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El día que dije basta, de Erick Canale

El día que dije basta

El día que dije bastaPuedo decir con orgullo que yo he tenido suerte en la vida. Desde bien pequeña mis padres me enseñaron que todo lo que me rodea es superfluo menos una cosa: la felicidad. Todo lo demás no importa, todo lo demás cambia, se va, vuelve, es innecesario, es indiferente. Lo único que tengo que perseguir en mi vida es la felicidad.

Yo no lo entendía demasiado bien. Bueno, la teoría, sí. Pero no sabía muy bien cómo aplicarla en la práctica. La primera vez que me enfrenté a este dilema fue cuando encontré unos amigos con los que no estaba realmente a gusto. A veces lo pasábamos bien, pero el resto del tiempo sentía que estaba con ellos porque tenía que ser así. En ese momento recordé: todo es indiferente, solo importa la felicidad. Así que decidí dejar de juntarme con ellos y buscarme otros amigos que realmente me aportaran algo que hiciera que yo quisiera seguir con esa amistad.

El siguiente punto de inflexión llegó cuando tuve que decidir qué carrera estudiar. ¿Quedarme en mi ciudad o marcharme lejos? ¿Estudiar lo que decía mi cabeza o lo que decía mi corazón? ¿Pensar en las salidas o no pensar en ellas? Dudas y más dudas se agolpaban dentro de mí. Intenté seguir esa máxima de buscar la felicidad ante todo, pero no resultaba nada sencillo. Como decía: en la teoría sí, en la práctica no. Así que decidí: me iba a estudiar fuera una carrera que no me apasionaba pero que me ofrecía muchas salidas. No puedo decir que me equivoqué, porque soy de la creencia de que todo pasa por algo, pero lo cierto es que pasé unos años muy duros estudiando algo que no terminaba de gustarme y sin saber si después me querría dedicar a ello. No fue nada bonito.

Después de leer El día que dije basta, estoy segura de que si me hubiera encontrado a Erick Canale en esos años me hubiera dicho: “Ana, déjalo ya. Deja esa carrera y estudia algo que te apasione, no pienses más que en eso”. Y yo le habría contestado: “Ay, Erick, si todo fuera tan sencillo…”. Pero la Ana de hoy en día, la de seis años después de empezar la carrera, le habría hecho caso con los ojos cerrados. Porque ahora voy aprendiendo a hacer eso, a tomar las decisiones sin sopesar tantísimo los pros y los contras. Me basta una pequeña garantía de que eso me hará feliz, para saber qué decisión es la que tengo que tomar. He seguido esta regla los últimos años y la verdad es que me ha ido bastante bien. Porque las cosas no se hacen igual sabiendo que vas a ser feliz haciéndolas que si las haces por obligación o porque sí.

A ver, está claro que yo no llego por las mañanas a la oficina y le digo a mi jefe que no me da la gana hacer las facturas porque eso no me llena. No. Pero sí que he escogido un trabajo que me da la oportunidad de tener las tardes libres y dedicarme a lo que verdaderamente me gusta. Y, ahora mismo, no podría entender la felicidad si no fuera de este modo.

Así que leer El día que dije basta me ha gustado muchísimo. Dentro de este libro se relata la propia historia personal de Erick Canale, de cómo lo dejó todo para convertirse en lo que siempre había querido: ser emprendedor. Y también la de muchas personas a las que ayudó a seguir el camino correcto. Mientras leía todos estos relatos he querido ser consciente de que todo lo que se cuenta en estas páginas es real. Y lo he hecho quizá con la intención de serenar mi alma para que esta vea que no soy la única loca que va por el mundo persiguiendo la felicidad sin importarle lo que los demás opinen. Porque, aunque yo venga aquí haciendo un manifiesto sobre lo que yo opino, como si yo jamás dudara de que las decisiones que tomo son las correctas, en realidad no es así. Tengo claro en qué tengo que pensar cuando tengo que elegir, pero a veces es muy complicado. ¿Me habré equivocado? ¿Será este el camino correcto? ¿Y si ha llegado la hora de dejar de pensar tanto en mí misma? En fin, ya os podéis imaginar cómo es tener mi cabeza, bullendo veinticuatro horas al día.

Volviendo al libro, diré que se lee con rapidez y sin pausa. La sucesión de las historias hace que las páginas pasen deprisa. A mí me pasó que, cuando quise darme cuenta, ya me lo había terminado. Os confesaré que al principio era un poco reticente a leerlo, porque yo no soy demasiado de libros de autoayuda, categoría donde podríamos encuadrar a este. Pero la temática me gustó muchísimo y me dio la sensación de que no iba a ser como el resto que ya había leído. Y no me equivocaba. Me ha gustado mucho el enfoque personal que le da el autor y la forma en la que cada uno podemos vernos reflejados en la historia. Porque, vale, yo de momento no quiero emprender y no tendría por qué hacer caso de lo que Erick cuenta en su libro. Pero no se trata de eso, consiste en extrapolarlo a tus propias circunstancias y sacar las conclusiones que tengas que sacar.

Y yo he sacado las mías: creo que, después de todo, no habré tomado tantos caminos equivocados cuando ahora mismo estoy aquí, hablando sobre libros mientras dejo que los rayos del sol se paseen por mi piel y pienso en lo feliz que seré cuando, dentro de un ratito, vuelva a coger otro libro para dejarme llevar por su historia. Eso, para mí, es la felicidad absoluta.

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Prohibido creer en historias de amor, de Javier Ruescas

Prohibido creer en historias de amor

Prohibido creer en historias de amorLa vida me ha enseñado a creer en historias de amor. Todo empezó cuando, de pequeña, veía en modo bucle las películas de Disney. No vayáis a pensar, yo no era de la Cenicienta o Blancanieves, no. Yo era de Dumbo (debía gustarme sufrir). Esa película me enseñó que el amor es lo que mueve el mundo. En ese caso, el amor de una madre por su hijo y a la inversa. ¿Y eso no es amor? Es el más honesto y verdadero del mundo. Y después la vida se ha encargado de demostrarme que el amor es lo que mueve todo y, que sin él, estaríamos perdidos.

Pero Héctor sufrió tanto, la vida le hirió tan dentro y tan fuerte, que dejó de creer en historias de amor. Es más, se prohibió creer en ellas. Había nacido indefenso y ya desde el primer momento sus padres lo dieron en adopción. Después, de casa en casa de acogida esperando a cumplir los dieciocho para poder enfrentarse a la vida cara a cara. Esto le hizo entender que el mundo no estaba hecho para él, que él era diferente y que no debía seguir el camino que los demás tomaban.

Hasta que apareció Cali, una chica de todo menos convencional. Cali, junto a sus padres y su hermana, tiene un canal de Youtube en el que sube absolutamente todo lo que ocurre en su día a día. Al principio parecía un juego; ella y su hermana eran pequeñas y parecía divertido ponerse delante de una cámara. Pero los años fueron pasando y lo que al principio era diversión se convirtió en dolor al saber que la intimidad casi ni existía en esa casa. Angustia al saber que todo el mundo controlaba sus movimientos. Y pavor por no conocer cuál iba a ser su futuro.

Cali y Héctor. Dos personas que no podrían venir de mundos más diferentes. Él, pidiendo en la calle para poder subsistir. Ella, aceptando los regalos que las marcas le hacían para obtener publicidad. La noche y el día. Pero ya sabemos que los polos opuestos se atraen, ¿no?

Ese es el planteamiento general de Prohibido creer en historias de amor, escrito por Javier Ruescas. Javier es youtuber (podríamos catalogarlo mejor como booktuber) desde hace bastantes años. Yo sigo su canal desde hace mucho tiempo y siempre me han gustado sus vídeos. Os tengo que decir que este no es el primer libro que escribe, ya que antes de este ya ha publicado unos cuantos más, pero no sé por qué nunca me he lanzado a leer algo de lo que había escrito. Bueno, sí, leí en su día Y luego ganas tú, en el que participó con un relato, pero no podríamos decir que sea un libro de él. Así que me dije que ya iba siendo hora de leer algo en condiciones de Javier Ruescas y ver qué tal se le da eso de ponerse delante de la pluma.

El resultado ha sido muy satisfactorio. Prohibido creer en historias de amor se lee rapidísimo ya que es muy entretenido. Tiene una historia paralela en la que los protagonistas deciden arreglar una sala de cine antigua que a mí me ha encantado. Con esto quiero decir que no creáis que se trata de una simple historia de amor, sino que el libro va mucho más allá: podemos encontrar misterio, aventura, historias de amistad, de familias que atraviesan dificultades… La capacidad de saber mezclar todas estas tramas y que todo tenga sentido y no se pierda la conexión es lo que más me ha gustado de este libro.

También me ha gustado mucho la manera con la que Javier Ruescas analiza el tema de exponer tu vida en las redes sociales. Me ha gustado que él, que es una persona que tiene miles de visitas cuando sube un vídeo a Youtube, sea el que cuente todo esto. No sé si la personalidad de Cali está basada en él o en algún amigo del gremio, pero se nota que está desarrollada desde un punto de vista muy personal. Yo, que estoy detrás de la pantalla, no pienso en si esa persona que está grabándose lo hace porque quiere o se siente ya un tanto obligada a grabarse porque o bien es un trabajo o bien es una rutina. No sé qué significa dejar que la gente siga tu día a día de una manera tan abierta que puede llegar a asustar. Desde luego, ahora cada vez que vea un vídeo, lo voy a ver con otros ojos.

Después de leer este libro yo seguiré creyendo en historias de amor, como siempre he creído y (espero) como siempre creeré. Porque, como decía al principio, el amor es lo que mueve el mundo, estoy convencida de ello. Y, si no pensáis así, deberíais empezar a cambiar de opinión, porque seréis mucho más felices. Confiad en mí. Creo que Héctor consiguió llegar a entenderlo, después de todo.

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La venganza de las palabras bonitas, de Víctor Mengual

La venganza de las palabras bonitas

La venganza de las palabras bonitasLas palabras pueden doler como puñales. Pero también pueden sanar, abrir los ojos de aquellos que los tienen cerrados, hacer recordar algo que creíamos olvidado, hacer que nos enamoremos de alguien o que lleguemos a odiarle. Las palabras son un arma para aquellas personas que saben utilizarlas y una salvación para aquellos que nos necesitamos refugiarnos en ellas cuando la vida real nos pesa demasiado. Para mí, son mi vida.

Así que no es de extrañar que al ver el título de este libro (La venganza de las palabras bonitas) mis ojos se abrieran como si hubieran visto algo asombroso. Ese título hizo que este libro cayera en mis manos, sin importarme nada más que eso. Pocas veces me ha pasado esto, la verdad sea dicha, ya que el título de una obra suele importarme entre poco y nada. Pero esta vez… esta vez ha sido diferente.

Tengo que decir que hasta la fecha no tenía la menor idea de quién era Víctor Mengual, su autor —o, como se hace llamar en las redes sociales, @bordelicado—. No sabía que era un chico que se había hecho famoso en Instagram gracias a todos los escritos que en esa red social publicada día sí y día también. No sabía que tenía miles de seguidores ansiosos por leer un día más las palabras que salían de su teclado y de su necesidad por compartirlas. No sabía que tenía un alma inquieta con la que tanta gente se identificaba. Pero no os preocupéis si no sabíais nada de esto tampoco, ya he hecho yo la labor de investigación necesaria para poneros al día y contaros un poco más de dónde viene este libro.

Como vemos, este libro viene de las redes sociales, de esa necesidad que tenemos las personas hoy en día (entre las que me incluyo) de compartir absolutamente todo a través de una plataforma. Y hay veces en las que este contenido se convierte en algo más, como es el caso. Se convierte en un libro de poemas que es un grito a viva voz; en una conversación hacia uno mismo tal vez para recordarse cosas en un futuro o quizás para compartirlas con personas que puedan sentirse identificadas con esas palabras. Sea como sea, eso que en un principio era un mero diario virtual, por llamarlo de alguna manera, se convirtió en el segundo libro de Víctor Mengual y que ya ha enganchado a una cantidad innumerable de personas.

No puedo no hablar de las ilustraciones de La venganza de las palabras bonitas. No se me ocurriría y, si lo hiciera, no me merecería continuar haciendo reseñas de libros. Estas ilustraciones, de Ricard López (más conocido como Ricardilus) son absolutamente perfectas. Crean una sintonía maravillosa al juntarse con los poemas y consiguen atravesar el papel y llegar directamente a ese rinconcito donde guardamos los sentimientos. En especial hay una ilustración que me ha impactado más que las demás: una en la que se puede observar un corazón arrancado y metido en un bote hermético cerrado con un candado. Más descriptivo, imposible.

Sí es cierto que no todo son cosas buenas: no es uno de mis poemarios favoritos, ya que no he conseguido llegar a tener una conexión general con los poemas. Los que me han gustado, me han gustado muchísimo, pero en su conjunto se me ha quedado un poco frío. Soy consciente de que esto es únicamente por mi culpa, ya que los poemas o te llegan o no te llegan. No hay más. Y es una pena que esta vez no haya sido así. También es extremadamente importante el momento en el que lees un libro, así que puede ser que mi situación personal actual no me haya dejado disfrutar de estos versos como lo podría haber hecho en otro momento de mi vida.

Aun así, quedo agradecida por haber pasado un rato entre los pensamientos de Víctor Mengual, siendo más consciente que nunca de que las palabras son un arma pero también un chaleco salvavidas.

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Un viaje pendiente… al reino de Mustang, de Daniel Torán

Un viaje pendiente... al reino de Mustang

Un viaje pendiente... al reino de MustangÚltimamente llevo un ritmo de lectura frenético. Entiendo que me pasa como a todos y que va por temporadas. Hay meses en los que puedo leerme diez libros sin casi darme ni cuenta y hay otros meses en los que si leo un par siento como si hubiera batido algún récord. Ahora estoy en esa fase maravillosa en la que puedo pasarme tres horas al día leyendo y cierro un libro para abrir inmediatamente otro.

Esto tiene sus cosas buenas, como que puedo ir haciendo tachones en mi lista de pendientes a un ritmo que me sube mucho la moral. Pero también tiene cosas malas y es que hay veces que, leyendo a esta velocidad, no consigo conectar demasiado con el libro o no le guardo el debido respeto cuando lo termino. Son manías mías, pero tiendo a digerir un poco la historia y guardarle un “pequeño luto” cuando termino un libro y así disfrutarlo un poquito más antes de empezar otro.

Pero a pesar de que llevaba una buena temporada saltándome mi propia norma, con Un viaje pendiente… al reino de Mustang he vuelto a las andadas, por fin. Después de terminarlo no solo he tenido que estar unos días pensando en él hasta que he cogido otro libro, sino que también para hacer la reseña me he tenido que dar un tiempo.

Os pongo en situación para que me entendáis. El protagonista tiene muchos miedos a los que enfrentarse. Su vida no es perfecta y sabe que en gran parte ello depende de él mismo y de su incapacidad por plantarle cara a todo aquello que le supone una barrera en su camino. Lleva tiempo pensando en hacer un viaje, en concreto a Nepal, al norte del Annapurna, donde tendrá tiempo de pensar en todo lo que necesita cambiar en su vida. Pero el acoso que viene sufriendo y la imposibilidad de vivir su propia vida de la manera que a él le gustaría, hacen que tenga que posponer el viaje una y otra vez. Hasta que un día, armado de valor, se decide: se va a ir a Nepal, se va a enfrentar a todo lo que tenga que enfrentarse y volverá siendo una persona completamente nueva.

En ese viaje lleno de aventuras y misticismo narrado por Daniel Torán, nuestro protagonista conocerá a personajes variopintos que le irán enseñando un sinfín de lecciones que después tendrá que aplicar a su día a día. Solo así, con la sabiduría de los que lo saben casi todo y la propia experiencia de emprender ese camino, será capaz de enfrentarse a los abusos de su vida anterior.

Contándoos esto espero que entendáis por qué he tenido que recapacitar un poco después de leer este libro. El protagonista bien podría ser cualquier persona, bien podría ser yo misma. Al terminarlo he estado pensando en mi propia vida: ¿la estoy viviendo bien?, ¿me he convertido en la persona que quería?, ¿me arrepiento de algunas decisiones que he tomado a lo largo de los años? Un viaje pendiente… al reino de Mustang  me ha hecho pensar en esto y en mucho más. Y, ¿qué queréis que os diga? Terminar un libro y recapacitar sobre todo lo que me ha enseñado es una de las cosas que más me gustan de este mundo.

He disfrutado mucho su lectura y, además, he tenido la oportunidad de encontrar alguna frase que no he podido evitar subrayar y pasar directamente a mi “cuaderno de frases”. Este cuaderno se va llenando poco a poco con las citas con las que me voy topando y que después de un tiempo me obligo a releer. Esto me permite recordarme quién era yo cuando leí ese libro y en qué medida he cambiado durante todo este tiempo.

En concreto, quiero compartir esta frase con vosotros: “Por mucha empatía que pueda tener la gente de tu alrededor, hasta que no eres la víctima, hasta que no sufres la cacería en tus propias carnes, no puedes comprender lo que es en toda su extensión, profundidad e impacto. Incluso puedes oír: <<lo que están haciendo contigo es excesivo>>. Como si se pudiera cometer un acoso sensato y comedido. Como si hubiera guerras sangrientas que fueran menos trágicas que otras”. Imposible no anotarla, ¿verdad?

Daniel Torán nos trae un libro en el que crea una atmósfera única. Acompañar al protagonista por todos esos parajes que parecen sacados de la ciencia ficción (pero no) es una experiencia increíble. Me gusta la forma que tiene de describir los escenarios: permitiéndose el tiempo suficiente para describirlos, pero sin llegar a ser abrumador o aburrido. En su justa medida, como debe ser. Además, el autor tiene una forma de escribir muy peculiar que se caracteriza básicamente por el uso de figuras literarias como el pleonasmo llevado a su propio campo: subir para abajo, entrar hacia fuera. Esto a mí me ha hecho mucha gracia y lo he admirado bastante durante el tiempo de lectura, ya que me ha parecido de gran valor el atreverse a usar ese registro en toda la narración.

Y es que a veces es imprescindible saber subir hacia abajo o entrar hacia fuera. Será una de las cosas que aprenderá nuestro protagonista y nosotros con él. Así que ¡normal que tuviera que darme un tiempo de descanso después de terminarlo! Pero ahora, que ya he hecho un repaso de toda mi vida y he estudiado todos aquellos puntos de inflexión que la han marcado irremediablemente, es el momento de cerrar (al menos durante una buena temporada) las tapas de este libro para dar paso —ahora sí— al siguiente.

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Confesiones de una policía, de Olga Maeso

Confesiones de una policía

Confesiones de una policíaCuando yo era pequeña vivía con mi madre y con mi tío. A pesar de no tener hermanos, mi tío se encargó de convertirse en uno, en lo bueno y en lo malo. Lo bueno: siempre se quedaba en casa cuidando de mí cuando mi madre trabajaba, jugábamos a la Play día sí y día también, me llevaba al cine a ver Harry Potter (aunque siempre se quedara dormido) y me protegía como si yo estuviera hecha de cristal. Lo malo: todos los días acabábamos peleados por alguna que otra tontería, lo echaba tremendamente de menos cuando se iba con sus amigos y no pasaba la tarde conmigo y me daba un pánico horrible saber en lo que trabajaba. Mi tío era paracaidista.

Por aquel entonces, teniendo yo unos seis años, en la tele nada más que se hablaba de una guerra en un sitio llamado Kósovo. Yo no tenía ni idea de lo que era, pero en casa el ambiente se enrarecía cada vez que alguna noticia relacionada salía en la televisión. Y todo tenía sentido: era probable que a mi tío lo tuvieran que mandar allí. Yo no sabía lo que significaba aquello, pero desde luego no era nada bueno.

Fue en ese instante en el que me di cuenta de lo valiente que era mi tío.

Por suerte, el tiempo pasó, los ánimos se calmaron y él se quedó en mi casa unos cuantos años más. Años que invirtió en una única cosa: prepararse las oposiciones para convertirse en guardia civil. Yo lo veía estudiar día y noche e ir al gimnasio como si no hubiera mañana. Recuerdo que iba con los apuntes de la oposición a todas partes, cualquier momento era bueno para darle un repaso. Fueron unos años muy largos en los que tuvo que sacrificar muchas cosas para poder llegar a ser lo que es hoy en día. No fue fácil, desde luego, sobre todo al ver que los años iban pasando y que, a pesar de aprobar los exámenes y las pruebas físicas, al final terminaba cayendo. Pero lo consiguió y hoy puede decir que es la persona que siempre quiso ser.

Al leer el libro de Olga Maeso, Confesiones de una policía, no he podido evitar acordarme de él todo el tiempo, ya que este libro cuenta la historia real de su autora y de cómo, después de mucho esfuerzo, consiguió trabajar de lo que siempre había querido: policía.

Olga lo tenía claro, ella quería ser policía, costara lo que costara. Ya le venía de familia, pues su padre también lo era, pero cuando se lo comentó a su madre, a esta se le cayó el alma a los pies. Y es normal, porque me imagino que las madres quieren tener a sus hijos sanos y salvos para siempre. ¡Con la de trabajos que hay! ¿No podría haber escogido ser administrativa y estar en una oficina segura y sin pistolas de por medio? Pero Olga lo tenía claro, iba a estudiar (muchísimo), se iba a preparar físicamente para las duras pruebas que tendría que pasar en breve e iba a conseguir la plaza que tanto tiempo había añorado.

Leer su experiencia personal es algo que me ha encantado. No os miento si os digo que me leí el libro de una sentada. Ya desde el principio quedé prendada de la historia, de la sinceridad con que Olga la cuenta. Sentí la frustración que ella debió sentir cuando suspendió por primera vez la oposición y (lo que fue mucho más bonito) la alegría de aprobar. Por supuesto, la presión de estar en la academia, la ilusión por conocer el primer destino y la adrenalina que nace al patrullar la ciudad y no saber qué te vas a encontrar ese día. También la tristeza de vivir casos difíciles, como el de un suicidio o la impotencia al tratar un caso de violencia de género.

La autora nos cuenta todo esto desde su propia perspectiva, siendo sincera y hablando al lector de tú a tú. Yo creo que esto es muy importante para el lector, ya que desde el primer momento siente la cercanía inmediata con ella y es eso precisamente lo que hace que no pueda parar de leer. Además, considero que conocer esta profesión desde dentro es algo imprescindible para todos. Todos deberíamos entender cuál es el proceso selectivo, cuáles son las inquietudes que hacen que una persona se quiera dedicar a este trabajo, a qué presiones está sometida y qué labores hace por los ciudadanos.

Es cierto que este libro, Confesiones de una policía, no contiene gran calidad literaria. Hay alguna que otra falta de ortografía y error en la maquetación que hace este libro no sea perfecto. Pero entiendo que lo que busca la escritora es contar su historia, simplemente. Hacer llegar su profesión a la mayor cantidad de gente posible, contando su experiencia en primera persona. Así como si fuera un diario. Y, como decía en el párrafo anterior, esa cercanía es lo que hace que este libro sea algo especial. Normalmente le doy muchísima importancia a la redacción y no me gusta encontrar errores en ella, pero la verdad es que al leer este libro he conseguido olvidarme de esos fallos, porque la historia de Olga me tenía tan atrapada que lo demás me daba igual. Recomendaría a su autora que, para las siguientes ediciones, se revisaran estos pequeños fallos para así tener un libro redondo.

Os confesaré que, mientras escribo estas líneas, no paro de pensar que tengo la segunda parte de este libro aquí a mi lado (Confesiones de una policía 2) y que ya me está empezando a costar concentrarme en la reseña porque tengo unas ganas tremendas de ponerme ahora mismo con ella. Pero antes de hacerlo, voy a llamar a mi tío y le voy a decir que haga hueco en su agenda porque tiene que leerse un libro que le voy a recomendar. Seguro que le encanta.

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Vivir bien la vida, de J.K. Rowling

Vivir bien la vida

Vivir bien la vida¿Cómo no iba a estar yo hoy, aquí, hablándoos del nuevo libro de J.K Rowling? ¿CÓMO? Por nada del mundo me perdería algo de lo que esta mujer tiene para ofrecerme, así que cuando supe que la editorial Salamandra iba a publicar un nuevo libro de la autora británica, tuve que hacerme con él.

Lo mío con Rowling viene de largo. Ella, en gran parte, fue la culpable de que hoy no pueda vivir sin la lectura; y eso es algo por lo que estaré agradecida eternamente.

Esta vez me encuentro con ella de nuevo, pero no en el mundo de Harry Potter, sino en su propio mundo. Me he topado con la Rowling de verdad, la persona que está detrás de todas esas historias que tanto me hicieron soñar y que hoy en día siguen emocionándome. Se ha presentado ante mí sin tapujos, sin máscaras, solo con su verdad por delante y con unos consejos que espero que jamás se me olviden.

Por si no lo sabéis, la vida de la escritora no fue nada fácil. Ella siempre quiso dedicarse a la literatura pero sus padres querían para ella algo más (¿cómo decirlo?) útil. Querían que estudiara una carrera productiva para que no pasara por las penurias que ellos habían pasado. Y ser escritora no es algo que te dé de comer así por las buenas. Luego su madre sufrió una enfermedad muy grave y, tras su muerte, Rowling se mudó a Portugal, para intentar empezar de cero. Allí conoció al que sería el padre de su hija y quien la maltrataría hasta el punto de tener que volver a Inglaterra con una mano delante y otra detrás. Y, mientras tanto, la historia de Harry volaba por su cabeza y se quedaba plasmada en papeles que luego guardaba en una caja. Un día esos papeles se juntaron y viajaron por todas las editoriales inglesas. Todas rechazaron el manuscrito. Nadie entendió absolutamente nada. Hasta que un día, una chica que trabajaba en una editorial convenció a su jefe de que tenía que leer ese libro. Ella había descubierto la esencia, eso que revolucionaría la manera en que los niños veían los libros. Y así, Rowling se convirtió en la persona que es hoy en día.

Su historia es importantísima para entender Vivir bien la vida, el libro del que vengo a hablaros, ya que en él se recoge un discurso que dio años atrás en la universidad de Harvard. Este discurso se sostiene sobre dos máximas imprescindibles: saber convertir los fracasos en éxitos y no perder jamás la imaginación.

Y, qué queréis que os diga, esta mujer, de fracasos e imaginación, sabe mucho.

Dice que el haber fracasado tanto y tan estrepitosamente fue lo que le enseñó a seguir adelante y a luchar por sus sueños. Y, en cuanto a la imaginación, dice que esta fue la que le enseñó a ponerse en el lugar de los demás, lo que le enseñó a ser empática. Y eso, la empatía, es algo de lo que siempre ha estado muy orgullosa.

Vivir bien la vida no es un libro de autoayuda, aunque pueda parecerlo. Es más bien un mensaje motivador y que contiene valores que jamás deberíamos olvidar. De un tiempo a esta parte, he aprendido a darle prioridad a lo que verdaderamente me gusta, arriesgándome y luchando por lo que de verdad quiero en esta vida, a pesar de que los demás piensen que estoy loca o que soy una ilusa. He aprendido a no escuchar lo que no quiero oír y a hacer caso a lo que realmente siento. Por eso me ha gustado mucho leer estas palabras de Rowling, como si me estuviera diciendo “sigue así, vas por el buen camino”.

Juro que cuando llegó a mi casa me dije que el libro tenía que durarme al menos tres días, para poder disfrutarlo poquito a poquito. Pero no me ha sido posible. Lo abrí y, veinte minutos después, lo cerraba con la sensación de haber invertido maravillosamente mi tiempo. Además, las ilustraciones que acompañan todo el libro (todas en color rojo, negro y blanco) hicieron que me sumergiera todavía más en el discurso.

Y, ¿cómo no iba a compartir con vosotros esta lectura, que tanto me ha gustado? ¿Cómo no os iba a decir que estoy enamorada de esta mujer, de su mente y de todo lo que tiene que compartir con nosotros? Es inexplicable. Por eso, sin más, dejo ya esta reseña con la sensación de sentir que estoy haciendo las cosas bien y que, si todavía puedo emocionarme con lo que Rowling escribe, es porque algo marcha muy bien dentro de mí.

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Shanti y el mandala mágico, de F.T. Camargo

Shanti y el mandala mágico

Shanti y el mandala mágicoReconozco que soy una chica con muchas aficiones. Si me preguntas qué hago en mi tiempo libre la respuesta puede ser muy variada dependiendo del momento en que formules esa cuestión. Pero si me preguntas qué es lo que haría toda mi vida sin cansarme y a lo que no podría renunciar jamás, te contestaría: “leer, escribir y viajar”. Con esas tres cosas yo ya soy feliz.

Creo que esas tres aficiones están estrechamente relacionadas, ya que leer y escribir son en sí una forma de viajar. En el primer caso, a mundos inventados por otros y, en el segundo, a lugares que solamente yo puedo imaginar. Sea como sea, de lo que se trata es de conocer cosas nuevas, de descubrir.  Y precisamente por eso amo la lectura. Leer me lleva a lugares increíbles y me enseña cosas que, quedándose en mi mente más o menos tiempo, me resultan verdaderamente interesantes. Por eso, cuando cojo un libro como Shanti y el mandala mágico doy las gracias porque mi madre me hubiera inculcado la lectura desde bien pequeña. Porque, si no puedo viajar, al menos puedo leer y aprender de esta forma cosas fascinantes.

Este libro, escrito por F.T. Camargo, tiene como marco principal una historia de aventuras donde la magia negra juega un gran papel. Shanti, la protagonista de la novela, tiene una visión donde descubre que ella tiene un pasado muy antiguo y que es la única que puede vencer la guerra que se avecina. Para ello, tendrá que reunir a varios chicos de todas las partes del mundo para crear dos alianzas: la del hemisferio norte y la del hemisferio sur. Una vez formadas las alianzas, todos juntos tendrán que buscar un objeto misterioso que será lo que les llevé a vencer esa batalla contra la oscuridad.

Esta es la presentación esencial de la novela, editada por Caligrama, que ha ganado numerosos premios a nivel internacional. Y no es de extrañar, porque F.T. Camargo nos trae una historia muy original mediante la cual tendremos la oportunidad de conocer las culturas de muchos países diferentes. Los protagonistas nos contarán un poco de su vida y nos ayudarán a entender por qué son útiles en la búsqueda del objeto misterioso.

Tiendo a ser muy sincera en mis reseñas y, en esta ocasión, no iba a ser menos, así que tengo que decir que, para mi gusto, la presentación de los personajes ha sido un poco excesiva. Me explico: el principio del libro está compuesto por varios capítulos en los que se introduce a cada uno de los personajes que después formará la alianza. Poco a poco, el autor nos cuenta sus historias detallando muy bien el contexto del que vienen. Al ser muchos los protagonistas que afrontarán la batalla junto a Shanti, estas presentaciones duran más de lo que a mí me gustaría, ya que hasta más o menos la mitad del libro no comienzan a juntarse para luchar contra los magos oscuros. Por supuesto, si eres una persona a la que le gustan los libros descriptivos y que se tomen su tiempo en contextualizar y poner al lector en situación, esto te encantará. Ojalá fuera mi caso, de verdad, porque hubiera disfrutado todavía más de lo que lo he hecho.

Pero dejemos de centrarnos en los puntos menos positivos y vamos a hablar de la narración, ya que hay que destacarla especialmente. El autor tiene un lenguaje ágil en el que intercala muchísimos diálogos, lo que facilita mucho su lectura. Me ha gustado mucho su narrativa y su estilo. Precisamente eso ha hecho que pudiera leer cantidad de capítulos seguidos sin cansarme y sin darme casi ni cuenta. Y, aunque antes decía que las descripciones de los personajes quizás sean excesivas para mi gusto, tengo que decir que gracias a eso podemos descubrir la gran labor de investigación que ha hecho el autor. Si yo hubiera escrito este libro lo que más me hubiera costado habría sido informarme de todas las culturas que están implicadas en la historia. Cada personaje viene de una parte diferente del mundo, lo que supone que cada uno tiene su forma de ser, su historia, su cultura, su entorno… y F.T. Camargo, gracias a sus descripciones, nos deja claro que la labor de investigación que ha hecho es magnífica. Sí, puede sonar contradictorio: “pero, ¿te gustan o no te gustan las descripciones?”. Ya, vale. En realidad es muy sencillo, ya que he pasado por dos fases en esta lectura: mientras leía el libro y después de hacerlo. Mientras lo leía, las descripciones me estorbaban un poco, pero después he entendido que eran necesarias para que la historia fuera redonda. Ahí tenéis mi impresión, dos caras de una misma moneda.

Shanti y el mandala mágico te gustará si te gustan las novelas de aventuras en las que los protagonistas tienen que descubrir de qué son capaces, ya que ni ellos mismos lo saben en un principio. Me ha recordado un poco a Endgame por la estructura de los personajes y la narración que, si la tenemos que comparar con un videojuego, correspondería a un juego de plataformas. Leer este libro es como ir pasando pantallas, hasta que al final te encuentras al malo malísimo al que hay que derrotar. La diferencia entre Endgame y este libro es que del primero lo leería ninguna parte más (a pesar de que ya están publicados los dos siguientes tomos) y, en cambio, del segundo no me importaría continuar la historia. Y eso es decir mucho.

Sin duda, leer es mi segunda forma favorita de viajar. Así que cuando cojo un libro como el que os traigo hoy, no puedo hacer más que sentarme en mi sillón, relajarme y dejarme llevar a donde el autor quiera guiarme.

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Experimento Magallanes, de Alejandro Alvado

Experimento Magallanes

Experimento MagallanesHoy estoy emocionada. Sí, estoy especialmente contenta. Ha sido un día estupendo: en el trabajo ha salido todo redondo, me he permitido el lujo de darme un paseo de una hora sin pensar en nada, he recibido muy buenas noticias y he terminado el libro que me ha acompañado estos últimos días.

Y, vale, esto último ocurre muy a menudo, al menos dos veces a la semana, así que tampoco tendría por qué ser una novedad. Pero lo cierto es que sí lo es, porque este libro, Experimento Magallanes, me ha encantado.

Si leéis mis reseñas ya sabréis que no suelo decirle que no a ningún libro, aunque no me atraiga demasiado en un principio. He aprendido a no juzgar por una presentación, por una temática o por una sinopsis. Prefiero dejarme llevar y ver qué me depara ese libro. Y, si me leéis, también sabréis que no soy una gran aficionada a las novelas históricas, ya que normalmente me suele costar bastante conectar con la trama y engancharme a ella. Y sí, el libro del que vengo a hablar hoy es una especie de novela histórica. Digo especie, porque ahora, después de haberlo leído, no sé muy bien cómo catalogarlo. Después de leer esta reseña me entenderéis mejor.

Alejandro Alvado nos trae una novela muy cortita, que no llega a las cien páginas, y cuya historia transcurre en el siglo XVI teniendo como escenario principal el viaje que Magallanes emprendió y que tenía como fin el dar la vuelta al mundo. Podríais pensar que el protagonista de este libro, como sería lógico, es Fernando de Magallanes, pero lo cierto es que no. Los protagonistas son tres hombres con tres historias que contar que verán cómo sus vidas giran irremediablemente alrededor de la del luso. Concretamente, uno de ellos tendrá la misión de salvar la vida del explorador portugués, contando con un as en la manga muy peculiar: el saber cómo termina realmente la historia.

Este halo de ciencia ficción es algo que me ha gustado particularmente. Imaginaos: muchos marineros que transportaban mercancía de un continente a otro acababan muertos a manos del escorbuto, por no tomar la suficiente vitamina C. Cuántas vidas se hubieran salvado si alguien le hubiera dicho a estos marineros que el clavo que transportaban tan habitualmente era rico en esa vitamina. Y, como esta anécdota, muchas más: cómo hubiera cambiado el curso de la historia si alguien llegara del futuro contando todo lo que estaba por suceder.

Sin duda, una trama curiosa, ¿verdad? Pero no solo eso, ya que Alejandro Alvado lo cuenta todo con tanto humor que es inevitable dejar que una risa se escape de vez en cuando. Sobre todo si uno lee los títulos de los capítulos con detenimiento, ya que no tienen desperdicio.

Así que, sí, Experimento Magallanes es una novela muy difícil de catalogar. ¿Histórica? ¿Ciencia ficción? ¿Humor? Pero, si no somos muy quisquillosos y no necesitamos catalogar absolutamente todo lo que nos rodea, podremos contar con la ventaja de descubrir que una sola cosa puede tener multitud de virtudes y cualidades. Como es el caso. Espero que ahora me entendáis cuando os digo que he tenido un gran día.

Además, tengo que decir que la narración, la forma de escribir que tiene Alejandro Alvado, me ha gustado muchísimo. Utiliza un lenguaje elaborado pero para nada engorroso. Me ha resultado muy fácil introducirme en la trama (cosa que, como os dije, me cuesta bastante cuando se trata de novelas históricas) y eso ha sido gracias al lenguaje fluido que usa el autor. He de confesar que cuando me llegó a casa y vi lo cortito que era, pensé que en una noche podría leérmelo entero. Pero la verdad es que no ha sido así, porque he querido dosificarme. Podría haberme sentado y haberlo leído del tirón, pero he preferido disfrutarlo más lentamente, leyendo un par de capítulos por noche. No quería que se terminara tan pronto. Pero no os culpo si, al leerlo, os dura un suspiro; lo entendería perfectamente.

Si hay algo que se echa en falta, quizá sea el desarrollo de los personajes protagonistas. Alejandro Alvado apenas da unas pinceladas de cada uno de ellos, dejando mucho a la imaginación. Pero no tenemos que tomarlo como algo negativo, precisamente porque este es un libro en el que lo importante no es tanto el contenido, sino el continente. Nos da igual no saber cómo son los personajes en profundidad, o cómo piensan. Nos da igual no entender sus emociones o su forma de ser, sencillamente porque no lo necesitamos. Eso es lo bueno: que el trascurso de la historia sigue igual tanto si sabemos esas cosas, como si no. Así que, me ha gustado que el autor no se detuviera en darnos detalles innecesarios y fuera directamente el grano. Si se tratara de otro tipo de novela o narración, os podría decir que no, que yo necesito que me den personajes muy desarrollados y creíbles. Pero en este caso la historia en sí es tan interesante, que lo demás me ha dado absolutamente igual.

Habiendo dicho todo esto, no es de extrañar que ahora tenga una tremenda sensación de satisfacción. Cuando terminé el libro, lo hice con una sonrisa en la cara. No me podía creer que un libro de historia me hubiera gustado tanto. Sí, sin duda, hoy ha sido un gran día.

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El sueño de Newton, de Carolina Redondo

No me puedo imaginar lo que sentiría si mañana me despertara y no recordara absolutamente nada de mi vida. Ni quién soy, ni dónde vivo, de dónde vengo. Ni siquiera mi nombre. Como si acabara de nacer, así, de repente. Pienso en lo que sería echar la vista atrás para descubrir algo de mi pasado, aunque fuera solo una cosa pequeñita y solo ver un borrón negro. Nada más. ¿Por dónde empezar? ¿Qué hacer?

Algo así le pasó a Krups, uno de los protagonistas del libro del que vengo a hablar hoy, El sueño de Newton. Un día se despertó y no recordaba nada, como si le hubieran lavado el cerebro o se lo hubieran reseteado. Tiene que ser muy frustrante no saber ni cómo te llamas, por eso se autobautizó como Krups, lo primero que le vino a la mente. Un día, en terapia, conoció a Mara, que acudía a esos encuentros para superar la adicción a la droga en la que había caído después de la muerte de su madre. Como si el destino existiera, como si este quisiera que Krups y Mara estuvieran en la misma habitación en el mismo momento. Como si fuera necesario que se conocieran. Y tanto que era necesario… a medida que iban pasando las páginas de este libro, comenzaba a entender poco a poco por qué.

Pero la historia no se queda ahí, ya que para entender todo y desentrañar el misterio oculto en esa pérdida de memoria de Krups, tendremos que remontarnos al siglo XVII, concretamente a 1693. Al momento en el cual Isaac Newton hizo un descubrimiento que, de conocerse, podría cambiar todos los axiomas científicos y religiosos en los que creemos hoy en día. Por eso mismo, por las consecuencias que ello podría acarrear, Newton no se quiso arriesgar y lo dejó todo plasmado en un manuscrito que no llegó a sacar a la luz.

También tendremos que viajar en el tiempo y contemplar un cuadro pintado por Rembrandt, así como ser un tripulante más de una expedición que se hizo en la Antártida muchos años atrás.

Y, por supuesto, también viajaremos a Kenia y a Uganda, donde se esconde la confirmación a esa teoría que Newton tenía.

Y, pensaréis ¿qué tiene que ver todo esto con Mara y con Krups? Pues muy sencillo: Mara sabía de la existencia de esta teoría, la llevaba estudiando mucho tiempo. E, igual que sabía que cada día estaba más cerca de la respuesta que tanto tiempo llevaba buscando, también era consciente de que esa investigación la ponía en grave peligro. Así que, por ese miedo a desaparecer del mundo llevándose su investigación con ella, lo dejó todo plasmado en un diario para que, en caso de que la pasara algo, la persona que lo tuviera pudiera continuar lo que ella había empezado. Cuando Mara puso rumbo a Kenia para confirmar lo que ya venía sospechando desde tiempo atrás, ese diario fue a parar a las manos de Krups, que se vería involucrado en la investigación de una manera irremediable.

Tengo que decir que normalmente no suelo extenderme tanto en la descripción de la trama de un libro, ya que me gusta más centrarme en otras cosas que, a veces, me parecen más importantes. Pero esta vez quería desgranar cada uno de los componentes de esta historia escrita por la madrileña Carolina Redondo de una manera más detenida. Tal vez solo con la intención de que entendáis ante qué tipo de libro estamos. Digo esto porque es una trama de aventuras, en la que los protagonistas tendrán que pasar una verdadera odisea para conseguir lo que más ansían: la verdad. Los continuos saltos en el tiempo que nos llevan a los diferentes lugares que tienen que ver con la investigación, hacen que la historia sea muy entretenida. Pero no solo eso: nos mantienen muy atentos, ya que el protagonista está cambiando constantemente y nos va dando pistas sobre lo que nos podremos encontrar después.

Por eso quería darle tanta importancia a la trama, porque me parece muy interesante y muy confeccionada. Esto me ha gustado mucho porque se nota que hay una labor de investigación detrás del libro y que hace que las historias de los diferentes personajes en las distintas épocas estén muy hiladas. Aunque tantos cambios y tantas tramas pueden hacer que al principio nada tenga sentido. Los capítulos van pasando y los saltos en el tiempo comienzan a aparecer. Puede ser que esto resulte un poco lioso cuando todavía no sabemos muy bien de qué va toda la historia, pero os aseguro que va cobrando sentido poco a poco. Además, es un libro bastante cortito (tiene alrededor de doscientas páginas) así que no tenemos que esperar demasiado para que eso ocurra.

Por supuesto, ha sido un placer ir a África de la mano de Carolina Redondo. Tuve la suerte de poder ir a Kenia hace justo un año. Allí me quedé impactada por todo lo que vi, lo que sentí y, sobre todo, por lo que me contaron. Fui afortunada y en el viaje me acompañó un guía que me fue explicando todo lo que yo quería saber sobre ese increíble país. Sus creencias, su mitología, su forma de vivir la religión y lo extraordinario. Me quedaba embobada escuchando todas las historias que ese hombre tenía que contarme, así que volver a viajar a Kenia junto con Mara y descubrir todo lo que ella descubrió allí (y después en Uganda) ha sido una experiencia fantástica.

El sueño de Newton ha tenido una cosa que me ha gustado especialmente: la forma que tiene la autora de enredar lo corriente con lo extraordinario pareciendo que ambos mundo están unidos con un nexo irrompible. Se mezcla la ciencia con lo fantástico, la religión con lo mundano, de una manera muy sutil y delicada, haciéndonos entender que una cosa no puede vivir sin la otra. Es ese tipo de historia en la que ya no sabes qué es de verdad o qué es inventado, porque todo podría llegar a tener sentido. Carolina Redondo toma como base historias reales y después las usa a su antojo, dándonos un libro de aventuras muy peculiar.

En definitiva, una buena sorpresa que me ha llevado a escribir hoy estas palabras. Y, no, todavía no sé lo que haría si me levantara sin memoria una mañana. Ojalá tuviera un diario como el de Mara para dejar plasmado en él todo lo que no quiero olvidar. Pero, ¿sabéis lo bueno? Lo bueno es que podría leer muchísimos libros de nuevo con la ventaja de volver a ilusionarme como lo hice la primera vez.

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Corazón de escamas, de Rafael Clavijo

Corazón de escamas

Corazón de escamasQuería empezar esta reseña hablando de la conexión que ciertas personas sienten hacia algún elemento de la naturaleza. Por ejemplo, están los que aman el fuego, los que se sienten atraídos por ese color o esa fiereza que tanto le caracteriza. También están los que sienten un vínculo especial con las piedras, con el poder que transmiten y la conexión que experimentan cuando tocan una cargada de energía. Conozco personas que adoran el viento (como mi madre), a las que no hay nada que les guste más que estar en mitad de una montaña sintiendo cómo el viento les rodea. Y luego están los que, como yo, sienten algo especial cuando están dentro del agua.

Mis padres siempre me cuentan que la primera vez que yo entré en una piscina tenía tan solo un mes. Estábamos en Vinaroz, el pueblo de mi abuela, y el calor sofocante hacía que mi madre tuviera que meterme en la piscina para que no me subiera demasiado la temperatura. No sé si eso fue lo que despertó en mí un amor profundo hacia el agua pero desde entonces tengo la necesidad de nadar cada poco tiempo. Si no puedo ir a la playa porque en Cantabria vivimos casi en un invierno eterno, me voy a la piscina. Si no, me voy de viaje a algún sitio en el que pueda bucear y descubrir las profundidades del mar. Y si no puedo hacer nada de eso, simplemente me lleno la bañera para desconectar un buen rato. Lo que sea, con tal de sentir durante un tiempo que mi cuerpo está en la nada.

Por eso cuando empecé a leer Corazón de escamas supe desde el primer momento que  me iba a gustar, ya que su protagonista, Carlos es un nadador profesional. Ahí me puse cómoda y me preparé, porque estaba segura de que toda la acción del libro tendría lugar entre piscinas y agua. Pero lo que no sabía es que no era así del todo: sí, habría agua, pero estaba muy equivocada al pensar que el escenario principal iba a ser una piscina de competición.

Y es que Carlos, invadido por un gran sentimiento de responsabilidad al ver que no ganaba lo suficiente y que sus rivales eran más fuertes y rápidos que él, decidió doparse. Un pinchazo y una transfusión de sangre bastaron para retirarle de las piscinas durante cuatro años. Cuando eres un campeón, cuando lo has ganado todo y te quitan lo único que le da sentido a tu vida, parece que está todo perdido. En ese momento, Carlos decidió que jamás volvería a nadar, tiraba la toalla. Ya encontraría algo diferente en lo que invertir su tiempo y su energía. Pero cuando estás tan hecho al agua llegando casi a formar parte de ella, es muy difícil encontrar otra cosa que te haga feliz.

Por eso Steve, el mejor amigo de Carlos, no quiso que este se rindiera y, aprovechando que había creado una empresa de equipamiento deportivo, quiso que su amigo fuera la imagen de la misma. Carlos solo tendría que hacer una cosa: vencer la inseguridad que le daba nadar en el mar y conseguir una serie de retos que le llevarían a nadar por todo el mundo, batiendo récords y reinventándose a sí mismo.

Así que este libro, escrito por Rafael Clavijo, trata de eso: de la superación. De enfrentarse a los miedos, a los retos y, sobre todo, a las malas decisiones que todos tomamos alguna vez a lo largo de nuestra vida. Carlos no lo tuvo nada fácil, y más cuando esa decisión que tomó afectó a todos los ámbitos de su vida, más concretamente a la relación con su padre, su entrenador. Pero saber aprender de los errores y enfrentarse a ellos es lo que permite que cualquiera, Carlos el primero, pueda salir adelante.

Corazón de escamas es un libro cortito, que se leer muy rápido y sin pausa. Es muy entretenido ver cómo su protagonista se enfrenta a todos esos miedos e inseguridades que se agolpan a cada instante dentro de su cabeza. Si le tengo que encontrar una pega es que no sentí la conexión con Carlos que me hubiera gustado tener. No sé si es porque es un personaje muy reservado o cuál ha sido el motivo, pero no he llegado a meterme dentro de la mente del protagonista y sentir lo mismo que él sentía. Y es una pena, porque para mí hubiera sido muy interesante ser capaz de vivir lo mismo que vivía Carlos en su historia. Sobre todo cuando le invadía el miedo o la incertidumbre de no saber si iba a superar un reto; o, al contrario, la alegría cuando un desafío estaba a punto de terminar. En definitiva, como si fuera yo la que estuviera nadando.

Esto que estoy diciendo puede que sea un problema mío, puede que yo no haya sabido conectar con el protagonista como debería haberlo hecho, así que espero que el que lo lea comparta sus impresiones al respecto para entender por qué yo no he sido capaz de tener esa conexión.

Pero, sin ponernos tan profundos (entiendo que yo misma a veces le pido demasiado a los libros) es una trama que me ha gustado mucho. Sobre todo la historia del hombre-pez, de la que solo voy a hacer mención porque no quiero desvelar nada más, me ha mantenido intrigada hasta que he terminado el libro. Eso en concreto, lo del hombre-pez es lo que ha hecho que quisiera leer más y más, para saber qué estaba pasando. Aquí tengo que decir que es posible que al principio el lector se sienta un poco perdido, porque la historia de este hombre aparece de repente intercalada con la de Carlos, pero poco a poco las cosas se van aclarando y todo cobra sentido.

En cuanto a la narración tengo que decir que me ha gustado mucho. Rafael Clavijo hace uso de un lenguaje claro, directo y nada farragoso. Eso para mí es muy importante. No me suelen gustar demasiado los libros que son muy descriptivos, esos en los que para contarte una cosa, el autor da mil vueltas. Me gustan los libros que son directos, los que van al grano. Con diálogos claros, necesarios y naturales. Así que mis expectativas en cuanto eso (que para mí es muy, muy importante) se han cumplido perfectamente.

En definitiva, he quedado muy contenta con la lectura de Corazón de escamas, sobre todo por la originalidad del tema, del que no había leído nada con anterioridad. No habré sentido esa conexión con Carlos, pero sí que he sentido sus mismas ganas de tirarse al agua para poder flotar un ratito más. Quizás sea el momento de despedirme de vosotros, cerrar el ordenador e irme a la piscina para sumergirme unos momentos más en mis pensamientos.

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Perú: un camino de encuentro, de Eva Jurado Lara

Perú: un camino de encuentro

Perú: un camino de encuentro

Puedo decir que no a muchas cosas. Puedo decir que no a comprarme toda la ropa que quiero, a salir de fiesta y gastarme demasiado dinero en copas, a ir al restaurante que está de moda o a comprarme esa barra de labios que promete ser mi mejor amiga. Puedo decir que no a todo eso, no lo necesito, no me importa. Ahora mismo me estoy haciendo una casa y gran parte de mi sueldo se va para todos los gastos que ello conlleva. Aun así, consigo ahorrar, aunque sea un poquito. Mes a mes, una parte fija de mi sueldo se va a un bote que al que he llamado “el tarro de mi vida”. Y ese dinero que voy guardando ahí más lentamente de lo que me gustaría, está destinado a los dos únicos vicios que tengo en esta vida y a lo que no puedo rechazar: viajar y leer.

Mientras escribo esta reseña estoy pensando que tengo que hacer las maletas, porque mañana a estar horas estaré cogiendo un vuelo a Bélgica. También me apunto mentalmente que cuando vuelva de ese viaje tendré que ir a comprar algo de ropa de abrigo, ya que el mes que viene me iré con mi mejor amiga a Noruega.

Y también mentalmente me digo a mí misma que tengo que parar un poco, que debería dejar los viajes durante una temporada para poder ahorrar para el destino al que de verdad quiero ir y que lleva en mi mente muchos años ya: la India. Todavía no sé qué es lo que hace que necesite ir a ese sitio, pero algo me dice que seguro que allí encuentro lo que estoy buscando, aunque todavía no sepa muy bien qué es.

Os hablo de esto porque, después de leer Perú: un camino de encuentro, no he parado de darle vueltas a ese tema. Y es que este libro, escrito por Eva Jurado Lara, cuenta su propia vivencia en Perú. Desde hacía muchos años, ella quería ir a ese país. No, querer no es la palabra. Quizás sea mejor decir que necesitaba ir allí. Así que un día, bastantes años después desde ese primer deseo, cogió una mochila, algo de ropa, dinero, su cámara de fotos y partió rumbo a Perú, donde viviría durante un mes. Sin más compañía que ella misma y sus ganas de descubrirse. Ese viaje tenía el objetivo de ayudarla a encontrarse a sí misma en su camino vital.

Un mes en Perú da para mucho, hay tiempo para reflexionar, caminar, conocer gente maravillosa, ponerse en la piel de los demás, calmar el espíritu y tranquilizar la mente. Tanto tiempo de reflexión y, a veces, soledad, hacía que Eva también echara de menos a los suyos. Sobre todo a su pareja, Marta, que se quedó apoyándola desde la distancia como solo un gran amor sabe hacer.

Eva eligió someterse a unos rituales de ayahuasca para alcanzar la purificación de su propio cuerpo y conseguir vaciar la mente. Al leer esa parte del libro tuve una sensación agridulce, porque yo me imaginaba que la autora lo estaba pasando mal durante el proceso; que esa limpieza estaba acabando con sus fuerzas. Pero después me di cuenta de que era algo que ella eligió, sabiendo de antemano a lo que se enfrentaba. Por eso después me sentí feliz por Eva, porque ese ritual le dio lo que ella necesitaba en ese momento.

Después de eso siguió recorriendo Perú, hasta regresar de nuevo a Cusco, capital del imperio Inca y su punto de partida para todas las excursiones. Su fortaleza interior le permitió alcanzar su meta y volver a España renovada y con las respuestas que había ido a buscar a ese hermoso país.

Me ha gustado mucho que el libro estuviera narrado en primera persona y, dado que esta historia es el contenido que ella iba escribiendo en su diario (con pequeñas modificaciones que se hicieron a la hora de editar), es casi como estar allí con ella. Eva es una mujer fuerte, valerosa, sencilla, empática y muy bondadosa. Yo creo que esa bondad, que demuestra durante todo su recorrido, es lo que en realidad le permitió estar en paz con ella misma, sabiendo que siempre da todo lo que tiene y siendo consciente de que ayudar a los demás es también una forma de vida. No solamente la historia de Eva me ha gustado, sino que ha sido su personalidad lo que ha hecho que no pudiera despegarme del libro. Durante los dos días que he tardado en leerlo no he podido parar de pensar en ella. En lo valiente que fue, en lo fuerte mental y físicamente que era, ya que eso es algo indispensable para enfrentarse a un reto como el de irse sola a Perú. No sé, me ha fascinado su forma de pensar y de enfrentarse a la vida. Me ha dado una envidia tremenda.

Además, hay que mencionar que las descripciones que hace Eva Jurado de los sitios que visita son tan realistas que hacen que el lector se esté imaginando ese viaje. Ha habido un momento en el que me ha parecido que yo también estaba en Perú, aunque, desafortunadamente, no sea así. Me ha trasladado completamente a ese país gracias a sus descripciones y los comentarios de los personajes nativos que aparecen en la novela. Estos personajes nos cuentan la historia del país, explicando muchas cosas de los incas. Nos hacen saber un poquito más sobre esa increíble civilización, cosa que me ha gustado muchísimo.

La verdad es que he disfrutado mucho la lectura de Perú: un camino de encuentro. Me ha vuelto a recordar (aunque es casi imposible que se me olvide) el motivo por el cual me gusta tanto viajar, que básicamente es que puedo conocerme más a mí misma cuando estoy tan lejos.

El otro día me dijeron que yo era muy valiente y me quedé pensando… ¿valiente yo? Tengo muchas cualidades, pero no sé si la valentía es una de ellas. Aunque visto desde otra perspectiva… si me dicen hace unos años que me bañara en un cenote de cincuenta metros de profundidad, que me adentrara en un safari en mitad de Kenya teniendo los leones a menos de dos metros de mí, que anduviera sin rumbo por las calles de Nueva York en plena noche o que me subiera en un barco para atravesar un río casi helado para ver los glaciares de la Patagonia cara a cara… seguramente hubiera dicho que no. Viajar ha hecho que me diera cuenta de que puedo hacer todas esas cosas y muchas más. Que las fronteras no existen y que todas las experiencias vividas hacen que mi alma se enriquezca poco a poco.

Desde luego, algún día acabaré haciendo ese viaje a la India que tanto ansío, porque sé que, como le pasó a Eva en Perú, yo encontraré allí lo que estoy buscando.

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Sigo siendo yo -Yo antes de ti- 3, de Jojo Moyes

Sigo siendo yo

Sigo siendo yoCuando anuncié por las redes sociales que iba a leer la tercera parte de Yo antes de ti mucha gente se puso en contacto conmigo para preguntarme por la saga. Otros muchos me dijeron que habían leído la primera parte por el boom que hubo en su día, pero que después les dio pereza seguir con la historia (visto el final del primer tomo). Y yo que no me lo explico. No lo entiendo. ¿Seré yo la única que estaba deseando que la vida de Louisa Clark continuara? Es imposible, no puede ser. Me cuesta mucho comprender a aquellas personas a las que no les gusta esta trama y que no entienden por qué la autora, Jojo Moyes se ha atrevido a escribir una tercera parte.

Y es que a mí esta saga me encanta. Estoy segura de que esto se debe a la naturalidad de la protagonista, Lou, con la que a veces me identifico tanto que me llego a asustar. En muchas de las escenas me veo tan reflejada en ella que en ocasiones pienso que estoy leyendo algo que podría haber salido de mi propio diario. Y eso da miedo. Y engancha, a partes iguales. Porque, para mí, no hay nada más bonito que leer un libro que te haga perder tu propia identidad hasta el punto de llegar a pensar que tú mismo eres el protagonista.

Es esta nueva entrega, Sigo siendo yo, Louisa Clark viaja a Nueva York, donde trabajará de asistente de una mujer rica que reúne todos los requisitos para ser la típica chica de la Quinta Avenida. Aunque podríamos deducir que Lou se va a sentir como en casa, ya que en principio se podría pensar que Estados Unidos no es tan diferente de su Inglaterra natal, lo cierto es que Lou va a tener que reconstruir su vida desde cero. La existencia en la Gran Manzana se le complica desde el mismo momento que pone sus pies en el asfalto estadounidense y la aparición de Josh, que le recuerda tanto a Will que llega a doler, no ayuda en absoluto. Ella quiere con todo su corazón a Sam, eso es cierto, pero un océano de por medio es mucho. Es mucha distancia, es mucho tiempo, es muy difícil.

Jojo Moyes vuelve a traernos una novela que no es perfecta. Cuando leí Yo antes de ti y llegué a ese final (¡qué final!) me quedé a cuadros. En serio, me quedé mirando la última página y pensando “¿de verdad? ¿esto está pasando?”. Solo podía pensar en las narices que tuvo la escritora cuando publicó el libro que la llevaría a la lista de los bestsellers en una carrera contrarreloj. De hecho, hace poco leí una entrevista en la que ella confesaba que tenía el final pensado antes de escribir el libro, pero que, cuando llegó a ese punto en el que la historia terminaba, le preguntó a su editora que si podía escribir un final alternativo para que los lectores eligieran con cuál quedarse. Su editora se rio mucho y cuando vio que la escritora británica no se lo estaba diciendo de broma, le tuvo que decir que no, que no se podía hacer eso. En fin, Jojo Moyes se preocupa por el lector, pero hace lo que tiene que hacer, tanto en Sigo siendo yo como en el resto de entregas. Por eso sus novelas no son perfectas. Si lo fueran, os lo aseguro, ahora mismo no estaría aquí escribiendo esta reseña, porque no habría pasado del primer libro de ninguna de las maneras.

Y yo la verdad es que me alegro de que la editora le parara los pies, porque si se hubiera hecho eso (si nos hubiera dado el final que todos, en el fondo, queríamos), seguramente, ni siquiera habrían surgido estos dos libros posteriores. Mucha gente considera que son innecesarios, sobre todo este último, pero qué os voy a decir… a mí la vida, la personalidad, la rareza de Lou me gusta tanto, que no me importaría leer más y más sobre ella. Es como cuando le digo a la gente que si Anatomía de Grey siguiera renovándose hasta tener treinta temporadas, yo lo seguiría viendo sí o sí. Porque son historias que me gustan. Vale, quizás no lleguen a sorprenderme como al principio, pero estoy tan a gusto y tan cómoda en ese mundo, que no me importaría pasarme por ahí unas cuantas veces más.

No sé, tal vez sea porque soy una soñadora empedernida como Lou. Una chica que siempre ve el lado positivo de la vida y que intenta levantarse cada día con una meta que cumplir. Y todo ello a sabiendas de que la vida es difícil. Que la vida duele en muchas ocasiones y que es capaz de destrozar todo lo que queremos e incluso por lo que respiramos cada segundo. Pero esto es así. Hay que plantarse, ya sea con unas medias a rayas amarillas y negras o con unos vaqueros normales y corrientes, para decirle a la vida que somos más fuertes que ella. Y Lou ha demostrado que es capaz de hacer eso y mucho más.

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