El problema de la paz

Reseña del libro “El problema de la paz”, de Joe Abercrombie

el problema de la paz

En Un poco de odio la revolución industrial llegó al Círculo del Mundo para quedarse. Lo moderno entró por la puerta grande arrasando con lo antiguo, llevándose por delante los métodos tradicionales y a aquellos que los desempeñaban. Las aldeas quedaron despobladas y algunos oficios del campo fueron forzados a desaparecer. En Un poco de odio Joe Abercrombie trajo una industrialización que se regía solamente por el capitalismo más absoluto y brutal. Unos pocos ganando mucho dinero, la mayoría perdiendo libertades y derechos. La lógica y coherencia narrativa de la que hace gala el principal autor del género grimdark aportó todo tipo de matices (de tonos más bien grises) a esa evolución tecnológica. Si había poderosos coartando libertades está en la naturaleza de la ley de acción reacción concebir una fuerza de igual valor para hacerse con ellas. Aunque sea por la fuerza, aunque sea rompiendo, quemando, asesinando… Y alrededor de este mundo convulso que se resiste a la evolución con uñas y dientes Abercrombie trajo caras conocidas además de un nuevo elenco de héroes y cabronazos, de personajes ambiguos y de hijos de puta bienintencionados, de mujeres poderosas y de hombres peripatéticos, de magos más interesados por la política que por la magia y de príncipes más interesados por los burdeles que por gobernar.

El problema de la paz, segunda novela de la trilogía de La Era de la Locura publicada por Alianza Editorial, inicia su andadura un año después de los hechos acontecidos en Un poco de odio. El Círculo del Mundo es como un tablero de ajedrez en el que, a pesar de hacerse jaque al rey y eliminarlo, la partida continua más interesante que nunca. En la Unión, en el Norte, en el Protectorado incluso en Angland ha habido un cambio de poder. Algunos lo han conseguido por el método tradicional, otros lo han forzado mediante el filo de una espada. Lo viejo muere, lo joven se alza vencedor. Esta vez seremos testigos no solo de la evolución del mundo sino también de la capacidad de adaptación de los personajes que lo habitan. Savine dan Glokta, por ejemplo, tendrá que vivir atemorizada por los acontecimientos a los que se vio sometida en Valbeck. Algo que le hará sentir una pizca de simpatía por la clase obrera a la vez que cierto desprecio por las clases pudientes. “No se puede despreciar algo sin reconocer su importancia.” Su burbuja de poder y ostentación empieza a hacerse añicos y eso la enfurece tanto como la asusta. Por otro lado tenemos a Orso: antaño hedonista con pase vip en todos los burdeles y ahora obligado, por causa mayor, a descubrir de qué cojones va la política mientras mantiene ese precario equilibrio que puede convertir un buen rey en un pelele y un mal rey en un tirano despótico. Una de sus primeras acciones como regente servirá de excusa al autor para crear un efecto mariposa narrativo que sacudirá el avispero político de El Círculo del Mundo. En El problema de la paz Abercrombie nos muestra las batallas intestinas de un gobierno, de sus ciudades, de un reino, de todo un continente que proclama a los cuatro vientos su unión mientras se desgaja poco a poco. Un reflejo de nuestra propia realidad que simplemente se ve alterado por el antifaz que viste el espejo de la fantasía.

Que Joe Abercrombie trabajó un tiempo en postproducción televisiva se nota en su forma de narrar, aunque tal vez simplemente sea un escritor al que le gusta experimentar con el medio. Y su entusiasmo, ese disfrute a la hora de contar historias desde puntos de vista diversos, es algo que consigue contagiar al lector con suma facilidad. El autor natural de Lancaster vuelve a apostar por diálogos ágiles, de gran calidad y repletos de frases lapidarias. Las escenas prescinden de paja, se va al grano mientras se cimienta un misterio tras otro, logrando así que la lectura sea más adictiva que una telenovela turca. Bodas inesperadas, amores imposibles, traiciones concebidas al amparo de la oscuridad, hijos ilegítimos… Y es que en algunos tramos los giros narrativos o los cliffhangers basculan entre la soap opera y la novela shakesperiana. En otros, el medio audiovisual parece hermanarse con el literario. Como en ese capítulo en el que Rikke decide que tiene que dominar el ojo largo y convertir la maldición en una bendición para sacar el pueblo de Uffrith adelante mientras deja bien claro que las mujeres deben pelear el doble en un mundo regido por hombres o, simplemente, ser más inteligentes. Un capítulo brillante que se mueve en una línea temporal inversa, llevándonos del final al principio en lo que podría ser una especie de Memento de Christopher Nolan con justificación mística. Otro momento memorable es aquel en el que se nos permite escudriñar los pensamientos de los diferentes habitantes de Adua. Nos iremos moviendo a lo largo de toda la escala social, gente de a pie, personas adineradas, reyes, mientras el tiempo parece detenerse unos pocos minutos antes de la inauguración del ferrocarril. Un somero vistazo a las cosas pequeñas antes de que los grandes acontecimientos cambien las vidas de todos para siempre. El gran colofón llega con esa batalla en la que Abercrombie utiliza una suerte de plano secuencia para mostrarnos el caos y la locura de la guerra.

Si en Un poco de odio los cambios tecnológicos alcanzaban sobre todo a la industria, en El problema de la paz queda patente que la industria armamentística también da un paso de gigante. Así pues, cuando la batalla llegue, las tácticas deberán adaptarse supeditadas al nuevo armamento. Algo que tanto Leo dan Brock como Stour Ocaso vivirán en su propio pellejo, descubriendo que aunque los jóvenes han venido a comerse el mundo es necesario e imperativo seguir escuchando los sabios consejos de los viejos para llevar a buen puerto las transiciones y no repetir los mismos errores. “Llega un momento en que te das cuenta de que el mundo ya no te pertenece. Lo mejor que puedes hacer es cedérselo a tus hijos.” Y cuando el clímax llegue, Abercrombie habrá tenido las suficientes páginas para haber macerado con traiciones y conspiraciones, amores y odios, victorias pírricas y derrotas con sabor a éxito, además de con sangre, lágrimas, barro, sexo sin tapujos y algo de justicia poética un final que irremediablemente nos incita a pensar que lo mejor todavía está por llegar.

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