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La mano de Dios, de Philip Kerr

La mano de Dios

La mano de DiosNo hay mucha literatura ambientada en el mundo del fútbol; como poco, hay menos de la que debería. Y es que se me ocurren escasos ámbitos mejores para ambientar tramas llamativas: equipos que tienen más dinero —y poder— que muchos países, jóvenes millonarios que, en muchos casos, no son capaces ni de gestionar sus propias emociones, mafias que engañan a familias haciéndolas creer que convertirán a sus hijos en futbolistas de éxito, escándalos de corrupción que se silencian sin vergüenza alguna, ‘aficionados’ que defienden proclamas racistas y machistas desde los fondos de los estadios…

Cuando leí Mercado de invierno, la primera novela de esta saga, vi claro que su autor, el británico Philip Kerr, buscaba a un tipo de lector muy concreto. Ese que pasa el domingo pegado al televisor desde que termina de comer hasta que se va a dormir, el que al día siguiente no es capaz de poner media sonrisa en la oficina si su equipo no ha pasado del empate, el que podría recitarte la alineación del Club Deportivo Logroñés de la temporada 86/87 sin tartamudear, ese que lo primero que hace al levantarse es revisar su alineación del Comunio. Y que disfruta con las buenas historias detectivescas, claro. La mano de Dios, al fin y al cabo, es una novela negra en la que los asesinatos y las investigaciones acaban dejando  a los balones y los campos de hierba en un segundo plano.

El núcleo de esta saga es Scott Manson, un personaje realmente interesante. Es entrenador de fútbol como podría haber sido tornero fresador, ya que su atractivo no radica tanto en su buen hacer desde el área técnica como en la inteligencia y la perspicacia que le caracterizan para enfrentarse a todo lo que le ocurre fuera de los focos, que es mucho. Así, si en la primera novela tuvo que descubrir quién había asesinado a Joao Zarco, el entrenador a quien sustituyó en el banquillo del London City, en esta deberá investigar qué ha propiciado que uno de sus jugadores caiga fulminado sobre el césped en mitad de un partido de Champions League en Grecia.

Kerr recoge muy bien el ambiente que rodea al balompié y hace un totum revolutum con algunos de los escándalos más recientes y habituales: equipos que falsifican la edad de sus jugadores, futbolistas que esconden su homosexualidad por miedo a la crítica de los intolerantes, infidelidades tan cacareadas como cotidianas… Aun así, como ocurrió en la primera novela, hay algo más que fútbol en las páginas de este trabajo. Especialmente se nota el interés de Kerr por la historia, lo que le lleva a remitirse en muchas ocasiones a épocas pretéritas para dar riqueza a los diálogos. Tampoco deja de lado algunos temas tan candentes en nuestros días como la crisis económica —con una descripción especialmente cruda de la difícil situación de Grecia—o el tema del radicalismo islámico.

Esta segunda entrega de la serie ‘Scott Manson’ es una novela que se lee muy fácil, tanto por el lenguaje sencillo y ameno con el que está escrita como por lo adictiva que resulta la investigación de los sucesos. A alguien que no sea demasiado futbolero seguramente las primeras páginas se le harán un poco cuesta arriba, pero creo que la personalidad de Manson, el entrenador de fútbol que hace de todo menos entrenar, bien merece un esfuerzo.

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París secreto: libro antiestrés para colorear, de Zoe de Las Cases

París secreto

París secretoLa primera vez que salí de España tenía once años. Ahí estaba yo, en medio de Barajas, dispuesta a coger un avión dirección París. Estaba realmente angustiada  y me daba pánico pensar que iba a pasar mucho tiempo —o al menos eso me parecía a mí— encerrada en un cacharro de metal que desafiaba todas las leyes de la gravedad. Antes de coger el avión, mi madre no paraba de decirme que me tranquilizara, que el vuelo era muy cortito, que era el medio menos peligroso para viajar y toda esa retahíla que se le dice a alguien que está a punto de no coger un avión por miedo a volar. Al final hice de tripas corazón y me coloqué en el asiento que me habían asignado. Me hice lo más pequeña posible, encogiéndome hasta casi camuflarme con el asiento. Lo pasé muy mal y el encontrar turbulencias justo cuando estaban sirviendo la cena no ayudó demasiado. Pero aguanté, me tragué el miedo y la insípida comida y, cuando quise darme cuenta, ya estaba en París.

París, la ciudad del amor, del glamour y de la vida bohemia. Era noche cerrada cuando llegamos. Cogimos un taxi para que nos llevara al hotel, que estaba muy cerca del Arco del Triunfo y de camino solo pude ver luces y más luces. Puentes adornados con farolas de ensueño, calles adoquinadas iluminadas con bombillas anaranjadas. Cuando pienso en París esa es una de las imágenes que me viene a la mente: luz.

Yo tenía once años por aquél entonces y era la primera vez que cruzaba la frontera. Para mí todo era completamente nuevo. Me sorprendía por cada cosa que veía, por mínima que fuera. Creo recordar que incluso llegue a fotografiar una tienda de souvenirs. Qué bonito es dejarse fascinar tan fácilmente; y tengo que admitir que, a pesar de los años, sigo sorprendiéndome con tanta facilidad por todo.

Otra de las cosas que más me gusta, a parte de viajar, es pintar. Me he dado cuenta recientemente que hace mucho tiempo que no pinto. Antes lo usaba como terapia: cuando llegaba de clase saturada y de mal humor, cogía un pincel, ponía la música a todo volumen, y todos los males y frustraciones se quedaban impresos en el lienzo. Cuando me quería dar cuenta, había pasado toda la tarde pintando y ya no era capaz ni de recordar por qué me sentía frustrada. Como digo, hace mucho que no pinto. No sé si será por falta de tiempo o, simplemente, por pereza. Y eso precisamente fue lo que me animó a hacerme con París secreto, de Zoe de las Cases. Llevo bastantes meses escuchando los beneficios de los libros de colorear para adultos. Cuando empezaron a ponerse de moda tuve la tentación de comprarme uno, pero al final no lo hice. La idea de verme a mí misma coloreando como una niña pequeña se me antojaba absurda y ridícula. Pero al ver que todo el mundo se había unido a esta moda afirmando que es una de las mejores terapias antiestrés que puede existir, decidí olvidar mis prejuicios y probar. Me puse los cascos —con la música al máximo, que es como a mí me gusta— y empecé a colorear. Cuando me quise dar cuenta, habían pasado dos horas y yo no había apartado mi vista de los ensortijados dibujos de París secreto. Ya no pensaba en la Universidad, ni en los trabajos que tenía que entregar, ni que la horrible semana que me esperaba a partir del lunes, ni de que tenía que arreglar un montón de papeles. Solo pensaba en París, en sus calles, en el romanticismo que emana de cada rincón. Solo pensaba en felicidad, en liberación y en tranquilidad. Por unos momentos, solo pensé en luz.

A veces es bueno dejarse llevar, olvidarse de la rutina por un rato, desconectar. Vivimos en un mundo que va cada vez más deprisa, que hace que te muevas a un ritmo frenético y que nos hace desear que los días tuvieran más horas. Invertimos mucho tiempo en el trabajo y en los estudios y nos olvidamos por completo de nosotros mismos. Por eso es bueno de vez en cuando echar el freno, relajarse. Para ello ya no es necesario que vayas a un spa, ni si quiera que vayas al mismísimo París. Basta con coger unos lápices de colores, ponerse cómodo y dejarse llevar.

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La violencia justa, de Andreu Martín

La violencia justa

La violencia justaEl título de esta novela lo dice todo. Dice tanto, que parece el título de un microcuento, de esos en los que, al acabar, comprendes que todo encaja, que el título era la clave de la historia. Porque el sintagma “la violencia justa” condensa el tema de la novela y la esencia de sus dos protagonistas: Alexis Rodón, ex policía al que condenaron por torturar a un criminal y Teresa Olivella, víctima de violencia de género en busca de venganza.

Como ya he dicho por aquí en otro momento, me gusta la novela negra y criminal y por eso Andreu Martín no me viene de nuevo. Es uno de los autores nacionales más prolíficos en este género (es –casi– imposible haber leído todos sus libros) y el padre, a medias con Jaume Ribera, de mi detective juvenil favorito, Flanagan.

Pero volvamos a su última novela, La violencia justa. Esta novela habla de los límites morales, siempre difusos, de la violencia. Habla sobre el derecho que tenemos, o no tenemos, a hacer uso de la violencia de manera privada y sobre su monopolio por parte del Estado. Y lo hace encarnando dos actitudes opuestas en sus dos personajes principales, Teresa Olivella y Alexis Rodón. En teoría, Rodón defiende el monopolio de la violencia por parte del Estado y Olivella su derecho a hacer uso de ella de manera privada para vengarse y cerrar sus heridas. En la práctica, las cosas son mucho más complicadas y hay mucha menos palabrería. No olvidemos que esto es una novela negra y no un libro de filosofía.

La violencia justa comienza con Teresa Olivella, una cocinera divorciada y algo pirada –lo justo, como todos nosotros– , que empieza a fraguar una obsesión: Alexis Rodón. Una compañera del gimnasio le habla de él, de lo que hizo para acabar inhabilitado, y a Teresa se le ocurre un plan para enterrar su pasado de una vez por todas. Este plan, por supuesto, pasa por utilizar a Alexis Rodón. La trama enseguida pasa al punto de vista de Rodón que, tras el incidente que acabó con su carrera como policía, no se gana mal la vida como jefe de seguridad en unos grandes almacenes. Las cámaras de los almacenes pillan a una mujer robando y, cuando la llevan a su despacho para esperar a que llegue la policía, la mujer se derrumba y le ruega a Rodón que la dejé marchar porque la mafia que la explota prostituirá a su hijo de un año si ella no vuelve al local. ¿Cómo une Andreu Martín todos estos hilos? Los une, y magistralmente.

Y además, la novela tiene un juego de puntos de vista y unos personajes principales muy bien trabajados, que no caen nunca en el cliché (¡qué fácil hubiera sido convertir a Teresa en una femme fatale pérfida!), un trabajo de documentación minucioso pero que nunca llega a agobiar al lector con datos, muchísimo ritmo y unos cuantos tiros, incendios, cadáveres, accidentes de coche y destrucción en general. Por otro lado, además de ser negra, La violencia justa tiene toques de erótica, un par de escenas que, si os gusta el fútbol, os harán saltar de la silla y bastante humor (negro y del otro) sobre todo por parte del personaje de Teresa.

Antes de acabar quería comentar algo más. Pero tenéis que prometerme que no os asustaréis. La violencia justa también cuenta una historia de amor. Aunque, como pasa con la trama criminal, no es un amor convencional, de esos pastelosos que cantan por la radio. Es un amor interesado, a veces ruin, que no crees que vaya a funcionar pero, al final, puede que funcione. Es, en una palabra, imperfecto. Como los personajes de esta novela y su historia que no puedo dejar de recomendaros. Por si os preguntáis cuál de las dos violencias gana, solo puedo deciros que la novela ofrece algunas respuestas pero, como toda buena historia, deja al lector con más preguntas de las que tenía cuando empezó.

Laura Gomara

@lauraromea

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El piso mil, de Katharine McGee

el piso mil

el piso milLas novelas juveniles han cambiado mucho en lo que llevo en esto de las reseñas. Durante una época nos invadieron aquellas que tenían en su interior una historia de amor entre un ser fantástico y un ser humano. Y digo invadieron porque no había más que echar un vistazo a las librerías, a la sección juvenil concretamente, para ver que se había abierto la veda para todas aquellas historias que no hacía tanto pasaban desapercibidas. Más tarde, cuando ya parecía que todo estaba dicho, llegaron las historias que nos contaban una nueva realidad, en una época futura, donde las catástrofes y la extinción de la raza humana era una evidencia. Es ahora, en la actualidad, cuando los argumentos empiezan a dar una vuelta de tuerca y, aunque arrimadas a la ciencia ficción, son las historias para adolescentes más reales las que hacen acto de presencia. El piso mil ha sido comparada – en su solapa al menos – con las historias de Gossip Girl y, aunque algo de ese halo elitista haga acto de presencia, personalmente me parece diferente por una cuestión: será que no estoy muy metido en el mundo de la literatura juvenil pero pocas veces he leído historias tan reales y a la par tan duras para un público del que siempre se dice que leen historias vacías, llenas de poco interés, devaluándolas sin razón o, me temo, por simple desconocimiento. ¿Será que los tiempos en la literatura juvenil están cambiando o que, al menos en mi círculo, nos hemos vuelto menos quisquillosos?

Año 2118. En el skyline de Nueva York se alza una torre donde las plantas superiores están habitadas por los ricos y las inferiores por los pobres. Los secretos de lo que encierran sus habitantes están a punto de estallar cuando una chica caiga desde el último piso, haciendo que lo que parecía perfecto salte por los aires.

Lo primero que hay que decir de El piso mil es que hay que leerlo sin prejuicio alguno. Parece una obviedad y que eso es lo que debiera hacerse en cualquier lectura que nos llevemos a las manos, pero todos sabemos que no es cierto. Lo que nos propone Katharine McGee puede parecer simple: sacar a la luz los trapos sucios de sus personajes. Lo que no suele decirse es que hacerlo, en este tipo de libros, es casi un laberinto donde es muy fácil perderse y donde caer en errores de base. En esta novela no es así. Sorprendido por el inicio, concretamente por un dato que se da en los primeros pasos que damos a la hora de conocer a la protagonista principal, seguí leyendo y entendiendo que lo que estaba descubriendo no era una simple historia sino todo un mundo creado para que los lectores disfruten. En eso se resume todo al fin y al cabo: en poner la carne en el asador, en saber cómo cocinarla, y que después seamos nosotros los que pongamos la nota decisiva a una obra. ¿Es la mejor novela para adolescentes que se publicará este año? Esas palabras, que he leído por las redes, quizás me parezcan excesivas. No soy quien dice que una novela es lo mejor que se ha leído hasta que un año ha tocado a su fin, pero lo que sí puedo decir es que ha sido de las más entretenidas que he tenido la suerte – y en ocasiones la desdicha – de leer.

Katharine McGee teje muchos hilos, los zarandea, los revuelve, y a medida que vamos leyendo El piso mil observaremos una especie de caleidoscopio donde todo se relaciona y donde las palabras, los silencios, los secretos, la familia, los amigos, no es lo que parece. Al fin y al cabo, siempre se ha dicho que valemos más por lo que callamos que por lo que decimos. Y además, la inclusión de todo esto en un mundo de ciencia ficción se realiza con la naturalidad suficiente como para que no nos parezca absurdo lo que estamos leyendo. Y es que para mí ese es uno de los puntos flacos que suelen tener este tipo de historias: la parte del género que acaba convirtiéndose en el lastre que no hace que entremos en la lectura y nos haga abandonarla. Una lectura, por tanto, más tendente a la tranquilidad que a la acción pura y dura donde lo importante no es una explosión o la carrera por salvar una vida, sino lo que guardamos en nuestro interior que pugna por salir, por estallar y por hacer que todo lo que creíamos cierto salte por los aires. Aquí nadie se salva y es muy posible que nosotros, como lectores, tampoco.

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Mystic River

Mystic River, de Dennis Lehane

mystic river

La verdad es que no sé si será muy arriesgado reseñar una novela como Mystic River y a un autor como Dennis Lehane, porque poco más de lo que se ha dicho, puede decirse ya de esta obra maestra del género negro. El caso es que cayó en mis manos hace relativamente poco, y me animé a releerla empujado por ese afán de descubrir cosas nuevas en una segunda y más pausada lectura. Absoluto acierto.

Dennis Lehane nos presenta a Sean Devine, Jimmy Marcus y Dave Boyle como un grupo de amigos de un barrio de clase baja de Boston, a los que les sobreviene algo que les marcará de por vida: Dave es secuestrado por dos falsos policías mientras los muchachos jugaban al beisbol en la calle. Contra todo pronóstico, Dave consigue escapar y vuelve a casa después de cuatro días, pero el chaval que se fue, ya no es el mismo que ha vuelto. Veinticinco años después, Sean trabaja en el departamento de homicidios de la policía de Boston, Jimmy -exconvicto- regenta una tienda del barrio, y Dave vive con su mujer y su hijo, los cuales no saben nada de su pasado. Sean vive alejado del barrio, pero el brutal asesinato de Katie, la hija de Jimmy, le obliga a volver a las calles en las que jugó de pequeño para averiguar qué ha pasado y volver a reencontrarse con sus antiguos amigos de la infancia, ahora unos completos desconocidos. Dave, por su parte, llega a casa la noche del crimen con la ropa ensangrentada, y eso junto a su débil coartada y su turbio pasado, le coloca en el centro de un peligroso juego de sospechas. Sigue leyendo Mystic River

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Cualquier otro día

Cualquier otro día

Cualquier otro día, de Dennis Lehane

Cualquier otro díaAunque mi relación con Dennis Lehane es reciente –apenas se remonta a la lectura de La entrega y de esta novela–, de él, y de su estilo narrativo, voy aprendiendo algunas cosas. Por ejemplo, que se le da excepcionalmente bien construir algunos diálogos, crear a sus personajes y moverse entre esas calles abandonadas a su propia ley de violencia y corrupción. También sé que se recrea con gusto, y con acierto por qué no, entre los barrios obreros de su Boston natal. Que es capaz de hacerte oler la sangre que se mezcla con sus textos. O que sus novelas tienen cierto acento irlandés.

Dennis Lehane tiene un don, probablemente cultivado, para que su escritura parezca sencilla y natural (no obstante, le llevó cinco años terminar Cualquier otro día). Así, al menos, uno lo lee. Como si la lectura simplemente ocurriera sin esfuerzo alguno y fuera más un placer. Violento e intenso, eso sí. Pero un placer al fin y al cabo. En parte gracias a su lenguaje cinematográfico y a su modo de trabajar los espacios y el contexto, razón por la cual cuatro de sus novelas han sido llevadas a la gran pantalla (la propia La entrega, Shutter Island, Adiós, pequeña, adiós y Mystic River), pero también por ese aire derrotista e irónico, de injusticia social, propio de las mejores novelas negras. Como si, pasara lo que pasara, nadie fuera a vencer realmente. Al menos, claro está, que te llames Babe Ruth y te dediques al béisbol profesional. Sigue leyendo Cualquier otro día

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Mercado de invierno

Mercado de invierno

Mercado de invierno, de Philip Kerr

Mercado de inviernoQue haya hecho dos reseñas sobre libros de fútbol en poco tiempo (esta y la de El regate, de Sergio Rodrigues) no quiere decir que yo sea precisamente un entusiasta de las novelas en las que rueda el balón. Tiene algo más que ver con el hecho de que cada vez hay más novelistas que se internan en el mundo del fútbol buscando intrigas con las que vertebrar sus ficciones. Y sobre todo el escuadrón de los negro-criminales. No nos engañemos, a la novela negra todo lo que huela a mafia, corrupción y dinero que cambia de manos continuamente le suena de maravilla para introducir sus cadáveres y sus inspectores ficticios. Más allá de algún clásico, como El delantero centro fue asesinado al atardecer,  de Vázquez Montalbán, en los últimos meses nos han llegado Las cuatro torres, de Leandro Pérez, La pena máxima, de Santiago Roncagliolo y algunos otros títulos como este Mercado de invierno en el que vemos a uno de los más grandes del género, Philip Kerr, saltar al campo.

Kerr no ha perdido el toque que le llevó a ser considerado por Granta como uno de los mejores narradores jóvenes del Reino Unido allá por 1993. A su talento como escritor ha sumado un olfato bastante acertado para descubrir por dónde van las tendencias del mercado, lo que le ha reportado no pocos beneficios en su carrera y ha hecho que se desenvolviera tan bien entre nazis como escribiendo literatura infantil (donde firma como P.B. Kerr). Para el fútbol no crean que retrata un desconocido equipo de la liga sueca en el que matan a un pobre portero, sino que se introduce nada más y nada menos en el London City (a.k.a. Chelsea), que dirigido por Joao Zarco (portugués con la lengua muy larga, ya saben…) y comandado en los despachos por un adinerado empresario ex soviético, aspira a los mayores éxitos en la Premier y la Champions.   Sigue leyendo Mercado de invierno

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Historias de Londres

Historias de Londres

Historias de Londres, de Enric González

Historias de LondresLos viajes más que de lugares están hechos de momentos. Como que te sorprenda una puesta de sol, o dos si hay suerte, a orillas del río Támesis después de un día despejado de esos que dicen que allí hay pocos. Conocí Londres en una reciente escapada de algo más de dos días y con un libro de algo menos de 200 páginas. De la ciudad, me lo han preguntado mucho desde que volví, no sabría decir qué es lo que más me gustó. Probablemente, en palabras de Enric González, fuera algo que tuviera que ver más con el aire. En realidad, fue un viaje de primeros contactos y de sensaciones buenas e ininterrumpidas. Pero sigo sin tener una respuesta.

En cuanto al libro me refería a este que, como no podía ser de otra forma cuando el que escribe es el propio periodista, él mismo bromea con que es un vago titulador, lleva el nombre de Historias de Londres. Antes, aunque no en orden cronológico de edición, pasaron por mis manos sus Historias de Nueva York, Historias de Roma e Historias del calcio. Son cualquier de ellos una lectura más que recomendable sin que previamente exista la necesidad de viajar o conocer el lugar de destino. Pero reconozco que hay algo de mágico en descubrirlo todo a la vez. Esa sensación de poder pasear, literalmente, entre sus palabras. De reconocerse allí, de repente, en alguna calle o en algún pub por el que él, o las personas de las que nos habla, se pasean en nuestro presente entre sus párrafos. Sigue leyendo Historias de Londres

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La semana laboral de 4 horas

La semana laboral de 4 horas

La semana laboral, de 4 horas de Timothy Ferrys

La semana laboral de 4 horas

Hay una sección que me gusta especialmente de las librerías generalistas que se llama habitualmente “Empresa” y que tiene libros de contenido muy distinto. Desde manuales y libros técnicos para universitarios de esta rama, a libros informativos y de divulgación para el gran público, pasando por un amplio espectro de títulos que a mí me gusta llamar “autoayuda empresarial”, que no es un término que haya acuñado yo ni mucho menos, pero que todavía no está muy generalizado ni aceptado y que mezcla dos términos que en principio podrían parecer bastante alejados entre sí.

Además, el hecho de que la palabra “autoayuda” esté tan denigrada hoy en día, hace que estos libros resulten especialmente curiosos, ya que mucha gente tiene una idea muy predefinida de lo que se va a encontrar en un libro que tenga esta etiqueta. Bien, os voy a hablar de un libro que me encanta, “La semana laboral de 4 horas”, y que nos puede servir para crear una imagen distinta de este tipo de libros.

En primer lugar, hay que dejar claro a quién va dirigido este libro, ya que como dijo el sabio Ranganathan, uno de los padres de la gestión de bibliotecas a nivel mundial, “A cada lector su libro y cada libro a su lector”. Pues bien, “La jornada laboral de 4 horas” es solo para aquellas personas que creen que pueden hacer algo con su vida laboral, que aceptan que el cambio es posible si sabes trabajártelo, y que aspiran a ser felices en su trabajo resultando más eficientes, esto es, ganando más dinero trabajando menos horas.

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Clásicos infantiles 21

primer curso en torres de malory

Clásicos infantiles 21

clasicos infantilesLos libros que nos marcan de pequeños tienen algo especial. Puede que las historias no tengan un argumento muy diferente del resto de los libros que hemos leído hasta entonces pero, sin saber muy bien por qué, se mantienen en nuestra memoria y van uniendo generaciones de lectores. Los clásicos infantiles o juveniles nos enseñan que, por mucho que pase el tiempo, su fuerza sigue perdurando, que está ahí, presta a hacer que los niños sigan deseando abrir un libro, vivir sus historias, y conociendo los beneficios que tiene la lectura para ellos. Eso lo consiguen pocos autores que, como si fueran un invitado de lujo en todas las casas del planeta, se quedan para recordarnos aquello que vivimos en las páginas de los libros que escribieron. Hoy, este apartado de nuestra sección infantil, va dirigido sobre una autora que convirtió el mundo de la lectura en un auténtico placer para todos nosotros, tanto los ya adultos como los iniciados, y que nos insufló la pasión por la lectura por mucho que nos intentaran bajar de este apasionante viaje.

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Historias del calcio

Historias del calcio

Historias del calcio, de Enric González

Historias del calcio

Me gusta el fútbol, y mucho. Pero no sé demasiado de su historia, de sus nombres propios y de sus grandes gestas. Menos de la Serie A italiana, de la que hasta hace relativamente poco, sabía menos que cero. No exagero. Para mí el nombre de Francesco Totti no significaba mucho antes de este verano y de que tuviera la oportunidad de disfrutar de uno de sus partidos con la Roma, en el bellísimo estadio Olímpico. Fue una noche perfecta en la que, acompasado con los tambores y las voces de los hinchas, el cielo rompía una y otra vez, como los goles, en un claro afán de animar a los locales. Ni qué decir que Roma ganó, Totti cumplía 37 años aquel día y parecía que nada podía salir mal. Ni si quiera la lluvia.

Así las cosas, hay quien opina que para conocer Italia por dentro uno tiene que conocer también su fútbol. El que lo piensa es, entre otros, Enric González y donde lo cuenta es en sus Historias del Calcio, el libro que recoge lo que es, en opinión del propio periodista, una selección de sus mejores columnas sobre la Serie A, publicadas durante las cuatro temporadas que permaneció como corresponsal en el país italiano, y que transcurrieron entre los años 2003 y 2007. Razón no le falta. O al menos, este libro tiene mucho que decir de lo que es Italia. Sigue leyendo Historias del calcio

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Historias de Roma

Historias de Roma

Historias de Roma, de Enric González

Historias de Roma

“¿Están aquí por el libro de Enric González?” Esa es la primera pregunta que te formula la empleada de la Biblioteca Casanatense en Roma después de enterarse de que eres español. La biblioteca, una hermosa instancia situada en el segundo piso de un edificio que pasa totalmente desapercibido, es uno de esos pequeños recovecos escondidos en las calles céntricas de Roma a las masas de turistas que invaden la ciudad eterna a diario. Un remanso de paz y tranquilidad, un tesoro compuesto de libros antiguos, manuscritos e incunables, con visitas guiadas y acceso gratuito que merece la pena visitar.

La respuesta, por supuesto, era sí, estábamos allí por el libro de Enric González. En particular, por sus Historias de Roma. Un libro que se lee de un tirón, entre otras cosas porque no es muy extenso, y que ofrece una visión muy global de la capital de Italia y de sus habitantes. Sin dejarse absolutamente nada fuera, el periodista español se pasea por cada uno de los aspectos de la vida romana, abordando asuntos como su política, su religión, su fútbol, su cine, su cocina o, incluso, su burocracia. Y lo hace con una narrativa sencilla, muy ligera, que simplemente fluye, donde mezcla su propia experiencia personal de sus años como corresponsal allí con los acontecimientos y lugares que atraviesan y recorren la ciudad. Sigue leyendo Historias de Roma