
Se dice entre los aficionados al cómic, que de pequeños somos de Superman, de adolescentes de Spiderman y de adultos de Batman. Me parece una definición casi canónica ya que refleja muy bien el conjunto de valores que atesoran cada una de las series de superhéroes. No obstante, hay que reconocer que, aunque la actualidad cinematográfica esté actualmente
saturada del binomio Batman-Superman, si hay un superhéroe que ha gozado de las simpatías de grandes y pequeños durante décadas, este es Spiderman. En esta ocasión hablaremos de una de las series “estrella” del superhéroe recopilada por Marvel para concentrar toda la obra de Paul Jenkins a los mandos del guión del trepamuros: El Espectacular Spiderman Integral.
Hubo un tiempo en el que Spiderman perdió el atractivo que tenía para los lectores en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. En los noventa y los dos mil, las historias de Spidey se tornaron oscuras e intrascendentes. No nos llevaban a ninguna parte. Una sobresaturación de títulos, series, miniseries, entregas mensuales, quincenales y trimestrales copaban las baldas de los kioscos. De repente todo se redujo a dos series principales y una secundaria pero la cosa no mejoró ni un ápice. Fue entonces cuando apareció Paul Jenkins.
El cambio de la serie de “Peter Parker” a “Espectacular Spiderman” fue algo más testimonial que otra cosa. O eso parecía a primera vista. Sin embargo, era mucho más que un mero retoque superficial en la maquetación del título. Jenkins le dio a la saga un enfoque muy distinto del que venía empleando en “Peter Parker”. En dicho cómic, Jenkins abordó a Spiderman desde lo más profundo de su psique, enfrentándolo contra villanos que representaban más peligro para la integridad mental del personaje, que para su integridad física. Jenkins ha dado a Spiderman una dimensión mucho más psicológica que pone en primera línea varios dilemas morales y unos esquemas de comportamiento que antes no habíamos visto. Los enfrentamientos finales contra el Duende Verde, así lo demuestran. Sin duda, la función del villano en todas las historias era la de hacer pensar en la función que cumplía el héroe en toda la historia. Situaciones casi inéditas para Spiderman en las que veíamos un claro desarrollo mental en el personaje del trepamuros.
Con el paso a “Espectacular”, Jenkins cambió también el enfoque y, acompañado por el dibujante Humberto Ramos, decidió que cada arco argumental presentaría a un villano clásico, como si hubiéramos vuelto a los viejos tiempos en los que Spiderman se enfrentaba a un enemigo diferente cada pocos meses haciendo las delicias de los seguidores más nostálgicos. Es cierto que cuesta hacerse al nuevo aspecto de Peter Parker sin la máscara pero queda sobradamente compensada con los dibujos del nuevo aspecto de Spiderman.
Los capítulos de Hambre, con un espectacular Veneno que abre la serie o el capitulo en el que aparecen Nick Furia y el Capitán América son sensacionales. Episodios auto conclusivos con villano destacado y con dibujos de una expresividad máxima acompañan a la regeneración del entorno de Parker, incluyendo su relación con MJ.
Hay una entrevista a Jenkins que refleja muy bien cómo éste ahonda en la dimensión psicológica de los personajes.” Para mí, el Doctor Octopus es Ted Bundy. Es egoísta. Es un sociópata. Puedes entender la naturaleza del heroísmo al explorar a todos estos villanos. El Doctor Octopus es tan inteligente como Peter, pero es un tipo que escogió el camino fácil”. Como se ve, el guionista utiliza a Octopus para hacer hincapié en la relación que éste mantiene con Spiderman y apuntala toda esta estructura profundizando en el pasado de Otto Octavius.
Creo que la incursión del guionista inglés en la franquicia arácnida ha sido muy positiva. La estancia de Jenkins ha devuelto a Peter Parker su humanidad y su entorno mientras se reivindicaba a los villanos tradicionales. En definitiva, un tomo que aglutina todo este proceso de cambio y que coloca a Spiderman de nuevo en el alféizar para saltar de fachada en fachada y volver a hacer las delicias de todos los fans.

Si alguno de vosotros es un absoluto fan 
Hace bien la portada en avisar que el interior es “SOLO PARA ADULTOS”, porque lo que vamos a ver es una orgía de salvajismo, bestialismo y todo lo que se os ocurra acabado en ismo y no sea bonito. Ni canibalismo. Eso tampoco.
Las colecciones siempre tienen un punto flaco: que uno de los números no te guste y termines por dejarla por aburrimiento. Por ello, cuando no se encuentra una en la que puede decir que, en cada número, la historia va calando más en él, es una especie de regalo que, inesperado, te hace sentir que el dinero que te gastas todos los meses es algo muy bien invertido. No hay que olvidar que no es poco lo que este tipo de publicaciones hacen a los que, como yo, nos hemos visto inmersos en el mundo que nos proponen tanto para el gaznate lector como para el bolsillo. Pantera Negra es una de esas colecciones que están haciendo que babee de lo increíble que me parece, de lo que se aleja de esos momentos llenos de explosiones y poco argumento que han poblado durante demasiado tiempo a algunos de mis personajes favoritos y, en definitiva, una historia con mucha contención pero que va aplicando tensión en cada número, esperando que en su recta final termine explotando y todos – o al menos yo – lo veamos. Porque esta no es la historia de simplemente un superhéroe, de un superhéroe desconocido para el gran público, sino que también es la historia de todo un pueblo, de las mujeres, y de la opresión frente a la libertad. ¿Quién nos iba a decir que esto es lo que nos ofrecería un cómic de Marvel? Si hace unos años me lo hubieran dicho no me lo hubiera creído, pero aquí estamos, aquí estoy, decidido a contar las excelencias de lo que he podido descubrir en este nuevo número.
edes obtenerla si un rayo cae en el laboratorio en el que trabajas. Caprichos del azar. O tenerla por pertenecer a una raza extraterrestre y que esa particular habilidad no sea nada del otro mundo en tu lugar natal pero que en la Tierra resulte ser poco menos que increíble. También puedes conseguirla si un mago te obsequia con un conjunto de poderes y, entre ellos, se encuentra esa capacidad. Magia de la buena; sin trampa ni cartón. Haberla conseguido por herencia genética; sí, una opción tan válida como otra cualquiera. O, simplemente, haber nacido con el don porque algo en tu interior mutó. ¡Dejen paso a la evolución! O ser un dios; por supuesto, si eres un dios das por sentado haber sido agraciado con la súper velocidad. ¡Qué menos! Pero alguien ha ingeniado una nueva forma de correr más rápido que un bólido. ¿He dicho un bólido? ¡Más que un jodido avión supersónico! Y quién sabe, tal vez hasta más rápido. Rompiendo todos los récords, destrozándolos hasta pulverizarlos. Haciendo fosfatina la barrera del sonido en lo que dura el latido de un corazón. Mach 10, o lo que se tercie. Ahora, y a un precio muy asequible, la tan ansiada súper velocidad viene contenida en una insignificante pastillita. Una gragea similar a la que es capaz de ejecutar, sin compasión, el dolor de cabeza, pero con las propiedades para convertirte en el ser más rápido sobre la faz de la Tierra. Diseñada y elaborada, exclusivamente para ti, en los laboratorios 
De acuerdo, lo voy a reconocer: el mundo de los superhéroes ha vuelto a entrar en mi vida y no hay vuelta atrás. Cuando una idea se convierta en evidencia uno sólo puede hacer dos cosas: o rechazarla o abrazarla. Y yo soy mucho de caer en las tentaciones y, mucho más, si al lado de mi nueva casa he descubierto una tienda de 
Cuando un personaje me gusta, intento leerlo todo sobre él. Dicho así puede parecer una obviedad, pero cuando se trata de seguir las colecciones que se publican mensualmente sobre superhéroes, uno empieza a darse cuenta de la cuesta que se le avecina y de lo que el saldo de su tarjeta bajará irremediablemente. No tiendo a seguir muchas colecciones. Antes sí lo hacía y acababa preguntándome dónde había ido a parar mi dinero y, en ocasiones, con remordimientos de conciencia por haber leído una mala historia. Eso, en estos últimos tiempos, ya no me pasa. Intento ir a lo seguro, a aquellos títulos que ya sé que van a gustarme, que me van a dar lo que quiero en ese momento y, hasta ahora, salvo una excepción o dos, no he fallado. Entre esos aciertos está la serie de Pantera Negra que ha sabido captar mi atención centrándose no sólo en un personaje, en el protagonista, sino ampliando la mirada a todo el universo que lo comprende, realizando una labor sobre feminismo, lucha social y algún que otro concepto tan actual que más de uno debiera ir empezando a leer esta serie para entender, aunque sea a grandes rasgos, lo que nos sucede a los humanos cuando un gobierno empieza a ser un desgobierno. Pero no voy a adelantar acontecimientos en esta introducción. Lo importante viene ahora.
Mi maravilloso recorrido por la vida de Jessica Jones como Alias –más tarde Bendis la resucitaría en una nueva serie llamada The Pulse fuera ya de los no-límites de Max, la línea editorial de Marvel para adultos– toca a su fin con este libro, Jessica Jones 4. Origen secreto. Algo que comenzó, como las mejores aventuras, por mera y simple curiosidad, y que terminó convirtiéndose en toda una pequeña adicción. No exagero. Como en uno de esos romances de verano que acaban precisamente como empiezan, no hay forma de detener su lectura hasta que se agota definitivamente. Después lo que queda es una tenue sonrisa. Un brillo. Si hay suerte, algo que recordaremos el resto de los veranos de nuestras vidas.
Hubo un tiempo en que Jessica Jones pudo haber sido Jessica Drew. Similitudes, al menos, no le faltaban. Como aquella, la que fuera Spiderwoman también abandonó la capa en favor de una vida como detective privada. De hecho, fue precisamente ese el punto de partida que 
Quizás no lo sepáis aún, pero Jessica Jones probablemente sea todo lo que estabais buscando. O al menos debería. La otrora superheroína, que desde luego no se deshace con un whisky on the rocks, repite fórmula con su segundo volumen, editado por 
Es difícil no enamorarse de Jessica Jones como concepto. Una superheroína derrotada, de carne y hueso, con la lengua afilada y demasiados descosidos, que no sabe muy bien qué hacer con sus superpoderes, aunque aparentemente los tenga, y que ha colgado su capa a cambio de unos pantalones y una cazadora. Ella, una especie de antiheroína con baja autoestima que fuma, bebe y se pasea a pie de calle, no se oculta ni se siente invencible. De hecho, a veces también tiene miedo, a ratos no encuentra su sitio y por momentos solo necesita algo qué sentir.
No entiendo los universos paralelos, pero los disfruto. Llamadme carca, llamadme desastre, pero cada vez que alguna de las grandes industrias del