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Malerba. Vida a muerte en Sicilia, de Carmelo Sardo y Giuseppe Grassonelli

Malerba. Vida a muerte en Sicilia

Malerba. Vida a muerte en Sicilia

Podría decir que Malerba. Vida a muerte en Sicilia, galardonada con el Premio Leonardo Sciascia 2014, es una buena novela negra, en la línea de El Padrino de Mario Puzo, si no fuera porque se trata de una historia real y el protagonista, en vez de ser miembro de la Cosa Nostra, es el fundador de la Stidda, la organización criminal que se enfrentó a esta y que alteró el equilibrio del poder mafioso de la provincia.

En estas memorias, Giuseppe Grassonelli entrelaza sus recuerdos para contarnos, con un detalle y ritmo admirables, una historia repleta de venganza, miedo, juego, dinero, sexo y tiroteos, salpicada de reflexiones sobre qué es el honor, la libertad, la legalidad, la moral o el Estado. Grassonelli se cuestiona todo, empezando por sí mismo, sus decisiones y sus crímenes, que lo llevaron a ser condenado a ergastolo ostativo, es decir, la cadena perpetua por asesinato con agravante de asociación mafiosa y ausencia de colaboración con la justicia, a la edad de veintisiete años. Sigue leyendo Malerba. Vida a muerte en Sicilia, de Carmelo Sardo y Giuseppe Grassonelli

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Breve historia de siete asesinatos

Breve historia de siete asesinatos

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

Breve historia de siete asesinatosTodas mis reseñas tienen banda sonora propia. Esa es la verdad, no sé escribir de otra manera. Pero es difícil hacerlo con Bob Marley sonando en algún rincón de mi cabeza. Marlon James lo sabe. Tiene que saberlo. Su Breve historia de siete asesinatos, al menos, fluye como una melodía. Su voz, rota y grave, es la de un cantante de jazz. Su ritmo es el ritmo acompasado y distendido del reggae, pero también el de una balada, con ese poso triste que dejan ciertos domingos por la tarde en invierno. A veces lo interrumpe una canción de rock. A veces, de metal. Es la batería la que golpea. Y la canción se prolonga entre sus páginas. Pap-pap-pap. Dispara.

No es fácil esquivar todas las balas. Cincuenta y seis, para ser exactos. Aunque en ocasiones ocurre que sobrevives. Pongamos, si no, que es 3 de diciembre de 1976, dos días antes del concierto por la paz de Bob Marley en Jamaica, y siete asaltantes irrumpen con pistolas en su casa en medio de un ensayo. El propio cantante, su esposa y su mánager resultan heridos. Pero el concierto no se suspende. “La gente que está tratando de hacer este mundo peor – declararía Marley después- no se toma ni un día libre, ¿cómo podría tomarlo yo?”.

Precisamente de la gente, esa gente de la que habla el cantante, es de lo que escribe ahora Marlon James en Breve historia de siete asesinatos, que de breve, por suerte, tiene poco. Allí, el escritor jamaicano desciende a los infiernos de su país natal para indagar sobre este suceso que podría haber cambiado la historia política y social de Jamaica. Sigue leyendo Breve historia de siete asesinatos

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Euforia

euforia

Euforia, de Lily King

euforiaLa antropología como ciencia vivió una etapa dorada en las primeras décadas del Siglo XX. Una de sus figuras femeninas más influyentes fue la norteamericana Margaret Mead, la protagonista indirecta de la reseña de hoy, porque Lily King se basa en un capítulo de la biografía de Mead para crear esta gran historia de amor, pasión y egos llamada Euforia.

“Creo que, por encima de todo lo demás, lo que busco con mi trabajo, en estos lugares tan remotos, es la libertad, encontrar un grupo de personas que les den a los demás el espacio necesario para ser lo que quieran ser. Y quizá nunca lo encuentre todo en una cultura, pero puede que encuentre fragmentos en diversas culturas, tal vez pueda ponerlos juntos como un mosaico y revelarlo al mundo.”

En 1933, Margaret Mead y su marido, Reo Fortune, también antropólogo, estudiaban las tribus pobladoras del rio Sepik en el territorio de Nueva Guinea. Allí coincidieron con otro antropólogo inglés, Gregory Bateson, formando un trío de mentes brillantes y muy distintas entre sí, pero dispuestos a colaborar. Rebautizándolos como Nell Stone, Schuyler Fenwick y Andrew Bankson, la autora ficciona lo que pudo ser ese triángulo amoroso en esa tierra inhóspita y casi desconocida. Sigue leyendo Euforia

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Fachadas

Fachadas

Fachadas, de Eric Lundgren

Fachadas

Tenemos un modo subjetivo de vivir los espacios. De hacerlos nuestros y percibirlos a partir de nuestra propia experiencia. No importa lo lejos que vayamos. Los lugares, nuestros lugares, nos perseguirán, como el tiempo pasado, allá donde estemos. Algo así como esas palabras de Italo Calvino, que tan acertadamente rescata Eric Lundgren en Fachadas, que recuerdan que uno puede abandonar la ciudad, pero llegará a “otro Trude, exactamente igual, detalle por detalle“.

Precisamente Trude es también el nombre de este pintoresco lugar del Medio Oeste que se nos cuenta en esta novela. La ciudad donde la esposa de Sven Nordberg, una célebre mezzosoprano, desaparece una noche sin más mientras ensaya por última vez. Y después, lo que queda es el duelo, ya sea solo por la ausencia, que se expande a todo lo demás. A Kyle, el hijo adolescente de ambos, al entorno, a los recuerdos y al propio Sven, que vuelve una y otra vez sobre Molly y los extraños acontecimientos que ocurrieron en torno a su desaparición.

En su búsqueda de la verdad, el protagonista de Fachadas tendrá que lidiar con inquietantes personajes y acertijos que le llevarán siempre en varias direcciones. Hacia el presente pero también hacia el pasado. En esos momentos en que la novela te conquista cuando la lectura se vuelve siempre más literaria. Allí es donde se cuelgan los interrogantes que dejan tras de sí las personas que desaparecen. También la propia Molly, que por lo que sabemos podría estar, viva o muerta, en casi cualquier parte. Sigue leyendo Fachadas

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La perra de mi vida

La perra de mi vida, de Claude Duneton

la-perra-de-mi-vidaSuele ocurrirme que me acerco a cada nuevo libro con entusiasmo, no puedo evitarlo, y rara es la ocasión en que lo hago con algún tipo de prevención. Este ha sido el caso, la excepción que confirma la regla. Afortunadamente la suspicacia se disipa en el prólogo y se dinamita ya en la primera página. Me explicaré. Yo me considero un amante de los animales y por razones que no vienen al caso he conocido de cerca dos de los riegos de los textos sobre animales: uno es el antropocentrismo ñoño y sensiblero y el otro el proselitismo panfletario. Ambos extremos capaces de arruinar cualquier historia por buena que sea. Nada más lejos de la realidad, La perra de mi vida es un texto magnífico en el que la cursilería y la propaganda ocupan exactamente el mismo espacio que podrían llenar en el manual de instrucciones de un sobre con semillas de cactus.

La perra de mi vida es un relato emocionado, pero serio y austero, de la niñez de Claude Duneton, infancia en la que “la insoportable Rita”, su perra, juega un importante papel de disimulado alter ego. Escrito con un lenguaje descarnado, con sinceridad de hombre de campo, pero con un humor y un sentido de la ironía nada desdeñables, este libro es un homenaje al recuerdo de sus padres, pero no una elegía sensiblera sino una celebración de las personas que fueron tanto ellos como el mismo autor de niño y, cómo no, la propia perra. Con sus virtudes y sus defectos. A menudo unos un otros se expresan en términos brutales, sea estéticamente o de concepto, pero sinceros y bajo todo ello sobrevuela una cierta dignidad, la de unos personajes, la perra a la cabeza, que tratan de mantenerse fieles a sí mismos pese a que no viven exactamente la vida que desean. Sigue leyendo La perra de mi vida

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Cocaína

Cocaína, de Massimo Carlotto, Gianrico Carofiglio y Giancarlo de Cataldo

cocainaCocaína es una recopilación de tres relatos que giran en torno al mundo de la droga, La pista de Campagna, de Massimo Carloto, La velocidad del Ángel, de Gianrico Carofiglio y El baile del polvo, de Giancarlo de Cataldo. Tres relatos que abarcan diferentes aspectos de este submundo, cada uno con su tono y en su estilo, pero todos ellos francamente interesantes. Son textos trepidantes y con cierto pulso policíaco, y aunque son muy diferentes, es todo un acierto publicarlos juntos, porque se complementan a la perfección y amplían sobremanera el campo de visión del lector.

Por casualidades de la vida leí Cocaína al tiempo que un artículo sobre la drogas que publicó Antonio Escohotado en la revista Claves de marzo/abril titulado “de la guerra al armisticio” y la coincidencia no podía haber sido más feliz porque el tándem ficción-periodismo completa puzles que ninguno de ellos acostumbra a terminar por separado.

Dos de los autores compaginan su faceta literaria con su ejercicio de la magistratura, mientras que el otro vivió la justicio desde el otro lado del estrado ya que fue condenado por un asesinato que no cometió. En cualquier caso los tres conocen el mundo que retratan no sólo desde la pantalla de su ordenador, sino que llevan a sus espaldas no poco trabajo de campo. Y se nota, porque el resultado es, en los tres casos, muy convincente. Sigue leyendo Cocaína

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Errores infalibles para (y por) el arte

Errores infalibles para (y por) el arte, de Neil Gaiman

errores-infalibles-para-y-por-el-arte-neil-gaimanNeil Gaiman debe ser un tipo curioso, para hacer un regalo de boda escribió un cuento en el contaba sus dudas sobre la conveniencia si regalar el propio cuento o mejor un tostador. Y no sólo el cuento era magnífico, sino que lograba poner los pelos de punta (seguro que hay quien considera muy apropiada la asociación terror-matrimonio). Ahora se publica un discurso de graduación que leyó en 2012 en la University of Art de Filadelfia y claro, en lugar de un discurso normal y corriente leyó esta breve, magnífica y deslumbrante maravilla que ahora publica Malpaso con el título Errores infalibles para (y por) el arte. Se ve que al autor le ocurre como a Kurt Vonnegut, que también convirtió en pequeños tesoros sus charlas de graduación reunidas en el libro Que levante mi mano quien crea en la telequinesis, ambos son tan brillantes que no pueden evitar que se les note.

Me gustaría saber las trayectorias de quienes asistieron ese día al acto de graduación, si después de escuchar el discurso de Neil Gaiman no se convirtieron en los artistas que querían ser es porque ciertamente no lo pueden ser.

Cuando entras en el mundo del arte no tienes ni idea de lo que estás haciendo.
Esto es excelente. Quienes saben lo que hacen conocen las reglas y pueden distinguir entre lo posible y lo imposible. Vosotros no podéis.
Y no debéis. Las normas sobre lo posible y lo imposible en el arte fueron dictadas por individuos que no intentaron rebasar los límites de lo posible. Vosotros podéis intentarlo.
Si no sabéis que es imposible será más fácil lograrlo. Y como nadie lo ha hecho antes, aún no se han promulgado leyes para prohibir que alguien lo repita.
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La inconcebible aventura del hombre que fue otro

La inconcebible aventura del hombre que fue otro, de Manou Fuentes

la-inconcebible-aventura-del-hombre-que-fue-otroHay personas que hacen de su ausencia de características destacables su principal característica destacable, personas anodinas que pasan por la vida sin dejar más rastro que el burocrático, que es inevitable. El protagonista de La inconcebible aventura del hombre que fue otro, Édouard Pojulebe, es una de estas personas aunque él sí tiene un elemento diferencial: su nombre. Sin embargo no es una persona invisible por naturaleza, simplemente se deja llevar. Mientras en su vida no ocurre nada, él no hace nada, pero cuando en su vida suceden acontecimientos extraordinarios, él hace cosas extraordinarias. Uno nunca sabe si realmente la aventura de Édouard Pojulebe consistió en ser otro o en atreverse a ser él mismo, en cualquier caso el resultado es una magnífica novela con tanta carga psicológica como literaria. Tan entretenida como interesante.

Es precisamente el apellido el origen de sus vicisitudes, desde pequeño lo fue pero no lo es menos en la trama de la novela y resulta curioso con qué herramientas consigue caracterizar a la perfección a un personaje un escritor de talento, y desde luego Manou Fuentes lo es. Uno entiende al protagonista a través de su apellido, aunque él se entienda a sí mismo a fuerza de afrontar situaciones inesperadas. Sigue leyendo La inconcebible aventura del hombre que fue otro

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La invasión de los marcianitos

La invasión de los marcianitos, de Martin Amis

la-invasion-de-los-marcianitosUno nunca sabe qué motivos pueden llevar a un autor a repudiar una obra suya (o a denegar el permiso para que se reimprima, para ser exactos) pero coincido con la apreciación de José Antonio Millán, el prologista, cuando dice que ése único hecho ya dota a la obra en cuestión en un interés superior al que tendría por sí misma, un valor añadido. En el caso de Martin Amis y La invasión de los marcianitos resulta especialmente incomprensible porque aporta al autor, que digamos que es mucho más brillante que popular, de una dosis de, por así decirlo, humanidad que le viene francamente bien. Amis es un gran autor, de más está decirlo, aunque recientemente haya padecido una polémica un tanto extraña sobre la que prefiero reservarme mi opinión. Hace un tiempo lo leía mucho y es obligado reconocer que tiene obras excepcionales, pero La invasión de los marcianitos es un caso diferente, no pretende ser grande ni trascendente, no pretende contar una historia especialmente ambiciosa sino únicamente hablar sobre su afición a los videojuegos, en una época en la que aquí les llamábamos maquinitas o marcianitos y era algo que se jugaba en los bares y sobre los que ni el más optimista de sus seguidores habría ni tan siquiera soñado que alcanzarían el nivel de desarrollo tecnológico y la dimensión económica y cultural que han logrado en nuestros días. Bueno, tal vez Martin Amis sí. Y sin embargo sospecho que aquellos primitivos space invaders, pacman, etc impresionaban más a nuestros ojos inocentes que esas obras maestras de la técnica que se pueden ver hoy en día. Sigue leyendo La invasión de los marcianitos

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Un millón de ruiseñores

Un millón de ruiseñores, de Susan Straight

un-millon-de-ruisenoresSi los libros fuesen alimentos y debiesen cumplir con las normas de etiquetado de éstos, la cubierta de Un millón de ruiseñores en lugar de foto de cubierta tendría una leyenda enorme que advirtiese de la ausencia de edulcorantes añadidos. Porque es una historia extraordinaria sobre la esclavitud escrita sin concesiones en la que lo más logrado, a mi entender, es que Susan Straight consigue que los personajes enfrenten la realidad con la herramientas de que disponen, que son bien pocas, lo que hace que en la mayor parte de los casos tuvieran que lidiar con la vida a base de instinto y creencias de su áfrica originaria, a las que se aferraban como único vínculo que tenían con su identidad.

Sorprende el pormenorizado escalafón étnico que regía el valor económico y por tanto las vidas de los esclavos, la cantidad de categorías. Moinette, la protagonista, además de ser mestiza es una “hija del placer”, el resultado de un rato de diversión de uno de los amos, lo que la condena a su vez a ser el instrumento animal del desahogo sexual de los blancos que así lo deseen. Pero es algo más, es una esclava que aprendió a leer y con unos ciertos rudimentos de cultura gracias a las enseñanzas de la hija de sus primeros amos. Y eso le confiere una mirada muy valiosa y una forma de entender las cosas que permite al lector entrar en la realidad descrita sin que pierda un ápice de su rudeza y su brutalidad. Sigue leyendo Un millón de ruiseñores

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Razones para la anarquía

Razones para la anarquía, de Noam Chomsky

razones-para-la-anarquiaEl nombre de Noam Chomsky en la cubierta de un libro es un imán prácticamente irresistible, para mi leer a Chomsky siempre es un placer y no necesariamente por coincidencia de ideas, que honestamente creo que es lo de menos, sino por su brillante uso del lenguaje, su claridad expositiva, la erudición de que hace gala y la generosa y pertinente cesión de espacio a textos de otros autores que complementan sus propias argumentaciones. Es un intelectual comprometido, influyente y militante, sí, pero en sus escritos hace gala de la exigencia propia del mundo académico del que procede. La coincidencia o no con sus tesis puede que sea importante desde un punto de vista ideológico pero no lo es desde el punto de vista intelectual, es decir, conviene leer a Chomsky no para darle la razón acríticamente (eso no se debe hacer jamás) sino para reflexionar y llegar a conclusiones propias.

En el caso de Razones para la anarquía, además de esas propias razones y el aparato intelectual que las sustenta, lo que me ha llamado poderosamente la atención es la capacidad del autor para justificar las aparentes contradicciones entre los objetivos finales que se persiguen y las acciones diarias que aparentemente los contradicen pero que son necesarias. Acudir a la autoridad del estado cuando se está en contra de la autoridad del estado. Incluso de su propia existencia. Pues Chomsky es capaz de explicar esto convincentemente lo cual es de extraordinaria utilidad práctica, porque mal que bien a todos nos pasa en un momento u otro, independientemente de cuales sean nuestros principios, que debemos enfrentarnos a situaciones que en un escenario ideal resolveríamos de una manera pero que en el mundo real nos vemos obligados a afrontar de otra bien diferente. Sigue leyendo Razones para la anarquía

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Que levante mi mano quien crea en la telequinesis

Que levante mi mano quien crea en la telequinesis, de Kurt Vonnegut

Que-levante-mi-mano-quien-crea-en-la-telequinesisKurt Vonnegut es uno de esos autores de quienes uno, o al menos uno a quien le guste como es mi caso, quiere leer todo lo que haya escrito porque tiene la convicción de que incluso en sus listas de la compra debía haber algo brillante, divertido. Tan imparable es su torrencial capacidad narrativa que no se detiene ante detalles menores como el género, Que levante mi mano quien crea en la telequinesis no es novela, cuento, ensayo, memorias, diario ni artículo periodístico, ni su propia muerte ya que sus últimas ediciones póstumas no es que parezcan recién escritas mañana, sino que parecen ser creadas en el momento en que se leen. Y lo son.

De la brillantez de Kurt Vonnegut da testimonio el título: Que levante mi mano quien crea en la telequinesis, un prodigio de humor e ironía. Del género literario que ocupa al autor en este caso da pistas el subtítulo: y otros mandamientos para corromper a la juventud. Este libro es ni más ni menos que una recopilación de discursos de graduación (y otros) impartidos en diferentes universidades. Bueno, no es sólo un recopilación de discursos, es una recopilación de discursos de Kurt Vonnegut, lo que es una diferencia sustancial. Sigue leyendo Que levante mi mano quien crea en la telequinesis