
No hay mucha literatura ambientada en el mundo del fútbol; como poco, hay menos de la que debería. Y es que se me ocurren escasos ámbitos mejores para ambientar tramas llamativas: equipos que tienen más dinero —y poder— que muchos países, jóvenes millonarios que, en muchos casos, no son capaces ni de gestionar sus propias emociones, mafias que engañan a familias haciéndolas creer que convertirán a sus hijos en futbolistas de éxito, escándalos de corrupción que se silencian sin vergüenza alguna, ‘aficionados’ que defienden proclamas racistas y machistas desde los fondos de los estadios…
Cuando leí Mercado de invierno, la primera novela de esta saga, vi claro que su autor, el británico Philip Kerr, buscaba a un tipo de lector muy concreto. Ese que pasa el domingo pegado al televisor desde que termina de comer hasta que se va a dormir, el que al día siguiente no es capaz de poner media sonrisa en la oficina si su equipo no ha pasado del empate, el que podría recitarte la alineación del Club Deportivo Logroñés de la temporada 86/87 sin tartamudear, ese que lo primero que hace al levantarse es revisar su alineación del Comunio. Y que disfruta con las buenas historias detectivescas, claro. La mano de Dios, al fin y al cabo, es una novela negra en la que los asesinatos y las investigaciones acaban dejando a los balones y los campos de hierba en un segundo plano.
El núcleo de esta saga es Scott Manson, un personaje realmente interesante. Es entrenador de fútbol como podría haber sido tornero fresador, ya que su atractivo no radica tanto en su buen hacer desde el área técnica como en la inteligencia y la perspicacia que le caracterizan para enfrentarse a todo lo que le ocurre fuera de los focos, que es mucho. Así, si en la primera novela tuvo que descubrir quién había asesinado a Joao Zarco, el entrenador a quien sustituyó en el banquillo del London City, en esta deberá investigar qué ha propiciado que uno de sus jugadores caiga fulminado sobre el césped en mitad de un partido de Champions League en Grecia.
Kerr recoge muy bien el ambiente que rodea al balompié y hace un totum revolutum con algunos de los escándalos más recientes y habituales: equipos que falsifican la edad de sus jugadores, futbolistas que esconden su homosexualidad por miedo a la crítica de los intolerantes, infidelidades tan cacareadas como cotidianas… Aun así, como ocurrió en la primera novela, hay algo más que fútbol en las páginas de este trabajo. Especialmente se nota el interés de Kerr por la historia, lo que le lleva a remitirse en muchas ocasiones a épocas pretéritas para dar riqueza a los diálogos. Tampoco deja de lado algunos temas tan candentes en nuestros días como la crisis económica —con una descripción especialmente cruda de la difícil situación de Grecia—o el tema del radicalismo islámico.
Esta segunda entrega de la serie ‘Scott Manson’ es una novela que se lee muy fácil, tanto por el lenguaje sencillo y ameno con el que está escrita como por lo adictiva que resulta la investigación de los sucesos. A alguien que no sea demasiado futbolero seguramente las primeras páginas se le harán un poco cuesta arriba, pero creo que la personalidad de Manson, el entrenador de fútbol que hace de todo menos entrenar, bien merece un esfuerzo.

La primera vez que salí de España tenía once años. Ahí estaba yo, en medio de Barajas, dispuesta a coger un avión dirección París. Estaba realmente angustiada y me daba pánico pensar que iba a pasar mucho tiempo —o al menos eso me parecía a mí— encerrada en un cacharro de metal que desafiaba todas las leyes de la gravedad. Antes de coger el avión, mi madre no paraba de decirme que me tranquilizara, que el vuelo era muy cortito, que era el medio menos peligroso para viajar y toda esa retahíla que se le dice a alguien que está a punto de no coger un avión por miedo a volar. Al final hice de tripas corazón y me coloqué en el asiento que me habían asignado. Me hice lo más pequeña posible, encogiéndome hasta casi camuflarme con el asiento. Lo pasé muy mal y el encontrar turbulencias justo cuando estaban sirviendo la cena no ayudó demasiado. Pero aguanté, me tragué el miedo y la insípida comida y, cuando quise darme cuenta, ya estaba en París.
El título de esta novela lo dice todo. Dice tanto, que parece el título de un 
Las novelas juveniles han cambiado mucho en lo que llevo en esto de las reseñas. Durante una época nos invadieron aquellas que tenían en su interior una historia de amor entre un ser fantástico y un ser humano. Y digo invadieron porque no había más que echar un vistazo a las librerías, a la sección juvenil concretamente, para ver que se había abierto la veda para todas aquellas historias que no hacía tanto pasaban desapercibidas. Más tarde, cuando ya parecía que todo estaba dicho, llegaron las historias que nos contaban una nueva realidad, en una época futura, donde las catástrofes y la extinción de la raza humana era una evidencia. Es ahora, en la actualidad, cuando los argumentos empiezan a dar una vuelta de tuerca y, aunque arrimadas a la ciencia ficción, son las historias para adolescentes más reales las que hacen acto de presencia. El piso mil ha sido comparada – en su solapa al menos – con las historias de Gossip Girl y, aunque algo de ese halo elitista haga acto de presencia, personalmente me parece diferente por una cuestión: será que no estoy muy metido en el mundo de la literatura juvenil pero pocas veces he leído historias tan reales y a la par tan duras para un público del que siempre se dice que leen historias vacías, llenas de poco interés, devaluándolas sin razón o, me temo, por simple desconocimiento. ¿Será que los tiempos en la literatura juvenil están cambiando o que, al menos en mi círculo, nos hemos vuelto menos quisquillosos?


Aunque mi relación con Dennis Lehane es reciente –apenas se remonta a la lectura de 


Los viajes más que de lugares están hechos de momentos. Como que te sorprenda una puesta de sol, o dos si hay suerte, a orillas del río Támesis después de un día despejado de esos que dicen que allí hay pocos. Conocí Londres en una reciente escapada de algo más de dos días y con un libro de algo menos de 200 páginas. De la ciudad, me lo han preguntado mucho desde que volví, no sabría decir qué es lo que más me gustó. Probablemente, en palabras de Enric González, fuera algo que tuviera que ver más con el aire. En realidad, fue un viaje de primeros contactos y de sensaciones buenas e ininterrumpidas. Pero sigo sin tener una respuesta.






