
La cena, de Herman Koch
La lectura, en ocasiones, se convierte por arte de magia en un lugar de reflexión que ríanse todos de cualquier periódico o telediario. Sí, soy de aquellos que opinan que, en los tiempos que corren, los libros son un mejor refugio para crear pensamiento que todo aquello que se denomina medio de comunicación “serio”. Pero no echemos piedras sobre tejados que no vienen al caso. Lo que quiero dejar patente, y espero hacerlo en la reseña que sigue, es que en numerosas ocasiones me ha topado con algunos libros que, a priori, no parecían ser del tipo que me gustan y después, joder, resulta que me han dejado un poso mucho más allá de lo que mi mente estaría dispuesta a aceptar. La cena fue una de esas lecturas que, pese a los años que han pasado desde su lectura, recomiendo con verdadera fiebre de lector, por varias razones que destriparé cual Jack más adelante si se me permite la licencia de extenderme lo suficiente. Y es que, ¿no es agradable cuando uno se encuentra con lecturas de este tipo? ¿No es para enmarcar que haya novelas que, después de ser leídas, creen adicción de un autor y le pida más y más y más? Y, por último, ¿no se trata de eso, de reflexionar, lo que nos une a todos nosotros en los tiempos en los que vivimos?
Dos parejas se reúnen para cenar. Lo que en un principio parecía una cena de dos familias acomodadas, pronto se verá que es algo más. En ella, cuatro padres tendrán que decidir el futuro de sus hijos, envueltos en un caso de violencia grave. La pregunta es: ¿hasta donde está un padre dispuesto a llegar para proteger a sus hijos?





















