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Patas de perro, de Carlos Droguett

Patas de perro

Patas de perroTe has tenido que sentir extraño alguna vez, aunque sea simplemente porque te gusta leer y porque no entiendes que los demás te miren raro cuando escoges quedarte leyendo antes que dar un trago de cerveza en compañía. Sí, hay tiempo para todo pero, ¿a que si te dieran a elegir te quedarías con leer? Pues ese sentirte extraño, que tú ves como algo normal – yo también, no te preocupes – a veces te golpea fuerte y te saca de la cama y te lleva a fiestas a las que realmente no quieres ir; pero otras veces te acaricia, te abre un libro y te acompaña con aventuras durante horas y horas. ¿Sí o no?

Vale, ha quedado claro que los raros, que los extraños, somos los lectores. Pero ahora imagina que el sentirte extraño viene producido porque en vez de piernas humanas has nacido con piernas o patas de perro. Eso le pasa a Bobi y eso es lo que nos cuenta Carlos en Patas de perro. Bajo el mismo nombre del autor, este Carlos narra su historia de convivencia con Bobi, un niño a quien acogió tras ver en sus ojos la tristeza de ese fuerte golpe de la extrañeza que comentábamos antes. Bobi no es capaz de sentirse ni perro ni humano en su propia casa, siempre desplazado, siempre desatendido, junto a su familia pero solo. Aparece Carlos para llevárselo con él e intentar darle un amor y un calor nunca visto ni por uno ni por otro.

De esa convivencia surge Patas de perro, la narración de la vida desde unos ojos externos de un niño con parecido de perro o un perro con parecido de niño. Nunca he sabido decidir si es mejor un humano que un perro y por eso no sé si lo que nos cuenta aquí Droguett es la historia de un niño perro o de un perro niño. Lo que sí sé es que a través de unas construcciones sintácticas extensísimas que parecen la expansión de un rizoma y con una cascada incontrolable de adjetivos, el chileno consigue hipnotizarte hasta el punto de verte a ti mismo subrayando el libro sin control. Como si uniera paréntesis mentales con diálogos y con la propia narración, este continuo que es Patas de perro – y que desde Malpaso venden como la mejor novela chilena de todos los tiempos – pega muy fuerte, se enfrenta a lo que pensamos que es humanidad para arrancarle la careta y mostrarnos que nada de eso es verdad.

Carlos Droguett nos lleva en este libro al universo de la alteridad, al peligro que es sentirse diferente, al imán social que es la igualdad, a la miseria como resultado si te sientes extranjero en tu tierra. A Bobi no le dejan vivir por ser distinto y tiene que huir. Bobi siempre huye, incluso de sí mismo. Bobi es «una trampa de la naturaleza». Y Patas de perro, tal y como nos dice en cierto pasaje Carlos, no es más que «la lenta destrucción de un ser que vivía extrañado de vivir y más extrañado todavía de que no se le dejara vivir».

Tú no lo sabes pero cuando te apartas del mundo, cuando posas tu vista en un libro y te olvidas de lo que hay a tu alrededor, cuando apagas la luz a lo externo, cuando viajas a través de la tinta; sin notarlo, sin darte cuenta, y siempre – te lo aseguro -, tus piernas se convierten en patas de perro. Todos somos Bobi porque todos somos otro.

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Panóptico, de Hans Magnus Enzensberger

Panóptico

PanópticoAlgún día confesaré que leo los libros de Malpaso solo por el olor de sus páginas. Pero no hoy. Hoy quiero hablaros de veinte ensayos recogidos en forma de libro todos con la misma firma, la del aclamado intelectual alemán Hans Magnus Enzensberger.

Cuando nos sueltan la palabra filosofía, o pensamiento, tendemos a sentir en nuestro interior una sacudida que nos echa para atrás, que nos frunce el ceño, que cierra las puertas a nuestra voluntad de comunicación. ¿No es así? Tiene una nube sobre sí la filosofía de dificultad, de pesadez, de cansancio si se dispone uno a leerla. Pues bien, tras estas afirmaciones que espero que no molesten a muchos, se nos planeta la siguiente pregunta: ¿es posible una filosofía clara, de fácil lectura, en la que el pensador no parezca estar a años luz de nosotros? Sí, claro que es posible. Eso mismo tenemos en los archifamosos Ensayos de Montaigne igual que en el libro del que hablo hoy: Panóptico. En él, Enzensberger coge temas cotidianos – la economía, la jubilación, la fotografía o el sexo – y los plantea. No hay mucho más que decir. Recuerdo que hace unos años leí Esto no es un diario de Zygmunt Bauman y tuve la misma sensación que al abrir estos días el libro de Enzensberger, algo que puede resumirse en una frase que aparece al inicio del libro, en el primer párrafo: «textos pequeños sobre temas gigantes».

Reconozco que me gusta leer filosofía y que a veces entiendo que esta parezca engorrosa, pero porque el pensamiento en sí mismo lo es. Y por ese motivo encuentro tan excepcional que existan pensadores capaces de sintetizar sus planteamientos en ensayos – como en este libro – que no superan las diez páginas. Enzensberger consigue aquí plasmarnos, de una manera extremadamente personal e irónica, sus reflexiones acerca de todo lo que le – y nos – rodea. ¿Por qué nos extrañamos cuando el autobús llega tarde pero no cuando llega puntual? ¿Qué es lo normal y por qué lo es? ¿Qué realidad vemos en una fotografía que en principio mimetiza lo que refleja? ¿Por qué ser atleta en la antigua Grecia estaba mal visto y serlo ahora es motivo de admiración? ¿Por qué nos obsesionamos con limpiar la suciedad si esta llega de forma natural, como si tuviera esencialmente que llegarnos? ¿Por qué somos los únicos animales que limpiamos nuestro entorno? ¿Por qué nos sentimos distintos y superiores cuando compramos un producto que lleva la etiqueta de “exclusivo”? ¿Es necesario el sexo?

Estos son algunos de los temas que plantea el intelectual alemán en su Panóptico – palabra a la cual le atribuye el significado del gabinete de curiosidades y horrores que inauguró en 1935 el artista alemán Karl Valentin -. Como digo, temas en formato ensayo que todos podríamos tener como conversación con cualquier amigo algún día sentados en un bar y teniendo como barrera entre uno y otro unas cuantas cervezas. Enzensberger se sienta a la mesa, pide unas cuantas copas, espera a que lleguen, nos mira y comienza a hablar. Enzensberger es aquí nuestro amigo y en el rótulo del bar se puede leer el nombre Malpaso. Esa es la magia de los libros. Para acabar, quizás estéis pensando que todo lo que he expuesto como temas son preguntas. Pero, ¿no es generar preguntas el objetivo de todo tema filosófico?

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Las altas montañas de Portugal, de Yann Martel

Las altas montañas de Portugal

Las altas montañas de PortugalPrimero: argumento.

Tomás camina hacia atrás, literalmente de espaldas, por Lisboa. Estamos a finales del año 1904 y tiene en mente una misión: llegar a las Altas Montañas de Portugal para encontrar un crucifijo extraordinario, que le ayudará en su venganza contra ese Dios que le había arrebatado todas las personas a las que quería en menos de una semana. A los que le rodean no les ha explicado bien su objetivo, solo que piensa que allí va a encontrar un tesoro que por fin hará que le reconozcan en el Museo de Arte Antiguo en el que trabaja. Precisamente por su trabajo, ha dado con un diario escrito por el padre Ulises, en el siglo XVII, cura destinado en São Tomé, en el Golfo de Guinea. Ese diario le produce un gran impacto y se siente identificado con los sentimientos de soledad e incomprensión del cura. En él encuentra consuelo y las pistas para encontrar el magnífico crucifijo. Emprende un viaje increíble, largo y doloroso por Portugal en uno de los primeros coches de la historia, que le presta su tío, hombre excéntrico y muy rico.

Así empieza este libro que está dividido en tres grandes partes: “Sin casa”, “A casa” y “En casa”. Tomás es el protagonista en la primera parte. Eusebio, patólogo forense aficionado a las novelas de Agatha Christie, de la segunda en 1938 y Peter, político canadiense, de la tercera en los años 80. Los tres van a tener relación con esa región que llaman Las Altas Montañas de Portugal y los tres tienen que superar pérdidas de seres queridos.

Segundo: sensaciones.

Surrealista, este es el calificativo que me ha estado rondando todo el tiempo por la cabeza mientras leía esta novela. Cuando cerraba el libro, pensaba: ¿cómo voy a explicar esto? Las sensaciones que me ha producido sí os las puedo decir. Me ha encantado, del verbo encantar, o sea, de encantamiento de verdad. De estar pensando en el libro incluso cuando no lo tenías delante, de acostarte dándole vueltas a lo que habías leído ese día, de explicárselo al que tienes al lado, leerle trozos, para que te pueda entender cuando le dices que hay algo mágico que te tiene sorbido el seso, pero que no puedes explicarlo. Me ha divertido mucho, ha habido párrafos que me han hecho reír a carcajadas. Me ha sorprendido y ¡de qué manera!, de dejarme boquiabierta y ojiplática. Me ha emocionado, porque es enternecedora y dulce. Me ha gustado mucho literariamente hablando: rica, preciosa e inteligente, con magníficos diálogos y descripciones.

Tercero: confesiones.

Uno de los motivos por los que elegí leer esta novela fue por el escenario en el que transcurre el libro: Portugal. Son mis vecinos y amigos. La región a la que se refiere, Tuizelo que pertenece a Vinhais, la tengo a tiro de piedra. Compartimos las mismas montañas, clima y paisaje. Es un país que siempre me ha tratado bien, en el que he disfrutado mucho y por el que siento un gran cariño. Ahí no me equivoqué, hay unas descripciones muy acertadas, tanto de lugares como de gentes, con las que estoy totalmente de acuerdo. Yann Martel transmite cariño y admiración por el lugar; también mucho respeto, incluso ha protegido en muchos pasajes la lengua, no han traducido muchas expresiones y frases en portugués, creo que con buen criterio.

Enfrenté el libro como una novela normal, con mucha ilusión porque me gustó La Vida de Pi que es del mismo autor, aunque confieso que solo he visto la película. Error: no es una novela al uso, aunque sí la he disfrutado desde la primera frase. Tuve que caminar con Tomás bastante rato, de espaldas porque estaba enfadado con el mundo y era su manera de protestar. Tuve que pelearme con Tomás por esos caminos ingratos en esa máquina infernal. Disfruté con la autopsia que realizó Eusebio a Rafael, sí, aunque os suene macabro: me gustó una autopsia. La descripción que la senhora María Dores Passos Castro le hace a Eusebio de su casamiento y de su vida matrimonial creo que es de lo más bonitos que he leído en mi vida. Ya llevaba casi dos tercios del libro leídos cuando me empecé a dar cuenta de que lo que tenía entre manos es un gran cuento, una parábola enorme. Me tuve que quitar el raciocinio durante unas horas para disfrutar más y dejarme llevar. Me quité prejuicios, limpié mi mente de presupuestos y las piezas empezaron a encajar. Entonces llegué al final y el Principito me susurró al oído: “tienes que volver a empezar porque has estado viendo el sombrero y lo que tenías que ver era el elefante dentro de la boa”.

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¡Pinches jipis!, de Jordi Soler

¡Pinches jipis!

¡Pinches jipis!El autor podría haber tenido un nombre más mejicano, una novela no. ¡Pinches jipis! es una obra extraordinariamente divertida, gamberra, y muy mejicana. No lo digo por el escenario ni los personajes, ni siquiera por el lenguaje (en realidad se echa de menos que sea aún más local), sino porque la realidad que parodia es allí más realidad que parodia, mientras que sólo aquí, a nuestros ojos occidentales, parece exageradamente satírica. Me habría encantado leerla con ojos mejicanos, créanme, pero sólo porque siento una gran curiosidad por saber cómo se lee allí esta magnífica novela.
¡Pinches jipis! podría ser más comedida, sin duda, pero sería otra obra. Los excesos alcohólicos del comandante Conejero, sus heterodoxos métodos y el inimaginable ambiente de un cuerpo policial conformado por agentes como El Tapir, El Espectro, El Tucumano o mi preferido, La Vacota, construyen un escenario en el que no puede ocurrir nada rutinario ni aburrido, pero gracias al talento narrativo de Jordi Soler ocurren cosas francamente difíciles de olvidar. Y aquí es donde mi curiosidad innata se desboca y se pregunta cómo se lee este libro en el lugar que lo inspira. Porque basta interesarse un poco en la realidad mexicana para concluir que pocas cosas nacidas de la mente de un narrador pueden superarla y desde luego ésta no es una de ellas. La hace ágil, divertida, trepidante, pero desde luego no la aleja de la realidad.
Un hallazgo narrativo es la costumbre del comandante Conejero de utilizar las cintas de casete que lleva en la guantera del coche como oráculo y modulador de su estado de ánimo. El otro es el whisky pero este es impagable por las referencias musicales muy de mi generación. Y el humor que sobrevuela esas cintas, como todo lo demás, es brillante y digno de mención. Y si se lo están preguntando: no, no está ambientada en los 80. Conejero usa cintas porque quiere y porque los cachitos de hierro y cromo le son más queridos que los bytes y el surround del ipod o el mp4. Sencillamente no los comprende.
Pero no vayan a creer que Emiliano Conejero es un dinosaurio, usa twitter, pero musicalmente es del siglo XX y como todo lo que hace lo vive hasta las últimas consecuencias. Sí, también el whisky.
Un hallazgo narrativo tan brillante como divertido es la figura del policía de columna, que sí, que ya sé que les habrá sonado a integrante de centuria de antidisturbios pero no, real o imaginado (lo desconozco) es bastante más literal: un policía que se esconde dentro de una columna de espejo de un supermercado para vigilar los robos. Concretamente y en este caso de comida de gato. Y curiosamente es un ejemplo de cómo se ancla ¡Pinches jipis! en la realidad, no de lo contrario.
Respecto a la trama, es sencilla, se trata de unos policías que buscan a un asesino. Estarán pensando que eso de los policías inadaptados, adictos y sin escrúpulos que se enfrentan a un misterioso asesino en serie y a las presiones de sus superiores para que solucionen un caso que escandaliza a la ciudad es todo menos original, que se puede ver en cualquier serie de televisión escogida al azar. Pues no. Cuando descubran el curioso desempeño profesional de los policías, cuando asuman que llevarse consigo a un hijo adolescente sensible e inadaptado a la escena de un crimen truculento parece una opción incluso razonable, desterrarán toda prevención de falta de originalidad.
Pero no vayan a creer que me ha encantado ¡Pinches jipis! por lo mucho que me he reído, qué va. Quiero decir que sí, me he reído mucho, pero como desde 2666 me interesa mucho México lo cierto es que no he podido hacer otra cosa que rendirme al talento de un autor que, humor mediante, consigue hacernos ver que bajo determinada perspectiva un asesino en serie que cada día mata a alguien, le arranca los ojos y se los introduce en la boca no es otra cosa que una anécdota para chismosos mucho menos grave que el día a día que éste sí, con el humor del que cada uno disponga, se vive en muchos lugares del mundo.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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La jugada de mi vida, de Andrés Iniesta

La jugada de mi vida

La jugada de mi vidaSoy un fanático del fútbol, lo reconozco; y sobre todo de la liga española. Por eso se me hacen tan cuesta arriba los veranos cuando la liga desaparece y solo queda conformarse con algún que otro partido de pretemporada donde las piernas pesan más que el fútbol o, si hay suerte y ese año toca, torneos internacionales. Cuando la liga vuelve ya es otra cosa: esos inicios de temporada con nuevos jugadores, nuevos entrenadores y con ellos nuevas tácticas, jóvenes promesas, grandes fichajes, etc. Y en el centro de todo ello – quizás por eso me gusta tanto este deporte – el planeta sobre el que gira todo lo demás: el planeta Iniesta. Si queréis conocerlo futbolísticamente, por fuera, encended la televisión y poned un partido en el que juegue, disfrutaréis mucho; si queréis conocerlo personalmente, por dentro, abrid este libro, disfrutaréis más: La jugada de mi vida, de Andrés Iniesta, con la colaboración de los periodistas Ramon Besa y Marcos López.

Antes de nada me gustaría avisar de que no es el típico libro donde el futbolista del que se trata parece uno de aquellos héroes que protagonizaban los cantares de gesta de nuestra época medieval. Ya me sorprendió Malpaso cuando leí Torneo, de Miguel Pardeza, que era más un recorrido metafísico de infancia perdida que las memorias de una estrella del fútbol. Por eso, estaba convencido de que este libro también me sorprendería. Y así ha sido. Desde el principio te das cuenta de lo involucrado que Andrés ha estado en la confección de estas memorias – más de cuatro años de notas –. Y digo Andrés, porque este no es el libro de Iniesta, este es el libro de Andrés: único, personal e íntimo.

A través de testimonios, recorremos la vida de este manchego nacido en Fuentealbilla en el seno de una familia humilde que vio, con lágrimas en los ojos, cómo su pequeño partía a Barcelona con solo doce años para quedarse en la Masía – fábrica de jóvenes talentos del Fútbol Club Barcelona –. Con más penas que alegrías y madurando a marchas forzadas, Andrés consiguió hacerse valer en campos donde todos le superaban en físico pero no en calidad. Callado y reservado fuera del campo y el centro de toda acción dentro, Andrés siempre ha sido – y sigue siéndolo – el punto en el que se clavan las miradas de todo aficionado al fútbol y al buen gusto. Recorremos en este libro su infancia a través de las voces de sus maestros, familia, amigos, compañeros, etc.; para pasar al estrellato: la llegada y la permanencia en el primer equipo del Fútbol Club Barcelona y de la Selección Nacional. Pero no todo son éxitos como ya hemos dicho, esto no es una oda a Iniesta. Andrés ha querido que salga todo en este libro, buscando cerrar un círculo vicioso que incluso le ha llevado a épocas de mucho sufrimiento: depresión en 2010 – cuando todos pensábamos que lo único que le sucedía era que tenía mala suerte con las lesiones –, fallecimiento de su amigo y rival Dani Jarque, pérdida de un hijo, …

En La jugada de mi vida vemos qué hay detrás del que para muchos es el mejor jugador de fútbol español de la historia. Y detrás de Andrés hay, como afirman todos los testimonios que aperecen en el libro – desde familiares hasta rivales futbolísticos –: bondad, amor, compañerismo, profesionalidad y pasión. Siempre atento a lo que le importa, vemos la admiración que provoca sobre todo en su gente más cercana: su mujer Anna – a quien dedica una carta de amor como sorpresa –, sus padres – que tanto dudaron de qué era lo mejor para Andrés sabiendo que iban a tener «un hijo sin infancia» -, sus entrenadores, sus amigos, sus fieles compañeros. Andrés en este libro se separa de Iniesta y deja de lado su maestría a la hora de dar pases de gol para, esta vez y sin que sirva de precedente, dar un pase de vida. Otra delicia nacida del fútbol de parte de Malpaso Ediciones.

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¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?, de Steven Tyler

¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?

¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?«Tengo muchas salvajadas que contar, demasiadas, y voy a contarlas sin paños calientes. Relatos atronadores de lujuria, droga y desenfreno, de trascendencia y toxicomanía que saciarán todo vuestro apetito por la truculencia».

A ver cómo me atrevo a comentar las memorias de Steven Tyler si ya te mete esta confesión por la boca en la solapa de la sobrecubierta. De primeras, ¡qué tipo más auténtico es Steven Tyler! Uno de esos tipos con los que no te aburres. Nunca. Jamás. Y te lo debes pasar muy pero que muy bien. Bueno, si le aguantas el ritmo.

Las biografías de los rockeros, ya sea Jim Morrison, Richie Blackmore, Axl Rose o cualesquiera pelanas con billete, solo de ida, para el lado salvaje de la vida y que ha hecho que féminas por doquier mojen sus bragas y muchos, cuando éramos adolescentes, hubiésemos intentado aporrear sus riffs de guitarra, suelen ser, por norma general, una copia entre sí. Puede haber más sustancias tóxicas, más enanos repartiendo rayas de coca o una tía con tres tetas, pero poco más allá de lo que suele ser la vida de una estrella del rock en potencia. En ¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?, las memorias que narra con maestría Steven Tyler, deja todas esas poses confesadas de rockstar con intenciones de literatura obscena en cuentos de cuna para colegialas. Todo escrito con descaro, sinceridad y poesía por, permíteme expresarlo de este modo, el pene más lascivo y testarudo, la lengua viperina erótica y de mejor retórica, el genio más excéntrico y lujurioso y el espíritu atormentado y tóxico que ha dado el rock and roll americano, Steven Tyler. Él, el demonio aullador de la mejor jodida banda de Estados Unidos, Aerosmith, y su poético-vicioso-caótico verbo.

Conocí la música de Aerosmith cuando en la MTV, la que molaba, ponían el vídeo de «Cryin’». Flipé al ver cómo Alicia Silverstone se lanzaba por el puente quedando colgada por un cable enganchado al piercing de su ombligo. Eran los años 90 y se podría decir que me había perdido un viaje previo más que interesante de la trayectoria anterior de la banda. Puede que mis padres decidieran tenerme más tarde, obrando según un minucioso plan maestro de evitar que mi persona se viera corrompida (y lo habría hecho) por el pervertido estilo de vida de la banda y caer así en ese depravado pozo de la decadencia alada de los de Boston. Me perdí una buena época, desde luego. Pero nunca es tarde para que su protagonista me haga partícipe de ella.

Después de leer las confesiones de Steven Tyler he conseguido conocer muy de cerca todas esas ilusiones rotas y otras logradas de unos chicos que soñaban con ser los más grandes, y cómo el camino que emprendieron se les torcía una y otra vez, sobre todo a él, Tyler, viviendo en una continua noria que no dejaba de girar y agitarse a toda velocidad. Sí, me ha confirmado que aquélla fue una buena época. Una buena época en la que reunirse de gente como Jimmy Page, montárselo con la locutora de radio en plena emisión, presentarse desnudo frente a la puerta de Joan Jett para tirarle los tejos o mear al lado de Paul McCartney «Me gusta vuestra música, me dijo. Desde entonces no he vuelto a mear recto», era el pan nuestro de cada día.

El chico que se criara en los bosques de Sunapee, que escuchara todo el blues que podía permitirse, y no era poco, que se vestía con los trapitos que diseñaba una amiga para parecerse a sus admirados Rolling Stones y que escribió una de las mejores jodidas canciones de la historia del rock, «Dream On».

¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera? Solo a un cachondo como el cantante creador del aullido del demonio se le ocurriría un título así. Una edición muy cuidada por Malpaso, en tapa dura impresa y sobrecubierta con diferente portada y fotografías en pliegos interiores y un gran trabajo de traducción por un viejo lobo de mar en esto del rock, Ignacio Juliá, curtido en las idas y venidas de muchos rockeros. En cuanto a estilo narrativo, mucha poesía y gusto literario en el que Steven Tyler me ha fascinado en su modo de relatar su vida tóxica. No falta detalle. Pero más aún, la vida de un hombre sumamente sensible del modo más auténtico que se puede llegar a ser. Un hombre enamoradizo y salido a partes iguales, pero siempre sincero, siempre descarado. Un amante y padre de tres hijas y un hijo a quienes adora. Una víctima muchas veces de los excesos que la banda le exigía y un obstinado detallista por dar el 100%. Hay grandes momentos en el libro donde se demuestra esa obsesión y que si eres un apasionado de la música y del proceso de creación, vas a  disfrutar mucho. Toma nota y después oído a la grabación de  «Nobody’s Fault». Me encantó.

Cuando lees las memorias de Tyler te das cuenta de cuán subestimado le tienen en su propio país. Quizás sean sus excentricidades y amaneramientos, vestirse con los pañuelos como Janis Joplin o desafinar cuando canta el himno nacional en los partidos de béisbol. Espera a leer y te darás cuenta del bagaje musical y literario que domina, de que no es oro todo lo que reluce en su vida personal y que el líder de Aerosmith, si algo tiene, además de ganas obsesivas por echar un polvo, es genialidad. Un jodido genio, eso me ha parecido leyendo su libro. Una historia que además de leerse se escucha, y de qué manera. He tomado nota de todas las canciones que germinaron el degenerado y sensible espíritu de Steven Tyler, de esas canciones que escuchas la aguja corriendo —y corriéndose— por los surcos de viejos vinilos de blues. El blues, tío, la jodida teta que amamantó al rock. La manzana que pervirtió a Eva haciéndola bailar con el diablo, Oh yeah, baby, te ves estupenda. El motor quejumbroso que da alas al sonido de Aerosmith. El blues, tío, porque en definitiva eso fue, es y siempre será el blues, el fermento de los lamentos del alma atormentada.

¿Te ha molestado el ruido? Eso es que vas por buen camino y no te imaginas aún el viaje que te espera. Por tanto, déjate llevar. Al final, todo se reduce a las canciones, al amor y también al desamor. Porque los cantantes escriben canciones de amor, sí, pero no se les permite enamorarse. ¿O puede que sí?

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Mundo cruel, de Luis Negrón

mundo cruel

mundo cruelLa literatura gay siempre ha existido. Aunque no quisiéramos verla, aunque fuera una estantería marginal en las librerías, aunque no se le diera nunca el puesto que se merece y que ha tenido importancia para muchos que han vivido al abrigo de historias que, de otra forma, no podrían haber vivido. La literatura gay, además, ha supuesto para muchos ruptura de esquemas, aprendizaje sobre un colectivo tratado de forma diferente, como si algo extraño se tratase, pero también una extensión de algunos tópicos que es mejor erradicar de raíz. El prólogo de Mundo cruel me parece de obligada lectura para entender lo que Luis Negrón ha hecho en estos relatos y porque yo, acérrimo defensor de que la literatura gay, vea que nos cuente algo más que lugares comunes que ya hace mucho tiempo que fueron desterrados. Porque es cierto que los relatos que aparecen en este libro nos recuerdan a esas imágenes que, en pleno siglo XXI, queremos desterrar de nuestra mente, pero no es menos cierto que como se dice en el prólogo antes citado: Sexualmente hablando, el mundo es una disaster area. En el próximo siglo muy probablemente nos verán como un rebaño tragicómico de reprimidos,un montón de curas y monjas sin el hábito, pero disfrazados de grandes pecadores, todos víctimas de nuestras represiones. A pesar de estar en otra época, en otro siglo, en casi otro mundo, no deja de ser más evidente que, a veces, somos nosotros mismos los que creamos los monstruos que nos visitan a la noche. Y me temo que no tienen buenas intenciones.

Creo que lo más importante para disfrutar de Mundo cruel es leerlo sin prejuicios. Yo no lo hice y al principio me enfurecí. De hecho, la primera de mis intenciones fue hacer una reseña furibunda sobre los estereotipos negativos que construye la literatura en la sociedad. Imágenes de lo que no son los homosexuales. Pero poco tiempo después el que suscribe se ha dado cuenta de lo que de verdad se esconde dentro de estos relatos o que, al menos, prefiero verlo así: trasladar al papel lo tragicómico de la vida centrada en un colectivo como el homosexual dotando a éste de ciertos valores que parecen haber pasado desapercibidos para la mayoría. ¿Es, por tanto, la obra de Luis Negrón de exclusiva lectura para personas del colectivo LGTBI? No, desde luego que no. De hecho, opino que mucha de la problemática que existe hoy en día es por el desconocimiento que la gente tiene sobre aquellos que, descritos siempre como diferentes, no dejan de ser iguales a todo el mundo. ¿Servirán estos cuentos, estos relatos, para cambiar conciencias? Es muy posible que no. No obviemos el hecho de que la mayor parte del contenido que aquí encontraremos será sexual, con excepción del penúltimo relato de la obra que es un despliegue en toda regla de lo que significa el amor tanto en la vida como en la muerte.

Mundo cruel no engaña a nadie desde su primera página. Esto es así y quien lo obvie estará cometiendo un error bastante grande a la hora de criticar la obra que se nos presenta. ¿Son buenos los relatos? Lo son en cuanto que nos presentan una realidad que, aunque un tanto difusa y demasiado física, no deja indiferente a quien lo lee. ¿Son los mejores relatos que alguien haya podido leer alguna vez? No, desde luego que no. Pero eso no le resta valía a la prosa de Luis Negrón que, a golpe de letra, derriba barreras, nos acerca lo banal del sexo, lo banal de la vida, lo banal de aquello que vivimos y que nosotros convertimos en drama. No hay que olvidar que hablamos de literatura gay, pero de la misma forma, no hay que olvidar que esa misma literatura no deja de hablar de los mismos temas que la supuesta literatura global. No confundamos, por tanto, el todo por la parte, porque no hay nada más perjudicial para disfrutar de la literatura que pensar que porque los protagonistas no tengan los mismos deseos que nosotros, uno no puede entenderlos.

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Torneo, de Miguel Pardeza Pichardo

Torneo

TorneoDebo reconocer que me sentí muy extrañado cuando vi que Malpaso publicaba un libro escrito por Miguel Pardeza. Para quien lea esto y no sea muy futbolero/a, bastará decir que Pardeza fue uno de los integrantes de la famosa «Quinta del Buitre» que tantos éxitos y reconocimientos consiguió para el Real Madrid en la década de los 80. Pero me autoconvencí pensando que quizás lo que buscaba la editorial era provocar esa extrañeza en sus lectores, sorprender y así, conseguir que el lector hojee su libro.

Nada más empezar la lectura, mi débil observación acerca del marketing en el mundo editorial se destruyó. En ese momento entendí por qué una editorial que me había engalanado los ojos con títulos como El maquinista y otros cuentos de Jean Ferry o Cuentos completos de E.L. Doctorow, ahora se atrevía con la publicación de lo que ellos tildaban como «el debut narrativo de un gran futbolista». Sigue leyendo Torneo, de Miguel Pardeza Pichardo

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Música infiel y tinta invisible, de Elvis Costello

Música infiel y tinta invisible

Música infiel y tinta invisibleEstás ante una reseña sobre la autobiografía de Elvis Costello escrita por alguien a quien nunca le ha interesado especialmente Elvis Costello. ¿Los motivos? Seguramente los prejuicios y la ignorancia, como en tantas otras ocasiones. Siempre he sido de los que, inconscientemente, juzgan el libro por la portada y el menú del restaurante por las fotos de los platos. Y en el caso de Costello, hacía tiempo que le había incluido dentro de mi carpeta mental de música sensiblera y sin contenido, una opinión fuertemente basada en sus pintas de protohipster y en fragmentos de algunas de sus canciones que había escuchado, que seguramente no eran ni lo suficientemente largos para que los detectase Shazam. Pero las buenas opiniones que había leído de Música infiel y tinta invisible me hicieron darle una oportunidad, una de verdad, a ese extraño hombre a unas gafas de pasta pegado. Y, como suele pasar cuando alguien se documenta sobre un tema del que lleva años hablando, me di cuenta de que no tenía ni puñetera idea.

Declan Patrick MacManus, quien sería años más tarde rebautizado artísticamente como Elvis Costello en honor a ‘El Rey del Rock’ y a su apellido materno, nos ofrece una extensa y caótica colección de recuerdos y opiniones, en la que el artista británico parece haber tenido completa libertad tanto en la forma como en el contenido. De esta forma se explican las largas descripciones de algunos de sus conciertos, en los que el tiempo narrativo se detiene hasta que él considera necesario, los numerosos fragmentos de canciones propias y ajenas que se entrecruzan con la narración o las numerosas fotografías de sus actuaciones, de su familia o de los borradores de sus canciones que oxigenan los capítulos.

Y el humor. La ironía que imprime Costello casi en cada párrafo de sus memorias es, en mi opinión, uno de los grandes aciertos de este trabajo. El músico no tiene problema alguno en reírse de sí mismo y de sus fracasos, de relativizar la fama o de lanzar dagas punzantes contra todo aquello que no le gusta de la industria musical. Y es que, por encima de todo, este libro destila sinceridad; se nota que este londinense de origen irlandés es ya una persona madura sin nada que demostrar y eso le permite escapar de los discursos políticamente correctos y de los buenismos. No tiene reparos ni siquiera en contar algunos de los episodios más lamentables de su biografía, como el de aquellos desafortunados insultos racistas que lanzó contra Ray Charles y James Brown una noche cargada de alcohol a finales de los 70, a los que dedica un capítulo entero y que explica que, de alguna forma, le ayudaron a dar un giro en su carrera y en su vida.

En esta autobiografía, editada al español por Malpaso, se hace también un repaso personal de la música popular desde la década de los 60. La melomanía de Costello está muy presente en este trabajo, y me gusta particularmente la forma en la que narra algunas de sus anécdotas con otras estrellas del gremio. Su testimonio rara vez es de igual a igual: Elvis siempre se pone en un segundo plano, como un fan más al que la sonrisa del destino le ha hecho poder compartir escenario con Sir Paul McCartney o tener una conversación distendida con Barack Obama en la Casa Blanca. La humildad que transmite no da visos de ser impostada; más bien refleja a un hombre que no nació con la intención de ser venerado por multitudes, sino que fueron su talento y su persistencia los que le llevaron a este fin.

Es interesante también conocer de primera mano el proceso creativo del artista. De nuevo Costello no tiene pudor en contar cómo le vinieron a la cabeza algunos de sus grandes éxitos, reconociendo haberse inspirado en ocasiones en obras de otros músicos de renombre, como Tom Petty o The Who. Lo que todos hacen pero pocos dicen, al fin y al cabo. Es bonito también descubrir el origen de algunas de sus canciones más conocidas, buena parte de ellas inspiradas en mujeres que pasaron por su vida. En este punto el autor es algo más reservado, dando escuetas referencias de ellas cuando no le apetece profundizar en sus identidades: “¿Una canción os gustaría menos si supierais exactamente la identidad de esa Party Girl o, de hecho, de Alison? Esto es música pop, no el Cluedo.”

Supongo que, por lo general, cuando alguien compra una biografía de un músico (y más una tan minuciosa y detallista como ésta) es porque es admirador de su trabajo y quiere profundizar más en su vida. Sin embargo, en mi caso el proceso ha sido justo el contrario: gracias a este libro he empezado a escuchar a Costello, por lo que he partido de un desconocimiento casi total que me ha hecho sorprenderme y disfrutar de algunos descubrimientos a medida que se iban cayendo mis prejuicios.

En definitiva, Música infiel y tinta invisible es una biblia para los fanáticos de Elvis Costello y un magnífico punto de partida para todos aquellos que desean conocer mejor a uno de los grandes letristas de la música pop. Una de esas AUTObiografías en las que hay que subrayar el prefijo, dado que se nota a la legua que las anécdotas han sido escritas por quien las ha vivido. Y Costello ha vivido mucho, creedme.

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El hombre de los dados, de Luke Rhinehart

El hombre de los dados

El hombre de los dadosSatírica, brillante, polémica, ácida, escandalosa, caótica, irónica, irreverente. Son solo algunos de los adjetivos que me surgen para clasificar una novela como El hombre de los dados, escrita por George Cockcroft bajo el pseudónimo de Luke Rhinehart, que a su vez hace de protagonista de la historia, contada como si de una autobiografía se tratase. Un libro que ahora rescata Malpaso y que cuenta con grandes detractores, pero también con defensores a ultranza. Solo un libro tan bipolar se puede colar en dos exclusivas listas de libros tan diferentes entre sí. Por un lado, tiene el privilegio de ser uno de los 50 libros más influyentes de los últimos 50 años (según la BBC) y el deshonor de ser uno de los 10 libros que no hay que leer antes de morir (según The Times).

La historia, aunque complicada, tiene un inicio sencillo. Luke es un psiquiatra aburrido de su vida monótona y académica, hasta que un día, tras un encuentro fortuito con un dado tirado en el suelo, decide convertirse en un hombre aleatorio cuyo destino quede regido siempre por lo que dicten las tiradas de los dados. Qué mejor experimento para un psiquiatra que experimentar con uno mismo. Despojado de personalidad, el “hombre del dado” se convierte en un ser dirigido siempre por la tiranía del dado, un ser aleatorio capaz de adoptar miles de personajes y de realizar diversidad de actos deleznables sin el menor atisbo de culpa en su comportamiento. Con la frase No mi voluntad, dado, más hágase la tuya repetida como un mantra, Luke decide ir más allá e introducir en esta religión de las seis caras a muy diversos personajes, chalados en su mayoría, que empiezan a venerarle como si de un Dios se tratase.

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Cuando el diablo salió del baño, de Sophie Divry

diablo-bañoSomos pobres. Cuanto antes lo reconozcamos, mejor. Muy bien, ahora que ya lo sabemos, ¿qué hacemos? Tenemos dos opciones: lamentarnos o salir adelante. Y por supuesto la primera de las opciones es la más atractiva, la que más nos pone, la que no dejaremos pasar hasta que no nos veamos demasiado con el agua al cuello y tengamos que, como se suele decir vulgarmente, ponernos las pilas. Bien, ya hemos empezado a ponérnoslas, es la hora de leer Cuando el diablo salió del baño. Sí, ya sé lo que muchos de vosotros vais a pensar al leer esta introducción. Que si parece que yo me estoy riendo de la situación actual, que si qué me he creído yo diciendo que nos regodeamos en la miseria, que si no entiendo nada de lo que pasan las familias hoy en día. Pero lo que quiero decir con esta introducción no es más que dar una patada al aire o arengar a que, si bien la situación es jodida a más no poder, al menos hay alguien que pone en evidencia, como lo hace Sophie Divry, que podemos estar jodidos, parados, sin un céntimo en la cuenta o con tan poco que la comida se convierta en un bien de lujo en vez de uno básico, pero al menos nadie podrá quitarnos la ironía o el humor negro. Porque si la realidad se empeña en pegarnos puñetazos a diestro y siniestro, ¿quién dice que no podamos devolverle algunos golpes?

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Cómo hacer la revolución. Instrucciones para cambiar el mundo, de Srdja Popović

Cómo hacer la revolución

Cómo hacer la revoluciónSi eres de los que piensan que se puede cambiar el mundo, más de una vez te habrán mirado con indulgencia pensando que eres un idealista adorable. Y si encima crees firmemente en conseguirlo sin violencia, lo más seguro es que se hayan reído de ti por ser tan iluso. Pero Srdja Popović no se burlaría, sino que te alentaría para que lo lograses. Porque él fue una de esas personas que decidió dejar la apatía a un lado y luchar para que su país fuera un lugar mejor, con la creatividad, la valentía y el buen humor como armas. Y lo logró. En Cómo hacer la revolución nos cuenta cómo aquel joven estudiante de biología que era él en los años noventa se convirtió en uno de los líderes de Otpor! (¡Resistencia!), el movimiento pacífico que derrocó al dictador de Serbia, Slobodan Milošević, y por qué actualmente sigue dedicándose a difundir el ideario del activismo pacífico a través del Centro para la Aplicación de Acciones Estratégicas de No Violencia (CANVAS).

La cita que aparece en la portada de Cómo hacer la revolución. Instrucciones para cambiar el mundo llamó poderosamente mi atención: «Srdja recurrió a la imaginación, la astucia y el humor para crear el movimiento que derribó a una dictadura brutal y se convirtió en el modelo para las insurgencias pacíficas de todo el mundo». Yo, que siento un gran rechazo por la violencia, necesitaba conocer esa historia, comprobar que hay una alternativa real al ojo por ojo, que actuar bien y vencer no es imposible. Y lo que he descubierto gracias a este libro es mucho más de lo que esperaba. Sigue leyendo Cómo hacer la revolución. Instrucciones para cambiar el mundo, de Srdja Popović