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Assassination Classroom 16: Hora del pasado, de Yusei Matsui

Assassination Classroom 16

Assassination Classroom 16No sé si os acordáis de Korosensei, ese desconcertante monstruo que es profesor de la escuela secundaria Kunugigaoka y que enseña a sus alumnos técnicas para asesinarlo. Os hablé de él hace unos meses, confesándoos mi despiste al comenzar este manga por el capítulo 15. Pues me acabo de leer la siguiente entrega y no os lo vais a creer: ahora lo entiendo todo. Aunque ponga capítulo 16, bien podría haber sido el capítulo 1, porque en Assassination Classroom 16: Hora del pasado, Korosensei cuenta sus orígenes a sus alumnos de 3º-E: ¿quién era antes de convertirse en ese extraño ser?, ¿por qué amenaza con destruir la Tierra?, ¿qué le llevó a convertirse en su profesor?

Como no he leído el primer capítulo oficial de esta serie, no puedo juzgar si descubrir lo ocurrido dos años atrás a estas alturas de la trama ha dotado a esta historia de más o menos intriga. El flashback es un recurso narrativo muy habitual y no negaré que tiene su fuerza, pero me da la sensación de que, en este caso, Assassination Classroom resultaría igual de interesante si se contara de manera cronológica, aunque, claro está, la opinión que tendríamos de los personajes sería diferente, como también los dilemas planteados. Sea como sea, «Hora del pasado» me ha parecido un gran capítulo y no creo que lo hubiera disfrutado más por llevar esperándolo varias entregas.

Mientras que el número 15, «Hora de la tormenta», se centraba en temas como el sistema educativo o la muerte desde un enfoque moral, en el 16 se cuestiona a esos científicos que juegan a ser dioses sin sopesar las consecuencias de sus experimentos o, lo que es peor, sin que les importe lo más mínimo. Pero además hay amor, una tierna historia entre dos personajes que me hizo entender las decisiones que se habían tomado durante todo ese tiempo. En Assassination Classroom 16: Hora del pasado, Yusei Matsui relata muchos de los hechos clave de esta historia, saltando de escenas que me causaron indignación a otras que me emocionaron, y consigue que me rinda completamente a esta saga. Y eso, con una lectora que se acaba de subir al tren, como quien dice, tiene mérito.

No desvelaré mucho más porque quiero que conozcáis a Korosensei cómo yo lo he conocido y que así lo comprendáis como yo lo comprendo. Solo añadiré que descubrir este manga en el capítulo 16 no sería descabellado porque explica el principio de todo, mientras que los que la hayan leído desde el capítulo 1 verán por fin resueltas las principales incógnitas, a la vez que se abren otras, mucho más dramáticas, ya que ahora conocemos los personajes a fondo.

La cuenta atrás comienza: solo quedan sesenta y seis días de curso (y cinco entregas) para que sepamos si Korosensei destruirá el mundo o sus alumnos lo asesinarán antes de que esto suceda. Y yo cada vez tengo más dudas. De lo que estoy segura es de que Yusei Matsui aún nos tiene reservadas muchas emociones fuertes. Me ha demostrado que se mueve con soltura en la crítica, el humor, la acción, el amor y el drama. ¿Será capaz de escribir un final a la altura de las expectativas generadas?

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El universo Marvel de Grant Morrison, de varios autores

el universo marvel de grant morrison

el universo marvel de grant morrisonGrant Morrison. ¿Quién es Grant Morrison? Un guionista de cómics que no deberías perderte. Esa sería la respuesta corta. Si tuviera que extenderme y dar un dictamen más justo y completo añadiría que en la solapa de uno de sus cómics reza así hacia el final de su biografía: portavoz de la contracultura, músico, dramaturgo premiado y mago caótico. Frase escueta que solo es una muestra de lo prolífico, polifacético y algo excéntrico que es este guionista natural de Glasgow. Cuando en mi cabeza, a la vertiginosa velocidad de la luz, se entrelazan el adjetivo excéntrico y la maravillosa ocupación de guionista de cómics, por asociación de ideas, también emergen los nombres Alan Moore y Frank Miller. Y es posible que algunos digan que a Grant Morrison le quedan unos añitos para estar a la altura de esos dos titanes de la narración, pero por lo que a mí respecta hace ya un tiempo que alcanzó tan laureado podio. Grant Morrison es un guionista de calidad que se aleja de los tópicos tocando en ocasiones temas muy chungos como drogas, violencia o sexo y los mezcla con metafísica, demencia y ciencia ficción saturada de filosofía. Es pues un contador de historias único que con títulos tan dispares como Animal Man, Doom Patrol, We3 o Batman y Robin logra atraernos hasta sus paranoicos mundos de héroes que se comportan como villanos, de viñetas repletas de humor cáustico y de tramas que te dejarán atascado en realidades paralelas o futuros imposibles. Y luego además está All Star Superman; una obra maestra se mire por donde se mire.

Pero Grant Morrison no ha trabajado solo para DC, de hecho hoy vengo a enseñaros una parte muy importante en su trayectoria por la editorial Marvel. Una trayectoria que en mi caso apenas había inspeccionado y que gracias a El universo Marvel de Grant Morrison editado por Panini Cómics podré al fin dar un soberbio vistazo.

El universo Marvel de Grant Morrison recopila cuatro historias cortas de dicho guionista. En ellas se acompaña de grandes del mundo del cómic como Mark Millar o Steve Yeowell, para hacernos llegar retorcidas obras como Skrull Kill Krew en la que los héroes tienen más de genocidas que de salvadores. Los protagonistas son una banda de inhumanos formada por un skinhead que se está volviendo negro (Morrison y sus ironías), un negro con rastas (que evidentemente tendrá sus más y sus menos con su compañero cabeza rapada), una top model, un surfero y una punk. Sus aventuras los llevan de pueblo en pueblo con la única misión de erradicar a los Skrull, una raza alienígena que como en el clásico de ciencia ficción La invasión de los ladrones de cuerpos se ocultan entre los humanos a la espera de conquistar la Tierra. Por las viñetas de este irreverente cómic aparecerá el Capitán América, tan patriota como siempre pero apabullado ante la forma de actuar de la SKK. Por cierto, en este relato la encefalopatía espongiforme bovina, o comúnmente conocida como la enfermedad de las vacas locas, claramente sirvió como inspiración para una de las historias más locas que hayáis leído en mucho tiempo.

Si Skrull Kill Krew publicado a mediados de la década de los 90 ya manejó temas bastante peliagudos, con Marvel Boy, en el año 2000, Grant Morrison volvería a la carga, con J.G. Jones a los lápices, en un relato de extraterrestres que buscan venganza mediante el terrorismo. Realidades paralelas, guerras interestelares, formas de vidas sintéticas de inteligencia superior o elementos tan insólitos y peculiares como el calabozo de conceptos en el que están presas las ideas más peligrosas del universo. Marvel Boy es un todos contra todos que derrocha acción por los cuatro costados. ¿Quiénes son los buenos? ¿Quiénes los villanos? A cada vuelta de página cualquiera puede formar parte de uno de los dos grupos.

Llegamos a la tercera de las obras reunidas en este tomo: Los 4 fantásticos: 1234. No busquéis aquí al súper grupo entrañable y divertido que por ejemplo Mark Waid nos ofreció en Imaginautas. No busquéis a esa familia más o menos bien avenida (sin tener en cuenta las escaramuzas entre la Antorcha Humana y la Cosa). Grant Morrison construye una historia sobre los cimientos de las rencillas que siempre han sobrellevado y superado Los 4 Fantásticos y las lleva más allá, mucho más allá, cruzando esas fronteras en las que un simple perdón ya no es suficiente. Es la historia más oscura de las cuatro y el dibujo íntimo, estremecedor y de corte realista de Jae Lee, unido al color frío y de salpicaduras controladas de José Villarrubia crean una atmósfera angustiosa y desapacible que le dan un toque tan lóbrego al conjunto que llega a dar mal rollo. Una miniserie magnifica, que al igual que las otras dos, se alejada de las ideas triviales que abundan sobre este género.

Acabamos el compendio con un relato corto. Apenas doce páginas. En El mundo de Nick… abunda el humor. De hecho es una historia de humor en donde un Nick Furia algo especial se queja de padecer diarrea cuarenta minutos después de comer carbonara o es atropellado por una loca jauría de ciclistas descontrolados. Una historia de ciencia ficción, dibujada por Manuel Gutiérrez, que se mueve entre lo absurdo y lo cómico y que aun siendo la más floja de las cuatro es como mínimo de agradecer el que podamos disfrutar de ella por primera vez en castellano.

¿Quién es Grant Morrison? La respuesta más completa, la más esclarecedora, y la que encima os dejará un regusto a rareza que os desorientará (el regusto que dejan las historias que se salen de lo común) la encontraréis tras las más de 380 páginas de Morrison en estado puro que componen El universo Marvel de Grant Morrison.

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Normal life, de Steve Polls, Sergi Pareja y Fran Vázquez

Normal Life

Normal LifeHay veces que uno se entera de las cosas que han ocurrido en el mundo de la forma más imprevisible. Sin ir más lejos, hasta que escuché el temazo de U2 Sunday, Bloody Sunday (y la busqué traducida, ya que mi inglés, por aquel entonces, no daba ni para optar a Presidente del Gobierno), no fui consciente de que durante casi treinta años se había vivido un conflicto de gran magnitud en Irlanda del Norte, al que la represión sólo sirvió para alimentar y del que se pudo salir gracias a las cesiones de los bandos enfrentados y de la convicción de que la violencia no había sido más que un obstáculo para el entendimiento.

Normal life toca de lleno la época de The Troubles —como también fue conocido el conflicto— en torno a la figura de Manolo, un militar retirado, que, aunque oficialmente ocupa su tiempo como trabajador social en un centro juvenil, fuera de su jornada laboral colabora activamente con la Ulster Volunteer Force, un grupo paramilitar que defiende la unión de Irlanda dentro de Gran Bretaña. Además de ello, el español hace de informante para los servicios de inteligencia británicos, un juego a dos bandas tremendamente peligroso en unos años en los que los atentados y la represión policial son el pan de cada día.

Manolo se nos presenta como un tipo duro, al que los conflictos morales apenas le afectan; como él mismo deja claro en una conversación, se considera un soldado y se limita a ejecutar y a dar órdenes. Su única flaqueza son sus hijos, ya que su relación con su mujer está ya muy debilitada. De hecho, ante la posibilidad de ser descubierto como soplón por sus compañeros de la UVF —algo que planea sobre su cabeza durante toda la historia— el único de sus miedos es el futuro de sus vástagos, así como que ellos no sean testigos de una detención que, presupone, no sería pacífica ni discreta.

Este trabajo es el resultado de la colaboración conjunta de Steve Polls (dibujo), Sergi Pareja (guion) y Fran Vázquez (color). Pese a que no soy un lector asiduo de cómics, durante el tiempo que he pasado con éste he podido apreciar la calidad de las ilustraciones. El dibujo es atractivo y explícito, por lo que en ocasiones apenas requiere de diálogos para hacernos ver lo que ocurre. Predominan los colores oscuros y fríos, que ayudan a reflejar el ambiente en el que nos introducen los autores: un Dunbury violento, industrial, en el que nadie sabe de quién puede fiarse y todos se preguntan cuánto falta para que se produzca el siguiente ataque.

No voy a negar que en algunos momentos de la lectura me ha costado entender el porqué de algunos de los giros de la trama. No en vano, a pesar de los esfuerzos de los autores por facilitar la comprensión del conflicto, se trata un acontecimiento en el que intervinieron fuerzas diversas y, si bien ninguna controversia suele poder reducirse al mero maniqueísmo, en este caso resulta aún más complicado valorar el papel de cada interviniente.

Por último, destacaría el alto ritmo de la trama, ya que en las poco más de cien páginas que ocupa esta obra se recogen situaciones muy diversas: redadas policiales, venta ilegal de armas para sufragar el terrorismo, manifestaciones violentas sofocadas con más violencia, partidos de fútbol en los que la principal motivación es la pelea posterior entre las hinchadas… Sin duda Normal Life me ha resultado un cómic interesante y atrevido, que recoge el siempre peliagudo tema del terrorismo bajo una perspectiva original y nada partidista.

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Assassination Classroom 15, de Yusei Matsui

assassination classroom 15

assassination classroom 15«¡El sonido de los disparos retumba en el aula a primera hora de la mañana! La clase de 3º-E de la escuela secundaria Kunugigaoka es un aula de asesinato en la que todos los alumnos intentan matar a su profesor. ¡Empieza una peculiar dinámica diaria entre profesor y alumnos, que son víctima y asesinos en potencia respectivamente!».

Las premisas de los mangas suelen plantear dilemas morales muy atrayentes. Por eso, cuando leí la sinopsis de Assassination Classroom, de Yusei Matsui, no me fijé en nada más y me lancé a leerlo. Entonces me percaté del número 15 que acompaña al título y me di cuenta de que me había perdido demasiados capítulos de esta historia. Obviamente, me temí lo peor. Pero la presentación de personajes, el breve resumen inicial y los continuos recordatorios de acontecimientos anteriores han hecho posible que me ubicara en la trama y disfrutara de este volumen en solitario, aunque haya comenzado la lectura en un punto avanzado de la historia. Queda claro que, un tiempo atrás, un monstruo destrozó la Luna y, después de anunciar que dentro de un año haría lo mismo con la Tierra, se convirtió en el tutor de la clase 3º-E, donde acaban todos los alumnos que se portan mal, despreciados por el resto de la escuela. En el volumen 15 están a mitad de curso y este peculiar profesor ya ha salido airoso de más de una tentativa de asesinato. Los alumnos, muy aplicados, no dejan de intentarlo, por supuesto.

Es inquietante que tu tutor sea un monstruo que amenaza con destruir el mundo. Que el objetivo de la asignatura sea matarlo, también, y más aún cuando su nombre, Korosensei, significa «profesor imposible de matar». Pero el colmo es su ¿simpático? aspecto, su amabilidad y su perenne sonrisa.

korosensei

«Uno: Tratad de matarme de modo que os puedan mirar con orgullo y una sonrisa en el rostro.
Dos: Aceptaré cualquier intento de asesinato en cualquier momento, siempre y cuando eso no suponga un obstáculo a vuestros estudios.
Tres: No haré ningún daño a los alumnos que traten de matarme. Más bien me encargaré de que no se oxiden los cuchillos».

Según Korosensei, no los está enseñando a matar, sino a vivir. Tanto él como el director y los alumnos dejan algunas reflexiones sobre los ideales educativos y la muerte, y ahondan en esa dualidad de la moral de la que hablaba al principio. Su lectura, al igual que la de otros títulos manga, te deja con la sensación de no saber diferenciar el bien del mal.

En el volumen número 15 de Assassination Classroom se desvelan algunos secretos que sorprenderán a los que siguen este manga desde el principio, y estarán un poco más cerca de saber el verdadero motivo por el que hay que matar al encantador Korosensei antes de que finalice el plazo de un año. A los lectores despistados como yo, les plantea las suficientes preguntas para que se interesen por esta colección y quieran descubrirla desde el principio. Son 21 volúmenes (si no me equivoco) y además hay película, anime y videojuego inspirados en ellos. Así que, después de todo, no he llegado tarde: me queda mucho por descubrir de Assassination Classroom y su desconcertante protagonista.

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Ojos grises, de Llor, Vidal y Battle

Ojos grises

Ojos grisesMuchos fans de Auronplay y El Rubius no se lo creerán, pero hubo una época en este país en que los niños luchaban por pasar el máximo tiempo posible en la calle. En esos años no hacía falta Educación para la Ciudadanía: entre lo que aprendías de los que eran un par de años mayores que tú y lo que comprendías cuando tus padres cogían la zapatilla a la primera de cambio (sin temer que les cayera una denuncia por ello) era más que suficiente. En aquellos tiempos, que a algunos sólo nos pillaron de pasada, las aventuras las vivías por ti mismo, sin necesitar ningún avatar de colores vistosos y un nombre con muchos números al final. Y ahora que hago un parón en la escritura para releer lo que he escrito y ser consciente de lo viejoven que me he vuelto, voy a contaros de qué manera exponen esa época Fernando Llor, Roger Vidal y Àlex Batlle, los autores de Ojos grises.

Este breve cómic publicado por Panini nos sitúa en el verano de 1990, en el barrio de Poblenou, un histórico núcleo industrial de la ciudad de Barcelona. Allí vive Lucho, un chico de 14 años, que lleva una vida relativamente tranquila hasta que una noche es testigo del asesinato de un joven a manos de un policía. A partir de ese momento el chaval se ve superado por la situación; ¿debe contar lo ocurrido?, ¿en quién puede confiar?, ¿quién va a creer la versión de un adolescente por encima de la palabra de un policía?

Si algo destacaría por encima del resto de este trabajo es lo bien ambientado que está, tanto a nivel de guion como de dibujo. Los tonos fríos predominan sobre el resto, lo que ayuda a dar una estética más noventera al tiempo que los escenarios, calles humildes plagadas de grúas, reflejan perfectamente el espíritu de un barrio obrero. Esto se percibe también en los personajes, tan estereotipados como creíbles: el padre de familia que vive en un eterno estado de mal humor, principalmente por su miedo a perder el trabajo, los niños que sólo pisan su casa para comer y que no pueden evitar meterse en líos, los jóvenes que comienzan a verse superados por sus adicciones a las drogas…

A pesar de su brevedad o precisamente gracias a eso, Ojos grises me ha dejado un gran sabor de boca, ya que ha sido capaz de hacerme recordar —y envidiar, por qué no decirlo— esos años en los que los barrios de las ciudades eran como pueblos, en los que la gente se conocía y conversaba más allá de la tensa conversación de veinte segundos en el ascensor. Y también porque, dentro de lo que en apariencia es una trama sencilla, se esconde más de una invitación a cuestionarnos nuestros principios, a hacernos ver que nada es blanco o negro por completo, sino que, tanto hoy como hace veinticinco años, estamos forzados a vivir en una continua lucha contra nuestras contradicciones y nuestros debates morales. Una idea que podría resumirse en una de las preguntas que hace Lucho a su madre una noche, mientras ambos conversan en la terraza: «¿Hasta dónde hay que llegar por hacer lo correcto?».

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Las hadas ya no existen, de José Fonollosa

las hadas ya no existen

las hadas ya no existenLas hadas ya no existen, así de triste es nuestro mundo. José Fonollosa lo sabe y por eso esta historia lleva años rondándole por la cabeza, variando de forma: desde aventura épica hasta comedia adorable. Pero cuando por fin las ilustraciones han cubierto las hojas en blanco, el tono no ha sido ni uno ni otro. Las hadas ya no existen es un cuento oscuro, pero no por ello exento del encanto de la magia.

El hada Bella Noche renace en el mundo de los humanos. Desubicada, observa cómo ha cambiado todo. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Nadie parece acordarse de ella ni de las de su especie, ni siquiera las ratas, el clan que siempre se encargó de protegerlas. Bella Noche se niega a creer que sea ella la última del Pueblo Noble y se adentra en la ciudad, dispuesta a encontrar a sus hermanas. El permanente ruido de coches y máquinas, el olor viciado de las calles, el mal humor de los humanos…, nada queda del lugar que una vez conoció.

El hada protagonista es la que da el toque de dulzura al relato, aunque esté lejos de ser una indefensa y delicada criaturilla. Sin embargo, lo que se cuenta, tanto los acontecimientos pasados como los presentes, es triste e incluso macabro en algunos momentos. Gran culpa de ello la tiene el villano, un personaje tremendamente interesante que le da una vuelta de tuerca más al simbolismo de la obra, que ya de por sí tiene varias lecturas.

Fonollosa ilustra la aventura de Bella Noche con imágenes en blanco y negro, a veces cercanas al boceto, con pocos detalles. Pero, pese a la aparente sencillez, el movimiento es asombrosamente fluido. Los planos parecen grabados por una cámara que sigue a la pequeña hada perdida por la gran ciudad y que hace zoom en el momento preciso para que no perdamos detalle. Las viñetas, como secuencias de una película, nos atrapan, y cuando queremos darnos cuenta, hemos llegado a la última página sin haber soltado el cómic en ningún momento.

¿Es esta hada el último reducto de la infancia perdida, esa que ya no vemos por ninguna parte, aunque en secreto la busquemos con el rabillo del ojo? Quizá. Bella Noche: la ilusión olvidada; la ciudad anodina: las obligaciones de la edad adulta que arrasan con todo a su paso. Tal vez esta solo sea mi interpretación de Las hadas ya no existen, pero igualmente es una triste historia, en la que es necesario el regreso de las hadas —de la mirada infantil de cuanto nos rodea— para transformar nuestras monótonas vidas.

No podemos ser niños de nuevo, sentir con la misma intensidad de entonces que todo es posible, ¡ojalá! Pero podemos leer el magnífico cómic de José Fonollosa, rescatando la curiosidad y valentía que perdimos tras la infancia y mandando a paseo el raciocinio que se impuso después, aunque sea por unas horas. Creer que las hadas han vuelto y que de nosotros depende que se queden, ¿no sería maravilloso?

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El Castigador: En el principio, de Ennis y LaRosa

el castigador en el principio

el castigador en el principioCreo que no exagero si digo que, tras treinta años dando botes por el universo Marvel, Frank Castle acabó encontrando al guionista que mejor entendió su drama interno y su personalidad: Garth Ennis. El guionista que se dio a conocer entre el gran público por su Predicador y toda una serie de obras de talante gamberro tuvo un primer acercamiento al Castigador en una miniserie que resultaba irónica: en el tono socarrón habitual de Ennis, Punisher no era más que una parodia de sí mismo, tn sólo una excusa para un cómic descerebrado del montón. Pero hete aquí que Garth Ennis tuvo una nueva oportunidad para acercarse al personaje, pero esta vez desde una perspectiva seria. Iría hasta el fondo de su psique para tratarlo de una forma verdaderamente adulta y realista. Y de esa nueva interacción con el personaje salió la maxiserie que ahora Panini edita en su colección Marvel Sagas, y que ya se inició con el tomo Nacimiento.

En el principio es el segundo tomo de la saga, guionizado por Ennis y dibujado en su totalidad por Lewis LaRosa. Tras los episodios en los que el guionista irlandés nos situó en la guerra del Vietnam para entender las motivaciones más profundas del personaje, ahora nos lleva al otoño de la vida de Frank Castle. Es un personaje maduro, entrando ya en la vejez, cansado de una lucha eterna contra el mal, pero aún así su empeño no ha cedido ni un ápice. Atrás ha quedado la sed de venganza por el asesinato de su familia. Ahora todo lo que le queda a Frank es la batalla que libra contra el mal, en la que se ha perdido completamente. Los últimos vestigios de humanidad han acabado cediendo a través de la pervivenvia de su guerra personal, y en esta ocasión, se enfrentará a todas las familias de la mafia en un sanguinario enfrentamiento en el que no hay vuelta atrás. Al mismo tiempo, la CIA intenta contactar con él para proponerle trabajar para ellos contra el terrorismo internacional, para lo que han obtenido la ayuda de un antiguo colaborador de Castle, Microchip, al que los lectores habituales de Punisher reconocerán.

Una vez liberado de la censura propia de Marvel, Ennis es capaz de crear al Castigador definitivo. La obra no da tregua al lector y la acción le envuelve casi desde la primera página. Ennis da inicio al volumen con un desgarrador y explícito recuerdo de la muerte de la mujer e hijos del protagonista para luego llevarnos a una montaña rusa que no hace sino escalar.

El Castigador: En el principio tiene la suerte de contar con un dibujante de excepción, Lewis LaRosa, que con su trazo realista pero sucio resulta un acierto estilístico definitivo. La planificación de página sigue un esquema bastante rígido: la mayoría de ellas son viñetas apaisadas que simulan una gran pantalla de cine, y el peso del trazo se dirige a los fuertes claroscuros que dominan la narración. Hay veces en las que incluso podríamos decir que el rostro sumido en las tinieblas de Frank Castle nos recuerda vivamente al de Clint Eastwood: un rostro duro, indomable, ideal para representar al Castigador.

Sin concesiones, con un Ennis más comedido en su vena más bufonesca, esta nueva entrega de El Castigador es el inicio de la historia definitiva de Frank Castle. Una historia que atrapa al lector desde sus primeros compases y lo arrastra a una espiral de violencia y destrucción hasta su conclusión. Un Ennis en estado de gracia que, afortunadamente, se toma en serio a sí mismo y al personaje para ofrecernos una historia crepuscular teñida de odio y venganza, pero sin evitar el que, estos mismos elementos nos impidan reflexionar sobre la verdadera naturaleza de la violencia y de sus límites. ¿Y sabéis qué es lo mejor de este tomo? Que no hace más que comenzar lo que seguirá en los siguientes.

@cisnenegro

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Lorca, un poeta en Nueva York, de Carles Esquembre

Lorca un poeta en Nueva York

Lorca un poeta en Nueva YorkFederico García Lorca es el poeta español más leído en el mundo, y yo no conozco ni uno solo de sus poemas. La poesía, en general, me da pereza, me abruma, no me atrevo, y es una de mis eternas cuentas pendientes, un punto rojo en mi expediente de lectora voraz. Pero en el caso de Lorca me siento aún más culpable, no solo porque sea nuestro poeta más reconocido, sino porque sus obras teatrales me han maravillado. La casa de Bernarda Alba, Yerma o Bodas de sangre reflejan la psicología femenina y las opresiones sufridas con una profundidad extraordinaria, de la que solo es capaz aquel que tiene una sensibilidad y habilidad fuera de lo común. Por eso quiero leer al Lorca poeta, de verdad que quiero, aunque postergue el momento una y otra vez. Al ver la novela gráfica Lorca, un poeta en Nueva York supe que era la lectura perfecta para conocer un poco más del célebre poemario y, quizás, liberarme al fin de mis últimas reticencias.

Lorca, un poeta en Nueva York es una novela gráfica de Carles Esquembre, un músico y dibujante valenciano de treinta y un años. A partir de materiales y testimonios de la época, Esquembre narra el viaje que el poeta granadino hizo a Nueva York. Las ilustraciones, en blanco y negro, son de trazo cuidado y ricas en detalles. Además de ser un placer recrearse en ellas, es posible sentir las emociones de Lorca y la magnificencia de la ciudad sin ni siquiera leer los diálogos. Visualmente es una delicia, pero es que la historia que cuenta —la de una época y la de un hombre excepcional— es cautivadora.

El viaje a Nueva York, con la excusa de aprender inglés, fue trascendental para la vida de Lorca y también para la historia de la poesía universal. En esta novela gráfica se cuenta ese viaje mostrando el lado humano de Federico García Lorca: sus obsesiones y miedos, su creatividad y mirada artística y crítica de cuanto le rodeaba. En Nueva York, esa gran ciudad en la que en solo «tres calles cabe toda Granada», presenció desde el levantamiento de los edificios más emblemáticos —el Chrysler estaba en plena construcción— hasta el crack del 29 y sus «ríos de sangre y oro»; se adentró en Harlem, «el auténtico Broadway», e incluso se saltó la ley seca en numerosos bares clandestinos. Conocemos Nueva York a través de sus ojos, siendo la urbe la otra gran protagonista de esta obra, como no podía ser de otra manera, y sus infinitos rascacielos contrastan con el pequeño Lorca. Pese a todo, él es el punto de luz en el plano de una ciudad «mecánica, deshumanizada y cruel», con una «geometría y angustia» que le inspiraron para crear el poemario que le daría fama mundial. El joven artista necesitaba huir de la etiqueta de poeta gitano, de su estilo localista y folclórico, y Nueva York le sirvió para coger perspectiva de su país (una España dominada por Primo de Rivera), tomar conciencia de un mundo muy diferente al suyo y del fin de una época, e incluso pronosticar su fatal desenlace.

Lorca no quería que el mito trascendiera al hombre, pero su prematura muerte no le dio alternativa. Sin embargo, esta biografía gráfica de Esquembres consigue que el hombre eclipse al artista para rendirle el homenaje que merece como tal. Pero como en Lorca parece imposible la disociación entre ser humano y artista, Lorca, un poeta en Nueva York es también un homenaje a la obra que le da nombre. Su lectura sirve para que los conocedores del poemario lo relean con nuevos ojos y para que el resto de lectores deseen adentrarse en él sin demora, sobre todo si ya disfrutaron de sus obras localistas, y comprobar cómo esos versos rompieron todas las etiquetas que encorsetaban a Lorca. Carles Esquembres nos hace ver, sentir y entender cómo Lorca escribió ese retrato atemporal de la ciudad que nunca duerme y por qué supuso «un grito para los que se quedan sin aliento». Así que, como este joven dibujante ha acabado con todas mis reticencias respecto a leer de una vez por todas Poeta en Nueva York, he de agradecérselo recomendado esta, su primera novela gráfica, una lectura imprescindible para los admiradores de nuestro poeta más universal.

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Crononautas, de Mark Millar

crononautas

crononautasBueno, bueno… No tenía ni idea, pero ni de lejos, de lo mucho que iba a disfrutar este cómic. Me ha encantado. Y tampoco decía mucho la sinopsis. Lo justo. Es lo bueno de dejarte guiar a veces por tus intuiciones. Lo único que sabía de él era lo que aparece en la web de Panini: “Dos genios científicos se embarcan en el primer viaje en el tiempo de la historia, que les llevará desde la Antigua Roma hasta los mejores conciertos de los años ochenta, pero jugar con la Historia no siempre tiene consecuencias divertidas”.

Viajes en el tiempo y cómic es algo que siempre combina bien (aunque ahora mismo no recuerdo el título de ninguno). Pero viajes en el tiempo, cómic y Millar… ¡Por Odín bendito! ¡Compro, compro! ¡Toma mi dinero, Millar, y cuéntame lo que te salga de… de donde te salgan las ideas! Supongo que no hace falta decir quién es Millar, ¿verdad? Da igual, de todas formas, lo diré por si acaso: otro Midas de los cómics. Guionista de Wanted, Kick Ass, Kingsman, Superman: Hijo rojo, Lobezno: El viejo Logan, The Ultimates, Civil War… Un guionista al que se acusa de hacer cómics con miras a que sean trasladados al cine. Puede que sea verdad, (y eso que Civil War, la serie de superhéroes más vendida de la industria en los últimos veinte años, surgió cuando las pelis de estos todavía estaban muy lejos de ver la luz), pero, ¿realmente importa? Si entretiene, si es visual y argumentalmente bueno, ¡¿qué más da?! Que yo sepa, nadie se ha quejado de que a Stephen King le adapten al cine o a la televisión la mayoría de sus libros… (Por cierto, Crononautas se va a llevar al cine –imaginad un emoticono de guiño aquí–).

A lo que iba: Millar es sinónimo de diversión, de historias originales y muy visuales, que conectan con el gran público y hasta con la crítica.

Aclarada la identidad de Millar, y siempre sin confundir con otro grande, Miller, sigamos.

¿A que parece que ya se ha hecho de todo con los viajes en el tiempo? Pues va a ser que no. Y es que esto de los viajes temporales, como casi cualquier tema, tiene tantos enfoques y variaciones posibles como se nos puedan ocurrir. ¿Y qué faltaba? El toque gamberro.

Sí. Si algo es Crononautas es gamberro. Es algo que se nota desde la primera hoja y nada más ver el dibujo, que por cierto, es soberbio. Mientras lo estaba leyendo no dejaba de pensar: “hay que ver lo mucho que se parece este dibujo al de American Vampire…” Y eso es porque el arte corre a cargo de Sean Gordon Murphy. Ahí es nada. Un dibujo de trazos simples y ligeros pero no por ello menos bueno. Qué va. Es grandísimo, es cojonudo. Me mola muchísimo. ¡Te da la vida ver ese dibujo!

Y todavía no he hablado del meollo, que en resumen es que el científico Corbin ha conseguido hacer la máquina del tiempo en forma de satélite y  retransmitir por televisión la batalla de Gettysburg de 1863. Poco después, el doctor Reilly, amigo del alma de Corbin logra mejorar la máquina y adaptarla a unos trajes que también retransmiten la señal de video. Lógicamente el siguiente paso no es otro que viajar en persona y ahí se lanza Corbin. Pero algo va mal y durante el salto temporal la base pierde el contacto con el viajero. Sin pensárselo dos veces y con la inicial oposición del resto del equipo técnico, Reilly irá al rescate.

Samarcanda 1504, Egipto 3000 a. C., Japón 1220, Nueva York 1929, Belén hace 2000 años, algún lugar del planeta hace 65 millones de años… son algunos de los lugares y momentos a los que acudiremos en compañía de estos dos tíos que parecen más salidos de una peli tipo Colega, ¿dónde está mi coche? que científicos.

Millar se concede la licencia de saltarse esa máxima sagrada de todo periplo temporal consistente en no tocar o alterar nada del pasado porque cualquier insignificante acción podría acarrear consecuencias impensables en el futuro. Lo dicho, para ser científicos se pasan la física cuántica bastante por el forro. Pero no importa, nosotros también se lo vamos a pasar por alto.

Y aunque hay mucho, muchísimo humor, o comedia mejor dicho, también hay hueco para la introspección personal y para saber que Corbin está a gusto en cualquier época y lugar mientras no sea el presente.

Está en el aire saber si habrá más números de esta serie y aunque aún no es seguro, todo parece apuntar a que sí. Yo lo espero de verdad porque Millar con este juguetito que se ha inventado puede hacer auténticas virguerías, provocar situaciones descojonantes y aterradoras a la vez si juega bien las cartas y dejarnos a todos con la sensación de un dinero más que bien invertido y con ganas de más. Y, además, es que, ¡maldita sea, tiene que hacerlo!

La historia, la forma de contarla, los giros, los carismáticos y cabroncetes protas, las anécdotas, los gags, dibujo y color,… todo me parece fantástico.

Un buen cómic que me ha sorprendido y entusiasmado y el cual recomiendo absolutamente.

Diversión total.

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Civil War II 1, de Brian Michael Bendis, David Marquez y Justin Ponsor

civil war 2 1

civil war 2 1 La palabra que me viene a la mente cuando quiero describir lo que me sucede al empezar una lectura es la siguiente: emoción. Luego, por diferentes cuestiones, puede ser que lo que estoy leyendo termine por convertirse en un auténtico bochorno o que, por el contrario, se convierta en una lectura tan entretenida y llena de velocidad, que uno piense: joder, qué rápido se termina lo bueno. Todo esto viene porque la segunda de las opciones es lo que me ha sucedido con Civil War II 1. Creo que hacía tiempo que un número uno de una serie no me hacía pasarlo tan bien. Me he tragado series enteras, con sus colecciones adyacentes, que no han conseguido hacer que me entusiasme a la hora de leer y ver cómo iba en el metro deseando que no llegara mi parada para poder seguir leyendo – andar y leer no se llevan bien con mi cuerpo – es una de esas suertes que uno tiene a veces por poder compartirlo con los demás. Y es que si en la reseña del preludio a este número hablaba de ponernos en situación, en este primer tomo, o primera grapa, o como queráis llamarlo, todo es tan vertiginoso que, aunque pueda parecer que lo que se nos presenta no es todo lo novedoso que se esperaba, a mí me ha hecho reconciliarme de alguna manera, por muy poco que sea, con esas tardes que pasaba en mi casa devorando todas las novedades mensuales deseando saber qué es lo que sucedía en mis cómics favoritos. Eso ya vale todo lo que uno se pueda imaginar.

Hay que alabarle el gusto – aunque sea por una vez – a Brian Michael Bendis. Recuerdo que cuando leí Invasión secreta me cabreé, y me prometí a mí mismo que no volvería a caer. Pero supongo que el hype es mucho mayor a veces y que uno tiende a caer en los mismos errores una y otra vez hasta que, sin saber muy bien por qué, da en la diana en el momento oportuno. La historia que nos presenta tiene un resumen en la pregunta que se publicita desde el principio: ?proteger el futuro o cambiarlo? ¿Quién no ha pensado alguna vez en lo que sucedería si pudiera saber lo que va a suceder? ¿Lo cambiaría o lo dejaría tal y como está? Esa es la disyuntiva a la que se van a enfrentar Iron Man y la Capitana Marvel. No hay bandos todavía, simplemente nos ponemos en la casilla de salida después de que uno de los personajes de la serie sea aniquilado y la cuerda empiece a tensarse. Es difícil hablar de un cómic de estas características sin dar ningún detalle que estropee el momento de leerlo. Me muerdo la lengua para no gritar a los cuatro vientos lo que sucede en él, pero no debo. Sólo unas breves pinceladas que den lugar a que más de uno se acerque a su universo y que descubra que, por una vez – pongámosle en cuarentena al menos en este número -, Bendis ha vuelto a lo que debería haber dejado jamás: entender lo que quieren los lectores y no en lo que él quiere.

Un número, en resumen, muy jugoso. No sólo por su guión que, aunque no lo parezca, bebe de muchas otras referencias del universo Marvel, sino también por lo que para mí ha sido la gran sorpresa: el dibujo. No me lo esperaba. Una combinación perfecta entre lo que se nos cuenta y lo que vemos, un detalle muy alentador el que nos propone David Marquez y que consigue atrapar a aquel que lo lee. ¿Es posible que estemos ante un nuevo rumbo de la industria, y esta vez en positivo? Alejándonos un poco de aquellas historias donde prima la acción y la explosión por doquier, este número más contenido – salvo en su inicio, pero todos sabemos que tanto en los cómics como en las películas de este tipo, necesitamos una buena batalla para centrar nuestra atención – y centrado en el germen de lo que va a ser el conflicto de la temporada, se agradece en estos tiempos donde las malas ideas reinan por todos lados. Y ojo, digo “malas” y no “nuevas” porque está claro que lo que aparece en Civil War 2 1 es una vuelta a los orígenes y a lo que lo empezó todo. Ahora, después de que uno haya llegado a la última página de este volumen, sólo le queda preguntarse lo que sigue que es lo que hará que siga la colección completa: ¿de qué bando estás tú?

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Civil War II 0, de Brian Michael Bendis, Olivier Coipel y Justin Ponsor

civil war 2 0

civil war 2 0 Todos aquellos que hayan sido, sean o pretendan ser, seguidores de las sagas a las que Marvel nos tiene acostumbrados han oído, oyen u oirán la siguiente frase: “empieza con Civil War, y prepárate para que te explote la cabeza del gusto”. Obviamente esto es lo que escuché yo cuando empecé en esta andadura del mundo de los cómics, pero se entiende lo que quiero decir. Creo que nunca un evento causó tanto furor en el imaginario colectivo de fans de este género. Supuso una ruptura con casi todo lo que habíamos leído; puso sobre las cuerdas a dos de los personajes – Iron Man y el Capitán América – más irónicos del mundo marvelita y sentó las bases de lo que estaba por llegar – aunque, en mi opinión, no hayan tenido la misma repercusión ni el mismo trasfondo, salvo honrosas excepciones -. Y si bien es cierto que siempre he dicho que los tiempos están cambiando, también es muy cierto que el hombre, los guionistas, los editores, saben perfectamente que “si algo funciona, ¿por qué vas a dejar de hacerlo?”. Y así, tiempo después, se nos presenta una nueva guerra civil, o al menos en este Civil War II 0, un preludio de aquello que nos quiere prometer que todo lo que conocíamos va a cambiar – aunque esté cansado de escuchar esta frase todavía me sigue poniendo los nervios a flor de piel por si realmente sucede – y que deja a las claras algo que ya había supuesto: lo que nos gusta que nuestros superhéroes favoritos peleen entre ellos.

Bien, voy a intentar desgranar lo que sucede en este número 0 sin contar demasiado. ¿Que cómo lo voy a hacer?, os preguntaréis. Pues realmente, ni idea, pero por intentarlo que no quede. Se nos presenta a Hulka en un juicio. Aunque pueda parecer algo raro en un principio, más adelante – en el número 1 que ya tengo pensado reseñar – entenderemos ese foco de atención a un personaje que, para mí, no tiene mucho interés. No he seguido su trayectoria, las series que ella ha tenido como protagonista han pasado por mis ojos sin pena ni gloria, pero he de decir que lo que aquí sucede es un buen punto de inicio para ponernos en situación así como ver a otra de las protagonistas de este nuevo evento: Capitana Marvel. Continuemos. Seguimos con los Inhumanos. Y aquí sí que me detengo. Porque es uno de esos grupos que a mí me encanta. Para aquel que no sepa de qué va la historia, el caso es que una niebla terrígena ha llegado a la Tierra y todo aquel que tiene ADN inhumano, al ser tocado con aquella se convierte en uno aunque no haya desarrollado sus poderes nunca. Y aquí tenemos a Ulysses: el centro de toda la atención. Sólo sabremos que lo que ve es el mismísimo apocalipsis, una ciudad completamente arrasada. Pero lo bueno viene ahora. Hasta ahora todo ha sido un mero trámite. La siguiente escena es una lucha contra uno de los villanos más conocidos del mundo Marvel. Y las consecuencias de esa batalla, ay las consecuencias de esa batalla, serán con seguridad el detonante de todo, lo presiento, lo intuyo, porque aquí uno de los personajes que todos conocemos acaba de morir, de palmarla, de dejar de respirar y yo me quedo con la pregunta en mi mente: ¿qué va a suceder a partir de ahora?

Las comparaciones siempre resultan odiosas. Por necesidad. Y si bien es cierto que ya por el simple hecho de llamarse Civil War II 0 la mente se dirige irremediablemente a aquello que ya vivimos y que nos dejó tan buen sabor de boca, creo que hay que darle una oportunidad alejando las expectativas. Por una vez, Brian Michael Bendis, al que he considerado hasta no hace mucho uno de los mayores vende humos de este planeta, ha conseguido hacer que pique mi curiosidad. Un preludio que puede leerse o no pero que yo recomiendo por una simple cuestión: cuando todo estalle por los aires, ¿quién te dice a ti que no te estás perdiendo algo? La serie central empieza fuerte – quizás no tanto como esperaba o, al menos, no con la misma carga emocional que su predecesora, pero eso no importa ahora – y nos deja con ganas de más. ¿Es eso razón suficiente para que empecemos a leer? Si no lo es, perdonadme, pero a mí me basta y me sobra. No pido más a una publicación que me promete lucha interna y poner en tela de juicio qué es aquello que estaríamos dispuestos hacer por el futuro. Ya lo entenderéis en la siguiente reseña.

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Locke and Key Omnibus 2, de Joe Hill y Gabriel Rodriguez

locke and key 2

locke and key 2Bienvenidos de nuevo a este terrorífico paseo más allá de la Puerta Negra, en las cavernas bajo Lovecraft. Después de reseñar el primero de los lujosos tomos integrales que Panini ha sacado recopilando la obra de Joe Hill y Gabriel Rodríguez, ha llegado por fin la hora de volver a cruzar el umbral para conocer el final de esta espectacular novela gráfica. Al igual que pasara con el primer tomo, en éste se recogen los tres últimos arcos argumentales completos que ponen fin a la trama: “Las Llaves del Reino”, “Mecanismos de Relojería” y “ Alfa y Omega”.

En esta ocasión vamos a conocer muchas más cosas sobre las misteriosas llaves a través de pequeños viajes al pasado de la familia Locke. Conoceremos a Ben Locke, un joven herrero que ocupa La Casa de las Llaves en los tiempos de la Guerra de la Independencia estadounidense y quien, de alguna forma, tendrá un papel determinante en el futuro de todos sus descendientes. También conoceremos el pasado de Rendell Locke y el momento en el que este tiene su primer contacto con las llaves y con la Puerta Negra que se encuentra en las cuevas cercanas a la mansión, un momento que maldecirá durante el resto de su vida.

No creo que exagere demasiado si digo que Locke & Key es una de las mejores series independientes que ha dado el cómic americano en los últimos años. Una serie fantásticamente planteada, con una estructura muy estudiada y sin perderse en números de relleno. La extensión de la obra (más de mil páginas) es perfecta para presentar la historia, sus personajes, hacerlos evolucionar y plantear un desenlace espectacular, coherente y a la altura del resto de la obra. El trabajo tanto de Hill como de Rodríguez es brillante por momentos con pinceladas de absoluta genialidad. Hay capítulos en los que gráficamente cuesta mucho avanzar porque te quedas embobado con la propuesta del dibujante.
Y hablando del dibujo, el trabajo de Gabriel Rodríguez, un artista prácticamente desconocido hasta el momento en el que se hizo cargo de los lápices de esta serie, es sencillamente espectacular. Sigue haciendo gala de un trazo no excesivamente fino pero el detalle, la expresividad y la elegancia de la que dota a sus personajes es precisamente el complemento ideal para el trabajo de Hill. Rodriguez hace una apuesta en este tomo por un uso más indiscriminado del color, hecho que sin duda hace que el lector disfrute de una manera mucho más primaria de las numerosas escenas a toda página que guarda este tomo.

El ritmo es trepidante. Todas las líneas paralelas corren con igual interés, a una velocidad de vértigo. El final es tan brillante como coherente, dejando un fantástico sabor de boca. Los conflictos se resuelven con inteligencia y deja al lector satisfecho. Contiene la intensidad de las grandes historias sin adolecer de falta de profundidad. De nuevo Hill hace una gran puesta en escena de todos los matices emocionales que tiene esa fase tan complicada de la vida a la que llamamos adolescencia, dándonos gotas de envidia, amor no correspondido, egoísmo, sueños imposibles, Shakespeare y llaves mágicas.

Son muchos los momentos a destacar dentro de las páginas de este tomo. Yo, sin duda, me quedo con el episodio en el que se recrea un momento mítico de Carrie. Este homenaje de Hill a la primera novela y adaptación al cine de una obra de su padre, es simplemente maravilloso.

No quiero cerrar esta puerta sin decir que la edición que ha hecho Panini de esta obra es una auténtica delicia. Además de la encuadernación de lujo y la sobria portada, nos regala un material adicional que nos da una información que empuja a releer la novela. Ahora sí, es hora de cerrar la última puerta y aunque los oxidados goznes de metal griten a viva voz que tras su umbral quedan aún muchas historias por desvelar, solo me queda girar la cerradura y lanzaros la llave. Si habéis llegado hasta aquí, ya sabéis qué tenéis que hacer con ella.

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