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Algo se nos escapa, de Jean Gourounas

Algo se nos escapa

Algo se nos escapa¿Habéis notado que ya están los turrones y polvorones llenando las estanterías de los supermercados?, ¿habéis visto que los anuncios de la televisión cada vez muestran más y más juguetes? Eso solo puede significar una cosa: ¡la Navidad está al caer! Bueno, aunque cada vez nos adelantemos más y con esto del cambio climático al final acabaremos tomando las uvas en biquini… pero, sí, queda poco para este momento mágico del año. Yo pertenezco a eso grupo de personas inteligentes a las que nos encanta la Navidad. Ejem, ejem. Las luces, el frío, las cabalgatas, los regalos, las cenas y los reencuentros. ¿Qué puede haber de malo en todo esto?

Y precisamente, como se acercan estas fechas, ya estoy pensando en los regalos que les haré a mis sobrinos. Como no puede ser de otro forma, a mí me gusta regalarles libros. Así que en esta época me fijo mucho más en los catálogos y novedades infantiles, pensando cuál es el mejor libro para cada sobrino. Y es que acertar no es fácil, porque cada uno tiene sus gustos e inquietudes, pero con la gran variedad de libros infantiles y juveniles que hay hoy en día, y lo preciosos que son, es muy difícil no dar en el clavo.

Algo se nos escapa, el libro del que hoy os hablo, va a ser para mi sobrino más pequeño. Tiene dos años y medio y aún no sabe leer, pero le gusta mucho mirar libros (sus preferidos son los pop-up) y esta es la mejor edad para contarles un cuento cuando se van a la cama, ¿verdad?

Así que me decanté por Algo se nos escapa porque es un libro dirigido a los más peques de la casa y porque sus ilustraciones me parecieron muy dulces. Además, es un libro muy adecuado para las navidades porque todo transcurre entre frío, hielo y animales polares.

Un pingüino paciente que está pescando irá reencontrado a un montón de amigos: una foca, una morsa, un reno, un oso y hasta un esquimal. Todos se interesarán por el pingüino y todos están asombrados de que no pique nada. Pero cuando descubran el anzuelo y la sorpresa que viene después sí que estarán perplejos.

Algo se nos escapa es el primer libro traducido al español del prolífico ilustrador francés y lo cierto es que es una monada que a los más peques les encantará. Una buena idea para regalar estas navidades.

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Aves y otros animales, con Pablo Picasso

Aves y otros animales

Aves y otros animales¿Sabéis dibujar? A mí no se me da del todo mal. También es que tengo una madre pintora y supongo que algo llevo en los genes. Lo cierto es que en mi casa somos todos un poco artistas. Eso sí, a mí lo que se me da realmente bien es copiar (o imitar, que queda mucho mejor) un dibujo. Imaginación a la hora de dibujar tengo más bien poca. Algún defecto tenía que tener. Pero claro, no siempre se tiene a mano el modelo para copiar. ¿Sabéis cuál es la auténtica prueba de fuego? Cuando un sobrino te pide algo tipo “dibújame un caballo o un tigre”. Esa es la verdadera prueba, amigos. Dibuja tú un caballo y que no se parezca en nada, verás la cara que pone el niño (lo sé por experiencia).

Gracias a la editorial Phaidon, el tema de las aves lo tengo casi resuelto, porque en Aves y otros animales tenemos todas las claves para aprender a dibujar aves tan chulas como flamencos, gallos, pingüinos, pelícanos, pavos reales, avestruces o lechuzas. Y lo mejor de todo, es que aprenderemos de la mano de Pablo Picasso. ¿No es genial?

Este libro de cartón, diseñado para que los niños aprendan a identificar y dibujar animales, contiene un montón de bocetos prácticamente inéditos del magnífico pintor malagueño. Animales diseñados en un solo trazo, animales con fuerza y dibujados de manera muy original (no podía ser de otra forma con Picasso) que los niños identificarán rápidamente. Además, debajo de cada boceto del artista, encontramos un texto que enriquece, explica y aclara algo sobre el animal. Así que, además de una guía para dibujar, también, si le echamos imaginación, este libro puede ser una especie de cuento para nuestros pequeños.

Las páginas de cartón y el tamaño del libro hacen que los niños no tengan ninguna dificultad en manejar el libro ellos solos. Es realmente práctico.

A mí me parece una forma maravillosa para introducir también a los peques en el mundo del arte. Poder explicarles a través de estos dibujos quién fue Pablo Picasso y enseñarle algunos de sus cuadros más famosos para que vayan aprendiendo a conocer y reconocer grandes pintores. En la página final encontramos un texto adaptado para los niños en el que se hace una breve reseña sobre Pablo Picasso que puede servirnos como introducción para hablar más sobre el artista y su obra e introducirles en el maravilloso mundo del arte.

Aves y otros animales entra dentro de una colección de la editorial Phaidon llamada Primeros pasos con grandes Artistas. En ella encontramos a otros magníficos pintores como Henry Matisse o Josef Albers.

Y aunque en el libro aparezcan principalmente aves, también podemos encontrar otros animales como el conejo, el zorro, la ardilla, el camello, el perro o las tortugas.

Ahora sí que no tengo excusa. La próxima vez que un sobrino me pida que le dibuje un animal, me tiene que salir perfecto. Eso sí, si me pide que le dibuje un elefante, le sugeriré: ¿no quieres que te dibuje mejor un avestruz? Y todos contentos.

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La historia del arte, de E.H. Gombrich

La historia del arte
La historia del arteHay varias vías por las que descubrimos un libro. A veces te lo recomienda un amigo; otras, lees una reseña en LyL que te gusta; puede ser que lo presenten en la radio o que incluso algún programa de televisión utilice sus pocos minutos de emisión cultural para hablar de un libro con el que podría ser que conectaras. Y por último, si eres muy lector, es muy frecuente que sean los mismos libros los que te llevan a otros libros.
Llegué a La historia del arte de Gombrich a través del libro Éxito de Trama Editorial. Un libro muy divertido sobre el encuentro de autores y sus manuscritos con las editoriales: errores garrafales cometidos por las editoriales, cartas de rechazo ingeniosas, autores poco críticos que se sienten incomprendidos y proyectos que, con buen olfato por parte del editor, se convierten en libros que venden más de ocho millones de copias. Este último es el caso del libro de Ernst Gombrich: una aproximación muy personal a la historia del arte, nada más y nada menos.
Textos sobre la historia del arte hay muchos, pero este de Gombrich publicado por primera vez en 1950, es el mejor que se ha escrito jamás. ¿Qué lo hace tan especial? Sin ninguna duda el autor, Gombrich, que lo escribe desde una perspectiva llena de sabiduría y de ternura.
En este libro no podemos cometer el error de pasar directamente al capítulo primero saltándonos la introducción y los prefacios a las sucesivas ediciones. Gombrich nos explica sus normas para escribirlo en las primeras páginas. La primera es que el lenguaje no puede ser excesivamente académico para no desencantar al que era su público objetivo: jóvenes que se enfrentaban por primera vez al tema. Eso no significa utilizar su jerga, ni minimizar los objetivos, ni reducir los conceptos que quiere transmitir. Significa que el lenguaje va a ser un instrumento preciso y hermoso que va a servir a su función principal, significa no asustar con cientifismos innecesarios y producir el efecto contrario al deseado, significa analizar las ideas que se pretenden transmitir y presentarlas de una manera sencilla que esté siempre al servicio del conocimiento. Como el mismo Gombrich dice, no es descender hasta los jóvenes, más bien lo contrario, ya que en el fondo ellos son los más difíciles de engañar con el lenguaje opaco que acompaña a la mayoría de las disciplinas. Esta norma no implica simplificar los conceptos o tratarlos superficialmente. Implica ir a lo esencial y no distraer. El resultado de su primera norma es un libro limpio y honesto que interesa a jóvenes y adultos, que cautiva a profesionales y a curiosos. Una ascensión hasta los jóvenes de la que todos nos beneficiamos ya que sus palabras casi 70 años después son sinceras y producto de exprimir lo fundamental.
Sus otras dos reglas tienen que ver con la selección de obras que va a presentar: tienen que ser obras de arte verdaderas y apoyadas por una mayoría. Quiere dejar de lado tanto las obras discutidas o que fueron apoyadas por sus coetáneos pero que no pasaron el cribado del tiempo, como sus preferencias personales. No quiere perder de vista el objetivo: mostrar que el arte es lo mejor de nosotros mismos y que la historia del arte nos ayuda a entenderlo. Necesariamente se van a quedar fuera obras y artistas significativos, pero esta renuncia es esencial para conseguir hacer un tratado inmejorable y que no sea demasiado extenso. Incluso cree que escoger una selección tan exquisita podría hacer aburrido el libro, ya que como él dice, los elogios son más insípidos que la censura (así que mi reseña va a ser aburridísima).
Una presentación que es toda una declaración de intenciones y que impacta por lo poco acostumbrados que estamos a que se hable del arte en términos sencillos y manejables. Te está diciendo que su pasión es contextualizar el arte en su tiempo, sí, pero que su objetivo ahora eres tú, lector. Nada hay más importante que conseguir hacerte fácil y atractivo el camino. Como un buen profesor, conocedor riguroso y enamorado de su campo de estudio, pero comprometido con el estudiante. No para contarle detalles superfluos que se le olvidarán o perderlos en marañas de tecnicismos innecesarios. Su misión es rastrear la verdad y manejarla para que su audiencia perciba su forma.
El fotógrafo Henri Cartier-Bresson dijo del libro: “Ecuación: conocimiento + contemplación; solución: Gombrich”. Mi ecuación incluiría más términos:
Conocimiento + amor + respeto + humildad + objetivo = La historia del arte, de Gombrich. Conocimiento extenso y profundo, amor por el arte, respeto por los artistas y los lectores, humildad para olvidarse de sí mismo y perseguir su objetivo: que los lectores (profanos o no, ojo, este es un libro muy querido también por artistas de todos los campos) podamos darle algo de sentido al arte utilizando el tiempo como guía.
Y es maravilloso que Gombrich sea humano (tan humano) para hacernos entender desde su mirada los vaivenes de artistas y obras a través de la historia, y nos gustaría que en algunos aspectos lo fuera menos, que fuera inmortal para que su estudio nos devolviera su visión sobre el arte que ha aparecido después de su muerte. Señor Gombrich, ¿qué motivaciones diría usted que llevan a Okalpa a pintar esos cuadros llenos de números?, ¿a qué se enfrentan los artistas en las décadas en las que ya no estaba usted para contextualizarlos en la historia y comprender sus objetivos? Que sepa que le echamos de menos.
La función principal de un libro de historia del arte es contextualizar el arte, darle sentido dentro de su particular época, es entender cuáles eran sus motivaciones, con qué herramientas se podía trabajar, qué temáticas eran las más frecuentes, qué problemas técnicos resolvieron y cuáles crearon, con qué obstáculos políticos, sociales, culturales e incluso científicos se encontraban los artistas. Dice Gombrich: “Es tarea del historiador hacer inteligible lo sucedido. Es tarea del crítico criticar lo que sucede.” Y, sin embargo, La historia del arte, no solo describe y nos ayuda a conocer, también nos ayuda a comprender.
Tratar de entender el arte es rodearse de dudas. ¿Es universal? ¿Es asequible para todo el mundo o solo para las élites que viven en él? ¿El artista siempre tiene una intención? ¿Cuál es el papel del observador en la percepción de una obra? ¿Es la técnica necesaria y/o suficiente? ¿Cómo detectar el fraude si es que lo hay? El historiador no es un crítico de arte, pero al recoger lo que ha sucedido, reflexiona sobre estas preguntas en el pasado. “…No podemos olvidar que el arte es cosa muy distinta de la ciencia. Los propósitos del artista, sus recursos técnicos, pueden desarrollarse, evolucionar, pero el arte en sí apenas puede decirse que progrese, en el sentido en que progresa la ciencia. Cada descubrimiento en una dirección crea una nueva dificultad en otra
La edición de lujo, recién publicada, es un libro de otro planeta. Una encuadernación en tela con estuche, una maquetación elegante y sobria, anexos con bibliografía detallada, tablas cronológicas y mapas de los lugares mencionados. 688 páginas y 413 maravillosas ilustraciones (en papel mate eso sí) que, algunas, se han grabado en mi memoria y que conviven codo con codo con otras imágenes impresionantes (por ejemplo, las sinapsis que establecen las neuronas con el músculo en minúsculas larvas de insectos).  Me gustaría creer que lo bello que vemos (oímos, leemos) pasa a formar parte de nuestro catálogo de vida, arraigándose en nuestras conexiones y creando un paisaje interior que nos enriquece. La última cena de Leonardo Da Vinci, el soldado muerto de La batalla de San Romano de Ucello con su fascinación por la perspectiva, la luz en El sueño de Constantino, de Piero de la Francesca, la angustia en el niño agonizante de Pobreza, de Käthe Kollwitz…   Lo bello, el encuentro, la comprensión. Este libro es, en sí mismo, aquello de lo que habla: una obra de arte. No es mi opinión, o no solo, lo dice la historia.
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La despensa ideal, de Eve O’Sullivan y Rosie Reynolds

la despensa ideal

la despensa idealMe gusta cocinar. Me relaja moverme en la cocina, cortar puerros, jugar con las especias, medir las cantidades, recrearme con la inacabable cantidad de accesorios, golpear la carne, macerar los preparados, cumplir los tiempos, hervir el agua, salpimentar las salsas, llorar con la cebolla, probar el punto de sal, triturar ingredientes, darte cuenta de que te falta algo e intentar hallar un sustituto, dejar hecha un cristo la encimera, mesa y fregadero… mientras bebo una copa de vino.

Eso dice mucha gente. Yo no. No me gusta (tampoco me disgusta) y tampoco me relaja. Tampoco bebo una copa de vino. Lo cierto es que se pierde mucho tiempo en la preparación de la comida. Tiempo que podría estar aprovechando viendo una serie, leyendo o qué sé yo… Pero tampoco es lo peor cocinar. Para mí lo peor es saber qué cocinar. Pensar. Elegir de entre los elementos del congelador o frigo o despensa, qué preparar para el día siguiente.

Por eso a veces leo libros de cocina. Y quién dice “lee” libros de cocina dice pasar las hojas leyendo los títulos de las recetas y pararme en aquellas que me llaman la atención. Esas sí que las leo. Compruebo que tenga ingredientes fáciles de encontrar (porque, joder…, a veces hay algunos que ni buscándolos por Aliexpress…), que sea fácil de hacer y que tampoco lleve mucho tiempo. ¿Pido mucho? Puede ser, pero… mi cocina, mis reglas.

Por eso me llevé una alegría cuando cayó en mis manos La despensa ideal. Un recetario en el que la premisa es esta: tener siempre unos básicos en la despensa, unas cuantas especias y un par de productos frescos que compraremos cada día. Así, no hace falta planificar con antelación la lista de la compra.

Los diez ingredientes estrella que debemos tener siempre según este libro son: garbanzos, tomate en conserva, leche de coco, huevos, pasta, arroz, leche, harina, chocolate y crema de cacahuete. (Sí, por la crema de cacahuete nos damos cuenta de que los autores no son de Cáceres precisamente, pero, eh, es fácil encontrarla en cualquier supermercado).

El libro se articula dedicando a cada uno de estos ingredientes un capítulo. Además de estos ingredientes estrella hay que tener siempre unos básicos (sal, pimienta, aceite, vinagre, ajo, cebollas, azúcar,…) y, por supuesto, unos utensilios de cocina, que también nos enumeran.

Así, de un vistazo rápido antes de ir a trabajar y una vez elegida la receta, solo tenemos que fijarnos en el icono “cesta de la compra” para saber qué ingrediente o ingredientes (siempre es un máximo de dos, insisto) debemos comprar al salir del curro.

Además, la mayoría de recetas son de rápida elaboración (quitando algún postre que debe hornearse y algún otro plato) y fáciles. Son platos modernos e innovadores y cubren una variedad amplia de estilos, ya que son recetas que van desde el Oriente Próximo hasta ensaladas y platos al horno, pasando por la pasta típica italiana. Por si fuera poco, no hay que dejar de mencionar que son a la vez elegantes tanto para una cena de lujo con invitados como informales para cenar en el suelo con los amigos o solo.

La despensa ideal también nos anima a seguir las normas la primera vez y a saltárselas la segunda.

Fácil y rápido. Es lo que buscaba y es lo que he obtenido. A día de hoy solo me ha dado tiempo a preparar el brownie de garbanzos con mermelada de naranja. Sí, como lo leéis. ¡Un brownie usando como elemento principal garbanzos machacados!  Yo también puse esa cara de extrañeza, pero, ¿qué queréis que os diga? El resultado ha sido espectacular. En casa nos ha encantado a todos, y podéis tener por seguro que volveré a hacerlo muchas veces más porque es compacto, sabrosísimo y no cuesta nada. Cualquiera puede hacerlo.

Y como esa hay otras tantas recetas curiosas: arroz con leche con jarabe de canela y pistachos, salsa de guisantes y menta, guiso de boniato asado con garbanzos, tomate y yogur con ajo, bocadillo de albóndigas con salsa de tomate, granizado de tomate picante (ideal para la resaca), pan de mono con ajo ahumado… Un no parar. Un mundo nuevo se abre ante nosotros.

Asi que, tanto si sois cocinillas como si no, este libro no puede faltar en vuestra cocina. Es un básico, también.

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Gods I’ve seen, de Abbas

Gods I've seen

Gods I've seenEl viajar es un placer que nos suele suceder. Pero hay viajes y viajes. Y entre los segundos, no hay nada que pueda compararse a la experiencia de la India. Hablo, naturalmente, de viajar, y no de comprar un paquete turístico que nos muestre en 10 días y nueve noches las maravillas de la India de los mogules. Hablo de aterrizar en un país de leyenda, sentirte, desde el primer instante, como si control de tierra te hubiera abandonado a tu suerte en Marte, y preguntarte, con angustia, cuántos días podrás vivir con el oxígeno que te queda. Y cuando decides que de perdidos al Ganges, te pones a explorar un planeta donde constatas que sí, que el viajero puede sobrevivir, si bien en condiciones durísimas, hasta que, meses después, a tu regreso a casa, descubres que el planeta hostil quizá es el tuyo. Eso y más es la India.

Gods I’ve seen (Dioses que he visto) es un impresionante libro de fotografía que, por lo menos de momento, está publicado únicamente en inglés. Como el propio título indica, se centra en la religión, y más concretamente, en el hinduismo. No hay que pensar por ello que nos ofrece una visión parcial o reducida de esa sociedad, ya que, como podrá constatar cualquiera que haya visitado ese inmenso país, la India es religión, hasta el punto de que servidor nunca se ha sentido tan cristiano como allí.

Uno llega a la India y, desde el primer momento, empieza a familiarizarse con los dioses más llamativos y populares del descomunal panteón hindú. Nunca llegaremos a conocer a sus cientos de millones de dioses (sí, habéis leído bien), y nos preguntamos si el más venerado brahman los conocerá, pero la verdad es que, para ir tirando y conocer un poquito mejor este increíble país, nos basta con el astuto Hanuman, el dios mono, el entrañable y ubicuo Ganesh, el dios elefante, así como las deidades más conocidas de Vishnu o Shiva.

Abbas, el fotógrafo franco-iraní autor de este extraordinario viaje fotográfico, nos muestra y nos habla de una India tal y como la que se encuentra el viajero. No espere el lector, pues, encontrar aquí la sempiterna leyenda del Taj Mahal y el triste destino de su arquitecto, ni recrearse la vista con palacios imperiales ni el rosa de Jaipur. Con sus fotografías, en su mayoría en blanco y negro, y sus textos, el autor nos habla de su constante desconcierto, indignación, e incluso asco ante una sociedad que para el visitante occidental es casi imposible, no ya de abarcar, sino de comprender a un nivel elemental. ¿Cómo podemos entender la obsesión por la pureza y el rechazo a la casta de los intocables en un país cuyas calles están cubiertas de excrementos de perro, vaca, cerdo, camello, elefante y, por supuesto, humanos? ¿Cómo explicar que en el río Ganges, sagrado para los hindús, podamos ver a alguien lavarse los dientes a diez metros de un desagüe de alcantarilla?  ¿Cómo hacer entender a unas gentes que parecen desconocer el concepto de privacidad, que nos molesta que metan la cabeza en nuestra mochila cada vez que la abrimos? ¿Cómo explicar a los habitantes de aldeas donde no conocen más entretenimiento que  ver llover, que al extranjero le incomoda tener a cien personas sentadas a su alrededor observando cada uno de sus movimientos? Las preguntas sin respuesta podrían ser tantas como los dioses hindús, pero, en última instancia, Abbas alcanza, en la medida de lo posible, su objetivo: darnos a conocer, y por lo tanto, respetar, y con el tiempo, amar a ese pueblo.

“Agua y viento”, “Fuego y sangre”, “Pandits y Sanayasis”, “Minorías”, “En la carretera” o “La India emergente” son algunos de los títulos de los diferentes capítulos. En ellos nos acercamos a la vida diaria de un pueblo marcado a cada momento del día por la religión. Vemos sus abluciones sagradas, sus festivales, la crueldad de alguno de sus rituales; conocemos al inconfundible personaje del saddhu; nos asombramos y contenemos el aliento al ver esos gigantescos andamios de bambú. Nuestra capacidad de sorpresa tiene un límite, y como le sucede al viajero, esa constante sorna, esa tendencia a indignarse, deprimirse o burlarse se va transformando paulatinamente en curiosidad, interés, respeto y fascinación.

Un indio cosmopolita y bien viajado me dijo un día “hazte a la idea: mi pueblo te hará enfurecer y te volverá loco. Te comprendo. Pero no hagas daño a mi pueblo”. No pierdas la paciencia, venía a decir, con aquél que, como estás haciendo tú, tan sólo quiere conocer al otro. Pues bien, este extraordinario Gods I’ve seen nos ayuda a salvar esa contradicción.

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Sobre la lectura, de Steve McCurry

Sobre la lectura

Sobre la lectura«Las maravillosas fotografías de este libro, realizadas por Steve McCurry en muchos países y a lo largo de varias décadas, son la prueba visual de buena parte de lo que he escrito: la compostura del lector, la mirada luminosa, el concepto de soledad, la posición relajada, la singularidad del esfuerzo, la sensación del descubrimiento y la insinuación de la alegría».

Con estas palabras termina Paul Theroux el prólogo al exquisito libro del que hablo hoy: Sobre la lectura, de Steve McCurry. Paul Theroux, aclamado escritor de novelas y libros de viajes, nos regala una oda a los libros en unas primeras páginas que serán las únicas contenedoras de palabras, porque a partir del prólogo todo son mágicas e inolvidables fotografías. Coloco como uno de los mejores libros que he leído en este año uno que no tiene palabras pero que, de igual forma, cuenta historias. ¿Quién me lo iba a decir? A través de las fotografías tomadas por Steve McCurry, viajamos alrededor del mundo de la mano de lectores. Niños y adultos, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, blancos, negros, pobres, ricos, altos o bajos, e incluso humanos o no humanos. Todo en Sobre la lectura orbita alrededor del libro como objeto generador de mundos. En todas las fotografías veremos una mirada posada en las páginas de un libro.

Como aquella famosa frase que defiende que «una persona leyendo un libro que te gusta es un libro recomendándote a una persona», aquí, todo son recomendaciones de personas, personas de todo el mundo, el mundo en sí nos es recomendado. De esta forma, Steve McCurry consigue que a través de la defensa de la lectura el mundo se una y demuestre la base de humanidad que todos contenemos. Sin importar la raza, el género o la edad, aquí lo importante es comprender que existe un lenguaje que todos hablamos, que todos compartimos y que nos hace uno: el lenguaje de los libros.

¿Qué hay más maravilloso que ver a un niño leyendo? Ver a todo el mundo leyendo. Esculturas, perros, monjes, ancianos, tullidos, turistas, alumnos, escritores, parejas, viajeros, empresarios. En la montaña, en la calle, en el coche, en un parque, en un avión, en el suelo, en voz alta, en grupo, en clase, en el bar, en la montaña,… pero siempre la creación del hilo solitario que une al lector con su libro a través de la mirada. Dicen que no hay nada como perderse en la mirada de otro. Sí lo hay, perderse en la mirada de un libro. Y perderse en este es encontrarse para siempre.

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Poema de la almohada y otras historias, de Gian Carlo Calza

poema-de-la-almohadaArte. ¿Cómo se reseña un libro de arte? Lo más sencillo sería centrarnos en su contenido, describiéndolo de forma pormenorizada, pero eso restaría a su vez cierto valor a la hora de abrir el libro ya que, si yo me decidiera a hacer una exposición detallada de cada una de las páginas que aparecen en Poema de la almohada y otras historias estaría dejando al público sin la oportunidad de descubrir lo que esta maravilla contiene. Lo más complicado, a su vez, es construir un análisis que relacione cada uno de los conceptos, tanto artísticos como históricos, de lo que se nos propone en este libro. Así que, como yo tiendo a ser una persona bastante equilibrada, optaré por crear una reseña que se mueva entre el término medio, haciendo que los lectores puedan ver lo que se van a encontrar al abrir este libro – u objeto de arte, si hay que hablar con sinceridad – y también analizando cómo Gian Carlo Calza ha hecho una labor impresionante de recolección de algunos de los trabajos eróticos más representativos que existen en cuanto a cultura japonesa se trata. Habrá que entender, además, que yo no soy un experto en la materia y que, como tal, la subjetividad y la pasión que, a veces, sobrevuela alguna de las reseñas que escribo viene a acercarse más al lado emocional de lo que me ha provocado la obra que a la simple descripción de un contenido que, nunca hay que desmerecerlo, habla por sí solo. ¿Cómo se reseña un libro de arte?, me preguntaba al principio. Sigo sin saber la respuesta exacta, pero al menos vamos a intentarlo.

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