
¿Habéis notado que ya están los turrones y polvorones llenando las estanterías de los supermercados?, ¿habéis visto que los anuncios de la televisión cada vez muestran más y más juguetes? Eso solo puede significar una cosa: ¡la Navidad está al caer! Bueno, aunque cada vez nos adelantemos más y con esto del cambio climático al final acabaremos tomando las uvas en biquini… pero, sí, queda poco para este momento mágico del año. Yo pertenezco a eso grupo de personas inteligentes a las que nos encanta la Navidad. Ejem, ejem. Las luces, el frío, las cabalgatas, los regalos, las cenas y los reencuentros. ¿Qué puede haber de malo en todo esto?
Y precisamente, como se acercan estas fechas, ya estoy pensando en los regalos que les haré a mis sobrinos. Como no puede ser de otro forma, a mí me gusta regalarles libros. Así que en esta época me fijo mucho más en los catálogos y novedades infantiles, pensando cuál es el mejor libro para cada sobrino. Y es que acertar no es fácil, porque cada uno tiene sus gustos e inquietudes, pero con la gran variedad de libros infantiles y juveniles que hay hoy en día, y lo preciosos que son, es muy difícil no dar en el clavo.
Algo se nos escapa, el libro del que hoy os hablo, va a ser para mi sobrino más pequeño. Tiene dos años y medio y aún no sabe leer, pero le gusta mucho mirar libros (sus preferidos son los pop-up) y esta es la mejor edad para contarles un cuento cuando se van a la cama, ¿verdad?
Así que me decanté por Algo se nos escapa porque es un libro dirigido a los más peques de la casa y porque sus ilustraciones me parecieron muy dulces. Además, es un libro muy adecuado para las navidades porque todo transcurre entre frío, hielo y animales polares.
Un pingüino paciente que está pescando irá reencontrado a un montón de amigos: una foca, una morsa, un reno, un oso y hasta un esquimal. Todos se interesarán por el pingüino y todos están asombrados de que no pique nada. Pero cuando descubran el anzuelo y la sorpresa que viene después sí que estarán perplejos.
Algo se nos escapa es el primer libro traducido al español del prolífico ilustrador francés y lo cierto es que es una monada que a los más peques les encantará. Una buena idea para regalar estas navidades.

¿Sabéis dibujar? A mí no se me da del todo mal. También es que tengo una madre pintora y supongo que algo llevo en los genes. Lo cierto es que en mi casa somos todos un poco artistas. Eso sí, a mí lo que se me da realmente bien es copiar (o imitar, que queda mucho mejor) un dibujo. Imaginación a la hora de dibujar tengo más bien poca. Algún defecto tenía que tener. Pero claro, no siempre se tiene a mano el modelo para copiar. ¿Sabéis cuál es la auténtica prueba de fuego? Cuando un sobrino te pide algo tipo “dibújame un caballo o un tigre”. Esa es la verdadera prueba, amigos. Dibuja tú un caballo y que no se parezca en nada, verás la cara que pone el niño (lo sé por experiencia).


Me gusta cocinar. Me relaja moverme en la cocina, cortar puerros, jugar con las especias, medir las cantidades, recrearme con la inacabable cantidad de accesorios, golpear la carne, macerar los preparados, cumplir los tiempos, hervir el agua, salpimentar las salsas, llorar con la cebolla, probar el punto de sal, triturar ingredientes, darte cuenta de que te falta algo e intentar hallar un sustituto, dejar hecha un cristo la encimera, mesa y fregadero… mientras bebo una copa de vino.
El viajar es un placer que nos suele suceder. Pero hay viajes y viajes. Y entre los segundos, no hay nada que pueda compararse a la experiencia de la India. Hablo, naturalmente, de viajar, y no de comprar un paquete turístico que nos muestre en 10 días y nueve noches las maravillas de la India de los mogules. Hablo de aterrizar en un país de leyenda, sentirte, desde el primer instante, como si control de tierra te hubiera abandonado a tu suerte en Marte, y preguntarte, con angustia, cuántos días podrás vivir con el oxígeno que te queda. Y cuando decides que de perdidos al Ganges, te pones a explorar un planeta donde constatas que sí, que el viajero puede sobrevivir, si bien en condiciones durísimas, hasta que, meses después, a tu regreso a casa, descubres que el planeta hostil quizá es el tuyo. Eso y más es la India.
«Las maravillosas fotografías de este libro, realizadas por Steve McCurry en muchos países y a lo largo de varias décadas, son la prueba visual de buena parte de lo que he escrito: la compostura del lector, la mirada luminosa, el concepto de soledad, la posición relajada, la singularidad del esfuerzo, la sensación del descubrimiento y la insinuación de la alegría».
