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La felicidad después del orden, de Marie Kondo

La felicidad después del orden

La felicidad después del ordenAntes de irme a vivir sola, mi habitación siempre era un caos. No recogía la ropa limpia, la sucia se quedaba encima de una silla, aparecían calcetines desparejados entre las sábanas, mis apuntes de Filosofía se mezclaban con los de Griego y podían aparecer decenas de latas de Coca-cola entre todos los trastos de mi habitación. No me di cuenta de la horrible situación en la que vivía día a día hasta que me independicé. Llegó un día en el que no me quedaban camisetas limpias, la montaña de ropa para planchar era más alta que yo y cuando llegaba el fin de semana me pasaba horas organizando los apuntes que tendría que haber clasificado y pasado a limpio durante la semana. Aquello no podía seguir así, así que tuve que plantarle cara al desorden. No es que creara un método para tener la casa recogida, pero básicamente me impuse una regla: deja todo en su sitio. Así de fácil. Si hay una camiseta sucia, a la lavadora. Si hay un papel por el escritorio, a la carpeta de la asignatura correspondiente. Y así con todo. Si antes era desordenada, ahora soy ordenada de más (pero de más, de más). Será que soy yo muy extremista. También me ayudó bastante crearme un horario, para que no se me pasaran las horas muertas y pudiera invertir mi tiempo de una manera más eficiente; pero ese es otro tema.

Por aquel entonces me hubiera venido genial el método de Marie Kondo, conocido como el método KonMari. Yo no lo conocí hasta hace un año. Sinceramente no había leído el libro que sacó hace un tiempo, llamado La magia del orden, pero sí que busqué su resumen en Internet, aprendiéndome de memoria algunos tips que me ayudaron a reorganizar mi vida. Vivo en una casa de pueblo, con demasiados rincones y espacios que te piden a gritos que llenes con cosas inservibles, así que el tip que más a rajatabla llevé fue el de “si una cosa no te hace feliz, despídete de ella, dale las gracias por el servicio que te ha dado y tírala” —aviso a navegantes: he dicho “tírala”. No “regálasela a tu vecino o a tu tía porque seguro que lo quiere y si no ya lo tirará”. No vayamos por ahí regalando nuestra propia basura—. Empecé por la ropa (ahora, leyendo La felicidad después del orden, que es una guía práctica e ilustrada del libro del que os hablaba, me he enterado de que es el inicio perfecto. Porque no os penséis, para reorganizar nuestra vida, también tenemos que seguir un orden preestablecido). Puse toda mi ropa encima de la cama y empecé a seleccionar aquello que no me hacía feliz (véase: esos pantalones que por mucho que me proponga adelgazar no me van a caber, esa camiseta rota que la guardo porque un día que me la puse me lo pasé genial, ese pareo que no me he puesto en la vida…) y, sorprendentemente, me deshice de bolsas y bolsas de ropa vieja e inservible que ni siquiera sabía que tenía. Así de fácil. Sin remordimientos.

La felicidad después del orden va un paso más allá. Nos enseña cómo debemos colocar las cosas para que seamos felices. Cómo doblar la ropa, por ejemplo. Yo antes colocaba todas las camisetas una encima de otra y cuando abría el cajón solo veía la que estaba arriba del todo, creando la sensación de “no tengo nada que ponerme”. Ahora, siguiendo el método de Marie Kondo, parece que mi armario se ha multiplicado por tres, por lo que mi propio vestuario y mi monedero me lo agradecen a diario.

Este libro es un arma de doble filo: está muy bien porque te enseña a ser ordenado y a vivir siempre con ese modo de vida, pero por otra parte el método propuesto implica reorganizar TODA la casa. Entera. Así que si de verdad quieres implicarte en el proyecto, tendrás que invertir muchas horas para que todo esté en su sitio. Marie Kondo nos promete que, si seguimos lo que propone al pie de la letra, viviremos una vida plena y feliz. Siempre me ha llamado la atención lo místicos que son los japoneses (cuando os decía que había que despedirse de las cosas, era en sentido literal) y parece que no les va nada mal. Me ha hecho gracia que incluso dice que, si estás buscando una nueva casa donde vivir, es necesario que reordenes la que vives, porque así la casa nueva se sentirá atraída por ese orden. No sé, también inventaron el shushi y fijaos que éxito.

Así que si necesitáis un cambio en vuestra vida, La felicidad después del orden puede ser un buen comienzo. No sé si esta recomendación es válida si quien la hace es una obsesa del orden… pero yo estoy pensando en regalárselo a unos cuantos de mis allegados. Al fin y al cabo, dicen que todo en esta vida se pega menos la hermosura.

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El oráculo oculto – Las pruebas de Apolo – 1, de Rick Riordan.

El oráculo oculto - Las pruebas de Apolo - 1

El oráculo oculto - Las pruebas de Apolo - 1Siempre me ha atraído una barbaridad la mitología. Me imagino a los romanos o a los griegos venerando a distintas deidades, con sus rituales y sus mitos, y no puedo evitar querer saber más. Como ya comenté en alguna reseña anterior, en Bachillerato estudié Latín y Griego y creo que, más que por el idioma, escogí esas optativas por las historias que escondían sus textos. En Griego teníamos que analizar unos cuantos textos que eran fábulas o escritos y que básicamente hablaban de mitología. Fue así cómo conocí a Medea, a Teseo, a Prometeo o a Ícaro. Y también conocí a Apolo, dios de la belleza y de la música y hermano mellizo de la famosa Artemisa. Pero cuando estudié la historia de Apolo, no podría haber imaginado que años más tarde, un señor llamado Rick Riordan, se inspiraría en sus peripecias para darnos una saga juvenil maravillosa.

Esta serie de libros se llama Las pruebas de Apolo y su primera parte es El oráculo oculto. A Rick Riordan ya le conocemos por otras sagas, como las protagonizadas por Percy Jackson o  Magnus Chase, esta última basada en la mitología nórdica que ha publicado recientemente. Todas tiene una cosa en común: el protagonista es un dios o semidios, que vive en la Tierra y que tiene que cumplir una misión. En este caso, el libro que nos ocupa habla de Apolo, hijo de Zeus, que tras enfurecer a su padre es expulsado del Olimpo y enviado a la Tierra para llevar a cabo una serie de hazañas dignas de un dios griego.

Apolo llega convertido en un muchacho de unos dieciséis años, que no tiene los músculos de acero que solía tener, aunque viene complementado por un surtido de acné en el rostro. Es un chico patoso, no acostumbrado a los trotes de un dios y que, encima, no se puede alimentar ni de ambrosía. Aunque, visto de otro modo, el bacon no está nada mal. Conocerá a Meg, una niña que le ayudará a encontrar el Campamento Mestizo, que es el lugar donde se esconden los semidioses modernos y que serán su apoyo para derrotar a los monstruos que se le vienen encima.

Rick Riordan nos cuenta esta historia desde un punto de vista muy irónico. Me ha hecho mucha gracia que Apolo hablara como un chico de dieciséis años actual. Es muy gracioso y, no sé, podría definirlo como “refrescante”. El libro es muy divertido, pero además, entre chiste y chiste, enseña mitología. Mucha. Riordan entremezcla la historia que nos está contando con toda una retahíla de fábulas griegas que harán que, además de reírnos y entretenernos, aprendamos. Esto me ha gustado especialmente, ya que no se trata de una historia vacía que se queda en el olvido cuando cierras el libro, sino que si se lee con interés, se puede aprender mucho. Está enfocado a un público juvenil (por la manera en la que Apolo se expresa, los adolescentes pueden identificarse fácilmente con él) pero, como siempre digo, esto no significa que un público más adulto no vaya a disfrutar con este tipo de libros. ¡Liberémonos de los perjuicios de una vez por todas y leamos lo que nos dé la gana, cuando nos dé la gana!

Dejando de lado mi momento reivindicativo, me hubiera gustado hacer una comparativa entre El oráculo oculto y la saga de Percy Jackson, pero la verdad es que, aunque he visto alguna película del hijo de un famoso dios griego, no he leído los libros que llevan su nombre. Pero por lo que he estado leyendo en varias redes sociales, el nivel no baja y no decepciona. Y, para los fans de Percy, una buena noticia: aunque en esta saga el protagonista sea Apolo, puede que el neoyorkino se deje ver en más de una ocasión entre estas páginas.

No sé cuándo saldrá la segunda parte, pues hace apenas unos días que salió este primer libro a la venta, pero estoy segura de que sus fans estarán esperándolo impacientemente (entre los que me incluyo). Mientras tanto, Riordan nos va a calmar la sed de mitología continuando la saga de Magnus Chase, la que se basa en la mitología nórdica; así que para los que no podáis esperar a aprender y a bucear por los mundos mágicos de Riordan, quizá Magnus sea un buen compañero de viaje.

 

 

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París secreto: libro antiestrés para colorear, de Zoe de Las Cases

París secreto

París secretoLa primera vez que salí de España tenía once años. Ahí estaba yo, en medio de Barajas, dispuesta a coger un avión dirección París. Estaba realmente angustiada  y me daba pánico pensar que iba a pasar mucho tiempo —o al menos eso me parecía a mí— encerrada en un cacharro de metal que desafiaba todas las leyes de la gravedad. Antes de coger el avión, mi madre no paraba de decirme que me tranquilizara, que el vuelo era muy cortito, que era el medio menos peligroso para viajar y toda esa retahíla que se le dice a alguien que está a punto de no coger un avión por miedo a volar. Al final hice de tripas corazón y me coloqué en el asiento que me habían asignado. Me hice lo más pequeña posible, encogiéndome hasta casi camuflarme con el asiento. Lo pasé muy mal y el encontrar turbulencias justo cuando estaban sirviendo la cena no ayudó demasiado. Pero aguanté, me tragué el miedo y la insípida comida y, cuando quise darme cuenta, ya estaba en París.

París, la ciudad del amor, del glamour y de la vida bohemia. Era noche cerrada cuando llegamos. Cogimos un taxi para que nos llevara al hotel, que estaba muy cerca del Arco del Triunfo y de camino solo pude ver luces y más luces. Puentes adornados con farolas de ensueño, calles adoquinadas iluminadas con bombillas anaranjadas. Cuando pienso en París esa es una de las imágenes que me viene a la mente: luz.

Yo tenía once años por aquél entonces y era la primera vez que cruzaba la frontera. Para mí todo era completamente nuevo. Me sorprendía por cada cosa que veía, por mínima que fuera. Creo recordar que incluso llegue a fotografiar una tienda de souvenirs. Qué bonito es dejarse fascinar tan fácilmente; y tengo que admitir que, a pesar de los años, sigo sorprendiéndome con tanta facilidad por todo.

Otra de las cosas que más me gusta, a parte de viajar, es pintar. Me he dado cuenta recientemente que hace mucho tiempo que no pinto. Antes lo usaba como terapia: cuando llegaba de clase saturada y de mal humor, cogía un pincel, ponía la música a todo volumen, y todos los males y frustraciones se quedaban impresos en el lienzo. Cuando me quería dar cuenta, había pasado toda la tarde pintando y ya no era capaz ni de recordar por qué me sentía frustrada. Como digo, hace mucho que no pinto. No sé si será por falta de tiempo o, simplemente, por pereza. Y eso precisamente fue lo que me animó a hacerme con París secreto, de Zoe de las Cases. Llevo bastantes meses escuchando los beneficios de los libros de colorear para adultos. Cuando empezaron a ponerse de moda tuve la tentación de comprarme uno, pero al final no lo hice. La idea de verme a mí misma coloreando como una niña pequeña se me antojaba absurda y ridícula. Pero al ver que todo el mundo se había unido a esta moda afirmando que es una de las mejores terapias antiestrés que puede existir, decidí olvidar mis prejuicios y probar. Me puse los cascos —con la música al máximo, que es como a mí me gusta— y empecé a colorear. Cuando me quise dar cuenta, habían pasado dos horas y yo no había apartado mi vista de los ensortijados dibujos de París secreto. Ya no pensaba en la Universidad, ni en los trabajos que tenía que entregar, ni que la horrible semana que me esperaba a partir del lunes, ni de que tenía que arreglar un montón de papeles. Solo pensaba en París, en sus calles, en el romanticismo que emana de cada rincón. Solo pensaba en felicidad, en liberación y en tranquilidad. Por unos momentos, solo pensé en luz.

A veces es bueno dejarse llevar, olvidarse de la rutina por un rato, desconectar. Vivimos en un mundo que va cada vez más deprisa, que hace que te muevas a un ritmo frenético y que nos hace desear que los días tuvieran más horas. Invertimos mucho tiempo en el trabajo y en los estudios y nos olvidamos por completo de nosotros mismos. Por eso es bueno de vez en cuando echar el freno, relajarse. Para ello ya no es necesario que vayas a un spa, ni si quiera que vayas al mismísimo París. Basta con coger unos lápices de colores, ponerse cómodo y dejarse llevar.

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La espada de cristal, de Victoria Aveyard

La espada de cristal

La espada de cristalA veces no queremos comprender lo que no entendemos. Podríamos hacer un esfuerzo para cambiar nuestra mente y empezar a destapar todas las tinieblas que vemos cuando pensamos en algo a lo que no estamos acostumbrados. No es que no sepamos entender; es que no queremos. Y así suelen empezar todas las guerras. Las guerras comienzan cuando alguien no entiende algo y decide ponerle fin de la manera más radical posible: con la fuerza. Algo así pasa en el mundo de los Plateados y de los Rojos. Las dos clases sociales, tan diferentes y tan separadas, no consiguen entenderse entre ellas. Los Plateados siempre se han creído mejores y los Rojos se han dejado manipular. Pero han dicho basta. Hasta aquí hemos llegado.

La espada de cristal es la segunda parte de La reina roja. Comienza exactamente en el instante en que la primera parte termina. Me explico: hay segundas partes que comienzan años después. Puede que hayan pasado décadas o que incluso la historia no transcurra en el mismo sitio que el que ya conocíamos. En cambio, en este caso, cuando comienzas la segunda parte sigues leyendo la misma acción que se quedó cortada en la primera. Por este motivo, entre otros, estaba yo deseando continuar con la historia. Solo tenéis que pensar lo frustrante que es que te dejen con una trama sin acabar para que os hagáis una idea de lo difícil que es que te dejen en mitad de una acción. ¡De una acción!

Así que cuando La espada de cristal llegó a mi casa no pude hacer más que encerrarme en mi cuarto hasta que lo terminé. Las redes sociales decían que iba a ser uno de los mejores lanzamientos de literatura juvenil de este año y todos los que nos enamoramos de la primera parte estábamos como locos por saber cómo continuaban las andanzas de Mare Barrow, la protagonista, aquella chica Roja que tuvo la capacidad de infiltrarse entre los Plateados y levantar una auténtica rebelión desde dentro. Como ya os he dicho, esta es una segunda parte, así que si no habéis leído la primera os aconsejo que dejéis ahora mismo de leer esta reseña, porque no quiero aguaros una de las mejores historias de los últimos tiempos. Digo esto porque en la segunda parte ya sabemos que Mare tiene poderes que solo los Plateados tienen, y es por ello que la conocen como “la chica relámpago”. Esto no es que sea de agrado para los Plateados, ya que si algunos Rojos también tienen poderes como ellos, la excusa para ser superiores se deshace como un cubito de hielo en el fondo de un vaso. Pero Mare no es la única Roja que tiene poderes y eso a Maven, el nuevo rey Plateado que fue capaz de matar a su padre para ocupar su puesto, no le hace ninguna gracia. Existe una lista que contiene el nombre de todos los Rojos que tienen poderes. Mare la tiene. Pero Maven, también. Comenzará una carrera frenética para ver quién llega antes a esos Rojos. Así que la acción y la adrenalina están servidas.

En la reseña del libro anterior hablaba de un triángulo amoroso y de que yo no sabía con cuál de los dos me hubiera quedado de ser Mare. Pero lo cierto es que al final se descubre que uno de esos dos es Maven, el malvado Plateado sin miramientos ni corazón, por lo que Mare lo tiene bastante fácil a la hora de elegir. El otro factor de la ecuación es Cal, que a pesar de lo que pueda parecer en la primera parte, intentará ayudar a Mare en todo lo posible. Sin importar que sea Plateado. Incluso sin importar que sea el hermano de Maven.

Ya lo veis, Victoria Aveyard continúa con esta historia de la única manera que podía hacerlo: dándonos un ritmo trepidante y que no decae. Sin deslizarse en la tentación de rellenar con capítulos lentos hasta volver a un nuevo desenlace. Desenlace que otra vez vuelve a ser de los que te dejan con la boca abierta y con ganas de marcar en el calendario la fecha de la siguiente parte. Pero no se sabe cuándo saldrá a la venta esta tercera parte de la saga —si mal no recuerdo, va a estar compuesta por cuatro tomos—, probablemente sea a finales del año que viene, así que me quedaré esperando (impacientemente, por supuesto) para saber si la lucha de los Rojos por conseguir la igualdad va a parar a buen puerto.

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Kit de supervivencia para mi futura yo, de Lara Avery

Kit de supervivencia para mi futura yo

Kit de supervivencia para mi futura yoSi hoy me dijeran que dentro de muy poco dejaré de recordar, no sé cómo reaccionaría. Sammie decidió crear una especie de diario para que su yo del futuro no olvidara cosas imprescindibles. Ella se lo tomó bien, asumió que eran cosas que podían pasar. Unos nacían con estrella y otros, estrellados. Antes de saber que padecía NP-C, una enfermedad neurodegenerativa, a Sammie únicamente le importaban sus estudios y su futuro profesional. Acudía a todos los concursos de debate organizados por su instituto, estudiaba sin descanso durante horas, sin perder de vista su objetivo: estudiar en la Universidad de Nueva York y convertirse en la mejor abogada de Derechos Humanos de todo Estados Unidos.

Pero todo eso se fue al garete el día que le dijeron que su memoria no podría retener más recuerdos ni más datos. Que sus músculos se irían atrofiando poco a poco, que tendría que ir en una silla de ruedas y que llegaría un momento en el que sus órganos dejaran de responder. Lo que más le dolía a Sammie no era perder todas sus capacidades físicas, sino que su yo del futuro no tuviera identidad, que no supera siquiera quién era, quién había sido. Por eso decidió invertir el poco tiempo que le quedaba en escribir un libro donde dejara constancia a su yo futura de las comidas que le gustaban, la música que le ponía los pelos de punta, o todos los datos relevantes sobre su familia.

Lara Avery nos cuenta a través de los diarios de Sammie cómo se siente una persona cuando es diagnosticada de una enfermedad como la NP-C. Es como si todo se derrumbara, como si ya nada tuviera sentido, como si la luz se hubiera ido para siempre. Pero no os penséis que este es un libro dramático, lleno de escenas que hacen que se nos salten las lágrimas —aunque es cierto que hay alguna que otra—. Sammie es una chica que tiene un humor muy negro y para ella NP-C no es sinónimo de derrota. Le queda poco tiempo, así que lo mejor es no gastarlo en lamentarse y deprimirse. Tomará la medicación que haga falta y seguirá viendo el mundo desde esa perspectiva tan cínica que a ella le caracteriza. Irá a fiestas, seguirá preparándose para los concursos de debates e intentará ser una chica normal. Aunque no es tarea fácil. Sabe de sobra que pronto va a dejar de reconocer a sus hermanos y que no sabrá ni lo que ha desayunado, así que tendrá que hacer un esfuerzo increíble para que la luz venza a la oscuridad.

Voy a confesar que he llorado —bastante— al finalizar el libro. Es como una jarra de agua fría que te tiran por la cabeza. Pero también me he reído muchísimo con Sammie y con Cooper, su mejor amigo de la infancia, que es el único (quitando a su familia) que desde un principio sabe de la existencia de la enfermedad y que hará todo lo posible por mantener a Sammie animada y consciente. Porque últimamente nuestra protagonista tiene momentos de crisis en los que no sabe ni dónde está, ni qué está haciendo.

Kit de supervivencia para mi futura yo es una oda a la esperanza y al buen humor. Nos enseña que, por muy difíciles que nos quiera poner las cosas el destino, hay que ser fuerte y afrontar las tormentas que nos vengan con un buen paraguas y sin miedo a mojarnos. Porque en esta vida, nada es perfecto. Nos caemos, nos levantamos, nos herimos, nos sanamos, nos derrumbamos, volvemos a renacer y también nos mojamos. Nos mojamos con las lágrimas que se derraman al saber que una enfermedad como la NP-C nos acecha; con las que salen de nuestros ojos al enterarnos de que no podremos ver jamás a un ser querido; o con las que brotan sin querer al darnos cuenta de que este mundo no es justo. Pero siempre hay que hacer como Sammie, mirar adelante y avisar a nuestro futuro yo de que, pase lo que pase, confiamos en su fortaleza y en su capacidad de salir impune de cualquier tormenta.

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Cuentos extraños para niños peculiares, de Ransom Riggs

Cuentos extraños para niños peculiares

Cuentos extraños para niños peculiaresSi soy afortunada por algo es por la familia que tengo. Aunque pasamos por momentos difíciles, al final en mis recuerdos siempre quedan esas historias que hacen que me nazca una sonrisa de oreja a oreja. Eso es exactamente lo que me pasa cuando recuerdo a mi madre leyéndome por las noches antes de irme a dormir. Me leía cuentos de todo tipo, incluso había veces que cogía el libro que estaba devorando ella en esos momentos y me narraba algún capítulo que otro. Eso estaba bien, excepto por el hecho de que mi madre era y es fan incondicional de Stephen King.

Hace poco descubrí El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares. Sinceramente no supe de la existencia de este libro hasta que no vi que Tim Burton se había basado en él para crear su nueva película. He de decir que adoro a Tim Burton (casi al mismo nivel que mi madre adora a Stephen King) y no me perdono que todavía no haya visto su última película. Así que cuando vi el libro en el que se había basado, me lo compré y lo devoré. Al poco tiempo, ya impaciente por leer las siguientes entregas de esta saga, descubrí que Ramson Riggs había publicado con Alfaguara Cuentos extraños para niños peculiares. Ya solo por el nombre, decidí que tenía que pedirlo. Pero es que cuando vi la portada y las ilustraciones que contenía, terminé de convencerme. Me daba la sensación de que iba a pasar un rato genial sumergida en sus páginas.

Y parece que no me equivoqué. Este libro está compuesto por varios cuentos cortos dedicados a los niños peculiares. Pongámonos en situación. El hogar de Miss Peregrine es una especie de orfanato donde conviven niños que no tienen familia. Pero no es esa la una característica que los une: todos ellos tienen algún tipo de poder especial, algo que les hace peculiares. Mis Peregrine, la directora del orfanato, se encargó de ellos para que no les faltara de nada y que se sintieran como en un hogar. Y, por supuesto, no podían faltarles cuentos. Porque ¿qué sería de nuestras vidas sin historias? Así que estos cuentos, narrados de generación en generación, un buen día fueron recopilados y plasmados en papel. Así fue cómo surgió Cuentos extraños para niños peculiares. Os decía que las expectativas que tenía sobre el libro se vieron satisfechas y os voy a explicar por qué. El primero de los relatos cuenta la historia de una tribu caníbal que se topa con un pueblo de peculiares. Estos peculiares tienen la grandiosa ventaja de que su carne se puede regenerar. No les importa perder un brazo o una pierna, pues estos volverán a crecer sin problemas en un tiempo. Imaginaos lo contentos que se pusieron los caníbales cuando descubrieron a los peculiares. No os voy a desmembrar más la historia, pero digamos que los caníbales no tuvieron ese reparo respecto a los pueblerinos. De primeras, esta historia impresiona. Yo pensé “vaya, creo que si leo esto a mis primos pequeños les traumatizo de por vida”. Con este inicio me esperaba que el libro siguiera en ese registro gore, por decirlo de alguna manera, pero lo cierto es que después las historias no son tan macabras como esperaba. Lo que, por otra parte, he agradecido, ya que no soy muy dada a las historias de caníbales o zombies.

Ransom Riggs nos narra este libro haciéndonos creer que ha sido un importante historiador el que ha recopilado todos los cuentos. Serían como las fábulas que hoy en día se transmiten de padres a hijos, pero —por primera vez en la historia— transcritas al papel. Es tal la ambientación, que Riggs nos propone diferentes finales para alguna de las historias. Ya sabemos que los cuentos populares son narrados de una forma o de otra dependiendo de quién los cuenten o la zona donde vivamos (os pongo un ejemplo: a mi Caperucita la salvaba el leñador, pero a la de mi mejor amiga la rescataba la abuelita). Por eso Riggs, hablando como si fuera el historiador, propone distintos finales. Esto me ha gustado, pues si bien ya no hay más historias gore del tipo caníbales, sí que las hay con finales muy muy tristes y espeluznantes. Así que no está mal que el propio cuento nos proponga un final más halagüeño.

Qué voy a decir de este libro. Me ha encantado, me ha sacado sonrisas pero también ha hecho que me recorrieran escalofríos por todo el cuerpo. No sé todavía si voy a dejar que mis primos pequeños lo lean, aunque lo cierto es que se pasan el día jugando a que son zombies… así que igual con esos cuentos se sienten en su salsa.

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Harry Potter y el legado maldito, de J. K. Rowling, John Tiffany y Jack Thorne

Harry Potter y el legado maldito

Harry Potter y el legado maldito2008 fue para mí un año crucial. Un año de cambios, de vaivenes y de descubrimientos. Fue el año en que me mudé de Madrid a Cantabria. En el que dejé de vivir en una ciudad de tres millones de habitantes, para vivir en un pueblo de cuarenta personas. Deserté de un instituto lleno de amigos para cruzar las puertas de uno donde todos eran extraños. Cambié no ver la nieve más que cuando cruzaba Somosierra, a tener que aprender a ponerle cadenas al coche. Y también conocí el final —o eso pensaba yo por aquel entonces— de Harry Potter. Y diréis, ¿qué tendrá que ver algo tan importante como es mudarse de ciudad con una saga de libros? Pues para mí lo tiene que ver TODO. Harry Potter y la piedra filosofal fue el primer libro “en serio” que leí. Me lo compró mi padre en la estación de Atocha mientras esperábamos un AVE dirección Sevilla. Los dos siguientes —La cámara secreta y El prisionero de Azkaban— fueron mi regalo más preciado de Papá Noel (gracias a mi tía Raquel que se acordó de pedirlos en su carta). Cuando se publicó el cuarto, El cáliz de fuego, esperé durante una hora a que abriera la librería de mi barrio, por miedo a que se agotaran los ejemplares; aunque la verdad es que me lo podría haber ahorrado, porque nadie más vino a comprarlo. Los últimos —La orden del fénixEl misterio del príncipe y Las reliquias de la muerte— me ayudaron a consolidar esa tradición de esperar desde las nueve de la mañana delante de la librería, en la que incluí pasarme por la churrería de vuelta a casa. Y ahí terminó todo. Devoré Las reliquias de la muerte y se acabó. Ya no quedaba más. Fue como mudarme de ciudad, como cambiar de vida. Algo, para siempre, había terminado. Había pasado página y cerrado las tapas de un libro que jamás volvería a abrir.

Así que algo renació en mí cuando hace alrededor de un año y medio escuché que J.K. Rowling iba a continuar la historia. Primero anunciaron que sería una obra de teatro que solo los afortunados con un billete a Londres podrían ver y vivir en sus carnes. Ante la protesta de los fans de todo el mundo —comprensible, ya que todos teníamos el mismo derecho de saber cómo continuaba la historia— decidió, junto con John Tiffany y Jack Thorne publicar la obra en papel, Harry Potter y el legado maldito, convirtiéndose así en el libro más esperado de los últimos ocho años. Tuve la tentación de comprármelo en inglés pero que aguanté como una campeona a que saliera en español; envidiando a todos los intagamers anglosajones que compartían fotos sonrientes en las que sujetaban el ansiado libro dorado.

Pero el día llegó y la que lo tuve en mis manos fui yo. Y me duró, a lo sumo, unas cuatro horas. Me sentí saciada por un momento, pero ese sentimiento dio paso rápidamente a una desolación tremenda. Tenía veinticuatro años y volvía a sentirme como si tuviera dieciséis. Odio decir adiós. Pero ¿tener que decirlo dos veces? El golpe duele todavía más si cabe.

Perdonad que me haya volcado tanto en mi propia historia. Pero comprended que me emocione tanto al hablar de Harry Potter. Es la saga con la que crecí, la que me enseñó a amar la lectura y la que, a día de hoy, me hace viajar por mundos maravillosos como ningún otro libro lo ha hecho. Ahora que ya habéis entrado en situación y que sabéis lo importante que es esta saga para mí, puedo continuar. Y lo voy a hacer hablando del libro.

Como la mayoría de vosotros sabréis, el formato que han utilizado los autores para este libro no es el mismo que para el resto de la saga. Es teatro. Puro y duro. Para la gente que no esté acostumbrada a este género, puede ser un motivo de rechazo. Pues no lo es en absoluto. En las escenas no participan muchos personajes, por lo que no tendréis que estar leyendo todo el tiempo el nombre de la persona que está hablando, ya que se predice bastante bien y hace que la lectura fluya rápidamente y sin tropiezos. Me parecía importante hablar del formato, ya que es la pregunta que más se está oyendo sobre este libro “¿pero de verdad que es teatro?” Sí, lo es. Y es fantástico.

Pero vamos a lo que interesa, el contenido. La incógnita que rondaba por mi cabeza era la de quién iba a ser el malo. Todos sabéis cómo termina Las reliquias de la muerte y, aunque en este libro Harry ya no es el protagonista —lo será Albus Severus, uno de los hijos que tuvo con Ginny Weasly— tenía que haber un malo que estuviera a la altura del Que No Puede Ser Nombrado o, si me permitís, de la odiosa Dolores Umbridge (para mí, la villana por excelencia. Qué horror de mujer). Y vaya si lo hay. No os lo podéis ni imaginar.

Pero… ¿dónde queda la amistad? Uno de los pilares más importantes de la saga es la relación entre Harry, Ron y Hermione, así que en este libro se tenía que demostrar que la amistad sigue siendo uno de los valores fundamentales. Pues bien, nuestro querido (aunque a veces se comporte como un adolescente insufrible) Albus demostrará que el valor de la amistad le viene dado en la sangre y que no tiene ningún tipo de prejuicio, pues su mejor amigo será Scorpius Malfoy, el hijo de Draco Malfoy, aquél Slytherin que tanto odio le tenía a Harry. Ellos dos, como ya lo hiciera su padre con su edad, tendrán que enfrentarse a lo peor a lo que uno podría plantarle cara: los demonios del pasado.

Con estos ingredientes y las páginas pasando más rápido de lo que me gustaría, volví a Hogwarst por unas horas. Pude revivir mis recuerdos más dulces de la infancia, en los que no faltaron sapos de chocolate ni cervezas de mantequilla. Y, aunque confieso que tengo uno, no me ha hecho falta para ello usar mi giratiempo. Aunque, a decir verdad, si este giratiempo funcionara no sé si querría viajar al pasado. Sí, sé que podría volver a vivir esta saga desde cero, pero tendría miedo de cambiar una sola cosa, por minúscula que fuera, que hiciera que todo lo que estos libros me han hecho sentir se fuera al traste. Llamadme nostálgica y loca. Y yo os llamaré muggles.

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La reina roja, de Victoria Aveyard

La reina roja

La reina rojaMare Barrow sabe muy bien que tiene que esconder su sangre roja del resto de plateados. En un mundo donde el color de la sangre lo significa todo, mostrarla puede ser tu mayor debilidad. Aquí solo puedes pertenecer a dos clases: o a los Rojos o a los Plateados. Y esa nimiedad, esa particularidad, va a definir tu vida para siempre.

Mare vive con los suyos, los Rojos. Son criados, artesanos, panaderos… son gente humilde, sin grandes aspiraciones, pues saben que el color de su sangre les impediría cualquier aire de grandeza. En contraposición están los Plateados, que viven entre lujo y opulencia, adorando a sus reyes ante cualquier otra cosa. Además, por si fuera poco, gozan de poderes especiales. Cada uno de ellos puede hacer una cosa asombrosa diferente: leer la mente, mover el agua, crear terremotos… Mare siente que no vale para nada, que no tiene ningún talento especial, aunque es cierto que robar se le da bastante bien y al menos así puede ayudar a su familia, aunque sea mínimamente. Sus hermanos mayores se fueron a la servir a la milicia y a ella le tocará en breves si no encuentra un trabajo en el que ser útil.

Poco a poco iremos descubriendo que Mare no es tan normal como ella se pensaba. Algo en ella empieza a removerse, una chispa. Descubrirá que tiene poderes, como si se tratara de una Plateada y se verá inmersa en el mundo de los que son tan diferentes a ella. Allí conocerá a dos chicos, que le enseñarán cómo viven los Plateados y que harán que Mare sienta algo más que amistad por ellos. Mira que normalmente suelo posicionarme en los triángulos amorosos, pero Victoria Aveyard nos muestra tantas facetas de estos dos chicos, que no he podido decidir cuál era mejor para Mare hasta que se ha resuelto la incógnita por sí misma.

Este es el planteamiento de La reina roja, una novela de Victoria Aveyard que nos traslada a un mundo imaginario que fácilmente podríamos identificar con el de Los juegos del hambre. El planteamiento parece un poco similar: una chica humilde, que vive en el extrarradio junto a su familia y que, por haber nacido en el sitio incorrecto, ahora corre el peligro de ser mandada a lo que parece ser el infierno. Y, por si fuera poco, se ve inmersa en un triángulo amoroso. Pero es cierto eso que dicen de que las comparaciones son odiosas. La similitud llega hasta ahí. Nada más. Me parecía importante hacer este apunte, porque he leído bastantes críticas que se centraban más en las similitudes que en las diferencias. A mí, quitando lo obvio, no me lo ha parecido en absoluto.

La segunda parte de esta trilogía, La espada de cristal, ha salido a la venta hace muy poquito, escasamente un mes. Esta novedad fue la que me hizo conocer La reina roja. Todavía no sé muy bien por qué no había oído hablar de esta novela antes, pero ahora ya tengo preparada en mi mesilla la segunda parte, esperando a ser devorada sin piedad. Me ha gustado la combinación de los poderes mágicos con los entresijos que se trae la realeza, pero lo que me ha terminado de encandilar es cómo Victoria Aveyard trata el racismo camuflándolo mediante el color de la sangre. ¿Qué pasa si naces con el color “equivocado”? Pues que tu destino, probablemente, estará escrito de antemano. Tu vida será más dura, serás mal visto ante los ojos de tus diferentes y tendrás que luchar el triple si quieres llegar a tener lo que los demás tienen por el mero hecho de haber nacido con el color de sangre “correcto”. Este es el motivo por el que los Rojos se levantan. Por el que deciden que ya está bien y que es hora de plantarle cara a los Plateados. Van a demostrar que ellos valen tanto como los demás, que saben lo que quieren y, sobre todo, que pueden y quieren luchar. Ya no temen derramar sangre y que se vea claramente que es roja como el fuego, como la guerra. Ya no tienen miedo. Saben que, como decía Bunbury, “todo arde si le aplicas la chispa adecuada”.

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Nerve: un juego sin reglas, de Jeanne Ryan

Nerve: un juego sin reglas

Nerve: un juego sin reglasTenía muchísimas ganas de leer Nerve: un juego sin reglas. Cada día, desde que lo pedí, cuando llamaban al timbre de mi casa, corría hacia la mirilla para ver si era el mensajero trayéndomelo. Y, por fin, llegó. ¡Un día y medio me ha durado! ¡Un día y medio! Vale, puede ser que no lo haya soltado ni para comer —literalmente—, pero es que me tenía atrapada. Cuando dejaba el libro para hacer algo que me impedía seguir leyendo, no podía parar de pensar en cómo seguiría la historia. Y, al fin, la terminé y ya vuelvo a ser un poquito más libre.

Dicho esto, os voy a contar un poco de qué va, para que entendáis por qué durante un día y medio he sido abducida por esta historia: en una época en la que la tecnología manda y los móviles son una extensión de nuestro cuerpo, la aplicación Nerve es la nueva sensación. A caballo entre una red social y un juego de rol, consiste en una especie de “verdad o atrevimiento”, en el que una serie de desconocidos proponen retos a los jugadores a cambio de regalos más que suculentos. Nerve lo sabe todo; sabe qué vestido está en tu lista de deseos, a qué sitio desearías viajar, a qué universidad carísima te gustaría ir si tuvieras el dinero suficiente… y, lo más importante, sabe que harás todo lo posible por conseguir esos regalos.

Vee es una chica normal, estudiante de instituto que pronto irá a la universidad y que dedica sus ratos libres al teatro. Pero no es una de las actrices; aunque siempre lo ha querido, nunca se ha atrevido a presentarse a una audición. Para eso ya está su mejor amiga, Sydney, igual de guapa que talentosa. Vee prefiere quedarse entre bambalinas, encargándose de que todo vaya bien, preparando el vestuario y el maquillaje y haciendo que todo sea perfecto. Por supuesto, como cualquier chica o chico de su edad, conoce ese juego del que todo el mundo habla.

En Nerve puedes optar por dos roles: jugador o seguidor. Si le hubieran preguntado a Vee hace unos meses por qué papel optaría, habría respondido que ella era una seguidora, obviamente. Pero ahora, con ese chico que tanto le gusta pero que no le hace caso y esa mejor amiga que se lleva toda la popularidad… no lo tiene tan claro. ¿Qué tal si, por una vez, ella es la protagonista? No pasará nada por jugar un rato. Tendrá que hacer algún reto tonto y conseguirá fama instantánea y un montón de premios que, de otra manera, jamás conseguiría. Lo que Vee no sabe es que esos juegos son de todo menos “tontos” y que Nerve hará lo imposible para que la partida no se acabe.

Con este planteamiento, original cuanto menos, Jeanne Ryan nos ofrece una novela young adult muy entretenida y, como decía al principio, demasiado absorbente. Me ha gustado que no tuviera como escenario una América posapocalíptica, sino que todo sucediese en la época actual y tomando como hilo conductor la omnipresencia de las redes sociales en nuestras vidas. Nerve, ese ente que no se sabe muy bien dónde radica y, por lo tanto, complica las cosas a quien quiere acabar con él, se aprovecha de este afán de compartir todos nuestros deseos e intimidades en ese gigante llamado Internet para tener a los jugadores y seguidores como marionetas, haciendo todo lo que él quiere. Y digo acabar con él, porque Nerve no solo se nutre de juegos estúpidos y apuestas ridículas, sino que llega a poner en peligro la vida de sus concursantes con tal de tener más seguidores. La protagonista se irá dando cuenta, poco a poco, de que sus sospechas paranoicas sobre que existen conspiraciones por todas partes no son tan descabelladas y que absolutamente todo lo que ha compartido con sus supuestos amigos, ahora le va a servir a Nerve para tenerla atrapada como si fuera una mosca en una tela de araña.

Estaba tan emocionada con este libro que, en cuanto lo terminé, corrí al cine a ver la película. Llevaba todo el verano anunciada, pero no quería verla sin haber leído el libro antes. Se me hacía difícil terminar la reseña sin hacer alusión a este hecho, pues merece una advertencia: cualquier parecido entre el libro y la película es mera coincidencia. Tienen la misma trama, pero ¡es que ni un solo reto es igual que en la historia original! Solo quería avisar, por si acaso habéis visto la película y pensáis que está todo dicho. En fin, después de este pequeño comentario con tono indignado, no puedo hacer más que recomendar este libro, muy sinceramente, si lo que estáis buscando es una historia diferente y que os tenga en vilo durante horas. Y, mientras tanto, cuidado con lo que subís a las redes sociales; ahora ya sabéis que Nerve lo ve absolutamente todo.

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Galería de asesinos sin alma: la estirpe de Caín, de José Manuel Frías

Galería de asesinos sin alma: la estirpe de Caín

Galería de asesinos sin alma: la estirpe de CaínHay veces en las que siento que tengo diferentes “mini yos” dentro de mi cabeza. Cuando veo un libro determinado, una de esas pequeñas individuas despierta de su letargo y empieza a dar saltos gritando: “ese, ese, quiero que leas ese”. El modo de pedir depende de la personita en cuestión. Las hay que son amables y me lo piden por favor, a la vez que me muestran una imagen de mí misma tirada en un sofá leyendo y rodeada de chocolate (qué feliz se puede ser con tan poco). O bien las hay tajantes y severas, que me dicen: “lo tienes que leer y punto”. Cuando me topé con Galerías de asesinos sin alma: la estirpe de Caín fue mi yo criminalista y morbosa la que se colocó delante de todas las demás, abriéndose a empujones, y me dijo que no se iba a mover hasta que lo leyera. Se puso seria y me dio hasta miedo. Así que no era negociable. Lo tenía que leer.

Y esa es la pequeña historia de cómo he llegado hasta aquí. Pero antes de empezar, tengo que hacer una advertencia: no vengo a hablar de un libro bonito o entrañable. Tampoco de historias idílicas y fabulosas. Ni de misterio. Y mucho menos de chico conoce a chica. Vengo a hablar de sangre, de vísceras, de muerte. De finales horribles y mentes enfermas. De sádicos, caníbales, parricidas, violadores, viudas negras. De lo mejor de cada casa, vaya. Todos estos componen la estirpe de Caín, el virus de nuestra sociedad, las historias para no dormir.

Leyéndolas, no podía parar de pensar en el mérito de su escritor, José Manuel Frías, periodista malagueño que se ha dedicado a reunir los horrores más sangrientos de todos los tiempos en un solo libro. No me quiero ni imaginar lo difícil que tuvo que ser documentarse sobre todos estos individuos. Ya he contado en alguna ocasión que estudio la carrera de Criminología, por lo que estoy ya un poco hecha a estas historias. Pero lo cierto es que hay alguna que me ha resultado escabrosa de más. Hay una, en particular, que habla del Vampiro de Brooklyn. Yo no conocía a este personaje y creo que ha sido la historia que más me ha revuelto el estómago. Tanto, que tuve que parar un rato y ponerme a hacer otras cosas para no pensar en los crímenes tan horribles que cometió.

Y, la pregunta es ¿por qué leer Galería de asesinos sin alma: la estirpe de Caín si solo me voy a topar con historias de esta calaña? Está claro que no es apto para estómagos sensibles y que hay que ser consciente de lo que uno se va a encontrar. Son historias duras y repulsivas, pero como comenté en la reseña de La ciencia en la sombra, el ser humano es curioso por naturaleza. Además de morboso. Nos gustaría saber qué se le pasa por la cabeza a una persona para cometer este tipo de delitos. Qué falla cuando un hombre se come a otro. Qué motivación tiene un padre que encierra a su hija en un sótano durante décadas. Qué es lo que lleva a que una mujer mande asesinar a su marido. O, sin movernos de España, cuán enferma tiene que estar la mente de un padre para quemar vivos a sus dos hijos pequeños.

Son preguntas que queremos respondernos para intentar entender el porqué. Hay explicaciones de todo tipo, excusas en las que el asesino se refugia para no tener remordimientos de conciencia aunque, sinceramente, no sé hasta qué punto ese placebo puede ser efectivo. Cada uno tiene su motivación, como decía. Mismamente, el Vampiro de Brooklyn que antes mencionaba, encontraba morboso hasta el ser ejecutado. Son mentes viciadas, podridas, que por un motivo u otro, sienten placer al cometer atrocidades.

No creo que jamás llegue a entender el porqué de esta crueldad. En la carrera de Derecho te enseñan que da igual qué motivación tenía el cliente cuando cometió el delito. Lo hizo. Punto. Y ahora te las apañas para defenderle como puedas. Pero sí entiendo por qué hay que leer este libro. Quizá para conocer algunos de los mayores errores de la historia. O quizá, si os gusta la filosofía, también pueda servir para corroborar o no la teoría del hombre bueno. Por mi parte, a mí me ha servido para calmar a mi yo curiosa por un tiempo y para que se quede calmadita en su rincón durante una buena temporada.

 

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Extraños, de Kimberly McCreight

Extraños

ExtrañosLo admito, el año pasado sucumbí al fenómeno La chica del tren. Era un poco reticente al principio, pero acabé comprándolo en una estación cuando no tenía otra cosa para leer. Y es cierto que, a pesar de ser un poco predecible y teatrero al final, me gustó y me tuvo atrapada durante los dos escasos días que me duró. Desde el año pasado no he dejado de ver nuevos libros cuyas portadas anuncian algo así como: “si te gustó La chica del tren no te puedes perder esta novedad”. He ido esquivando estas recomendaciones como si estuviera huyendo de mil flechas lanzadas a la vez. Pero, si sois fans de Juego de Tronos y habéis visto la última temporada, sabréis de sobra que al menos una flecha, aunque solo sea una, da en el blanco.

Mi flecha particular ha sido Extraños, que también contenía un emblema haciendo mención a la ya famosa chica que viaja en tren todos los días y —sorpresa— a la saga Divergente. Qué mezcla, ¿verdad? Pero pensé ¿por qué no? Cosas más raras se han visto. El caso es que este libro me ha tenido muy engañada durante buena parte de la trama. Os cuento: la historia comienza cuando Wylie se entera de que la que fue su mejor amiga hace un tiempo, Cassie, ha desaparecido sin dejar rastro. Poco a poco se va descubriendo que Cassie últimamente ha estado pasando por una serie de altibajos que han hecho que se juntara con quien no debía, que llevara un modo de vida no adecuado para una chica todavía menor de edad y que se metiera en más líos de los que se podía permitir. También entrará en juego el padre de Wylie, un psicólogo excéntrico que se dedica a estudiar la inteligencia emocional de las personas y que recientemente ha perdido a su mujer, la madre de Wylie, en un accidente de coche. El último factor de la ecuación que queda por descubrir es Jasper, el novio de la desaparecida y que participará en su búsqueda junto con nuestra protagonista.

Al principio me imaginé que sería una historia de asesinatos, un thriller policíaco o algo así. Pero no. Los tiros no van por ahí. Aunque sí que hay misterio —y mucho—, porque la razón por la que ha desaparecido Cassie incumbirá a nuestra protagonista hasta límites que ni si quiera sospecha. Nosotros vamos a ser espectadores y testigos de cómo Wylie va desenredando la madeja de hilos en la que se ha convertido la vida de Cassie. Y la cosa no queda ahí, pues la historia se irá enredando aún más cuando entren en juego unas cuantas personas que harán que la búsqueda no resulte todo lo fácil que se pensaba en un principio. Y, por si fuera poco y la trama no estuviera lo suficientemente enmarañada, aparecerán los Extraños que, por supuesto, no os voy a contar quiénes son. Yo y mis manías de no hacer spoilers.

Es uno de esos libros que yo describo con una frase: “aquí es malo hasta el apuntador”. Me ha recordado un poco a Twin Peaks, donde sospechas de todo el mundo y de nadie a la vez. Donde todos tienen motivos para acabar con la vida de una pobre chica inocente y donde nada ni nadie es lo que parece. Cuando parece que ya entiendes todo lo que está pasando y que sabes de sobra quién es el malo, la historia da un giro de ciento ochenta grados y te quedas con la boca abierta porque vuelves a estar en el punto de partida.

Toda la trama, absolutamente toda, está perfectamente hilada de principio a fin. No quiero explicaros por qué, porque sería revelaros el final, pero sí os digo que todo, repito, TODO, lo que se dice sirve para resolver el misterio. Kimberly McCreight ha dejado el final totalmente abierto, por lo que parece ser que tendremos una continuación y que todo puede enrevesarse un poquito más, si cabe. Así que, poneos vuestra gorra de Sherlock e intentad resolver el misterio antes de que a Cassie le pase algo realmente grave. Entre tanto y mientras decido con qué libro continuar, voy a curarme la herida que me ha dejado esta flecha que, intuyo,  tardará un poco en curarse.

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Flores en el ático, de V. C. Andrews

Flores en el ático

Flores en el áticoA ver si va a ser cierto eso de que las modas son cíclicas… Primero el anuncio de que Twin Peaks va a volver a nuestras vidas, y ahora una reedición de esta saga de los setenta. Puede que ahora casi nadie recuerde quién era V. C. Andrews, pero en su día sus libros adornaban casi todas las estanterías. Tanto que, incluso a su muerte, sus herederos decidieron contratar a otra persona para que continuara con alguna de sus historias. Y así, hace más de una década que me topé con Flores en el ático. Yo tendría unos doce años cuando lo descubrí entre los libros de mi madre. Hacía poco que había empezado a leer novelas más o menos extensas y me atreví a meterme en el mundo creado por V. C. Andrews. La verdad: me traumaticé un poco. No es una lectura aconsejable para una niña de doce años, pero lo cierto es que eso no impidió que continuara leyendo los siguientes cuatro libros de la saga Dollanganger —el último, como acabo de decir, lo tuvo que escribir otra persona porque la autora falleció sin haber terminado la historia—. Recuerdo que cuando alguno de mis amigos me pedía que le recomendara un libro, yo, sin dudarlo, le decía que tenía que leer esta saga. Aunque lo cierto es que creo que ninguno me hizo caso por aquel entonces…

El fin de semana pasado quedé con unas amigas para ver la nueva adaptación cinematográfica del libro (que, la verdad, es un poco película de siesta de Antena 3) y me dijeron que no querían verla porque habían escuchado que “iba de torturas”. Yo no podía parar de reírme. A ver… un poco tortuosa sí que es, pero ellas se imaginaban sangre y asquerosidades por doquier. Aunque esa visión no se asoma ni ápice a la verdad.

Un breve resumen para los que no conozcáis la historia: los Dollanganger eran una familia ideal, todos tan rubios y tan perfectos, como sacados de una casa de muñecas. Parecía que nada podía alterar esa imagen hasta que el padre fallece en un trágico accidente. La madre nunca había trabajado, solo era capaz de estar perfecta para su marido. Hipotecada hasta decir basta, tiene que tomar una decisión drástica: mudarse con sus padres —a los que nos referiremos como “abuelos” de aquí en adelante para no liarnos—. Pero aquí viene cuando la matan: el abuelo la desheredó hacía veinte años por motivos que tendréis que descubrir en el libro. Este señor no puede enterarse de que tiene cuatro perfectos nietos, (he aquí el misterio, que tampoco os voy a contar), así que la abuela decide encerrarlos en el ático hasta que el susodicho señor muera; muerte que, según aseguran los médicos, es más que inminente. Mientras tanto, la madre tendrá que volver a ganarse el afecto del no tan entrañable abuelo para que vuelva a añadirla en el testamento y así poder continuar con su vida de ensueño junto a sus cuatro perfectos hijos. Esta es la idea general, pero la historia que nos interesa es la que se desarrolla dentro del ático. Los cuatro niños vivirán allí más tiempo del necesario, pues la tan inminente muerte del abuelo no lo será tanto. Privados de la luz del sol y de la naturaleza, deciden crearse su propio jardín con flores de papel, para intentar sobrellevar la larga espera. Tendrán que esforzarse mucho para no perder la esperanza y la confianza en su madre, ya que los días irán pasando y ellos seguirán allí encerrados.

V.C. Andrews empezó en los setenta esta maravillosa saga que engancha desde la primera página. He leído en alguna parte que está catalogada como “narrativa gótica”. No sé muy bien lo que significa eso y por lo tanto no sé en qué consiste ese estilo. Pero lo que sí puedo decir es que es un “dramón” de principio a fin. Los personajes van desarrollándose sin cesar durante toda la historia, evolucionando a medida que las páginas van pasando. Tendremos personajes a los que odiaremos de manera acérrima, otros que nos tendrán confundidos, otros a los que querremos y otros por los que lloraremos desconsoladamente.

No sé, llamadme masoquista, pero a mí este tipo de novelas me gustan. Me enganchan; hacen que quiera saber más sobre la historia, saber cómo terminará. Y dado que las modas son cíclicas, como decía al principio, cuando vi esta reedición de DeBolsillo no dudé en leerla de nuevo —aunque yo ya sabía cómo terminaba la historia—, pero ahora con más madurez y desde otro punto de vista Y, como conclusión, sigo pensando lo mismo: que es fantástica. Cuando tenía doce años solo se la podía recomendar a mis conocidos, pero hoy tengo la oportunidad de recomendárosla a todos vosotros. Y espero que alguno me haga más caso que mis amigos de la infancia…

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