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Acero en los labios, de Isabel Marina

Acero en los labios

Acero en los labiosMuchos lo vemos. Desde hace un tiempo, las grandes editoriales apuestan en materia de poesía sobre un tipo de autores muy relacionados con las redes sociales, con la poesía del sentimiento o, incluso, con la canción de autor. Es lo que vende y lo que los jóvenes quieren leer, es lógico que se apueste por ellos. Por otro lado, hay otra corriente alterna que tiene los ojos posados en la primera y los critica, de donde ha salido el término despectivo de los “intensitos” para denominar a este nuevo grupo de poetas, joven, que está disparando las cifras de ventas en libros de poesía. No hace falta decir nombres porque todos los conocemos, ya sea por el bombo de la televisión, las radios, o por verles compartidos en los muros de nuestras redes sociales.

Pero también hay una tercera corriente – y quizás más pero ya es salirse del tema – que sigue escribiendo tras la estela que no hace mucho dejaron grandes maestros como José Ángel Valente, Chantal Maillard o María Zambrano; la de una poesía que roza lo metafísico, que busca hurgar en el interior de cada uno para así buscar respuestas a algo totalmente confuso e inexplicable como es nuestra vida. Ese grupo sigue caminando en voces como la de Miriam Reyes o Esther Ramón – y muchos otros – pero lo que importa hoy, es que también sigue viva en una poeta totalmente desconocida para mí, hasta estos días: Isabel Marina.

Me topé con Acero en los labios mientras echaba un vistazo a una lista de novedades en internet. ¿Qué podría llamarme la atención del primer libro de una autora desconocida en el panorama literario – con perdón – para interesarme en él? No lo sé, no fue la sinopsis, ni la portada, ni siquiera el título, lo que sé es que lo he leído y agradezco a esos hilos invisibles que nos conectan con las cosas de nuestro entorno que lo hayan hecho conmigo y esta obra.

Acero en los labios se divide en tres partes, tres partes de reflexión, que ya en un principio me han recordado a la simbología cristiana de los tres peldaños antes de las capillas con los que alzarse a la salvación: ‘Como pobres diablos’, ‘Esta ceniza seca’ y ‘Somos fulgor’. Cuarenta y cinco poemas encabezados por un prólogo de Fernando Álvarez Balbuena – miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos – en el que el estudioso nos habla sobre todo del estilo poético de Isabel Marina. Leemos sobre «el sentimiento», «la elegancia del estilo» o «la belleza de las metáforas» en la poesía de la avilesina. Pero también de «un léxico más estricto y riguroso que florido» o de que «la ilusión y la esperanza están presentes en toda su obra», y estos son dos aspectos de los que me gustaría hablar.

En los poemas de Marina encontramos, sobre todo, melancolía. Esa ilusión y esa esperanza de las que habla Balbuena como mucho se empiezan a ver en la tercera parte del poemario. Y es que Acero en los labios es una obra repleta de desazón, de cristales vitales rotos, de ropa y cuerpos hechos jirones, de oscuridad, de pérdida de la infancia y nostalgia en ello, de la nunca respuesta de un dios, de anhelo por el sentido de una vida. Acero en los labios pide de una lectura pausada, de una revisión por parte del lector continua de su léxico, de sus maravillosas metáforas, del buen manejo de la adjetivación, etc. En definitiva y, apartándonos un poco de lo formal, Acero en los labios es, básicamente, un vivir a pesar de todo. Menos mal que todavía existe la poesía.

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El testamento de un bromista, de Jules Vallès

El testamento de un bromista

El testamento de un bromistaCuando recibes el libro de un autor que no conoces tienes dos opciones: o investigar sobre él – aunque solo sea leer la solapa del libro con sus datos biográficos – y saber quién es o dónde ubicarlo; o, por otro lado, olvidarte de todo ello y empezar a leer, con el menor número de prejuicios posible. Iba a decir sin prejuicios, pero creo que eso es inevitable.

Algo parecido me ha pasado con Jules Vallès y El testamento de un bromista. He empezado a saber de él al terminar la lectura y gracias a ello he entendido por qué me sabía tanto a Naturalismo y a Revolución Francesa. Nació en 1832 y, tras pasar una dura infancia, dedicó sus años de juventud y adultez a la causa revolucionaria, lo que le complicó su andadura vital hasta el punto de acabar exiliado y falleciendo a los 52 años de edad. Ha sido estrechamente relacionado con autores como Zola, Lautréamont o Rimbaud y su obra se ha convertido en referente para escritores de renombre como Michel Tournier o Javier Cercas.

En El testamento de un bromista (Editorial Periférica), un primer narrador autor nos informa de la noticia de que el conocido como «el bromista» se ha suicidado. Para él, no le parece que aquello sea algo sorprendente pero sí la reproducción del testamento de este. Por esa misma razón, y tras unas primeras páginas en las que el narrador nos cuenta que las que tendremos delante «son páginas curiosas, como todas las páginas memorialísticas donde el hombre anota los minutos decisivos de su vida: minutos felices, minutos tristes; momentos solemnes, momentos extraños», se nos sumerge en el testamento en cuestión, que no es más que una especie de diario de infancia.

A partir de ese momento, nos ponemos en la piel de Ernest Pitou, un niño maltratado por sus padres y falto de amor doméstico que ve la vida desde unos ojos de cristales rotos. Todo para el pequeño Pitou es sinónimo o causa de tragedia. Todo acaba mal y esa es la proyección de su vida. A través de las palabras traducidas por Luis Eduardo Rivera, Vallès nos relata algo que para muchos es un reflejo de la infancia del escritor francés. Desde su paso por el colegio a la independencia en una ciudad de París extraña para un niño de provincias que lo único que espera es la sorpresa de unos brazos abiertos sin hambre de golpes. Con el trasero siempre escocido por el golpeo diario de su madre, Pitou ofrece un retrato de cuánto puede doler una infancia y de la pobreza que azota tanto el exterior de su vida como el interior. Ernest Pitou ve pobreza y la siente, se sabe un pobre rodeado de la más alta pobreza, en todas sus acepciones posibles.

Lanzando fuertes puyas a la educación y al sistema escolar, Vallès se pone en la piel de alguien que bien pudo ser él años atrás para proyectar el sentimiento de vacío original en alguien que no ha conocido lo que es tener un verdadero padre o una verdadera madre. Como bien podemos leer llegando al final del libro: «¡Dios mío, me acuerdo de todo!, y a medida que crezco, crece también la herida en mi pecho: sangro por dentro»; o, unas páginas más adelante: «todos estos recuerdos de niño empapan mi vida de adulto».

Y es que El testamento de un bromista es eso: la herencia de un dolor incurable que ha quedado marcado a fuego desde la infancia de un niño golpeado, un niño que bien pudo ser y todo indica que así fue, el propio Jules Vallès.

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Paseo con Ildefonso Falcones por la Barcelona de ‘Los herederos de la tierra’

14247904_10154022950418282_203008520_oDiez años después de la publicación de La catedral del mar (Grijalbo, 2006), Penguin Random House volvía a reunir este miércoles 7 de septiembre a la prensa para presentar la continuación de una novela con más de seis millones de ejemplares vendidos. Bajo el título de Los herederos de la tierra, Ildefonso Falcones ofrece nuevas historias ambientadas en la Barcelona medieval y en torno al ya archiconocido Arnau Estanyol.

Camisas comenzando a mostrar las gotas de un sudor obligado por las altas temperaturas de la ciudad condal y vestidos cortos, fueron lo primero que vimos a las puertas del Museo Marítimo de Barcelona, el primer lugar de una ruta que la prensa haría junto al autor. Tras un breve saludo bajo el sol abrasador de la mañana por parte de Lucía Conte, Doctora en Historia por la Universidad Pompeu Fabra y guía de todos nosotros por un día, nos adentramos en el Museo para recalar frente a la réplica de la Galera Real de Don Juan de Austria en la Batalla de Lepanto. Con Ildefonso Falcones posando frente a ella, vamos conociendo uno de los primeros escenarios de la novela: las atarazanas de Barcelona, donde empezamos a saber de Hugo, el protagonista de esta nueva obra.

14303717_10154022950358282_438699790_oSalimos a la calle para subir por el Raval mientras Lucía Conte nos habla de que ese lugar fue enclave de inmigrantes y esclavos anhelantes de libertad, que luchaban para un día poder pagársela y comenzar una vida nueva en Barcelona. Nos cuenta todo esto situándonos varios siglos atrás mientras nosotros – no sé si todos – vemos que por esas calles sigue habiendo gente luchando por un futuro mejor, o por un futuro simplemente, sea cual sea la raza; que no hace falta retrotraernos tanto. Escuchamos historias con eco antiguo pero vemos las mismas con color actual. Queremos decirle algo a Lucía pero la tenemos demasiado lejos.

Llegamos al antiguo hospital de la Santa Cruz de Barcelona, ahora edificio histórico de la Biblioteca de Cataluña y lugar donde surge la portada de Los herederos de la tierra. Mientras vemos a dos ancianos disputarse una partida de ajedrez gigante, Lucía Conte nos anima a entrar a la famosa sala de lectura, donde antiguamente se colocaba a los leprosos y que actualmente es una de las estampas bibliográficas más fotografiadas de Barcelona. No sabemos qué hacer, si disfrutar de esa partida con paisaje de un ‘chiringuito’ de libros – suponemos que con motivo de la Feria del Libro en Catalán que se celebra esta semana en Barcelona – o subir a la sala con todo el grupo. Lo perenne o lo fugaz. Decidimos retenerlo todo en fotografías, así todo es más fácil.

De allí nos dirigimos al Museo de Historia de Barcelona, 14285330_10154022950353282_435194426_olugar escogido para la presentación oficial del libro. Fuera, mientras esperamos a entrar, oímos a nuestro lado que hablan del talento de Falcones para enganchar al lector capítulo tras capítulo mediante hechos históricos. Hablan de Dan Brown como ejemplo y yo pienso en Walter Scott. Otros responden que quizás no es tan difícil, que es solo una moda. Los primeros lo niegan, y ponen como ejemplo «un libro malísimo que publicaron dos autores sobre Gaudí buscando el tirón de El Código da Vinci». No recuerdan el título. Yo sí pero no me atrevo a intervenir, yo también lo compré: La clave Gaudí (Plaza&Janés, 2007).

Agradeciendo de corazón la potencia del aire acondicionado de la sala y las botellas de agua por cortesía de la editorial, empezamos a fijarnos en el entorno. Con una puesta en escena digna de un best seller internacional, Núria Cabutí – CEO de Penguin Random House – da comienzo a lo que será una conversación entre Ildefonso Falcones y la directora de ventas de la editorial que sigue confiando en él – o al revés –: Grijalbo.

Temas como el papel de la mujer, de los judíos o de los 14247980_10154022950413282_903791942_oesclavos en la Barcelona medieval van hilvanándose para acabar hablando del mundo del vino, del que Falcones se declara gran amante y conocedor de su historia. También le escuchamos hablar de su idea a la hora de crear y es que para él una escena, una imagen o un pequeño párrafo de un libro olvidado, puede ser el chispazo de toda una novela. Ya le sucedió en La catedral del mar cuando le sobrevino la imagen de un joven cargando una piedra desde la montaña de Montjuic a la Catedral del Mar; y lo mismo le ha sucedido ahora cuando, leyendo, tuvo la idea de ese niño que se dedicaba a cargar las pesadas bolas sujetas a las cadenas de los esclavos para que estos se pudieran mover con mayor facilidad.

Decimos leyendo porque es lo esencial para Falcones. Reacio al estudio a partir de documentos, el autor barcelonés defiende a capa y espada la lectura como aprendizaje, la constancia en el leer cuentos, ensayos, novelas; el saber llegar a páginas que abren en nuestra mente nuevos mundos. Llega la hora de las preguntas y, como es habitual, los primeros segundos son de duda por parte de la prensa para ver quién es el valiente que rompe ese hielo que produce la mirada encogida de Falcones. Este, sabedor de esa oportunidad, anima a que no haya preguntas para que todos vayamos – él también – a beber vino antes.

14285165_10154022950478282_1186397360_oY es así, sin preguntas y levantándonos al unísono, nos dirigimos cual niños de excursión escolar al Palacio Requesens, donde Penguin Random House tiene reservada la última sorpresa para todos nosotros: una comida medieval maridada por los vinos escogidos por el sommelier Juan Muñoz Ramos. Copa de cava en mano, las lenguas comienzan a destensarse y a olvidar la sequedad de más de dos horas de ruta y empiezan los saludos que han tenido que esperar todo ese rato. Nuevos contactos, tarjetas nominales pasando a manos ajenas, brindis, comentarios en alto sobre tal y cual sabor del plato, del vino, del ambiente. Pasan las horas, Ildefonso Falcones se dispone a firmar libros con su inseparable copa de hidromiel mientras avanza la sobremesa en el resto de mesas. La gente comienza a irse con su ejemplar firmado bajo un brazo y el obsequio de una botella de vino Fra Guerau en el otro. Empieza a vaciarse el salón, nosotros nos quedamos sentados inconscientemente y algo anestesiados, dudando de cuál es el verdadero motivo de todo lo que ha sucedido esa mañana. Y por qué hay tanta prensa. Tenemos a pocos metros la mesa presidencial con todos los altos cargos de Penguin Random House. Dudamos si levantarnos heroicamente y preguntarles sobre ello.

Finalmente, damos el último sorbo a la extraña copa de hidromiel, cogemos nuestro ejemplar, la botella de vino y nos vamos, pensando que quizás el vino tiene como obligación ese día – ¿o todos? – despejar las dudas de todos aquellos que esa jornada las hayamos tenido.

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Revolver, de Tito Lesende

Revolver

RevolverSi te consideras un amante de la música pero te da vergüenza reconocer que nunca has escuchado el disco Revolver de los Beatles, solo puedo decirte que no te sientas así, yo voy a reconocerlo en una web que leen diariamente miles de personas. Sí, lo reconozco, antes de la lectura de este libro no había escuchado Revolver y también sí, me considero un buen amante de la música, sobre todo del rock español. Pero esto tiene un porqué, y es que soy de los que piensa que escuchando a los cantantes que colaboran en este libro ya estoy bebiendo de los Beatles. Si al fin y al cabo la mayoría del rock y del pop actuales tienen su huella: ¿qué más dará que su escucha sea directa o indirecta?

Pues bien, ya lo he escuchado. Claro está que conocía canciones que están dentro como por ejemplo ‘Yellow Submarine’, y otras de las que no conocía el título pero por las cuales había sido salpicado inconscientemente en casas de amigos, en coches ajenos o en hilos musicales de bares, ascensores o centros comerciales. Ahora ya me he empapado bien de él y todo gracias a este proyecto de Tito Lesende – uno de los mejores periodistas musicales que tenemos en España -, quien ha conseguido reunir a figuras de la altura de Enrique Bunbury, Leiva, Carlos Tarque, Xoel López, Anni B Sweet o Zahara para hablar del disco que para muchos marca un antes y un después en la vida musical del cuarteto británico, dirigiéndoles hacia un camino mucho más profundo marcado por la piscodelia. Incluso el título del libro – Revolver, el disco de los Beatles que revolucionó el rock (Efe Eme) – muestra la importancia de uno de los hitos del año sesenta y seis que ahora cumple cincuenta años.

Con la ayuda del productor musical Juan de Dios Martín, quien desgrana los aspectos más técnicos del disco, Tito Lesende nos cuenta todo lo que envolvió y lo que contuvo – y contiene – un álbum que todavía hoy es para muchos su favorito. Y no para gente de la calle, que también, sino para artistas consagrados que vieron en los Beatles su sueño, su futuro, su realización vital.

Tras situar al lector en todo lo que relaciona a Revolver y a los Beatles, Lesende reparte las catorce canciones del disco en los catorce artistas que colaboran en el libro. Para ser más exactos hay quince músicos que participan, y es que Marc Ros (Sidonie), habla de ‘Paperback writer’ y ‘Rain’, los dos primeros singles que nunca entraron en el disco. Las demás canciones, divididas en cara A y cara B, son desgranadas tanto por Tito Lesende como por el artista al que le toque ese tema en cuestión. Lesende empieza cada canción explicando el origen de ella, las anécdotas que la rodearon, sus influencias anteriores y posteriores, las versiones que desencadenaron y los aspectos técnicos; para pasar a una conversación en forma de entrevista con el artista pertinente: empezando por Rubén Pozo y acabando con Enrique Bunbury. Conversaciones entre dos amigos, por eso es tan importante la figura de Tito Lesende en este libro. Así, conocemos cómo se gestaron los temas beatlenianos pero también cómo lo hicieron los de estos artistas españoles que para muchos serán ídolos. Leemos anécdotas muy divertidas – como cuando Leiva olvidó las canciones de Pereza a pocos días de un concierto por culpa de un brownie de marihuana o cuando el presidente del Villarreal CF pidió a Los Mustang cambiar el estribillo de ‘Submarino amarillo’ para decir «Amarillo el Villarreal» y que por ello al club castellonense se le conoce actualmente como El submarino amarillo -, vemos el tratamiento cercano y natural con respecto a las drogas – sin hacer apología de ellas – -, y sobre todo, entendemos mucho más de dónde sale la música de artistas que muchos escuchamos diariamente.

Catorce canciones que cambiaron el devenir del grupo, de la gente y del mundo. Catorce canciones que demuestran que hubo un momento en la Historia en que cuatro genios consiguieron juntarse para trabajar juntos, y de esa unión – que se fue inflando hasta explotar – surgió la música: una música que todavía hoy suena, por fuera, por alrededor o incluso dentro de nosotros.

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Música de ventanas rotas, de Varios Autores

Música de ventanas rotas

Música de ventanas rotasVale, no he leído nunca un libro de John Fante. Quiero reconocerlo antes de nada para que el lector de esta reseña no busque en ella datos sobre él que no conocía. Y entonces, ¿por qué me leo un libro que se presenta como «Homenaje a John Fante»? No lo sé, ¿Por qué no?

Bueno, quizás en cierta medida sí que algo sé sobre el motivo de que haya escogido este libro y que ahora lo esté reseñando. En primer lugar, cuando me encontré con la portada, vi que la edición iba a cargo de Francesco Spinoglio, a quien años atrás leí por recomendación de un amigo suyo en Sueños de bolsillo (Eutelequia, 2011). Este amigo suyo era camarero en un bar de copas de Barcelona, yo solía ir muchas tardes allí y siempre hojeaba los libros que estaban sobre una estantería del local. Un día vi unos cuantos ejemplares nuevos, le pregunté por ellos y me convenció para comprar uno: era Sueños de bolsillo. Bien, esa es la primera razón. Si leer a Spinoglio me gustó, imaginé que leer a Fante me produciría la misma sensación, aunque fuera una lectura de él indirecta. Segunda razón: vi que uno de los autores de los textos que componen el libro era Carlos Castán. Como lector o fan de Tropo Editores, sé qué puede ofrecer Castán y es todo un pecado negarse a una lectura de él – el relato Las visitas lo demuestra -.

No tengo más razones para defenderme ante mi propia acusación de por qué me he leído un libro que homenajea a un autor al cual no he leído. Pero tampoco creo que las necesite. Gracias a los veinte autores que componen el libro he comprendido qué es John Fante, porque tras leerlo te queda la seguridad de que Fante no fue un simple escritor, sino – y lo sigue siendo – una marca impresa en muchos escritores que les obliga a seguir su estela, una estela que incluso marcó a alguien como Charles Bukowski. En el libro podemos encontrar un texto de Dan Fante – hijo de John Fante – igual que podemos encontrar otro de una alumna de Spinoglio de tan solo 23 años – Carla Farrán –. Cada uno con su propio estilo e incluso género (relato, ensayo, poesía,…).

Como en la vida de los Fante, nada aquí se rige por el nombre, por la norma generalizada. Música de ventanas rotas está compuesto por aquellos textos que los editores – Francesco Spinoglio y José Ángel Barrueco – han creído oportunos, tanto si el nombre que lo firma llamará la atención del lector o no. La mayoría de los autores que forman el libro confiesan que conocieron a John Fante gracias a Bukowski. Yo, de forma parecida, ahora puedo decir que he conocido a John Fante gracias a ellos.

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Torneo, de Miguel Pardeza Pichardo

Torneo

TorneoDebo reconocer que me sentí muy extrañado cuando vi que Malpaso publicaba un libro escrito por Miguel Pardeza. Para quien lea esto y no sea muy futbolero/a, bastará decir que Pardeza fue uno de los integrantes de la famosa «Quinta del Buitre» que tantos éxitos y reconocimientos consiguió para el Real Madrid en la década de los 80. Pero me autoconvencí pensando que quizás lo que buscaba la editorial era provocar esa extrañeza en sus lectores, sorprender y así, conseguir que el lector hojee su libro.

Nada más empezar la lectura, mi débil observación acerca del marketing en el mundo editorial se destruyó. En ese momento entendí por qué una editorial que me había engalanado los ojos con títulos como El maquinista y otros cuentos de Jean Ferry o Cuentos completos de E.L. Doctorow, ahora se atrevía con la publicación de lo que ellos tildaban como «el debut narrativo de un gran futbolista». Sigue leyendo Torneo, de Miguel Pardeza Pichardo

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Copenhague huele a París, de VV. AA.

Copenhague huele a París

Copenhague huele a ParísMe encanta la poesía – aunque debo reconocer que no es mi género preferido, el relato siempre estará por delante – y esta ha sido una de las razones por las que no he podido dejar pasar este acercamiento que ofrece Nórdica Libros a la poesía contemporánea danesa en Copenhague huele a París.

Formando parte de la colección letras nórdicas, este compendio de poetas traducidos por Daniel Sancosmed busca ser la entradilla a una poesía que debe mucho, como tantas otras – o quizás todas las contemporáneas – a la corriente francesa de los últimos siglos, con Rimbaud siempre como estandarte. Vemos el tratamiento de temas como el cuerpo «como catedral de las palabras», la ciudad, la noche y el punk. Destacando la figura de Michael Strunge, quien renovó el lenguaje poético danés; este admirador férreo de Bowie es la mecha de una generación de poetas daneses que se han dado cuenta de que el cambio que buscan sus poemas no debe ir dirigido a lo social – como antes se hacía – sino a lo individual; que buscar la transformación de la persona que está leyendo ese poema es necesario, obligado y vital para ellos, los poetas. Strunge consiguió, aun habiéndose suicidado con tan solo veintiocho años, que todo un grupo de escritores en verso cogiera las riendas que él dejó para seguir ofreciendo poesía con la que calentar los duros y largos inviernos daneses.

Una de los aspectos que más destaca de este poemario y una de las razones por las que se puede defender que no estamos ante una generación propiamente dicha, es la disparidad de estilos, de formas y de temas que cada uno de estos poetas trata en sus versos. Vamos de lo carnal a la oscuridad de la noche en Copenhague, pasando por infinidad de temas distintos, pero siempre con el reflejo interior de un yo poético roto.

Si tuviera que quedarme con alguno de los doce poetas que forman este poemario creo que lo haría con Pia Tafdrup, alguien que por supuesto no conocía pero que me ha obligado a tener que repetir la lectura de sus poemas – sobre todo No somos animales de un día – para acabar esta siempre de la misma manera: asintiendo con una sonrisa y volviéndolo a empezar. Eso es lo mágico de la poesía: que siendo escrita cuando lo fuera, siempre hay algún verso que define lo que sientes o has sentido en algún momento de tu vida. Conectar es básico y esencial, como la conexión, en este caso, entre Copenhague y París.

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Gala – Dalí, de Carmen Domingo

Gala - Dalí

 Gala - DalíSiempre había escuchado o me habían hablado de la importancia que tuvo Gala en la vida de Salvador Dalí, pero nunca llegué a imaginar que esa importancia fuera en realidad una total dependencia y necesidad del pintor catalán hacia la rusa. Y es que gracias al trabajo convertido en novela de Carmen Domingo, Gala – Dalí, podemos acompañar a estos dos personajes a lo largo de su vida y conocer de primera mano el poder y la influencia que Gala tuvo sobre el pintor.

Enfocada en la vida de Gala, esta novela muestra el desarrollo y el crecimiento de una niña nacida en el sacudido ambiente de la Rusia de inicios del siglo XX, que ya desde bien pequeña ve que su lugar no está allí. Con un fuerte sentimiento de extranjera en su propio entorno y una enfermedad en los pulmones que le hace irse a un sanatorio suizo sola, Gala se da cuenta de que nunca más volverá a su país y de que su única voluntad en la vida es triunfar, viendo este verbo como un destino adulto repleto de dinero. Sigue leyendo Gala – Dalí, de Carmen Domingo

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El Quijote de Wellesley, de Javier Marías

El Quijote de Wellesley

El Quijote de WellesleyTiene que apasionarte El Quijote para que pueda recomendarte el libro del que te voy a hablar. Sí, lo sé, sé que si eres un apasionado o apasionada de la novela de Cervantes te preguntarás si hay alguien a quien no le guste, yo pienso igual. Pero quizás lo hay, porque es un libro que impone, porque muchos lo tratan y lo enseñan como algo inaccesible o simplemente, porque todavía hay gente que no le ha dado una oportunidad. Alguien que sí se la dio y que a partir de ese momento no ha dejado de leerlo – porque hay libros que se continúan leyendo aunque hayas llegado a la última página y ya lo hayas cerrado –, es Javier Marías, uno de los autores españoles más importantes del momento y miembro de la Real Academia Española.

En El Quijote de Wellesley, el escritor madrileño nos ofrece las notas que escribió para organizarse el curso que impartió en 1984 en la Universidad de Massachusetts, concretamente del mes de septiembre a diciembre de ese año. Allí, rodeado de alumnas – ya que era una Universidad solo para mujeres –, Marías impartió un curso sobre la gran novela de Cervantes en unas aulas en las que años antes habían dado clases personajes tan ilustres como Vladimir Nabokov o Jorge Guillén. Sigue leyendo El Quijote de Wellesley, de Javier Marías

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Una lengua muy larga, de Lola Pons Rodríguez

Una lengua muy larga

Una lengua muy largaSeguro que te has encontrado en alguna situación en la que has pensado: «¿cómo puede hablar esta persona así?» o «¿cómo puede cometer este fallo?». Eso nos ha pasado a todos, incluso el cometer monumentales erratas. Pero con libros como este en el que se trata a la lengua con total naturalidad y sobre todo con mucha gracia podemos darnos cuenta de que hay cosas que no entran tanto en el error como nos pensamos, ya sea porque antiguamente se escribían de esa forma, porque nos han influenciado otras lenguas o dialectos o, simplemente, porque nuestra lógica prefiere pronunciarlo de una forma distinta a la correcta.

En Una lengua muy larga, Lola Pons Rodríguez nos ofrece cien historias breves y curiosas sobre el español, las cuales os aseguro que os provocarán sonrisas, muecas de satisfacción y, sobre todo, mucha sorpresa. Y es que Pons Rodríguez, profesora de la Universidad de Sevilla, consigue que nos enganchemos a su libro con un estilo llano, ameno y muy divertido. Debo confesar que yo no pude soltarlo hasta que lo terminé y es que, aunque no es un libro breve, el hecho de contar con capítulos de dos o tres páginas y la manera de narrar de la autora hace que sigas leyendo hasta que el propio libro te lo permita. Sigue leyendo Una lengua muy larga, de Lola Pons Rodríguez

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Durero soñando, de José María Ridao

Durero soñando

Durero soñandoSaber que una nueva editorial abre en estos tiempos en que lo normal es todo lo contrario no puede más que alegrarte un poco la existencia. Y este es el caso de Arpa Editores, editorial nacida en Barcelona de la mano de Joaquín Palau y su hijo Álvaro.

Uno de los primeros títulos de esta nueva andadura es Durero soñando, un libro a caballo entre el ensayo y la obra teatral, escrito por José María Ridao, que busca llevarnos a los entresijos que protagonizaron la época de la Reforma y la conquista de las Indias. Con una primera parte dedicada al ensayo, Ridao nos lleva a conocer todo lo que sucedió en un momento en que no quedaban del todo claro los márgenes entre la Iglesia y el Poder, mostrándonos la importancia que tuvieron por aquel entonces las figuras de los teólogos. Con dos vertientes claramente diferenciadas, Erasmo y Lutero enfrentan sus ideas y provocan una todavía mayor crispación en una Europa que se ve corrompida por quienes deben ser el ejemplo a seguir. Una de las cosas que más chocan de esta narración es que podemos ver de manera muy clara la proximidad entre los de aquel entonces y los de ahora, sabiendo que han pasado centenares de años entre una cosa y otra y que aún así todo parece sorprendentemente actual. Ridao nos muestra con Historia que todo es corruptible, incluso aquello que lucha contra la corrupción. Además, nos hace partícipes del descubrimiento o hallazgo de las Indias y de América sembrando en nuestro interior las dudas acerca de la realidad de esos hechos, de si todo lo que nos han contado es cierto o fue solo una estratagema nacida del interés político. Sigue leyendo Durero soñando, de José María Ridao

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El atasco y demás fábulas, de Luis Goytisolo

El atasco y demás fábulas

El atasco y demás fábulas

Una de las cosas que más me atrae de los libros es cuando me encuentro con uno delante y no sé lo que me deparará. Vale, normalmente todos te sorprenden, para bien o para mal, pero siempre hay aquellos que aun leyendo la sinopsis no te resuelven nada sobre qué te encontrarás en sus páginas. Uno de estos casos es el de El atasco y demás fábulas, de Luis Goytisolo.

Empezando por romper con el género de la fábula, que a todos nos lleva a los animales como personajes principales o a la moraleja como fin único, y siguiendo con romper con todo lo demás, Goytisolo acaba formando un libro que no puede etiquetarse de ninguna forma. Nos presenta una serie de fábulas, las cuales ha escrito a lo largo de más de cuarenta años, llenas de crítica a todo lo que él mismo ve en su día a día. Y todo de manera única, jugando con todo lo que tiene en su mano un escritor. Sigue leyendo El atasco y demás fábulas, de Luis Goytisolo