
Te has tenido que sentir extraño alguna vez, aunque sea simplemente porque te gusta leer y porque no entiendes que los demás te miren raro cuando escoges quedarte leyendo antes que dar un trago de cerveza en compañía. Sí, hay tiempo para todo pero, ¿a que si te dieran a elegir te quedarías con leer? Pues ese sentirte extraño, que tú ves como algo normal – yo también, no te preocupes – a veces te golpea fuerte y te saca de la cama y te lleva a fiestas a las que realmente no quieres ir; pero otras veces te acaricia, te abre un libro y te acompaña con aventuras durante horas y horas. ¿Sí o no?
Vale, ha quedado claro que los raros, que los extraños, somos los lectores. Pero ahora imagina que el sentirte extraño viene producido porque en vez de piernas humanas has nacido con piernas o patas de perro. Eso le pasa a Bobi y eso es lo que nos cuenta Carlos en Patas de perro. Bajo el mismo nombre del autor, este Carlos narra su historia de convivencia con Bobi, un niño a quien acogió tras ver en sus ojos la tristeza de ese fuerte golpe de la extrañeza que comentábamos antes. Bobi no es capaz de sentirse ni perro ni humano en su propia casa, siempre desplazado, siempre desatendido, junto a su familia pero solo. Aparece Carlos para llevárselo con él e intentar darle un amor y un calor nunca visto ni por uno ni por otro.
De esa convivencia surge Patas de perro, la narración de la vida desde unos ojos externos de un niño con parecido de perro o un perro con parecido de niño. Nunca he sabido decidir si es mejor un humano que un perro y por eso no sé si lo que nos cuenta aquí Droguett es la historia de un niño perro o de un perro niño. Lo que sí sé es que a través de unas construcciones sintácticas extensísimas que parecen la expansión de un rizoma y con una cascada incontrolable de adjetivos, el chileno consigue hipnotizarte hasta el punto de verte a ti mismo subrayando el libro sin control. Como si uniera paréntesis mentales con diálogos y con la propia narración, este continuo que es Patas de perro – y que desde Malpaso venden como la mejor novela chilena de todos los tiempos – pega muy fuerte, se enfrenta a lo que pensamos que es humanidad para arrancarle la careta y mostrarnos que nada de eso es verdad.
Carlos Droguett nos lleva en este libro al universo de la alteridad, al peligro que es sentirse diferente, al imán social que es la igualdad, a la miseria como resultado si te sientes extranjero en tu tierra. A Bobi no le dejan vivir por ser distinto y tiene que huir. Bobi siempre huye, incluso de sí mismo. Bobi es «una trampa de la naturaleza». Y Patas de perro, tal y como nos dice en cierto pasaje Carlos, no es más que «la lenta destrucción de un ser que vivía extrañado de vivir y más extrañado todavía de que no se le dejara vivir».
Tú no lo sabes pero cuando te apartas del mundo, cuando posas tu vista en un libro y te olvidas de lo que hay a tu alrededor, cuando apagas la luz a lo externo, cuando viajas a través de la tinta; sin notarlo, sin darte cuenta, y siempre – te lo aseguro -, tus piernas se convierten en patas de perro. Todos somos Bobi porque todos somos otro.

Algún día confesaré que leo los libros de 
Primero: argumento.
El autor podría haber tenido un nombre más mejicano, una novela no. ¡Pinches jipis! es una obra extraordinariamente divertida, gamberra, y muy mejicana. No lo digo por el escenario ni los personajes, ni siquiera por el lenguaje (en realidad se echa de menos que sea aún más local), sino porque la realidad que parodia es allí más realidad que parodia, mientras que sólo aquí, a nuestros ojos occidentales, parece exageradamente satírica. Me habría encantado leerla con ojos mejicanos, créanme, pero sólo porque siento una gran curiosidad por saber cómo se lee allí esta magnífica novela.
Soy un fanático del fútbol, lo reconozco; y sobre todo de la liga española. Por eso se me hacen tan cuesta arriba los veranos cuando la liga desaparece y solo queda conformarse con algún que otro partido de pretemporada donde las piernas pesan más que el fútbol o, si hay suerte y ese año toca, torneos internacionales. Cuando la liga vuelve ya es otra cosa: esos inicios de temporada con nuevos jugadores, nuevos entrenadores y con ellos nuevas tácticas, jóvenes promesas, grandes fichajes, etc. Y en el centro de todo ello – quizás por eso me gusta tanto este deporte – el planeta sobre el que gira todo lo demás: el planeta Iniesta. Si queréis conocerlo futbolísticamente, por fuera, encended la televisión y poned un partido en el que juegue, disfrutaréis mucho; si queréis conocerlo personalmente, por dentro, abrid este libro, disfrutaréis más: La jugada de mi vida, de Andrés Iniesta, con la colaboración de los periodistas Ramon Besa y Marcos López.
«Tengo muchas salvajadas que contar, demasiadas, y voy a contarlas sin paños calientes. Relatos atronadores de lujuria, droga y desenfreno, de trascendencia y toxicomanía que saciarán todo vuestro apetito por la truculencia».
La literatura gay siempre ha existido. Aunque no quisiéramos verla, aunque fuera una estantería marginal en las librerías, aunque no se le diera nunca el puesto que se merece y que ha tenido importancia para muchos que han vivido al abrigo de historias que, de otra forma, no podrían haber vivido. La literatura gay, además, ha supuesto para muchos ruptura de esquemas, aprendizaje sobre un colectivo tratado de forma diferente, como si algo extraño se tratase, pero también una extensión de algunos tópicos que es mejor erradicar de raíz. El prólogo de Mundo cruel me parece de obligada lectura para entender lo que Luis Negrón ha hecho en estos 








Si eres de los que piensan que se puede cambiar el mundo, más de una vez te habrán mirado con indulgencia pensando que eres un idealista adorable. Y si encima crees firmemente en conseguirlo sin violencia, lo más seguro es que se hayan reído de ti por ser tan iluso. Pero Srdja Popović no se burlaría, sino que te alentaría para que lo lograses. Porque él fue una de esas personas que decidió dejar la apatía a un lado y luchar para que su país fuera un lugar mejor, con la creatividad, la valentía y el buen humor como armas. Y lo logró. En Cómo hacer la revolución nos cuenta cómo aquel joven estudiante de biología que era él en los años noventa se convirtió en uno de los líderes de Otpor! (¡Resistencia!), el movimiento pacífico que derrocó al dictador de Serbia, Slobodan Milošević, y por qué actualmente sigue dedicándose a difundir el ideario del activismo pacífico a través del