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Animales fantásticos y dónde encontrarlos, de J.K. Rowling

Animales fantásticos y dónde encontrarlos

Animales fantásticos y dónde encontrarlosHay gente que tiene tanta imaginación que es capaz de crear un mundo paralelo que perfectamente podría existir. Esas personas pueden contar una historia, tan hilada y tan precisa, que no queda ningún cabo por atar. Esos escritores pueden darnos infinidad de libros que versan sobre su mundo. Con estas palabras y, sabiendo que soy una gran Potter head, no podía estar hablando de otra persona que no fuera J.K. Rowling. Y es que esta mujer a mí me fascina. De verdad.

Hace años leí Animales fantásticos y dónde encontrarlos, un pequeño libro que todos los estudiantes de Hogwarts deberían leer. Está escrito por Newt Scamander, un mago interesado por las criaturas fantásticas, que a principios del siglo XX se dedicó a viajar por todo el mundo persiguiendo los seres más extraños que podamos imaginar. En sus breves hojas, encontramos un resumen de cuáles son las especies que debemos conocer si nos vamos a adentrar en el mundo mágico. Porque si algo hay en Hogwarst, son criaturas fantásticas. Y ya no solamente en el bosque prohibido, donde duermen seres que sería mejor no ver con los propios ojos, sino también en el lago negro o incluso dentro de las paredes del castillo —no olvidemos al basilisco—. Y es que para ser un buen mago, hay que conocer las criaturas a las que te vas a enfrentar. O incluso aquellas que pueden, en un momento dado, salvarte la vida, como es el caso del fénix o del hipogrifo. Y eso Harry lo aprendió muy deprisa, en el momento en el que conoció a Hedwig, su lechuza. Esos animales pueden llegar a convertirse en verdaderos amigos, por eso no es de extrañar que todos cojan especial cariño a sus mascotas —pobre Ron, qué decepción se llevó con Scabbers, pero esa es otra historia de la que hablaremos en otro momento—.

J.K Rowling, nos regaló hace años esta maravilla, ahora editada de nuevo por Salamandra, haciendo que nos sintiéramos parte de la saga. Leer Animales fantásticos y dónde encontrarlos es meterse en una clase de Hagrid. Es estar en un aula de Hogwarts. Es sentirse parte de la historia al leer los comentarios que Ron y Harry hicieron en el manual. Es volver a la saga más querida. Es volver a la infancia. Es volver a creer en la magia.

Con este, ya habré leído los siete libros de la saga principal, la nueva historia que habla del hijo de Harry —Harry Potter y el legado maldito—, el guion original de la película de Animales fantásticos y los tres relatos publicados por Rowling —el que nos ocupa, Los cuentos de Beedle el Bardo y Quidditch a través de los tiempos—. Así que creo que ya no me queda leer nada más sobre este personaje. No sé si Rowling se decidirá a darnos más magina en forma de papel, pero si lo hace, tened por seguro que estaré esperando impacientemente para volver a uno de los lugares más felices y que más recuerdos me trae de mi infancia: el castillo de Hogwarts.

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Quidditch a través de los tiempos, de J.K Rowling

Quidditch a través de los tiempos

Quidditch a través de los tiemposQuien me conoce sabe que no soy muy de deportes. Ni me gusta verlos, ni me gusta practicarlos. Aunque sí es cierto que, cuando vivía en Madrid, me encantaba acercarme al estadio Vicente Calderón, vestida de colchonera y armada con un buen bocadillo de jamón, a pasar las frías tardes del invierno madrileño. Me divertía una barbaridad y la semana que tocaba jugar en casa me la pasaba pensado en el partido. Pero no puedo considerar que eso equivalga a que me guste el deporte. Porque si me pones un partido en la tele… probablemente me quede dormida a los cinco minutos escuchando la monótona voz de los comentaristas. Lo que me gustaba era la diversión, el ambiente que se respiraba al lado de Manzanares cuando una oleada de gente ataviada de camisetas y bufandas rojiblancas se iba acercando al campo. Lo que me encandilaba era el olor a emoción que se podía respirar cuando el fondo sur comenzaba a cantar dejándose las cuerdas vocales en cada aliento. Lo que me llenaba de alegría era el escuchar: “gol, uy”, cuando parecía que sí, pero al final era que no. Porque eso significaba que la afición apoyaba a su equipo, y sobre todo, que tenía fe en él. Cuando salía del partido, con las mejillas encendidas y una sonrisa en la cara (ganara o perdiera mi equipo), me iba a casa sabiendo que iba a comenzar una semana nueva, lo que significaba que ya quedaba menos para el siguiente partido.

No sé si eso es que te guste el deporte. No sé si eso es que te guste el fútbol. Yo solo sé que lo disfrutaba con todas mis fuerzas y ver la bandera de mi equipo colgada del techo hacía que la semana se me pasara volando.

Esa emoción de la que hablo, la he podido revivir al leer la saga de Harry Potter y, más en concreto, Quidditch a través de los tiempos. Como todos los fans sabéis, el Quidditch es el deporte oficial en el mundo donde los magos conviven con los humanos, y que goza incluso de ligas y mundiales. Sin duda era el deporte favorito de Ron. Pero imaginaos la cara de Harry, que siempre vivió entre muggles, cuando descubrió que para jugar al deporte nacional había que montarse en una escoba y perseguir una diminuta pelotita dorada —llamada snitch— que surca los cielos a velocidad de un rayo. Todo ello sin contar con las endiabladas bolas que persiguen a los jugadores haciendo que el juego se vuelva un poco más complicado. Además, hay que añadirle que algunos jugadores deben encargarse de batear y meter las bolas por los tres aros preparados para ello. Una locura de juego. Del que Harry se enamoró en cuanto escuchó hablar de él. Y algo tendría que ver el llevarlo en la sangre, ya que James Potter, su padre, fue uno de los mejores cazadores de Hogwarst.

En Quidditch a través de los tiempos, J.K. Rowling nos sumerge en las entrañas de este deporte, contándonos las anécdotas más importantes desde que naciera este juego y las curiosidades que todo admirador debería conocer. Gracias a Salamandra y esta nueva edición, podremos tener en nuestras manos una réplica del libro que descansa en la biblioteca de Hogwarst. Libro que, estoy segura, fue el único que leyó Ron por voluntad propia.

Para los fanáticos de Potter y sus amigos, conocer un poco más de la historia siempre es un gran placer. Como ya os he dicho, no soy gran amiga del deporte, pero no me importaría en absoluto ondear mi bandera azul de Ravenclaw mientras disfruto de una buena cerveza de mantequilla y unas grageas de Bertie Botts (esperando, como siempre, que me toque una de chocolate y no una de cerumen).

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Los cuentos de Beedle el Bardo, de J.K. Rowling

Los cuentos de Beedle el Bardo

Los cuentos de Beedle el BardoHay cuentos que se quedan grabados en la memoria como si estuvieran marcados a fuego. Hay historias que, aunque solo escuchemos una vez, anidan dentro de nosotros y forman parte de nuestra propia vida. Hay moralejas que aprendemos como si de una lección del colegio se tratara, ya que sabemos que, tarde o temprano, deberemos darle uso. En mi caso, es la historia de Los siete cabritillos. Mi abuela me la contaba cada noche que dormía con ella y yo no dejaba que nadie más me la contara. Porque era algo entre ella y yo, como una historia privada, un vínculo especial del que nadie más debía ser partícipe. Lo que más deseaba en el mundo era que llegaran las vacaciones para ir al pueblo y poder dormir al lado de mi abuela. Así que oír la historia de los cabritillos significaba que las vacaciones habían llegado y que podría disfrutar de mis abuelos al menos durante un verano más.

Esa historia me enseñó que hay que tener valor y mente fría para poder afrontar todos los problemas que se pongan delante. Y también que hace falta para ello mucho ingenio. Me enseñó que no hay que subestimar a los débiles y que el fuerte puede ser derrotado si se aúnan fuerzas contra él. Es una lección que recuerdo muy a menudo y que tengo presente en mi cabeza cuando veo que los problemas empiezan a ser más grandes que mis ganas de vencerlos.

Por eso las historias, aunque parezcan cosa de niños, son tan importantes. Y en todos los mundos, reales o fantásticos, existen esas pequeñas fábulas que se transmiten de generación en generación. Y, en el universo de Harry Potter, no iba a ser de otra manera. Los cuentos de Beedle el Bardo, eran unas historias a la que todos los padres magos recurrían cuando querían que sus hijos se durmieran. Se compone de cinco cuentos, escritos por Beedle en el siglo XV. El más importante, por su relación con la saga original de Harry Potter y por el secreto que contenía —que ayudaría a Harry, Ron y Hermione a vencer al mismísimo Quien-no-debe-ser-nombrado en Las reliquias de la muerte—, es La fábula de los tres hermanos. En ella se cuenta la historia de los tres hermanos Peverell, que consiguen burlar a la muerte cuando están a punto de caer a un río. Por tan gran hazaña, la muerte decide brindarles tres deseos. Los dos hermanos mayores, ambiciosos, ven recompensados sus deseos obteniendo la varita de saúco y la piedra de la resurrección. Pero el pequeño, más astuto y menos avaricioso, decide pedir una capa de invisibilidad, con la que consiguió burlar a la muerte durante muchísimos años más, hasta que ya estuvo listo para abandonar el mundo. Este cuento resultó de tanta importancia en la saga original porque resultó que, los tres elementos que la muerte regaló a los hermanos Peverell, en realidad existieron, componiendo lo conocido como “reliquias de la muerte”, que convertían al mago que las poseyera en el mago más poderoso de todos los tiempos.

Me encanta la saga de Harry Potter porque todo, absolutamente todo, está perfectamente hilado. Resulta que de un detalle que J.K. Rowling te menciona en un libro, luego nace una historia completa, con personajes desarrollados y ambientada perfectamente. Quién diría que Harry Potter y la piedra filosofal pudiera estar tan bien hilado con el final de la saga, por ejemplo. Es algo que, cada vez que releo los libros, no deja de asombrarme. Y, al adentrarme en el mundo de Los cuentos de Beedle el Bardo, me ha vuelto a pasar. Rowling ata todos los cabos y demuestra que el universo de Harry Potter, para ella, es más que una realidad.

Yo, como muggle —tristemente hasta que se demuestre lo contrario—, no pude dormirme nunca escuchando los cuentos de Beedle. Aunque hubiera sido divertido ver cómo Arthur y Molly ponían voces imitando a los personajes del cuento. Pero, la verdad, la historia de los cabritillos contada por mi abuela, no la cambio por nada del mundo.

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Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película, de J.K. Rowling

Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película

Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la películaPues sí, estoy aquí otra vez para hablaros de Harry Potter. Qué extraño, ¿verdad? Pero es que no lo puedo evitar, veo que se pone algo en venta relacionado con la saga más maravillosa que se ha escrito en todos los tiempos (obvio) y no puedo más que hacerme con ello. Esta vez ha sido Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película. Como su nombre indica es el guión de la película que se estrenó en noviembre de 2016 y que dejó con la boca abierta a medio mundo.

Cuando se emitió la octava película, Las reliquias de la muerte, segunda parte, todos los fans de la saga nos quedamos con un sabor agridulce. Fue un final más que digno y la película estuvo a la altura de las palabras de J.K. Rowling, o al menos a mí me lo pareció. Pero, por otra parte, se cerraba un capítulo de nuestras vidas. Vale, podríamos volver a ver las películas todas las veces que quisiéramos y hacer maratones de fin de semana una y otra vez (sí, es algo que hago al menos una vez al año). Pero no volveríamos a sentir la emoción que se siente cuando estás esperando en la cola del cine para ver a tus personajes favoritos, ni imaginando cómo será, si la adaptación ha sido buena y si saldrás con ganas de volver a entrar en la siguiente sesión. Pero entonces, la escritora inglesa nos dio la noticia que todos estábamos esperando: la magia de Harry Potter volvería a la gran pantalla, pero esta vez encarnada en la piel de Newt Scamander, un magizoólogo nacido mucho tiempo antes que El niño que sobrevivió y que decide emprender un viaje a Nueva York, en busca de información sobre las criaturas mágicas que guarda dentro de su maleta. Una vez allí, descubre que un mal acecha la Gran Manzana y se ve envuelto en una aventura junto con otras dos brujas y un muggle.

Leer el libro es como ver la película. No hay que olvidar que es el guión de esta, por lo que en el libro no encontraremos más de lo que ya vimos en la gran pantalla. Aun así, es algo que merece la pena tener y leer con detenimiento. Recuerdo que cuando vi la película estaba tan emocionada que pasé muchos detalles por alto. Tenía tantas cosas que ver y que comentar con Óscar —mi gran amigo y cuyo fanatismo por Harry Potter se puede asimilar al mío— que muchas cosas se quedaron en el aire. Pero, al leer el guión original, he podido detenerme en todos los detalles, con la ventaja de que estaba visualizando todo el rato la película y sus personajes.

Volviendo a la historia de Newt Scamander (que me voy por las ramas y no me decís nada), tendremos que tener en cuenta que esta es la primera parte de una saga. Hasta ahora se ha dicho que va a estar compuesta por otras cuatro películas —que no sé si también llevarán su guion original pertinente publicado—. Y sobre todo, tendremos que tener muy presente la historia de Albus Dumbledore, director de Hogwarts, que se cuenta en el último libro de la saga original. Tampoco podremos perder de vista a Grindelwald. Y si no os suena este nombre, más os vale revisar la saga, porque si no os perderéis una de las cosas más importantes de este libro. A mí ya se me ocurren una serie de teorías que no voy a comentar por aquí porque no quiero hacer ningún tipo de spoiler, pero estoy deseando ver cómo continúa la historia para saber si mis hipótesis son ciertas o no. Aunque para eso me temo que tendré que esperar a 2018, año en el que saldrá la segunda película.

Para mí volver a Hogwarts es siempre una alegría. Aparte de que Harry Potter y la piedra filosofal fuera el primer libro que leí “en serio”, teniendo unos nueve años es la historia que me hizo soñar durante toda mi infancia. Y, sobre todo, la que me animó a escribir. La saga llenó mi cabeza de historias, de cuentos, que quería que todo el mundo conociera. Fue entonces, con unos diez años cuando decidí que quería ser escritora y que quería que los personajes que rondaban por mi cabeza cobraran vida algún día. Todavía no he podido ver mi sueño cumplido, pero espero que algún día una de mis historias haga tan feliz a alguien como a mí me hace Harry Potter.

 

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Por último el corazón, de Margaret Atwood

Por último el corazón

Por último el corazónEsta es una novela extraña, de esas que te envuelve en su aire enrarecido, pero que solo te incomoda en las primeras páginas, enseguida te acostumbras a respirar dentro de esa atmósfera y te parece de lo más natural. Le llaman ficción especulativa o ficción distópica. A mí me parece más realidad especulativa, o futurología, porque quien sabe a dónde iremos a parar. Margaret Atwood se nos ha puesto orwelliana sin movernos de nuestros días. Ha aprovechado esta última crisis para crear un mundo alternativo como hizo Aldous Huxley en Un mundo feliz.

Stan y Charmaine son una pareja de treintañeros, de clase media americana, con una casa hipotecada, un coche y un trabajo cada uno. Todo correcto hasta que llega la crisis económica y lo pierden casi todo. Se trasladan a vivir al coche. Esta parte primera de la novela, me recordó en algún momento a estas películas tipo Mad Max, en la que las prioridades se reducen a sobrevivir y conseguir algo para comer, o combustible, pero sin la acción o el apocalipsis. Es mucho más sutil. Malcomen gracias a que Charmaine trabaja unas horas al día en un bar cutre. Esto no les da para poder aventurarse más al oeste a probar suerte, así que se sienten atrapados en esa ciudad casi fantasma. El personaje de Charmaine se nos presenta naíf, aunque esa inocencia es solo otra de las jugarretas que nos tiene preparada la escritora. Esa forma de ver la vida tan “happy flower, the power of happy”, es solo un vestido que se ha tenido que poner para sobrellevar la vida desde pequeña. Stan es más… ¿realista? ¿humano? He tenido sentimientos encontrados con respecto a él. Durante todo la historia, me ha parecido el más racional o normal, con sus puntos de cabronería y mezquindad, pero eso es normalidad, porque el que no haya tenido malos pensamientos en algún momento de su vida, que tire la primera piedra.

Sin visos de tener salida, ven un anuncio en el que se pide gente para el Proyecto Positrón de la ciudad de Consilencia. Se ofrece: pleno empleo, formación, protección, ausencia total de delincuencia, casa y comida. “¡Conviértete en la persona que siempre quisiste ser!”. Hay que ir, ¡cómo no van a ir!, no tienen otro remedio, aunque les chirríen muchas cosas, aunque les parezca extraño, sospechoso e irreal. No hay otra alternativa. Efectivamente; van, y no hay salida. Una vez dentro, no hay vuelta atrás, te comprometes con el proyecto y para siempre. Dentro de esta ciudad de mentira, viven aislados del resto del mundo, en un ambiente que copia los años 50 o 60. No se pueden comunicar con el exterior de ninguna manera y la tele y la radio son de circuito cerrado interno. Hay dos turnos de vida, por llamarlo de alguna manera. Un mes vives en una casa “normal”, trabajas en una tarea “normal”, haces una vida “normal”. El mes siguiente te vas a la cárcel, y otra persona que ha estado encarcelada el mes anterior, se coloca en tu casa y lleva una vida “normal”. Todo muy lógico y muy “normal”. Esto no se puede sostener mucho tiempo, evidentemente. Los protagonistas empiezan a tener dudas, a aburrirse, a pensar, a sentir… y eso no es bueno para el sistema. De aquí, a que todo se líe, se tuerza y te tengas que disfrazar de Elvis, solo hay un paso.

Por último el corazón también es una historia de amor. Nos habla sobre las relaciones de pareja, de lo apetecible y emocionante de lo prohibido, de lo que nos erotiza el cambio y lo desconocido, de las falsas expectativas y de la falta de comunicación.

Hay más personajes en la novela, pero secundarios, algunos muy interesantes como Joselyn o el hermano de Stan, pero el peso de la historia lo lleva la pareja protagonista. Es fácil de leer, con diálogos que aligeran la historia, con momentos locos, locos, pero contados de una manera tan seria y con una ironía tan fina, que no sabes si Atwood quiere que sonrías, o si es ella la que se está riendo de nosotros. A Charmain, en algunos momentos, yo no sé si darle un abrazo o un bofetón.

Por último el corazón me ha sorprendido, me ha gustado, tanto la historia como la forma de contarla, me ha divertido y me ha dejado algo preocupada. Ya están pasando cosas extrañas, ya escuchamos y vemos ideas peregrinas. No sé si es que con los años una se vuelve algo menos optimista, pero yo ya veo parte de esta descomposición social que nos plantea Margaret Atwood.

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El oficio del mal, de Robert Galbraith

el oficio del malVamos a quitarnos cuanto antes de encima el tema del pseudónimo. Que si Rowling para aquí, que si Rowling para allá. A ver. Robert Galbraith es el pseudónimo masculino de J.K.Rowling, autora de Harry Potter, una de las más maravillosas sagas de fantasía que se han escrito nunca. Eso ya lo sabemos. Ahora bien, ¿es necesario que comparemos todo lo que escribe la autora inglesa con la saga del joven mago? Pues no. De la misma manera que no comparamos todo lo que escribió Tolkien con El Señor de los Anillos o toda la obra de Asimov con Fundación. ¿Acaso todo lo que escriba Rowling debe parecer que está tocado por la mano de Dios? Yo creo que no. Soy más de quedarme con lo que leo. No comparar. Las comparaciones pocas veces ayudan y generalmente lo único que hacen es establecer paralelismos incorrectos.

J.K.Rowling lo tiene complicado. Y es por esto que su trabajo en estos libros de Cormoran Strike, tiene mucho mérito. Puede gustarte o no la nueva saga noir y de misterio pero lo que está claro es que ha conseguido sacudirse de encima los restos que quedaban de Hogwarts en su teclado. Eso es innegable. Ni rastro de magia. Es más, sí que hay varios rastros pero de sangre. Y en esta nueva entrega de la saga, hay mucha, mucha sangre.

En El oficio del mal encontramos a Cormoran y su compañera Robin recibiendo un extraño paquete que contiene una sorpresa en su interior: una pierna amputada. No es Comoran ajeno a la ironía que subyace en el envío debido a su propia cojera pero, abstrayéndose de este hecho, su mente analítica pronto le hace desmarcarse del camino que está tomando la versión oficial de la investigación. No tarda es descartar la única pista que sigue la policía y eso hará que él y su compañera investiguen por su cuenta, metiéndose en una espiral de acontecimientos que les harán ver como cada vez, el reloj corre más deprisa en su contra.

Rowling construye en esta entrega su atmósfera más cargada y agobiante. Satura el subconsciente del lector con alusiones salteadas a la vida de sus protagonistas y sus implicaciones personales en el caso. En esta ocasión, la autora amerita la construcción de una línea que de una manera sutil, con la voz del asesino como narrador, hace que el lector tema por la vida de Robin, quien durante todas las páginas de la saga había permanecido ajena a amenazas de este estilo. Nos da la autora además mucha más información de cómo evoluciona la relación entre Strike y Robin. Una tensión sexual creciente que coloca a los protagonistas en una encrucijada personal y profesional muy complicada de resolver.

Lo que más me ha llamado la atención de la estructura de la novela es que no hay tramas paralelas que alivien la tensión de la linea principal. Eso hace que, al sumergirte de lleno en la resolución del caso, no haya un solo segundo de respiro, experimentando así una realísima sensación de agobio conforme avanzamos en la lectura.

En mi opinión, El oficio del mal es el mejor de los tres libros de la saga Cormoran Strike. Sin duda alguna. Estoy seguro de que hará las delicias de los seguidores de la autora inglesa y de muchos de los amantes del genero noir. Además, este libro tiene algo muy bueno y es que no solo se puede leer de forma independiente, sino que no da pistas de la resolución de sus dos anteriores entregas. Una gran forma de introducirte en la obra de J.K.Rowling más allá del Ministerio de Magia.

Ya se habla en ciertos foros de un acuerdo existente para que los libros de la serie Cormoran Strike cobren vida en la pantalla. A mí, los argumentos me parecen más adecuados para la televisión que para el cine y es sabido que la a la autora le gustaría colaborar con el guionista en el argumento y la adaptación.

Yo ya me estoy imaginado al detective Cormoran Strike y a su ayudante Robin, saliendo de su despacho-cuchitril en pleno centro de Londres. ¿Y tú? ¿Te lo imaginas? Pues no esperes a la serie. Échale mano al libro.

 

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Bocanegra. La explosión de los mundos, de Shane Hegarty

Bocanegra. La explosión de los mundos

Bocanegra. La explosión de los mundosCuando quieres adentrarte en el mundo de lo fantástico siendo apenas un adolescente, la literatura es uno de los medios más fascinantes para ello. Cierto que el cine y su poder visual puede lograr captar la atención de muchos matices que en las páginas de los libros se te escapan, pero si te metes bien en la historia que te presentan, las emociones y aventuras que pasan los personajes de la historia te llegan a resultar de lo más entretenido con lo que te hayas encontrado. Es el caso de las aventuras de Finn en Bocanegra. La explosión de los mundos, de Shane Hegarty.

Ya solo por su portada intuyes que te lo vas a pasar muy bien mientras lo lees. Y es que un cuento a medio camino entre el público más juvenil y primerizo en historietas fantásticas que trate de seres mitológicos, bestias, portales que comunican con otros mundos y un personaje protagonista de doce años que le tocará lidiar con todo eso ya, de primeras, mola.

Bocanegra es una pequeña aldea considerada maldita ya que en las cuevas de la montaña alberga un portal que comunica con un mundo putrefacto lleno de bestias extintas que, a veces por error, consiguen cruzarlo y poner en peligro a todos los aldeanos. Finn y su familia pertenecen a un linaje conocido como cazadores de leyendas, que es así como llaman al elenco de bestias que hay al otro lado del portal. En la primera aventura, que resultó un éxito arrollador en cuanto a críticas, el padre de Finn se vio involucrado en una lucha contra esos seres y quedó encerrado en el «lado infestado». Ahora, en este segundo libro de Shane Hegarty, el joven Finn deberá intentar ir a buscarle y conseguir traerle de nuevo a la aldea de Bocanegra. No será nada fácil. Deberá luchar contra unos seres que parecen escapados del Bestiario, de Pierre de Beauvais o cualquier otro libro antiguo de especies legendarias. Animales bicéfalos, alados, peligrosos y siempre con una alta carga de mitología sobre su origen harán lo posible por impedir que Finn consiga su propósito. Además, está el hecho de haber cruzado el portal no solo a otro mundo sino… bueno, esto mejor os dejo que lo descubráis vosotros mismos.

El libro consta de casi cuatrocientas páginas. Parecerán muchas pero su lectura resulta muy ligera y simpática. Perteneciendo a Salamandra, la misma editorial que la enorme saga de libros de Harry Potter, sí es cierto que queda por debajo en cuanto a carisma en sus personajes que es donde el autor, quizás, no haya conseguido trabajar mucho. Ahora, en cuanto aparece un bichejo alado que amenaza entre las sombras, aquello gana en interés. Y créeme, la novela está repleta de leyendas salvajes de colmillos afilados.

Shane Hegarty muestra en su novela una gran fascinación por seres imposibles pertenecientes a otro mundo. Puede que la documentación en cuanto a libros sobre mitos y bestiarios le hayan influenciado. También deja ver cierto interés en uno de los temas más desarrollados en la ciencia ficción, que no es otra cosa que el amplio campo en lo referente al espacio-tiempo. Muy probable que sus próximos escritos giren en torno a esta temática que, si bien en esta novela desarrolla de forma ligera, sí he intuido que el escritor tenía, y dicho de forma coloquial, ganas de meterse en esos jardines. Lo tendré en cuenta por si publica nuevas aventuras en el futuro.

De momento, Bocanegra. La explosión de los mundos, te va a mostrar de un modo muy entretenido el poder de un mundo mágico, infestado de peligros y bestias que no son más que el postre preferido para cualquier joven lector. Comienza a leer esta novela y te dejarás llevar por los aires a lomos de dragones y luchando contra salvajes bestias sin salir de tu habitación, aprovechando tardes después del colegio que se pasarán volando. ¿Internet? ¿Móviles? No, lo divertido y lo legendario está en la aldea de Bocanegra.

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Tabú, de Ferdinand von Schirach

Tabú

Crímenes, la colección de relatos de Ferdinand von Schirach, había supuesto para mí una lectura tan gozosa como fluida. Me había gustado el estilo de este autor, al que, a fuer de lacónico y sencillo, había considerado también simple. Craso error, y Tabú vino a demostrarme -o a recordarme- que lo sencillo puede esconder también lo complejo, y que en pocas palabras pueden cobijarse infinitos significados, tantos como lectores, y aun alguno más. Y no digo esto sólo porque en Tabú haya frases como Hacia los ríos de luz caída del cielo; al fin y al cabo, esa frase es deliberadamente poética y sale de la pluma de un artista. No; es algo más. Es que el uso del lenguaje literario de Ferdinand von Schirach es mágico, y presupone, como toda magia, una apariencia.

En apariencia, este mago del lenguaje nos lo está revelando todo: como la ciencia, su estilo es preciso, limpio, casi quirúrgico; es desapegado y se diría que carente de emoción, indiferente hacia sus personajes y su suerte. Sin embargo, para cuando nos damos cuenta, resulta que no nos lo ha contado todo; que la historia iba por otros meandros que los que creíamos recorridos o adivinados; que, además de darnos información, el autor también nos la ha escamoteado, o quizás no, quizás sí nos la ha proporcionado y nosotros no hemos sabido dejarla caer en su hueco correspondiente. Él nos ha contado la historia que quería, que tal vez no era la que nosotros creíamos estar oyendo.

Tabú es, en efecto, un libro extraño, insólito. Es una novela de ésas que uno debe dejar reposar un rato porque no se acaba de tener claro si nos ha entusiasmado o si la hemos odiado. No sabe uno si es un enorme hallazgo, quizá una genialidad, o un hermoso fracaso (subrayo lo de hermoso).

Leer Tabú es casi como leer un largo poema. Y poco importa que su segunda mitad cambie tanto el tono que creamos estar leyendo casi una de un hipotético Grisham europeo, o una transcripción de una comedia muy alemana; sigue siendo un poema. Porque el lenguaje empleado es el mismo; las cuestiones tratadas encajarían perfectamente en una composición del género lírico; y, sobre todo, es idéntico el efecto que surte: al terminar de leer una obra poética, si ésta es exitosa y está bien hecha, uno no necesariamente ha entendido cada verso, cada símil, cada declaración del poeta, pero uno sabe que ha entendido el mensaje, sabe que ha comprendido algo, sabe que su entendimiento del mundo, de la cuestión concreta sobre la que versaba el poema, sobre el alma o la personalidad o las inquietudes del poeta, es ahora un poco mayor. Y eso sucede con Tabú.

En Tabú se dan la mano dos mundos que, a primera vista, no sólo no tienen nada que ver entre sí sino que pueden parecer hasta antagónicos: el arte y la ley. El protagonista, Sebastian von Eschberg, es un hombre nacido en una familia de pasado aristocrático y después caída en desgracia. Es extremadamente sensible y con una excepcional capacidad para distinguir y apreciar los colores. La primera parte de Tabú narra con mucho detalle su origen, infancia, relaciones con sus padres y experiencias que marcan su desarrollo y su futuro. Sebastian se convierte en fotógrafo y, después, en fotógrafo mundialmente famoso. Todo parece irle bien hasta que es acusado de asesinato. La segunda parte de Tabú está más centrada en la figura de su defensor, un inolvidable Konrad Biegler, que no sabe nada de millones de gamas de colores ni de las grandes obras pictóricas de la historia, pero lo sabe todo sobre las leyes, los interrogatorios con truco y las estrategias de defensa más eficaces.

Se trata de dos mitades muy bien diferenciadas, y diríase que estamos leyendo dos novelas diferentes. Lo que en la primera mitad era sensibilidad llevada al extremo, lucha por captar y plasmar la belleza y por comprender en qué consiste ésta y cierta neurosis no se sabe bien si de artista o de persona marcada por su pasado, en la segunda es realismo cotidiano, escenas de un matrimonio muy unido, diálogos y situaciones de una comicidad muy oportuna después de la claustrofobia y el aire levemente surrealista de la primera parte, y, sobre todo, sesiones de un juicio donde se dirime la suerte del protagonista.

Tabú es, en parte, novela negra, pues trata del esclarecimiento de un crimen que se promete bastante enrevesado. Sin embargo, es también la prueba de que, en literatura como en casi todo en la vida, la suma de las partes resulta en algo mayor que esas partes puestas en conjunto. La perspectiva del artista y la perspectiva del jurista no sólo no son mutuamente excluyentes, sino que, como nos vamos dando cuenta, en realidad se centran sobre lo mismo, versan sobre lo mismo y dan como resultado una visión más rica que la suma de las dos perspectivas; y ése es el mayor logro del autor en Tabú.

En Tabú hay pasajes, párrafos, diálogos, imágenes que uno brega por entender cabalmente. El lector probablemente se encuentre preguntándose qué quiere decir exactamente el autor en tal o cual momento de la novela; a qué viene este o el otro personaje; qué es esto que ha pasado delante de nuestros ojos, que se nos ha descrito de forma preciosa y acabada y sobre lo que, pese a todo, nos quedan dudas, espacios ambiguos, oscuridades. Es una novela que se lee de un tirón pero que deja muchas preguntas en la mente del lector (o, quizá con más propiedad, diríamos que debería dejar muchas preguntas, tal es la hondura de las cuestiones por las cuales se preocupa) y que, a pesar de sus inconcreciones y sus arranques poéticos en el más puro sentido de la palabra, sabemos que nos ha aportado algo, un conocimiento, una intuición, una mirada a las profundidades de aquello que constituye la materia prima del arte desde tiempos inmemoriales: ¿qué es la belleza? ¿Qué es la verdad, y es ésta lo mismo que la realidad? ¿Para qué sirve el arte? Y también, a otras cuestiones de ámbito menos poético y más jurídico, pero no menos abstracto (aunque sí, quizá, más acuciante): ¿Qué es la culpa? ¿Se puede violar la dignidad humana en determinadas circunstancias? ¿Todas las personas tienen dignidad humana o puede ésta perderse por los propios actos? (Hay una micronovela, o el germen de una posible novela, sobre este interesantísimo tema, que, cabe esperar, Von Schirach quiera desarrollar en el futuro).

Lean, lean ustedes Tabú; arriésguense, o denle esa oportunidad, sobre todo si les han gustado obras anteriores de Von Schirach. No les llevará mucho tiempo; mucho menos del que ocupará después en su pensamiento. Y eso, hoy en día, es una buena cosa que podemos decir sobre una lectura.

 

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Harry Potter y la cámara secreta, de J. K. Rowling

Harry Potter y la cámara secreta

Harry Potter y la cámara secretaUn coche sobrevolando las calles de Londres, una madriguera llena de objetos mágico, un alocado y simpático elfo, una cámara escondida en un famoso colegio de magia, una serpiente gigante que siembra el caos entre estudiantes y profesores… ¿Ante qué historia nos encontramos?

Para un apasionado del universo de Harry Potter siempre es especial volver a Hogwarts, volver a abrir un libro que te transportó a un mundo de magia y aventuras. Unas páginas que te sacaron más de una sonrisa y que te hicieron enamorarte de más de uno de sus personajes. Empezando por su protagonista y acabando por personajes secundarios como Luna Lovegood o Rubeus Hagrid.

Cuando comencé a leer esta saga, con tan solo diez años, no sabía todo lo que iba a significar para mí. No pensaba que un libro podía despertar en un lector tantos sentimientos a la vez. Pero así es. Harry Potter no es una saga de libros más, es una puerta hacia un mundo lleno de esperanza, ilusión y sueños. Pero esto no lo entiende todo el mundo, solo los seguidores más acérrimos soñamos con recibir nuestra carta de Hogwarts, una escoba modelo Nimbus (o, para los más guays, una saeta de fuego) y una varita con la que poder lanzar hechizos como el más valiente auror. Entre otras muchas cosas…

Por eso, cuando me enteré de que Salamandra iba a publicar en español las ediciones ilustradas de la saga, supe que tenía que leerlas. En el primer libro, Harry Potter y la piedra filosofal, me enamoré de las ilustraciones de Jim Kay. Es increíble el talento que tiene como ilustrador. Sus ilustraciones son modernas pero a la vez clásicas, por su realismo (la cantidad de detalles que dibuja es espectacular) y su uso del color. Me impresionó mucho a medida que lo iba leyendo. Y, de esta forma, me ha vuelto a impresionar en este segundo libro, Harry Potter y la cámara secreta, aunque de manera diferente. La personalidad de los personajes, así como los escenarios y los peligros a los que se enfrentan, están muy presentes y su interpretación de todo ello es muy original. Me sorprendió, sobre todo, cómo ha integrado todos los elementos oscuros que encontramos en la historia, entre ellos, lo que ocurre cuando Harry se encuentra en el callejón Knockturn, cuando encuentra el diario de Rom Riddle o cuando lucha con la serpiente en la cámara secreta.

Hay que reconocer que la labor de edición e ilustración de estos libros es ejemplar y propia de una edición de lujo de coleccionista. Pienso que, a medida que vaya ilustrando el resto de los libros, se irán superando cada vez más.

Harry Potter y la cámara secreta en edición ilustrada es un libro que todo seguidor de la saga debería leer. En mi caso, haber releído todas las aventuras que viven Harry, Ron y Hermione en esta edición ha sido muy especial y diferente y me ha llevado a experimentar, de nuevo, todo lo que sentí la primera vez que lo leí. Además, aleja al lector un poco de las películas e invita a usar de nuevo su imaginación para revivir la historia de un modo diferente. En definitiva, me ha encantado volver a este mágico universo a través de esta maravillosa edición. Ahora os toca a vosotros…

La cámara de los secretos ha sido abierta. Enemigos del heredero, temed.

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Bajo los montes de Kolima, de Lionel Davidson

Bajo los montes de KolimaParafraseando en versión libre a Tolstoi, podemos decir que todos los malos thrillers se parecen, pero que todos los buenos thrillers tienen su razón específica para ser buenos, y que cada uno queda separado de sus congéneres por varios mundos de distancia.

Dado que un thriller pone frecuentemente a sus protagonistas en situaciones límite, una buena novela de ese género nos brinda la oportunidad de enfrentarnos y de disfrutar de expresiones extremas de todo lo bueno y lo malo de lo que es capaz el ser humano. Al narrar las vicisitudes de un héroe que ejemplifica -con diversos matices y en distintos grados, algo natural al tratarse de un ser humano- cualidades positivas y que, generalmente, representa al bien en liza con el mal, el thriller puede servir también como magnífico espejo catártico en el que contemplarnos y, por qué no, regodearnos al ver cómo, por regla general y como mandan los cánones, es el héroe con el cual nos hemos identificado el que sale victorioso.

Algo así sucede con Bajo los montes de Kolima, de Lionel Davidson, esta obra de difícil resumen y aún más difícil catalogación pues, a pesar de que es claramente un thriller, es también algo más que un thriller. Considerada unánimemente como la obra cumbre del autor, es no solo su mejor obra, sino también, para algunos (Philip Pullman, sin ir más lejos), el mejor thriller de todos. ¿Es así? Veamos… Tal vez, bajo mi punto de vista, Bajo los montes de Kolima no sea el mejor thriller que he leído, pero sí es una obra diferente, más compleja de lo que pueda parecer en una primera lectura. Cuidado con juzgarla habiendo leído sólo la mitad (casi caigo en ese error); este libro, como sucede con todos los buenos libros, es capaz de sorprender al lector, de metamorfosearse sibilinamente en otra cosa, de dar al traste con los prejuicios con los que todos vamos armados. No crea el lector que sabe más que el autor o que ya ha leído tantos libros que es capaz de predecir también éste.

La acción se sitúa en la Rusia postsoviética, entre otros muchos escenarios, pero es ahí donde se suceden los hechos principales. El protagonista es una especie de -no se crea que lo digo en son de chanza- James Bond indígena americano, más concretamente canadiense. Se llama Johnny Porter y, además de dominar perfectamente varias decenas de idiomas, entre ellos el ruso, el japonés y diversas lenguas indígenas de América y de Eurasia, sabe pelear, conduce como un profesional y sabe de mecánica, es agudo y de rápidos reflejos, es arrojado y valiente sin parangón, es atrevido sin llegar a ser temerario (bueno, salvo cuando hace falta) y es leal hasta la muerte con aquellos a quienes tiene mucho apego. Johnny Porter, ahora bien, no es un superhéroe perfecto; a lo largo de la novela, las diferentes situaciones en las que se ve envuelto le hacen invocar sus bajos instintos, sus apetencias menos dignas, la arrogancia de su superioridad física e intelectual, y el recurso a cualquier arma (literal o figurada) con tal de salir airoso del trance. No es, en efecto, un monaguillo, aunque, dicho sea a su favor, no sabe de ningún  monaguillo que pueda ser buen candidato a cruzar medio mundo en una misión suicida y aun tener esperanzas de salir exitoso de ella.

La misión en cuestión es lo que ocupa la mayor parte de las páginas de Bajo los montes de Kolima: Rogachev, un científico ruso de alto nivel, conocido de Johnny Porter, se convierte en director de un secretísimo centro de investigación gubernamental; lo es hasta el punto de que a ninguno de sus empleados, incluido el director, se le permite salir de allí… jamás. Pero este director tiene algo que comunicar, y el único modo de enviar el mensaje es hacer que un emisario capaz de llegar hasta allí jugándose el tipo lo haga por él: Johnny Porter.

Bajo los montes de Kolima no es un thriller al uso. En realidad, es un thriller descriptivo y, por tanto, es hiperrealista: el autor se preocupa mucho de describir con todo detalle cada paso que da Johnny Porter, las personas que colaboran con él en su misión, los sucesos y los imprevistos en los que se ve envuelto y cómo los solventa, con quiénes se cruza en su camino. En este último punto, sobre todo, Davidson es muy minucioso, presentándonos a toda una galería de personajes secundarios cuyos ires y venires no son necesariamente vitales para la trama principal, pero contribuyen a enriquecer y a espesar la historia, dotándola de realismo, de humor, de momentos de distracción necesarios para aliviar la tensión de la trama principal, de subtramas que discurren y se resuelven (o no) de forma paralela a aquélla.

Davidson demuestra ser un escritor bien dotado para este género, situando a un héroe por demás bastante inverosímil -ya lo decíamos, todo un James Bond, o aun superior y más capaz, en según qué aspectos- en una trama que llega a rozar lo fantástico y consiguiendo, por medio de la magia de la literatura y del trabajo excelentemente hecho, que nos lo creamos todo y que no podamos encontrar ninguna fisura en ese mundo de secretos, espionaje, persecuciones, ingenios y peligros sin fin. Incluso en los momentos en los que Davidson más fuerza la máquina y más increíble parece todo, la profusión de detalles, el amor por la explicación que pueda dar mejor respuesta a las interrogantes que surgen en la mente del lector y la solidez y la excelente arquitectura de la ficción hacen que no exista ningún agujero por el cual se pudiera colar la aquiescencia del lector de participar en el juego de suspensión de la incredulidad; y si existe, ni le hacemos caso, ni nos importa que esté, porque el resto está tan bien ajustado, que el mundo ficticio de la trama de la novela pesa mucho más que los defectos que pueda tener.

Bajo los montes de Kolima es un thriller diferente y sui generis también en el sentido de que consta de diversas partes que forman un todo, sí, pero entre las cuales no existe necesariamente una correlación ineludible. Me explico: la trama se divide netamente entre una parte inicial, donde se nos cuenta cómo se las ingenia el científico (Rogachev) para hacer llegar sus mensajes de socorro, cómo dan con Porter y cómo éste se embarca en la misión; después, el aparente corazón de la trama, es decir, el encuentro entre Porter y Rogachev y la revelación del importantísimo mensaje que éste tiene que transmitir; y, por último, la parte más emocionante y que más se ajusta a los parámetros del thriller, cómo Porter intenta salir del país sin que le echen el guante. Tal como el propio Philip Pullman adelanta en su acertadísimo prólogo, Bajo los montes de Kolima es una novela que sigue el arquetipo de la historia de una búsqueda, tema antiquísimo y recurrente en la literatura (al igual que en la vida). En este sentido, sin embargo, hay que advertir de que la búsqueda en la que se embarca Johnny Porter merece ser leída independientemente de su conexión con el objeto buscado; cuando el misterioso mensaje que Rogachev quiere comunicar es finalmente revelado, el lector se dará cuenta de que podía ser cualquier cosa, absolutamente cualquiera, y ello no restaría (ni añadiría) un ápice a la peripecia de Porter, a lo bien narrada que está y a lo completamente sumergidos en ella que nos ha tenido la habilidosísima pluma de Davidson. (Lo cual no quita tampoco para que el meollo del secreto esté admirablemente narrado y para que, al enterarnos de él, no sepamos si se trata de algo totalmente inventado por el autor o si la ficción está basada en la realidad.) Esa parte central transcurre de forma tan rápida (aunque intensa) que, si parpadeamos, nos la perdemos. La tercera parte, la más convencionalmente ajustada a las normas del thriller, es la que narra cómo Porter intenta huir del país con esa preciosa información.

Como estudio de personaje, Bajo los montes de Kolima resulta también muy digno, y eso que el personaje de Porter es esquivo y hermético, a pesar de que nos acompañe a lo largo de todo el libro. Nos identificamos con él, queremos que gane, que logre escapar, que la misión sea un éxito, y sin embargo nunca acabamos de conocerlo bien; emana de él una frialdad, un desapego por el mundo capaces de rivalizar con el clima de esa Siberia a la que el libro nos transporta. Y otra vez a pesar de esa frialdad, sin embargo sentimos simpatía por Porter, quizá porque, pese a que no siempre se comporta de forma intachable, es un tipo en el que sus amigos pueden confiar.

No puedo dejar de mencionar el subtexto de comentario social y político -con un tinte levemente, sólo levemente satírico-  de la novela. Puesto que, si Johnny Porter sale bien parado de muchas de las pequeñas y grandes crisis y momentos de peligro de su misión, no es solamente gracias a que es un tipo la mar de apañado, en todos los sentidos, sino también a que la ex Unión Soviética es un magnífico armazón  de burocracia, comunicación, trámites, jerarquías y cadenas de mandos, y ello resulta en una inoperancia, en un desbarajuste, en lagunas de información, en desajustes evitables y, en fin, en un caos que haría que un espía medio espabilado (y Porter es espabilado del todo) pudiera navegar más o menos fácilmente por ese entramado sin correr grandes riesgos.

Bajo los montes de Kolima es una pequeña joya que brilla aún más por sus aristas e imperfecciones que lo que probablemente lo haría sin ellas. Ahora que disponemos de su traducción al español -muy meritoria, en mi opinión, y a la que no he encontrado ni una sola pega; Cristina Martín Sanz es su autora-, no hay excusa para no descubrir su poder de seducción.

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Harry Potter y el legado maldito, de J. K. Rowling, John Tiffany y Jack Thorne

Harry Potter y el legado maldito

Harry Potter y el legado maldito2008 fue para mí un año crucial. Un año de cambios, de vaivenes y de descubrimientos. Fue el año en que me mudé de Madrid a Cantabria. En el que dejé de vivir en una ciudad de tres millones de habitantes, para vivir en un pueblo de cuarenta personas. Deserté de un instituto lleno de amigos para cruzar las puertas de uno donde todos eran extraños. Cambié no ver la nieve más que cuando cruzaba Somosierra, a tener que aprender a ponerle cadenas al coche. Y también conocí el final —o eso pensaba yo por aquel entonces— de Harry Potter. Y diréis, ¿qué tendrá que ver algo tan importante como es mudarse de ciudad con una saga de libros? Pues para mí lo tiene que ver TODO. Harry Potter y la piedra filosofal fue el primer libro “en serio” que leí. Me lo compró mi padre en la estación de Atocha mientras esperábamos un AVE dirección Sevilla. Los dos siguientes —La cámara secreta y El prisionero de Azkaban— fueron mi regalo más preciado de Papá Noel (gracias a mi tía Raquel que se acordó de pedirlos en su carta). Cuando se publicó el cuarto, El cáliz de fuego, esperé durante una hora a que abriera la librería de mi barrio, por miedo a que se agotaran los ejemplares; aunque la verdad es que me lo podría haber ahorrado, porque nadie más vino a comprarlo. Los últimos —La orden del fénixEl misterio del príncipe y Las reliquias de la muerte— me ayudaron a consolidar esa tradición de esperar desde las nueve de la mañana delante de la librería, en la que incluí pasarme por la churrería de vuelta a casa. Y ahí terminó todo. Devoré Las reliquias de la muerte y se acabó. Ya no quedaba más. Fue como mudarme de ciudad, como cambiar de vida. Algo, para siempre, había terminado. Había pasado página y cerrado las tapas de un libro que jamás volvería a abrir.

Así que algo renació en mí cuando hace alrededor de un año y medio escuché que J.K. Rowling iba a continuar la historia. Primero anunciaron que sería una obra de teatro que solo los afortunados con un billete a Londres podrían ver y vivir en sus carnes. Ante la protesta de los fans de todo el mundo —comprensible, ya que todos teníamos el mismo derecho de saber cómo continuaba la historia— decidió, junto con John Tiffany y Jack Thorne publicar la obra en papel, Harry Potter y el legado maldito, convirtiéndose así en el libro más esperado de los últimos ocho años. Tuve la tentación de comprármelo en inglés pero que aguanté como una campeona a que saliera en español; envidiando a todos los intagamers anglosajones que compartían fotos sonrientes en las que sujetaban el ansiado libro dorado.

Pero el día llegó y la que lo tuve en mis manos fui yo. Y me duró, a lo sumo, unas cuatro horas. Me sentí saciada por un momento, pero ese sentimiento dio paso rápidamente a una desolación tremenda. Tenía veinticuatro años y volvía a sentirme como si tuviera dieciséis. Odio decir adiós. Pero ¿tener que decirlo dos veces? El golpe duele todavía más si cabe.

Perdonad que me haya volcado tanto en mi propia historia. Pero comprended que me emocione tanto al hablar de Harry Potter. Es la saga con la que crecí, la que me enseñó a amar la lectura y la que, a día de hoy, me hace viajar por mundos maravillosos como ningún otro libro lo ha hecho. Ahora que ya habéis entrado en situación y que sabéis lo importante que es esta saga para mí, puedo continuar. Y lo voy a hacer hablando del libro.

Como la mayoría de vosotros sabréis, el formato que han utilizado los autores para este libro no es el mismo que para el resto de la saga. Es teatro. Puro y duro. Para la gente que no esté acostumbrada a este género, puede ser un motivo de rechazo. Pues no lo es en absoluto. En las escenas no participan muchos personajes, por lo que no tendréis que estar leyendo todo el tiempo el nombre de la persona que está hablando, ya que se predice bastante bien y hace que la lectura fluya rápidamente y sin tropiezos. Me parecía importante hablar del formato, ya que es la pregunta que más se está oyendo sobre este libro “¿pero de verdad que es teatro?” Sí, lo es. Y es fantástico.

Pero vamos a lo que interesa, el contenido. La incógnita que rondaba por mi cabeza era la de quién iba a ser el malo. Todos sabéis cómo termina Las reliquias de la muerte y, aunque en este libro Harry ya no es el protagonista —lo será Albus Severus, uno de los hijos que tuvo con Ginny Weasly— tenía que haber un malo que estuviera a la altura del Que No Puede Ser Nombrado o, si me permitís, de la odiosa Dolores Umbridge (para mí, la villana por excelencia. Qué horror de mujer). Y vaya si lo hay. No os lo podéis ni imaginar.

Pero… ¿dónde queda la amistad? Uno de los pilares más importantes de la saga es la relación entre Harry, Ron y Hermione, así que en este libro se tenía que demostrar que la amistad sigue siendo uno de los valores fundamentales. Pues bien, nuestro querido (aunque a veces se comporte como un adolescente insufrible) Albus demostrará que el valor de la amistad le viene dado en la sangre y que no tiene ningún tipo de prejuicio, pues su mejor amigo será Scorpius Malfoy, el hijo de Draco Malfoy, aquél Slytherin que tanto odio le tenía a Harry. Ellos dos, como ya lo hiciera su padre con su edad, tendrán que enfrentarse a lo peor a lo que uno podría plantarle cara: los demonios del pasado.

Con estos ingredientes y las páginas pasando más rápido de lo que me gustaría, volví a Hogwarst por unas horas. Pude revivir mis recuerdos más dulces de la infancia, en los que no faltaron sapos de chocolate ni cervezas de mantequilla. Y, aunque confieso que tengo uno, no me ha hecho falta para ello usar mi giratiempo. Aunque, a decir verdad, si este giratiempo funcionara no sé si querría viajar al pasado. Sí, sé que podría volver a vivir esta saga desde cero, pero tendría miedo de cambiar una sola cosa, por minúscula que fuera, que hiciera que todo lo que estos libros me han hecho sentir se fuera al traste. Llamadme nostálgica y loca. Y yo os llamaré muggles.

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El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

El intérprete del dolor

El intérprete del dolorNo soy mucho de Almodóvar, lo confieso. Pero también debo reconocer que cuando leí en una de las solapas de este libro estas palabra suyas: «me encantaría ser capaz de escribir historias como las que contiene esta joya», algo dentro de mí me dijo que lo leyera. También influyó mucho mi pasión por los libros de relatos, la verdad. Así que, sumando los relatos, las opiniones que aparecen el libro y el buen gusto que deja siempre Salamandra, acabé con este libro en las manos: El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri (traducción a cargo de Gemma Rovira Ortega).

Ganadora del Premio Pulitzer, Jhumpa Lahiri es una de las jóvenes voces del mundo literario capaz de narrar la mezcla y el tránsito entre su mundo de raíces bengalíes y el que la crió, el estadounidense. En eso se basa su libro, pero ni mucho menos es todo. El intérprete del dolor, primera colección de cuentos de la escritora y que ahora recupera Salamandra, es la vida cotidiana representada en relatos. Vida cotidiana que podríamos llamar también extraordinaria. Muchos estaréis conmigo en que si damos un repaso general a nuestro día a día, podríamos decir que lo que nos ocurre entra dentro de lo ordinario; pero si escarbamos un poco más, seguro que cada uno de nosotros tenemos algo extraordinario que contar cada día. A eso me refiero cuando digo extraordinario, eso es la que encuentra y plasma Lahiri.

Una pareja que deja de quererse, un niño que lo observa todo en silencio, una mujer enferma que solo necesita ser alguien y es madre, una realización vital fuera del lugar de origen. Estos son algunos de los temas que aparecen en El intérprete del dolor, siempre bañados por lo bengalí. Comida, tradiciones, ropa, aspecto, nombres; todo son guiños a la cultura de la que Lahiri es hija. Con esa mezcla, transitando paisajes y vidas con sello estadounidense, nos introducimos en historias donde el choque cultural se agarra de la mano de choques vitales, sentimentales y trágicos, porque este libro es también un ejemplo de la maestría con la que se pueden llegar a narrar las relaciones entre personas.

La tragedia, como una nube negra, ronda por todo el libro, pero no descarga. En los cuentos de Jhumpa Lahiri no encontramos lo que se cree que debe estar en todo relato, lo que nos dice la teoría: el giro sorprendente, el destello narrativo, la sorpresa al lector. No, aquí hay historias que podrían ser comunes pero que buscan hacer explotar la diferencia, ese cambio en la monotonía que solo es investigado y reflexionado – incluso visto – por los que tienen en su cabeza el talento de la ficción, como es el caso de Jhumpa Lahiri y como se refleja en El intérprete del dolor.

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