
Cuando se habla del futuro de la Tierra siempre me viene a la cabeza una imagen muy elocuente que aparecía en el libro El universo en una cáscara de nuez. En ésta se mostraba una Tierra al rojo vivo y millones de humanos tocándose hombro con hombro. El tema que trataba Stephen Hawking en el capítulo en el que aparecía dicha imagen era el futuro de la especie humana. El abanico de posibilidades que se revelaba intentaba ser lo más optimista posible, pero también realista. Según el autor, el crecimiento exponencial no solo de la población sino también de la tecnología y la dependencia que esta tenía de la electricidad nos llevaría a un mundo de súper población extrema que gastaría ingentes cantidades de energía, consiguiendo que el planeta azul se tornara rojo. Y un pensamiento lleva a otro además de a todas esas incógnitas que orbitan a su alrededor. ¿Si llegamos a ese extremo, a ese punto de no retorno, qué soluciones existen? Vale, aquí es cuando entra en escena La Esfera de Dyson.
Imaginad una megaestructura esférica; grande no, ni siquiera titánica, más bien de tamaño astronómico. Eso significa que el radio de esa construcción sería equivalente, como mínimo, al de una órbita planetaria. Sí, ahora empezáis a tomar conciencia real de su tamaño. Su interior sería hueco con el objetivo de envolver a un sistema planetario, en nuestro caso: El Sistema Solar. El objetivo de esta obra de ingeniería que escapa a la imaginación humana sería aprovechar al máximo la energía del Sol, ya que ahora mismo solo recibimos una pequeña porción. Ahora ya sabéis qué es una Esfera de Dyson. También debéis saber que de momento es un tipo de construcción inviable para ser llevada a cabo por la raza humana. Todo ello forma parte de un ejercicio mental que propuso en 1960 el físico Freeman Dyson para especular sobre la vida a largo plazo de las civilizaciones y cómo estas civilizaciones, de existir, podrían ser descubiertas mediante patrones de consumo desde largas distancias.
Así pues, las Esferas de Dyson, por el momento, no existen. Pero no lloréis, pues una idea tan jugosa no podía pasar desapercibida por la comunidad de escritores de ciencia ficción. Blame! Master Edition 1 de Tsutomu Nihei forma parte de esa lista de obras que han tomado ese concepto como base para relatar una historia.
Empezamos Blame! cruzando un puente de metal del cual apenas se puede ver el final. Cruzándolo hayamos a dos personas. Killy es un muchacho que hace años que vaga por un mundo de acero y hormigón en busca de un humano que tenga todos los cromosomas intactos. A su lado camina un niño que parece ser ese humano que andaba buscando. Pero ha habido tantos antes… Enseguida se cruzan con un tercer personaje: un ser mitad humano mitad máquina. Es en este punto cuando la aventura comienza y la historia se llena de interrogantes: ¿Quién es realmente Killy? ¿Qué es lo que realmente está buscando? ¿Qué fue de la raza humana? ¿Qué lugar es ese en el que existen cientos, miles, millones tal vez de salas, pasadizos y escaleras que parecen no llevar a ninguna parte? La única forma de averiguarlo es seguir los pasos de Killy.
Blame! es un manga de ciencia ficción con claras inclinaciones hacia la acción desenfrenada. Aquí las imágenes mandan; y el caso es que es literal. Puedes llegar a pasar más de una veintena de páginas sin encontrar un solo bocadillo, y cuando lo hay es para aclarar algún término, situación o para dar contexto al relato. Si bien es cierto que la mayoría de veces seguimos al solitario personaje protagonista, del cual no sabemos ni siquiera sus pensamientos más profundos. Sí averiguaremos un poco de su pasado mediante flashbacks que de tanto en tanto se irán sucediendo.
Dice el refrán que una imagen vale más que mil palabras, y Blame! hace honor con creces a este dicho popular. Toda la narración recae en la parte visual, y por suerte esta es notable. El dibujo de Tsutomu Nihei es de un estilo que recuerda al boceto: líneas rabiosas, furibundas, que crean rostros angulosos y cabellos lacios, o rayas desenfrenadas que forman entramados para engendrar sombras y mundos tenebrosos. El diseño de personajes es variopinto, pasando de los simples humanos a todo tipo de seres robóticos, biomecánicos, cíborgs o androides. Algunos parecen extraídos directamente de una película de terror. No es de extrañar pues que muchos de ellos den grima y mal rollo por igual, algo que casa a la perfección con el ambiente de soledad y desesperación que encontraremos en cada página.
El primer volumen de Blame! Master Edition publicado por Panini Cómics nos enseña, nos insinúa, lo que puede llegar a ser una gran aventura en un mundo distópico, futurístico y tremendamente oscuro. Un primer volumen, en una edición de lujo, que sirve de introducción, que sobretodo nos muestra a algunas de las monstruosas y robóticas razas que pueblan y dominan el mundo pero que deja con muchas incógnitas y con ganas de más, algo que solo podremos solucionar si le seguimos la pista a Killy hasta el segundo volumen de Blame!

Nos encontramos en una época salvaje, en una en la que la vida de los hombres vale menos que un puñado de dólares y la supervivencia depende de la velocidad con la que desenfundes tu revólver y la sangre fría con la que dispares al hombre que tienes enfrente. La época en la que algunos hombres osados y rebosantes de fe volcaban todas sus esperanzas en encontrar una pepita de oro y otros, los verdaderos nativos del lugar, defendían su territorio con lanzas y flechas. Es el Salvaje Oeste. El de los pioneros y el de los forajidos. El de Buffalo Bill y Billy “el niño”. Es en este marco, único e incomparable, de la historia de los Estados Unidos de América donde hallamos a Chris Adams: un pistolero excelente con un marcado sentido de la justicia. Ahora dispara, una y otra vez, contra los malhechores que entran en bandada en el pueblecito. A su lado su mejor amigo Vin, al igual que los otros cinco hombres que reclutó, hace lo propio. Pese a sus dudas, Adams no se arrepiente de ser uno de los siete pistoleros que están defendiendo ese pueblecito y a sus humildes habitantes de la sanguinaria banda de maleantes que los atemorizaba.
Más de sesenta años después de que Los siete samuráis de Akira Kurosawa se estrenara en los cines, continúa siendo una de las mejores y más influyentes películas de todos los tiempos.
Página cuatro de mi diario de lectura del manga Assassination Classroom. O página dieciocho si lo hubiera leído en el orden lógico. Pero como no lo sigo desde el principio, es lo que hay.
Gorda cuando lo recibí, ¿
Hará cuestión de un mes que se estrenó el tráiler de The Defenders. La nueva serie de Marvel reunirá a Daredevil, 
La sangre llama a la sangre; el terror acecha al terror. Joe Hill escribiendo para la serie televisiva Historias del Más Allá es rizar aún más el rizo de hasta dónde puede llegar un buen relato de horror. Qué coño, tres relatos. Sin excepción.
Mi primera lectura de historias de Joe Hill, aunque sean adaptadas, y ya me han hecho flipar.


Mi relación con Assassination Classroom se ha convertido en un diario de lectura público, porque es la tercera vez que os hablo de él. Suerte habéis tenido de que no comenzara a leerlo desde el primer número… Como no quiero repetirme, os dejo enlazadas mis reseñas de 
Durante los años 90 siempre andaba enfrascado leyendo con fervor a la Patrulla X. Tipos muy serios con 
“Magneto me arrancó el adamántium del cuerpo. Mi factor de curación es casi inexistente…” Así empieza el número 65 de Lobezno de la etapa guionizada por Larry Hama. Un cómic de grapa, de principio de los años 90, que he tenido que rescatar de mi vieja, irregular y variada colección, para poder refrescar algunos de mis vagos recuerdos. El cómic en cuestión es de esa época en la que Cómics Forum era el sello editorial encargado de traernos todas esas historias narradas por la factoría