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Fatídica, de J.P. Manchette

Fatídica

Fatídica

Dice la RAE:

fatídico, ca

adj. Dicho de una cosa o de una persona: Que anuncia o pronostica el porvenir, especialmente si anuncia desgracias.

Sí, la definición es correcta, pero no me convence. Pero veamos… el título original francés es Fatale, o sea, lo que viene a ser después de usar el traductor lengua muerta-español, fatal. Y esto ya se ajusta más, sobre todo si aplicamos el adjetivo a una mujer. A ver qué dice la Academia sobre ello:

mujer fatal

  1. f. mujer que ejerce sobre los hombres una atracción irresistible, que puede acarrearles un fin desgraciado.

 

Pues sí, sí. Esto ya me encaja más. Totalmente de acuerdo. Nada que ver con la anterior definición, que parece que vamos a leer algo de cartomancia y adivinación. No. Fatal. Ese es el título que debería haberse dejado y es la única pega que puedo poner.

Todos sabemos lo que es una mujer fatal. Hemos visto infinidad de películas y leído otros tantos libros, por lo que no hay que explayarse mucho. Y después de tanto leído y visto es muy posible, (creo, no llevo un registro ni escrito ni mental así que seguro que me equivoco), que es la primera vez que asisto al desarrollo de una historia desde el punto de vista de la susodicha.

Y ha estado muy bien.

Empezamos sin saber por qué la femme fatale se carga a un tío en medio del bosque. Así, a modo de presentación. Bueno, va. Mola. Sus motivos tendrá la pobrecita, lo habrá pasado mal en la vida, la habrán hecho daño… En fin. No sabemos nada de ella todavía pero se lo perdonamos, total, algo habrá hecho el otro también, ¿no?

Más adelante vemos que lo tiene todo calculado, que es fría, que le gusta el dinero en cantidades industriales y comprar cosas caras y que necesita más dinero.

Su modus operandi es llegar a pequeñas poblaciones e integrarse en la vida social de la localidad y, sobre todo, en la clase alta. Asistir a cócteles, fiestas y partidas de bridge con la gente importante, la que maneja la pasta, la que dirige la ciudad, prestando atención a todas las conversaciones  para poder descubrir la mierda que esconden los empresarios, los corruptos y en definitiva, los negocios turbios de la ciudad para poder sacar partido de ellos.

Lo primero que podemos observar es que la chica sabe lo que tiene que hacer. No es tonta. Ha trazado un plan y ha preparado todos los detalles para que su ejecución sea llevada a cabo sin ningún imprevisto. Es calculadora, repito, y también tiene mala uva. Pero es que además, está como una puta cabra. Solo al final nos daremos cuenta de esto. Hemos atisbado ligeramente algo de su pasado, casi nada, para poder entender su comportamiento, pero no lo suficiente, así que, con los datos que tenemos y vistas todas sus acciones y su sangre fría (no hay que olvidar esto último) la conclusión es que es una puta loca del coño. Fatal y loca del coño. Buena combinación.

No puedo estar más de acuerdo, con la cita del Boston Review que aparece en la contraportada:

“Manchette pone trabas al funcionamiento de las vidas de los protagonistas y se regodea en documentar la anarquía resultante”

Eso es exactamente lo que hace nuestra protagonista. Se mete en las vidas de los buenos hombres corruptos y despreciables, los enfrenta y a partir de ahí todo es caos y destrucción, todo se precipita cuesta abajo y, sí, es un tópico,  pero nada, nada, volverá a ser lo mismo en ese pacífico pueblecito.

El libro tiene unas 124 páginas y me lo ventilé en una tarde. Te coge desde el principio y está narrado en tercera persona con un vocabulario sencillo y una prosa ágil. La personalidad de nuestra mujer te engatusa (y también la del barón, menudo elemento este también y vaya primera aparición con el pene en la mano, ¡qué grande! –el momento, no el pene…–) y su enigmática forma de ser te hace avanzar rápidamente.

No hay flashbacks ni nada que entorpezca la acción, se lee de un tirón y se lee bien. Con ganas. Eso es. Una vez que empiezas Fatídica, se lee con ganas. ¿Qué mejores palabras se pueden decir?

Otra buena novela negra que no debe perderse ningún fan del género.

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El coche fúnebre a rayas, de Ross Macdonald

el coche fúnebre a rayas

el coche fúnebre a rayasLo que me gusta Lew Archer. Me gusta mucho. Casi tanto como Philip Marlowe. Puede que en algunos aspectos incluso más. Un tipo como Archer se echa de menos estos días, tan franco, insobornable, directo, sosegado, perspicaz. Un tipo lejos de histrionismos, con la  mente fría y un objetivo siempre claro. Atrapar al malo.

Igual a muchos les parecerá un detective antiguo o fuera de su tiempo, Archer es el paradigma del caballero; un hombre educado, de carácter templado, sin trucos en la manga, sin jugarretas. Solo su intuición y su cabezonería, su predisposición a patear las calles y su inquebrantable compromiso a llegar al final de un encargo. Aunque para ello tenga que hacer cosas que a sus clientes les incomoden profundamente. Archer no se casa con nadie, solo con la verdad.

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Malentendido en Moscú, de Simone de Beauvoir

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Título: Malentendido en Moscú
Autora: Simone de Beauvoir
Editorial: Navona
Páginas: 179
ISBN: 9788416259458

No es la primera vez que me acerco a ustedes para hablarles de Simone de Beauvoir, así que bien sabía que leerla sería muy de mi gusto, pero sobre todo muy de mi interés. No lo había leído aunque sí conocía este relato, porque hemos de decir que estamos hablando de un relato largo que, al parecer, iba a ser un capítulo de “La mujer rota”, pero que al final quedó fuera, lo sacó del libro para dejarlo aparcado para hacer de él parte de otra historia o, quizá, como así fue, para publicarlo por separado y como historia corta independiente.

Corre el año 1966, pero podría ser mañana mismo, porque como todos los buenos relatos este malentendido en Moscú es atemporal, Nicole y André, una pareja de profesores franceses, ya jubilados, el 64 años, ella 60, se desplazan a Moscú para pasar unos día con la hija de él, que reside en aquel país que tanto decepcionó, precisamente, a la pareja compuesta por La propia Simone y Sartre.

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Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca

Poeta en Nueva York

Poeta en Nueva York

Es complicado entender la poesía de Lorca, como sucede con toda la que ha sido empapada por el surrealismo. Es cierto, pero también creo que una de las cosas que busca este tipo de escritura es hacernos sentir más que hacernos entender. Poeta en Nueva York es un libro que lees y aunque hayas entendido poco de lo que realmente te dice, te sacude por dentro ese sentimiento que Lorca quiso dejar marcado en sus páginas. Un sentimiento que te remueve por dentro pero aún así te hace seguir leyendo.

Poeta en Nueva York nace en un momento duro para el escritor granadino y ese malestar es lo que nos golpea cuando abrimos el libro. Y una de las cosas llamativas es que todo lo que quería hacernos sentir Lorca nos llega a través de preciosas metáforas, o de gran vitalidad en el verso, o incluso a través de una cubierta del libro color rosa. Esa ambigüedad es lo que más atrae del poeta, un ser capaz de enamorar con su escritura mientras está mostrándonos lo más oscuro de su interior. Lorca fue a Nueva York para alejarse de un entorno que le angustiaba. Pudo ser por el fin de una relación sentimental, por la presión que sentía al ser homosexual o por ambas cosas a la vez; pero acabó marchándose y se encontró que el lugar al que fue era mucho peor que del que venía. Trastornado por el capitalismo, la industrialización y el racismo de una ciudad que no duerme, Lorca acabó formando uno de los mejores poemarios que tenemos en nuestro país. Sigue leyendo Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca

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Los papeles de Aspern

Los papeles de Aspern, de Henry James

los-papeles-de-aspernIgnara de mí, relacionaba siempre a Henry James sólo y exclusivamente con Otra vuelta de tuerca, dando por sentado que era su obra culmen. Ignara, infelice de mí, todavía tenía por conocer y disfrutar la existencia de esta novella, Los papeles de Aspern, que ahora he podido leer gracias a la editorial Navona.

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El nadador en el mar secreto

el nadador en el mar secreto

“El nadador en el mar secreto”, de William Kotzwinkle

el nadador en el mar secreto

Esta reseña es difícil de hacer. Muy difícil. Primero, porque no puede explicarse su trama sin hacer espoilers. Segundo, porque esa trama es muy dura. Y tercero, porque es un libro que conjuga tan bien poesía con sentimientos que las sensaciones que transmite al leerlo solo pueden trasladarse leyendo el libro y no una reseña.

Ese es mi marrón… Pero bueno, un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer, así que vamos a ello.

De buenas a primeras si voy a mi librería habitual buscando libros (porque a mi me gusta buscar, no pido recomendaciones al librero, me gusta moverme por los pasillos y coger de aquí y de allá los libros que me llaman, bien por la portada, bien por el título) ni por asomo habría elegido El nadador en el mar secreto. Y no porque no esté bien editado, –que lo está y primorosamente a la manera de aquellos viejos libros de tela–, sino porque no destaca en nada: un lomo naranja, una portada en la que solo vemos autor, título, editorial, colección y nada más. Ni siquiera una sinopsis con la que orientarnos o que nos permita “bucear” algo en las profundidades ambiguas de su título (El nadador en el mar secreto bien podía ser el título de una novela de Simenon, no me digáis que no).

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