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Primavera azul, de Taiyo Matsumoto

primavera azul

primavera azulLa maldita adolescencia: ese momento de locura transitoria en el que las personas se convierten en una inestable bomba de relojería. Personalidades volátiles y cambiantes que estallan por una mirada inoportuna, una palabra malinterpretada o una situación que, a priori, no vaticinaba un desenlace de cariz violento. ¿Qué pasa contigo? ¿Qué coño miras? Si quieres pelea la tendrás. Parece una buena idea reunir a todos estos muchachos y muchachas, que intentan tomar el control de un cuerpo que parece ir a la deriva, en un mismo lugar. Añadámosles, en algunos casos, marginalidad, drogas y la falsa creencia de ser eternos. No existen peligros, la inmortalidad les ampara. Morir es solo de viejos. Sí, parece una buena idea concentrarlos en un único edificio que les infunda la engañosa sensación de perder su libertad. El instituto: un polvorín atestado de seres frágiles y cargados de inseguridades que solo buscan subsistir. De este tipo son los personajes y las situaciones que vamos a encontrar en Primavera azul, la última obra del mangaka Taiyo Matsumoto publicada por ECC.

Primavera azul de Taiyo Matsumoto es una recopilación de siete historias que nos mostrarán el lado más extremo de lo que significa ser adolescente. Extremo porque el autor añade elementos como las drogas, la violencia a través de las armas o el más hondo desprecio por la vida; la de los demás y la propia. De hecho, las primeras cuatro páginas del manga ya son toda una declaración de intenciones de lo que nos vamos a encontrar a continuación. Cuatro páginas de color ocre que muestran a jóvenes divirtiéndose, comiendo, peleándose e incluso suicidándose. Jóvenes con el rostro marcado por el sufrimiento y con la mirada perdida que, aun rodeados por una multitud, se sienten solos e incomprendidos.

Si eres feliz y ya lo sabes, bate palmas es la primera de las historias que encontraremos en Primavera azul. Un comienzo por todo lo alto; en varios sentidos. Un relato sobre muchachos que se ven en la obligación de mantener su estatus en el instituto mediante un juego arriesgado que pondrá sus vidas en peligro. Igualmente ocurre en Revólver, un relato contado en tres actos en el que el autor introduce una variante: un arma de fuego que puede cambiar la vida de sus dueños. En Verano de mahjong un grupo de jóvenes deportistas se enfrentan al estrés que tienen que soportar ante la posibilidad de acceder a la final de un torneo de baseball. Muchachos que intentarán rebajar dicha tensión jugando al mahjong y descubriendo que se juegan en esos partidos más de lo que creen.

Y así hasta siete historias: truculentas y extrañas, como la de Paz; divertidas, distendidas y que muestran lo que significa la amistad a esas edades (como en ¡Los restaurantes familiares son nuestros paraísos!) o amar hasta la últimas consecuencias (véase ¡Esto no está bien!); o agradablemente reveladoras, como la de Señor Suzuki, en la que asistiremos a los primeros pasos juntos del yakuza conocido como “El ratón” y su joven pupilo Kimura, tiempo antes de que se cruzaran con Blanco y Negro, los niños protagonistas del manga Tekkon Kinkreet; la magnum opus del autor.

Fue dicha obra la que nos enseñó que Taiyo Matsumoto era un mangaka que se salía de lo normal. Rompía sobre todo las normas narrativas visuales llevándolas al extremo, y pasaba olímpicamente de proporciones y de dibujos de aburrida perfección. Es por ello que algunas de sus viñetas acercan al lector a un insólito, diría que onírico, mundo visto a través de una lente ojo de pez o, en otras ocasiones, de un exagerado gran angular. No importa si está narrándonos un partido de ping pong, una historia de samuráis o las desventuras de un grupo de muchachos huérfanos, pues entre las páginas de sus mangas encontraremos picados, contrapicados, primerísimos planos, perspectivas imposibles y un diseño de personajes y escenarios que se alejan totalmente del estilo kawaii del que tan acostumbrados estamos en el cómic japonés. Es, sin ningún género de dudas, un tipo de dibujo chocante, de surrealismo explosivo, que goza de una gran fortaleza descriptiva debida a su trazo inquieto y, en ocasiones, sobrecargado. Un tipo de dibujo que, afortunadamente, en Primavera azul volvemos a encontrar.

Primavera azul de Taiyo Matsumoto es un seinen de corte dramático que muestra sin tapujos y de forma realista situaciones desgarradoras y violentas en las que también hay cabida para el amor y la amistad. A esto hay que añadirle la lucidez que revela el autor a la hora de hacer un profundo y laborioso retrato sobre la psicología de unos personajes hastiados de la vida y que buscan la libertad en los lugares o de las formas más insospechadas.

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Trail Run: Una guía desenfadada para salir corriendo, de Lisa Jhung

trail run una guía desenfadada para salir corriendo

trail run una guía desenfadada para salir corriendoCuando empecé a correr lo hice por asfalto y acera. Es decir: por ciudad. Era innegable que correr por ciudad tenía ciertas ventajas: como acceder a fuentes para refrescarte, las luces que en invierno a media tarde iluminan la senda que fuera de la urbe estaba bastante lóbrega, baños a disposición de las vejigas más nerviosas y si te daba una pájara los servicios sanitarios podían atenderte antes y mejor. Pero entonces fueron apareciendo las desventajas: un poco de polución por aquí, unos coches que no respetan un paso cebra por allá, calles muy concurridas, la desafortunada concatenación de semáforos en rojo, ruido desagradable y extremo. ¿Cómo carajo iba a relajarme así? En fin, que me deprimí y casi lo dejo. Pero entonces, suertudo de mí, descubrí que vivía a solo cinco minutos (corriendo) del bosque; con su río, su tranquilidad, los cantos de los pájaros, los caminos de tierra y las aventuras épicas. Como esa vez que, junto a un compañero de andanzas, nos pilló una tremenda tormenta bastante lejos de cualquier núcleo urbano. Así que corrimos por zonas embarradas, por lugares que se inundaron en un santiamén, bajo un aguacero que nos empapó hasta el tuétano y que trajo la noche antes de lo debido. O como esa otra vez que tras un recodo del camino me topé con un enorme jabalí. Una cosa era cruzarse con patos, faisanes, perdices, cabras, caballos con su jinete, musarañas, ratones, liebres, ranas… pero, ¡un jabalí! Ambos dimos un bote y, mientras él huía montaña arriba, yo corrí como alma que lleva el diablo batiendo todas las marcas habidas y por haber. O esa vez que calculé mal el agua que debía llevar y llegué a casa muerto de sed y tambaleándome, como si hubiera cruzado el desierto de Mojave a la hora de la siesta.

Calor, frío, polvo, sed, sudor, lluvia, animales salvajes, subir montañas, cruzar ríos, picadas de mosquitos (o tragártelos), plantas urticantes… Al final, la experiencia unida al sentido común te ayudan a afrontar todo lo que te encuentras por el camino, pero al principio, en algún momento (y a pesar de que he disfrutado de todas esas caídas que me han hecho levantarme con más fuerza; metafóricamente hablando) no hubiera despreciado algunos consejos. Por simples que fueran. Unas sencillas directrices que hubieran marcado mis primeros pasos. Consejos e instrucciones como los proporcionados en Trail Run: una guía desenfadada para salir corriendo.

Trail Run: una guía desenfadada para salir corriendo de Lisa Jhung y editada por geoPlaneta, es un libro pequeñito, de los que caben en el bolsillo trasero; aun así, a lo largo de sus 260 páginas da jugosa información para salir a correr por esas rutas que gozan de tierra, piedras o barro pero nada de asfalto. La autora es una experta corredora que cuando no lleva las zapatillas calzadas para correr lo hace para aventurarse en lugares inhóspitos, si a esto le añadimos que es una reportera freelance que ha colaborado con algunas revistas como Runner’s World o Trail Runner no es de extrañar que más pronto que tarde acabara escribiendo un libro de estas características.

Trail Run es una guía que está estructura en doce capítulos. En los primeros se nos mostrarán cosas tan básicas como los diferentes tipos de trail y qué tipo de atuendo podemos portar para hacer que nuestra salida resulte más cómoda. Algo imprescindible si eres un iniciado en este deporte. Luego, poco a poco entra en materias más avanzadas: alimentación, la potabilización del agua o cómo actuar ante animales salvajes. Incluso toca temas que tienen que ver con salud e higiene (aquí entran la caca, el pipí y los pedos además de otros fluidos corporales que resultan muy molestos mientras corres). En los últimos temas Lisa Jhung nos muestra ejercicios para fortalecer pies, tobillos, glúteos, core y espalda, además de técnicas de pisada o braceo, algo esencial para afrontar una carrera con éxito. Todo ello aderezado con consejos o recomendaciones de expertos en rescates de montaña, en medicina, en animales salvajes o en nutrición deportiva. Añadir también, y agradecer, la adaptación que la editorial Planeta ha realizado en la versión española. Añadiendo animales autóctonos como el lince, el oso pardo, culebras variadas o el jabalí, así como trail urbanos que podemos encontrar en Barcelona o Madrid en el tema Adónde ir.

En Trail Run: una guía desenfadada para salir corriendo no vais a encontrar nada que rebuscando por internet podríais hallar en diferentes páginas web especializadas. Pero lo interesante de la guía es lo estructurado que está todo y el tono afable, muy divertido en ocasiones, que utiliza la autora, sin que por ello pierda ni un ápice de interés o profesionalidad en sus exposiciones. Si a esto le añadimos los estupendos y descriptivos dibujos (muy necesarios en el tema ejercicios) de Charlie Layton, la guía se convierte en un orientador muy útil e imprescindible para los que empiezan y en un recordatorio estupendo (con algunos trucos de gran provecho) para los que llevamos unos años en esto de tragar polvo.

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Un asunto sucio, de Marco Vichi

un asunto sucio

un asunto sucioExisten novelas en las que la historia, por su impacto emocional, por la aventura contada a un ritmo frenético, o de forma contenida para mantener el misterio, o por los giros argumentales que quitan el sueño, soporta todo el peso de la narración para captar el interés del lector y robarle las horas necesarias para que éste alcance el final de la obra. Misión cumplida. Otras, en cambio, ponen a tirar del carro a los personajes. Empáticos, rudos, interesantes, de vidas atormentadas, duros como la piedra, fríos como el hielo, cabronazos irresistibles o buenazos odiosos. Pueden tener una sola de la cualidades mencionadas, o por mencionar, para hacer al personaje atractivo; o varias para convertirlo en alguien a quién querrías conocer o incluso adoptar. Sí, claro, luego están esas novelas con infinidad de aristas y sinuosidades en las que se conjugan ambas cosas. Si queréis saber de qué tipo es Un asunto sucio de Marco Vichi tendréis que acompañarme un ratito.

Un asunto sucio es la segunda novela protagonizada por el comisario Bordelli, de las seis que por el momento componen la colección, además de algunas historias cortas y hasta un cómic. No, no es necesario haber leído la primera para lanzarse con este caso del comisario, pero si lo habéis hecho, en vez de conocer a un nuevo personaje de ficción os estaréis reencontrando con un viejo y huraño amigo.

En la novela Un asunto sucio de Marco Vichi, publicada por Duomo, el comisario Bordelli abandona su lugar de trabajo cuando su amigo Casimirio entra como una exhalación en la comisaria alertando a los allí presentes de que ha descubierto el cadáver de un hombre. Cuando llegan al lugar de los hechos éste ha desaparecido sin dejar ni rastro. ¿Está Casimiro mintiendo? ¿Está loco? Parece poco probable, así que Bordelli decide investigar el caso. Por si esto fuera poco, una niña aparece asesinada con las marcas de una mordedura humana en el vientre. A los pocos días le sigue otra niña. ¿Un asesino en serie ronda por Florencia? Bordelli ahora tiene dos casos, y a cual más peliagudo. Dos casos que le quitarán el sueño y le obligarán a desgastar las suelas de sus zapatos pateándose la calles junto a su joven compañero Piras para arrancar alguna pista. Y mientras Bordelli recorre las calles de una Florencia de los años 60, nosotros, lectores, fisgones y, sí, quizá también un poco voyeurs, seguiremos sus pasos para ser testigos de un Bordelli implacable con los malos, que fuma como un carretero, que pasa las noches en vela cuando tiene un caso complicado entre manos y que se codea con gente de baja estofa pero de honesta condición.

Un asunto sucio es una novela que discurre entre recuerdos (ya sean amargos o nublados por la nostalgia), entre las luces y las sombras de una ciudad mediterránea como es Florencia y entre las historias de personajes secundarios que gozan de gran calado emocional; personajes cargados de defectos, que han madurado a base de los golpes que les ha dado la vida y que cargan con un bagaje de vivencias que los hace tan sumamente humanos como verosímiles. Personajes como Casimiro: el enano dicharachero que vive casi en la indigencia. O como Rosa: prostituta retirada que mantiene una relación afectuosa con Bordelli y que consigue aplacar sus demonios. Totó y Botta son otros dos de esos secundarios que redondean la amalgama de caracteres humanos. El primero es cocinero en la trattoria Da Cesare. Sus platos, aunque impresos en tinta y cocinados en la imaginación del autor y la vuestra, consiguen que Bordelli no sea el único en chuparse los dedos. Preparaos para que vuestro estómago ruja con los espaguetis con mejillones, el conejo en salsa o los filetes del Botta. ¡Deliciosa la receta del Botta! Y eso que el Botta en cambio es un delincuente (sumamente íntegro eso sí), pero se le da también de maravilla trastear entre los fogones debido, irónicamente, a su vida de delincuencia.

Un asunto sucio es sin duda una novela negra en la que priman los personajes, sus historias y la forma en como éstas, en ocasiones, se entrelazan con el caso principal. Y mientras el caso avanza, lento pero sin pausa, sin inesperados giros argumentales, con entusiasmo contenido, asistimos a los recuerdos de Bordelli. Esos que tienen que ver con La Segunda Guerra Mundial, con la Italia ocupada por los nazis y con el papel que él desempeñó, y que, en algunos tramos, resulta mucho más interesante que la trama principal.

Un asunto sucio es una novela negra de aire costumbrista con un caso mil veces visto, pero no por ello menos interesante. Con todo, la novela basa toda su fuerza de atracción en unos personajes que a priori parecen personas corrientes, y que en cierto modo, a pesar de sus matices, lo son, dando así gran verosimilitud a una historia que se mueve entre nazis, entre las rencillas, sembradas por la guerra, que una Florencia (magníficamente descrita) de los años 60 intenta deshacerse, y entre platos típicos de la cocina Florentina acompañados de vino, coñac y mucho tabaco.

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El guerrero a la sombra del cerezo, de David B. Gil

el guerrero a la sombra del cerezo

el guerrero a la sombra del cerezoJusticia. Valor. Benevolencia. Cortesía. Honestidad. Honor. Lealtad.

Siete virtudes y un único camino: el del guerrero.

El bushido.

Era éste un camino arduo, de origen desconocido, y de principios morales no escritos que moldeaban la vida del guerrero. Máximas grabadas a fuego en el alma, el corazón y la mente de los caballeros del Japón antiguo. Un código moral que albergó y acomodó ideas y conceptos de diferentes fuentes, tanto religiosas como filosóficas. Del budismo tomó la serenidad de afrontar de forma sumisa lo inevitable. La sosegada contemplación por alcanzar la perfección provino del Zen. El compromiso inquebrantable de deberse a una vida de equidad, sencillez y lealtad hacia el soberano además de un amor devoto, no solo para con su patria, sino hacia todos los seres vivos, fue tomado del Sintoísmo. El Confucianismo marcó los preceptos éticos y políticos, además de una profunda veneración por los antepasados.

A estos preceptos comprometían toda su existencia los samuráis; una forma de vida, que además era una seña de identidad de su casta, que acogían con serenidad y complacencia. La lealtad y el honor eran pilares maestros que regían, y sobre los que se apuntalaba, el techado de moralidad del samurái. Si éste cometía deshonra, solo la muerte mediante suicidio ritual podía deshacer el agravio. Pero, ¿y si el agraviado era él? ¿Y si la vileza de un enemigo inhumano aniquilaba una vida de fidelidad? ¿Y si todo lo que amaba le era arrebatado? ¿No sería justo tomar represalias? La venganza en ocasiones también formaba parte del camino.

De ese tipo de venganza, pero también de redención, nos habla David B. Gil en su novela El guerrero a la sombra de cerezo editada por Suma de letras. La novela, de género histórico, pero repleta de aventuras (de las clásicas, de las que dejan marca; cicatriz de por vida), nos traslada a uno de los períodos más convulsos del Japón antiguo. Un Japón que dejaba atrás una guerra civil que lo había desangrado durante cientos de años. El Período Sengoku y sus violentas guerras intestinas parecían ir quedando atrás. Con todo, El Período Edo, con su nuevo gobierno, vivía una calma tensa. No eran pocos los señores feudales que aún movían ficha para conseguir más poder. Aunque ello significara aniquilar un clan.

Seizo Ikeda, hijo pequeño de un señor feudal, es el superviviente de una de esas aniquilaciones, y junto a su vasallo Kenzaburo Arima deberán huir y esconderse. Desterrados, y siempre mirando por encima del hombro a la espera de un nuevo ataque, subvertirán las normas que rigen las clases sociales por el bien común. El servidor se convertirá en maestro. El señor en alumno. Entre ambos gestarán el principio de una dilatada venganza repleta de enseñanzas vitales.

Por otro lado, seguiremos los pasos de Ekei Inafune, un médico algo peculiar y muy abierto de mente que aprendió, de unos jesuitas venidos de occidente, técnicas curativas que levantan no pocas suspicacias entre todos aquellos que solo confían en la medicina tradicional del país. No será este el mayor de sus problemas cuando se vea envuelto en un complot que podría traer de nuevo la guerra entre clanes.

A través de los ojos de estos personajes, y como si pudiéramos no solo desplazarnos en el espacio sino también en el tiempo, exploraremos el Japón de los señores feudales, de los samuráis, de los asesinos que se ocultaban en las sombras y de las concubinas que de amar hacían casi una experiencia extrasensorial. David B. Gil, mediante una prosa sosegada que fluye como la caída de una flor de cerezo, precisa y equilibrada como una katana bien forjada y con la cadencia y profundidad musical de un haiku, nos hace partícipes del rumbo que toma la vida de los diferentes e inolvidables personajes de esta novela. Vidas que son historias, historias que son aventuras que el autor entrelaza, que las hace deambular en paralelo y que solo ata (tras algunos ingeniosos giros argumentales), para gran sorpresa del lector, cuando él cree preciso.

El guerrero a la sombra del cerezo resulta una excelente novela de ficción histórica en la que el autor nos habla de momentos cruciales en las crónicas de un país, de los artesanos de la época, de religión y creencias, de gastronomía, de la medicina que buscaba evolucionar y de las políticas de entonces. Seremos además testigos de ceremonias milenarias como la del té y comprenderemos lo que verdaderamente significaba ser un samurái. Y todo ello explicado con rigor histórico e incluido en la narración de forma precisa, para que nos empapemos de cultura y folclore mientras nos deleitamos con los sucesos que acaecen en la vida del médico, del maestro y del alumno que es instruido. Y a medida que leemos, las aventuras se van sucediendo, las relaciones se van forjando, e inevitablemente, los lectores también quedamos involucrados (gustosamente atrapados, ¡claro que sí!).

Pero El guerrero a la sombra del cerezo también es una historia de marcados contrastes. La venganza que buscan Seizo y Kenzaburo. La redención que Inafune, tipo con muchos secretos, anhela encontrar. La naturaleza indómita de floreada tonalidad y de tersa fragancia. Las ciudades en las que los bajos fondos apestan a sake, sexo y traición. Suntuosos castillos de señores feudales. Pobreza en cada esquina. Muerte mediante katana. Sanación mediante bálsamos. Contrastes que David B. Gil retrata de forma solemne, creando un mundo tangible, tan bucólico y bello como implacable y cruel. Un mundo magnético al que quedaréis enganchados.

El guerrero a la sombra del cerezo es una novela en la que la historia está al servicio de la aventura. Un imprescindible para todo aquel que disfrute con una historia épica. Además goza de unos personajes memorables (como hacía tiempo que no encontraba en un libro), a los cuales veremos envejecer, sufrir, amar, sangrar, llorar… y que tras la última página, una vez alcancemos el final del camino, sentiremos como si nos despidiéramos de nuestros mejores amigos.

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Flash: Nacido para correr, de Mark Waid

Flash nacido para correr

Flash nacido para correrTodos queremos ser Batman. Playboy por el día, caballero oscuro cuando cae la noche. El superhéroe más sagaz de La Liga de la Justicia de América. Cuando todo quisqui todavía anda atascado en qué ha pasado, él ya tiene respuestas para el quién, el dónde, el cuándo y el porqué. Además, y debido a su fortuna, posee una Batcueva repleta de chismes de alta tecnología y unos vehículos de infarto.

Sí, todos queremos ser Batman. O en su defecto, Superman. Ese kryptoniano súper poderoso que abraza un dogma similar al de los boy scouts. Dechado de virtudes como el de la bondad extrema o la fidelidad perruna por su mundo de acogida. Emblema viviente de América. Como la Coca Cola pero capaz de volar y de otras maravillas que el brebaje chispeante jamás podrá llegar a ofrecer.

Wonder Woman, también queremos ser ella. ¿Y quién no quiere ser una amazona con los poderes de una diosa? ¿Quién no quiere ser un símbolo inmortal del feminismo?

Vale, sí, muy bien. Todos queremos ser Batman, Superman o Wonder Woman, pero entonces el Multiverso empieza a irse a la mierda (véase Crisis en Tierras Infinitas o El Multiverso) y ninguno de esos tres es capaz de solucionar el contratiempo. ¡Suerte que tenemos a Flash! El hombre más rápido del mundo. El superhéroe capaz de dar varias vueltas a la Tierra en lo que tu tardas en realizar un pestañeo (en ocasiones a tal velocidad que es capaz de adelantarse a sí mismo), de hacer vibrar su estructura molecular para atravesar paredes y de otras proezas que ponen patas arriba las leyes físicas conocidas.

Ahora que ya tengo tu atención ya podemos conocer un poco mejor a Jay Garrick, a Barry Allen y en especial a Wally West en el tomo editado por ECC titulado Flash: Nacido para correr.

Aunque el cómic que hoy nos ocupa está casi enteramente protagonizado por Wally West, en la primera de las tramas, un especial publicado en 1990 conmemorando el 50 aniversario del personaje, asistiremos a una aventura de 80 páginas en la que tanto Jay Garrick como Barry Allen asomarán la cabeza. Una historia de viajes en el tiempo y con un enemigo en común, en el que los dibujantes emulan el tipo de dibujo que hizo famoso a cada Flash en su correspondiente época. El colofón llega con unas páginas en las que se nos explican las diferencias y similitudes entre los tres velocistas; no solo en lo que respecta a poderes, sino también en lo que a repertorio de enemigos se refiere o la forma en la que resguardan sus respectivas identidades secretas. Y esto es solo el principio: una apertura por todo lo alto, con fuegos de artificio y confeti en dónde Mark Waid, el guionista que escribe la mayoría de las aventuras de este tomo, comparte tareas con otros como Gerard Jones o con el legendario dibujante Carmine Infantino. ¿Os suena el mítico cómic El Flash de dos mundos? Sí, ese Carmine Infantino. Y esto, como decía, no ha hecho más que empezar.

Pero, como he comentado antes, aquí el protagonista es Wally West, y eso lo descubriremos en Flash Año Uno: Nacido para correr. En esta historieta, que originariamente se publicó en el año 1992, asistiremos al origen del que recogería el testigo de Barry Allen. El poderoso triunvirato Waid-LaRocque-Marzán nos deja un relato que engancha desde la viñeta uno y emociona hasta esa en la que una foto de Iris West y Wally West cierra una aventura redonda. Y es que Mark Waid, hablando a través del protagonista en una íntima primera persona, destapa todos sus sentimientos y los muestra al lector, consiguiendo además desnudar el lado más humano e indefenso del velocista escarlata. Asimismo, logra dotar de una agilidad extrema a una narración tan fresca como cinematográfica, consiguiendo que conjugue a la perfección con esas imágenes que nos brinda LaRocque (atentos al momento bomba explotando a cámara lenta). La guinda la pone el entintador José Marzán Jr. convirtiendo el traje de Flash, (en algunas ocasiones, y dependiendo también del colorista) en una segunda piel que parece mostrar tendones y músculos en diferentes tonalidades carmesí.

El inteligentísimo Gorilla Grodd, el tecno-mago Abra Kadabra o el inestable Doctor Alquimia son algunos de los villanos a los que Wally West deberá hacer frente a lo largo de este tomo. Mientras que con algunos se enfrentará con la única ayuda de su súper velocidad, con otros contará con la colaboración del propio Barry Allen, Aquaman o Green Lantern. Éste último luchará a su lado en una aventura de cuatro números titulada La guerra gorila. Un crossover, tan grato como intenso, que irá alternando los puntos de vista del relámpago humano con los del poseedor del anillo de poder, para mostrarnos diferentes ángulos de un mismo acontecimiento. A ellos se les unirán, poniendo una simpatiquísima nota de humor, algunos de los integrantes de La Oficina de Animales Evolucionados: Rex, el perro maravilla, que os sacará una sonrisa, y Bobo, jefe de todo el tinglado y que resulta ser un chimpancé tan desvergonzado como profesional y que os arrancará más de una carcajada. Una situación delirante que dejará a Green Lantern haciéndose cruces. “¿Tú jefe es un… chimpancé? ¿Y el de quién no, ya puestos?”.

Flash: Nacido para correr no solo resulta un cómic perfecto para iniciarse en los entresijos del hombre más rápido del mundo, sino que además es una sublime muestra de narración dinámica, la cual, en algunos puntos alcanza niveles electrizantes.

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Superlópez: El Supergrupo contra el Papa cósmico, de Jan y Efepé

superlopez el supergrupo contra el papa cosmico

superlopez el supergrupo contra el papa cosmicoAún me duele en lo más profundo de mi alma, como unas manos con afiladas garras que desde mi interior intentan abrirse paso a través de mi pecho, cada vez que pienso en lo que pasó en aquella mudanza. Un malentendido hizo que todos mis tebeos de Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Zipi y Zape y Superlópez, que había atesorado a lo largo de mi infancia, acabaran en el contenedor de la basura. Todos esos grandes momentos repletos de aventuras, risas y la más pura y sana distracción… todos mis amigos de celulosa y tinta acabaron perdidos; pero no olvidados.

De todos los mencionados fue Superlópez, parido por Juan López Fernández (más conocido como Jan) y amamantado en incontables ocasiones por el guionista Franciso Peréz Navarro (el cual acostumbra a firmar como Efepé) el que me arrancó las carcajadas más vibrantes y el que me condujo a las situaciones más disparatadas a través de historias organizadas y narradas de una forma que tenían más de cómic de humor franco belga que de español. Y sí, claro que sí, también tenían su puntito épico, como todo buen cómic de superhéroes americano, a pesar incluso de ese traje dos tallas más grande que el protagonista vestía y el mostacho tupido que no era sino el rasgo distintivo de todo buen macho ibérico; rasgos inequívocos de una excelente parodia del Superman de Jerry Siegel y Joe Schuster.

Las aventuras de Superlópez, en el que se contaban los divertidísimos orígenes de éste, El Supergrupo, en el que se narraba la fundación de un grupo de superhéroes que nada tenía que envidiar a los de las editoriales Marvel o DC, y ¡Todos contra uno, uno contra todos!, tercer álbum de la serie repleto de batallitas a porrillo del Supergrupo, son los tres cómics, muy complicados de conseguir (¿para cuándo reedición?) y que deberíais tener sí o sí si sois fans del héroe que cuando viste camisa y pantalones se hace llamar Juan López Fernández, pero que en su extinto planeta se le conocía como Jo-Con-Él.

En Superlópez: El Supergrupo contra el Papa cósmico, Jan y Efepé vuelven a las andadas, una vez más, y para deleite de los fans, para traernos la última aventura del conjunto de héroes que recuperaron en 2013 con Otra vez el Supergrupo. En esta ocasión los superhéroes deberán recuperar su Superbase y expulsar a un extraterrestre que se les ha colado como ocupa argumentando que es el verdadero dueño del lugar. Si bien es cierto, ellos tampoco pueden demostrar que les pertenezca, ya que su anterior residente fue el villano llamado Chinito Mandarín y este no les dejó ningún documento para demostrarlo. ¡Qué desconsiderado! A esto hay que añadirle que la iglesia católica, ayudándose de estrategias poco honrosas, también pugna por hacerse con la propiedad, de la cual no piensan pagar ni un puto euro del IBI. ¡Toma ya! El embrollo está servido.

Superlópez: El Supergrupo contra el Papa cósmico, al igual que la mayoría de las aventuras del héroe patrio (sin contar los primeros álbumes), ya sea en solitario o acompañado, goza siempre de al menos dos lecturas. Una es la del cachondeo puro: chistes inofensivos y aptos para todos los públicos, burradas varias y gamberradas en cada viñeta, además de toneladas de mamporros al final. La otra, más profunda, es cuando descubres el tema de actualidad o social que los autores están tratando, así pues no es de extrañar que en muchas de sus historietas los verdaderos enemigos vistan traje y corbata, ocupen un escaño en el gobierno, trabajen en un banco o repartan mamporros, porra en mano, entre la gente más humilde.

Esta vez son las religiones y sus guerras absurdas por conseguir almas de desdichados inocentones o territorios ya ocupados, mientras enarbolan la bandera de “mi religión es la única y verdadera”, el tema sobre el que versa toda la narración. La lenta burocracia, que en ocasiones solo se pone en movimiento tras una ostensible “donación”, también recibe su parte. Así pues, con fina ironía y haciendo malabarismos para contar lo que han venido a contar pero sin ofender (o al menos no demasiado), los autores no solo retratan la realidad del radicalismo religioso (sobretodo el islámico pues es el que últimamente es más visible) sino también la polémica, que tan de actualidad está en España, sobre la iglesia católica, sus abusos de poder, sus posesiones y su exención a la hora de pagar impuestos.

Superlópez: El Supergrupo contra el Papa cósmico, publicado por Ediciones B, resulta una lectura amena, a pesar de ese inicio engorroso al cual le cuesta arrancar y que resulta un preludio demasiado largo para un álbum de cuarenta y ocho páginas. Con todo, una vez la historia se pone en marcha y mete primera, es Superlópez en estado puro: con esos enfrentamientos absurdos y descacharrantes entre los integrantes del Supergrupo, las críticas necesarias, y colmadas de humor incisivo, hacia los sectores más corruptos y podridos de la sociedad, y con una nueva e irrepetible aventura que resulta una grata lectura.

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Yokai Attack!, de Hiroko Yoda y Matt Alt

Yokai attack guía de supervivencia de los monstruos japoneses

Yokai attack guía de supervivencia de los monstruos japonesesEn el anime El verano de Coo uno de ellos despierta en el Japón moderno y, tras ser acogido por una familia de humanos, emprende una ardua búsqueda para encontrar más individuos de su especie. En El viaje de Chihiro, película dirigida por Hayao Miyazaki, la muchacha protagonista, cual Alicia en el país de las maravillas de Carroll pero en versión nipona, tras traspasar un túnel, descubrirá un mundo repleto de estos seres. Horripilantes, viscosos, etéreos, míticos, gigantescos o de innumerables formas y colores. Unos le prestarán su ayuda; otros serán un tormento. En la película de animación Pompoko, del director Isao Takahata, los protagonistas, con su forma animal, eran capaces de transformarse en humanos y confundir a la población con el objetivo de salvar su bosque. Planear por el aire, golpear, usarlos como escudo, además de otras maniobras de vital importancia para llevar a buen puerto su cometido que eran realizadas con la ayuda de sus enormes testículos. ¿Peculiar? Sí, pero también una de las habilidades ofensivas más acojonantes que puedes esperar si te enfrentas a estos bribonzuelos.

Mononoke, Inuyasha, Una carta para Momo o Yo-kai Watch son también mangas o animes que tienen como protagonistas a estas criaturas. Y esto solo rascando la capa más superficial. Si profundizara un poco más sacaría otro puñado, no solo películas, sino también libros, videojuegos o páginas web. Probablemente ya hace un rato que lo habéis deducido. Sí, hoy vamos a hablar de yokais: esos seres que pueblan el imaginario japonés desde hace siglos y que ante la aparición de uno el humano no sabe cómo reaccionar. Con Yokai Attack!: Guía de supervivencia de los monstruos japoneses, de la editorial Quaterni, vamos a ponerle remedio a eso.

Yokai Attack!: Guía de supervivencia de los monstruos japoneses es un libro escrito a cuatro manos por un matrimonio experto en cultura japonesa: Hiroko Yoda y Matt Alt. El libro, que con unas dimensiones de bolsillo (al estilo guía de viajes) se revela perfecto para llevar encima, deja clara su función de orientador en el mundo de los yokai desde la página en la que nos encontramos el mapa de Japón. Dicha página, además de señalar sobre el mapa dónde podríamos cruzarnos con estos seres, es la puerta de entrada, y a la par un gran recibimiento, al mundo mágico y misterioso al que nos aventuraremos.

Al igual que un libro de ciencias naturales ordena a los seres vivos en cinco reinos tomando como base sus similitudes o diferencias, Yokai Attack! lo hace con los monstruos en función de lo dañinos que pueden llegar a ser para el ser humano. Así pues, en la sección Demonios Atroces nos encontraremos con seres como los Umi-Bozu, que son capaces de mandar un barco a las profundidades del océano hecho un guiñapo, o el Karasu-tengu que con su forma mitad humanoide mitad ave arrebata la vida por placer. Al otro lado del espectro, y en el quinto y último grupo, se hallan los denominados Mequetrefes. Estas criaturas no te matarán, pero van a ser más molestas que un mosquito sediento de sangre en una noche calurosa. Es aquí cuando la guía se torna imprescindible, pues os vendrá de perlas para deshaceros de ellos y, en algunos casos, salir ilesos.

Pero Yokai Attack! no es solo un muestrario de bichos raros, es también un acercamiento terriblemente ameno a las leyendas y a la cultura de Japón. Pues aunque la mayoría de los yokai son la más retorcida representación de los miedos que turban la mente humana, otros no son más que un método para que conceptos como los obstáculos que nos pone la vida, la limpieza personal o el cuidado de la naturaleza se transformen en leyenda, calen hondo en la población y pasen de generación en generación. Por si esto fuera poco, el libro deja bien claro, con un puñado de historias que lo atestiguan, que aspectos tan importantes, y tradicionales, de la vida japonesa como la gastronomía y los yokai en ocasiones pueden ir de la mano.

Todas estas leyendas no son más que una pequeña porción del todo que compone el libro y que deja claro el gran trabajo de investigación que Hiroko Yoda y Matt Alt han llevado a cabo, recabando información no solo de páginas web o de más de una veintena de libros, sino también de la mismísima Biblioteca Nacional de Tokio. A ésta pertenecen las reproducciones de xilografías del siglo XVIII que acompañan al texto y que nos muestran a los yokai tal como se los imaginaban los habitantes del período Edo. A estos grabados hay que añadirles fotografías y las afables ilustraciones de Tatsuya Morimo; ilustraciones que a pesar de tener un marcado estilo que recuerda al manga clásico de los sesenta también atesoran la esencia de los grabados de época.

Yokai Attack!: Guía de supervivencia de los monstruos japoneses es un pequeño tesoro, un libro imprescindible que no deberían dejar escapar aquellos que muestren curiosidad por la parte más enigmática y siniestra de la cultura japonesa

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Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje, de Nick Jans

lobo negro historia de una amistad salvaje

lobo negro historia de una amistad salvajeCuenta una vieja leyenda que en una época no muy remota los indios de Norteamérica y los lobos acordaron una tregua. Decidieron no agredirse los unos a los otros por el bien de la comunidad. Con el tiempo este trato los llevaría a cooperar, cuidando no solo de la tierra que habitaban sino también de sus respectivas familias y en especial de los más pequeños. El compromiso de paz con el tiempo mudaría en una amistad entre especies. Desgraciadamente aquel pacto sagrado llegó a su fin cuando los primeros colonos europeos pusieron un pie en Norteamérica, y una bala en cada lobo. La amistad entre indios y lobos expiró por unos terceros que, aun siendo de la misma especie que los nativos de aquella tierra, nada tenían que ver con el acuerdo. Tras la separación, los indios tomaron asiento en las llanuras cercanas a los ríos y los lobos huyeron hacia los bosques, al abrigo de la espesura que les brindaba la naturaleza.

Sabemos que las leyendas no son más que cuentos ornamentados con magia y fantasía para disfrazar, y retorcer, lo que en su momento podría haber sido un hecho real. El germen que dio pie a la leyenda del pacto sagrado entre indios y lobos tal vez fuera un suceso similar al recogido por el libro que hoy nos ocupa; un hecho real, una biografía inverosímil y emotiva que bien podría convertirse en una estupenda leyenda. “Esta es una historia con luces y sombras, esperanza y tristeza, miedo y amor, y quizá una pizca de magia.”

Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje publicado por Errata Naturae, cuenta la asombrosa historia de un lobo negro en busca de la amistad. Un lobo que, contra natura, se acercó a los perros que eran paseados por los habitantes de Juneau (capital de Alaska) en busca de amigos con los que jugar pero que, por extensión, fue trabando amistad también con los humanos. Nick Jans, vecino de la ciudad, será la voz que nos llevará por las diferentes etapas que marcaron la vida de Romeo (nombre con el que sería bautizado el lobo). Aunque Nick Jans es el autor del libro (porque alguien tenía que contar esta historia) y principal testigo de todo lo que aconteció, su narración se construye con el andamiaje que le facilitaron las entrevistas de vecinos, amigos, turistas, artículos del periódico local y expertos en fauna, como biólogos o agentes del Departamento de Pesca y Caza de la zona que eran incapaces de dar con una respuesta satisfactoria al misterioso comportamiento de Romeo. “Al margen de dónde viniese el lobo negro, todos coincidíamos en algo: no había nada a la altura de ese espectáculo en todo el planeta.” El autor además utilizaría esta confraternización entre especies no solo para estudiar a uno de los animales más hermosos sobre la faz de la tierra, sino también como una forma de redimir su época de cazador con los Inuit.

Aunque el hilo conductor de la narración es el singular y hermosísimo lobo Romeo (disfrutad y quedad cautivados con las fotos que incluye el libro), Nick Jans aprovecha la coyuntura para explorar todas las facetas que rodean la vida salvaje de estos cánidos, consiguiendo al final realizar una exhaustiva y pulcra radiografía de tales animales. De esta manera, y siguiendo siempre la huellas del carismático Romeo (al cual, tras unas pocas páginas, veremos como a un amigo especial y peludo) el autor nos hablará de los hábitos alimenticios de los lobos, del apareamiento, de los lobeznos y las enseñanzas que estos reciben por parte de congéneres más experimentados y hasta de las habilidosas técnicas de caza que éstos emplean, mostrándonos además, y haciendo especial hincapié, en el importante lugar que los lobos ocupan en la cadena trófica.

Pero Lobo Negro no es solo una historia sobre una amistad fascinante entre especies que se fraguó a lo largo de los años, es también una oda a la naturaleza salvaje. Lugares de nívea blancura, laderas boscosas de verdor primaveral, lagos helados, titánicos glaciares y montañas escarpadas serán escenarios recurrentes que a lo largo de la novela os transportarán al mismísimo corazón de Alaska gracias a las descripciones que emplea el autor y que en ocasiones tienen cierto cariz poético.

Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje encantará a toda persona que cuando observa la naturaleza ve belleza y cuando mira a un animal ve algo sagrado. Sin embargo, no es a ellos a quienes voy a recomendar leer este libro, sino a todos esos que a la tortura y posterior muerte de un animal lo llaman con orgullo arte, o a aquellos que únicamente contemplan la vida animal a través de una mira telescópica antes de segarla. Tal vez leyendo Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje descubran que los animales son algo más que un trofeo que colgar en la pared de su particular salón de los horrores.

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Power Man y Puño de Hierro: Héroes de Alquiler, de VV. AA.

power man y puño de hierro héroes de alquiler

power man y puño de hierro héroes de alquilerHará cuestión de un mes que se estrenó el tráiler de The Defenders. La nueva serie de Marvel  reunirá a Daredevil, Jessica Jones, Iron Fist y Power Man; más conocido en el universo televisivo como Luke Cage. Las primeras sensaciones que me dejó tras su visionado fueron buenas. Pero cabe mencionar que, y esto es solo mi opinión personal, el carisma de Luke Cage parecía ganar enteros al aparecer arropado por sus nuevos compañeros de hazañas. El héroe de color que en sus andanzas en solitario había conseguido que no parara de bostezar y que incluso llegara a echar alguna que otra cabezadita, ahora lograba captar mi atención. Tal vez solo sea una ilusión de casi dos minutos y medio (aproximadamente lo que dura el tráiler) que se desvanecerá una vez empiece la serie. Espero que no. Este hecho me ha recordado que en la industria del cómic, en más de una ocasión, unir a superhéroes que por separado pasaban sin pena ni gloria era la solución para animar un poco a los lectores a rascarse el bolsillo, y de paso salvar a esos personajes que en algunos casos habrían caído en el olvido. Luke Cage y Danny Rand. Power Man y Puño de Hierro. Ellos fueron dos de esos personajes que al unirse generaron más repercusión que por separado. El transcurrir del tiempo convirtió sus aventuras en Power Man y Puño de Hierro: Héroes de Alquiler en una lectura a tener en cuenta.

Luke Cage era un delincuente de poca monta especialista en moverse por los bajos fondos de la ciudad; un tipo chungo que cuando entró en prisión lo hizo por un crimen que no había cometido. Allí fue utilizado como conejillo de indias para un experimento que, tras un error, le otorgó una fuerza sobrehumana y transformó su cuerpo en acero puro. Así nació Power Man. Un personaje negro, más chulo que un ocho, con un pelazo a lo afro que sería la envidia de cualquier afroamericano residente en Harlem y con una vestimenta hortera que parecía habérsela robado a los integrantes del grupo Boney M. Por otro lado tenemos a Daniel Rand que, tras la pérdida de sus padres en el Himalaya, fue adoptado por los monjes guerreros de la ciudad mística de K’un-Lun. Durante diez años se entrenó sin descanso hasta convertirse en el arma viviente, en Puño de Hierro. Ahora viste un traje que parece sacado de una peli de artes marciales de serie B y reparte justicia y venganza a partes iguales. Cuando Power Man y Puño de Hierro descubrieron que sus encuentros fortuitos se dilataban en el tiempo decidieron convertirse en emprendedores y fundar la agencia Héroes de Alquiler; convirtiéndose así en los primeros superhéroes que descubrían que el altruismo no pagaba las facturas, y en los primeros también en tener quebraderos de cabeza con el IVA y el IRPF.

Unir a Power Man y a Puño de Hierro es unir las películas de Blaxploitation (en donde el protagonista es un negro que se mueve por barrios de afroamericanos a ritmo de música funk o soul mientras reparte sopapos a diestro y siniestro entre los malos de turno) y las películas de artes marciales, en especial las de Bruce Lee. Buena mezcla, ¿eh? Si el cóctel es explosivo es gracias a la guionista  Mary Jo Duffy que consigue que la relación entre los dos personajes tenga sus tiras y aflojas. Recordemos que Luke Cage es un tipo pobre acostumbrado a los barrios humildes y que Daniel Rand es un niño rico algo inocentón que, sin maldad alguna, en ocasiones quiere solucionar problemas a golpe de talonario. Esta tensión se diluye con los momentos, muy bien medidos, de humor que consiguen que entre ellos se establezca un gran vínculo afectivo.

Y entre las risas y el mal rollo se encuentra el trabajo detectivesco. Porque en Héroes de Alquiler se dedican a eso, a patearse las calles para resolver casos de asesinatos, de robos, de secuestro, etcétera, hallando casi siempre involucrado a un supervillano que solo entrará en razón después de una buena tunda. Villanos como Dientes de Sable, el Monolito Viviente o Montenegro que en ocasiones les pondrán las cosas tan difíciles a nuestro dúo que deberán cooperar con los X-Men, Daredevil o La Hijas del Dragón, entre otros, para conseguir que muerdan el polvo.

Sin lugar a dudas Mary Jo Duffy hizo un trabajo excelente en esta etapa que Panini Cómics recoge en un tomo de 704 páginas. No se puede decir lo mismo de los dibujantes, pues aunque formó una pareja perfecta con Kerry Gammill, el cual dibujó de forma notable y con gran detallismo la mayoría de las aventuras de este tomo, algunos, como Lee Elias o Trevor Von Eeden, no pasaban de un dibujo correcto y otros, como Denys Cowan, intentando emular el estilo de Frank Miller, dejaba para la posteridad algunas viñetas de calidad paupérrima. Y ya que ha salido el señor Miller a relucir, no puedo más que recomendaros ese capítulo en el que Daredevil (solo unos pocos años antes de que el diablo de La Cocina del Infierno alcanzara la excelencia en la obra Born Again) se cruza en el camino de Power Man y Puño de Hierro.

En definitiva, Power Man y Puño de Hierro: Héroes de Alquiler es un clásico, un referente de los cómics de superhéroes de los años setenta que no deberían perderse aquellos que disfruten de una buena aventura detectivesca con su debida cuota de acción.

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El Multiverso, de Grant Morrison

El multiverso

El multiversoEl Multiverso DC empezó a dar sus tímidos pasitos en la Edad de Oro, pero no fue hasta la Edad de Plata cuando realmente emergió como un concepto para dar sentido a la existencia de diferentes versiones de los personajes de la editorial. Entonces el multiverso creció y creció, se expandió tornándose algo complejo y confuso que traería, a partes iguales, quebraderos de cabeza e hitos en la historia del cómic.

Flash de dos mundos, cómic aparecido a principios de los 60, sería el percutor para empezar a cruzar historias entre mundos paralelos. En el cómic en cuestión Barry Allen se trasladaba a una tierra alternativa en donde conocía a Jay Garrick, el Flash de la Edad de Oro. Con este hecho Allen descubría dos cosas: que lo que es ficción en un mundo en otro es real y que las diferentes tierras vibraban en una frecuencia específica. Conocer esa frecuencia era el primer paso para viajar de una a otra. Así nacieron Tierra-Uno y Tierra-Dos; las dos primeras de un sinfín de nuevas tierras. ¿Me seguís? ¿Todavía estáis ahí?

Con la creación de las diferentes tierras, DC ya tenía una excusa para ir ubicando no solo diferentes versiones de sus superhéroes más icónicos (Superman, Batman , Wonder Woman, etcétera), sino que además encontró un lugar para todos esos personajes que fueron llegando a medida que DC iba adquiriendo nuevos sellos editoriales. Y todo esto hubiera estado muy bien si se hubiera conservado cierto orden. Se intentó, pero algunos guionistas descuidados juntaban a personajes de diferentes tierras sin hacerlos trasladarse previamente; otros simplemente crearon errores garrafales de continuidad. El caos se apoderó del multiverso.

Había que poner orden en el caos, y para ello en ocasiones es necesario destruirlo todo para volver a empezar; fue entonces cuando nació la miniserie Crisis en Tierras Infinitas. En este colosal crossover un peligro a nivel multiverso fue la solución para simplificar el concepto, eliminando tierras paralelas y fusionando otras. Vaya jaleo, ¿eh? Venga, una aspirina y continuamos.

A pesar de que ya se había establecido cierto orden, el concepto de multiverso era demasiado suculento como para dejarlo escapar, así que tras muchas historias con más o menos éxito DC lo recuperó para una serie denominada 52 en la que finalmente se definieron ciertas normas y parámetros, además de tierras paralelas limitadas para que la anarquía no volviera a reinar. Luego Flash (de nuevo Barry Allen en el epicentro del tinglado) en Flashpoint, y sus malabares con las líneas temporales, sería la excusa perfecta para reiniciar algunas series y retomar otras que habían quedado en suspenso.

Bien, ahora que ya os he puesto en contexto, y si todavía queda alguien leyendo, o que todavía no se haya dormido, podemos continuar con El Multiverso de Grant Morrison, serie de nueve números en la que el guionista escocés nos revela el Multiverso DC, el definitivo, pero que además aprovecha tal coyuntura para dar un merecido homenaje al Crisis en Tierras Infinitas de 1985.

El Multiverso se inicia con una llamada de auxilio, un S.O.S. recibido por Nix Uotan y su compañero, el mono conocido por Sr.Stubbs. Como buenos investigadores multiversales se trasladarán a la tierra que ha lanzado la llamada de auxilio para encontrarse con que unos seres que se hacen llamar La Nobleza han destruido Tierra-7. Este primer número esboza los fundamentos que hallaremos en las otras ocho historias. Diferentes tierras y cada una con su crisis particular. Y como nexo de unión un cómic “maldito” que no tiene mayor relevancia que la de hacer que los personajes progresen en sus respectivas tramas y que el lector visite diferentes tierras.

Cada una de esas tierras nos mostrará sus principales héroes o villanos y las alteraciones ocurridas en esos mundos. Así pues, en Mastermen, con Jim Lee a los lápices, se nos revela una realidad alternativa en la que los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial con ayuda de una Liga de la Justicia nazi. Ucronía típica, y utilizada hasta el hastío en la ciencia ficción, pero que sigue funcionando si a los villanos les siembras una chispa de conciencia y moralidad. Con todo, no es esta la mejor de las historias. Tampoco lo es La Sociedad de los Superhéroes, en la que Tierra-20 y Tierra-40 se sincronizan con consecuencias catastróficas. Fascinante narración que junto al dibujo de Chris Sprouse se convierte en una bonita oda a los cómics clásicos de superhéroes.

Pax Americana y Ultra Cómics son los robustos pilares de este tomo integral editado por ECC. El primero es una historia repleta de simbología, de cariz paradójica y de armonía milimétrica que funciona como un motor bien engrasado. Un cómic que homenajea a Watchmen tomando algunos de los conceptos que planteó Alan Moore, pero dándoles una nueva vuelta de tuerca que obliga al lector a releer una y otra vez (a veces del final hacia el inicio) para descubrir las diferentes capas que confeccionan el relato. Frank Quitely, con su capacidad de dibujar rostros duros y marcados, su detallismo en cada insignificante elemento y la forma excepcional de disponer viñetas, vuelve a demostrar ser la mitad perfecta para completar ese consorte artístico que resultan ser él y Morrison.

Ultra Cómics es Grant Morrison en estado puro. Ese Grant Morrison que a más de uno nos hace pensar si este hombre hace uso de algún tipo de narcóticos para crear sus guiones. Ultra Cómics es un héroe pero también resulta ser el cómic que está infectando el multiverso. Un ejercicio soberbio de metaliteratura y de narración presuntuosa que alcanza su objetivo cada vez que el personaje rompe la cuarta pared para hablar con el lector y obligarlo a no seguir leyendo. Pero si entráis en el juego que plantea Morrison, si os prestáis a ello, llegaréis hasta ese clímax que resulta tan ambiguo como abierto; tal vez una invitación para que alguien más pueda recoger el testigo y continuar con la labor de añadir más matices al multiverso.

El Multiverso es una serie tan brillante como difícil de definir (con Grant Morrison siempre lo es), un cómic que es solo una sublime muestra de la poliédrica configuración que puede llegar a tomar toda historia que penetre en los cimientos del Multiverso DC.

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Másters del multiverso, de Sergi Escolano

másters del multiverso

másters del multiversoEl humor ya no es lo que era. Ahora existen ciertos límites. Fronteras, custodiadas por seres que nacieron ofendidos, que no se pueden traspasar. Y si lo haces debe ser en petit comité; en la intimidad de lugares clandestinos. Como ese grupo de whatsapp que todos tenemos, en el que el libre albedrío campa a sus anchas y en el cual, normalmente, salen a colación temas que de hacerse públicos te convertirían en el enemigo público número uno del estado (si no contamos al Gran Wyoming) por haber ido demasiado lejos, y que posiblemente, y más importante, harían sonrojar a tu pobre abuela.

Así pues, cuidado, que nadie se percate de que cuentas chistes de humor negro antes de que el cadáver se haya enfriado. Ojo con reírte de mi tendencia política. A la iglesia y a mis creencias, ¡ni tocarlas! ¿Y a las demás? A las demás sí. ¿Puedo hacer chistes sobre tu suegra? Sí. ¡Pero si está muerta! No importa, con las suegras no hay veto. Y si al final decides hacer partícipe de tus chistes al resto de mortales, que sepas que tal vez debas pagar un peaje. Unos cuantos chistes de 140 caracteres pueden conseguir que des con tus huesos en la cárcel. (Y luego nos quejamos de los peajes en Cataluña). Que levante la mano el que todavía espera que los magistrados de la Audiencia Nacional salgan con sendas narices de payaso, presionándoselas como si se estuvieran palpando el escroto en busca de un tumor, para anunciar: “¿Cómo están ustedes? Era todo una broma amiguitos”. En ocasiones, sobre todo cuando ocurren este tipo de hechos anacrónicos con el humor como principal diana (subterfugio de motivos más oscuros y represivos) me pregunto si no estaré viviendo en una realidad paralela. Una en la que el humor, antaño usado para arrancar sonrisas, se esté convirtiendo en un arma necesaria que esgrimir contra la solemnidad, la caspa, el puritanismo y la corrección congénita. Si esto es así, Másters del multiverso de Sergi Escolano es un (tomad nota trío de las Azores) arma de destrucción masiva.

En Másters del multiverso, publicada por la editorial Pez de plata, acompañaremos a Boni en sus aventuras por diferentes universos paralelos. Boni no es más que un chaval normal, algo friki, pringado y pagafantas que bebe los vientos por Carla, una choni que está enamorada del matón del barrio. Un buen día Boni descubre a un tipo clavado a él que dice ser un viajero interdimensional. Boni se unirá a ese extraño viajero para eliminar a Hades, el villano de turno que planea destruir todo el multiverso. Para evitarlo deberá trasladarse a diferentes realidades, a cual más estrafalaria. Con este pretexto Sergi Escolano nos embarca en una novela de ciencia ficción con grandes dosis de humor. Irreverente como en la serie de animación Rick y Morty. En ocasiones absurdo al más puro estilo Monty Python. En otras, y valiéndose de esas otras realidades, repleto de sátira; un humor patrio que en ciertas ocasiones puede recordar al de Pablo Tusset o a las tiras cómicas de la revista El Jueves. Y aunque el humor es el principal aliciente de la novela, cabe destacar que el autor, licenciado en física teórica, explica con soltura, y en un lenguaje muy ameno, qué es eso de las realidades divergentes, que no paralelas. Además, y a lo largo de la novela, realiza un bello homenaje a la literatura, en particular a autores como Borges, Ray Bradbury, Orwell o Philip K. Dick.

Es incuestionable que el punto más fuerte de la novela es su humor satírico; humor que en ocasiones alcanza niveles corrosivos comparables con la sangre de un Alien. Y es que Sergi Escolano lanza dardos, a dos manos, con destino a todo lo que en nuestro país huele a naftalina, y acierta, con buena puntería, transformando en brotes de hilaridad y en carcajadas sonoras tristes acontecimientos de nuestra historia u organizaciones (¿mafiosas?) a las cuales nos hemos acostumbrado, peligrosamente, a que rijan nuestras vidas. Políticos, telebasura, religión católica (aquí es cuando alguien dice: seguro que con el Islam no se atreve), sexo, runners (Escolano echándole huevos) y estupidez a nivel global; todo ello se convierte, mediante la afilada escritura de Escolano, en algo susceptible de convertirse en un sketch humorístico. Es por ello que en Másters del multiverso encontrareis lugares en los que la industria de la televisión controla el estado, convirtiendo a la población en amebas babeantes de tanto ver programas del corazón y escuchar reggaetón. En otra realidad paralela (perdón, divergente) descubriremos que los nazis ganaron la guerra (todo buen libro tiene nazis) y que tanto Hitler como Franco, convertidos en dos vejestorios mitad hombres mitad máquinas, gobiernan medio mundo. Así hasta cinco lugares en los que los acontecimientos que conocemos ocurrieron de forma distinta.

Másters del multiverso se lee prácticamente de un tirón, y a pesar de que la novela tiene ciertos altibajos, chistes con menos gracia y un clímax del cual se podría haber esperado algo más épico, absurdo o menos predecible, engancha desde la página uno. Esto es debido, sobre todo, a esa facilidad que el autor (muy ducho como guionista) tiene con los diálogos. De hecho, en más de una ocasión da la sensación de estar leyendo el guion de un programa de humor en el que se van entrelazando diferentes sketches. Esa sensación se acrecienta cuando Sergi Escolano nos regala, una vez traspasamos el final de la aventura, escenas eliminadas y tomas falsas que dan el remate final a un libro extravagante, mordaz y divertido que hará las delicias de todo aquel que goce de un sentido del humor en plena forma.

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La sensacional Hulka, de John Byrne

la sensacional hulka

la sensacional hulkaDurante los años 90 siempre andaba enfrascado leyendo con fervor a la Patrulla X. Tipos muy serios con garras o con poderes mentales que se las veían con los villanos más letales de la Marvel. Poco después Hulka llegaría a mi vida. He de reconocer que sus aventuras no cuajaron del todo en mi mente de adolescente circunspecto que todavía no consideraba el humor como una de las partes más importantes y esenciales de la vida. Sí puedo afirmar que el dibujo de John Byrne me encandiló. Gran parte de esa atención se la llevó la fémina protagonista. Mis hormonas desbocadas de adolescente se encabritaron ante la visión de aquella mujer alta, de piel esmeralda, poseedora de curvas sinuosas, de músculos poderosos y de un buen par de…

<< ¿Un buen par de qué?>>

Espera… ¿Hulka? Iba a decir de ojos. ¡De ojos!

<<Ah vale, ten en cuenta que la Comics Code Authority podría censurar esta reseña. >>

No creo que esa asociación de puritanos tenga potestad por estos lares, Hulka. En esta web tenemos libertad de expresión. ¡Ay, no saben lo que hacen! Como iba diciendo, por aquel entonces no supe valorar al 100% lo que las páginas de la serie La sensacional Hulka atesoraban. Pero muchas lecturas después, y cierta madurez lectora, me dieron una nueva perspectiva para, por fin, apreciar lo que John Byrne había hecho: subvertir las típicas normas de la narración y crear un personaje único e inimitable. Pero antes de proseguir, mi única pregunta para todo aquel interesado en este impecable tomo es la siguiente: ¿Qué tal vais de humor? Ya que en La sensacional Hulka éste es el motor que propulsa sus aventuras.

<< ¡Hey, hey! Para el carro chaval. En mis aventuras también hay acción. Como cuando peleo a muerte contra Titania. ¿Y qué me dices del enfrentamiento a tortazo limpio contra el cabeza hueca de Mahkizmo?>>

Nada que objetar. Pero deberías reconocer que no todos los lectores, incluso a día de hoy, están acostumbrados a que un personaje, ya sea de cómic o de libro, atraviese la cuarta pared. Y es que Hulka lo hace, no solo en cada una de las portadas (mención especial para esa en la que parodia la portada de Vanity Fair en la que Demi Moore aparecía embarazada), sino también a lo largo de sus andanzas. Así pues no es de extrañar que Hulka se enfrente con el autor cada dos por tres para echarle en cara que se esté volviendo un poco vago al dibujar (autocrítica que se hace el propio autor por esos fondos que en alguna ocasión descuidó) o cada vez que la dibuja en poses absurdamente sexys (burlándose así de los artistas que abusaban de ese tipo de poses). El nivel de meta literatura en este cómic es tal que el propio Byrne llega a pasearse por sus viñetas (y a “despedirse” en un número especial que es una verdadera delicia), así como la editora Renée o el jefe de editores Tom Defalco. ¿Y qué ocurre cuando un personaje de cómic sabe que es un personaje de cómic?

<<Pues que puedo saltar entre viñetas, romper páginas que el graciosillo de Byrne ha dejado en blanco o rasgar otras para huir de lugares en los que parecía no haber escapatoria posible. Además comento con mis lectores si las subtramas están a la altura y cuantas páginas le queda al cómic que están leyendo para finalizar. ¡Y en ocasiones hasta saco la edición definitiva del universo Marvel para consultar las particularidades de algunos de mis enemigos! En definitiva: soy la bomba chaval. >>

Nunca dije lo contrario. Pero ya que has sacado a colación los villanos que pueblan La sensacional Hulka, debería comentar que a lo largo de las más de 750 páginas del tomo veremos lo mejor y más granado de la Marvel en lo que se refiere a este aspecto.

<< Te referirás a los villanos más cutres, ¿no?>>

Bueno, yo…

<< ¿Qué tiene de ilustre El Zancudo?>>

Ejem…

<< ¿Y el Doctor Bong? ¿Un tío con cabeza de campana capaz de alterar lo que se emite en televisión? Venga, por favor…>>

Ese capítulo en cuestión es una genialidad. Pues John Byrne emula los inicios de algunas series como Los 4 Fantásticos. En el número cinco de esa serie aparecía Doctor Muerte (Doctor Doom en inglés) así que aquí recuperó un villano con un nombre que fonéticamente se le pareciera y con una vestimenta que, bueno… con los ojos entrecerrados puede semejarse.

<<Lo que yo decía. >>

Pero no debería extrañarnos, pues desde un principio Byrne deja bien claro que va a utilizar los enemigos más penosos y lamentables (la hez de la hez) que haya parido Marvel para reírse de los tópicos de la editorial. Sin duda un agradable soplo de aire fresco que en su momento no se valoró (probablemente por plantear conceptos demasiado adelantados a la época), pero que ahora cobra más sentido que nunca en una serie que buscaba reírse de sí misma. Apta sobre todo para lectores libres de prejuicios. Por otro lado, no son pocas las estrellas invitadas que se pasean por las viñetas de este cómic: Spiderman, Los 4 Fantásticos, una versión muy particular de Los Simpson o Los Picapiedra, Robocop e incluso Mapache Cohete, unos de los integrantes del grupo que lidera Star-Lord en Guardianes de la Galaxia.

<<Mmm…Lo de Guardianes de la Galaxia, y con el volumen 2 en cines, lo has puesto para recibir más visitas ¿verdad?>>

Me declaro culpable.

<<Sí, sí, todo lo que has dicho está muy bien, pero casi no has hablado de lo maravillosa que soy yo, la prota. >>

Algo de razón tienes, porque si hay una cosa que hace único el cómic de La sensacional Hulka, es la Hulka que Byrne concibió. Y no me estoy refiriendo a esa belleza, digna de una diosa, que le otorgó a través de sus lápices, sino a esa compleja personalidad que se va moldeando con cada disparatada situación a la que se enfrenta. Hulka además es una mujer independiente, provocativa, contestona, ocurrente, hace lo que le da la gana, viste como una modelo y no depende de ningún hombre.

<<Bueno, a Wyatt Wingfoot, mi chico, sí que lo necesito para…>>

Vale, vale, lo hemos pillado.

Añadidle a todo lo anteriormente mencionado que la edición de Panini Cómics de La Sensacional Hulka no solo recoge toda la etapa de Byrne con la Amazona Esmeradla, sino que también reúne la novela gráfica, entrevistas que éste concedió y un relato creado por Chris Claremont y Alan Davis. Un tesoro de tapa dura imprescindible en la estantería de todo buen amante del noveno arte.

<< Y si no lo compráis iré a vuestra casa y os quemaré toda la colección de cómics. >>

No lo digo yo. Lo dice Hulka.

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