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Señores del mundo, de Yolanda Corona

Señores del mundo

Señores del mundoOs voy a contar uno de mis recuerdos favoritos de mi infancia. Yo tendría unos ocho años y acogimos en nuestra casa a un primo de mi madre durante una temporada que, por problemas que no vienen al caso, necesitaba pasar una temporada en Madrid. Le encantaba leer, se pasaba las horas con un libro entre las manos. Yo podía ver en su cara cómo disfrutaba mientras lo hacía; sin duda, era su vía de escape. Estaba a salvo en otros mundos que no eran el suyo. Cada noche venía a mi habitación a contarme un cuento para que yo me durmiera. Era un cuento muy especial, en el que la fantasía era la grandísima protagonista. Él cogía un libro viejo que teníamos por casa, en cuya primera página había un mapa sobre el cual me contaba la historia. Se la sabía de memoria, no le hacía falta abrir el libro para saber todos y cada uno de los detalles de la trama. Se lo había leído tantas veces que era incapaz de decirme exactamente cuántas habían sido. La historia la protagonizaba un tal Frodo y su misión era destruir un anillo.

A mí me fascinaba. Como si se tratara de Las mil y una noches, yo esperaba a que llegara la hora de irme a dormir para que él me contara un trocito más de esa historia tan increíble. Me intrigaba saber qué pasaría con el anillo, si los protagonistas serían capaces de derrocar a todos esos orcos horribles y al que estaba detrás de todo el plan. Y sobre todo, si Gollum dejaría atrás su egoísmo. Ese era mi personaje preferido.

Ese fue el momento exacto en el que yo me enamoré de las historias de fantasía.

Y todo esto me ha venido a la mente porque el libro del que vengo a hablaros hoy, Señores del mundo, no podría contener más fantasía en sus páginas.

Lo bonito de este libro es que dentro de él podemos encontrar varias tramas que se entrelazan. Por una parte, tenemos a un chico que deberá descubrir su verdadera identidad, pues son muchos los secretos que acechan dentro de su propia familia. También tendremos unos hermanos que se enfrentarán entre ellos: sangre contra sangre. No podrían faltar las profecías que hacen que la tensión en la historia aumente de manera notable ya que auguran un futuro muy oscuro para el mundo que hasta ahora habían conocido. Y, por si fuera poco, todo se viene al traste cuando Belcentes, el rey que lo mantenía todo en orden, fallece, dejando el mundo en manos de la incertidumbre y el desamparo. Y cómo no podría ser de otra manera, todo esto desencadena en una terrible guerra en la que los dos bandos enfrentados deberían estar más unidos que nunca. Pero eso, esa verdad que los pueblos deberían saber, solo la conoce Dilmala, que vive en el pueblo loggi y que tendrá en sus manos una tarea tan importante como es reconducir el destino de su mundo.

Desde el primer momento nos encontramos con una historia que atrapa al lector. A pesar de que el libro tiene alrededor de setecientas páginas, su lectura se hace ágil. No os voy a engañar: cuando lo recibí y vi su grosor pensé que me iba a costar mucho terminarlo, pero no ha sido así en absoluto. La forma que tiene Yolanda Corona de narrar me ha resultado muy amena. Los diálogos son muy abundantes y en la mayoría de las ocasiones son los propios personajes los que nos cuentan lo que está pasando. Eso es lo que más he agradecido, porque dada la extensión de la obra, si la autora prescinde demasiado de los diálogos y mete muchas descripciones, creo que se me hubiera hecho un tanto pesada. Pero, como os digo, no ha sido así. Además, el ir intercalando las historias de todos los personajes (que no son pocos), ha hecho que este libro me resultara muy fluido y fácil de leer.

En cuanto a los personajes, encontramos algunos que están más desarrollados que otros. Esto es evidente, ya que la importancia que tienen depende directamente de su propio papel. Pero los que ostentan más protagonismo tienen una personalidad muy cuidada que me ha gustado mucho. Sería una pena desaprovechar esta historia tan bien hecha no desarrollando a los personajes de la manera correcta.

He indagado un poco y he leído una nota que dejó la propia autora en la que decía que por fin había cumplido su sueño y había conseguido juntar sus dos pasiones: la escritura y la historia. Con este libro Yolanda Corona demuestra que ambas pasiones no podrían ser más acertadas y que las dos han ayudado a que Señores del mundo hoy sea una realidad. Gracias a su amor por la historia, ha sido capaz de confeccionar esta novela donde todas las tramas están atadas a la perfección y todo adquiere sentido, como si todo esto hubiera pasado de verdad y la autora no estuviera haciendo más que contárnoslo. Eso es maravilloso. Incluso hay momentos en los que he tenido la sensación de que la novela no ha sido inventada, sino que todo tenía tanta lógica y la trama estaba tan cuidada, que pensaba que estaba leyendo un libro de historia y no de fantasía. Yolanda Corona es el ejemplo hecho persona que nos dice que debemos perseguir nuestros sueños, cueste lo que cueste, y apostar siempre al rojo, hasta que toque.

Os diré que pasados unos años, después de que el primo de mi madre ya no viviera con nosotras, intenté leer El señor de los anillos. Lo intenté con muchas ganas y teniendo en mente lo que me gustaba la historia. Pero no fui capaz. Supongo que me fascinó tanto cuando era pequeña y me lo había imaginado yo tan a mi manera, que después quedé un poco decepcionada. Por eso me alegra tanto encontrar novelas como las que hoy os traigo, que me dan esa dosis de fantasía que necesito para poder seguir amando la lectura.

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Videorreseña: Reino de fieras, de Gin Phillips

Soy consciente de que muchas veces voy al contrario del mundo y que lo que a todos gusta, a mí me aborrece. Y, muchas veces, también me suele pasar al contrario y me acaban por gustar cosas que a la inmensa mayoría de la población, no. El vídeo que os traigo hoy es un ejemplo de ello. Desde que  leí el libro hasta el día de hoy he leído más críticas negativas que positivas de él y yo no puedo estar más en desacuerdo.

Reino de fieras, escrito por Gin Phillips y editado por Suma es un thriller psicológico, ni más ni menos. Es una historia donde los asesinatos se suceden pero donde la acción es pausada, tanto que en ocasiones puede parecer casi inexistente. Y yo me pregunto: ¿es posible que exista un thriller en el que casi no hay acción?, ¿puede una historia de asesinatos enganchar sin que esa acción sea trepidante? Si  me hubiera hecho estas preguntas antes de leerme este libro, no habría sabido muy bien qué responder. Pero la verdad es que, a día de hoy, la respuesta que daría es más que evidente. Por eso me alegro tanto de haberme encontrado con esta novela.

Si quieres saber con más detalle qué pienso de este libro, no te pierdas el último vídeo que hemos subido a nuestro canal, ya sabes que allí siempre eres bienvenido.

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Bajo nuestra piel, de Josu Lorenzo Grilli

Bajo nuestra piel

Bajo nuestra pielLlevo una temporada muy larga en la que casi no veo series. Pero hace un tiempo pasé una época en la que era muy fácil que me enganchara a una y no pudiera parar de ver capítulos y capítulos hasta terminarla. Me pasó con muchas, pero con la que más, fue con Pequeñas mentirosas, esa serie en la que unas adolescentes son acosadas por una persona que se hace llamar A y cuya identidad tenemos que descubrir. La serie en sí era bastante mala, pero qué queréis que os diga, a mi tenía enganchadita y no podía parar de verla. Y la cosa fue derivando a medida que las temporadas avanzaban y los muertos empezaban a sucederse y había teorías conspiradoras por todo Internet y uno ya no sabía ni lo que estaba viendo. Pero yo, ahí seguía, semana tras semana hasta que por fin supe quién era A.

Bajo nuestra piel me ha recordado muchísimo a esa serie, porque al final trata un poco de eso: del misterio que se esconde tras una persona cuya identidad desconocemos y que parece estar detrás de todo lo malo que les pasa a las tres protagonistas que son tres chicas adolescentes que comienzan a vivir cosas extrañas: tienen pesadillas recurrentes, en su piel aparecen cicatrices y heridas sin ninguna explicación, hacen cosas de las que después no se acuerdan… y no paran de ver a la misma persona, vestida completamente de negro, que parece ser omnipresente.

Así que cuando empecé a leerlo, con esas descripciones y esos sucesos tan extraños, no pude evitar acordarme de mis lerdas preferidas, como a mí me gusta llamarlas, y del misterio de quién se esconde detrás de esa capucha que se identifica con A. Y, para qué mentiros, me ha encantado encontrarme con una historia así de nuevo, pero esta vez narrada por Josu Lorenzo Grilli, aunque quizás, si frecuentáis el mundo de Youtube, lo reconozcáis mejor por el nombre de Josu Diamond.

Pero con esto no os estoy diciendo que la historia sea la misma ni muchísimo menos, no querría restarle originalidad a este libro. Quiero remarcar que es una impresión personal y que simplemente esta historia me ha recordado a aquella serie. Porque solo tienen en común tres cosas: una identidad desconocida, un grupo de chicas a las que le suceden cosas extrañas y alguna que otra historia de amor intercalada entre tanto misterio. Pero Josu va más allá, ya que le incorpora un halo de fantasía y ciencia ficción a todo el marco de la obra y que en un principio puede descolocar un poco al lector pero que, con el paso de las páginas, va haciendo que toda la historia tenga sentido.

Bajo nuestra piel es un libro fresco, que se lee con rapidez y que contiene tramas muy entretenidas que enganchan al lector desde el primer momento. El booktuber sabe cómo hacer que el misterio no se pierda y va dando a cuentagotas pistas necesarias para resolver el misterio. De esta forma, quien lo lee, necesita seguir pasando capítulos y capítulos para entender qué es lo que está pasando. Me ha gustado la forma de redactar que tiene Josu, ya que los diálogos adquieren gran protagonismo pero no son excesivos, por lo que la lectura es muy ligera.

También me ha gustado la forma de desarrollar a las protagonistas. Estas tres chicas tienen caracteres muy diferentes entre sí y Josu ha trabajado mucho en ellos para que el lector pueda verlo perfectamente. Esto siempre me gusta, porque me da la sensación de que la historia llega a ser más creíble. No en el sentido de que vaya a suceder lo que el autor está contando, sino en el sentido de que es normal que en un grupo de amigas cada una tenga su personalidad y por lo tanto es importante que así sea también en la ficción y el autor se preocupe por desarrollar esas formas de ser.

De veras que me encantaría descubrir otra serie del tipo Pequeñas mentirosas para engancharme y necesitar (como si me fuera la vida en ello) hacer un maratón intensivo hasta terminarla. No sé si es por la falta de tiempo o porque últimamente las series que intento ver no terminan de convencerme, pero el caso es que no consigo que ninguna me enganche. Así que mi felicidad se desborda cuando encuentro un libro así, como este, que hace que esa necesidad se vea reducida durante un tiempo.

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Videorreseña: Origen, de Dan Brown

Si me llegan a decir hace unos años que hoy estaría aquí, haciendo un vídeo y publicándolo en las redes sociales, donde me pondría a hablar lindeces sobre una novela de Dan Brown… no podría creérmelo. Primero, porque con lo vergonzosa que soy, lo de ponerme delante de la cámara no es que sea mi pasión. Y, lo segundo, porque hasta hace muy poco no me importaba ir diciendo por ahí que los libros de Brown eran una mierda.

Y es que hace unos cuantos años yo intenté leer El código Da Vinci y lo tuve que dejar por imposible. No encontré la manera de que la historia me gustara, ni siquiera la redacción. Lo dejé a medias y todos tan contentos. Pero después llegó Inferno, libro que amé de principio a fin y que me hizo replantearme todo lo que opinaba sobre el autor estadounidense hasta la fecha.

Ahora es el turno de Origen, la nueva novela que publicó a finales del año pasado. Ya os adelanto que no ha superado a la anterior entrega donde Robert Langdon es el protagonista (si algún día lo consigue creo que me volveré loca), pero es una continuación más que digna.

Si quieres saber más detalles sobre lo que pienso acerca de este libro, no te pierdas el vídeo que te traigo  hoy.

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El Talib Yàabal, de Adolfo López Reguero

El Talib Yàabal

El Talib YàabalCuando tenía dieciséis años, solo había una cosa que me importara en la vida: viajar. Hasta esa fecha solo había salido de España dos veces, pero necesitaba conocer mundo, fuera como fuera. Mi plan era terminar el bachillerato y conseguir una beca que me permitiera irme lejos a seguir estudiando. Pero para eso todavía faltaban dos años, tiempo que veía inconmensurable… Así que tenía que buscar una forma de poder viajar sin que me costara dinero (ya que no tenía un duro y las cosas en casa no estaban como para que yo me fuera por ahí de turismo). Y la encontré: me iría a trabajar de niñera a Inglaterra durante un verano. ¡Era el plan perfecto! Solo tenía que comprar los billetes de avión —los más baratos— y después me pasaría todo un verano en un país que recorrería de norte a sur gracias al dinero que me iban a pagar por cuidar de un niño.

Os aseguro que en mi cabeza sonaba así, precioso, fácil. Y cuando se lo contaba emocionada a mi madre (la mujer desistió en el intento de que yo cambiara de idea) esta negaba con la cabeza lentamente. Ella tenía una idea de lo que iba a pasar, pero ni siquiera ella llegó a adivinar lo que realmente pasó.

Cuando llegué a Inglaterra me recibió una mujer que parecía muy simpática. Ni veinticuatro horas pasaron antes de que apareciera la primera mentira: no iba a cuidar de un niño, sino de cuatro, ya que había decidido acoger en su casa a tres niños kazajos por unos temas fiscales.

No os voy a contar más de mis peripecias por Inglaterra, pero en resumen, aguanté un mes y salí por patas de allí. El caso es que entablé mucha amistad con esos niños. Con los kazajos intenté comunicarme como podía ya que no tenían ni idea de hablar inglés, pero al final conseguían contarme cosas sobre su país. A mí me dejaban con la boca abierta. Para entendernos cogíamos un ordenador y ellos me iban enseñando cosas tradicionales de su país: las vestimentas, la música, la comida… Fue una experiencia muy enriquecedora.

Así que encontrarme hoy con este libro, El Talib Yàabal ha hecho que me acordara irremediablemente de esos tres chiquillos a los que tanto cariño cogí. Y me ha recordado porque esta novela sucede en su inicio en Kazajistán. La protagonista, Alejandra di Prieto, acude a ese país en busca de lejanía. Necesitaba alejarse de todo y justo le llega una oferta de trabajo para irse a miles de kilómetros de su casa. Lo que ella quería. El problema es que una vez allí se entromete en un asunto que pone en peligro su vida. Solo diré dos palabras al respecto: residuos nucleares. Así que decide huir de Kazajistan. Lo mejor de todo es que en esta huida no estará sola, porque se topará con un exagente del CESID al que, adivinad, todo el mundo conoce como El Talib Yàabal. A partir de ahí la trama irá enredándose e intercalando temas como por ejemplo la trata de blancas, el narcotráfico o incluso el tráfico de armas.

Tengo que decir que he disfrutado mucho con la novela de Adolfo López Reguero. El Talib Yàabal es un libro donde la acción es la principal protagonista. Ya nos encontramos con ella desde un principio y estará ahí presente hasta el final. Si os soy sincera, no suelo leer libros de este tipo, donde la guerra es el marco general y hay acción por todas partes. Pero a pesar de ello, y de no ser ninguna entendida en servicios secretos, conspiraciones y guerras, como decía antes, lo he disfrutado muchísimo.

Me parece que este libro está escrito con mucho cuidado, ya que se nota que el autor no da puntada sin hilo. Esa forma de enredar la madeja (y con ella las tramas) para después llegar al final que le ha dado a la novela, requiere muchísimo trabajo y esfuerzo. Además tengo que decir que está muy bien escrito y que los amantes del género van a alabar el gran trabajo que ha hecho Adolfo López Reguero. Sí es cierto que yo le recomendaría al autor una revisión de la ortografía, puesto que se puede encontrar alguna falta que otra. Me encantaría que para posteriores ediciones (que estoy segura que habrá), estos pequeños errores estuvieran corregidos, ya que entonces tendrá una novela redonda.

Sin darle mucha importancia a lo que acabo de decir, tengo que apuntar que el desarrollo de los personajes me ha gustado mucho. Sobre todo la caracterización del malo malísimo, Petrov. Me he fijado especialmente en él porque es un personaje que por su pertenencia a la KGB tiene que tener un carácter muy marcado y desarrollado. Es una persona cruel, sin compasión, tremendamente fría… Y el autor se dedica con mucho esmero a descubrir esa personalidad poco a poco, cuidándola y mimándola para hacer con ella un personaje perfectamente formado.

Por supuesto, no podía dejar de lado la ambientación. Si al principio de la reseña decía que con dieciséis años me encantaba viajar (y ahora, por supuesto), también disfruto muchísimo leyendo novelas que me transporten a lugares lejanos sin necesidad de moverme del sofá. Con este libro lo he conseguido muy fácilmente y, lo mejor de todo, he visitados lugares a los que no acostumbro ir cuando leo. Me ha parecido genial la ambientación y me he deleitado muchísimo con ella. Sin duda, es una de las cosas que más me han gustado de esta obra.

Aunque tengo que decir una cosa al respecto: en nada se parece el Kazajistán que estos días he estado leyendo al Kazajistán que años atrás me describieron aquellos niños a los que cuidaba en Inglaterra. Dos versiones completamente dispares de un mismo sitio. Lo siento mucho por Adolfo, de verdad, pero si tengo que quedarme con una visión, me quedaré siempre con la que un niño me dé. Así seguramente tendré más posibilidades de ser más feliz.

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Videorreseña: Mil veces hasta siempre, de John Green

Hace tiempo que descubrí a John Green y todas las veces que he empezado un libro suyo he pensado lo mismo: “no puede ser mejor que lo que he leído anteriormente de él”. Y así, una y otra vez, me demuestro a mí misma la capacidad que tengo para equivocarme.

En este vídeo os hablo de su nuevo libro, Mil veces hasta siempre, que disfruté muchísimo de principio a fin. Lo empecé con mucha curiosidad al saber que contenía material autobiográfico del propio autor y eso hizo que me metiera en la historia desde el minuto uno. Descubrir todo lo que descubrí de John Green a través de la protagonista de este libro ha provocado que ya nunca más pueda mirarle con los mismos ojos.

Mil veces hasta siempre me confirma que John Green es uno de mis escritores favoritos, porque consigue escribir historias que para mí son imborrables, porque hace que me salga una sonrisa a pesar de la crudeza de sus historias, porque la franqueza es su arma principal y porque tiene personajes que jamás olvidaré.

Por todo esto he querido que esta novela fuera la protagonista del segundo vídeo del canal para así poder compartir con vosotros todo lo que me hizo sentir cuando la leí.

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Videorreseña: Vivir bien la vida, de J.K. Rowling

 

J.K. Rowling me enseñó a amar la lectura y ahora me ha enseñado a amar (todavía más)  mi vida.

He estado dándole vueltas a esto. Quería escoger una frase que resumiera a la perfección el libro del que vengo a hablaros, Vivir bien la vida en este nuevo vídeo que podéis encontrar en el canal. Y, sin duda, esa es la mejor frase que se me ha ocurrido; y la verdad es que no podría resumir mejor lo que este libro me ha hecho sentir.

En su interior podemos encontrar un discurso que J.K. Rowling dio años atrás en el que habla de su propia experiencia. Cuenta lo difícil que fue su vida, lo complicado que fue formar parte de su familia, lo duro que fue toparse con un maltratador por el camino, lo inagotable que era que las editoriales rechazaran una y otra vez a su pequeño Harry Potter.

Pero ella resistió. Siguió adelante, teniendo fe en sí misma y sabiendo que iba por el buen camino. Si los demás no lo veían, era culpa de ellos. Así que la tenacidad y la perseverancia empezaron a formar parte de su vida y eso la llevó exactamente al lugar donde está ahora mismo.

Os cuento todas mis impresiones de Vivir bien la vida (que para mí ya es un libro imprescindible de mesilla) en el nuevo vídeo del canal. ¡Allí te espero!

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Bajo nuestros pies, de Francisco Javier Olmedo Vázquez

Bajo nuestros pies

Bajo nuestros piesAntes de empezar os voy a decir una cosa: me encanta que los años vayan pasando y que la tecnología progrese. Es verdad, me gusta el avance y todas las facilidades que nos da la tecnología hoy en día. Y no solo en lo referente a poder utilizar un ordenador o un móvil como una herramienta de trabajo más; también por todos los adelantos médicos que esto supone, la alegría de pulsar un botón y tener a un ser querido a unos centímetros de ti, la serenidad que produce saber que tienes tanta información al alcance de tu mano…

Le he estado dando vueltas y creo que yo he nacido en la época adecuada. Me gusta esta generación y me gustan todos estos progresos. Pero me he dado cuenta de que hay una cosa que echo muchísimo de menos y cuyo destino está próximo a desaparecer: las cartas. Aunque soy joven puedo presumir de haber mandado muchísimas cartas. Ahora me río, porque recuerdo obligar a mis amigos del pueblo a escribirme durante el año para que me pusieran al día. Vaya tontería más grande teniendo en cuenta que por entonces usábamos el Messenger. Pero yo lo intentaba. Y llegaba Navidad y me volvía loca escribiendo felicitaciones para todos mis amigos y familiares. Incluso se las mandaba a mis compañeros de clase… ¡a sus casas! Seré una romántica, puede ser. Pero era algo que a mí me encantaba.

Así que cuando empecé a leer Bajo nuestros pies y vi que toda la novela se estructuraba en una serie de cartas, ¡no pude alegrarme más! Claro que está basada en el año 1921 y eso entonces era más factible… El caso es que lo importante aquí es el hecho de que el protagonista de esta historia, John D. Lindgren, va a conocer una historia escalofriante y sobrenatural de la mano de las cartas que su mentor, el profesor Kleinman, escribió un tiempo atrás.

Todo empieza cuando al profesor Kleinman le llega una carta muy misteriosa que contiene una oferta más que jugosa. Él sabe que no debería aceptar, porque eso supondría poner en juego muchas cosas, pero también sabe que es una persona curiosa por naturaleza y que quien le manda esa carta lo sabe. Después de tener la miel en los labios, el profesor no se puede resistir y acepta dicha oferta. A partir de ahí, todo empieza a convertirse en caos y en horror.

Kleinman irá dejando cartas a través de las cuales contará toda la historia y todo lo que le está ocurriendo. Después, esas cartas llegarán a su alumno, quien nos las leerá y nos contará sus impresiones.

Por lo tanto, aquí tenemos dos historias paralelas: la que nos cuentan las propias cartas y también la que nos cuenta la persona que las lee. Es una estructura maravillosa que me recuerda muchísimo a Drácula, por esa forma epistolar. Es un recurso literario que me gusta especialmente, por dos motivos fundamentales: el primero, porque se conoce de primera mano la historia de quien está escribiendo las misivas. Al escribirlas en primera persona, llegamos a conocerle en profundidad y saber la historia real sin que haya un interlocutor o narrador que la distorsione. Y, el segundo (este es el más importante), porque me encanta la angustia que genera en la persona que está leyendo las cartas. Esa angustia se debe básicamente a que el lector sabe que todas esas cosas han pasado en realidad y, lo peor de todo, que no puede hacer nada para cambiarlas. Así que se crea una especie de ambiente agobiante en el que el lector no puede evitar mostrar desasosiego y tristeza por saber que no puede hacer nada por ayudar al que escribe las cartas.

Y en esta historia, en este libro escrito por Francisco Javier Olmedo Vázquez, esa angustia todavía es mayor si cabe porque lo sobrenatural cobra un papel importante en la trama a medida que esta va avanzando. Así que, lo que empieza siendo una historia de misterio que genera curiosidad al lector, se convierte en una novela de terror.

Tengo que decir que a mí me ha divertido muchísimo leer este libro, porque no sabía qué me iba a encontrar cuando pasara a la siguiente página. La historia va dando vueltas y uno ya no sabe qué esperar. Creo que es exactamente lo que le pasa al protagonista, al alumno del que escribe las cartas, que sigue leyéndolas sin saber qué es lo que va a pasar en la siguiente. Me imagino que en su mente se fraguarán cientos de teorías a medida que las hojas van avanzando (exactamente igual que me pasó a mí) y también me imagino su sorpresa al saber la verdadera historia.

Bajo nuestros pies es eso: sorpresa. Francisco Javier Olmedo Vázquez mantiene la tensión durante toda la obra resolviendo el misterio en el momento exacto, generando angustia en el lector. Todo ello acompañado por una forma de escribir muy cuidada y elaborada, notándose las horas invertidas en ella. Eso también me ha gustado, claro. Y, aunque cuando estamos leyendo las cartas no exista un narrador externo que nos hable sobre la personalidad de quien las escribe, a través de su puño y letra podemos conocerle lo suficiente como para empatizar con él. Mediante esas cartas conseguimos saber más cosas del profesor: su personalidad, sus miedos, sus impresiones. Por lo que un narrador externo se convierte en innecesario. Sin duda, un muy buen trabajo el que ha llevado a cabo este escritor.

No sé si él habrá mandado muchas cartas en su vida (espero que sí) pero con este libro ha completado el cupo que todos deberíamos alcanzar a lo largo de nuestras vidas. Yo creo que a mí me queda todavía un buen trecho para llegar hasta él, así que si me disculpáis, voy a cerrar ahora mismo el ordenador, voy a coger un papel y un boli y voy a ver cómo era eso de empezar escribiendo “Querido…”.

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Todo lo que fuimos, de Alberto Villarreal

Todo lo que fuimos

Todo lo que fuimosOjalá todas las historias de amor fueran bonitas y perfectas. Con finales felices e intermedios razonables. Dignas de enmarcar y de contar en una cena con copas de vino caro y sonrisas de los invitados. Con felicidad saliendo de todas las fotos  en una casa ideal que emana amor y cariño por todas las esquinas. Con fidelidad, sinceridad y sin celos. Todo perfecto.

Ojalá.

Pero no.

Las historias de amor no son así.

Las historias de amor no son perfectas. Todas tienen sus más y sus menos. Sus momentos de querer compartir con los demás y los momentos que sería mejor meter en un cajón y olvidar para siempre. Felicidad a ratos y dudas que de vez en cuando llegan para quedarse una buena temporada. Celos, indeseados en la mayoría de los casos, pero celos. Que destrozan y hunden lo bueno de las relaciones. Infidelidades, a veces. Que vuelven a construir muros que tanto costó derribar. Y así, la historia de amor se vuelve enrevesada, a veces farragosa, difícil de explicar y mucho más de entender. Lo que todo parecía fácil y sencillo en un principio, encuentra preguntas sin respuesta debajo de todas las piedras. Caos, derrota, incertidumbre y tristeza. También forman parte, a veces, de las historias de amor.

Alberto Villarreal nos lo narra muy bien en su libro Todo lo que fuimos. Dentro de sus páginas encontramos una historia de amor: la suya. Con los poemas y los relatos cortos como principal hilo conductor, este joven escritor nos cuenta cómo fue para él estar enamorado. Pero como bien os digo, no se trata de una historia bonita, perfecta e idílica, no. Se trata de una relación complicada, con altibajos, con infidelidades, celos, dudas, preguntas y sinrazones.

Mediante estos poemas Alberto se sincera ante el lector, contando todo lo que le pasa por la mente durante la relación con la que fue su pareja. Viajaremos con él en el tiempo y viviremos lo que él vivía en cada momento. Me imagino que Alberto usaba la escritura como vía de escape, intentando descargar de esta forma todo lo que llevaba dentro y que no podía soltar así sin más.

Tengo que decir que esa forma de desahogarse, la que se hace cogiendo un papel y plasmando en él toda la rabia que uno lleva dentro, a veces también la practico. Y está muy bien, porque uno tiene que soltar todo lo que lleva dentro y no guardarse nada para sí. Pero normalmente esta es un arma de doble filo, ya que el ser el papel el confesor, el que todo lo aguanta, suele conllevar que la persona que genera esos sentimientos no se entere de lo que está pasando. Por lo tanto las cosas no se hablan y el nudo se va haciendo cada vez más y más grande. Creo que Todo lo que fuimos es eso: un papel donde confesar y donde guardar todo lo que a uno ya no le cabe dentro.

Las ilustraciones que acompañan los textos me han gustado mucho, llenan de color todas las páginas y crean un ambiente que va muy acorde con lo que el autor quiere transmitir a través de sus palabras. Pero a pesar de ello, de la idea tan brillante y de la maquetación perfecta que tiene este libro, me ha faltado algo. A ratos he conectado con lo que contaba en autor, me he metido en la historia como si yo fuera la protagonista, pero en la mayoría de las ocasiones no ha sido así. Pero estoy segura de que esto se ha debido únicamente a una cuestión circunstancial: si hubiera leído este libro en otro momento, seguramente no me hubiera costado trabajo conectar al cien por cien con la historia. No descarto dejar el libro por aquí preparado para leerlo en otra ocasión en la que mi situación personal me haga entender mejor la historia contada por Alberto Villerreal.

Lo que sí ha conseguido el autor es transmitirme eso que mencionaba al principio, eso de que las historias de amor son de todo menos perfectas. Él se dio cuenta a tiempo y, gracias a eso, a esa imperfección, ha conseguido crear algo como lo que hoy tengo entre mis manos.

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Videorreseña: La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera

Cuando me di cuenta de que este proyecto, el de crear un canal de YouTube, era real, una sola pregunta rondaba por mi mente: ¿qué libro será el que escoja para que se convierta en el primer libro videorreseñado del canal? No lo tuve que pensar demasiado, lo tuve claro al instante: mi mente se dirigió sin vacilación a La insoportable levedad del ser, una novela que se convirtió en una de mis favoritas desde el momento en que la empecé.

En este vídeo os cuento su argumento y, especialmente, los motivos por los cuales no puedo parar de recomendar esta obra. Para empezar el canal necesitaba un libro del que pudiera hablar sin tener que pensármelo dos veces, así que esta era mi mejor opción. Y todo ello porque simplemente marcó un antes y un después en mi vida como lectora. Será por su historia tan desgarradora, por ese amor atípico en el que la toxicidad es una vieja amiga, por el dolor de vivir una guerra, de los escenarios tan bien dibujados… será por las decenas de frases que se quedaron grabadas en mi mente. Será una mezcla de todo eso lo que hizo que yo haya decidido empezar este canal con este libro. Sí, será eso.

Así que sin más dilación, os invito a que me acompañéis en esta aventura y le echéis un vistazo a este nuevo proyecto que tenemos entre manos y que empieza así, con una de mis historias de amor preferidas.

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Creía que eran cuentos, de Ricardo Gallardo

Creía que eran cuentos

Creía que eran cuentosEl otro día tuve que cuidar a mis primos. Cuando los metí en la cama, el pequeño, Adrián, me pidió que les contara un cuento. Me hizo mucha ilusión, ya que mi vida se reduce muchas veces a eso: a contar historias. Me acurruqué con ellos en la cama y empecé a narrarles aquel que habla de siete cabritillos que huyen del lobo, mi favorito. A medida que avanzaba la historia me di cuenta de una cosa. Advertí que jamás llegaré a contarlo tan bien como mi abuela. Siendo consciente de ello, intenté ser la mejor narradora posible continuando hasta el final y vi que cuatro grandes ojos me miraban casi sin parpadear. ¡Estaban intentando no dormirse! Iba a poner en funcionamiento el método de “dormir a la de una…” cuando Adri me dijo: “Ana, déjame que te cuente yo un cuento”. Imaginaos mi cara. Por supuesto, yo me acomodé y escuché su historia. Iba de zombies y vampiros y también de un súper héroe que tenía un traje chulísimo lleno de cachivaches. ¡Acababa de coger la trama de Iron Man y le había añadido toda clase de seres monstruosos! Y solo a mí se me ocurre decirle que eso no era un cuento. Y él me respondió: “cuento es todo lo que nosotros queramos que sea cuento”.

Menuda lección me dio. Y con solo cuatro años. Así que poco después, cuando leí Creía que eran cuentos, no pude evitar acordarme de Adrián y sus lecciones de vida.

¿Qué es un cuento? ¿Una historia? ¿Una fábula? ¿Algo con una moraleja? ¿Algo que nos entretiene, que nos ayuda a dormir o a despertar? ¿Qué es? ¿Es para niños, para adultos, para todos? ¿Quién lee cuentos? ¿Para qué los leemos?

Ricardo Gallardo demuestra en su libro la teoría del pequeño de mi casa: cuento es todo. No tiene por qué tener un final feliz, no tiene por qué enseñar algo, no tiene que ser bonito ni idílico. Puede ser cruel, triste, con personajes reales o inventados. Puede tener sentido o no, hacernos reír o llorar. Todo vale mientras que el tiempo que dure nos tenga en vilo esperando saber el final. Eso es lo verdaderamente importante.

Os diré que no suelo saltarme el orden de lecturas. Voy leyendo según me llegan los ejemplares. Pero no sé por qué, este, en el momento que lo recibí, ascendió mágicamente a la primera posición y se coló delante de todos los que ya estaban esperando a ser leídos. No estoy orgullosa de ello pero entendedme: tenía toda una tarde por delante en la que no tenía previsión de hacer nada más que disfrutar de una buena lectura y justo esa mañana llegó a mis manos este ejemplar. Pocas páginas (alrededor de unas ciento veinte), relatos cortos… era sin duda lo que necesitaba en ese momento. ¡Y tanto que lo necesitaba! Acabé por leérmelo de una sentada y tranquilizando al libro que había dejado a medias diciéndole que en nada volvía con él.

Y es que este libro se lee con muchísima rapidez. Los relatos cortos (algunos realmente muy cortos) hacen que la lectura no sea nada pesada. Los protagonistas van pasando ante nuestros ojos, presentándose de una manera muy volátil, como el que sabe que va a estar poco tiempo con esa nueva persona. Vienen, cuentan lo que tienen que contar y se van. Y ya está. Cuando te quieres dar cuenta, te has sumergido en otra historia, en otra vida, en otro mundo que durará lo que duren los párrafos que necesite el autor para trasmitirte lo que te quiere trasmitir y luego desaparecerá. Y así decenas de veces.

Pero no quisiera que por mis palabras entendierais que esta es una lectura superflua o que, al pasar tan rápido las historias, no tiene sentido leerlo. En absoluto. Estoy segura de que alguno de estos cuentos, al menos uno, hará que en vuestra mente se encienda una bombilla y, ante esa señal, necesitéis volver a leer ese relato una, dos, tres veces más. Para intentar descifrar qué esconde ese protagonista, para intentar leer entre líneas lo que el autor no ha dicho claramente. Para ver si ese personaje podrías ser tú. Para entender por qué jamás podrás olvidar ese relato.

Y es que a mí me ha pasado eso exactamente con uno de los cuentos. La cartera de María ha sido el relato que he leído hasta cuatro veces seguidas. Porque me fascinó la historia que encierran sus palabras y me cautivó la capacidad del autor, Ricardo Gallardo, de contar tanto en tan poco. Estoy segura de que pronto olvidaré la mayoría de partes de este libro (como me suele pasar con absolutamente todo lo que leo), pero también tengo la certeza de que este relato, este en concreto, no se irá nunca de mi mente.

Creía que eran cuentos ofrece eso: la posibilidad de encontrarnos a nosotros mismos en una historia y hacer que sea nuestra. Nuestro rincón particular dentro de decenas de recovecos.

Siempre me ha parecido asombroso el mundo de los relatos cortos. Escribir una novela da muchas más posibilidades a la hora de redactar. Te puedes entretener con descripciones, con diálogos, con tramas. Pero cuando tienes ante ti un relato corto, tienes la obligación de condensar. De quitar lo que estorba e ir directamente al grano. Y encima con la mirada fija en darle un sentido y un final que haga que el público aplauda. Eso me parece complicadísimo. Así que no puedo hacer más que quitarme el sombrero ante alguien que se ha atrevido a publicar un libro repleto de relatos que cumplen estas características que he mencionado.

Un cuento es todo lo que queramos que sea cuento. Esta frase encierra más cosas de las que a priori pudieran ocurrírsenos. Esa filosofía de querer ver la vida como si fuera un cuento es lo que va a hacer que ese niño llegue muy lejos. Eso sí, me he preparado una historia que mezcla a Hulk con dinosaurios que va a hacer que alucine la próxima vez. A ver si se atreve a decirme que mis cuentos son un rollo.

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Confesiones de una policía 2, de Olga Maeso

Confesiones de una policía 2

Confesiones de una policía 2Hace unos días reseñé Confesiones de una policía, un libro escrito por Olga Maeso que habla de su experiencia personal. En esa reseña dije que intenté dosificarme a la hora de leer el libro, pero que fui incapaz. También comenté que tenía preparada la segunda parte, Confesiones de una policía 2, y que iba a ponerme con ella inmediatamente, justo después de escribir esas líneas.

Pero me dije a mí misma: “Ana, para. No puedes devorarte estos libros de una sentada así como así. Aprovecha que te vas de viaje a Madrid para llevarte otro libro y cuando vuelvas sigues con la historia de Olga, porque si no te vas a hartar de tanta aventurita policial y no vas a disfrutarlo como deberías”. Entonces yo me hice caso, cosa que no acostumbro a hacer demasiado. Así que dejé aquí en casa la segunda parte de esa bilogía y me llevé a Madrid otro libro que no tenía nada que ver. Y, ¿sabéis lo que pasó? Efectivamente: lo que tenía que pasar. Que estuve todo el viaje arrepintiéndome por no haberme llevado el libro de Olga. Por lo que, en cuanto llegué a mi casa y me recuperé lo suficiente como para poder leer más de dos hojas seguidas sin que el sueño hiciera acto de presencia, me puse a leer la segunda parte que tanto prometía.

Si en el primer libro de Olga Maeso nos poníamos en la piel de una estudiante que está opositando a policía y conocíamos los primeros casos que le fueron asignados, en esta segunda parte nos remontaremos, principalmente, al pasado. Conoceremos un poco más a Olga: una chica con complejos, insegura, a la que su físico le atormentaba. Entenderemos qué es sufrir por no ser como los demás quieren que seamos. Viviremos la frustración de mudarnos fuera, a un país cuyo idioma es desconocido para nosotros y fracasar en la búsqueda de trabajo una y otra vez. Sentiremos en nuestras carnes la testarudez de quien dice valerse por sí mismo, aunque en el fondo sepa que no hay ningún sitio como el que llaman hogar. La seguridad al saber a qué queremos dedicarnos el resto de nuestros días y los cosquilleos al conocer el primer amor. Todo eso condensado en un libro finito, que no llega a las doscientas páginas. Así que, ¿cómo no iba a devorarlo con tantas cosas sucediéndose así, tan deprisa, delante de mis ojos?

Tengo que decir que, después de terminar la carrera, me aventuré a meterme en eso que llaman “la vida del opositor”. Me decanté por prepararme unas oposiciones para la Administración Local. Iba a la academia dos veces por semana y luego estudiaba todas las demás tardes en mi casa, cuando el trabajo me lo permitía. Llevaba un ritmo de vida frenético, ya que no dejé de lado el resto de mis aficiones, como era leer, escribir y andar. Eso me llevó a un callejón sin salida. Estaba agotada, no podía con mi vida. En el trabajo no me concentraba, en las clases me dormía, en casa era incapaz de entender un solo artículo, al leer se me cerraban los ojos y, al escribir, no me llegaba la inspiración. Un desastre. Así que me lo replantee todo: ¿de verdad quería esa vida?, ¿de verdad quería ser funcionaria?, ¿estaba dispuesta a sacrificarlo todo durante unos años para conseguir eso? La respuesta estaba clara: no, no y no. Así que lo dejé. Me dediqué a lo que realmente me gustaba. No sé si era la opción correcta pero, sinceramente, ahora mismo me da igual. Soy feliz. Y esa es la meta más importante que podría haber alcanzado.

Por eso, al leer las palabras de Olga no podía evitar sentir una tremenda fascinación. Porque, vale, al principio estuvo dando botes de aquí para allá, sin saber muy bien a qué dedicarse o qué hacer con su vida. Pero de repente un día se despertó sabiendo lo que quería ser el resto de sus días: policía. Y se puso a ello. Trabajó duro, esforzándose al máximo como solo se esfuerzan las personas que quieren llegar a la meta sí o sí y obtuvo lo que había venido a buscar: su plaza.

Cuando reseñé la primera parte mencioné que me hubiera gustado encontrarme con menos errores ortográficos y de edición. No sé si es que Confesiones de una policía 2 se ha madurado más pero el hecho es que no tiene nada que ver con el anterior en este aspecto. Creo que son unos libros muy interesantes, sobre todo para aquellas personas que estén pensando en prepararse unas oposiciones a policía o a alguna rama de la seguridad, y es una pena encontrar en ellos fallos de este tipo. Al mejorar esto, me he encontrado muy cómoda leyéndolo y dejándome llevar por todo lo que Olga me quería contar. Y, sinceramente, después de haber pasado ya tantos ratos con ella, me parece que ahora mismo estoy hablando de una amiga. Os aseguro que sé menos de la vida de muchos amigos míos que de la de Olga. ¡Qué bonito es leer!

Termino ya esta reseña con la certeza de que el tiempo que he invertido en leer estos libros no ha sido en vano. Me han enseñado que debo luchar por lo que yo quiera (pero lo que yo quiera de verdad, eso que me haga despertarme cada mañana con una sonrisa en la cara y con ganas de comerme el mundo). Y que debo luchar con todas las armas posibles, ya que solo así conseguiré alcanzar el objetivo deseado, como bien hizo Olga.

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