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La cofradía del Silencio, de Santos Camacho González

la cofradía del silencio

la cofradía del silencioDejadme que hoy os hable de ladrones, dejando en segundo término a políticos, intercambios de sobres o cajas B. Permitidme que os relate una historia de timadores en la que los banqueros sin escrúpulos que engatusan a jubilados son meros secundarios. Hablemos de hechos delictivos, pero dejemos los cometidos por la iglesia a un lado. Hoy hablaremos de profesionales, no de pluriempleados de sotana o corbata que esconden su punible ocupación tras los puestos de poder que ocupan. Hablemos pues de gente que se dedica en cuerpo y alma al negocio del birle, el latrocinio, el timo o la falsificación. Profesionales en el escamoteo del dinero ajeno. Ladrones de guante blanco que han convertido el afanar en un refinado arte. Los Ocean’s Eleven pero a la española. Unos Robin Hood de tiempos modernos; unos héroes por accidente; unos supervivientes natos. Dejadme que os presente a La cofradía del Silencio.

La cofradía del Silencio del autor Santos Camacho González nos empuja a vivir y a ser testigos de primera mano de las andanzas de un grupo de personas que hicieron de robar su modo de vida. Tras una portada que recuerda más a una novela sobre bondage, hallaremos el relato narrado en primera persona de Legrand: en cierto modo la autobiografía de uno de los integrantes de la banda. Repasaremos los primeros pasos de lo que en principio fue una escuela de ladrones y luego se convertiría en la banda de timadores más famosa del Madrid de los 80. Unos ladrones que la mayoría de veces solo timaban a esa gente que se benefició de una transición española todavía en pañales. Gente, que se creía de noble casta, que se aferraba a esos puestos heredados o que los alcanzaba a base de sobornos. Políticos, banqueros, curas… Pero entonces robaron a la persona equivocada y ahora están muy jodidos pues sus vidas corren peligro. Para salir de esta no les queda otra que volver sobre sus pasos y descubrir en qué momento todo se torció. Así pues, y escudriñando los recuerdos de Legrand, descubriremos de dónde vienen y cómo son los integrantes de la banda. Cinco integrantes que, cada uno con sus propias y muy diferenciadas personalidades y habilidades, resultan ser un prototipo de antihéroe que indiscutiblemente conseguirá que el lector confraternice con su causa. Y es que La cofradía del Silencio solo estafa a todo aquel que, por algún u otro motivo, lo merece.

El escenario por el cual transita la historia es la movida de los años 80. Esa explosión de contracultura que era una respuesta a una España postfranquista con todavía demasiados tics de dictadura. Santos Camacho González rememora con precisión aquella época que abarcaría diferentes ámbitos de la cultura pero nos muestra la cara menos amable y romántica, siempre desde el punto de vista del reflexivo Legrand que no duda en realizar juicios de valor siempre de índole reivindicativa, en ocasiones algo extensos, en referencia al panorama social que le rodea. Y todo ello mientras nos detalla algunos de los timos más memorables de la banda; timos descritos, de forma parsimoniosa y detallista, dejando claro que el autor ha realizado un gran trabajo de documentación y que gracias a él la novela goza de verosimilitud.

Y aunque la elaborada trama está enfocada claramente hacia el thriller, y se va desgranando con el ritmo adecuado para mantener el interés del lector, da algún que otro inesperado e interesante viraje para coquetear con el género de aventuras en donde los exploradores de países ignotos marcan el compás y en donde lo místico, que no fantástico, puede codearse con lo real. Por no mencionar esos tramos en los que la narración y el ritmo ceden a la acción, durante un rato nada despreciable, las riendas de la historia, conduciendo al lector a un desenlace intenso.

Por último, y no por ello menos importante, cabe mencionar que la prosa utilizada por el autor es detallista y repleta de florituras en los momentos necesarios, como cuando el protagonista se muestra más introspectivo y se abre al lector, y en general rememora la forma en la que se narraba en la novela picaresca que habitó el Siglo de Oro. Con todo, el lenguaje se adapta a la época en la que suceden los hechos, así pues, no es de extrañar encontrar mucha jerga utilizada por las tribus urbanas de aquellos momentos o la que utilizan los propios timadores y ladrones.

La novela La cofradía del Silencio de Santos Camacho González, publicada por la editorial Caligrama, resulta un entretenimiento de calidad, con una historia bien hilvanada que va de menos a más y que, de una forma gratamente amena, nos conducirá desde los bajos fondos hasta los estratos más altos de una sociedad de la mano de una banda de ladrones que hará honor a ese refrán que dice: ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón.

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Lobezno: ¡Snikt!, de Tsutomu Nihei

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lobezno snikt¡Snikt! Una onomatopeya que imita el sonido que realizan unas cuchillas abriéndose paso entre carne, tendones y piel.

¡Snikt! El sonido que precede a la amputación de un miembro, una rápida e impoluta decapitación o un destripamiento que verterá vísceras, convirtiendo el lugar en una baño de sangre.

¡Snikt! Es una única nota aguda, preámbulo de un himno de justicia desenfrenada. Si eres un villano, date por jodido.

¡Snikt! Es sin lugar a dudas el distintivo sonoro, representado con caracteres, de uno de los X-Men más bestiales y carismáticos que ha parido la editorial Marvel: Lobezno.

Desde que la creación de Len Wein y John Romita empezara sus andaduras allá por 1975 en los X-Men, hemos podido ver al mutante canadiense en un sinfín de aventuras que lo han llevado a recorrer medio mundo o a adaptarse a circunstancias realmente peculiares. En Arma X, por ejemplo, pudimos asistir atónitos a los traumáticos inicios del que más tarde portaría un esqueleto de un material indestructible; dejándonos no solo una historia que aunaba terror y ciencia ficción sino también la poderosa e icónica imagen de un Logan inhumano, en paños menores y con un raro casco que desempeñaba un papel clave en la narración. En la colección Marvel Zombies Lobezno se convertiría en un zombie altamente voraz, e igualmente putrefacto, que pondría en jaque a la galaxia. En Lobezno: Saudade Logan sería representado desde un punto de vista europeo al caer en las manos del guionista francés Jean-David Morvan (conocido sobre todo por su éxito con Spirou) y del dibujante Philippe Buchet. Brasil, favelas y mafias serían los ingredientes suficientes para que Lobezno acometiera una aventura marcada por el drama de la pobreza y la corrupción en un álbum que precisamente se convertía en un cómic de denuncia social con un apartado gráfico que sin llegar a ser sobresaliente cumplía con las expectativas.

Ahora, y de la mano de Panini Cómics, nos llega Lobezno: ¡Snikt! un volumen integral que recoge una miniserie de cinco números que originalmente fueron publicados entre los meses de julio y noviembre de 2003. El cómic que hoy nos ocupa podríamos clasificarlo, al igual que el de Lobezno: Saudade como de “rareza”. El autor en esta ocasión es el conocidísimo japonés Tsutomu Nihei. Algo que ya se sale de la normalidad de una editorial que en contadas ocasiones ha experimentado con la fusión del manga y el cómic americano. Aunque lo verdaderamente extraño de Lobezno: ¡Snikt!, a parte de su apartado visual, es también el mundo postapocalíptico en el que el protagonista tendrá que desenvolverse.

El argumento de Lobezno: ¡Snikt! no es ningún dechado de originalidad: una niña llamada Fusa, que ha aparecido de la nada, se acerca a Lobezno implorándole ayuda. Cuando ésta toca la mano de Logan lo transporta a un mundo en el que los humanos libran una terrible lucha contra unos monstruos que están devorando el mundo. Abominaciones que, dicho sea de paso, son terriblemente sensibles al adamantium. El guion, y a medida que vayamos avanzando en la historia nos daremos cuenta enseguida, no deja de ser un refrito de historias ya mil veces vistas en el cine, tales como Terminator, Matrix o Alien. En su defensa se puede argüir que Nihei no disponía de tantas páginas (apenas 130) como en el caso de Blame! para desarrollar una historia más compleja o para crear personajes más profundos o extraños (¡el misterioso oso de Biomega!). Con todo, la exigua historia no deja de ser una excusa para apoyar lo que realmente importa en este cómic: la acción, representada en un fabuloso apartado visual.

Lobezno ha perdido masa muscular y ha crecido varios centímetros. Su rostro es anguloso, los ojos se muestran rasgados y el cabello totalmente de punta. La sonrisa sigue siendo la de siempre: lobuna y descarada. La particular y transgresora visión de Nihei del mutante que porta un esqueleto de adamantium resulta chocante en la portada y en las primeras páginas, pero no supone ningún esfuerzo acostumbrarse. Al poco, es un gozo sumergirse sin remilgo en el desquiciante mundo que el autor ha creado. Su trazo vuelve a mostrase abocetado, aunque esta vez las notas de color lo disimulan. Un color aportado por Guru eFX que en esta ocasión prefiere trabajar con colores fríos y tonalidades oscuras dejando los rostros humanos con coloraciones lívidas. En lo visual hay que destacar también, y valorar notablemente, el ritmo vertiginoso que alcanza la historia que Nihei una vez más deja casi huérfana de diálogos pero bien arropada de alucinantes escenas de acción.

Lobezno: ¡Snikt! es la particular visión que realiza uno de los grandes mangakas del género de ciencia ficción del chulesco e inmortal Lobezno; llevando al mutante a vivir una aventura repleta de tópicos en lo tocante al argumento pero asombrosa en la parte visual.

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Malaz 2: Las puertas de la Casa de la Muerte, de Steven Erikson

malaz 2 las puertas de la casa de la muerte

malaz 2 las puertas de la casa de la muerteEl mundo de Malaz surgió de las imaginativas mentes de Steven Erikson e Ian C. Esselmont. Primero fue un esquema para jugar elaboradas partidas de rol, pero ese esbozo de mundo que era solo un entretenimiento banal, tras el desarrollo gradual que le fueron otorgando sus autores, fue convirtiéndose en algo más complejo. Tenían tanto por contar, tantas historias, tantos personajes y tantas localizaciones que las gotas de fantasía que habían fluido desde sus intelectos acabaron convirtiéndose en un océano por explorar. Eran jóvenes y el siguiente paso fue previsible.

Cuenta el propio Steven Erikson que cuando intentaron vender el guion para elaborar una serie de televisión o una película todo fueron halagos, pero también les daban un consejo: haced algo más sencillo, algo que para el público medio sea coser y cantar. “Salíamos de las reuniones sintiéndonos frustrados, descorazonados y confusos. ¿De verdad acabábamos de escuchar cómo nos invitaban a ser mediocres? La verdad era que sonaba así. Bueno, pues que le den a eso”.

Sí, que les den; es lo que les decimos también todos los lectores de la saga malazana. Pues gracias a esa mentalidad cerrada y conservadora propia de algunos negocios y a la perseverancia de Steven Erikson e Ian C. Esselmont lo que fue primeramente un juego de rol y luego un guion, finalmente se convirtió en una saga de libros de fantasía. Una saga que empezaría con el duro, complicado pero épico trabajo de Erikson en Los jardines de la Luna y que ahora podemos continuar leyendo en el segundo volumen de Malaz: El libro de los caídos.

En Las puertas de la Casa de la Muerte abandonamos Darujhistan y lo que acaeció en el primer volumen para visitar nuevos parajes de las Siete Ciudades. No solo dejaremos atrás lugares conocidos, sino que también nos despediremos de los personajes (o de casi todos) que tuvimos el placer de conocer en la primera novela. Así pues, y aunque nos encontraremos con el Abrasapuentes Violín y el asesino Kalam que intentan a toda costa devolver a Apsalar a su hogar, la mayoría de sujetos que aparecen en esta novela portan nuevas historias consigo, las de sus vidas, para aportar nuevas pinceladas a un lienzo que aún muestra muchas porciones por pintar. Historias como la de Felisin, antes perteneciente a la clase burguesa y ahora esclava en las minas de otaralita por la gracia de su hermana, de la cual jurará vengarse. Historias como la de la sublevación que se está gestando en el desierto de Raraku que busca vencer y enterrar el imperio malazano; una sublevación con el nombre de: el Torbellino. Historias que podrían convertirse en leyenda, como la de Coltaine, el comandante malazano que guiará a treinta mil refugiados a lo largo de cientos de kilómetros mientras un ejército enemigo les pisa los talones.

Si por un momento llegasteis a pensar que la lectura de Las puertas de la Casa de la Muerte sería sencilla, errasteis. Si pensasteis que sería más sencilla que el primer libro, entonces os acercasteis un poco a la verdad. Y es que esta vez empezamos la novela con un contexto, unos recuerdos a los que aferrarnos cuando nos sintamos algo perdidos. Con todo, Erikson no nos deja disfrutar de la zona de confort durante mucho tiempo y de nuevo, y mediante nuevos personajes, nos remite a lugares desconocidos y a una mitología de la que hemos oído hablar pero la cual todavía no dominamos. Esa comodidad lectora también se desvanece cuando descubres que Erikson muestra un conflicto en el que todos son capaces de lo mejor y de lo peor. Los villanos del primer libro ya no lo son tanto y los que decían ser héroes son capaces de las mayores atrocidades. El autor consigue esto al poner su lupa sobre pequeños grupos de personajes de ambos bandos, algo que le permite perfilar personalidades complejas y carismáticas que son la suma de un conjunto de evoluciones paulatinas y coherentes con lo que ocurre alrededor de los personajes.

Leer Las puertas de la Casa de la Muerte llega a ser agotador. Y esto ocurre, simple y llanamente, cuando el autor es capaz de embrujarte con su prosa y hacerte creer que estás cruzando un desierto sin una gota de agua en tu haber o cuando eres testigo de una lucha a muerte entre dos ejércitos rivales que recorrerán distancias impensables en una suerte de titánica partida de ajedrez que los llevará a verter sangre, sudor y lágrimas. Barcos embrujados navegando por lugares imposibles, demonios de extremidades desparejas y de formas angulosas (os encariñareis con la aptoriana, ya veréis), un historiador poniendo en riesgo su propia vida para ser fiel a los hechos, parajes de belleza que os harán enmudecer si estáis leyendo en alto (el paso de Vathar y las mariposas amarillas es pura poesía paisajística), amistades que traspasan fronteras y que os llegarán al corazón (Mappo, Icarium y el terrible secreto con el que deben cargar), un punto de humor (las apariciones de Iskaral Pust siempre proporcionan, como mínimo, una sonrisa) y magia, muchísima magia, y de las formas más inverosímiles, que actuará a través de dioses, lugares o seres que en un principio parecían huérfanos de poderes. Me quedo corto al decir que todo esto es lo que encontraréis, pues cada lector encontrará también su propia aventura.

Las puertas de la Casa de la Muerte, segundo volumen de Malaz: el libro de los caídos, publicado por Nova en una edición impecable es una muestra de que si se ordenan de forma adecuada las palabras se puede llegar a crear magia.

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El truco, de Emanuel Bergmann

el truco

el truco¿Qué es más fácil, hacer reír o hacer llorar?

Es evidente que en temas de humor no todos reaccionamos igual. Algunos podemos encontrar tronchante una situación absurda, una conversación de besugos o una broma escatológica. A otros en cambio les asoma una traviesa sonrisilla cuando alguien da un traspiés, cae escaleras abajo y se parte la crisma o ante un chiste de Carrero Blanco y sus dotes como saltador olímpico. La Audiencia Nacional, por ejemplo, no estaría entre los del segundo grupo.

Lo que nos aflige, lo que provoca ese nudo en la garganta (preludio de lágrimas amargas que tal vez alivien ese gran pesar que sentimos en el pecho) probablemente nos dispone a todos en un único grupo. ¿Quién no lloraría la muerte de una madre o padre que lo ha dado todo por sus hijos? ¿Y la de ese amigo íntimo que estuvo a las duras y a las maduras siempre apoyándote? ¿Y qué me dices de tener la cruda certeza de que jamás volverás a acariciar el suave pelaje de ese perro que estuvo a tu lado más de diez años? ¿Quién no ha llorado alguna vez al encontrarse cara a cara ante el cruel rostro del desamor? La soledad, la incomprensión, la enfermedad, el abandono… ¿una cebolla?

La verdad, no sé si es más fácil hacer reír o hacer llorar pero de lo que sí estoy seguro es que es dificilísimo narrar una historia en la que ambas emociones mantengan cierto equilibrio. El truco de Emanuel Bergmann es una de esas obras.

El truco es la historia de dos personajes. Dos vidas separadas por el tiempo pero unidas por los acontecimientos. Por un lado tenemos a Mosche Goldenhirsch: un anciano desvergonzado y de carácter huraño, con tendencias suicidas, que se pasa la vida en clubes de streptease en busca de compañía que previo pago le hagan sentir menos vacío. Pero Mosche es solo la sombra desvaída de lo que antaño llegó a ser. Anteriormente se le conoció como el gran Zabbatini, el famoso mago mentalista que recorrió la Europa que posteriormente sería ocupada por los nazis. El otro personaje es Max Cohn: un muchacho de diez años que se enfrenta a la cruda realidad de descubrir que sus padres están a punto de separarse. Por una de esas extrañas casualidades de la vida Max descubrirá que existe un conjuro de amor que podría volver a unir a sus padres. El único capaz de realizar dicho conjuro es Zabbatini. Así pues, el muchacho escudriñará cada rincón de su ciudad con tal de encontrar a ese gran mago y mentalista que podría salvar la felicidad de su familia.

En El truco hay magia, esperanza, desencanto y disparatadas aventuras narradas en clave de tragicomedia. Esa tragicomedia que es en sí misma la vida y el acto de vivir; esa valentía de afrontar retos, de aceptar las pérdidas y las derrotas pero también de mantener los pies en el suelo cuando se triunfa. El personaje de Mosche, anciano casi centenario, sabio a su manera y repleto de experiencias (algunas tienen que ver con el amor, otras con la magia y las peores con El Holocausto perpetrado por los nazis) es la representación de aquellos que se sienten desengañados por una vida demasiado larga y tortuosa. Por otro lado, y como contrapartida, Max, todavía puro de corazón, sensible como solo un niño puede serlo y optimista, es el agradable punto de candidez que contrarresta el cinismo de los desencantados que se toman la vida demasiado en serio. Ambos personajes convergerán no sin que antes Emanuel Bergmann nos relate, con una prosa fácil de leer, elegante y embaucadora, como era la vida de cada uno antes de que sus destinos se cruzaran. Con todo, a pesar de que la historia de Max no está mal, está claro que su protagonismo es sobre todo una excusa esencial a la hora de poner en marcha los recuerdos de Mosche: la verdadera historia de esta novela. Una historia que tarda en arrancar pero que cuando lo hace se muestra repleta de momentos divertidos (en ocasiones haciendo uso de humor algo simplón), de situaciones algo absurdas y de un truco de magia, un fantástico e inolvidable truco, que conseguirá que tus ojos llenos de lágrimas susurren tristeza mientras tu sonrisa grita esperanza.

El truco de Emanuel Bergmann publicado por Anagrama aúna con cierta pericia la comedia y el drama, esos dos géneros narrativos que por separado presionan unas teclas determinadas y dispares creando melodías únicas pero que al unirse, como en este libro, componen una sinfonía agridulce; una suerte de broma melancólica que perdura más allá de la última página.

 

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Biomega: The Ultimate Edition 2, de Tsutomu Nihei

biomega the ultimate edition 2

biomega the ultimate edition 2El giro argumental de una novela es ese momento en el que te llevas las manos a las mejillas como si fueras Macaulay Culkin en Solo en casa; ese latigazo súbito pero coherente con la narración que crea una onda expansiva y sacude al lector; ese preludio, casi siempre, de un final que se paladea con nostalgia antes incluso de que la palabra de tres letras que cierra el libro se presente. El giro argumental en ocasiones convierte una novela corriente, de diversión ordinaria y de pedigrí impreciso, en un purasangre que se lanza sin cuartel en busca de la gloria. El primer volumen de Biomega ya apuntaba maneras, dejando caer algunas sorpresas entre el torrente de acción que inundaba al cómic. El inicio de Biomega: The Ultimate Edition 2 de Tsutomu Nihei es un puñetazo en la boca del estómago que deja sin aliento al lector; primer aviso de la paliza, a base de virajes narrativos, que le espera. Reconozco que yo, acostumbrado a las historias más bizarras jamás imaginadas por escritores de mente retorcida, todavía me encuentro algo grogui.

El segundo volumen de Biomega se inicia justo donde finalizaba el primero: diferencias de ideología en el seno de la Fundación para la Recuperación de Datos (podría resumirse como la corporación malvada) hace que explote una guerra civil entre sus agentes. Unos buscan continuar con el plan que involucra al virus N5S y que cambiaría el curso de la historia de todo el planeta Tierra; el resto han decidido recular ante tan descabellado plan y luchar contra quien quiera llevarlo a cabo. Industrias Pesadas Toa (los buenos de la película), con su principal agente al frente, el humano sintético Zoichi Kanoe (el protagonista que repartía estopa en la primera parte) y Fuyu, la inteligencia artificial que lo acompaña, se encontrarán en el medio de ese fuego cruzado.

Las primeras páginas del manga que hoy nos ocupa nos muestran qué fue de esa guerra, de la gente que luchaba en ella y del estrambótico plan que se pretendía llevar a cabo. A mitad del capítulo 27 llega el primero de una larga lista de giros argumentales que deja al lector tan aturdido como a sus protagonistas principales. “Lo que está claro es que ha ocurrido un fenómeno desconocido”. Si ya nos habíamos acostumbrado a las estructuras metálicas, al hormigón armado, al olor del asfalto y a los habitantes de esos lugares, el autor decide borrar de un plumazo nuestra zona de confort y enviarnos a explorar nuevos mundos y nuevas situaciones, pero sin dejar de lado el hilo principal. Ahora el dibujo resulta menos frío, menos rectilíneo, pero igual de impresionante. Tsutomu Nihei deja atrás la escuadra y el cartabón y da paso a un mundo de redondeces y bulbosidades, un mundo que parece respirar en todo su conjunto. No son pocas las viñetas que me han recordado al cómic Alef-Thau: esos mundos repletos de magia y fantasía que surgieron de las mentes de Arnaud Dombre (más conocido como Arno) y de Alejandro Jodorowsky y que narraban las aventuras de un muchacho incompleto. Y es que el autor de Biomega incluso llega a coquetear con la fantasía, a pesar de que la ciencia ficción sigue siendo el género principal al que pertenece la obra.

En Biomega: The Ultimate Edition 2 la acción pierde algo de protagonismo, la cual cosa no es difícil ni algo que debamos lamentar. Sigue habiendo acción, por supuesto, pero a un nivel más “sosegado” que evitará que al lector le pueda dar un infarto de miocardio. El texto, las aclaraciones y en general los diálogos son bastante más abundantes que en el primer volumen; algo necesario para no perder el hilo de una historia que a medida que avanza se vuelve tan compleja como surrealista. Punto que juega más en favor de la obra que en contra, a pesar incluso de esas últimas páginas en las que las explicaciones se apelotonan y fuerzan un final algo confuso.

Biomega: The Ultimate Edition 2, publicada en una impecable y lujosa edición por parte de Panini Cómics, pone de manifiesto que la imaginación de Tsutomu Nihei no tiene límites a la hora de narrar una historia, explorando complejos argumentos que fuerzan al lector a prestar atención mientras disfruta de unas escenas de acción que lo atraparán desde la primera viñeta. Además, ahora ya sí, sabréis qué cojones pintaba un oso en todo este embrollo.

 

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Biomega: The Ultimate Edition 1, de Tsutomu Nihei

biomega the ultimate edition 1

biomega the ultimate edition 1El cyberpunk es ese subgénero de la ciencia ficción que siempre se ha llevado toda mi atención. El motivo no es otro que esos mundos futurísticos y distópicos en los que se sucede una extraña paradoja: el ser humano vive hacinado en megalópolis, que por las noches se iluminan con miles de millones de luces de neón, en las que la tasa de pobreza es elevadísima, pero a su vez, esos ciudadanos prefieren gastar sus pocos ahorros en alta tecnología; aunque eso signifique pasar un tiempo sin nada que echarse a la boca. Una tecnología que forma parte de la gente, siendo más una forma de vida que una simple frivolidad. Es por ello que todo el mundo anda loco por hacerse con todo tipo de chips que pueden ser insertados directamente en el cerebro o extremidades cibernéticas para dotar de más fuerza al sujeto; operaciones en ocasiones llevadas al extremo y que pueden crear monstruos de carne, hueso, acero y cables. La tecnología también está presente en forma de inteligencias artificiales que en ocasiones guían las vidas de los humanos y en ordenadores de gran potencia que son utilizados por hackers que buscan derrocar mandatarios, delinquir o evadirse del mundo real. Toda esta ensalada de ficción hay que aliñarla con gobiernos totalitarios que son manejados por corporaciones y que imponen la ley por la fuerza, algo que al final siempre crea caos y anarquía en las calles. ¿A quién no podría gustarle todo este batiburrillo? ¿Quién no disfrutaría con las situaciones que pueden llegar a darse en un mundo que es a la vez tan diferente y parecido al nuestro? El manga que hoy nos ocupa, y haciendo honor al canon del buen cyberpunk, tiene una mezcla equilibrada de todas las particularidades anteriormente mencionadas además de alguna que otra grata e inesperada sorpresa.

Biomega: The Ultimate Edition 1 de Tsutomu Nihei empieza con una expedición a Marte. Es el año 3005 dC y hacía siete siglos que no se enviaba una misión tripulada al planeta rojo. Los expedicionarios saben que las colonias humanas que allí se asentaban ya no existen: un incidente las borró del mapa. Así que es toda una sorpresa para ellos encontrar a una mujer sana y salva, sin traje espacial vagando por una de las estaciones que se encuentran en ruinas. Este hecho se convertirá en el inicio de una concatenación de acontecimientos que acabará con una infección terriblemente virulenta en la tierra. Los humanos se convierten en seres denominados como drones (algo similar a los muertos vivientes que tantas veces hemos visto en las películas) debido al efecto del virus N5S. La humanidad se encuentra al borde del abismo. Zoichi Kanoe un agente de Industrias Pesadas Toa es enviado con una única misión: buscar a alguien adaptado al virus para salvar a toda la raza humana.

Es inevitable pensar en Blame! cuando se habla de Biomega, porque el autor es el mismo y porque lo que se narra es en cierto modo similar; como lo son en apariencia todas las guerras, todas las revoluciones o todas las civilizaciones que se han alzado para luego sucumbir. Hay que acercarse más y analizar con detenimiento para descubrir todas esas disparidades que hacen a cada cómic único. Si bien es cierto que en más de una ocasión os encontrareis pensando en si Biomega es una precuela de Blame! debido a la aparición en ambos mangas de Industrias Pesadas Toa, de armas similares y de un mundo postapocalíptico; aunque en este caso los escenarios sean algo menos claustrofóbicos.

Si hay una palabra que defina a Biomega esta sería espectacular, aunque molón o acojonante también cumplirían. Todas ellas harían referencia sobre todo al apartado visual, el cual se lleva todo el peso de la narración. Nihei vuelve a crear un dibujo en ocasiones sucio, abocetado (aunque mucho menos que en Blame!) en otras muestra rostros de trazo impoluto, limpios de sombras y de belleza arrolladora; rostros que son la contrapartida de los monstruos y aberraciones semihumanas que se arrastran por las páginas y que cargan con sombras, oquedades de luz y trazos enloquecidos. Los diseños de personajes, escenarios o vehículos (esa moto… la moto de Nihei, que recuerda tanto a la de Kaneda… soñareis con ella, la querréis, la necesitareis. ¡Pedidla para navidad coño!) os dejaran con la boca abierta, y más cuando todo se ponga en movimiento. Y es que el dibujo de Tsutomu Nihei parece cobrar vida en cada viñeta, debido mayormente a una composición que es similar al storyboard de una película. No es difícil imaginarse escenas a cámara lenta (Zoichi disparando a una veintena de agentes de la DRF), situaciones de velocidad endiablada (la lucha sobre el tren bala o contra los aviones a reacción) o esos momentos en que te ahogarás en tu propia adrenalina al igual que un borracho lo hace en su propio vómito (Zoichi intentando eliminar trece misiles balísticos intercontinentales).

Biomega: The Ultimate Edition 1 editado por Panini Cómics es un seinen de ciencia ficción con excitantes sobredosis de acción. Personajes, escenarios o artilugios, todo forma parte de una abrumadora coreografía que utiliza la imagen como principal lenguaje para contarnos la supervivencia de la raza humana en un mundo que no le es favorable. Incluso el oso, ese oso que camina sobre dos patas y habla, cumple un importante cometido en todo este tinglado. Qué narices pinta un oso en todo esto, te debes estar preguntando. Ven y averígualo.

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Blame! Master Edition 1, de Tsutomu Nihei

Blame! Master Edition 1

Blame! Master Edition 1Cuando se habla del futuro de la Tierra siempre me viene a la cabeza una imagen muy elocuente que aparecía en el libro El universo en una cáscara de nuez. En ésta se mostraba una Tierra al rojo vivo y millones de humanos tocándose hombro con hombro. El tema que trataba Stephen Hawking en el capítulo en el que aparecía dicha imagen era el futuro de la especie humana. El abanico de posibilidades que se revelaba intentaba ser lo más optimista posible, pero también realista. Según el autor, el crecimiento exponencial no solo de la población sino también de la tecnología y la dependencia que esta tenía de la electricidad nos llevaría a un mundo de súper población extrema que gastaría ingentes cantidades de energía, consiguiendo que el planeta azul se tornara rojo. Y un pensamiento lleva a otro además de a todas esas incógnitas que orbitan a su alrededor. ¿Si llegamos a ese extremo, a ese punto de no retorno, qué soluciones existen? Vale, aquí es cuando entra en escena La Esfera de Dyson.

Imaginad una megaestructura esférica; grande no, ni siquiera titánica, más bien de tamaño astronómico. Eso significa que el radio de esa construcción sería equivalente, como mínimo, al de una órbita planetaria. Sí, ahora empezáis a tomar conciencia real de su tamaño. Su interior sería hueco con el objetivo de envolver a un sistema planetario, en nuestro caso: El Sistema Solar. El objetivo de esta obra de ingeniería que escapa a la imaginación humana sería aprovechar al máximo la energía del Sol, ya que ahora mismo solo recibimos una pequeña porción. Ahora ya sabéis qué es una Esfera de Dyson. También debéis saber que de momento es un tipo de construcción inviable para ser llevada a cabo por la raza humana. Todo ello forma parte de un ejercicio mental que propuso en 1960 el físico Freeman Dyson para especular sobre la vida a largo plazo de las civilizaciones y cómo estas civilizaciones, de existir, podrían ser descubiertas mediante patrones de consumo desde largas distancias.

Así pues, las Esferas de Dyson, por el momento, no existen. Pero no lloréis, pues una idea tan jugosa no podía pasar desapercibida por la comunidad de escritores de ciencia ficción. Blame! Master Edition 1 de Tsutomu Nihei forma parte de esa lista de obras que han tomado ese concepto como base para relatar una historia.

Empezamos Blame! cruzando un puente de metal del cual apenas se puede ver el final. Cruzándolo hayamos a dos personas. Killy es un muchacho que hace años que vaga por un mundo de acero y hormigón en busca de un humano que tenga todos los cromosomas intactos. A su lado camina un niño que parece ser ese humano que andaba buscando. Pero ha habido tantos antes… Enseguida se cruzan con un tercer personaje: un ser mitad humano mitad máquina. Es en este punto cuando la aventura comienza y la historia se llena de interrogantes: ¿Quién es realmente Killy? ¿Qué es lo que realmente está buscando? ¿Qué fue de la raza humana? ¿Qué lugar es ese en el que existen cientos, miles, millones tal vez de salas, pasadizos y escaleras que parecen no llevar a ninguna parte? La única forma de averiguarlo es seguir los pasos de Killy.

Blame! es un manga de ciencia ficción con claras inclinaciones hacia la acción desenfrenada. Aquí las imágenes mandan; y el caso es que es literal. Puedes llegar a pasar más de una veintena de páginas sin encontrar un solo bocadillo, y cuando lo hay es para aclarar algún término, situación o para dar contexto al relato. Si bien es cierto que la mayoría de veces seguimos al solitario personaje protagonista, del cual no sabemos ni siquiera sus pensamientos más profundos. Sí averiguaremos un poco de su pasado mediante flashbacks que de tanto en tanto se irán sucediendo.

Dice el refrán que una imagen vale más que mil palabras, y Blame! hace honor con creces a este dicho popular. Toda la narración recae en la parte visual, y por suerte esta es notable. El dibujo de Tsutomu Nihei es de un estilo que recuerda al boceto: líneas rabiosas, furibundas, que crean rostros angulosos y cabellos lacios, o rayas desenfrenadas que forman entramados para engendrar sombras y mundos tenebrosos. El diseño de personajes es variopinto, pasando de los simples humanos a todo tipo de seres robóticos, biomecánicos, cíborgs o androides. Algunos parecen extraídos directamente de una película de terror. No es de extrañar pues que muchos de ellos den grima y mal rollo por igual, algo que casa a la perfección con el ambiente de soledad y desesperación que encontraremos en cada página.

El primer volumen de Blame! Master Edition publicado por Panini Cómics nos enseña, nos insinúa, lo que puede llegar a ser una gran aventura en un mundo distópico, futurístico y tremendamente oscuro. Un primer volumen, en una edición de lujo, que sirve de introducción, que sobretodo nos muestra a algunas de las monstruosas y robóticas razas que pueblan y dominan el mundo pero que deja con muchas incógnitas y con ganas de más, algo que solo podremos solucionar si le seguimos la pista a Killy hasta el segundo volumen de Blame!

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Malaz 1: Los Jardines de la Luna, de Steven Erikson

malaz 1 los jardines de la luna

malaz 1 los jardines de la lunaCuando abrimos un libro, cuando nos enfrentamos a una nueva lectura, nos convertimos en unos exploradores que arriban a tierras extrañas. Somos como seres de otra galaxia observando lo que acaece en un mundo desconocido. Al principio es habitual sentirse algo desorientado. Lugares nuevos, nombres impronunciables, batallas, amores, amistades y traiciones… Ocurren tantas cosas que hasta que no encajamos las piezas de los diferentes hilos narrativos no empezamos a vislumbrar algo de luz entre tanta bruma. Pero una vez alcanzamos esa claridad, ese momento en el que los lugares empiezan a sernos familiares, los personajes nuestros amigos (o enemigos) y las situaciones a tener una relación entre sí, desaparece esa sensación de confusión que habíamos sentido en los primeros compases de la historia. Y esto es así con cada libro. Con algunos se tarda más que con otros en abandonar esa sensación desasosegante de estar perdiéndote algo. En general el género de la fantasía, al crear mundos imposibles y situaciones extraordinarias, acostumbra a llevarse la palma en lo que se refiere a ese efecto de inopia transitoria. En particular, y como caso diría que único, Los Jardines de la Luna, el primer volumen de la saga Malaz: El libro de los caídos, es un grandísimo ejemplo de como ese efecto de desconcierto puede alargarse hasta extremos insospechados, convirtiéndose luego en una pieza clave de todo un entramado complejo y portentoso.

Los Jardines de la Luna de Steven Erikson lanza ferozmente al lector, desde la página uno, hacia el mismo vórtice de un conflicto titánico. El imperio de Malaz conquista ciudades a su paso y ahora ha puesto el foco en Darujhistan: la última de las ciudades libres del continente de Genabackis. Es en esta ciudad donde partidarios y detractores del imperio Malazano irán moviendo sus hilos para que la suerte se ponga de su lado. Es por ello que en este lugar confluirán un conjunto de fuerzas tan poderosas y antagonistas como la legendaria unidad de élite de los Abrasapuentes, expertos en tácticas de sabotajes y avanzadilla de ejércitos, la Garra y su unidad especial de asesinos, La cábala de T’orrud compuesta por magos y hechiceras o los parroquianos de la taberna del Fénix, en dónde se reúnen ladrones, asesinos de profesión, magos que no lo parecen y gente de apariencia normal pero de habilidades extraordinarias. A todos estos personajes, y a medida que avance la historia, se les irán uniendo otros tantos. Los cambios de bando se sucederán en busca del propio interés y las traiciones estarán tan a la orden del día que deberán andarse con ojo si no quieren acabar con un puñal en la espalda.

Los Jardines de la Luna no es un libro fácil. No es el típico libro de fantasía en el que a cada página el autor hace un pequeño paréntesis para contextualizar, hacer entender a sus lectores, explicarles el porqué de todo lo que ocurre, aclarar por qué la magia funciona de tal forma o de dónde han surgido las diferentes razas. No, Steven Erikson no es el típico autor que simplifica la narración porque cree que sus lectores son idiotas redomados. Y un ejemplo es el arranque del libro en el que todo se da por sobreentendido y el lector no puede ni distraerse un segundo. A la mínima distracción estarás perdido y deberás leer de nuevo, visitar la sección de dramatis personae o el glosario. Y así hasta la página 160 aproximadamente, que, teniendo en cuenta que el libro goza de 765 páginas al final no resulta tanto esfuerzo. Y es que Steven Erikson lo que busca de nosotros es un poco de compromiso y bastante atención, y una vez lo conseguimos, una vez aunamos ambas capacidades, como si de un hechizo se tratara, la lectura se convierte en algo tan placentero que es imposible abandonarla.

Si hay algo por lo que debamos dar gracias a Steven Erikson, e incluso alabar, es porque Los Jardines de la Luna sea un libro de fantasía que se enorgullece de pertenecer a ese género. Steven Erikson no esconde lo que narra tras una falsa fachada de relato medieval que a medida que transcurre transmuta levemente en aventura de espada y brujería. Los Jardines de la Luna es fantasía desde la primera a la última página. Magos y hechiceros que obtienen sus poderes mediante Sendas; objetos que son fuente de poder; dioses que caminan entre los hombres y que juegan con estos de la misma forma que lo hacen en la mitología griega; dragones, espadas mágicas, cuervos sustentados por la magia y seres capaces de moverse entre diferentes planos de realidad. Con todo, Erikson no deja de lado el desarrollo de personajes, todo lo contrario, trata con enorme mimo este punto además del relacionado con las intrigas palaciegas o las estrategias militares.

En definitiva, Los Jardines de la Luna publicado por Nova es una obra tremendamente ambiciosa que culmina con éxito cada una de sus metas. Este primer volumen del universo Malaz rezuma fantasía heroica por los cuatro costados, una fantasía de la que quedarás impregnado tras haber cerrado el libro y que te obligará irremediablemente a continuar con el segundo volumen de la saga: Las puertas de la Casa de la Muerte.

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Samurai 7 volumen 2, de Akira Kurosawa y Mizutaka Suho

samurai 7 volumen 2

samurai 7 volumen 2Nos encontramos en una época salvaje, en una en la que la vida de los hombres vale menos que un puñado de dólares y la supervivencia depende de la velocidad con la que desenfundes tu revólver y la sangre fría con la que dispares al hombre que tienes enfrente. La época en la que algunos hombres osados y rebosantes de fe volcaban todas sus esperanzas en encontrar una pepita de oro y otros, los verdaderos nativos del lugar, defendían su territorio con lanzas y flechas. Es el Salvaje Oeste. El de los pioneros y el de los forajidos. El de Buffalo Bill y Billy “el niño”. Es en este marco, único e incomparable, de la historia de los Estados Unidos de América donde hallamos a Chris Adams: un pistolero excelente con un marcado sentido de la justicia. Ahora dispara, una y otra vez, contra los malhechores que entran en bandada en el pueblecito. A su lado su mejor amigo Vin, al igual que los otros cinco hombres que reclutó, hace lo propio. Pese a sus dudas, Adams no se arrepiente de ser uno de los siete pistoleros que están defendiendo ese pueblecito y a sus humildes habitantes de la sanguinaria banda de maleantes que los atemorizaba.

Si el argumento que he relatado en el párrafo anterior os suena de algo es, posiblemente, porque habéis visto Los siete magníficos: uno de los mejores westerns que ha parido la industria cinematográfica. Aunque también pudiera ser que os haya hecho pensar en otra época igual de violenta y en siete guerreros igual de valerosos. Si vuestro instinto os ha guiado hasta Los siete samuráis de Akira Kurosawa sentíos orgullosos. Los siete magníficos dirigida por John Sturges y con un reparto de actores de lujo (con grandísimos como Yul Brynner o Steve McQueen) es la versión yanqui del film de Kurosawa.

Pero Los siete magníficos no es la única cinta que tomó como inspiración la obra maestra de Kurosawa, películas tan dispares como Bichos (sí, la de Pixar) o la saga de Star Wars también le deben mucho a esos ronin que defendieron un pueblecito de agricultores. A esa lista habría que añadir Samurái 7, una serie de animación que se emitió en 2004 para conmemorar los cincuenta años del estreno de la película en la que se basaba. Ahora, y de la mano de Panini Cómics, nos llega la versión manga de dicho anime.

Samurái 7 volumen 2 nos mete directamente en la lucha contra los villanos que tenían amedrentada una pequeña comunidad en el Japón del futuro. Un futuro en el que los humanos colonizaron el sistema solar pero que una guerra universal los devolvió de un plumazo a la época feudal. La diferencia es que ahora robots y humanos deben convivir. La última tecnología y las herramientas arcaicas. Lo moderno y lo tradicional. En este contexto futurista encontramos a Katsuhiro, Shichiroji, Kambei, Kikuchiyo, Heihachi, Kyuzo y Gorobei; siete samuráis que para proteger una aldea deberán primero enseñar a sus aldeanos a protegerse a sí mismos y a defender lo suyo.

Si el primer volumen de Samurái 7 avanzaba de forma sosegada, desgranando la historia poco a poco y poniendo en situación al lector, en este segundo volumen encontraremos una velocidad de narración vertiginosa. Lo que había que contar ya está contado; ha llegado la hora de pasar a la acción (no sin antes tener en cuenta una buena planificación militar), de luchar, de desenvainar espadas, de abatir a mechas de gigantescas dimensiones que portan armas capaces de devastar pueblos enteros; en definitiva: ha llegado la hora de conquistar la libertad.

Si en el anterior volumen ya se intuía que Mizutaka Suho se desenvolvía con mucha soltura en las escenas de acción, en este segundo volumen no deja ningún género de dudas. No son pocas las páginas en las que apenas hay un par de enormes viñetas que muestran frenéticas luchas con espada cargadas de violencia y espectacularidad. Esa lucha final bajo la lluvia es tan bella como brutal. Con todo, a pesar de que en este segundo tomo la acción toma fuertemente las riendas de la narración también hay cabida para momentos emotivos; y no serán pocos. Enfrentarse a la pérdida de los más queridos o el amor, se sumarán a la venganza, la traición y la redención formando parte no solo de la trama principal, sino también de la anterior vida de cada samurái, que será mostrada en pequeños jirones de recuerdos para poner de manifiesto las motivaciones que los han llevado a estar donde están.

Samurái 7 volumen 2 de Akira Kurosawa y Mizutaka Suho es un manga que a pesar de tener acción a raudales no deja de lado esos momentos emotivos que resultan el contrapunto perfecto de una lucha sanguinaria; es además un bello y bonito cuento sobre la amistad y la necesidad de hacer lo correcto. Así de simple.

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Nimona, de Noelle Stevenson

Nimona

NimonaDurante demasiados años el rol de villano carismático ha estado supeditado a que éste, entre las piernas, tuviera un par de pelotas. Las chicas, como mucho, eran la consorte bobalicona que bebía los vientos por él y que con un llanto desconsolado se despedía de su amor, una vez éste era apresado, antes de que la ley le perdonara todo pues, como era de esperar, ella en realidad no era mala persona, solo había sido manipulada por una increíble mente criminal. Por suerte, y de un tiempo a esta parte, este concepto ha dejado de fondear en la cala de lo rancio y ha puesto rumbo hacia el mar de la pluralidad. Las chicas también pueden ser unas psicópatas encantadoras, capaces de dejarte tirado en el suelo con la barriga abierta por un puñal antes de que puedas decir sexo débil. Aunque parece ser que este tipo de personajes deben gozar de un par de tetas descomunales, un cintura de avispa y un trasero de infarto. No digo que una chica malvada no pueda tener un cuerpo de diez, solo que me resulta sospechoso que todas las malvadas luzcan ese tipo de cuerpo. ¿No hay chicas bajitas con ganas de atracar un banco? ¿No hay chicas entradas en carnes capaces de hacerle la vida imposible al superhéroe de turno? ¿No hay chicas de pecho pequeño con la perversa idea de apoderarse del mundo? Pues sí, las hay. Una de ellas se llama Nimona.

Nimona es una muchacha de corta estatura, de cuerpo rollizo, con un corte de pelo a lo skinhead girl y con un poder que la hace única: puede transformarse en el animal que le dé la gana. Aparece de improviso en la guarida secreta de sir Trabuco Negroni con la firme determinación de convertirse en su secuaz. Ella solo quiere hacer el mal: destruir cosas, apoderarse de lo ajeno y matar a todo aquel que se cruce en su camino. Entre los dos tratarán de destapar los sucios tejemanejes que se traen entre manos sir Ambrosio Pieldorada y la cohorte de supuestos defensores del reino que habitan en el Instituto de Justicia y Heroísmo. Si por el camino la pueden armar muy gorda, pues mejor. Sir Trabuco Negroni descubrirá más pronto que tarde que la cambiaformas llamada Nimona actúa de forma anárquica, tornándose incontrolable y siempre con una sed de sangre insaciable, asimismo guarda con mucho celo todo lo que tenga que ver con su pasado.

Nimona de Noelle Stevenson, publicada ahora en español por la editorial Océano, originariamente, en 2012, fue un webcómic que enseguida llamó la atención. Fue tal su repercusión que consiguió llevarse el galardón Slate Cartoonist Studio Prize que reconocía a Nimona como el mejor webcómic de aquel año. Tres años después, y tras su salto al papel, el cómic sería nominado al Will Eisner. ¡Ahí es nada! Y es que Noelle Stevenson, co-creadora también de la divertida serie Leñadoras, no solo hace hincapié en proponer una historia original, sumergiéndonos en un mundo mágico en el que la fantasía y la ciencia ficción se dan la mano, se turnan o incluso se fusionan, sino que además es capaz de crear personajes de marcado carácter, profundos y repletos de matices que a lo largo de la historia se irán desarrollando, mostrando una sensibilidad que alcanzará el corazoncito del despistado lector que pensó que esto era solo otro cómic más de fantasía.

De la misma forma que la historia evoluciona, pasando de las aventuras simplonas y el humor facilón a situaciones más tenebrosas y repletas de drama y amores incomprendidos, el dibujo también lo hace. Lo que empiezan siendo bocetos bastante cutres van madurando en cada viñeta, llegando a alcanzar unos diseños de corte simple pero llamativos y llenos de personalidad, con una ejecución encomiable en el manejo del color y las sombras. Y esos diseños no son solo para mostrar la belleza de unas líneas suaves y precisas que representan al triunvirato que reina sobre este cómic (sir Trabuco Negroni y sus heridas de guerra, sir Ambrosio Pieldorada y su rostro andrógino, Nimona y sus diversas y en ocasiones traumáticas transformaciones y su eterna lucha para que los demás la acepten tal y como es) son también una forma de mostrarnos el bagaje de traumas a los que se enfrentan unos personajes que han sido señalados por algunos sectores de la sociedad. Traumas que son recuerdos; recuerdos que son historias y que, a pesar de esos bocadillos de traducción literal y que chirrían más que las ruedas de un carrito del supermercado, disfrutaremos hasta ese momento en que encajan todas las piezas en un final épico.

Nimona es un cómic repleto de héroes y villanos, con un 50 por ciento de fantasía y otro tanto de ciencia ficción en el que una protagonista ocurrente, peligrosa y única nos muestra que las aventuras pueden ser tan gamberras como emotivas y que la moralina facilona es aburrida y vulgar.

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Samurai 7 volumen 1, de Akira Kurosawa y Mizutaka Suho

samurai 7 volumen 1

samurai 7 volumen 1Más de sesenta años después de que Los siete samuráis de Akira Kurosawa se estrenara en los cines, continúa siendo una de las mejores y más influyentes películas de todos los tiempos.

Podría pensarse que Akira Kurosawa no se esperaba que su película, con el tiempo, alcanzara tal éxito; que la crítica se rindiera a sus pies de igual forma que lo hizo el público; que llegara a estar nominada en los Oscars… Pero hablamos de un director que poseía un ego descomunal y que era capaz de llevar al límite a sus actores con tal de que una escena se mostrase en pantalla como él la veía en su mente. Baste como ejemplo la batalla final: escena bellísima y épica, clímax del filme, que no alcanza las tres horas y media de duración por unos minutos, en la que los samuráis defienden la ciudad bajo un tremendo aguacero. Escena que debería haberse rodado en verano pero que entre parones y retrasos, algunos de ellos propiciados por el desmesurado incremento de los costes, tuvo que filmarse en invierno, con el resultado de que algunos actores, después de que Kurosawa gritara ¡corten!, apenas podían moverse debido a estar totalmente ateridos de frío.

A pesar de esa media sonrisa tímida y de poseer un rostro de buenazo, no es de extrañar que algunos lo consideraran un megalómano obsesivo incapaz de aceptar el fracaso, un tipo que huía de las malas críticas (nos ha jodido ¿y quién no?) porque era incapaz de soportar la más mínima, algo que en su momento lo llevaría a intentar suicidarse. Por ello su esfuerzo infectaba a los que le rodeaban, llevándoles a entregarse en cuerpo y alma; aunque fuera en contra de su voluntad. Si el filme trataba sobre samuráis, y teniendo en cuenta que Kurosawa venía de una estirpe de estos guerreros que moraron en la época feudal de Japón, para él era un deber que el resultado fuera de sobresaliente. Así pues, sí, seguro que Akira Kurosawa sabía que Los siete samuráis sería un éxito, pues había puesto todo su empeño en que su tarea no solo llegara a buen puerto, sino que cuando lo hiciera no pasara desapercibida.

De igual forma pasa con el manga que nos ocupa hoy: Samurái 7 no pasa desapercibido.

Samurái 7, de Akira Kurosawa y Mizutaka Suho, nos cuenta a grandes rasgos la misma historia que el filme ya narró en la década de los cincuenta. Los habitantes de un pequeño pueblo, que periódicamente son atacados por una banda de villanos que expolia todos sus bienes y cosechas, envían una partida en busca de ayuda. La guerra ha acabado y, donde antes habitaban samuráis que servían con honor a su señor, ahora solo hay ronin que venden su espada al mejor postor. Por lo cual, guerreros no sobran. El problema es que los aldeanos, debido a los sucesivos saqueos, no tienen dinero con el que contratar a esos guerreros vagabundos. Tras intentarlo con algunos, ofreciendo solo comida y poco más, y tras recibir solo negativas, burlas y algún que otro insulto, aparece en sus vidas Katsuhiro. El joven muchacho, un samurái que oculta algunos secretos tras su apariencia de guerrero errante, se apiada de ellos y se encarga de reclutar a seis samuráis más; pues parece ser que con siete samuráis bien entrenados serían capaces de defender la pequeña aldea.

Como he mencionado anteriormente, este manga narra a grandes rasgos lo que ya hizo la película de Kurosawa; pero tiene sus diferencias. Y ciertamente son muy notables. La más significativa se pone de manifiesto en cuanto ves que por entre las páginas de este manga aparecen mechas, robots de toda clase, naves espaciales, ciborgs y construcciones de acero que nada tienen que ver con la época de Oda Nobunaga. Con todo, algo de esa época sí que hallaremos entre las páginas de este manga, pues este mundo futurista (retrofuturista más bien) repleto de contrastes, se mezcla con los vestuarios y las viviendas tradicionales que se podían encontrar en el Japón del siglo XVI. Por este motivo, algunos de los samuráis protagonistas de este shonen de ciencia ficción, a pesar de vestir ropajes tradicionales, portan espadas que son mitad katana y mitad arma de destrucción masiva. Elemento imprescindible cuando hay que enfrentarse a los Raiden: gigantescos robots manejados por humanos.

A pesar de estas marcadas y extravagantes diferencias, este primer volumen publicado por Panini Cómics traslada a las viñetas, con una fidelidad algo desvaída pero con admiración, la historia ya narrada en Los siete samuráis. Y lo hace gracias al idóneo dibujo de un desconocido Mizutaka Suho, que sobretodo sobresale en las excelentes escenas de acción.

En definitiva, este primer volumen de Samurái 7, a pesar de poseer un envoltorio que difiere bastante de la obra maestra de Akira Kurosawa, sigue manteniendo una chispa de ese espíritu que fluye hasta el espectador cada vez que los siete valientes guerreros empuñan sus armas.

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Los pequeños hombres libres, de Terry Pratchett

los pequeños hombres libres

los pequeños hombres libresTerry Pratchett solo había uno.

No son pocas las veces que han caído en mis manos libros que narran historias con alto contenido en humor. Tampoco son pocas las veces que en la faja que acompaña al libro, o en cualquier otro sitio que sea visible desde dos kilómetros de distancia, hay un comentario en el que, posiblemente un amigo del autor, compara el estilo de éste con el que elaboraba Terry Pratchett. Tras unas pocas páginas leídas descubres que sí, hay humor, pero que la narración ni de lejos se acerca a la elegancia natural con la que Pratchett hacía fluir las vidas de sus personajes para que éstos, a su vez, elaboraran sus propias historias. El humor, al final, era un invitado inherente a esas historias; una función vital en la biodiversidad que habitaba el Mundodisco, no un añadido artificial.

Terry Pratchett era inimitable.

Y esto solo significa que los que disfrutábamos con sus libros, tras su muerte en 2015, nos hemos quedado un poco huérfanos. Por suerte tenemos muchísimos libros para leer y releer, para volver a disfrutar, para reír, para emocionarnos, e, incluso, para sorprendernos. Sorprendente, sí. Ese es el adjetivo para calificar el libro que nos ocupa hoy. Yo que he leído algo más de la mitad de la obra de Terry Pratchett (de una forma tan desordenada que hasta la habitación de un adolescente gozaría de cierta estructura organizativa), yo que ya creía que el caballero del sombrero negro no podría cogerme con la guardia baja… Entonces va y cae en mis manos Los pequeños hombres libres para sacarme de mi error.

Los pequeños hombres libres, publicado por Debolsillo, es el primer libro del arco argumental protagonizado por Tiffany Dolorido. Tiffany es una muchachita de nueve años que vive en La Caliza, un lugar al que podríamos describir como la versión fantástica de aquellos bellos Alpes, repletos de prados en flor, ovejas pastando y de montañas escarpadas que Johanna Spyri nos mostró en Heidi. Tiffany vive una vida apacible con su familia: ordeña ovejas, evita que Bolsa de Ratas, su gato, cace pajaritos, elabora quesos y sale a pasear con su hermano pequeño Wentworth. Y entonces su hermano es secuestrado. Y parece que el acto ha sido perpetrado por un ser mágico, alguien que vive en un país que resulta ser el reflejo distorsionado de la realidad. A la misma velocidad que Tiffany halla una aventura y un enemigo, también se topa con unos extraños aliados: los Nac Mac Feegle. Las alianzas se producen. La magia se sucede. La aventura está servida.

Pero antes de que Tiffany se embarque en la aventura, vosotros, como lectores, asistiréis a la forja de una amistad con momentos delirantemente absurdos. Y todos vienen dados por esos pequeños seres que podrían ser el cruce definitivo entre un pitufo y un escocés. Vale, no sé qué está imaginando vuestra mente calenturienta, pero ya podéis parar. Su forma de hablar ya logrará que esbocéis una sonrisa (gracias Pilar Ramírez Tello, pues traducir a Pratchett debe ser un infierno). Continuemos… porque aunque Los pequeños hombres libres comienza con mucho cachondeo y con sucesos que bien podrían estar directamente extraídos de unos dibujos animados, poco a poco el hilo narrativo toma un cariz más “serio” y en algunos tramos muy lúgubre; en especial cuando la protagonista, en contra de su voluntad, acaba atrapada en el interior de una pesadilla por obra de un somníbulo: un ser de morfología sobrecogedora que os erizará el vello del cogote además de haceros preguntar hasta dónde habría llegado Terry Pratchett si hubiera decidido escribir novelas de terror. De todas formas, no temáis, pues toda esa oscuridad, toda esa sensación espeluznante que acompaña al lector en algunos tramos, se va mezclando con trazos de humor que rebajan la tensión o con los recuerdos de Tiffany, que no son más que breves historias, que moran en un pasado cercano, cargadas de emotividad y nostalgia.

Y si la aventura ya es excepcional, su protagonista es fascinante. De carácter fuerte pero compasiva. Autosuficiente y madura, pero con los miedos e inseguridades de alguien de su edad. Dispuesta a aprender de sus tropiezos pero no a que le tomen el pelo. En definitiva: Tiffany Dolorido es un personaje sumamente humano, de esos que no se olvidan con facilidad.

Los pequeños hombres libres es una novela de fantasía en la que Terry Pratchett hace malabarismos con los sentimientos del lector, éste puede pasar de sentirse conmovido a encontrarse con una gran sonrisa en el rostro en unas pocas páginas, y todo ello mientras descubre que las lecciones más importantes son las que te enseña la propia vida.

“Y las cosas no dejaban de ser mágicas solo porque descubrieras cómo se hacían.”

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