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La mujer zurda, de Peter Handke

La mujer zurda

La mujer zurda«La soledad es la causa del más gélido, del más repugnante de los sentimientos: el de la inesencialidad. Después, uno necesita gente que le enseñe que todavía no está del todo degenerado».

¿Qué es lo mejor que puedes hacer cuando lees un libro de un autor de renombre y sales con la sensación de que éste no te acaba de convencer? Darle una segunda oportunidad, seguramente. Y ojo que esta es una decisión arriesgada, ya que en esta segunda oportunidad, como ocurre con casi todas las que se dan en la vida, es difícil dejar a un lado todo aquello que no te gustó la vez anterior. Si ya es difícil quitarse de los prejuicios, imagínense de los juicios. Pero si bien en mi primer intento con Peter Handke salí con un sabor agridulce y extraño, después de leer La mujer zurda las sensaciones son bien distintas. Al igual que en El miedo del portero al penalti, el tema que sobresale es la soledad, aunque tratado de forma muy diferente: a través de la separación de una pareja, en este caso.

El miedo a la soledad es uno de los más habituales en el ser humano. Lo sufrimos desde bien pequeños, cuando lloramos con amargura cuando sentimos a nuestra madre lejos, aunque sea sólo en lo que tarda en ir a calentar el biberón. Después vamos creciendo y la soledad pasa a convertirse en algo más complejo; demasiada nos deprime, pero demasiado poca nos satura. No podemos permitirnos el vivir sin contacto con los demás, pues somos animales sociales, pero, de cuando en cuando, nos resulta imprescindible alejarnos de todo y de todos para poder conversar con nosotros mismos, que es muchas veces el ser querido al que menos atención prestamos.

Marianne, la protagonista, es la mujer que, de forma inesperada, decide poner fin a su relación de pareja para comenzar una vida nueva con su hijo, lo que coincide con su vuelta al trabajo de traductora de libros, que había dejado tiempo atrás. Ella se ve obligada a reinventarse en prácticamente todos los niveles, tras años viviendo a las espaldas de un marido impulsivo, dominante y, posiblemente, adúltero.

Si en El miedo del portero al penalti descubrí algunos aspectos de la escritura de Handke que también se repiten, aunque en menor medida, en este libro, como su obsesión por los detalles minúsculos o su forma fiel de expresar las pequeñas decepciones y dramas del hombre contemporáneo, en esta novela el austriaco hace más concesiones al lector a la hora de ofrecerle una lectura más sencilla de digerir y de interpretar, lo que no evita que en buena parte del relato se mantenga ese simbolismo tan rebuscado suyo, que obliga a leer entre líneas para poder sacar conclusiones.

Pero, como digo, lo que ha hecho que saliese con buen sabor de boca de esta breve historia ha sido el equilibrio entre los momentos surrealistas y febriles con aquellos en los que la trama toma un camino más o menos lógico y sugerente. Ello, unido a un final de puro vodevil, hace que La mujer zurda me parezca un buen punto de partida para aquellos que quieran atreverse a descubrir a este complejo  y original escritor.

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El miedo del portero al penalti, de Peter Handke

El miedo del portero al penalti

El miedo del portero al penaltiSiempre se ha dicho que los porteros, principalmente los de fútbol pero me atrevería a decir que aún más los de otros deportes como el balonmano o el hockey, son gente  realmente peculiar. Y es que hay que ser bastante especial para decidir desde bien pequeño que quieres ocupar una posición en el campo en la que muy bien lo tienes que hacer para cubrirte de gloria y donde, sin embargo, un mínimo despiste te puede hundir en la miseria. Eso además de la frecuencia con la que tienes que jugarte el tipo para evitar que el balón, pelota o disco toque tu red. Aún con todo, estoy seguro de que ningún portero —de los profesionales, al menos— tiene una personalidad tan extraña y amarga como Josef Bloch, el protagonista de El miedo del portero al penalti.

Con esta novela he descubierto a Peter Handke, un escritor a quien tenía ganas de enfrentarme desde hacía tiempo, sobre todo por la fama que le precede de polémico y críptico. Y tras leer la que posiblemente sea su obra más célebre (bajo uno de esos títulos que valen oro por sí solos), debo decir que esta reputación me ha parecido más que merecida, dado que me ha resultado una lectura tan compleja como difícil de catalogar, de esas que te dejan a medio camino entre el odio y el amor, de las que sales con serias dudas del porcentaje de la misma que has logrado comprender.

El punto de partida de la novela y, posiblemente, el único momento en el que ésta aporta un argumento nítido, cuenta como, tiempo después de dejar los terrenos de juego, Bloch es despedido de su empleo como mecánico y empieza a dedicarse a jornada completa a vagar por las calles y los bares sin destino ninguno. Todo en el libro gira en torno a él, un tipo incapacitado para la vida en sociedad y que no tiene ninguna intención de modificar su comportamiento. Dentro de su personalidad, el aspecto que más y mejor explota Handke es la dificultad comunicativa que tiene el personaje, que lleva hasta puntos extremos y realmente chocantes, con diálogos absurdos, violentos e incompletos. Este aspecto hizo que, en más de una ocasión, la sinrazón dialéctica del protagonista me llevase a reflexionar sobre mis propias taras comunicativas, lo que no es poco y más sabiendo que la novela fue escrita muchos años antes de que el WhatsApp, el Instagram y el Facebook pasasen a sustituir a buena parte de nuestras comunicaciones cara a cara.

Handke también se esmera en buscar los detalles más nimios y recónditos en los que poner el foco, lo que en varias ocasiones lleva a empatizar con las pequeñas molestias y placeres del día a día —que, al fin y al cabo, son las que ocupan la mayor parte de nuestras vidas— pero que en otros casos resulta difícil encontrarles una explicación más allá de la de describir a un hombre al que todo lo que le rodea le resulta ajeno y aterrador. La trama, si es que existe, queda completamente subordinada a las pequeñas reflexiones y ensoñaciones del antiguo portero, a quien nada le agrada ni le entristece y parece pasar por su propia vida como un mero espectador.

Una novela, como decía, de la que resulta tan difícil sacar un significado como una valoración. Ojalá pudiera decir que me ha parecido una maravilla de principio a fin y que todo el mundo debería tenerla en su librería; ojalá pudiera decir que nadie debería acercarse a ella a menos de 50 metros salvo con prescripción facultativa. Pero nada de ello sería cierto. Quizás lo único que puedo decir sin temor a equivocarme es que El miedo del portero al penalti no deja indiferente a nadie, para bien o para mal.

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Punk Rock Blitzkrierg, de Marky Ramone

Punk Rock Blitzkrieg

Punk Rock BlitzkriegLa batería es uno de esos instrumentos que jamás me he planteado tocar en mi vida. Mi falta de psicomotricidad puede haber influido en mi desidia hacia este instrumento, pero lo cierto es que podría nombrar a centenares de cantantes, guitarristas, trompetistas… ¡incluso bajistas!, pero me costaría horrores acordarme de media docena de baterías. Precisamente por eso, una de las cosas que más me han impresionado de Punk Rock Blitzkrierg, la biografía que Marky Ramone escribió con la colaboración de Rich Herschlag, ha sido la forma en que este ya veterano músico consigue transmitir su pasión por el instrumento al que ha dedicado su vida.

Es una biografía bastante al uso en su estructura, con todo lo bueno y lo malo que ello implica. Es lineal en su desarrollo, que abarca desde la infancia del pequeño Marc Bell en Brooklyn hasta sus últimos años sobre los escenarios, en los que todavía sigue, con su banda Marky Ramone’s Blitzkrieg. El repaso cronológico nos permite conocer sus travesuras de la infancia, las bandas que comienza a escuchar en su adolescencia, sus comienzos con la batería, los primeros grupos en los que toca (entre ellos, los muy recomendables The Voidoids), la forma en la que sustituye a Tommy como batería de los Ramones…

No sé si habrá sido porque ya ninguno de los Ramones originales puede desmentirle sus opiniones y anécdotas, pero Marky no se cortó un pelo en contar las rarezas y excentricidades de sus compañeros de banda. Como no podía ser de otra forma, en sus recuerdos hay mucho de sexo, drogas y (punk) rock aunque, personalmente, la confesión que más me ha sorprendido ha sido saber que los Ramones tenían por norma no colocarse antes de subir a tocar. Quién lo hubiera dicho. Sus recuerdos también ayudan a descubrir el porqué de algunas de las más crípticas canciones del grupo, como de la famosísima Blitzkrieg bob.

Es una biografía extensa y detallada, lo que no puedo negar que me sorprendió bastante, ya que esperaba otra cosa muy diferente. La primera vez que vi la portada y que imaginé lo que sería leer la biografía de uno de los Ramones me esperaba algo más visceral, gamberro, políticamente incorrecto…incluso mal escrito, por qué no decirlo. Pero todo lo contrario; lo que he encontrado en estas líneas ha sido una biografía sin grandes artificios estilísticos, muy correcta en este aspecto, pero que ha volcado todo su interés en el amor y la pasión de Marky por los bombos, los goliats, los crashes y los charles.

Por supuesto, como ya he comentado, esto no evita que en esta biografía se recojan decenas de anécdotas irreverentes y divertidas. También tienen cabida los malos momentos, como la tensa relación entre Johnny y Joe o el periodo de cinco años en el que Marky tuvo que ser expulsado de la banda por su adicción al alcohol. También hay mucha música, desde luego. Estas memorias están plagadas de referencias a los principales artistas y grupos de la época. De hecho, el glosario que incluye el libro ocupa unas veinte páginas, de las que la mayor parte de las referencias son de las bandas y los artistas que se van citando entre recuerdo y recuerdo, lo que deja como resultado un intenso repaso a la música popular desde comienzos de los años 70 hasta casi la actualidad.

Son muchas ya las biografías de músicos que llevo a mis espaldas. Las hay mejor y peor escritas, más y menos sinceras… A mí me gusta dividirlas en dos grandes grupos: las que transmiten pasión por la música y las que se limitan a contar lo vivido. Y en Punk Rock Blitzkrierg tenemos una de las primeras. Y por muy saturado que esté el mundo de la biografía, creo que las de este tipo nunca están de más.

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Asamblea ordinaria, de Julio Fajardo

Asamblea ordinaria

Asamblea ordinariaQuién te lo iba a decir a ti hace diez años. Quién te iba a decir que ibas a pelearte por un sueldo de miseria y un horario de monja de clausura con gente que te dobla en carreras y te triplica en másteres, que ibas a pasar de pensar en cómo sería tu trabajo soñado a soñar con tener un trabajo, que ibas a permitir que pisoteasen tus derechos laborales día sí y día también porque bueno, levantas una piedra y encuentras a cien personas que matarían por tener tu puesto, que ibas a pasar de rechazar la propina a los familiares con el brazo extendido a hacerlo con la boca pequeña, no vaya a ser que se lo tomen en serio por una vez y la preparemos.

Quién te iba a decir que ibas a empezar a ir al trabajo en autobús sin que hubiese cambiado nada en tu falta de compromiso ecologista, que ibas a pasar de protestar en las calles cada nuevo recorte a sentir pereza hasta para escribir un tuit dando tu opinión, que lo que iba a impedir que te separases de tu antiguo amor no iba a ser el “hasta que la muerte os separe” sino la hipoteca. Quien te iba a decir que aquellos 3.000 € que te prometieron darte en tres minutos te iban a perseguir toda tu vida. Y que al abuelo no tenías que haberle metido tanto miedo con esos extranjeros que iban pidiendo limosna puerta por puerta y sí con esos hombres repeinados que ofrecían inversiones segurísimas anciano por anciano.

Quién te iba a decir hace diez años que leerías una novela como Asamblea ordinaria y que no ibas a situar a sus personajes protagonistas en los márgenes de la sociedad, sino en el mismo núcleo. Y que te ibas a revolcar en sus reflexiones amargas y dolidas, como si el único presente fuera que ya no hay futuro.

Julio Fajardo, su autor, entrelaza en su segunda novela tres historias con sencillez y sobriedad. Sus breves capítulos destilan situaciones tan crudas como habituales en la España post-ladrillo. Un hombre que narra, desde la admiración profunda hacia la figura de su jefe, como su empresa va adaptándose a la nueva época en el Club de la Reforma Laboral, en el que la primera regla es que no existen los derechos laborales. Una anciana ve cómo tiene que acoger a su sobrino, al haber quedado éste en el paro, e iniciar con él una relación de cercanía forzosa tras años de apenas verse las caras. Una pareja que observa cómo la crisis económica les pilla completamente a contrapié y que, como los buenos virus, pasa de tocar sólo al bolsillo a contagiar todos los aspectos de la relación.

Tras los bofetones de realidad que Rafael Chirbes dio hasta su último suspiro, Fajardo parece haberle cogido el testigo y su prosa, así como su facilidad para volcar los dramas mundanos sobre el papel, son hoy más necesarios que nunca. Una lectura que recomendaría encarecidamente a los que cacarean ese discurso goebbeliano de que “la crisis ha terminado”. Asamblea ordinaria, una obra coral sobre todo lo que hemos perdido y no recuperaremos. Quien te iba a decir hace diez años que ibas a tener que leer una reseña como ésta.

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Avery’s blues, de Angux y Núria Tamarit

Avery's blues

Avery's bluesDesde que Mortadelo peinaba una recia melena y desde que Zipi y Zape no eran castigados diariamente por don Pantuflo a dormir en el cuarto de los ratones. Ese es, más o menos, el tiempo que llevaba sin leer un cómic/novela gráfica (como novato en este mundillo, no quiero ofender a nadie). ¿Qué me llevó a interesarme entonces por Avery’s blues? La música, sin duda. Una historia que habla de un joven negro dispuesto a vender su alma al diablo a cambio de que le convierta en el mejor bluesman tenía que leerla, independientemente del formato en que estuviese publicada. Y he de decir que el dibujo en este caso no sólo es estéticamente agradable, sino que además ayuda enormemente a trasladarte a los años de la Gran Depresión americana y, más específicamente, a la región del delta del Misisipi, una de las zonas donde el blues se abrió paso como forma de expresión de la población afroamericana, tan necesitada de una vía de escape en aquellos duros años.

La historia escrita por Angux e ilustrada por Núrica Tamarit está claramente influenciada por la leyenda existente en torno a Tommy Johnson (y tan habitual como erróneamente vinculada a Robert Johnson), de quien se cuenta que vendió su alma a lucifer a cambio de que le convirtiese en el mejor cantante de blues de todos los tiempos. En nuestro caso será Avery, un joven negro harto de una vida servil y miserable, quien firme un pacto bastante similar, pero en este caso el diablo es algo más rebuscado que con Johnson y le exige que le consiga un alma pura para cumplir su deseo; en caso contrario, se llevará la suya y sin contraprestación ninguna. Así que, cuando Avery se encuentra a John, un niño inocente, fruto de una familia alcohólica y violenta, decide llevarlo con él para sellar su pacto con el maligno. A partir de ese momento se nos contará la historia del viaje que llevan a cabo ambos para su encuentro con el demonio, bajo la promesa de la fama eterna.

Uno de los aspectos que más me ha gustado ha sido el lenguaje que ha escogido Angux para sus diálogos: seco, duro y plagado de tacos. Muy fácil de vincular a una época y a una población con pocos recursos y poco interés por el protocolo y los buenos modales. El racismo también está muy presente y los jóvenes protagonistas lo sufrirán en primera persona. En cuanto a las ilustraciones de Núria Tamarit, dentro de mi escasa experiencia como lector de cómics, debo remarcar que lo que más me ha impresionado ha sido lo bien que ha recogido los ambientes, tanto con sus dibujos como, especialmente, con la gama de colores utilizados. Las zonas áridas y los pueblos deprimidos de los años 30 se sienten muy reales.

Avery’s blues es una historia que se lee en apenas media hora y que deja ganas de más, ya que sus dos protagonistas tienen, en mi opinión, una personalidad lo suficientemente atractiva y compleja como para haberles dado algo más de recorrido. Pero, como dicen las abuelas, lo bueno, si breve, dos veces bueno y desde su brevedad este cómic cuenta con un par de giros argumentales que me gustaron y sorprendieron bastante y eso es algo que muchos libros no logran en tropecientas páginas. Y es que, a medida que avance el viaje, iremos conociendo como tanto Avery como el pequeño John tienen secretos muy bien escondidos…

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2084. El fin del mundo, de Boualem Sansal

2084. El fin del mundo

2084. El fin del mundo“Duerma tranquila, buena gente, todo es absolutamente falso y lo demás está controlado”.

Si algo nos ha quedado claro en los últimos años es que el Estado Islámico, por desgracia, es un proyecto tan sólido como difícil de combatir. Fundamentalista en sus dogmas, moderno en su modo de transmitirlos, ha conseguido aterrorizar al mundo con sus ejecuciones y atentados, cada vez más violentos. Parece muy complicado que, llegado a un punto, este grupo de radicales desalmados consiga hacerse con la suya e imponer su interpretación extremista de la Sharia pero, ¿qué podría pasar si un proyecto como el suyo llegase a triunfar y a imponer su credo en todo el mundo?

Este es, a grandes rasgos, el planteamiento que propone el escritor argelino Boualem Sansal en su última novela, 2084. El fin del mundo, en la que nos presenta una sociedad regida por un gobierno dictatorial, creada en torno a los dogmas de una religión monoteísta y basada en el control férreo del pensamiento y de la actuación de sus individuos. El Estado de Abistán, como vemos, no difiere mucho de los sueños húmedos de los fieles del Estado Islámico. De hecho, en la novela se habla continuamente de la Guerra Santa, de las terribles ejecuciones a los rebeldes, del papel residual de las mujeres…todo bajo los preceptos del dios Yölah y de su representante en la tierra, Abi. Los paralelismos con 1984, la obra de George Orwell, también son manifiestas y, como se puede apreciar ya en el título, el autor no sólo no ha huido de ellos, sino que los ha tomado como propios.

El personaje protagonista es Ati, un hombre a quien su curiosidad innata le lleva a encontrar incongruencias en la narrativa creada por el régimen y a darle vueltas a los orígenes del mismo. Me gusta especialmente el proceso inicial por el cual Ati comienza a despertar, a darse cuenta de la mentira en la que vive. Por mucho que lo intenta no consigue apagar sus ansias de libertad, o más concretamente, de conocer qué hay más allá de esa frontera que el Gran Hermano vende a sus conciudadanos como límite de todo. Así, la historia se enarbola en torno al viaje de Ati por entender el mundo en el que vive.

El realismo de Abistan es sorprendente; el mundo distópico creado por Sansal está muy bien construido, con mucho detallismo, tanto en las descripciones de los escenarios como en las reglas que operan en el Estado. Una dictadura tan violenta como ineficaz ya que, como históricamente ha ocurrido en los regímenes autoritarios, en ella la burocracia es enorme y la pobreza aflora. Como apunte seguramente innecesario pero completamente real, durante esta lectura he tenido déjà vus con otras obras de ficción como con Fahrenheint, 1984, Un mundo feliz, Mad Max, Matrix, Los juegos del hambre, Star Wars… Creo que es todo cosa de mi cerebro, al que cuando se le pone el reto de imaginar cosas que se escapan demasiado de lo que ya conoce, tiende a buscar referencias cercanas para no tener que trabajar demasiado.

Sí que he echado en falta algo más de frescura en la narración. En esta novela hay muy pocos diálogos y muchas reflexiones y monólogos interiores, por lo que en ocasiones la lectura puede hacerse algo tediosa. Eso no evita que sea un libro realmente interesante, una potente crítica al fanatismo religioso en general, y al proyecto del Estado Islámico en particular.

Siendo francos, no creo que 2084. El fin del mundo esté al nivel de las grandes distopías clásicas. Al fin y al cabo, hablamos de obras de mucho renombre y a las que el paso del tiempo les ha dado mucho valor profético. Por ese mismo motivo, por la cuenta que nos trae a todos, esperemos que el libro de Samsal no acabe siendo más que una obra de ficción y no una advertencia sobre el futuro que le espera a nuestro planeta.

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El indio, de Jón Gnarr

El indio

El indioIslandia es un país curioso. Tiene el tamaño de Corea del Sur y sólo un poco más de población que La Rioja. En 2008, a comienzos de la crisis económica, su gobierno decidió dejar que los principales bancos del país se hundiesen en lugar de rescatarlos y salió victorioso. Y quién no recuerda la espartana actuación de su selección de fútbol en la pasada Eurocopa, en la que tan sólo Francia, la selección anfitriona, pudo frenar a un equipo plagado de jugadores desconocidos para el gran público. Pero si hay un sujeto que confirma que en ese frío territorio son tan raros como cachondos, ese hombre es Jón Gnarr. Alcalde de Reikiavik entre 2010 y 2014, este cómico llegó al poder en la capital islandesa con su ‘Best Party’ (Mejor partido), desde donde hacía promesas como que en invierno no apagaría el sol o que construiría un parque de atracciones Disney en las cercanías de aeropuerto. Durante su etapa de regidor se ganó la simpatía y la admiración de su pueblo, así como de personajes tan populares y heterogéneos como Noam Chomsky o Lady Gaga.

Por suerte o por desgracia, El indio, libro que publica Funambulista en castellano, no cuenta nada de esto. Gnarr ya sacó en su día un libro al respecto de su mandato. Lo que narra en esta ocasión es el origen de todo. Sus orígenes, más bien. Y es que ésta es una autobiografía de las de verdad, de las que empieza desde el mismo instante en que el autor nace, ya que antes de ese día, según cuenta él mismo, no existía nada.

Las historias del pequeño Gnarr son contadas con un tono humorístico, pero eso no evita que en la mayoría de los casos sean verdaderamente trágicas. El cómico no oculta sus orígenes humildes ni las penurias por las que llegó a pasar su familia, tanto a nivel económico como de relación entre sus miembros. Sus primeras vivencias están escritas como si las narrase el niño que por aquel entonces era, un chaval con problemas psicológicos y con una visión del mundo muy particular. Es una especie de pequeño Nicolás (el personaje de René Goscinny, no el de Gran Hermano) aunque más solitario y asocial. Un chico con un fuerte dolor en su interior que va descubriéndose poco a poco a sí mismo, a percibir todo lo que le diferencia de la gente normal y a darle vueltas a su propia existencia. Gnarr es ante todo un inadaptado, un indio en un mundo de caubois.

Algunas anécdotas de su infancia me han recordado a otras mías, como el juego de cambiar las letras de las canciones por palabrotas en clase de música o los ratos a solas creando historias fantásticas con un Action Man. Creo que el mayor logro de Gnarr con este libro ha sido el de ser capaz de retrotraerse a su pasado fielmente, tanto en los hechos ocurridos como en la forma de contarlos.

Lo único negativo: me ha parecido que el libro va de más a menos. Quizás sea porque en las últimas páginas las aventuras y los pensamientos del joven Jon no sorprenden tanto como al principio, pero sí que he notado que se me hacían algo más pesadas. A pesar de ello, el balance general del libro es muy bueno, ya que logra ofrecer un relato ameno y diferente dentro del trillado mundo de las biografías. Y no sé a vosotros, pero a mí, después de conocer la historia de Gnarr, me han dado ganas de que aparezca un personaje así en nuestra vida política. No sé si ayudaría mucho a cambiar la situación económica o a limar asperezas en la cuestión independentista, pero estoy seguro de que nos reiríamos mucho más.

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Qué vergüenza, de Paulina Flores

Qué vergüenza

Qué vergüenzaSoy de esos lectores que, por regla general, más que leer devoran los libros. Con prisa, con sagacidad, como si el tiempo que inviertes en una lectura sólo fuese un obstáculo para meterte en una nueva. Con los relatos de Paulina Flores, sin embargo, he tenido que cambiar esta dinámica; para leer y disfrutar de Qué vergüenza, la primera obra de esta joven autora chilena, he tenido que bajar varias marchas a mi motor cerebral. No en vano, sus historias cortas invitan a evadirse y a volver la vista a los buenos y malos momentos del pasado. Con una prosa sencilla pero absorbente, Flores consigue meterte de lleno en los ambientes generalmente humildes en los que sitúa sus relatos.

Es un libro que marida lo bello y lo amargo, lo cotidiano y lo inaudito de forma muy verosímil, sin fuertes contrastes. Flores tiene un estilo minimalista y desnudo, que no abusa de los grandes artificios y que apunta más al corazón que al cerebro. Los niños cuasi monopolizan los papeles protagonistas y son los personajes más cuidados y atractivos del libro. Al fin y al cabo, la nostalgia es el tema que sobresale en este trabajo y los más pequeños consiguen transmitir mejor que nadie ese mensaje de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Como curiosidad, decir que algunas de las palabras y expresiones que utiliza la autora nos costará un poco entenderlas a los lectores españoles, pero a nivel general es un libro que se entiende muy bien y cuyas historias no resultan demasiado extrañas a este lado del charco. Como no me gusta desvelar demasiado de los argumentos (y menos en el caso de narraciones que ocupan en torno a unas treinta páginas) voy a dar unas pequeñas pinceladas de lo que me ha transmitido cada uno de los relatos de este libro:

  • Qué vergüenza: llamativa historia para abrir boca. El drama del paro y el desgaste que éste produce en las familias en todo su esplendor y aspereza.
  • Teresa: un relato donde abunda la nostalgia por la infancia perdida, con un desarrollo vibrante y uno de esos finales que no se van de la cabeza en un buen rato.
  • Tahualcano: menos inspirado que la media para mi gusto, cuenta la historia de un grupo de amigos que deciden planificar un robo que poco a poco va degenerando. Con samuráis incluidos.
  • Olvidar a Freddy: un relato de amor, desamor y recuerdos infantiles que se desvela al lector mientras la protagonista se da un baño. Deja un regusto amargo y punzante. Mi favorito.
  • Tía Nana: breve relato acerca de la importancia de las relaciones personales no basadas en las palabras. Flores consigue crear una fuerte empatía con la protagonista.
  • Espíritu americano: un reencuentro de dos compañeras de trabajo después de muchos años, con aspectos del pasado por cerrar. Ameno y sorprendente en sus últimos párrafos.
  • Laika: breve narración de una niña que quería salir a la playa a ver ovnis. Crudo y desconcertante.
  • Últimas vacaciones: el que contiene mayor crítica social, al hablar de las diferencias económicas dentro de una misma familia bajo la percepción de un niño.
  • Afortunada de mí: es en el que más me ha costado entrar y del que más pena me ha dado salir. El más largo con diferencia del libro, narra dos historias en las que de nuevo convergen la nostalgia y la soledad.

Hasta aquí puedo leer, no sin antes invitar a aquellos que deseen descubrir una nueva (y novedosa) voz de la literatura hispanoamericana a que le den una oportunidad a Paulina Flores y a su Qué vergüenza. Abstenerse lectores Ferraris.

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Nunca tires la toalla, de Donald Trump

Nunca tires la toalla

Nunca tires la toallaEn esos años que transitan entre el final de la infancia y el principio de la adolescencia me hice aficionado al Wrestling, la lucha libre profesional, que por aquel entonces emitían de madrugada. Cuento esto porque unas navidades mis padres tuvieron a bien regalarme un DVD con uno de estos espectáculos, y en él aparecía un señor trajeado, ya entrado en años, que se atrevía a apostarse su prominente cabellera con el promotor del evento (y que acabó conservando). Si alguien me hubiese dicho, allá por las navidades del año 2007, que ese tipo iba a ser candidato a la presidencia de los Estados Unidos…seguramente hubiese pensado que, al igual que en aquellas peleas, todo lo que estaba viendo por televisión no era más que mero artificio, puro entretenimiento.

Sin embargo, todos sabemos que Donald John Trump está sólo a un paso de pisar el despacho oval y si eso es así es en buena parte por la imagen de hombre de negocios exitoso que ha conseguido crear en torno a él. Nunca tires la toalla es un repaso a algunos de los momentos clave a nivel empresarial de la 121 mayor fortuna de América según la revista Forbes, recubierto con mensajes motivacionales y consejos para los lectores que quieran conocer (y puede que hasta seguir) la forma en la que ha forjado su imperio el de Queens.

Trump defiende el pensamiento positivo como forma de encarar las adversidades en la vida. Un planteamiento a priori simplista, pero que va desgranando con el paso de los capítulos a través de distintos ejemplos en los cuales la moraleja común es Never give up! (¡Nunca tires la toalla!), frase que se repite decenas de veces a lo largo del texto, a modo de mantra. Hay muy poco de autocrítica y mucho de oda a su personalidad y a sus dotes para los negocios. Es algo que no me ha convencido demasiado, ya que cuando el empresario habla de inversiones que le han resultado muy provechosas el mérito siempre viene de él y de su prodigiosa visión de futuro, pero cuando comenta algún negocio que no prosperó en su día lo achaca a motivos como que “las fuerzas externas en contra eran demasiado fuertes”. Su personalidad egocéntrica también queda patente, por ejemplo, cuando al hablar de los atentados del 11-S recalca que él predijo meses atrás la cercanía de un ataque terrorista. También es duro en este texto con sus detractores, a los que señala y critica duramente, mientras que se muestra amable y complaciente con aquellos que le han tratado bien públicamente.

Lo que sí que me ha resultado interesante de este trabajo ha sido la forma en la que el magnate estadounidense explica el proceso que siguió en su día para alcanzar algunos de sus logros más importantes. Trump no se ahorra detalles burocráticos ni nombres para exponer cómo consiguió levantar varios de sus edificios más emblemáticos, como el Trump International Hotel & Tower de Chicago o la Trump Tower de Nueva York. Y por supuesto, Trump destaca su papel como showman, el que sin duda le ha dado a conocer entre el gran público y que, desgraciadamente, explica buena parte de su éxito electoral, al menos dentro de su partido. Por encima de sus participaciones en eventos puntuales, como en Saturday Night Live o en el ya citado de lucha libre, a nivel televisivo fue el reality show El aprendiz el que le granjeó buena parte de su fama. Estrenado en enero de 2004, el programa en el que los aspirantes competían por un contrato en la Trump Corporation, se mantuvo en antena durante 12 temporadas y en la actualidad se sigue emitiendo, en una versión con personajes famosos. Precisamente la próxima será la primera temporada sin la presencia del candidato a la Presidencia, ya que la NBC decidió no contar con él para el futuro por sus comentarios racistas contra los inmigrantes mexicanos.

Como libro de autoayuda no creo que Nunca tires la toalla tenga un gran valor, ya que la mayoría de los consejos que ofrece Trump los hemos podido leer y escuchar centenares de veces a distintas personas. Pero como lectura para conocer la forma en la que ha forjado su imperio y cómo ha ido encarando las distintas amenazas y oportunidades que ha ido encontrando a lo largo de su vida me parece bastante más interesante, ya que Donald Trump es, lo queramos o no, una de las personas más influyentes del mundo.

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Henri Duchemin y sus sombras, de Emmanuel Bove

Henri Duchemin y sus sombras

Henri Duchemin y sus sombrasNo me hace falta ser Sandro Rey para saber que no has oído hablar de Emmanuel Bove. No te avergüences: formas parte del 99% de la población, entre la que me incluyo (porcentaje no verificado por el INE). Fallecido en 1945, a los 47 años de edad, sus textos permanecieron en el olvido hasta la década de los ochenta, cuando algunos de sus admiradores consiguieron que sus obras volvieran a reeditarse en Francia, con un notable éxito. Hermida Editores ha decidido publicar una pequeña colección de sus relatos en castellano, bajo el título del primero de ellos, Henri Duchemin y sus sombras.

No soy una persona demasiado habituada a la lectura de relatos, pero he de reconocer que son una de las mejores (y más rápidas) formas de conocer a un escritor y de saber si su estilo concuerda o no con tus gustos. A través de sus historias cortas descubrí a Charles Bukowski o a Raymond Carver, dos de mis autores favoritos. En el caso de Bove, la lectura de sus relatos breves me ha permitido explorar un estilo muy personal con unos rasgos marcados, como la fijación en los pequeños detalles o los diálogos insólitos entre personajes desconocidos.

Uno de los aspectos que más me han llamado la atención de este libro ha sido la forma en la que Bove introduce grandes reflexiones existenciales en mitad de sus relatos. Estas cavilaciones se presentan en muchos casos en el transcurso de un suceso importante o de una narración de un hecho sorprendente, con lo que el autor consigue crear una expectación enorme. Me atrevería a decir que el escritor parisino disfruta torturando al lector, alejándole de la trama cuando más interesante está la historia. También hay mucho de surrealismo en este libro, tanto en las tramas como en los diálogos y las reflexiones de los personajes, aunque Bove consigue mantener sus historias en el límite de la verosimilitud.

Pero si en algo destacan estos relatos, como he comentado antes, es en la fijación por el detalle, que abarca desde las descripciones de los espacios y de los personajes hasta los propios comentarios y pensamientos de los protagonistas. Sus personajes son individuos que desde un principio padecen fuertes problemas existenciales y se ven superados por ellos. Los celos, la locura, la avaricia, la melancolía…todos piden auxilio por una u otra razón, en ocasiones interpelando directamente al lector de forma agresiva, como en La historia de un loco. Este es un aspecto que me ha parecido sumamente original y más teniendo en cuenta la época en la que estos relatos se escribieron.

Original y surrealista, seguramente adelantado a su tiempo. Esa es la opinión general que me ha dejado Bove al terminar de leer Henri Duchemin y sus sombras. No quiero cerrar esta reseña sin recomendar el último de los relatos, ¿Será mentira? Es el único que tiene un final más o menos cerrado y el que peor cuerpo deja al terminarlo. Soberbio de principio a fin.

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Tres días y una vida, de Pierre Lemaitre

Tres días y una vida

Tres días y una vidaÉsta es una reseña complicada. Complicadísima, de hecho. Tres días y una vida es una de esas novelas que te mueres por comentar con alguien según las acabas, pero de las que sabes que es casi imposible hablar sin desvelar más de lo que deberías. A pesar de ello prometo que voy a esforzarme en intentar expresar lo que me ha parecido su lectura destripando lo menos posible del libro, porque todos sabemos lo que fastidia un spoiler literario.

Pierre Lemaitre nos sitúa en el pequeño pueblo de Beauval, uno de tantos recónditos lugares donde la vida transcurre entre la tranquilidad y el hastío que provocan la rutina y el saberse con el futuro escrito desde el nacimiento. Esta paz se trastoca en las navidades de 1999 cuando Antoine, un chaval de doce años de edad, golpea en un ataque de ira a Rémi, un niño de sólo seis años, que muere en el acto. A pesar de las fuertes tentaciones por contar lo ocurrido, el chico decide ocultar el crimen y seguir con su vida, a sabiendas de que de quién jamás podrá esconderse es de sí mismo.

Lemaitre, con su habitual claridad y limpieza, consigue en muy pocas páginas lo que a otros autores les cuesta varios capítulos: hacer verosímil tanto la historia que cuenta como el ambiente en el que ésta se desarrolla. Me parece digno de destacar lo bien que recoge la idiosincrasia de los pueblos pequeños, en especial sus miserias: la necesidad de dar buena imagen por el “qué dirán”, los chismorreos en la plaza, los motes crueles y facilones, las habituales rencillas familiares, los cuchicheos en misa… Como residente estival en tres pueblos de pequeño tamaño, puedo decir que la ambientación que recrea el autor francés podría extrapolarse a centenares de localidades españolas sin ningún tipo de problema.

Antoine monopoliza el relato. Se nos muestra desde un principio como un chaval atormentado, no tanto por los remordimientos del crimen cometido, sino por el miedo a ser descubierto y a tener que pasar unos cuantos años en prisión. La psicosis en la que empieza a vivir desde el momento del asesinato está muy bien recogida, con numerosas pesadillas, paranoias, ganas de huir… Es una novela fuertemente angustiosa.

Lemaitre usa el recurso tan habitual como eficaz en este tipo de novelas de lanzar fuertes giros al final de cada capítulo, con lo que consigue mantenernos pegados al libro hasta que tiene piedad y relaja el ritmo narrativo. Aun así, tengo que avisar de que las últimas páginas son enormemente impactantes y adictivas; ahí Lemaitre emplea todos sus recursos para que acabemos el libro al borde del infarto. Pese a ello, el verdadero filón de esta novela no está tanto en lo que ocurre como en lo que no ocurre. Como dijo el escritor Giovanni Papini, todo hombre no vive más que por lo que espera, y la vida de Antoine podría resumirse en esa cita. Este libro es una tortuosa espera, un suplicio agónico del que Lemaitre no nos librará hasta que devoremos la última hoja.

Ya paro, de verdad de la buena. Sólo me queda recomendar esta lectura a todo aquel al que le apasionen las novelas de suspense y tenga suficiente tiempo para leer Tres días y una vida en una semana o menos, ya que de lo contrario pasará unas cuantas horas al día dándole vueltas a cada uno de los retorcidos giros del autor francés. Se lo digo por experiencia.

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Prince, de Mobeen Azhar

Prince

Prince2016 está siendo un año terriblemente duro para el mundo de la música. Si en enero nos dejó David Bowie, el 21 de abril le tocó el turno a Prince, a quien una sobredosis accidental de analgésicos le hizo abandonarnos a los 57 años. Son muchos los paralelismos que se han hecho y se harán entre estos dos grandes artistas: polifacéticos, excéntricos, sexuales… Aunque si tuviese que remarcar un aspecto común que les hizo destacar dentro del encorsetado mundo de la música moderna, ese sería sin duda que hicieron lo que les dio la gana.

Prince, publicado por Libros Cúpula, no es una biografía. Al menos no una al uso, como se encarga de recalcar su autor, Mobeen Azhar, en el prólogo. Azhar es, sin duda, uno de los mayores fans de Prince; acudió a 53 de sus conciertos, incluso desde el escenario, y fue el encargado de rodar el exitoso documental Hunting for Prince’s Vault. Este trabajo, por su parte, es más bien un álbum de (preciosas) fotografías a las que acompañan decenas de anécdotas, que son recordadas por personas muy cercanas a Prince. Sin embargo, aunque el texto, como digo, queda en un segundo plano con respecto al material gráfico, son estos breves testimonios los que permiten que vayamos construyendo en nuestro cerebro una imagen nítida del ser humano que se ocultaba bajo aquellos llamativos trajes.

Y es que las anécdotas, a pesar de lo que podría esperarse, no destacan las rarezas y las excentricidades del de Minneapolis, sino que nos muestran a un tipo sumamente cercano y hasta humilde, en boca de los músicos, bailarines o miembros de su equipo técnico que le acompañaron durante décadas. Y eso que rarezas tenía. Y muchas. Como cambiarse su nombre por un símbolo impronunciable a los 35 años como protesta contra la Warner Bros por el control de su música. O contratar a una prestigiosa pastelera para su servicio privado a pesar de que no le gustaban los pasteles y, poco después, despedir a su contable y ofrecerle su puesto a ella.

Normalmente, cuando tengo la oportunidad de leer un libro sobre un artista o un grupo musical, intento hacerlo al tiempo que escucho algunas de las canciones que se señalan en el texto, como forma de complementarlo y, en los mejores casos, de encontrar el sentido a algunas de las letras que hasta entonces eran indescifrables para mí. En el caso de Prince, creo que leerlo sin tener a mano YouTube debería estar penado, dado que buena parte de las conversaciones de Azhar con su núcleo cercano quedan a medias si no escuchamos el resultado final en boca del músico. Para muestra, el simpático relato de su encuentro con la cantante Martika, que narra ella misma en este libro y que se sintetizó en la canción Martika’s kitchen.

Los incondicionales de Prince tienen en este trabajo una buena oportunidad para conocerle mejor, de una de las mejores maneras en que se puede conocer a alguien: en boca de aquellos que han tenido que compartir con él tanto los buenos como los malos momentos. Estamos ante un libro bello, extraño, emotivo, sincero… Un digno homenaje a Su Majestad Púrpura.