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El espectacular Spiderman, de Paul Jenkins

espectacular spiderman

espectacular spidermanSe dice entre los aficionados al cómic, que de pequeños somos de Superman, de adolescentes de Spiderman y de adultos de Batman. Me parece una definición casi canónica ya que refleja muy bien el conjunto de valores que atesoran cada una de las series de superhéroes. No obstante, hay que reconocer que, aunque la actualidad cinematográfica esté actualmente
saturada del binomio Batman-Superman, si hay un superhéroe que ha gozado de las simpatías de grandes y pequeños durante décadas, este es Spiderman. En esta ocasión hablaremos de una de las series “estrella” del superhéroe recopilada por Marvel para concentrar toda la obra de Paul Jenkins a los mandos del guión del trepamuros: El Espectacular Spiderman Integral.

Hubo un tiempo en el que Spiderman perdió el atractivo que tenía para los lectores en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. En los noventa y los dos mil, las historias de Spidey se tornaron oscuras e intrascendentes. No nos llevaban a ninguna parte. Una sobresaturación de títulos, series, miniseries, entregas mensuales, quincenales y trimestrales copaban las baldas de los kioscos. De repente todo se redujo a dos series principales y una secundaria pero la cosa no mejoró ni un ápice. Fue entonces cuando apareció Paul Jenkins.

El cambio de la serie de “Peter Parker” a “Espectacular Spiderman” fue algo más testimonial que otra cosa. O eso parecía a primera vista. Sin embargo, era mucho más que un mero retoque superficial en la maquetación del título. Jenkins le dio a la saga un enfoque muy distinto del que venía empleando en “Peter Parker”. En dicho cómic, Jenkins abordó a Spiderman desde lo más profundo de su psique, enfrentándolo contra villanos que representaban más peligro para la integridad mental del personaje, que para su integridad física. Jenkins ha dado a Spiderman una dimensión mucho más psicológica que pone en primera línea varios dilemas morales y unos esquemas de comportamiento que antes no habíamos visto. Los enfrentamientos finales contra el Duende Verde, así lo demuestran. Sin duda, la función del villano en todas las historias era la de hacer pensar en la función que cumplía el héroe en toda la historia. Situaciones casi inéditas para Spiderman en las que veíamos un claro desarrollo mental en el personaje del trepamuros.

Con el paso a “Espectacular”, Jenkins cambió también el enfoque y, acompañado por el dibujante Humberto Ramos, decidió que cada arco argumental presentaría a un villano clásico, como si hubiéramos vuelto a los viejos tiempos en los que Spiderman se enfrentaba a un enemigo diferente cada pocos meses haciendo las delicias de los seguidores más nostálgicos. Es cierto que cuesta hacerse al nuevo aspecto de Peter Parker sin la máscara pero queda sobradamente compensada con los dibujos del nuevo aspecto de Spiderman.

Los capítulos de Hambre, con un espectacular Veneno que abre la serie o el capitulo en el que aparecen Nick Furia y el Capitán América son sensacionales. Episodios auto conclusivos con villano destacado y con dibujos de una expresividad máxima acompañan a la regeneración del entorno de Parker, incluyendo su relación con MJ.

Hay una entrevista a Jenkins que refleja muy bien cómo éste ahonda en la dimensión psicológica de los personajes.” Para mí, el Doctor Octopus es Ted Bundy. Es egoísta. Es un sociópata. Puedes entender la naturaleza del heroísmo al explorar a todos estos villanos. El Doctor Octopus es tan inteligente como Peter, pero es un tipo que escogió el camino fácil”. Como se ve, el guionista utiliza a Octopus para hacer hincapié en la relación que éste mantiene con Spiderman y apuntala toda esta estructura profundizando en el pasado de Otto Octavius.

Creo que la incursión del guionista inglés en la franquicia arácnida ha sido muy positiva. La estancia de Jenkins ha devuelto a Peter Parker su humanidad y su entorno mientras se reivindicaba a los villanos tradicionales. En definitiva, un tomo que aglutina todo este proceso de cambio y que coloca a Spiderman de nuevo en el alféizar para saltar de fachada en fachada y volver a hacer las delicias de todos los fans.

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Locke and Key Omnibus 1, de Joe Hill y Gabriel Rodriguez

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locke and key 1Si alguno de vosotros es un absoluto fan Stephen King (como quien esto escribe), ha de saber que Joe Hill es en realidad el pseudónimo de Joseph Hillstrom King, segundo hijo del genio de Maine. Yo diría que en el reparto de genes, además de un evidente parecido físico, se llevó buena parte del talento narrativo que atesora su padre, ya que la carrera del joven escritor está empezando a estar poblada de numerosos premios y reconocimientos literarios.

La primera serie de este Locke & Key Omnibus 1, denominada Bienvenidos a Lovecraft, sienta las bases del relato que nos pretende contar Joe Hill. Una obra en la que subyace la tan recurrente realidad de la siempre difícil relación entre padres e hijos, acompañada por una descripción precisa de la manera en la que nuestra personalidad es forjada tanto por la influencia de nuestras amistades, como por las decisiones que nos vemos obligados a tomar en determinadas situaciones. En los siguientes números que conforman el tomo, vemos cómo el misterio, la aventura y por supuesto, la sangre, dotan a la historia de una fuerza tanto en la letra como en la tinta que hacen que devores las casi quinientas páginas que tiene esta joya que nos trae este Locke & Key Omnibus 1. Agarraos que vienen curvas.
La trama de Locke & Key Omnibus 1 nos lleva a La Casa de las Llaves, la residencia vacacional de la familia Locke en el pequeño pueblo de Lovecraft, Massachusetts. Este planteamiento costumbrista, tan del estilo del padre de Joe Hill, nos introduce en la historia de los hermanos Locke, supervivientes de un cruento suceso que les marcaría de por vida: asistieron impotentes a la violación de su madre y el asesinato de su padre en un asalto a su casa perpetrado por unos compañeros de instituto. Lejos de encontrar descanso allí, el peligro acecha ahora en los rincones de la casa, una misteriosa mansión en la que se ocultan una serie de llaves con asombrosas propiedades y poderes más allá de lo imaginable.

Joe Hill ejecuta una construcción impecable de figuras con relaciones dinámicas y realistas, desarrollando una implacable trama en la que no puede faltar lo que define a una obra de estas características: la formación lenta pero incesante de las dos caras de una misma realidad, la luz y la oscuridad, el bien y el mal.

El autor amerita la definición de unos personajes para Locke & Key, tanto principales como secundarios, con una dimensión humana de primer orden. Personajes con los que el lector conecta desde el primer instante porque los problemas que se le plantean son tan cotidianos como tangibles. Aun partiendo de perfiles “junguianos” y estereotipados, el autor logra que empaticemos con ellos de manera primaria hasta llegar al punto de creer en sus miedos, su dolor y sus dudas.

El dibujo corre a cargo del chileno Gabriel Rodríguez. Un estilo limpio en las escenas más oscuras y tremendamente expresivo con un trazo grueso para los contornos realzan un diseño de personajes con rostros cuadrados y mandíbulas prominentes que recuerdan un poco al Lobezno y al Castigador de Steve Dillon, sobretodo en su descripción de la violencia. Una técnica tremendamente efectiva, huyendo de composiciones bizarras ni efectistas, que hace que el nivel de detalle de cada página sea merecedor de que nos detengamos unos minutos simplemente a observar.

Un cómic con un estilo muy cinematográfico, haciendo uso de la técnica que Eisner o McCloud denominaban como “momento a momento” tan habitual en los relatos de terror, consiguiendo así un resultado muy ágil y adictivo.

Locke & Key es una novela gráfica de obligada lectura. Un clásico moderno, con unas historias que se han intentado adaptar a la pantalla en varias ocasiones, donde tras algún intento fallido, según el autor, aún existe la posibilidad de realizar una serie de TV. Una obra con tal derroche de imaginación y talento por parte de Joe Hill que le haría merecedor en 2011 del premio Eisner al Mejor Escritor y del British Fantasy Award en las ediciones de 2009 y 2012 en la categoría de Mejor Cómic. No sé qué más hace falta para que te hagas con éste tomo. Yo ya le he echado mano al segundo y al igual que sus protagonistas, ya he cruzado el umbral. Ahora tú tienes la llave así que… ¿te atreves a entrar?

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Big man plans, de Eric Powell y Tim Wiesch

big man plans

big man plansHace bien la portada en avisar que el interior es “SOLO PARA ADULTOS”, porque lo que vamos a ver es una orgía de salvajismo, bestialismo y todo lo que se os ocurra acabado en ismo y no sea bonito. Ni canibalismo. Eso tampoco.

Y eso es lo bueno de coger un cómic acudiendo virgen a él, solo guiado por tu “instinto” y sin saber nada más allá de los textos de la contraportada: “brutal drama criminal cargado de misterio”, “no hay superpoderes”, “venganza”… Por supuesto, la apuesta puede salirte bien o mal, pero… ¡qué demonios!, en la vida a veces hay que arriesgar.

“Solo para adultos”. Sí, tiene todo lo mencionado anteriormente  y mucho gore también. Y violencia explícita y gratuita, sí, solo faltan tetas. Es lo más bestia a nivel gráfico que he visto hace mucho tiempo, pero también es cierto que la historia desde el principio te llama a leerla. El dibujo, todo él y el color (sobre todo las páginas de los flashbacks) son grandiosos. Tanto que te quedarías más rato apreciándolo, y lo harías, si no estuvieras intrigado y obligado a pasar página para seguir descubriendo los derroteros de esta trama.

Una trama que es pura violencia, mezclada también con tramos de tristeza y compasión. Un enano, a veces hasta parecido al enorme Tyrion Lannister, ha acumulado tantas putadas, humillaciones, palizas y vejaciones durante toda su vida que tiene planeada una venganza justificada. Sí, yo la justifico y le doy mi bendición. Soy así de comprensivo. Su madre le rechazó y su padre y hermana fueron los únicos que le dieron cariño, aunque estos dos pronto desaparecerán de su vida y será entonces cuando su esta empeore aún más.

Pero la venganza no se dirige a la sociedad en general, no es un ataque de ira sin más. Él podría haber aguantado o devuelto los golpes. Hay más. Hay una carta, desde el principio de la historia, cuyo contenido se irá desgranando poco a poco y así podremos entender los motivos de esta vendetta.

El guión está bien construido,  las dosis de información  bien dosificadas y la atmósfera y los paletos de la América profunda hacen que te posiciones a favor del enano, aunque no dejes de reconocer que es un enano cabrón porque, si es cierto que cualquiera que no sea juez o alguien que quiera quedar correcto políticamente, le daría la razón, también lo es que se pasa tres pueblos, que pone en marcha una bacanal de sangre sin freno, mutilaciones, (lo pasé mal con las tenazas, lo confieso), y todo un catálogo de hostias finas finas que ríete tú de La matanza de Texas o pelis del estilo. Parece mentira que alguien de esa estatura tenga dentro de sí tanta mala uva destilando desde hace tanto y que sea capaz de liarla tan pardísima.

El autor, Eric Powell, ya triunfó con la serie El Bruto, actualmente en curso, y consiguió varios premios Eisner, (voy a tener que acercarme a ella sí o sí), y esto ya es una referencia a tener en cuenta para los que aún duden de si leer Big Man Plans o no.

No dudéis. Por fuerte que sean las escenas, es un cómic que sería muy triste dejar de leer y cosas más duras habéis visto en pantalla. Además, Panini lo ha editado en tapa dura y a un precio irrisorio, lo cual no hace sino aumentar la tristeza si lo dejas escapar.

Y repito que, ya solo por el dibujo, el cómic se disfruta; si además tiene una buena historia en la que te sientes identificado y con ganas de repartir golpes a mansalva para librar al mundo de paletos insensibles, cabrones y oligofrénicos que disfrutan torturando y humillando al más débil solo porque pueden o creen que pueden hacerlo, este es tu cómic. ¡Yo la he gozado como un enano!

Así que ya sabéis. Cuidadito con meterse con los acondroplásicos, porque dispararte una ballesta en el baño mientras estás llevando troncos al aserradero es lo más suave que te pueden hacer.

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Pantera Negra 3, de Ta-Nehisi Coates y Brian Sterfreeze

pantera negra 3

pantera negra 3Las colecciones siempre tienen un punto flaco: que uno de los números no te guste y termines por dejarla por aburrimiento. Por ello, cuando no se encuentra una en la que puede decir que, en cada número, la historia va calando más en él, es una especie de regalo que, inesperado, te hace sentir que el dinero que te gastas todos los meses es algo muy bien invertido. No hay que olvidar que no es poco lo que este tipo de publicaciones hacen a los que, como yo, nos hemos visto inmersos en el mundo que nos proponen tanto para el gaznate lector como para el bolsillo. Pantera Negra es una de esas colecciones que están haciendo que babee de lo increíble que me parece, de lo que se aleja de esos momentos llenos de explosiones y poco argumento que han poblado durante demasiado tiempo a algunos de mis personajes favoritos y, en definitiva, una historia con mucha contención pero que va aplicando tensión en cada número, esperando que en su recta final termine explotando y todos – o al menos yo – lo veamos. Porque esta no es la historia de simplemente un superhéroe, de un superhéroe desconocido para el gran público, sino que también es la historia de todo un pueblo, de las mujeres, y de la opresión frente a la libertad. ¿Quién nos iba a decir que esto es lo que nos ofrecería un cómic de Marvel? Si hace unos años me lo hubieran dicho no me lo hubiera creído, pero aquí estamos, aquí estoy, decidido a contar las excelencias de lo que he podido descubrir en este nuevo número.

Lo primero será una evidencia: hay que leer esta serie desde el primer número. Entiendo que a los que me leéis esto os parezca absurdo, pero es de obligatoria lectura ver a dónde se ha llegado para poder disfrutar Pantera Negra 3. Pero más allá de esto lo que nos cuenta este número es sobre todo la batalla interna de T´Challa, protagonista absoluto de este número, y que yo había echado de menos en el anterior volumen. Una batalla interna sobre cómo se ha llegado a la situación de fractura que vive Wakanda y que nos puede incluso hacer visible muchos de esos momentos que se viven en la actualidad en un plano mucho más real. No hay que olvidar que, al fin y al cabo, muchas de las historias de superhéroes – sino todas – se nutren de lo que está sucediendo en el mundo. Pero si tuviera que dar un argumento a favor para la lectura, como ya lo he hecho en las anteriores reseñas de esta colección, es el papel que se le da a la mujer. No me cansaré de repetirlo. Los cambios que se están dando en las publicaciones se agradecen, se ve una nueva era en cómo las historias se cuentan, y en esta precisamente son ellas las que quieren llevar la libertad a su pueblo, y aunque en este número no acabe de cuajar la batalla definitiva, se nos presenta ese halo que tanto me ha hecho disfrutar. Y sobre todo, por encima de todo, los entresijos de la política, del gobierno de un pueblo, ante lo que me quito el sombrero. De hecho, diré desde aquí que es la única vez que me he permitido releer los anteriores números para volver a disfrutar de todo el contenido que se ha publicado hasta el momento.

Poco podré decir, que no haya dicho ya, del dibujo. Sigue las mismas pautas, los mismos engranajes, y la misma combinación perfecta entre imágenes y texto. Brian Stelfreeze sigue deleitándonos con un dibujo nítido y correcto y me atrevería decir que, en algunas páginas, mucho mejor que en otros números, ampliando un poco el espectro y dotando de más fantasía – por llamarlo de una manera – una obra que, como ya he dicho al principio, rezuma realidad por los cuatro costados y deja al lector con muchas ganas de más. Ta-Nehisi Coates se convierte de esta manera en aquello que este personaje necesitaba para darle el empujón que, hasta el momento, no había tenido. Si todo sigue como se espera, el final de este arco argumental será apoteósico. Sólo habrá que esperar un mes más para descubrirlo, y allí estaré yo para ponerlo en palabras.

 

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MPH, de Mark Millar y Duncan Fegredo

mph

Pumphedes obtenerla si un rayo cae en el laboratorio en el que trabajas. Caprichos del azar. O tenerla por pertenecer a una raza extraterrestre y que esa particular habilidad no sea nada del otro mundo en tu lugar natal pero que en la Tierra resulte ser poco menos que increíble. También puedes conseguirla si un mago te obsequia con un conjunto de poderes y, entre ellos, se encuentra esa capacidad. Magia de la buena; sin trampa ni cartón. Haberla conseguido por herencia genética; sí, una opción tan válida como otra cualquiera. O, simplemente, haber nacido con el don porque algo en tu interior mutó. ¡Dejen paso a la evolución! O ser un dios; por supuesto, si eres un dios das por sentado haber sido agraciado con la súper velocidad. ¡Qué menos! Pero alguien ha ingeniado una nueva forma de correr más rápido que un bólido. ¿He dicho un bólido? ¡Más que un jodido avión supersónico! Y quién sabe, tal vez hasta más rápido. Rompiendo todos los récords, destrozándolos hasta pulverizarlos. Haciendo fosfatina la barrera del sonido en lo que dura el latido de un corazón. Mach 10, o lo que se tercie. Ahora, y a un precio muy asequible, la tan ansiada súper velocidad viene contenida en una insignificante pastillita. Una gragea similar a la que es capaz de ejecutar, sin compasión, el dolor de cabeza, pero con las propiedades para convertirte en el ser más rápido sobre la faz de la Tierra. Diseñada y elaborada, exclusivamente para ti, en los laboratorios Mark Millar. ¿Su nombre? MPH.

No debería extrañarnos que Mark Millar utilice las drogas como medio para otorgar súper poderes a sus “héroes”. Acostumbra a hacerlo, a transgredir las normas establecidas y a eludir los clichés del cómic de superhéroes. En Kick-Ass convirtió en el azote de los villanos a un friki con un traje de buzo. En Némesis nos mostró como sería alguien como Batman si hubiera decidido pasarse al bando de los malos. Pero si hasta se atrevió con el niño bonito de DC, Superman, en Superman: hijo rojo, convirtiéndolo en el estandarte de la Unión Soviética. En MPH pone a disposición de unos marginados, unos chavales que malviven en Detroit, un poder para cambiar su suerte; su destino. Sin trabajo, sin esperanza y con la única forma de buscarse la vida que trapicheando y delinquiendo éstos decidirán, tras conseguir la súper velocidad, que lo más correcto es… seguir delinquiendo pero a más velocidad. “Nos sentíamos tan bien robando a todos esos peces gordos que habían mutilado Detroit…” ¡Toma ya!

Pero no todo será pegarle palos a los bancos dejando a los más ricos con cara de bobos. Mark Millar guarda varias sorpresas jugosas y algún que otro giro que, sin ser una novedad en el mundo de los velocistas capaces de correr sobre el agua, resultan ciertamente atractivos al hallarse en el punto clave de la historia. Además de esto, dispara a bocajarro unas cuantas críticas, tanto las implícitas a lo largo de la historia como las más explicitas, al capitalismo más despiadado. “Nos lo quitaron todo, convirtiendo una potencia industrial en un sitio del que la mitad escapaba, dejando más de ochenta mil casas vacías”. Correr, entonces, se convierte en la forma de ajustar cuentas, de tomarse la justicia por su mano. “Si la ley hace la vista gorda, nosotros creamos nuestras propias leyes”. Correr por venganza. Castigar por venganza. Robar por venganza. En 2015 El 1% más rico tenía tanto patrimonio como todo el resto del mundo junto. Así pues, ¡qué carajo!, seguro que empatizáis con Roscoe, Rosa, Chevy y Baseball. A no ser que pertenezcáis a ese 1%.

La parte gráfica de MPH corre (y nunca mejor dicho) a cargo de Duncan Fegredo. Su trazo grueso, muy duro y recargado de sombras, cumple sobre todo en las escenas de acción. Escenas que gozan de menos (no muchos menos, ojo) violencia y litros de tomate frito de lo que Millar nos tiene acostumbrados. Mostrar la súper velocidad en una película (me viene a la mente la escena de Quicksilver en X-Men: Apocalipsis) en la que se puede jugar con el movimiento, o con la falta de éste, es mucho más fácil que hacerlo en una viñeta. Por ello Fegredo tira de ingenio para, mediante algunos trucos de dibujante, transmitir al lector, con bastante atino, las sensaciones de aceleración: cubrir el cuerpo del corredor de rayos y centellas, multiplicar su presencia para dar la sensación de ubicuidad, o incluso moldear los elementos dependiendo de la velocidad (como las gotas de agua, convertidas en esferas cuando el paso del tiempo se observa desde la perspectiva de los protagonistas). El lector por su parte debe comprometerse, para que el conjunto funcione, en poner algo de imaginación (la cual cosa, en mi caso, nunca resulta una tarea ardua). En especial en las escenas en las que el mundo corriente se detiene y el velocista novato se pasea preguntándose por qué cojones todo el mundo está parado.

Voy a ser honesto: MPH no es de las mejores obras de Mark Millar, pero, para ser también justo, debo decir que el autor tiene en su haber obras sublimes, cómics que son verdaderas joyas, ergo es complicado que siempre alcance esas cotas de calidad. Eso solo significa que MPH es un buen cómic. Un cómic con una buena historia y un dibujo acorde. Un cómic que hará las delicias de cualquier aficionado al género y que se lee en lo que dura un chasquido de dedos. Un cómic que engancha, como lo hacen las pastillas MPH. Pastillas que vienen sin instrucciones que leer atentamente y que, en caso de duda, no es necesario consultar con tu farmacéutico. ¡Solo ingiérelas y corre!

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X-men presenta: antes de Lobezna 1

antes de lobezna 1

antes de lobezna 1De acuerdo, lo voy a reconocer: el mundo de los superhéroes ha vuelto a entrar en mi vida y no hay vuelta atrás. Cuando una idea se convierta en evidencia uno sólo puede hacer dos cosas: o rechazarla o abrazarla. Y yo soy mucho de caer en las tentaciones y, mucho más, si al lado de mi nueva casa he descubierto una tienda de cómics de la que me he enamorado sin remedio alguno. Digo todo esto de antemano porque yo es muy probable que no hubiera leído X-men presenta: Antes de Lobezna 1 si no me hubiera dado una vuelta por mi nuevo santuario y la persona que me atendió no me lo hubiera recomendado. Y es que, a pesar de llevar poco tiempo, él ya va sabiendo cuáles son las historias que a mí pueden gustarme. O al menos, casi todas las historias. Y he de reconocer que, de primeras, miré raro a quien me tendía este cómic como preguntándole si estaba hablando en serio, pero fue empezar a leer lo que se avecinaba y tuve que reconocer, aunque fuera en la soledad de mi cuarto, que tenía toda la razón del mundo. Que, además, esos eran los buenos profesionales: los que te conocen y saben que, aunque pueda parecer raro, algo que no hubieras cogido por tu propia voluntad, te va a gustar incluso más que si lo hubieras decidido tú conscientemente. Porque yo ya dije hace un tiempo que el personaje de Lobezna no era para mí conocido, que no dejaba de ser una mera anécdota en todo este entramado tan vasto – y a veces ininteligible – que es el universo Marvel, pero después de esta historia, yo ya he decidido que se va a quedar conmigo para largo. Espero que sin decepciones de por medio.

La historia de X-men presenta: Antes de Lobezna 1 puede no parecer lo más original del mundo, pero en un mundo donde casi todas las historias ya están contadas, ¿importa demasiado? Tenemos intriga, tenemos acción, hay un misterio que se cierne sobre la protagonista y, lo que a mí me parece más importante, nos pone entrenamos la lucha interna de alguien que ha sido entrenado para matar y su resistencia a seguir ese instinto. Muchos de los que leen estas reseñas pensarán que no tienen ni idea de lo que estoy hablando, pero nada como leer el prólogo o el epílogo de esta historia para enterarse de qué va todo esto de una mujer que es muy parecida a Lobezno, un personaje harto conocido por todos y que no necesita presentación por estos lares. Creo que precisamente por ese concepto de lucha interna es por lo que este cómic me ha acabado gustando tanto. No hay que poner en duda nunca la labor ingente que hay detrás a la hora de elaborar cualquier obra pero, aunque como decía al principio de este párrafo, el argumento creado por Marjorie Liu no sea el más original, convierte en acción y deja al lector con pequeñas migas de pan que, una vez recogidas, darán explicación a algunos de los enigmas que se nos plantean en este primer número. ¿Quién es nuestra mujer misteriosa? ¿Qué es lo que ha hecho cambiar tanto a Laura o, como todos la llaman, X? ¿Podrá controlar en algún momento sus instintos asesinos? Preguntas y más preguntas queridos lectores.

Pero si de algo tengo que hablar detenidamente es del dibujo que ha realizado Sana Takeda. Vosotros pensaréis que a mí los dibujos siempre me gustan y, en términos generales, es cierto. Pero es que me ha sorprendido que el de esta historia me gustase. Sí, como lo leéis. No suelen gustarme los cómics que abusan de la hiperrealidad o que tienden a hacer que los superhéroes se escapen de ese halo de dibujo animado con el que yo he crecido. Es una manía como otra cualquiera, yo lo sé, pero sobre gustos aquí no hay nada escrito. Pero que a mí me haya gustado hace que me plantee que la combinación entre argumento y dibujo es tan importante que, muy probablemente, sin el uno no hubiera habido el otro y que, precisamente por esa conjunción tan perfecta, es por lo que yo he acaba disfrutando como lo he hecho de este primer número. Ahora sólo me queda esperar a tener dinero en mi cuenta corriente para ir a por el segundo que, por si no lo sabéis, estará reseñado muy pronto.

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Pantera Negra 2, de Ta-Nehisi Coates y Brian Stelfreeze

pantera negra 2

pantera negra 2Cuando un personaje me gusta, intento leerlo todo sobre él. Dicho así puede parecer una obviedad, pero cuando se trata de seguir las colecciones que se publican mensualmente sobre superhéroes, uno empieza a darse cuenta de la cuesta que se le avecina y de lo que el saldo de su tarjeta bajará irremediablemente. No tiendo a seguir muchas colecciones. Antes sí lo hacía y acababa preguntándome dónde había ido a parar mi dinero y, en ocasiones, con remordimientos de conciencia por haber leído una mala historia. Eso, en estos últimos tiempos, ya no me pasa. Intento ir a lo seguro, a aquellos títulos que ya sé que van a gustarme, que me van a dar lo que quiero en ese momento y, hasta ahora, salvo una excepción o dos, no he fallado. Entre esos aciertos está la serie de Pantera Negra que ha sabido captar mi atención centrándose no sólo en un personaje, en el protagonista, sino ampliando la mirada a todo el universo que lo comprende, realizando una labor sobre feminismo, lucha social y algún que otro concepto tan actual que más de uno debiera ir empezando a leer esta serie para entender, aunque sea a grandes rasgos, lo que nos sucede a los humanos cuando un gobierno empieza a ser un desgobierno. Pero no voy a adelantar acontecimientos en esta introducción. Lo importante viene ahora.

Hablé de Pantera Negra 1 hace poco tiempo y en él decía que me había sorprendido gratamente el poder que se le da a las mujeres en la historia. Sigo pensándolo. ¿Os habéis planteado alguna vez que, en algunos de los cómics que pueblan las librerías, las mujeres no dejan de ser secundarios que tienen poca importancia? Es obvio que los tiempos, al menos en lo que a Marvel se trata, están cambiando y Pantera Negra 2 lo demuestra poniendo más énfasis en la historia de las dos rebeldes que intentan llevar a cabo un plan del que no sabemos mucho pero que tiene como motivación principal la libertad del género femenino. Mención aparte tendrá el protagonista T´Challa que tiene que hacer frente a sus propios fantasmas y al significado de lo que es el poder y gobernar un país que está resquebrajado o a punto de hacerlo. Una lucha de poder, la corrupción que asola hasta lo más insignificante de un mundo tan vasto como salvaje, la política en sus infinitas formas, el miedo a la decepción, y el significado de la palabra “pueblo” son algunos de los elementos que hacen de esta historia un cómic a tener muy en cuenta.

Una de las complicaciones a la hora de analizar este tipo de cómics es no contar demasiado del argumento porque una colección se basa precisamente en eso: seguir manteniendo la atención del lector. Y si bien es cierto que en este segundo número hay algún momento en que la acción y la historia decaen, su conjunto muestra que realizar una historia más existencial y menos palomitera, es un acierto en toda regla para aquellos que buscamos, en las estanterías, alguna historia que nos demuestre que hay diferencia en todo esto del mundo de los superhéroes.

Y hablemos del dibujo, como siempre. Poco se puede decir que no haya dicho ya. La conjunción entre historia e imagen creo que sigue la misma estela de su primer número y deja a las claras que si algo funciona no hay necesidad de cambiarlo. Ta-Nehisi Coates en las palabras y Brian Stelfreeze a los lápices, crean un tándem que nos dejarán en vilo hasta el final de esta historia que, si bien no roza la espectacularidad de otras obras, dejando al lector con una sensación de impotencia por no saber qué va a pasar a partir de ahora, sí evidencia eso de lo que hablaba al principio en la introducción: cuando una obra es buena poco importará que se halle dentro de una colección, que el dinero se vaya como ha venido, porque lo verdaderamente importante es que el tiempo invertido en su lectura haya hecho que el lector tenga la sensación de haberse llevado a casa una historia que, en cierto sentido, le ha movido de alguna manera.

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Jessica Jones 4. Origen secreto, de Brian Michael Bendis

Jessica Jones 4. Origen secreto

Jessica Jones 4. Origen secretoMi maravilloso recorrido por la vida de Jessica Jones como Alias –más tarde Bendis la resucitaría en una nueva serie llamada The Pulse fuera ya de los no-límites de Max, la línea editorial de Marvel para adultos– toca a su fin con este libro, Jessica Jones 4. Origen secreto. Algo que comenzó, como las mejores aventuras, por mera y simple curiosidad, y que terminó convirtiéndose en toda una pequeña adicción. No exagero. Como en uno de esos romances de verano que acaban precisamente como empiezan, no hay forma de detener su lectura hasta que se agota definitivamente. Después lo que queda es una tenue sonrisa. Un brillo. Si hay suerte, algo que recordaremos el resto de los veranos de nuestras vidas.

Origen secreto, posiblemente el volumen más completo de los cuatro –antes fueron Alias, Rebecca, por favor, vuelve a casa y Lo oculto–, es el perfecto broche final para esta antiheroína de capa rota, deslenguada, irónica y algo arisca que a muchos nos tiene robado el corazón. En él, y a lo largo de siete cómics (del número 22 al 28), Jessica Jones se enfunda por última –casi por primera– vez su traje de justiciera y vuelve, como su propio título indica, a sus orígenes. Aquellos que la elevaron, en la piel de Krysten Ritter, hasta los altares de la televisión gracias a Netflix. Una historia de dobles lecturas cuyo villano, Killgrave, en comparación con aquel otro más de carne y hueso interpretado por David Tennant, pierde parte de su potencial carismático. Es cierto. Este hombre púrpura no seduce solo inquieta pero, eso sí, lo hace a altos niveles de crueldad y sadismo, como todo buen malvado.

Exactamente igual que los tres volúmenes recopilatorios anteriores, traducido al español por Rubén Herrero de Castro y con prólogo de Julián M. Clemente, Panini pone a nuestro alcance una bonita edición que incluye además, el proyecto que el propio Bendis presentó por primera vez a Marvel y la despedida definitiva de su autor a la saga de Alias, así como dos números especiales, un cómic donde plantear qué hubiera pasado si Jessica Jones se hubiera unido a Los Vengadores y otro de cómo sería su vida actual.

Así, a lo largo de este tomo –para el que su autor, Brian Michael Bendis, vuelve a contar con los dibujos de su inseparable Michael Gaydos, las colaboraciones de Mark Bagley y Art Thibert, entre otros, y las maravillosas portadas de David Mack–, seremos testigos por primera vez de los traumas de instituto de una jovencísima Jessica Jones que suspira por un retraído Peter Parker, cuyas primeras páginas destacan, en lo artístico, por unas viñetas y unos dibujos más próximos a los números del Spiderman de Stan Lee y Steve Ditko que a sus trazos actuales.

Sin embargo, mientras que Origen secreto nos cuenta además de su tragedia familiar, el modo en que Jones adquirió sus poderes y, finalmente, su iniciación y declive como superheroína, su trasfondo da un paso más allá. Bendis bosqueja muy sutilmente las líneas de una historia perfecta y tristemente reconocible hoy y sitúa a Joya, su alias de justiciera, en medio de un relato de violencia psicológica que, bajo los efectos empáticos de Killgrave, es anulada, humillada, insultada y sometida por completo a su voluntad. Algo que va mucho más allá de lo físico, que es incluso más pernicioso y que su autor se esfuerza en diferenciar sobre el papel –de hecho, Jessica nunca es atacada directamente por su agresor–. Sus secuelas, mucho más profundas, son más bien mentales. Altamente vulnerable y con la autoestima algo dañada, su verdadero poder, como una auténtica heroína, es su capacidad de reponerse, romper vínculos y enfrentarse a sus fantasmas. ¿Será capaz finalmente de derrotar al color púrpura?

El resultado, es este número tan contundente que, como los mejores veranos, pasa sin que nos demos cuenta y de repente llega a su fin. Nos queda entonces el consuelo del recuerdo y la posibilidad de las nuevas conquistas. Otros superhéroes y otras historietas. Acepto sugerencias.

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Jessica Jones 3. Lo oculto, de Brian Michael Bendis

Jessica Jones 3. Lo oculto

Jessica Jones 3. Lo ocultoHubo un tiempo en que Jessica Jones pudo haber sido Jessica Drew. Similitudes, al menos, no le faltaban. Como aquella, la que fuera Spiderwoman también abandonó la capa en favor de una vida como detective privada. De hecho, fue precisamente ese el punto de partida que Brian Michael Bendis presentó a la editorial de cómics para aquel nuevo proyecto con un tono más serio y más adulto, con palabrotas, sexo y alcohol, que finalmente daría a luz bajo el sello MAX. Por suerte, quizás porque Marvel prefirió reservarse las posibilidades de ambos personajes, la publicación se decantó por una protagonista desconocida para su papel. Al casting se presentó Jessica Jones. La elección no pudo haber sido mejor y el anonimato, el misterio en torno a la figura de la investigadora y a su desconocido y tormentoso pasado como superheroína, jugó siempre a su favor.

Bendis, sin embargo, nunca renunció del todo a su fantasía de reunir en un cómic a las dos Jessicas por primera vez y cara a cara. Para ello tendría que esperar poco más de un año, en un arco argumental de seis partes (números del 16 al 21) que cruzaría los caminos de la investigadora con una adolescente mujer araña, en paradero desconocido, llamada Mattie Franklin y relacionada con J. Jonah Jameson.

El resultado es este tercer volumen recopilatorio, Jessica Jones 3. Lo oculto, publicado por Panini en una fantástica edición y traducido por Rubén Herrero de Castro, donde su creador hace un poco las paces consigo mismo, al menos se quita alguna espina, y, particularmente de la mano de Michael Gaydos pero también de Mark Bagley, regresa a los orígenes del cómic.

Un fantástico ejercicio a lo “qué hubiera pasado si…” a partir del cual poder cotejar los métodos, personalidades y poderes de las dos investigadoras, que pone en perspectiva, a modo de espejo, cómo hubiera sido la otra Jessica. Y la otra Jessica, muy similar a la nuestra, seduce, es cierto, si no fuera porque ya conocimos esta otra versión por la que es difícil no caer rendido a sus encantos. Con agujeros en la capa y unos superpoderes que resultan más bien anecdóticos, Jones, que no necesita de ningún código moral para hacer simplemente lo correcto, es una perfecta antiheroína de manual, muy a lo Philip Marlowe, para el que, por cierto, el guion se reserva alguna que otra mención.

Con prólogo, como es habitual, de Julian M. Clemente, en el que realiza un excelente repaso por la historia de las mujeres arañas, la adictiva historia de este tercer tomo sobre el tráfico de drogas y mutantes es, además, el arco argumental más violento y más oscuro de los tres volúmenes, más allá del negro relato de Rebecca, por favor, vuelve a casa.

En ella, con un humor mucho más contenido, Jessica Jones 3. Lo oculto abona el terreno donde asentar las bases de su volumen final, ese que popularizó la serie de Netflix, y vemos a una Jessica más rota y reservada que nunca, torturada por su pasado mientras trata de acallar su más terrible secreto. Y es que, por primera vez, aunque a ráfagas y de manera muy tenue, la sombra de Killgrave comienza a asomarse detrás de alguna esquina. Por lo pronto, y aunque algunos tengamos ya algunas precipitadas y televisivas respuestas, habrá que esperar al cuarto y último volumen para que lo oculto, de una vez por todas, salga a la luz. Algo que no sé vosotros pero que, al menos yo, no pienso perderme por nada del mundo.

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Jessica Jones 2. Rebecca, por favor, vuelve a casa, de Brian Michael Bendis

Jessica Jones 2. Rebecca, por favor, vuelve a casa

Jessica Jones 2. Rebecca, por favor, vuelve a casaQuizás no lo sepáis aún, pero Jessica Jones probablemente sea todo lo que estabais buscando. O al menos debería. La otrora superheroína, que desde luego no se deshace con un whisky on the rocks, repite fórmula con su segundo volumen, editado por Panini y traducido también por Rubén Herrero de Castro, en esta maravillosa edición que reúne, después de Jessica Jones. Alias, los seis siguientes números de la saga, del 10 al 15, y que incluye, como es habitual, la interesante reflexión de Julián M. Clemente a modo de introducción.

En esta ocasión, y bajo el título de Jessica Jones 2. Rebecca, por favor, vuelve a casa, las historias de esta antiheroína de pie de calle giran en torno a tres ejes argumentales que varían en temática y en enfoque, poniendo en evidencia las inquietudes artísticas y creativas de su creador, Brian Michael Bendis, que volverá a contar con los dibujos de Michael Gaydos y las fantásticas portadas de David Mack, además de algún que otro pequeño extra de la mano de este último y de la intervención de Mark Bagley y Rodney Ramos, como principales artífices artísticos de la superheroína, Joya.

En su historia central, que da título a este volumen –también la más extensa–, la investigadora privada tendrá que averiguar el paradero de una joven adolescente que ha desaparecido de un pueblo a las afueras de Nueva York. Su banda sonora es la voz del cantante de blues, Bobby Bland. “Ain’t no love in the heart of the city”, canta Jessica Jones mientras se aleja de Manhattan. Y no, a juzgar por este relato que reflexiona sobre el racismo y los prejuicios –particularmente hacia los mutantes–, no parece que quede amor en el corazón de ningún otro lugar.

Tal vez porque, como su propio autor confiesa, Rebecca, por favor, vuelve a casa, tiene algunos ingredientes basados en hechos reales, este relato resulte un poco desolador, como el de las historias sin posibles finales felices. Allí, Jones se sumerge en la América profunda, donde la incapacidad de comprender al otro, la incomprensión y la falta de comunicación flotan como una capa de aire denso dentro de un relato de atmósferas estrechas.

No obstante, habrá quién como yo se decante en parte por su punto de partida, Alias #10, una historia auto-conclusiva, con un ingenioso desenlace, donde la detective es contratada por J. Jonah Jameson para averiguar la identidad secreta de Spiderman. Se trata este de una especie de rara avis en la iconografía de la heroína, donde Gaydos experimenta con imágenes amplias, más propias de historietas ilustradas, y un fabuloso guion de lo más cinematográfico, dispuesto a lo largo de sus márgenes a modo de diálogo teatral.

Con todo, el equilibrio entre las tres tramas no podría ser mejor, y Jessica Jones 2. Rebecca, por favor, vuelve a casa termina con un tono más cómico, fresco y relajado de lo habitual. No exagero si digo que su final encuentro con el Hombre Hormiga y la intervención de Luke Cage, es de lo más divertido que he leído en los últimos meses. Y es que las conversaciones de la heroína sobre su vida sentimental con propios y extraños siempre, lejos de caer en sentimentalismos vacuos y fáciles, se transforman sobre el papel en auténticas piezas de oro. Un buen sabor de boca para cerrar este volumen con cierto entusiasmo de muchas ganas de más. Nos vemos en el siguiente. Porque si habéis llegado hasta aquí, como yo, sabréis que Jessica Jones es precisamente lo que estabais buscando. Incluso puede que os sorprenda.

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Jessica Jones. Alias, de Brian Michael Bendis

Jessica Jones. Alias

Jessica Jones. AliasEs difícil no enamorarse de Jessica Jones como concepto. Una superheroína derrotada, de carne y hueso, con la lengua afilada y demasiados descosidos, que no sabe muy bien qué hacer con sus superpoderes, aunque aparentemente los tenga, y que ha colgado su capa a cambio de unos pantalones y una cazadora. Ella, una especie de antiheroína con baja autoestima que fuma, bebe y se pasea a pie de calle, no se oculta ni se siente invencible. De hecho, a veces también tiene miedo, a ratos no encuentra su sitio y por momentos solo necesita algo qué sentir.

Detective privada, retirada del mundo de los justicieros aunque arrastrada, de algún modo, por su entorno, le gusta pasar desapercibida y se gana la vida con casos comunes de infidelidades y de familiares desaparecidos. Aunque hace unos diez meses, saltó a nuestras pantallas por la puerta grande de la televisión, su nombre no tiene luces de neón, marcas publicitarias ni todo un imperio construido bajo su identidad. Ella es solo Jessica Jones. Y para algunos mortales como yo, tal vez sea más que suficiente.

Por suerte para los que llegamos algo tarde –el primer número de este personaje fue publicado en noviembre de 2001– Panini ha lanzado este año una cuidada edición, prácticamente de lujo, compuesta por cuatro volúmenes donde recopila todos sus números, con cierto carácter autoconclusivo cada uno.

El primero de ellos, Jessica Jones. Alias –traducido por Rubén Herrero de Castro y con prólogo de Julián M. Clemente–, es más bien un acercamiento inicial a su protagonista. El tono de sus historias, publicadas bajo el sello para adultos de Marvel, MAX, es el del noir más auténtico, los bajos fondos y el lenguaje sucio. Nueve cómics donde su creador, Brian Michael Bendis, gracias a los gráficos de Michael Gaydos, da vida a esta exjusticiera de la que desconocemos por absoluto su pasado, más allá de su pseudónimo como Joya, y su ajustado traje de mallas.

Así las cosas, sin historias demasiado complejas, lo que convence de este primer acercamiento es su aire derrotista, irónico y profundamente carismático, empapado por un tono esencialmente detectivesco y por ese poso pesado que acarrean los relatos de los mejores justicieros. De fondo, no hay grandes (ni medios) villanos. Pero sí, mucho superhéroe.

Deliciosamente entretenido, Jessica Jones. Alias pasa en un suspiro. En ocasiones gracias a los diálogos cómplices con Carol Danvers. Pero también a las constantes alusiones a algunos de sus coetáneos. Que sí, las hay. Y muchas. Entre otros al Capitán América, Spiderman, Luke Cage y, cómo no, Jessica Drew. A Spiderwoman, al menos, le debe el personaje su nombre de pila. Por suerte, Marvel supo apostar por una protagonista nueva y desconocida como buque insignia para esta nueva línea más seria, menos infantil y más oscura. Alguien de quien de algún modo diéramos por hecho su pasado y aceptáramos también sus defectos. Y es que puede ser que, después de todo, sus capas no fueran lo que realmente nos interesaba, sino sus rotos. Porque, como apunta uno de sus personajes, “los campesinos quieren que los reyes desciendan”. Y si es así como va a ocurrir, qué fantástica manera de descender.

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Spider-Gwen 1: un gran poder, de Jason Latour y Robbi Rodríguez

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spider-gwen-1No entiendo los universos paralelos, pero los disfruto. Llamadme carca, llamadme desastre, pero cada vez que alguna de las grandes industrias del cómic saca un tomo con un personaje que en realidad es una versión alternativa de lo que ya conocemos, en una tierra que es a su vez, otra versión alternativa de lo que ya conocemos, cambiando todo lo que ya sabíamos para introducir algún detalle más o menos novedoso, yo me pierdo. Y la paradoja es que lo disfruto. Supongo que porque mi cerebro hace tabula rasa y decide meterse de lleno en la historia sin pensar en lo que ya ha leído hasta el momento. ¿Virtud o defecto? No lo sé, en cualquier caso, eso es lo que me ha permitido leer Spider-Gwen sin la necesidad imperiosa de compararlo a cada instante con Spiderman aunque ambas compartan el núcleo central sólo que con los papeles cambiados. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Aquellos que ya conociéramos las historias del arácnido más famoso del mundo de los cómics entenderemos las referencias, aquellos que se metan de lleno en esta historia de jóvenes que tienen que hacer frente a su madurez mientras salvan a su ciudad una vez tras otra, es posible que les parezca demasiado infantil, una lectura más destinada al público adolescente que a uno adulto, y tendrán razón ya que sus formas hacen que lo identifiquemos con esa franja de edad de la que parece que todos renegamos. Pero eh, ¿quién os dice que no podéis encontrar en una lectura así algo interesante?

No esperaba gran cosa de Spider-Gwen. ¿Por qué, entonces, te pusiste a leerlo?, os preguntaréis. Pues porque yo soy así, me va la marcha y, además, después de unas cuantas lecturas este año decidí dejar atrás ciertos prejuicios y meterme de lleno en obras que, en un principio, no me llamaran especialmente la atención. La historia de Jason Latour no es la más original, eso hay que admitirlo. Pero aunque las referencias a lo que ya conocemos de los personajes sean constantes, sabe imprimirle un ritmo diferente, un tanto acelerado – y no lo digo como un punto negativo – mientras vamos observando cómo la protagonista de todo el entramado, Gwen Stacy, va haciéndose mayor y reconociendo ciertas cosas que vienen junto con un poder como el suyo. ¿Os suena, verdad? Pues lo interesante del planteamiento es que todo eso se desarrolle en el género femenino. Los famosos ¿que hubiera pasado si…? que tanto les gusta a los de Marvel y que, por una vez – y alguna otra también, pero son excepciones muy puntuales – ha conseguido que me interese por el personaje, por lo que le sucede, mientras soy consciente de que lo que estoy leyendo es puro entretenimiento y nada más – y, de nuevo, no lo digo como algo negativo -. Eso sí, olvidad esa imagen que uno tiene de chicas en apuros, de casi una degradación de los roles femeninos, porque no sé si la industria se ha puesto las pilas o será mera coincidencia, pero el viraje hacia unos personajes femeninos que pretenden convertirse en icónicos salta a la vista y a mí me encanta.

¿Y qué puedo decir del dibujo? Pues que, salvo en una parte muy concreta de este tomo, casa a la perfección con el guión. Siempre he dicho que la estética de una obra tiene que girar y adaptarse a lo que quiere contar y lo bueno de esta obra es que Robbi Rodríguez ha conseguido entender a la perfección la idea que se quiere transmitir y, además, el público al que quiere dirigirse. No será un dibujo perfecto, pero la combinación es de las de agradecer. No hay cosa que menos soporte que una historia que intenta tomarse demasiado en serio a sí misma y que lo estropee todo con el dibujo. Spider-Gwen es divertimento, simple divertimento, y eso no hay que olvidarlo nunca porque siempre tendemos a pensar que la obra que nos vamos a llevar a las manos tiene que cambiarnos la vida y, desgraciadamente, pocas lo hacen. ¿Por qué nos empeñaremos siempre en darle más importancia a todo y no en disfrutar simplemente de lo que se nos va ofreciendo? Opino, y si me equivoco podéis lapidarme, que a todos nos iría mucho mejor no pecar de intelectuales.

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