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Carmilla, de Joseph T. Sheridan Le Fanu

Carmilla

CarmillaQué duda cabe de que el vampiro es el monstruo por antonomasia. Todo el mundo conoce al conde Drácula, creado por Bram Stoker en 1897, pero lo que muchos no saben es que el origen del vampiro romántico fue el relato El vampiro, de Polidori, escrito la misma noche de 1816 en la que Mary Shelley creó el monstruo de Frankenstein. Y aún son menos los que conocen Carmilla, de Joseph T. Sheridan Le Fanu, publicada por primera vez en 1872, la obra que asentó la mayoría del imaginario que relacionamos hoy en día con los vampiros y que, además, tuvo gran influencia en el terror gótico en general. Por eso, la editorial Navona acaba de publicarla en su edición de Ineludibles, de la que os hablé hace poco.

Laura, la protagonista de esta historia, nos cuenta en primera persona lo que le sucedió ocho años atrás, cuando tenía diecinueve años y vivía junto con su padre en un castillo de Estiria, perdido en una comarca solitaria. Hasta entonces, sus existencias habían sido apacibles, pero todo cambia cuando presencian el accidente de un carruaje. En el interior van una madre y una hija, que parecen de la nobleza. La muchacha es de una edad similar a la de Laura y ha quedado conmocionada por el accidente, pero a su madre le urge proseguir el viaje y no puede esperar a que se recomponga. El anhelo de Laura por tener una amiga y la gentileza de su padre hacen que le ofrezcan quedarse en su casa hasta que la madre regrese. Y así es cómo la misteriosa Carmilla entra en sus vidas, coincidiendo con la repentina muerte de varias jóvenes de la zona.

Carmilla, vestida de terciopelo, con su porte melancólico y su boca sensual, nunca habla sobre quién es, de dónde venía ni adónde se dirigía. Y todos aceptan su silencio, hasta que Laura empieza a padecer los mismos síntomas que llevaron a la muerte al resto de las muchachas. A cualquier lector actual le basta esta información para atar cabos. Ya conocemos decenas de libros y películas con la misma estructura y tipos de personajes. Pero es que Carmilla, de Joseph T. Sheridan Le Fanu, fue la primera en narrarlo de esa forma que ahora nos resulta tan familiar, y ahí reside su encanto y grandeza. Por eso no debe leerse buscando un final inesperado, sino disfrutando de la prosa y de la ambientación, admirando cada referencia que ha llegado hasta nuestros días. No obstante, esta lectura también resulta sorprendente, pues presenta con absoluta naturalidad una relación lésbica con evidente carga erótica, ¡y fue escrita en 1872! Sin duda, Carmilla es una obra revolucionaria en muchos sentidos y merece recibir parte del reconocimiento que la novela de Stoker acaparó.

Ningún aficionado a la literatura de vampiros puede pasar por alto este clásico. Y aquellos que aún no se hayan animado a adentrarse en el género tienen ahora la ocasión perfecta para hacerlo desde las raíces. Unos y otros encontrarán en Carmilla las razones por las que los vampiros llevan siglos seduciéndonos.

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