
No sé si os acordáis de Korosensei, ese desconcertante monstruo que es profesor de la escuela secundaria Kunugigaoka y que enseña a sus alumnos técnicas para asesinarlo. Os hablé de él hace unos meses, confesándoos mi despiste al comenzar este manga por el capítulo 15. Pues me acabo de leer la siguiente entrega y no os lo vais a creer: ahora lo entiendo todo. Aunque ponga capítulo 16, bien podría haber sido el capítulo 1, porque en Assassination Classroom 16: Hora del pasado, Korosensei cuenta sus orígenes a sus alumnos de 3º-E: ¿quién era antes de convertirse en ese extraño ser?, ¿por qué amenaza con destruir la Tierra?, ¿qué le llevó a convertirse en su profesor?
Como no he leído el primer capítulo oficial de esta serie, no puedo juzgar si descubrir lo ocurrido dos años atrás a estas alturas de la trama ha dotado a esta historia de más o menos intriga. El flashback es un recurso narrativo muy habitual y no negaré que tiene su fuerza, pero me da la sensación de que, en este caso, Assassination Classroom resultaría igual de interesante si se contara de manera cronológica, aunque, claro está, la opinión que tendríamos de los personajes sería diferente, como también los dilemas planteados. Sea como sea, «Hora del pasado» me ha parecido un gran capítulo y no creo que lo hubiera disfrutado más por llevar esperándolo varias entregas.
Mientras que el número 15, «Hora de la tormenta», se centraba en temas como el sistema educativo o la muerte desde un enfoque moral, en el 16 se cuestiona a esos científicos que juegan a ser dioses sin sopesar las consecuencias de sus experimentos o, lo que es peor, sin que les importe lo más mínimo. Pero además hay amor, una tierna historia entre dos personajes que me hizo entender las decisiones que se habían tomado durante todo ese tiempo. En Assassination Classroom 16: Hora del pasado, Yusei Matsui relata muchos de los hechos clave de esta historia, saltando de escenas que me causaron indignación a otras que me emocionaron, y consigue que me rinda completamente a esta saga. Y eso, con una lectora que se acaba de subir al tren, como quien dice, tiene mérito.
No desvelaré mucho más porque quiero que conozcáis a Korosensei cómo yo lo he conocido y que así lo comprendáis como yo lo comprendo. Solo añadiré que descubrir este manga en el capítulo 16 no sería descabellado porque explica el principio de todo, mientras que los que la hayan leído desde el capítulo 1 verán por fin resueltas las principales incógnitas, a la vez que se abren otras, mucho más dramáticas, ya que ahora conocemos los personajes a fondo.
La cuenta atrás comienza: solo quedan sesenta y seis días de curso (y cinco entregas) para que sepamos si Korosensei destruirá el mundo o sus alumnos lo asesinarán antes de que esto suceda. Y yo cada vez tengo más dudas. De lo que estoy segura es de que Yusei Matsui aún nos tiene reservadas muchas emociones fuertes. Me ha demostrado que se mueve con soltura en la crítica, el humor, la acción, el amor y el drama. ¿Será capaz de escribir un final a la altura de las expectativas generadas?

Grant Morrison. ¿Quién es Grant Morrison? Un guionista de cómics que no deberías perderte. Esa sería la respuesta corta. Si tuviera que extenderme y dar un dictamen más justo y completo añadiría que en la solapa de uno de sus cómics reza así hacia el final de su biografía: portavoz de la contracultura, músico, dramaturgo premiado y mago caótico. Frase escueta que solo es una muestra de lo prolífico, polifacético y algo excéntrico que es este guionista natural de Glasgow. Cuando en mi cabeza, a la vertiginosa velocidad de la luz, se entrelazan el adjetivo excéntrico y la maravillosa ocupación de guionista de cómics, por asociación de ideas, también emergen los nombres 
Hay veces que uno se entera de las cosas que han ocurrido en el mundo de la forma más imprevisible. Sin ir más lejos, hasta que escuché el temazo de U2 Sunday, Bloody Sunday (y la busqué traducida, ya que mi inglés, por aquel entonces, no daba ni para optar a Presidente del Gobierno), no fui consciente de que durante casi treinta años se había vivido un conflicto de gran magnitud en Irlanda del Norte, al que la represión sólo sirvió para alimentar y del que se pudo salir gracias a las cesiones de los bandos enfrentados y de la convicción de que la violencia no había sido más que un obstáculo para el entendimiento.



Muchos fans de Auronplay y El Rubius no se lo creerán, pero hubo una época en este país en que los niños luchaban por pasar el máximo tiempo posible en la calle. En esos años no hacía falta Educación para la Ciudadanía: entre lo que aprendías de los que eran un par de años mayores que tú y lo que comprendías cuando tus padres cogían la zapatilla a la primera de cambio (sin temer que les cayera una denuncia por ello) era más que suficiente. En aquellos tiempos, que a algunos sólo nos pillaron de pasada, las aventuras las vivías por ti mismo, sin necesitar ningún avatar de colores vistosos y un nombre con muchos números al final. Y ahora que hago un parón en la escritura para releer lo que he escrito y ser consciente de lo viejoven que me he vuelto, voy a contaros de qué manera exponen esa época Fernando Llor, Roger Vidal y Àlex Batlle, los autores de Ojos grises.
Las hadas ya no existen, así de triste es nuestro mundo. 
Creo que no exagero si digo que, tras treinta años dando botes por el universo Marvel, Frank Castle acabó encontrando al guionista que mejor entendió su drama interno y su personalidad: Garth Ennis. El guionista que se dio a conocer entre el gran público por su Predicador y toda una serie de obras de talante gamberro tuvo un primer acercamiento al Castigador en una miniserie que resultaba irónica: en el tono socarrón habitual de 
Federico García Lorca es el poeta español más leído en el mundo, y yo no conozco ni uno solo de sus poemas. La 
Bueno, bueno… No tenía ni idea, pero ni de lejos, de lo mucho que iba a disfrutar este cómic. Me ha encantado. Y tampoco decía mucho la sinopsis. Lo justo. Es lo bueno de dejarte guiar a veces por tus intuiciones. Lo único que sabía de él era lo que aparece en la web de Panini: “Dos genios científicos se embarcan en el primer viaje en el tiempo de la historia, que les llevará desde la Antigua Roma hasta los mejores conciertos de los años ochenta, pero jugar con la Historia no siempre tiene consecuencias divertidas”.
La palabra que me viene a la mente cuando quiero describir lo que me sucede al empezar una lectura es la siguiente: emoción. Luego, por diferentes cuestiones, puede ser que lo que estoy leyendo termine por convertirse en un auténtico bochorno o que, por el contrario, se convierta en una lectura tan entretenida y llena de velocidad, que uno piense: joder, qué rápido se termina lo bueno. Todo esto viene porque la segunda de las opciones es lo que me ha sucedido con Civil War II 1. Creo que hacía tiempo que un número uno de una serie no me hacía pasarlo tan bien. Me he tragado series enteras, con sus colecciones adyacentes, que no han conseguido hacer que me entusiasme a la hora de leer y ver cómo iba en el metro deseando que no llegara mi parada para poder seguir leyendo – andar y leer no se llevan bien con mi cuerpo – es una de esas suertes que uno tiene a veces por poder compartirlo con los demás. Y es que si en la reseña del preludio a este número hablaba de ponernos en situación, en este primer tomo, o primera grapa, o como queráis llamarlo, todo es tan vertiginoso que, aunque pueda parecer que lo que se nos presenta no es todo lo novedoso que se esperaba, a mí me ha hecho reconciliarme de alguna manera, por muy poco que sea, con esas tardes que pasaba en mi casa devorando todas las novedades mensuales deseando saber qué es lo que sucedía en mis cómics favoritos. Eso ya vale todo lo que uno se pueda imaginar.
Todos aquellos que hayan sido, sean o pretendan ser, seguidores de las sagas a las que Marvel nos tiene acostumbrados han oído, oyen u oirán la siguiente frase: “empieza con Civil War, y prepárate para que te explote la cabeza del gusto”. Obviamente esto es lo que escuché yo cuando empecé en esta andadura del mundo de los cómics, pero se entiende lo que quiero decir. Creo que nunca un evento causó tanto furor en el imaginario colectivo de fans de este género. Supuso una ruptura con casi todo lo que habíamos leído; puso sobre las cuerdas a dos de los personajes – Iron Man y el Capitán América – más irónicos del mundo marvelita y sentó las bases de lo que estaba por llegar – aunque, en mi opinión, no hayan tenido la misma repercusión ni el mismo trasfondo, salvo honrosas excepciones -. Y si bien es cierto que siempre he dicho que los tiempos están cambiando, también es muy cierto que el hombre, los guionistas, los editores, saben perfectamente que “si algo funciona, ¿por qué vas a dejar de hacerlo?”. Y así, tiempo después, se nos presenta una nueva guerra civil, o al menos en este Civil War II 0, un preludio de aquello que nos quiere prometer que todo lo que conocíamos va a cambiar – aunque esté cansado de escuchar esta frase todavía me sigue poniendo los nervios a flor de piel por si realmente sucede – y que deja a las claras algo que ya había supuesto: lo que nos gusta que nuestros superhéroes favoritos peleen entre ellos.
Bienvenidos de nuevo a este terrorífico paseo más allá de la Puerta Negra, en las cavernas bajo