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Un proyecto genial. Familia, amigos y otros bichos peludos (Tom Gates 12), de Liz Pichon

Un proyecto genial

Un proyecto genialUn proyecto genial es el duodécimo libro protagonizado por Tom Gates, y pensarán ustedes que es un poco tarde para acercarse a él, quiero decir que a estas alturas no es que sea un perfecto desconocido. Sin embargo tengo una excusa, no suelo leer libros infantiles pero a este (y podría decir lo mismo del Diario de Greg) le tengo cariño, más que nada porque los once anteriores los ha leído mi hijo de ocho años, él solo, a razón de un libro cada dos o tres días. Y son libros de unas 250 páginas. El espectáculo que supone semejante despliegue literario para un padre de hoy día es francamente emocionante, al menos para mí lo es ver a mi hijo leyendo y contemplar cómo construye su propio universo con algo más que televisión y videojuegos, así que leer este Tom Gates tiene tanto de homenaje como de curiosidad por comprender qué es lo que se lo hace tan atractivo.
Meterse en la mente de un niño de ocho años es, así por definición, un proyecto imposible. Si además el niño es tu propio hijo supone prácticamente una heroicidad. Pero que él lea no es menos meritorio así que al menos hay que intentarlo. ¿Qué tiene Tom Gates para atraer a los niños? Pues tras leerlo diría que no lo sé, es decir, entiendo que es de lectura fácil, que es una sucesión de anécdotas con las que es fácil que se sientan identificados, que tiene muchísimas ilustraciones divertidas, en fin, un montón de cosas que les gustan. Pero tal vez sean más importantes las que no tiene, no son libros, al menos Un proyecto genial no lo es, obsesionados con la corrección política, no son ñoños ni pretenden adoctrinar. Simplemente entretienen y logran que sus potenciales lectores se identifiquen con ellos. Y si acaso hay alguna lección que aprender, son ellos los que la aprenden, quienes la deducen, sin que se les trate de convencer descaradamente.
Vayamos al caso de Un proyecto genial, la trama básicamente consiste en que Tom Gates tiene que hacer un trabajo para el colegio en el que debe reunir información sobre su familia, trabajo que él afronta sin ganas y con un espíritu un pelín gamberro. Sin embargo va reuniendo información y descubre cosas de sus mayores que le sorprenden y no sólo se lo pasa bien, sino que hace un trabajo del que se siente orgulloso. Además lo adorna con seres peludos y múltiples garabatos, lo que le divierte todavía más. Y ocupa espacio, que la densidad de letras de las páginas de estos libros es comparable a la densidad de población de los parajes más desérticos de la España vacía. Podríamos buscar una moraleja en plan “los padres son personas”, pero no se trata de eso. O sí, pero no de forma descarada y evidente. Lo único que diría que resulta palmario para sus lectores es el buen rato que pasan, porque la verdad es que el personaje tiene ocurrencias francamente divertidas. Lo demás es más cosa de padres, editores y demás gente así, poco infantil, así que no cabe en el espíritu de esta reseña.
Y lo peor que les puede pasar a los sufridos padres en que sus hijos le tomen a Tom Gates prestadas las ideas y les conviertan en bichos peludos. Por lo demás es tan buena noticia que los chavales lean que habría dado lo mismo que fuera el prospecto de las cajas de cereales. Afortunadamente es algo mucho más divertido.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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El amor nunca se acaba, de Helen Docherty y Ali Pye

El amor nunca se acaba

El amor nunca se acaba Hoy toca un libro para los lectores más pequeños. Un libro de esos que son todo ternura y que son tan achuchables como la niña que aparece en la portada estrujando a sus animales. Un libro de esos que inspiran, que te ponen de buen humor y hacen que el corazón se ponga más colorao si cabe y lata deprisa de pura felicidad. Y es que este librito habla del amor. Así que es el momento, queridos lectores, de ponernos tiernos y azucarados. Porque el amor es lo que tiene, ¿no? Y de eso no nos va a faltar en este libro.

El amor nunca se acaba cuenta de manera divertida todas las cosas que se pueden acabar. Por ejemplo, puedes quedarte sin leche, sin pañales o sin mermelada. Un fastidio, ¿verdad? Pero también puede que te quedes sin suerte o sin ideas, lo cual es bastante peor. También puedes quedarte sin ilusión, y eso sí que malo. ¿Pero sabéis qué ocurre? Que todas esas cosas, como es lógico, pueden agotarse. Pero hay algo que nunca nunca nunca se agota. Efectivamente, el amor nunca se acaba.

Y es que el amor, protagonista de este cuento, no es algo que podamos comprar en el súper o que venga embotellado. No lleva pilas ni necesita recargarse. Tampoco se puede medir ni contar, ni es un juego donde gana el mejor. El amor es algo que está dentro de nosotros y que no se agota. ¿El truco? Cada vez que das un poco de amor, recibes más. Es tan sencillo como parece y es algo que todos, adultos y niños, deberíamos practicar más. Seguro que el mundo sería un lugar más tranquilo si nos dedicásemos a dar y recibir amor.

Me parece un mensaje precioso el que El amor nunca se acaba quiere transmitir a los pequeños. Hacerles ver que las cosas materiales no siempre van a estar aquí, que se gastan y se estropean. Sin embargo, si les enseñamos desde pequeños que hay cosas no materiales que valen mucho que más todas las demás, seguro que tendremos en el futuro unos adultos mucho más comprensibles y solidarios. Y en esta época en la que los niños están tan apegados a los objetos materiales, me parece una estupenda lección. Menos móviles, consolas y tablets y mucho, mucho más amor.

Las ilustraciones de Ali Pye acompañan al cuento y, ya os lo digo yo, son preciosas. Me ha gustado mucho su estilo. Si queréis conocer más sobre su trabajo podéis visitar su página.

El amor nunca se acaba es un cuento tierno de esos que nos hacen mucha falta. Todos los niños deberían tener claro que, pase lo que pase, el amor nunca se acaba.

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Tom Gates. Poderes súper geniales (casi…), de Liz Pichon

Tom Gates. Poderes súper geniales (casi...)

Tom Gates. Poderes súper geniales (casi...)Tengo un morro que me lo piso. Si queréis saber por qué, seguid leyendo. De momento, para empezar, quiero expresar la envidia que me dan mis hijos, que tienen a su alcance lecturas tan divertidas como toda la serie de Tom Gates, un pequeño fenómeno editorial que lleva años arrasando en el Reino Unido, tanto en ventas como en crítica, y que aquí también está conquistando a todo lectorcito que se le acerca.

Será que la memoria me traiciona, o que mis padres no tenían buen ojo, pero yo juraría que, cuando era niño, no había libros como éste, al que, creedme, pocos chavales de entre 7 a 12 años se pueden resistir. Servidor era más que feliz con sus Astérix, sus Mortadelo y sus Clásicos ilustrados, pero las lecturas más densas (entiéndase, sin viñetas) acababan irremisiblemente acumulando polvo en las estanterías. Eran esos libros que me regalaban y que, decían, me iban a encantar, esos clásicos que encandilaron a papás y abuelos. Lo hubieran hecho, sin duda, eso de encandilarme, pero para ello antes debería haberme aficionado a la palabra desviñetada con un personaje como este pillo llamado Tom Gates, que nos habla de algo tan sencillo como la vida normal de un niño normal en un colegio normal. No hay fantasmas, piratas, misterios ni magia. Sólo las trastadas de un niño que se pasa las clases dibujando garabatos; sus horas libres, intentando que su grupo de música no desafine hasta niveles insoportables, y que, los lunes, de vuelta al cole sin los deberes hechos, se ve obligado a inventar las más fantásticas excusas.

Algo parecido a lo que he hecho yo (de ahí lo del morro que decía al principio), que he pedido a mis hijos, de 10 y 12 años, que me escriban la reseña. Yo estaba demasiado ocupado haciendo… No, sí que la había escrito, pero vino un alien, me ató las manos, me torturó haciéndome cosquillas y se llevó el ordenador. De verdad. Así que he tenido que pedir ayuda.

Dice mi hija:

“El señor Fullerman da regalitos el último día del trimestre, y Tom consigue… ¡un taco enorme de adhesivos! Pensaréis que es el peor regalo del mundo, pero Tom ha descubierto una cosa muy interesante que puede hacer con ellos.

“Tom se va a un campamento con sus padres, su hermana Delia (por desgracia), y también viene un personaje nuevo: Avril, la amiga de Delia. Tom se encuentra con Amy (compañera del cole) y espera que ella no le diga a nadie lo que ha visto hacer a Tom. En el campamento está lloviendo toooodo el rato y Tom se inventa muchos juegos interesantes para hacer.

“La mejor parte es cuando Tom, su padre, su madre, Delia y Avril se creen que están en el campamento de verdad, pero no, están en un campamento abandonado, por eso caen gotas del techo todo el rato”.

Todo ello, y esto lo digo yo, acompañado de unas ilustraciones  sencillísimas, casi de palo, pero al mismo tiempo sutiles (la autora, Liz Pichon, es ilustradora profesional) y francamente divertidas. De hecho, el diseño y las ilustraciones han sido lo que mi hijo mayor ha encontrado absolutamente irresistible. En sus propias palabras:

“En este libro, Tom Gates. Poderes súper geniales (casi…), hay muchísimas páginas para hacer dibujos y garabatos como Tom, por ejemplo:

Aprender a dibujar a Marcus (el nene repelente).

Tus propias excusas parano hacer los deberes.

Garabatofrutas.

Garabatopajitas

Lo que puedes ver por un catalejo…

En fin, creo que ni yo mismo lo hubiera dicho mejor. Mis hijos, incluida la pequeña, de 7 años, son fanáticos de la serie, y este volumen, me dicen, está a la altura de los mejores. Yo lo he leído, de verdad, pero el alien que me robó el ordenador también me borró la memoria.

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El soplador de sueños, de Bernard Villiot

El soplador de sueños

El soplador de sueñosLa bella Venecia amanece cada mañana con los cánticos de los gondoleros que surcan los canales. Ciudad diseñada por y para el arte; pintores de la talla de Tiziano, Tintoretto o Sebastiano del Piombo eligieron esta ciudad como cuna de sus creaciones. También lo fue de la denominada «Escuela veneciana» que inspiró a artistas como Rubens o Velázquez. La bella Venecia, la più bella città (junto a Florencia). Si tan hermosa es esta ciudad no menos lo es la isla de Murano; lugar de ensueño dentro de un sueño. Ahí es donde se ubica esta bonita historia, El soplador de sueños.

Todo aquel turista que haya viajado a Venecia no habrá podido evitar hacer una excursión a la isla de Murano donde poder adquirir uno de sus más importantes objetos de recuerdo: los cristales de Murano. Son muy conocidos los maestros sopladores que hicieron de su oficio una de las más bellas tradiciones italianas. Un arte que llevan desarrollando desde el siglo XII y que a día de hoy sigue gozando de gran prestigio. Por el hecho de ser el modo de ganarse la vida, la rivalidad entre maestros cristaleros era constante y el gremio contaba con ciertas normas internas que solo si estabas dentro de la industria podías conocer.

La historia de este bonito álbum ilustrado narra cómo un misterioso soplador de vidrio se apareció una noche a un pobre chico vagabundo al que le regala una finísima burbuja de vidrio que contiene el más maravilloso de los sueños. De este enigmático encuentro empiezan a circular rumores por la ciudad y todos los niños insomnes de Murano desean tener una burbuja de sueños para poder dormir y soñar con cosas bonitas y mágicas. Pero el misterioso soplador no es nada fácil de localizar y nadie conoce su identidad ni tampoco que él mismo fue también un pobre niño vagabundo que deseaba soñar.

Tocando la vena sensiblera con el pasado y la historia de su personaje protagonista, este bonito cuento, según dicen, para chicos de seis años en adelante —yo tengo treinta y me ha encantado— busca hacer una moraleja sobre cómo resultan de egoístas los adultos cuando ven peligrar sus negocios. Con una narrativa sencilla y unas ilustraciones, a ver cómo lo digo, de exponer en la Galería de los Uffizi en Florencia si fuera necesario. Bueno, igual me he pasado, pero oye, si has estado en esa ciudad últimamente habrás visto que han permitido una tortuga gigante dorada en plena Plaza de la Señoría, así que estas acuarelas, para mi gusto, deberían ser expuestas también. El artista es Thibault Prugne y ha conseguido plasmar con mucha elegancia los canales y recovecos de la isla de Murano. El tamaño del álbum que ha editado Bruño en su colección de cuentos infantiles, en tapa dura y de gran formato, se presta para disfrutar de los dibujos que, a página completa, resultan preciosos cuadros costumbristas venecianos.

Yo que estuve hace poco en Venecia, según leía el cuento me quedaba anonadado en cada página por los buenos recuerdos que me traía. Fue tan súbito el viaje que no tuve tiempo de visitar la isla donde se desarrolla El soplador de sueños, así que la tengo pendiente para una próxima escapada. Baste este álbum, eso sí, para trasladarte a la isla durante su lectura de una forma mágica, del único modo en el que deben ser contados los cuentos. Así, si realmente ha sido contado con ese halo de misterio y fantasía, tal y como ha hecho su autor Bernard Villiot, la magia navegará en góndola por los canales de Murano llevándote a su bellísimo atardecer veneciano. La bella ciudad de los sueños.

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Astérix y los Juegos Olímpicos, de René Goscinny y Albert Uderzo

asterix y los juegos olimpicos

asterix y los juegos olimpicosEl mundo editorial suele aprovechar los acontecimientos para publicar, de nuevo, ediciones de antiguas historias con material adicional que haga que los lectores aprecien, todavía más si cabe, lo que ya pudieron leer en su momento. Eso es lo que ha sucedido con Astérix y los Juegos Olímpicos que, publicado ya hace un tiempo, vuelve con fuerza aprovechando los Juegos Olímpicos, aumentando la experiencia lectora con elementos que nos hagan entender mucho más el proceso de creación de este volumen de las historias de los galos más famosos del mundo del cómic. Muchos pensarán que esta es una táctica discutible por parte de las editoriales, pero a mí, que no soy seguidor de esta colección, me interesaba por poder ir metiéndome de lleno en aquellas historias que me pasaron desapercibidas en su momento y empaparme un poco del humor que ha ido navegando durante generaciones, y que parece que a mí no me tocó lo suficiente. Y es que, aunque uno sea aficionado al mundo del cómic, hay colecciones que, por razones que no vienen al caso, nunca entraban en casa. Y ahora están aquí, Astérix y Obélix de nuevo para que yo, novato lector de sus historias, pueda entender cómo es posible que varias generaciones hayan crecido con sus misiones, su marmita, su poción mágica y la resistencia como marca de identidad de unos personajes que ya son, por llamarlos de alguna manera, compañeros de viaje de muchos de vosotros.

¿Qué nos cuenta Astérix y los Juegos Olímpicos? Básicamente, y por no contar ningún detalle que pueda dar al traste con la lectura, cómo los galos más conocidos del mundo del cómic participan en los Juegos Olímpicos y dejan en evidencia, una vez más, a los romanos. Dicho así puede sonar un poco absurdo y alguno pensará que no merece la pena acercarse a este nuevo tomo de René Goscinny y Albert Uderzo, pero estaréis equivocados. ¿La razón principal? No es otra que la diversión que, pareciendo sencilla algunas veces, no lo es. Porque si de algo se nutre esta historia – que, recordemos para los que crean encontrar algo nuevo, es una reedición – es de ese humor que caracteriza todas las historias que han ido surgiendo a lo largo de los años y que ha mantenido en los primeros puestos de ventas a esta historia sobre la Historia con esa mezcla de ironía y sarcasmo mientras el mundo seguía girando y nosotros veíamos cómo crecíamos y nos dejábamos empapar con lo que sucedía en las viñetas.

Pero como bien decía al principio, las historias creadas por René Goscinny y Albert Uderzo no fueron cómics que entraran en casa con lo que me he perdido muchas de esas historias que, ya míticas, convirtieron y dieron un giro – quizás no radical, pero giro al fin y al cabo – al mundo de este tipo de publicaciones. Astérix y los Juegos Olímpicos, por tanto, es una forma de redimirme por todo ese tipo perdido, y resulta que, sin yo pretenderlo demasiado, me he visto devorando lo que se nos propone y divirtiéndome de lo lindo. Mención aparte son los contenidos extras de esta edición que nos muestran el proceso creativo que hubo detrás de todos los elementos que acontecen en el cómic y que, para alguien que siempre ha tendido a pensar que crear este tipo de publicaciones es una labor ardua y muchas veces poco agradecida – no hay que olvidar que, en España, hasta hace muy poco no se le ha dado el puesto que se merece al cómic y/o novela gráfica – y con lo que se puede leer una vez terminado el contenido principal, no hace más que confirmar lo que ya creía, que no es otra cosa que aquellos que se dedicaron a crear personajes que pasaron a la historia por las razones que sean, tienen mi total y absoluta admiración.

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