vez que escojo un libro por su ilustradora antes que por su autora. Descubrí a Isabelle Arsenault en la edición que publicó hace unos meses Libros del Zorro Rojo de Carta al mundo y otros poemas, de la gran poeta estadounidense Emily Dickinson. En esta ocasión es de la mano de Editorial Impedimenta, dentro de su sello infantil La pequeña Impedimenta y en el que recoge la obra Nana de tela, de Amy Novesky.

En Nana de tela nos encontramos con Louise, una niña que ya desde un principio nos ofrece la sensación de solitud e hipersensibilidad. Viendo todo en forma de hilos, al estilo del trabajo de su madre – restauradora de tapices –, la pequeña Louise deambula por su entorno hilando el mundo. Todo para ella está configurado por hilos: las estrellas que ve junto a sus hermanos en el jardín, el río que pasa por delante de su casa, las relaciones familiares. Louise crece ayudando a su madre con los tapices y anhelando la presencia de su padre, siempre ausente por trabajo. Sigue creciendo y se marcha a la universidad, en París, dejando atrás la familia. En ese crecimiento externo e interno, Louise vivirá la pérdida, sufrirá heridas, vaivenes emocionales, cambios en su tejido vital que le harán dejar las matemáticas por aquello que pedía a gritos la llegada de su profundo sentimiento: el arte.

Gracias al arte, Louise superará la pérdida de su madre, siempre reflejada en sus obras, al igual que los hilos de lana. Verá a su madre como una araña, «prudente, paciente, conciliadora, perspicaz, indispensable…» y reparadora. Su madre reparaba lo que le llegaba roto y lo convertía en objeto artístico, al igual que hará ahora Louise. «Tejer era su manera de sanar». Siempre con sus recuerdos de infancia presentes, el mundo artístico de Louise irá creciendo hasta conformar su mundo, su atmósfera, su entorno vital. Para volver a la inocencia, la alegría, el amor y la felicidad de cuando uno todavía es niño.

Nana de tela se basa en la historia real de Louise Josephine Bourgeois – «la magia de mi infancia no se perdió nunca. Nunca se perdió su misterio. Ni se perdió su dramatismo» -, una de las mejores artistas de nuestro tiempo y que nos dejó en el año 2010 a la edad de noventa y ocho años. Así, Amy Novesky e Isabelle Arsenault han conseguido hacer con la vida de la artista lo que ella intentó hacer con su obra: hilar para crear historias, hilar para conmover, hilar para sanar e hilar para vivir. Nana de tela ayuda a vivir, sirve para vivir, como toda la buena literatura.

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La luz impronunciable, de Ernesto Kavi

La luz impronunciable

La luz impronunciableTodo un poemario para acabar con la reflexión que da título al libro: La luz impronunciable. Ernesto Kavi, poeta mexicano, publica de la mano de Sexto Piso esta partitura con base de poemas con la que demostrar que la nada no se puede explicar, que no se puede hacer poesía de ella y menos cuando sabes que el todo es solo la nada disfrazada. La luz impronunciable es un ensayo, no como género literario, sino como prueba, como intento de desgranar una luz que no se sabe de dónde viene, para qué lo hace, cuánto durará y si es de alguien: la luz vital.

Ernesto Kavi nos muestra en papel el intento de pronunciar ese todo que es irreal a través de poemas donde el propio autor lucha consigo mismo y con lo que le rodea. Bajo el sol, bajo una luz que nos acompaña poema tras poema, con aves revoloteando alrededor de un ser humano que se investiga para no encontrarse en sí mismo. Mientras leía el poemario, y ya desde un principio, tenía la imagen en mi cabeza de ese animal simbólico, el Uróboros, que se engulle a sí mismo. Y es que es lo que sucede aquí. Es cierto que en algún poema, los rayos del sol van acompañados de algún rayo de esperanza, pero esta queda muerta unos versos después, como si el Uróboros encontrase partes de su cuerpo dulces pero se diese cuenta poco después que solo son pequeños oasis en un mar de basura corporal.

Al estilo de una partitura musical, con cantos, coda e incluso iniciando el poemario con un fragmento de una partitura de Bach, Ernesto Kavi nos lleva por un ejercicio de exorcismo humano a través de la poesía que va acompañado, además, de una gran innovación formal. Ese juego con la forma – con la disposición de las palabras, el juego de citas, la colocación de signos y símbolos a lo largo de la obra – es algo llamativo y que personalmente me ha traído a la mente el dulce recuerdo de Chantal Maillard.

Con un breve prefacio del ya fallecido poeta Yves Bonnefoy en el que se alaba la poesía de Kavi y se adentra en la poesía como concepto, La luz impronunciable es un gran y recomendable respiro para muchos de los que nos quedamos encallados – para bien – en esa poesía de la generación de los cincuenta, ese intimismo que huye de la perfección formal para estudiar la posibilidad de una perfección más adentro, en el interior del propio poeta; acabando con un homenaje en forma de tres versos que cantan a la felicidad y a la luz sobre la firma de Yves Bonnefoy.

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El libro de los muertos tibetano

El libro de los muertos tibetano

El libro de los muertos tibetano«El libro de los muertos tibetano es el tratado escatológico que con mayor precisión ha descrito todos los fenómenos que encontraremos tras nuestra muerte». Esto es lo primero que leemos en la sinopsis de un libro que lleva siglos y siglos enseñando a morir. Yo, que siempre he creído que los libros enseñaban a vivir, me sorprendo ahora con uno entre las manos que hace todo lo contrario: enseñar a morir.

Y es que El libro de los muertos tibetano – o Bardo Thödol –, descubierto en el siglo XIII pero existente ya desde siglos anteriores, es un seguido de pautas a seguir para autorrealizarse tras el fallecimiento. Situado en el contexto de las sagradas escrituras del Tíbet, esta obra es una parte de ellas y un manual de obligado uso para todos los seguidores de la religión tibetana. Como si se tratara de una guía, estas enseñanzas son dictadas al oído del fallecido con el fin de encaminarle hacia el sendero de la propia realización espiritual, evitando la reencarnación, salvando el alma de los cuerpos físicos, alcanzando el nirvana.

A través de tres fases, como si fueran tres oportunidades, el muerto tiene la posibilidad de salirse del ciclo de las reencarnaciones, siempre ayudado por su guía, su maestro o la persona de confianza que le marca el camino a seguir con este libro en las manos. Es un tanto extraño saber que estás leyendo algo que se ha recitado a muchos muertos a lo largo de la historia, algo que narra el proceso de la defunción, de cómo el alma se separa del cuerpo, de la lucha contra las deidades – apacibles por un lado e iracundas por otro –; en definitiva, del proceso de la muerte. Mediante estas fases, descritas y explicadas previamente y de forma exquisita por Ramon N. Prats en la introducción, el alma del difunto trabaja para orientarse en un espacio confuso e inexplicable como es lo que hay más allá de la muerte. ¿Te imaginas que alguien te contara qué tienes que hacer justo cuando notes que estás muerto? Pues este libro lo hace.

Una de las partes más importantes de esta edición, sin duda alguna, es la introducción de Ramon N. Prats, en la cual nos explica que es la primera vez que esta obra se traduce directamente del tibetano al español y donde nos habla de las adaptaciones que ha llevado a cabo, las notas que ha decidido incluir, y el tipo de vocabulario manejado.

En definitiva, debo decir que es sorprendente la lectura de El libro de los muertos tibetano, sobre todo para alguien que desconocía su existencia. Suele repetirse en su interior que la persona debe leer y releer estas enseñanzas en vida para que le sea más fácil el camino al morir. También se suele decir, esto ya no dentro del libro, que todos los miedos que sufrimos los humanos nacen del mismo: el miedo a morir. Espero, después de haber quedado sacudido por este extraño y confuso panorama que ofrece la obra, que haya perdido un poco el miedo, que haya quedado dentro de mí algo que me avise de la finitud de mi cuerpo o, por lo menos, algo que me ayude a reconocer que habrá un momento en que yo – o una parte de mí – diga para siempre adiós.

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La jugada de mi vida, de Andrés Iniesta

La jugada de mi vida

La jugada de mi vidaSoy un fanático del fútbol, lo reconozco; y sobre todo de la liga española. Por eso se me hacen tan cuesta arriba los veranos cuando la liga desaparece y solo queda conformarse con algún que otro partido de pretemporada donde las piernas pesan más que el fútbol o, si hay suerte y ese año toca, torneos internacionales. Cuando la liga vuelve ya es otra cosa: esos inicios de temporada con nuevos jugadores, nuevos entrenadores y con ellos nuevas tácticas, jóvenes promesas, grandes fichajes, etc. Y en el centro de todo ello – quizás por eso me gusta tanto este deporte – el planeta sobre el que gira todo lo demás: el planeta Iniesta. Si queréis conocerlo futbolísticamente, por fuera, encended la televisión y poned un partido en el que juegue, disfrutaréis mucho; si queréis conocerlo personalmente, por dentro, abrid este libro, disfrutaréis más: La jugada de mi vida, de Andrés Iniesta, con la colaboración de los periodistas Ramon Besa y Marcos López.

Antes de nada me gustaría avisar de que no es el típico libro donde el futbolista del que se trata parece uno de aquellos héroes que protagonizaban los cantares de gesta de nuestra época medieval. Ya me sorprendió Malpaso cuando leí Torneo, de Miguel Pardeza, que era más un recorrido metafísico de infancia perdida que las memorias de una estrella del fútbol. Por eso, estaba convencido de que este libro también me sorprendería. Y así ha sido. Desde el principio te das cuenta de lo involucrado que Andrés ha estado en la confección de estas memorias – más de cuatro años de notas –. Y digo Andrés, porque este no es el libro de Iniesta, este es el libro de Andrés: único, personal e íntimo.

A través de testimonios, recorremos la vida de este manchego nacido en Fuentealbilla en el seno de una familia humilde que vio, con lágrimas en los ojos, cómo su pequeño partía a Barcelona con solo doce años para quedarse en la Masía – fábrica de jóvenes talentos del Fútbol Club Barcelona –. Con más penas que alegrías y madurando a marchas forzadas, Andrés consiguió hacerse valer en campos donde todos le superaban en físico pero no en calidad. Callado y reservado fuera del campo y el centro de toda acción dentro, Andrés siempre ha sido – y sigue siéndolo – el punto en el que se clavan las miradas de todo aficionado al fútbol y al buen gusto. Recorremos en este libro su infancia a través de las voces de sus maestros, familia, amigos, compañeros, etc.; para pasar al estrellato: la llegada y la permanencia en el primer equipo del Fútbol Club Barcelona y de la Selección Nacional. Pero no todo son éxitos como ya hemos dicho, esto no es una oda a Iniesta. Andrés ha querido que salga todo en este libro, buscando cerrar un círculo vicioso que incluso le ha llevado a épocas de mucho sufrimiento: depresión en 2010 – cuando todos pensábamos que lo único que le sucedía era que tenía mala suerte con las lesiones –, fallecimiento de su amigo y rival Dani Jarque, pérdida de un hijo, …

En La jugada de mi vida vemos qué hay detrás del que para muchos es el mejor jugador de fútbol español de la historia. Y detrás de Andrés hay, como afirman todos los testimonios que aperecen en el libro – desde familiares hasta rivales futbolísticos –: bondad, amor, compañerismo, profesionalidad y pasión. Siempre atento a lo que le importa, vemos la admiración que provoca sobre todo en su gente más cercana: su mujer Anna – a quien dedica una carta de amor como sorpresa –, sus padres – que tanto dudaron de qué era lo mejor para Andrés sabiendo que iban a tener «un hijo sin infancia» -, sus entrenadores, sus amigos, sus fieles compañeros. Andrés en este libro se separa de Iniesta y deja de lado su maestría a la hora de dar pases de gol para, esta vez y sin que sirva de precedente, dar un pase de vida. Otra delicia nacida del fútbol de parte de Malpaso Ediciones.

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Intergrafías, de Celia Aguilar de Rueda

Intergrafías

IntergrafíasLa poesía vuelve a estar de moda – ¿alguna vez dejó de estarlo? –, y esto es gracias a una generación de jóvenes que han encontrado en este género la mejor vía con la que expresar sus amores y desamores, los vaivenes vitales de la madurez, el miedo ante la previsible monotonía de una vida adulta. Redes sociales, vídeo o música son algunos de los medios utilizados por estos poetas para llamar la atención de otros jóvenes que comparten diariamente sus escritos. ¿Hay poesía buena y poesía mala? La verdad es que no me veo debatiendo ahora sobre eso.

Pero sí me veo hablando de libros y uno de ellos, el de hoy, es el poemario que publica Celia Aguilar de Rueda, poeta de tan solo 24 años que, tras mucho tiempo ofreciendo su poesía a través de redes sociales y blogs literarios, ha encontrado en Dalya Editorial el hueco en el que plasmar sus versos sobre papel. Formada en fotografía y amante de la música, la pintura y el teatro, Celia es una demostración más de este ‘boom’ de jóvenes que buscan expresarse a través del arte, en cualquiera de sus disciplinas. Tanto es así, que en este libro incluso las ilustraciones de portada e interior son obra de la escritora gaditana.

Vemos ya desde la dedicatoria inicial cómo se busca rendir homenaje al devenir vital, a la experiencia que generan nuestros cuerpos a medida que pasan los años: «al camino… / a cada paso / a cada imagen guardada en la memoria». Desde el prólogo se nos avisa de que vamos a tener que ser lectores activos si queremos exprimir esa poesía y empaparnos de ella. Dividido al estilo teatral en seis actos con interludio, Intergrafías es un reflejo total e intimista que nos busca y parece que nos pregunte si a nosotros nos pasa lo mismo que a Celia. Y la respuesta es sí. Todos sufrimos las mismas caídas aunque con diferentes caras, a todos nos dejan de querer alguna vez, todos investigamos qué tenemos dentro. Con mucho erotismo en algunos de sus poemas – que me ha recordado en ciertos aspectos a Miriam Reyes –, Celia Aguilar busca de forma descarnada atravesar su piel y hablar desde dentro, donde todo es tan oscuro como la portada de su libro. Intergrafías es una demostración más del importante papel de la mujer en el mundo de la poesía actual, y esto ya lo podemos ver desde la portada del libro, donde lo único que vemos del interior de la mujer representada es el cerebro, el órgano que junto al corazón crea libros y poemas como estos.

Como si de un camino vital se tratara, Celia nos lleva por caídas y ascensos y pocos momentos de serenidad, igual que en la juventud. Cuando leáis Intergrafías os sentiréis jóvenes, volveréis a veros metidos en la cama una noche de invierno mirando la pantalla del teléfono móvil y esperando a que el deseado o la deseada amante os diga algo, pero no. A veces nos queremos más, a veces nos queremos menos; pero entre medias, y para no sentirnos solos ni pensar que somos los únicos que sentimos cosas de ese tipo, está la poesía, poesía como la de Celia Aguilar de Rueda en Intergrafías. Poesía joven.

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El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

El intérprete del dolor

El intérprete del dolorNo soy mucho de Almodóvar, lo confieso. Pero también debo reconocer que cuando leí en una de las solapas de este libro estas palabra suyas: «me encantaría ser capaz de escribir historias como las que contiene esta joya», algo dentro de mí me dijo que lo leyera. También influyó mucho mi pasión por los libros de relatos, la verdad. Así que, sumando los relatos, las opiniones que aparecen el libro y el buen gusto que deja siempre Salamandra, acabé con este libro en las manos: El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri (traducción a cargo de Gemma Rovira Ortega).

Ganadora del Premio Pulitzer, Jhumpa Lahiri es una de las jóvenes voces del mundo literario capaz de narrar la mezcla y el tránsito entre su mundo de raíces bengalíes y el que la crió, el estadounidense. En eso se basa su libro, pero ni mucho menos es todo. El intérprete del dolor, primera colección de cuentos de la escritora y que ahora recupera Salamandra, es la vida cotidiana representada en relatos. Vida cotidiana que podríamos llamar también extraordinaria. Muchos estaréis conmigo en que si damos un repaso general a nuestro día a día, podríamos decir que lo que nos ocurre entra dentro de lo ordinario; pero si escarbamos un poco más, seguro que cada uno de nosotros tenemos algo extraordinario que contar cada día. A eso me refiero cuando digo extraordinario, eso es la que encuentra y plasma Lahiri.

Una pareja que deja de quererse, un niño que lo observa todo en silencio, una mujer enferma que solo necesita ser alguien y es madre, una realización vital fuera del lugar de origen. Estos son algunos de los temas que aparecen en El intérprete del dolor, siempre bañados por lo bengalí. Comida, tradiciones, ropa, aspecto, nombres; todo son guiños a la cultura de la que Lahiri es hija. Con esa mezcla, transitando paisajes y vidas con sello estadounidense, nos introducimos en historias donde el choque cultural se agarra de la mano de choques vitales, sentimentales y trágicos, porque este libro es también un ejemplo de la maestría con la que se pueden llegar a narrar las relaciones entre personas.

La tragedia, como una nube negra, ronda por todo el libro, pero no descarga. En los cuentos de Jhumpa Lahiri no encontramos lo que se cree que debe estar en todo relato, lo que nos dice la teoría: el giro sorprendente, el destello narrativo, la sorpresa al lector. No, aquí hay historias que podrían ser comunes pero que buscan hacer explotar la diferencia, ese cambio en la monotonía que solo es investigado y reflexionado – incluso visto – por los que tienen en su cabeza el talento de la ficción, como es el caso de Jhumpa Lahiri y como se refleja en El intérprete del dolor.

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La letra que somos, de Antonia Freile y Rafael Simarro

La letra que somos

La letra que somosTengo que reconocer que este libro y yo empezamos mal. Escrito entre Antonia Freile y Rafael Simarro, La letra que somos se presenta con un prólogo de cada uno pero en el que ambos atacan a una nueva generación – la mía – que está cegada – dicen – por la tecnología, por la falta de interés hacia lo que es “bueno”, que se ha olvidado del sentimiento y la belleza de la “verdadera” poesía para darse a otros tipos de composiciones que no lo son. No me considero nadie importante como para decir qué es o qué no es la poesía, pero por lo menos puedo decir que soy joven. Tengo 25 años, he crecido con la tecnología, y sí, he leído este libro. Por eso no estoy de acuerdo con lo que dicen. Además, si no fuera por mi ordenador, nunca hubiera sabido de la existencia de este poemario, ni de muchas otras cosas más. Con lo cual, gracias, tecnología.

Así que luchando por desquitarme de los temibles prejuicios que me estaban empapando tras esas primeras páginas, seguí leyendo. Menos mal, porque en el agua de la poesía todo pesa menos y es más fácil limpiarse de pensamientos demoníacos. La letra que somos es un poemario que consta de seis partes además de los prólogos. No todo son poemas pero sí todo es poesía. Me explico: encontramos relatos, prosa, pero siempre con un toque poético característico de estos dos autores. La mayor parte de los poemas que encontramos buscan seguir la estela de la tradición marcada por aquello que muchos ven como el canon poético. Tenemos sonetos, tenemos rima asonante, cantidad de figuras retóricas, tropos, etc. Es decir, una mina para los amantes de esa poesía marcada, fija, bien estructurada que nos ha acompañado durante tantos siglos. Es cierto que en los últimos años se ha intentado romper con todo ello y ya no se busca tanto la rima como el ritmo, no se persigue tanto una estructura fija sino una innovación que provoque sorpresa en el lector en forma de sonrisa. Son etapas, cuando todo brilla afuera, las artes buscan reflejar esa sintonía en sus formas; cuando todo tiembla, las artes también y encontramos movimientos que buscan romper con todo, reflejar el sentimiento de una sociedad que no se siente cómoda en el lugar que le corresponde.

En la Letra que somos, no. Entramos en el mundo de la poesía renacentista en que todo es armónico y siempre se va en busca – a pesar de todo – de la belleza. Empezamos por la soledad y el silencio, seguimos por una lluvia convertida a base de metáforas en un disfraz de mucho más, pasamos a la investigación del poeta en sí mismo y con el entorno y acabamos con el mar, un mar, al igual que la lluvia, disfrazado por la metáfora. Cuatro capítulos que vienen seguidos por homenajes a Gaudí, a Garcilaso y a Gabriela Mistral. Para acabar, dos relatos en los que los autores conectan a través del mismo título y buscan hacer nacer de él dos historias distintas.

Y es que esa conexión es una de las claves de La letra que somos – que al final, tengo que decirlo, me ha dado más alegrías de lo que esperaba en un principio tras leer esos prólogos –. Mismos títulos para poemas de uno u otro, mismas temáticas, mismos personajes, léxico o incluso fragmentos idénticos para formar una cadena poética que, como bien leemos en la portada, busca ir más allá del poema. Y es que, al fin y al cabo, para los amantes de la poesía, ¿dónde acaba el poema y dónde empieza la realidad?

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