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La danza de los demonios, de Esther Singer Kreitman

La danza de los demonios

La danza de los demonios Ya sabía yo que este libro me gustaría. Y lo sabía porque había leído que era una biografía encubierta de Esther Singer Kreitman, a la que yo no conocía literariamente halando, desde luego, ¡que no soy yo tan leída, ni tan versada!  Pero verán, había leído que Esther era hermana de los escritores Israel Yehoshua, al que tampoco tenía el gusto de conocer, y de Isaac Bashevis Singer, ya saben el que fue Premio Nobel de Literatura en 1978, y del que sí tenía referencias.

¿No me digan que no les resulta interesante esta mujer cuando sabemos que en esta familia tenían un don para la escritura, y que este libro, La danza de los demonios, se publicó ya, en Polonia, en 1936?

Sobre la autora les puedo contar que nació en Bilgorai (Polonia), en 1891 y que falleció en Londres (Inglaterra), en 1954. Su familia se estableció en Varsovia y allí es donde comienza a escribir. Al parecer destruyó todos sus manuscritos cuando aceptó un matrimonio concertado y se trasladó a vivir a Bélgica y posteriormente, al estallar la Primera Guerra Mundial, a Inglaterra con su marido. Tras la II GM intentó localizar a sus hermanos, y descubrió que Israel, junto con su familia, habían fallecido en Rusia durante la Guerra, a su otro hermano, el Nobel, lo localizó en EEUU, parece ser que ella le pidió ayuda para poder trasladarse al nuevo mundo, pero … su ayuda nunca llegó.

Y no les cuento nada más que, La danza de los demonios es autobiográfico y siempre es recomendable que se acerquen a él con pocas indicaciones y muchas ilusiones.

“<Mijael, llegará a ser, con la ayuda de Dios, un gran talmudista>.
Estas palabras se las oía decir Débora algunas veces a su padre, Rev Avrom Ber, rabino de Yelejitz, en conversación con su madre, Reísele, quien además de rébbetsin, era algo así como la secretaria privada y consejera de su esposo…”

Que estupendo arranque de la novela nos hace Esther Singer Kreitman, como ven en cuatro líneas nos ha presentado y ubicado a todo el núcleo familiar. La pobre Débora se pasará toda la infancia preguntando lo que ya pregunta en esa primer página del libro, “¿Y yo qué llegaré a ser, papaíto?, pero a pesar de la insistencia, papaíto, por lo general, no le responde, o de hacerlo es para decirle que una señorita no necesita llegar a nada. Pero su madre, su referente, si había llegado a serlo…

Como saben todos los que siguen mis reseñas, esta colección de la editorial Xordica que nos está acercando a autores judíos que escribían en yiddish, nos están dado una visión, de cómo era la vida y el pensamiento de la comunidad judía en diferentes lugares, dependiendo del lugar en el que nos sitúe el narrador. Lo que hay en este libro de especial es la detallada descripción que se nos hace de su mundo desde dentro, no solo la vida familiar, que también, sobre todos su organización comunitaria, en las yeshivá, esos centros de estudio dedicados al Talmud y la Torá. Y como ya están imaginado, va a ser muy importante la visión de Esther sobre todo este mundo tan masculinizado y excluyente para la mujer.

“… Vamos, Débora, cámbiate de ropa y prepararnos un vasito de té – Pidió Reísele.

Débora no se movió. No le apetecía vestirse de nuevo como el ama de casa de cada día. Su estado de ánimo era demasiado festivo como para ponerse a avivar el fuego en el carbón del samovar.

De nuevo cruzó por su mente el pensamiento de que no era justo que su madre le exigiera a ella cambiarse de ropa, precisamente para preparar el té, cuando Mijael podía realizar igual de bien esa labor.

Sin embargo, recapacitó: la habían mimado y vestido tan bien que no dijo nada, se cambió de ropa y atendió el samovar…”

Así pues, les puedo contar que nuestra amiga Esther se ha convertido en Débora, que nace en una curiosa familia. Su padre es un Rabino muy peculiar, su madre es una mujer, no menos especial y con formación, cosa muy extraña en ese ambiente, pero viene de otra no menos curiosa familia donde el padre, también Rabino, sí apoyó la formación de su hija.

Desgraciadamente, no será el caso de nuestra joven amiga, que sí ansía leer y formarse, y de hecho lo hace pero al margen y sin la autorización, claro está, de su familia. No es el caso, naturalmente, y como han podido leer en ese fragmento, de su hermano Mijael, llamado a seguir los pasos de su padre. Un hermano que no pierde ocasión para menospreciarla y humillarla.

La familia se va desplazando desde pequeños pueblos hasta la gran Varsovia, donde definitivamente Débora encontrará la posibilidad de cambiar el destino de su vida y ello es así, porque es una mujer muy inteligente que sabe aprovechar las oportunidades, reponerse a ese padre que no la valora en absoluto, a un hermano que la desprecia directamente y a una madre a la que es muy difícil comprender en ese papel.

No es fácil leer estos libros, y no porque sean lecturas de difícil comprensión, que en absoluto lo son, sino porque son historias de las que no sales igual que cuando entras, estamos ante una literatura que nos abre una ventana a un mundo del pasado y nos hace reflexionar sobre el presente y es por ello que persiste el interés en sus lecturas.

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Todos marcharon a la guerra, de David Vogel

Todos marcharon a la guerra

Todos marcharon a la guerraHay amigos que a nivel de gustos literarios ya me conocen. Llevo muchos años hablando de libros, de mis lecturas y de las sensaciones que me producen; así que ya sabía que esta lectura, que ha sido un regalo de uno de ellos, sería muy especial… Y lo ha sido.

Conocía la editorial, ya les he traído algunos libros de ella, Xordica no edita cualquier cosa, cada una de sus obras es una joya, por eso suelo estar atenta a sus novedades y esta ya estaba en mi punto de mira. Como no conocía al autor me había documentado un poco sobre él y después resultó que no hacía falta pues el propio libro ofrece lo necesario para entender a qué se enfrenta uno con esta lectura y sobre todo nos muestra quien era David Vogel.

El autor ha resultado ser, ante todo, un poeta, y con este libro un narrador espectacular. Nació en Ucrania en 1891, pero ya en 1912 decide trasladarse a Viena para avanzar en su deseo de crecer como escritor y darse a conocer como poeta, también tomará una decisión que será trascendental en su vida y en su obra, decidirá escribir todo en hebrero, cuando lo mejor en aquel momento hubiese sido decidirse por el alemán, ya que por motivos geopolíticos era el idioma predominante en Centroeuropa, además de que sus primeras novelas están precisamente ambientadas en Viena, allí vivió la Primera Guerra Mundial y de hecho llegó a conseguir la nacionalidad austriaca.

Pero la vida, tras aquella terrible experiencia de la guerra, le lleva hasta París, aunque será por poco tiempo ya que emigró a Palestina con su segunda mujer. No logra adaptarse y regresa a Europa, donde tras una temporada en Polonia se traslada posteriormente a Berlín. Imagino que dada la situación política decide finalmente regresar a París, y allí se encuentra ese 3 de Septiembre de 1939, día en que Francia declara la guerra a Hitler, y con esa misma fecha comienza Todos marcharon a la guerra.

Es curioso lo difícil que era ser europeo en una Europa tan cambiante. Vogel, que había estado retenido en el centro de internamiento de Bourg por su condición de austriaco, o lo que “era” lo mismo en ese momento, alemán, pasase a ser un judío más en los campos franceses de Arandón y Loriol, para terminar en un tren camino de Auschwitz donde tendría el mismo terrible final que millones de personas.

Todos marcharon a la guerra, sin lugar a dudas me ha resultado muy interesante, y claro que me recuerda a Suit francesa de Iréne Némirosky, cada una de ellas me ha aportado una visión muy cercana de la situación vivida en Francia desde los momentos previos a la declaración de Guerra por Francia y posterior invasión de Hitler. Y los judíos, que no sé porque los nombramos de forma general, porque al leerles así, de forma individualizada, vemos que son mucho más que un pueblo, son seres humanos diferenciados, como lo somos cada uno de nosotros, con nuestros miedos y nuestras esperanzas, con nuestras bondades y nuestras miserias.

Interesante desde el punto de vista histórico no me cabe la menor duda, pero es que además nuestro autor nos deja narrados sus últimos años de vida con una estupenda estructura narrativa y una gran calidad literaria ¡Cuánta información de las condiciones de vida en los campos franceses! Y sobre todo, que bien refleja el deterioro humano según se va privando a cada uno de ellos de su dignidad. Cómo uno va dejando de ser un nombre y se convierte en un número ¡Qué bien nos lo describe Vogel! Y creo que casi saberlo. Es como si se hubiese propuesto ser un espectador externo con el fin de poder ser claro con el momento histórico que Francia les está haciendo vivir.

Coincide en su periodo de internamiento con algunos españoles comunistas a los que los franceses mantienen en barracones separados, y sí, hay alguna conversación sobre nuestra Guerra Civil, sobre como se había seguido porque todos tenían claro que era algo más que una guerra fraticida local, y como había hecho posicionarse a algunos de los compañeros de Vogel…, el comunismo, la socialdemocracia…
Pasado el tiempo van cambiando también las conversaciones y ya se empieza a hablar de comida, de frío, de piojos… Y así, poco a poco ya solo se piensa en sobrevivir un día más, se había perdido ya toda esperanza.

Nunca hay que dejar de leer a estos autores que nos han contado, así, casi sin querer, esta parte de la historia que nadie más nos podía relatar, porque nadie más lo ha vivido, porque nadie puede contarlo mejor que ellos, si además lo hacen de una forma tan bella y literaria como lo ha hecho Vogel, mejor, porque la historia no es agradable pero trasformada en buena literatura puede, al menos, resultar más digerible.

Yo les recomiendo su lectura, a través de la lectura de estos libros podemos encontrar mucha verdad, podemos conocer mejor al ser humano, es este un bello testimonio porque hemos tenido la suerte de que nos lo cuente un gran escritor, pero no hay que olvidar que es un testimonio veraz de una historia terriblemente real.

Podría dejarles aquí un trocito de Todos marcharon a la guerra, un pequeño fragmento, un simple párrafo, pero prefiero dejarles uno de sus poemas, por si a través de él, logro convencerles mejor de que se acerquen a esta parte de la historia que nadie más les podrá contar.

Ciudades de mi juventud.
Ahora a todas ya las he olvidado
y a ti en alguna de ellas.

En un charco, descalza,
aún bailas chapoteando frente a mí
y mira – de seguro estás muerta.

Cómo ansié escapar
de mi lejana infancia
hasta esta blanca mansión de la vejez,
tan grande y tan vacía.

Nunca regresaré
al punto de partida.
Jamás volveré a verte
ni a aquel que alguna vez fui.

A la distancia,
la senda de los días
continuará alejándose,
de la nada a la nada.

Sin mí.

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El elefante del visir, Ivo Andric

el elefante del visir

el elefante del visirNada, absolutamente nada había leído de Ivo Andric (1892-1975), Premio Nobel de literatura en 1961 “por la fuerza épica con la que ha reflejado temas y descrito destinos humanos de la historia de su país”. Así que primero he leído algo de su historia y ahora sé que nació en la antigua Yugoslavia, que sus padres eran croatas cristianos pero que tras la muerte de su padre cuando el aun era un niño se trasladó a Bosnia con su familia materna, y aunque él se definía y se sentía como un autor yugoslavo, hay que tener en cuenta que fue partidario del nacionalismo activo yugoslavo, que pasó por la cárcel, ya que durante la Primera Guerra Mundial fue detenido por las autoridades imperiales austrohúngaras, tras la guerra fue indultado y después de pasar por un sanatorio por problemas pulmonares, terminó su formación y entró a formar parte del servicio diplomático de Yugoslavia en Bruselas, París, Madrid y Berlín, donde residía al empezar la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1941 se instaló definitivamente en Belgrado donde escribió la mayor parte de sus obras.

Está claro que, por lo poco que yo he leído, o sea, los tres cuentos que hoy les presento, es esa cultura Bosnia más cercana a él, ya su infancia, la que tendrá una gran influencia en su literatura. De hecho incluso luego daría título a una de sus más conocidas novelas, Un puente sobre el Drina, que no he leído pero que, a la vista de lo ya leído, lo haré con mucho gusto.

Por otra parte no quería dejar de decir que La editorial Xordica está haciendo una fuerte apuesta por estos autores desconocidos para muchos de nosotros y poco o nada traducidos en España, portadas que no pasan desapercibidas, y unas brillantes traducciones, cosa que debo hacer constar en este libro porque teniendo en cuenta que el escritor es asimismo poeta, no puedo por menos que pensar que debió cuidar tanto el texto y su composición literaria como lo han hecho los traductores de esta obra Luisa Fernanda Garrido y Thiomir Pistelek.

Y ya puestos, porque no destacar igualmente la estupenda portada del libro que ha sido diseño de Elisa Arguilé, la conocida ilustradora que ya en 2007 recibiera el Premio Nacional de Ilustración. Una de esas portadas que te hacen girar la cara en las librerías.

Volviendo al libro que nos ocupa, puedo contarles que son tres novelas cortas, o cuentos, que tras leerlos más me gusta definirlos así, y que el primero de ellos es El elefante del visir, que además es el que da nombre al libro, además leeremos otros dos, Los tiempos de Anika y Conejo.

Este escritor me ha sorprendido como siempre los hacen los buenos contadores de cuentos, porque son capaces de dibujar en mi mente, con escasas pero excelentemente seleccionadas palabras, los lugares donde se desarrollan los hechos, la personalidad de los personajes y la sociedad en la que éstos viven.

En El elefante del Visir lo hace además en forma de tragicomedia, porque el humor se filtra en la historia, mejor dicho en la forma de contarla ya que la tragedia se va mascando desde la primera página pero nunca hubiese pensado que fuese a encontrar tan buen humor, y tanta “retranca”, como dirían en mi pueblo, en esa sociedad. Es una historia de la llegada de un nuevo Visir que iremos descubriendo como un hombre cruel que se hace traer un elefante. La gente odiará al elefante…

…hay también, como ya sabéis, correligionarios nuestros que -escribía Fray Mato-, al ver que el visir aniquila a los turcos y a sus “notables”, dicen que algún bien puede venir de ahí para nuestro pobre rebaño, ya que nuestros necios piensan que el mal ajeno tiene que ser sin falta un bien para ellos. A estos les puedes decir rotundamente, para que lo sepan al menos ahora si es que no lo sabían antes, que de eso nada. Pues la única novedad es que “las bestias se han procurado bestias” y que el pueblo ocioso habla y hace suposiciones de todo tipo. Pero reformas y mejoras, ni las hay ni las habrá” (El elefante del visir)

Si esto les suena bien, no se pierdan los dos cuentos restantes donde aprenderemos cosas curiosas sobre la historia, la forma de vida y la religión, porque como verán el tema religioso, no es que pase de puntillas por estos cuentos.

“…En una ciudad en la que los hombres y las mujeres se parecen unos a otros como dos ovejas entre sí, suele ocurrir que el azar trae a un niño, como el viento una semilla, que se pervierte, se sale de la fila y provoca desgracias y confusión hasta que se le mete en cintura y vuelve así el orden antiguo al lugar…” (Los tiempos de Anika)

A los ojos de los inquilinos del inmueble de cinco plantas, esa era la impresión que daba la familia compuesta por Conejo, Cobra y Tigre. Por eso la bautizaron casa de fieras, y con este nombre se hacía cada nuevo arrendatario, junto con las llaves de piso y las numerosas e implacables condiciones de Margarita…” (Conejo)

Pues ya ven, son otros sitios, son otros tiempos, son otras personas, pero básicamente siempre es lo mismo, porque así son los cuentos. Erase una vez, en un lugar muy lejano…

Así pasa con nuestras vidas, hay temas que nos pueden interesar más o menos, pero están siempre a nuestro alrededor y si somos observadores, y tenemos un talento especial para las historias, quizás algún día, podamos dedicarnos a contar historias tan interesantes como inesperadas tal como las que he descubierto con este autor.

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Vaciar los armarios, de Rodolfo Notivol

vaciar los armarios

 vaciar los armarios Alguien me dijo sobre este libro que me gustaría ¡Y vaya si me ha gustado! me faltaba muy poquito para terminarlo cuando me tocó ir a Zaragoza al hospital Provincial, que en realidad se llama “Virgen de Gracia”, allí no solo curan a mi familia, sino que lo hace gente que nos quiere y a los que apreciamos.

Es el hospital más antiguo de Aragón y uno de los más antiguos de toda España. En la actualidad está reformado y muy mejorado, pero no por ello ha perdido su esencia de antiguo sanatorio. Merece la pena ver su interior que posee retablos de Goya y Luzán. Y les cuento todo esto porque muy cerca de la zona por la que paseaba de rato en rato, pasa gran parte de lo que nos narra el autor en esta novela.

Lo he leído con la misma atención con la que escuchas a una amiga contarte su vida, porque en el fondo de eso se trata, de la vida; y es que hablar de una historia familiar es hablar de uno mismo, intentar llegar a comprender y a comprenderse, y por la forma en la que lo cuenta, en este caso en femenino singular, sin escatimar un ápice de dureza pero con el cariño que en el fondo se siente por quien te ves obligado a querer o a odiar con toda el alma, llega al lector con toda la pasión que la narradora pone en ello.

Porque uno no es su familia pero en el fondo la familia está ahí, para bien o para mal; ya saben aquello que nos contaba Tolstoi en Anna Karénina que todas las familias felices se parecen pero las infelices lo son cada una a su manera….

Y será por eso que hace tiempo que no reía y que no lloraba con una historia como esta, y me he creído a la narradora y he olvidado al autor, y no quiero saber, como no lo querrán ustedes, que es ficción porque para muchos pueden llegar a ser retazos de su propia vida.

La mayoría hemos vivido en familias felices unos ratos e infelices en otros, y es cierto que si lo piensan, cundo lean este libro, verán que la felicidad se parece mucho y que realmente las miserias familiares son lo diferentes, porque cada uno siente el dolor a su manera y en una intensidad distinta.

Este estupendo libro titulado Vaciar los armarios, es, en definitiva, una saga familiar que se extiende desde el inicio de los años cuarenta hasta casi la actualidad. La Guerra Civil…, pues ya saben, terminada, y cada uno de los que han quedado, a lo suyo. La voz que narra es femenina y en ningún momento, como ya les he comentado se deja ver al auto. Un trabajo narrativo perfecto que atrapa desde su inicio, por el fondo y por la forma, y que no esconde ninguna de las miserias que todos sabemos que hay en cada casa.

Hay entre los agradecimientos muchos y a distintas personas, algunas de ellas conocidas para mí, pero lo cierto que es que estos agradecimientos, que unas veces los leo y otras no, en este caso no he podido dejar de ver que allí estaba Eva Puyó, y no me ha extrañado, ella abrió ese melón con su Ropa tendida, tampoco ella hurtó al lector algunos temas familiares delicados, tan delicados como su forma de narrarlo.

Ahora Rodolfo Notivol, lo hace pero a lo grande, porque aquí estamos hablando en mayor o menor proporción de seis generaciones. La que nos cuenta la historia es Marina, la segunda de 7 hermanos, de un padre ex legionario y luego Conserje en un hospital, y una madre … Especial, a la que es difícil poner calificativos. Pero es madre, ha pasado una guerra, el miedo, hermanos en el exilio, y probablemente nadie tuvo tiempo para educarla en el amor y en el sufrimiento, se trataba de sobrevivir.

El inicio del libro, sus primeras líneas ya nos hacen presagiar que la madre va a ser el eje fundamental de la historia:

“Si estaba enfadada o tenía un mal día y uno de nosotros se acercaba a darle un beso, mi madre decía:

—¡El beso de Judas!

Y tenías que ser tú quien lo hiciera todo, porque ella ni se molestaba en poner la cara.

Otra cosa que le gustaba hacer era amenazar.

—Ya verás cuando subas —decía, asomando medio cuerpo por la ventana del comedor cuando estábamos en «el jardín»—.Te voy a arrancar la piel a tiras….”

Marína le cuenta la historia de la familia a su sobrina que abarcará, como les decía, un total de seis generaciones. Ahora sí les voy a dejar que les hable el autor que comenta que “como toda narración sobre una familia, se pregunta sobre ese montón de temas que están en el centro de todas ellas: el cariño y sus complicaciones, la incapacidad para expresar los sentimientos, la búsqueda de la felicidad, las palabras que nunca llegaron a decirse, las manos tendidas… He querido que fuera una historia que atendiera a los pequeños detalles, que hablara de seres humildes y que estuviera llena de mujeres, mujeres complejas y poderosas. Todo contado sin condescendencia, pero con una mirada compasiva…”

Pues yo les digo que lo ha conseguido, que ha hecho una novela redonda, magistral, de las que puedes llegar a incluir entre la gran literatura pero con la ventaja de que para todos nosotros va a ser entendida, y sobre todo sentida, sabemos de qué nos habla y sabemos que es lo que calla, esa es la ventaja que tiene saber hablar desde el interior del ser humano a través de personajes a los que podemos llegar a querer y odiar al mismo tiempo.

La historia se desarrolla en Zaragoza, y es cierto que yo he vivido en esa ciudad muchos años, pero eso no quita, y quiero que quede muy claro, el carácter general de la novela, es provinciana, porque así es la vida, todos tenemos en este país un pasado histórico provinciano. El libro hace una pequeña referencia a Azuara, ¿Qué sé yo la relación que Rodolfo Notivol tiene con ese pequeño pueblo? Y es que estamos hablando de seis generaciones y en mi caso y en el suyo y en el de muchos hablaríamos de pequeñas localidades de las que algún día salieron nuestros ancestros ¿Cuantas familias se vieron obligadas a movilizarse de un lado a otro por culpa de la Guerra Civil? Pero NO, no habla de la esa Guerra, no teman, no es una novela sobre ella, es una novela en la que lo que había que hacer ha estaba hecho. La vida, que parece que no quiere pasar y al final terminamos como empezamos, con la familia alrededor de una mesa, como un domingo normal, pero la vida ya lo creo que ha pasado.

Es una novela estupenda, no quiero presionarles pero … tienen mi correo y esta página a su disposición para decirme que me equivoco, que no tengo razón, y que historias como esta que les estoy ofreciendo no les ha hecho penar que está escrita con retazos de nuestras propias vidas.

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Los Zelmenianos, de Moyhe Kulbak

los-zelmenianosNo hace mucho venía a hablarles de un libro titulado Supervivientes, de Java Rosenfarb, un libro escrito precisamente por una sobreviviente del Gueto de Lodz y de los Campos de Auswchwitz. Tengo que reconocer que aun siendo una lectura muy dura, como pudieron ver me gustó mucho; también es cierto que me revolucionó por dentro. Me hizo pensar en cosas que no había recordado desde la lectura de Maus. Es otra forma de ver la historia, ver su resultado en primera persona y por ello de forma muy, muy dolorosa.

Pero todos sabemos que los judíos tienen un buen sentido del humor, peculiar, del que a mí me gusta, porque es un poco saber reírse de uno mismo. Y ese es mi humor, el que yo elegiría para escribir un libro que pienso que podría agradar a los demás … ¿Qué pocas veces utilizamos ya el verbo agradar, ¿verdad?

Como ven, y pese a mi malísima memoria, que una ya va teniendo una edad, y será por ello que empalmo unas lecturas con otras y me ha venido a la cabeza “Los meagrada” que es un álbum escrito por Álvaro Fierro y Gracia Iglesias e ilustrado por Susana Rosique, en ese caso era un libro infantil con el que tengo que decirles que disfruté también mucho…

Pensarán que ya me voy algo de cabeza pero esto es lo que nos pasa a los lectores, que unas cosas nos llevan a otras…, el caso es que en esta ocasión la editorial Xordica me lleva a todo porque la portada del libro me ha encantado, una de esas que no pasa desapercibida a aquellos que vamos siempre mirando de reojo las portadas de los libros, claro que he leído que es del ilustrador Antonio Santos, del que he tenido la suerte de ver varias exposiciones y de la que soy una buena admiradora.

Y si lo que me hizo girar muchas veces la cabeza ante Los Zelmenianos fue precisamente el diseño de la portada, lo que hace que ahora venga a hablarles de él aquí es el impacto que ha producido en mí su interior, una literatura ejemplar, que en este caso me ha resultado maravillosamente agradable para pasar algunos de los días festivos de Navidad, ya saben, hacer las digestiones de estas fechas lleva sus ratos de sillón junto al fuego y una interesante historia ayuda a divertirte y relajarte sin que haya tentación para la siesta… Si, si ya sé que también se puede salir a pasear pero las temperaturas no acompañaban en absoluto.

Si a uno le gustan los libros de humor, las sagas familiares y la literatura yiddish, bien traducida, que nos habla de las tragicómicas desventuras de una familia judía ante la revolución Bolchevique, pues la verdad es que sus 400 páginas no le han de decepcionar.

La traducción directa del yiddish de Rhoda Henelde y Jacob Abecaís es muy actual, fresca y dinámica, con montones de llamadas que no se hacen pesadas, sino todo lo contrario, algunas incluso las podemos obviar pero la mayoría nos llevarán de sorpresa en sorpresa.

Esta obra, que se publicó entre 1929 y 1935, nos va contando la saga de una curiosa familia que iniciamos con el abuelo Reb Zelmele y la abuela Bashe, de los que partirán cuatro estirpes y a través de todos ellos conoceremos como en aquel momento histórico y de grandes transformaciones sociales, intentan seguir con lo suyo, con su forma de vida, constreñidos a las tradiciones y a la voluntad de las decisiones familiares. Pero ahí está el régimen comunista que al final todo lo controla.

Las discrepancias generaciones le sirven al autor para poder hacer crítica de unos y de otros, mejor dicho sátira, que es lo que peor aguantan las dictaduras, y la visión que el autor ya tenía de lo que había a su alrededor culmina en esta maravillosa obra, que junto con sus poemas le costó la vida, pues fue dos años después de su publicación cuando Stalin declara a Moyhe Kulbak traidor a la patria y con 41 años fue ejecutado.

Lo que me maravilla es que una persona en su primera treintena de vida sea capaz de escribir una obra como esta, sé que lo hemos visto en otras ocasiones, pero no puedo dejar de pensar en lo que nos hemos perdido los lectores no dejando que un autor como este crezca hasta donde crecen los grandes, es seguro que la literatura ruso-judía, hubiese alcanzado el nivel de la Gran Literatura judío americana o francesa.

Sinceramente, si tienen unas horas para bien emplearlas, pasen y lean Los Zelmenianos. Y conozcan sus vidas y no se arrepentirán de adentrarse en un pedacito de la historia que de forma muy entretenida nos cuenta Moyhe Kulbak.
P.D.: Me dice un amigo (más bien conocido y del tipo intelectual) que nunca haré una gran reseña si no transcribo un poquito del libro…

…”El tío Zishe no era un hombre de fácil trato, además de todas las enfermedades comunes, adolecía de vanidad y de presunción, y era de suponer que ahora también estaba practicando la presunción. El asunto de la postal de Moscú, había sido una rotunda mentira. Quien siembra mentiras a su alrededor, después se come el hígado por dentro…”

Bueno, pues si hay que hacerlo, se hace, pero solo en algunas ocasiones, y en esta hecho está para que vean que cuando yo les digo que es de lectura fácil aunque sea un autor ruso y escrito en 1929, así es.

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Supervivientes, de Java Rosenfarb

supervivientesHace tiempo que no hablo de portadas, pues bien, la que ilustra este libro me gustó, me pareció una portada de un libro de poemas ¡Tan triste me parece y al mismo tiempo tan esperanzadora! Tampoco sabría decir porqué, desconocía el contenido, pero el libro definitivamente se vino conmigo. Se vino conmigo y se quedó en mi, en mi vida y como comprenderán no ha sido solo por la portada o por el continente, sino, naturalmente, una vez leído, por el contenido.

La ilustración de la portada, “Una primavera”, es una obra de Karl Bodek y Kurt Löw, y ha formado parte de una exposición que se realizó en Berlín con pinturas de Supervivientes del Holocausto. Ahora, solo ahora, después de haber leído el libro, entiendo el porqué de la pintura de la portada y el porqué del título del libro: Supervivientes.

Quizá, como algunos dicen, se he escrito mucho y hablado mucho sobre el Holocausto, cosa que yo no creo, porque soy de las que piensa que cada persona que lo padeció o murió merece su propia historia.

En cualquier caso es mucho menos lo que sabemos y hemos leído de aquellos que lograron sobrevivir a aquel horror, poder leer los pensamientos o recuerdos de estas personas me parece un lujo que debemos llenar de respeto.

Hace tan solo unos meses les hablaba de “Y tú no regresaste”, de Marceline Loridan-Ivens, otra de esas Supervivientes que han dejado su historia por escrito y que por ser tan personal es tan profunda e importante.

En el caso de la autora que hoy nos ocupa, Java Rosenfarb, nacida en Polonia y que falleció en 2011, en Canadá, fue considerada como la escritora más importante en lengua yiddish de la segunda mitad del siglo XX. Contarles, porque es de justicia, que vivió su juventud entre el gueto de Lódz, y los campos de Auschwiz, Sasel y Bergen-Belsen, y a la que imagino siempre al borde de la alambrada, siempre en la cuerda floja.

Pero lo que realmente me ha impresionado de esta colección de relatos de Rosenfarb, es observar desde cuantos puntos de vista se puede hablar del Holocausto… de los Campos ¡Qué terrible! Porque incluso cuando no habla de ellos, están. El solo hecho de sobrevivir es visto desde perspectivas tan variadas como casi enfermizas, y se agradece, porque cada vez entiendo mejor lo difícil que debió ser sobrevivir, no solo por haber estado allí, por haber visto de cara a la muerte día a día, después de haber, quizás, sino matado, decidió quien y cuando.

No, sobrevivir nos debió ser fácil.

Pero esta autora va más allá, ha dado el siguiente paso, y además lo hace a través de la literatura, porque lo que nos entrega en estos relatos es comprensión del presente y del pasado más reciente, pero no se equivoquen y que no les equivoquen mis palabras, son relatos profundamente literarios, intensos y en los que dibuja a todo color el alma humana, algunas en gama de grises, es cierto, pero ahí está el Hombre y todas sus miserias.

Relatos completos, redondos, evolucionados. Relatos que unen pasado y presente, Europa y Norte América, el otoño que fue y la primavera que se deseó. La huida hacia el largo invierno…

Hay que agradecer La estupenda traducción del inglés de Daniel Gascón, porque hay que tener una sensibilidad especial para acercarse a esta forma de creación, cuando, como en los poemas, cada palabra es precisa y especial.

Hay un prologo de Goldie Norgentaler, hija de Java, que es quien ha traducido la obra de su madre al inglés… Por nada del mundo se la pierdan, antes o después de la lectura de los relatos, nos ayudará a conocer un poco a la autora y será indispensable para la reflexión que todos hacemos tras las lecturas más intelectualmente humanas.

Me ha gustado que en la solapa del libro haya una fotografía de la autora, con una sonrisa completa, sonríe la cara y sonríe el alma, y descubres en esa mirada que en las palabras, en las frases, o en los poemas, es seguramente, es donde uno encuentra la paz.

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Dentro del secreto, de José Luís Peixoto

Dentro del secreto

Dentro del secretoCorea del Norte es el país más aislado y militarizado del mundo. Esta es la primera información que se da en la mayoría de libros que hablan sobre ella. Otros tantos la catalogan como la última dictadura estalinista o como un pueblo que vive sometido a una dinastía de lunáticos desde 1948. Independientemente de la verdad que haya en estas afirmaciones, no dejan de ser etiquetas, un resumen simplista de algo mucho más grande que, por más noticias que veamos o libros que leamos, estaremos lejos de entender. Quizá a muchos les baste con unos cuantos titulares para criticarla y rechazarla. Pero otros querrán ver más allá, conocer el día a día de quienes viven en una sociedad tan hermética. Ese es el caso del escritor portugués José Luís Peixoto y de los lectores que se animen a leer su libro Dentro del secreto – Un viaje por Corea del Norte.

Peixoto siempre ha tenido interés por las sociedades cerradas y los sistemas políticos autoritarios, lo cual no significa que los defienda. Esto, que personalmente me parece una obviedad, es una aclaración que él reitera a lo largo del libro, pues siempre habrá quien vea en «intentar comprender» un «querer justificar». En abril de 2012, aprovechando el excepcional viaje Kim Il-sung 100th birthday Ultimate Mega Tour (Ultimate Option), que ofreció una agencia de viajes china, ajena al gobierno coreano, Peixoto pasó dos semanas en Corea del Norte. Durante esos días sin teléfono móvil (se retira a todos los extranjeros que entran en el país, hasta su salida) y en compañía de dos autómatas de perenne sonrisa que hacían las veces de guías turísticos, el escritor visitó los monumentos más emblemáticos y algunas ciudades poco visitadas, en las que nunca antes habían entrado extranjeros. De este modo fue testigo del secretismo y la idiosincrasia de Corea del Norte, y trató de distinguir lo real de la retórica y la parafernalia de la cotidianidad.

Dentro del secreto es un libro de viajes tan peculiar como lo es el país visitado. Peixoto narra, siempre con un toque de ironía, los contratiempos típicos de cualquier viaje, su nerviosismo por sentirse controlado todo el tiempo, las hazañas de los grandes líderes (más propias del realismo mágico sudamericano que de los libros de Historia), las anécdotas sobre las normas norcoreanas que dejan con la boca abierta a cualquier occidental y sus impresiones sobre todo aquello que se va encontrando en el camino. El resultado es un relato valiente, tanto por atreverse a cuestionar la versión oficial que le cuentan como por reconocer que algunas de sus ideas preconcebidas sobre Corea de Norte se desmontan in situ. Es palpable el esfuerzo del autor por evitar que su mirada de turista estuviese guiada por aquello que leyó en los libros, buscando en cada esquina la confirmación de sus conocimientos previos, y aunque la imparcialidad es imposible, tal y como afirma él mismo, es de agradecer una narración tan equilibrada.

El lector puede leer sus líneas con una mirada benevolente o maliciosa, imponiendo sus prejuicios o liberándose de ellos. Si elige la segunda alternativa, es más probable que vea más allá y que comprenda que en este mundo imperfecto nadie conocerá nunca toda la verdad ni tendrá toda la razón. Porque, a miles de kilómetros de aquí, hay gente que cree que vive en la sociedad perfecta, aunque se asimile más a la distopía 1984, creada por George Orwell, pero si nos atrevemos a criticar lo propio, la nuestra tampoco dista mucho de Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

Ni una estancia de quince días en suelo norcoreano ni un libro de doscientas cuarenta páginas son suficientes para desentrañar los secretos de Corea del Norte. Tampoco era esa la intención de José Luís Peixoto. Porque si algo ha aprendido de sus viajes por el mundo y de sus acercamientos a sociedades ajenas, es que todos tenemos nuestros propios secretos, como países y como personas, y ni en toda una vida lograremos descubrirlos. Lo que sí está en nuestra mano, y Dentro del secreto, es la voluntad de acabar con los prejuicios y leer entre líneas, para conocer las pequeñas historias que se esconden detrás de los grandes titulares.

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Una familia normal

Una familia normal

Una  familia normal, de Santiago Gascón

Una familia normal

Leí el libro justo antes de iniciar mis vacaciones familiares, y podría haber hecho la reseña esa misma noche. El libro me había gustado mucho, muy en la línea de las publicaciones de Xordica, bueno, de las publicaciones que me gustan, sí, esas historias que parece que puede escribir cualquiera pero que resulta que no es tan fácil una vez que uno se pone a ello.

 

Como nos marchábamos a Portugal en coche tenía tiempo para indagar sobre si nosotros éramos o no una “familia normal”, pensaba darles una tregua de quinientos kilómetros pero no puede esperar y antes de los cien ya había soltado la pregunta, directa y sin rodeos:

¿Pensáis que somos una familia normal?

Ninguna familia que se plantee su normalidad puede ser normal, salvo que uno de sus componentes sea como tu …

 

¡¡¡Madre mía!!! Esto es por lo del libro que tenías encima de la mesilla estos días… Nos has raptado y metido dentro de un coche durante días para poder psicoanalizarnos  y escribir luego tu reseña sobre el libro… O puede ser  aun peor, quizá incluso te hayas propuesto escribir un libro sobre nosotros…

(Risas divertidísimas…)

Reíros todo lo que queráis pero Guille contaba que su padre  al abrir una cervecita, dijo que eran una familia de chiste. Aunque el creía que eran más bien una familia de teleserie americana barata, y luego dijo que su padre se echó a reír, pero que aquella risa tenía algo de llanto…

¿Quién es Guille?

El hijo de Darío y Pepa, también tiene un hermano que se llama Fran

¿Pero los conocemos? ¿Viven en nuestro pueblo?

¡Pero que son los del libro!

¡Ves como por tu culpa no somos una familia normal…!

(Muchísimas más risas …)

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Pequeñas historias de la calle Saint-Nicolas

Pequeñas historias de la calle Saint-Nicolas

Pequeñas historias de la calle Saint-Nicolas, de Line Amselem

Pequeñas historias de la calle Saint-Nicolas

Lo terminé. Y no, no pienso esperar a que repose ni un minuto más en mi cabecita, estoy hirviendo de ganas de contarles algo sobre estas “Pequeñas historias de la Calle Saint-Nicolas”.

Quien me lo ha regalado, sabe que la editorial Xordica me está sorprendiendo muy gratamente, como cuida el diseño, las portadas… Pero sabía, sobre todo, que la lectura del libro me haría desear contar, compartir y animar a que todos leáis esta “curiosité” literaria.

Otra vez un libo en forma de caja de pequeños bombones para compartir. El chocolate siempre tiene esa capacidad evocadora de la infancia… Y si digo bombones es porque cuando alguien narra en primera persona y de una forma tan cercana y aparentemente sincera, no podemos hablar de chocolate sin más. Incluso ha habido capítulos en los que el bombón venía relleno de las mejores y más exquisitas sorpresas.

Line Amselm, la autora, nos narra su infancia a través de estas “Pequeñas historias de la calle Saint-Nicolas”, sus pequeñas historias, las más ciertas, aquellas que quedaron en el fondo de sus recuerdos infantiles

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Jóvenes y guapos

Jóvenes y guapos

Jóvenes y guapos, de Aloma Rodríguez

Jóvenes y guapos
Opinión: Hay quien intenta generalizar la conducta de los jóvenes ( y guapos), y asimilarla con esa generación “ni-ni” de la que tanto se habla, jóvenes sin ideales, sin ilusiones y sin ganas. Yo no comparto la teoría, y Aloma nos demuestra que hay jóvenes que hacen cosas y que se atreven a llevar adelante sus sueños y proyectos, aunque es posible que no coincidan con lo que nosotros esperamos de ellos.Me acerqué hasta una de las actuaciones del grupo de teatro “El Silbo Vulnerado”, tras su gira por Cuba  y Argentina, para ver el espectáculo que llevan sobre Miguel Hernández, ‘Rayo, viento y ausencia’, dedicado a la figura y obra del poeta. Me gustó y me emocionó mucho, y como siempre, compruebo que han hecho un trabajo excelente.

“El Silbo Vulnerado” es una obra de Miguel Hernández que da nombre a este grupo teatral aragonés, compuesto para esta ocasión por Luis Felipe Alegre, Carmen Orte, y la joven Aloma Rodríguez. Y estaba claro que ahora, más que nunca, tal como ellos mismos han afirmado, estaban obligados a difundir la memoria del poeta entregándose por completo en este Centenario del nacimiento de Miguel Hernández que estamos celebrando.

Y dirán ustedes ¿Y que tiene esto que ver con ”Jóvenes y guapos”, que se supone que es el libro del que les voy a hablar? Pues sí, tiene que ver y mucho, y no porque crea que he regresado de mis vacaciones más joven y más guapa, que también, sino porque esa joven actriz, Aloma Rodríguez, resultó ser la autora de este libro.

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Piedad

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Piedad, de Miguel Mena

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Si entendemos PIEDAD como el afecto hacia una persona desgraciada o que padece, creo que el autor hace en este libro un gran ejercicio de piedad; ha sabido ponerse en el lugar del que sufre, y me da la sensación de que es capaz de sufrir con él; pero como aquí hablamos de literatura, lo que más me ha llamado la atención es la forma en que transmite esa sensación de PIEDAD en todos sus relatos o cuentos a través del dolor y el sufrimiento propio y ajeno.


He conocido al Miguel Mena escritor a través de sus libros, al periodista por sus trabajos en prensa, y al comunicador por tantas horas de compañía a través de esa magia que transmite en la radio.

Ahora, a través de la lectura de PIEDAD, he conocido a Miguel Ángel Mena Hierro, porque a nadie se le escapa, y él no lo ha escondido, que hay mucho de autobiográfico en este libro tan especial, en el que, entre otras muchas cosas que fueron noticia en su día, nos habla, y mucho, de su hijo, que tiene el síndrome de Angelman, y me ha hecho sentir esa PIEDAD de la que os hablaba al inicio, con el escritor, pues su hijo nunca comprenderá que se ha escrito uno de esos pocos libros capaces de impactar y sensibilizar a todo el que lo lee, en el que él, Dani, es protagonista, y a través de la mano y la imaginación de su padre ahora formará parte de nuestra redescubierta PIEDAD.

Algunos textos son tristes pero no me han dejado un sabor amargo, incluso he podido ver ese punto de humor (humor negro en este caso) tan característico de este autor y que tan bien ha trabajado en otros libros como en “Bendita calamidad”. Le gustan los juegos de palabras, y a mí también, y espero que a vosotros. Os regalo esta pequeña muestra:

PIEDAD

A veces piensa que tiene un nombre antiguo, que ya no se bautiza a nadie así, pero recuerda que en su infancia, en su colegio, había chicas o monjas con nombres que ahora suenan incluso más raros. Estaba Angustias, estaba Olvido, estaba Visitación, estaba Dolores, estaba Patro, de Patrocinio. Piensa que algunos nombres suenan más antiguos que el suyo, que están menos de moda, que han caído en desuso. Pero no. Enciende la tele y en las noticias hablan de angustias, hablan de dolores, hablan de olvido, incluso de visitas y patrocinios. De piedad, muy poco. De todos aquellos nombres, el suyo es el que menos espacio ocupa en los informativos.

 

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Ropa tendida

ropa-tendida

Ropa tendida, de Eva Puyó

 

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Lo primero que me llamó la atención de este libro al tenerlo entre mis manos, fue su estupenda portada, ese patio interior en el que todos intentamos ocultar de las miradas ajenas nuestras miserias.

Un libro sencillo, que nos cuenta historias que giran en torno a las relaciones familiares, a sus  rarezas, con un lenguaje propio que sólo se da entre sus miembros. Me ha transportado a un tiempo pasado, ese que todos tenemos archivado en nuestro cerebro. Habla de esas cosas que nunca contamos porque pertenecen al ámbito más íntimo de la convivencia familiar, lo que sólo existe de puertas para dentro. Y lo hace a través de una escritura fresca y directa, y con ese sentido del humor que sólo puede provenir de la magia de lo cotidiano.

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