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Entrevista a Fernando Goitia

Fernando Goitia

Fernando GoitiaFernando Goitia vive en Madrid, es jefe de Actualidad del dominical XL Semanal y ha recibido premios como el Iberoamericano de Periodismo Fernando Lázaro Carreter. Aunque, antes de todo esto, viajó por medio mundo y vivió en lugares como Londres, Río de Janeiro o Nicaragua. La sacudida es su primera novela y condensa sus experiencias cubriendo los estragos del huracán Mitch en Centroamérica. Pero La sacudida es más que eso, es un thriller que va más allá del tópico y se adentra en temas como la amistad, la culpa y la posibilidad de redención.

En Libros y literatura hemos podido entrevistarle y aquí os dejamos el resultado:

1. Al final de la novela adjuntas una nota en la que cuentas cómo surgió el germen de la novela y porqué decidiste escribir sobre el Mitch. Pero quería preguntarte sobre la idea inicial de los personajes. ¿Cómo surgieron Miguel y Julio? ¿Cuándo tuviste clara la historia que querías a contar?

Miguel y Julio nacen al calor de mis obsesiones y fantasmas personales. Miguel es un etarra que traiciona a sus compañeros y huye a América Latina; Julio es un ex guerrillero hondureño-nicaragüense reconvertido en sicario al término de la guerra. Al crearlos y reunirlos fui descubriendo que su aventura me permitía hablar de muchas de las cuestiones que siempre me han interesado. Entre ellas, del País Vasco y de Nicaragua, dos lugares, fundamentales en mi vida, que han sufrido la descomposición individual y colectiva que produce la violencia. La historia, en todo caso, vino definida por los personajes. Ambos surgieron de repente, un día Julio, otro día Miguel, al escribir los dos primeros capítulos de la novela, narrados por cada uno de ellos en primera persona. Aparecieron, visualicé el resto de la historia y todo empezó a encajar.

2. Siguiendo con los personajes. Tus dos protagonistas son muy diferentes. Tienen un origen, un carácter y una biografía dispares. Pero, en el fondo, son dos caras de la misma moneda. ¿Esta confusión entre presa y cazador formaba parte del plan inicial?

Sí, aunque no de una forma tan premeditada. Ambos personajes se inspiran en gentes que he conocido y que han vivido experiencias similares; esa ambivalencia del criminal que se convierte en víctima de sus propios crímenes.  A Miguel y a Julio los une, aunque ellos ignoren quién es el otro, su pasado violento; haberse visto empujados a matar por las circunstancias en que crecieron. Acaban por darse cuenta del error que cometieron y de la manipulación de la que fueron objeto, pero ya es demasiado tarde… La pregunta original sería: ¿cómo se las arregla para seguir adelante alguien que ha asesinado a otras personas por motivos ideológicos cuando ya se ha arrepentido o desengañado?

3. ¿Cuál es tu método de escritura? ¿Eres de los que se sientan ante la pantalla sin un plan previo o de los que esquematizan toda la novela?

‘La Sacudida’ es mi primera novela. He aprendido muchas cosas al escribirla, pero, sobre todo, aprendí con ella a escribir una novela. No leí manuales al respecto ni nadie me dijo cómo debía proceder. Me senté y, poco a poco, surgió. Lo primero que tuve claro fue el viaje, el camino que los personajes iban a recorrer: Nicaragua y Honduras arrasados por Mitch. Sabía, por consiguiente, el principio y el final de la  ruta. Ya el resto, digamos que me fui dejando llevar por el huracán interior de los personajes. En todo caso, antes de definir la historia, arrancaron muchas otras tramas que no llegaron tan lejos. Ahora, al empezar a preparar la segunda, sin embargo, todo estuvo más definido desde el comienzo.

4. En La sacudida se nota el conocimiento de primera mano de los espacios y las culturas en las que se sitúa la acción, pero también de la desolación que causó el desastre del Mitch. ¿Fue difícil encontrar el equilibrio entre contar lo que viste y mantenerte en la ficción?

La verdad es que no. Yo conocía el paisaje devastado por el Mitch y los testimonios de supervivientes que salpican la narración; los llevaba ya conmigo. Es decir, coloqué a mis personajes en unos escenarios que ya conocía y que deseaba mostrar de un modo mucho más amplio a lo que pude mostrar como periodista. No es que esa parte fuera fácil, digamos, más bien, que fluyó sin muchos problemas.

5. Me ha encantado cómo has logrado diferenciar las voces de los dos personajes que narran la historia: Miguel, vasco, y Julio, nicaragüense. Pese a haber vivido en Nicaragua, ¿tuviste dudas sobre la lengua de Julio?

Me alegra mucho que digas eso, porque creo que esta estructura de dos narradores es una pieza clave de la novela. Nunca tuve dudas sobre ella y, menos aún sobre Julio. Él siempre habló en primera persona y con sus modismos nicaragüenses. Mi fascinación por el habla de la zona en los años que viví allí me fue de gran ayuda. Las dudas, si acaso, surgieron, una vez finalizada, al pensar en su comercialización. «¿Serán estos localismos un obstáculo para el lector?». Es posible. Confío en que, una vez que el lector se familiarice con el español de Julio –porque habla español, no lo olvidemos–, acabe disfrutando tanto de esa riqueza de nuestro idioma como lo hice yo al escribir ‘La Sacudida’.

6. Aunque periodistas y escritores comparten muchas herramientas y técnicas, escribir ficción y no ficción debe de ser muy diferente. ¿Cómo viviste el paso a escribir una novela de 360 páginas?

Como un aprendizaje hacia nuevos caminos en mi forma de escribir. La novela ofrece libertad a la imaginación –algo que jamás debes aplicar al periodismo– y un laboratorio inmenso para experimentar con el lenguaje. Eres libre de hacer lo que quieras: estilos, estructuras, diálogos, descripciones…, y esa experimentación alimenta tu escritura, escribas lo que escribas. Por otro lado, el libro tiene también un componente periodístico, ya que la acción se desarrolla en una especie de cobertura novelada del desastre, coqueteando muy de soslayo con el reportaje cuando así le conviene al desarrollo de los personajes.

7. En la novela se habla mucho de libros, se menciona a autores como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa o Vázquez Montalbán. ¿Cuáles son tus referentes a la hora de escribir La sacudida?

Nunca pensé en referencias concretas, pero hay tres libros que han causado un especial impacto en mi vida: El asesino dentro de mí, de Jim Thompson; El ruido y la furia, de William Faulkner, y Conversación en la catedral de Mario Vargas Llosa. Son novelas demoledoras y escritas sin miedo, tanto en el uso del lenguaje y la técnica narrativa como en su temática. La lista de mis libros fascinantes es larga y abarca varias épocas y países, pero estos tres siempre los tuve en un rincón aparte.

8. La novela es un thriller y también un road trip. ¿Mientras escribías te planteabas que estabas haciendo un thriller o preferías no pensar en el género?

Puede que la estructura beba mucho del thriller, pero esto deriva del desarrollo de la acción más que de una intención literaria. Al escribir, pensaba en el género, sin duda, en cómo resolver los enfrentamientos latentes en la trama y en cómo culminaría la huida de los protagonistas, pero la novela cuenta, sobre todo la historia de estos dos personajes –afines y antagónicos, a un tiempo–  y la relación que se establece entre ellos.

9. ¿Tienes algún otro proyecto de ficción en marcha? ¿Algo que se pueda contar?

Como te decía estoy escribiendo una segunda novela, aunque está en un estado primigenio. Años 60 y años 30, País Vasco y procesos de descolonización en el Tercer Mundo, una familia partida por la política… Vaya, creo que ya te he contado demasiado, jajaja…

Fernando Goitia
Fotos de Anton Goiri
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La sacudida, de Fernando Goitia

La sacudida

 

La sacudidaHay novelas que te muestran tu propia realidad y hay novelas que te hacen viajar. Algunas logran las dos cosas. Este es el caso de La sacudida, la novela debut del periodista Fernando Goitia con la que viajamos a Centroamérica y al mismo tiempo nos quedamos muy cerca de casa.

La sacudida tiene uno de los mejores arranques que he leído este año. Comienza en Nicaragua ante ese titán que fue el huracán Mitch. Inundaciones, terremotos, riadas de lodo que se llevan por delante pueblos enteros, vientos a doscientos kilómetros por hora, un volcán que sepulta en lava a más de dos mil personas. Y entre toda esa devastación, la más absoluta que podamos imaginar, una mano y un rostro descarnado asoman entre el barro. Un periodista español se acerca al hombre enterrado y empieza a hacerle fotografías pensando que está muerto. Pero está vivo. Así arranca la historia de Miguel y Julio, dos hombres muy diferentes y al mismo tiempo casi dobles. Dos hombres oscuros, que lo han perdido todo, y a los que seguiremos a lo largo de trescientas cincuenta páginas buscando respuestas.

Como podéis imaginar, La sacudida es un thriller, pero al mismo tiempo es una novela que trata temas muy humanos en medio de la destrucción y la huida. Hubiera sido fácil irse por una ficción más peliculera, con páginas y páginas de acción y ríos de sangre pero, si buscáis algo así, La sacudida no es vuestro libro. Esta novela cuenta la historia de dos hombres de carne y hueso que huyen de su pasado. Y, por supuesto, el pasado, como buen enemigo, se empeña en darles alcance y ponerles contra las cuerdas. En esta novela hay dolor, hay sangre y persecuciones, sí. Pero también hay humor, amistad, erotismo y segundas oportunidades.

El argumento de un thriller es siempre es difícil de contar porque temes dar algún detalle clave que pueda considerarse spoiler. Intentaré no hacerlo, os juro que no adelanto más que las primeras páginas de la novela. La sacudida empieza con Miguel, un periodista vasco que vive en Nicaragua y está intentando cubrir para diversos medios la desolación del huracán Mitch. Enseguida sabemos que Miguel Goikoetxea no es su auténtico nombre y que vive en una paranoia constante. La novela nos revelará qué sucedió en España para que Miguel, sea cual sea su verdadero nombre, deba esconderse de este modo. Por su parte, Julio es un exguerrillero reciclado en asesino a sueldo que está en camino de hacer su último encargo antes de irse a vivir, con su mujer y sus hijas, a Estados Unidos. Pero antes de salir en búsqueda de la víctima, le cae (literalmente) un volcán encima. Las consecuencias del huracán Mitch unirán los destinos de estos dos hombres. Como habéis adivinado, Miguel es el periodista que devuelve a la vida a Julio, el sicario que tiene órdenes de matarle. Ya os lo he dicho, uno de los mejores arranques del año.

Es importante decir que la novela está contada en primera persona por sus dos protagonistas y va intercalando capítulos con la voz de uno y otro. Esto hace que no tengas claro en ningún momento quién es la víctima y quién el verdugo, que no puedas escoger bando y añade tensión a la relación entre el salvador y el superviviente. Otra de las cosas que más me ha gustado de La sacudida han sido las descripciones de los espacios, de las costumbres, el habla nica y la gastronomía centroamericana. Como decía al empezar, esta novela te hace viajar. Fernando Goitia, echando mano a sus propios recuerdos, lleva al lector a Nicaragua y Honduras de los años noventa y, aunque nunca hayas pisado esas tierras, sientes que ya has estado allí.

Aunque no olvidemos que la novela se sitúa en una de las peores catástrofes naturales de los últimos treinta años. La sacudida también es un road trip en el que encontramos a secundarios de lujo (quedaos con el nombre de Latania) y testimonios de la desolación y miseria producidas por el Mitch tan realistas que parecen voces grabadas in situ y trasladadas por el narrador a las páginas de su ficción. Todo esto bien macerado con el estilo del autor: personal, preciso y camaleónico a la hora de plasmar el acento y léxico de sus dos protagonistas.

Solo me queda reiterar la recomendación de esta historia y felicitar a Fernando Goitia, periodista y escritor que se estrena con esta novela, y del que espero poder leer más en los siguientes años.

Laura Gomara

 

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Nacidos de la bruma 1. El imperio final, de Brandon Sanderson

Nacidos de la bruma 1. El imperio final

Nacidos de la bruma 1. El imperio finalEl género fantástico reúne, junto a la ciencia ficción dura, quizás, a los autores y lectores más críticos de cuantos géneros literarios puedas encontrar. Al menos siempre he tenido esa impresión basándome en convenciones a las que he asistido, como la última edición del festival Celsius de Avilés, comentarios y artículos que he leído en blogs de internet y las ya anticuadas —una lástima, pero así es— cartas al director de revistas especializadas. Pese a ser el género literario que más libertad da tanto a autores, pudiendo éstos asentar la historia de su obra en mundos inexistentes, con personajes extravagantes de cualidades imposibles y a sus lectores, que disfrutan de la lectura de esos mundos extraños donde se sumergen con gran facilidad y voracidad, siempre han resultado ser un público exigente. Consigo mismos. Con lo que leen. Con lo que otros cuentan de lo que ellos leen.

Ahí es donde me toca a mí. Así que, sin ánimo de ganarme la confianza del lector sino simplemente porque así lo considero, tras leer Nacidos de la bruma 1. El imperio final, de Brandon Sanderson, comienzo diciendo que me ha resultado el mejor comienzo posible para una saga de fantasía.

Cuanto sabía de Sanderson hasta ahora era que escribió la divertida y entretenidísima saga juvenil que empieza con Alcatraz contra los Bibliotecarios Malvados y disfruté como un colegial. Entonces quise saber más acerca de este autor y me di de bruces con que es un escritor tan prolífico como pueda llegar a ser Andrej Sapkowski o Abercrombie juntos y cuyas críticas le posicionan como el más digno sucesor de George R.R. Martin o Tolkien. Y entonces me dije: ¿Por dónde empiezo a leerle? Y, aprovechando que Nova ha reeditado la saga al completo de Nacidos de la bruma con nuevas portadas y revisión de sus traducciones, decidí que esta saga era lo ideal.

Un mundo en el que durante mil años han caído cenizas del cielo y nada florece. El sol, rojo infernal, es consumido por las brumas al llegar la noche. El Lord Legislador domina con un poder absoluto sobre todos los habitantes esclavizados, llamados skaa, con la ayuda de obligadores e inquisidores, seres que poseen la habilidad de la alomancia, una poderosa magia extraída de los metales. En ocasiones, pese a que las estrictas leyes lo prohíben, algunos nobles y altos cargos alománticos se acuestan con mujeres skaa y algunos de sus bastardos sobreviven y heredan sus poderes. Son los nacidos de la bruma. Uno de ellos, Kelsier, con la ayuda de otra nacida de la bruma, Vin y sus compinches, se preparan para una rebelión del pueblo oprimido para derrocar el reinado atroz de muerte y crueldad del Lord Legislador.

Mi primera impresión al adentrarme en la lectura de Nacidos de la bruma 1. El Imperio Final era que podrían asustarme aquellos asuntos sobre magos vestidos con capas y túnicas, poderes extraños que no tuvieran un explicación accesible y una mezcolanza de reinos con lores y nobles de nombres imposibles que al final necesitara de un cuaderno de notas para no despistarme entre tanta información. Brandon Sanderson lo ha conseguido. Y esta es una afirmación bastante escrita acerca de sus novelas ya que este escritor tiene el poder de hacer que todas esas primeras impresiones desaparezcan en las primeras páginas de la novela. La acción te introduce de lleno en ese mundo de ceniza que ha creado y en el conflicto que va a marcar la historia de una forma tan atractiva y de fácil lectura que, para mí, novato en sagas fantásticas, ha conseguido cautivarme.

Mención aparte, los personajes, que es donde Sanderson se luce y con gusto. De primeras, la dupla Kelsier/Vin, los dos nacidos de la bruma. Una suerte de ¿Batman y Robin?, sí, podría ser. El modo en cómo se conocen, la habilidad para poder enfrentarse a los peligros que les esperan, el entrenamiento para llegar a ello. Kelsier, de espíritu rebelde, siempre amable con un profundo sentir interno, es profeta. Profeta de un pueblo esclavizado. Un cruzado por una causa justa que a medida que avanza la novela, va más allá de ser solo un héroe; es esperanza para un pueblo oprimido durante años. Vin, por su parte, es quien simboliza la parte más llana del pueblo skaa, una pobre ladrona callejera que ha sufrido lo suyo y cuando se creía sin una misión en la vida, se encuentra metida de lleno en la mayor revolución que ha conocido. Su aprendizaje hará que el personaje vaya madurando durante la novela. Y el resto de la banda de rebeldes, Brisa, Ham, Dockson o el criado Sazed, brillan cada uno con sus personalidades y cualidades diferentes y bien marcadas por el autor. Una delicia encontrarte una lectura donde ningún personaje está de paso o de relleno. Todos con su función. Todos con su registro.

En ocasiones, sobretodo en escenas de acción donde los personajes se ayudan de sus poderes para volar y dar saltitos de un lado a otro, cuesta más hacerse a la idea de cómo se desarrollan los hechos. Aún así, Brandon Sanderson sabe escribir con detalle los movimientos que, si en una película resulta un recurso tan fácil cuando nos lo muestran, escribirlo no lo es tanto.

En definitiva, la primera entrega de Nacidos de la bruma me ha parecido un entretenido e inteligente viaje a ese mundo de cenizas, esa revolución del pueblo contra sus opresores donde con facilidad te introduces dada su atractiva y absorbente narrativa y donde te permite disfrutar de unos personajes muy bien cuidados y desarrollados cuya habilidad para la magia se aleja de los tan manidos recursos escritos en muchas otras novelas del género fantástico. Deseando estoy de atreverme con el resto de la saga.

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El método 15/33, de Shannon Kirk

el método 15/33

el método 15/33Empiezo el veranito con una lectura que resultó absolutamente adictiva, El método 15/33, un libro estupendo para la gente que, como yo, tiene un poquito de respeto a volar.

Me resisto a empezarlo mientras estoy esperando el embarque en el aeropuerto, además voy en muy buena compañía, y como bien sabéis todos, no hay nada mejor que una buena conversación, y a falta de ella, entonces sí, una buena lectura.

Colocada ya en mi asiento y justo cuando empiezan a dar las instrucciones sobre seguridad es cuando inicio la lectura, que hará de éste un viaje alucinante del que no me podré despegar hasta que escucho la voz del Comandante avisando de la temperatura que tendremos al aterrizar en Praga.

En casi las tres horas de vuelo el libro había quedado leído, terminado, pulverizado, finiquitado, y con la absoluta convicción de que había cumplido sobradamente el fin para el que había sido adquirido: Tenerme tan atrapada durante el vuelo que no fuese capaz de levantar la cara del libro ni cuando pasan anunciando que puedes tomar un fresco combinado 😉 .

La historia nos narra el secuestro de una chica de 16 años, embarazada, ocurrido en EEUU en el año 1993. La autora decide, con acierto, contarla desde la distancia del paso de los años, Por lo que conoceremos no solo el hecho y desenlace del secuestro, sino la vida anterior y posterior de esta joven y especial protagonista, conoceremos a su familia y su entorno, pero también el de otros muchos personajes que poco a poco irán formando parte de su vida, o tendrán una importancia vital en el desenlace de la trama.

No será por nada que esta novela obtuviera en su día los premios National Indie Excellence y IBPA Benjamin Franklin Award para la mejor novela de suspense, porque suspense lo tiene todo, y es creíble, la protagonista de esta historia es tan creíble como lo pudiera ser en su día nuestra querida Lisbeth Salander. Ya ven que casi nada quería yo contarles del libro, pero era inevitable hacer esta comparación por lo mucho que pueden compartir en la parte reflexiva sobre el deseo de venganza…

Y es que verán, esta es una novela que está no solo bien pensada y estructurada, sino que hay mucha habilidad literaria en la autora, pues como en el caso de Millennium, de Stieg Larsson, no se trata solo de tener una buena historia, hay que darle vida y credibilidad a los personajes principales, pero también a todos los secundarios que han de dar solidez a la historia. Y esto lo consigue sobradamente la autora, Shannon Kirk, una norteamericana, abogada y profesora de Derecho reconvertida a escritora para la suerte de sus lectores.

Si queremos dar el libro por acabado, podemos, no creo que nadie piense que es un final especialmente abierto, pero si la autora quiere, no duden que habrá más novelas, pues hilos hay en la historia para poder tirar de cualquiera de ellos.

En nada estaré otra vez con todos ustedes para contarles sobre mi lectura en el viaje de regreso.

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Mater familias, de Lindsey Davis

Mater familias

Mater familiasNo sé qué tiene el mundo de la Antigua Roma que me fascina tanto. Será la belleza de su contexto o la solemnidad con la que vivían el día a día. Tanto llegó a apasionarme, que cuando tuve que decidir qué asignaturas cursar en bachillerato, no dudé ni por un segundo que una de ellas iba a ser Latín. Mi curiosidad por esta época también se pone de manifiesto en el hecho de que, a punto de terminar la carrera de Derecho, no se me ha ocurrido una idea mejor que enfrascarme en un trabajo de fin de grado de Derecho Romano (puedo ver a todos los que hayan estudiado mi carrera echándose las manos a la cabeza). En realidad, creo que lo que más me asombra es el misticismo oculto detrás de los dioses que veneraban; ese politeísmo cargado de mitología e historias fascinantes que hacen que siempre quiera saber más sobre aquella época. Pero, aunque me guste tanto la Antigua Roma, tengo que confesar que nunca había leído una novela que la tuviera como contexto. Sí que me he topado con unos cuantos libros sobre mitología, pero jamás uno que tuviera el formato de novela. Así que me daba un poco de miedo enfrentarme a este libro, ya que yo no soy mucho de novela histórica y no sabía si iba a ser capaz de apreciar esta obra; pero Lindsey Davis me lo ha puesto muy fácil y ha hecho que me enganchara desde el principio hasta el final. Y ahora voy a intentar resumir el porqué:

Mater familias es el tercer libro de la trilogía sobre Flavia Albia, una incesante investigadora que lleva, además, una empresa de subastas junto con su padre, al que ya conocimos en otra saga anterior de la misma autora. Tengo que hacer otra confesión al respecto (esto va a parecer un confesionario al final): no había leído ningún libro de Lindsey Davis hasta ahora; por lo que esta era la primera vez que tenía noticias de Flavia Albia. Aunque estoy segura de que me he perdido muchas cosas, eso no ha sido inconveniente para seguir el hilo de la historia; por lo que si no habéis leído las entregas anteriores y os apetece mucho iniciaros en el mundo de Flavia y no queréis empezar desde el principio… no vais a tener el menor problema en seguir la historia.

En este tomo, el padre de Flavia tiene que salir de viaje y la deja al frente del negocio. Cuando Flavia se dispone a organizar la próxima subasta, descubre que dentro de uno de los arcones que pondrá a la venta hay un cadáver de una persona desconocida. Este hecho puede ensuciar el nombre de la empresa que regenta con su padre, por lo que su espíritu de investigadora ve en ello la excusa perfecta para ponerse manos a la obra y descubrir quién es la persona que está dentro de su arcón y quién se ha atrevido a ponerla ahí. Además, por si Flavia no tuviera suficiente trabajo, Manlio Fausto, un edil romano muy amigo suyo, acude donde ella para pedirle un pequeño favor: un conocido de Manlio se va a presentar a magistrado y necesita que Flavia investigue a todos sus oponentes políticos para saber qué estrategia seguir en la campaña. Así, Flavia irá surcando las páginas del libro entre dos investigaciones: la horrible muerte del señor desconocido y los tejemanejes de las personas más importantes e influyentes de la época.

No olvidemos que Flavia Albia no deja de ser una mujer en la Antigua Roma, con todos los vetos y hándicaps que eso suponía. No estaba bien visto que una mujer regentara una empresa de tal envergadura, aunque fuera al lado de su padre. El patriarcado se imponía en cada esquina y el que una mujer pensara siquiera en salir de las labores domésticas, era motivo suficiente para que su marido se avergonzara. Pero Flavia, en este sentido, cuenta con una ventaja: ella es viuda. Su marido falleció hace poco tiempo, lo que la obligó a salir adelante y le permitió perseguir sus sueños. No hay mal que por bien no venga, dicen.

Me ha llamado muchísimo la atención el registro que usa Lindsey Davis para narrarnos la historia. Flavia habla como si fuera una joven del siglo XXI, usando la ironía y las palabras que hoy en día podríamos utilizar. Hay momentos en los que hace que te olvides de que estás leyendo una historia sobre la Antigua Roma, lo que todavía no sé si es bueno o malo; imagino que dependerá de los gustos personales de cada uno. Como decía al principio, yo no soy de novela histórica, por lo que a mí este hecho me ha ayudado bastante. Creo que le aporta frescura a un libro que, de otra manera, hubiera sido un poco neutro. Lindsey Davis rompe con la idea de que para hacer una novela histórica hay que ser un poco pedante. Con ella, se acabaron los palabrejos antiguos y extraños que hacen que la historia pierda su ritmo si no estás acostumbrado a ellos; con ella, descubriremos personajes que bien podrían estar sacados de una Roma actual y que nos ayudarán a meternos mucho más fácilmente en la historia.

Este libro tiene una doble ventaja: atrapará a los fanáticos de la novela negra (como yo) y a los que busquen una historia basada en la Antigua Roma. Esta Lindsey Davis sabía lo que se hacía cuando comenzó a escribir la historia del padre de Flavia Albia. Y visto lo visto, creo que voy a hacer las cosas bien (aunque sea tarde) y voy a empezar la saga desde el principio, como tiene que ser.

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Colortronic, de Varios Autores

colortronic

colortronicSiempre he sido un poco detractor de ciertas modas que, a mí, me parecen una pérdida de tiempo. Creo necesario empezar con esta frase para que aquel que lea la reseña pueda entender el cambio de registro que, a veces, los libros nos pueden llegar a hacer evidente. Hace unos años, la moda de los libros para colorear empezó a inundar las librerías y no fueron pocos los que se encontraron, de la noche a la mañana, con baldas e incluso secciones enteras de aquellos libros donde este tipo de publicaciones ocupaban un puesto de honor. De esa moda nació, en cierta forma, mi reticencia a este tipo de libros que no dejan de apelar a un espíritu nostálgico para todos aquellos que, como yo, ya llevábamos tiempo, y desde bien pequeños, coloreando libros por el simple hecho de divertirnos. Después llegó la terapia a través del color y ya todo cambió. Colortronic, como nueva publicación de este tipo de libros, es muy posible que no guarde en su interior un espíritu novedoso ni un concepto completamente diferente a lo que ya estamos acostumbrados, pero lo que sí nos propone es obtener unos resultados cuanto menos curiosos. Ya he dicho al principio de esta introducción que yo, las modas que intentan meterme por los ojos todo lo posible su compra tienden a caer en saco roto conmigo, pero resulta que la creación de Shannon Kirk ha conseguido que me siente, que pinte, que coloree y que, en definitiva, contemple el tiempo desde otra perspectiva y, si se me permite la licencia, desde otro tipo de arte. Ahora entenderéis por qué.

Lo primero, no hay que llevarse a engaño. Este es un libro para colorear. Todo aquel que piense que sólo podemos centrarnos en la literatura o el ensayo, tendría que replantearse desde el principio cuáles son los tipos de libros que pueden gustar al público y, además, estaría incurriendo en el mismo error que cometí yo hace no mucho: prejuzgar antes de comprobar. Esta publicación nos trae una serie de dibujos que, a través de una serie numérica, podremos ir coloreando. Hasta aquí, es muy posible que creáis que no hay nada nuevo, porque al fin y al cabo el color unido a un número determinado es más viejo que el catarro. Pero si algo, por pequeño que esto sea, demuestra Colortronic es su capacidad para crear escenas bastante psicodélicas y llenas de un colorido que yo pocas veces he visto en un libro de este tipo. Todo aquello que he podido acercar a mis ojos parecía más cercano a propagar una gama de colores bastante neutra y aquí es todo lo contrario. ¿Que no deja mucho a la imaginación la propuesta? Es muy posible que alguien pueda verlo así pero, yo haría otra pregunta: ¿no somos acaso nosotros, no ya lectores, sino autores de este libro, los que debemos poner el elemento imaginativo en aquello que estamos construyendo? Otro punto a favor, por tanto, el de convertir a quien sostiene sus páginas en una parte activa de todo este proceso que tantas ventas reporta a lo largo del año.

Lo segundo, y no menos importante que lo primero, es el tiempo. No el que tardemos en colorear aquello que se nos propone, que también, sino que la gestión del tiempo varía con este tipo de publicaciones y ahí, creo, radica su relevancia. En un mundo tan caótico y lleno de la inmediatez que acaba por ahogarnos, Colortronic lo que nos propone es trabajar por y para nosotros mismos, estirando los minutos, alargando las horas y, además, convirtiéndonos en los autores de una nueva creación. Consigue lo que para mí había sido impensable hace unos meses: que abandone por un instante lo que la realidad me ofrece para centrarme en lo que yo puedo ofrecer a través de sus láminas. Y no es que lo diga en un sentido metafísico del término sino que crear, al fin y al cabo, no deja de ser una experiencia que puede hacerte entender muchas cosas. ¿Qué importancia tiene que nuestro tiempo lo dediquemos a colorear lo que se nos propone? Si con eso pasamos un buen rato yo, desde luego, compro.

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El aliento de los dioses, de Brandon Sanderson

el aliento de los dioses

el aliento de los dioses

Nova sigue poniéndose las pilas y dando alegrías a sus lectores. Hace unas semanas os traía por aquí la estupenda y mastodóntica Seveneves de Neal Stephenson, muestra de que la editorial está apostando fuerte por la ciencia ficción. También algunos de mis compañeros de Libros y Literatura os han traído algunas de sus novedades; Luna de Ian Mcdonald y Alcatraz contra los bibliotecarios malvados de Brandon Sanderson. Es precisamente en este último en quien la editorial parece estar gastando más recursos; poniendo al día sus ediciones antiguas con nuevas traducciones, correcciones y revisiones, reeditándolas en nuevos formatos y comprando las nuevas entregas de las sagas que se publican en Estados Unidos.

Como digo, parece que Nova quiere hacer de Sanderson su buque insignia en esta nueva y renovada etapa en la que el sello está inmerso y para ello están poniendo toda la carne en el asador. Una de las nuevas reediciones que acaba de aterrizar en las librerías es El aliento de los dioses, con la traducción revisada por Manuel de los Reyes –quien se ocupara de retraducir la trilogía de Mistborn y traducir sus siguientes entregas- y con corrección a cargo de Antonio Torrubia.

Con estas reediciones, nuevas traducciones y revisiones de Sanderson, Nova quiere dar uniformidad al Cosmere –todo aquello relativo al universo creado por el escritor- en todas sus novelas, ya que las antiguas traducciones flojeaban en ese punto y muchos conceptos y nombres se cambiaban al pasar de una novela a otra.

La que hoy nos atañe, El aliento de los dioses, es quizás una de sus novelas menos leídas por estos lares, además de ser una de sus pocas novelas autoconclusivas –de momento, ya que Sanderson tiene en mente continuar con estos personajes e iniciar una nueva serie, aunque falta mucho para eso-. Digo lo de menos leída con la boca pequeña, ya que este hombre vende y se lee muchísimo, pero si comparamos la repercusión de Mistborn por ejemplo o la de la serie El archivo de las tormentas, El aliento de los dioses parece que ha quedado relegada a un segundo plano. Quizás por ser un poco menos épica que el resto.

Pero no lo digo como algo negativo, El aliento de los dioses es una novela reflexiva y con una buena carga moral, nada que ver, o no demasiado, con la fantasía más típica que estamos acostumbrados a leer. Algunos temas que Sanderson deja caer en esta novela atañen a la diferencia de clases, la religión, el libre albedrío, la educación basada en el miedo, el odio, los prejuicios…

Dedelin, el monarca de Idris, firmó nada más subir al trono, un tratado para conseguir la paz con Hallandren. En dicho tratado, el monarca se comprometía a enviar a su hija mayor Vivenna, cuando ésta alcanzara cierta edad, para que se casara con el rey-dios de Hallandren Susebron. Eso sellaría del todo la tumultuosa y precaria paz entre los dos reinos vecinos. Pero en el último momento, Dedelin decide enviar a su hija pequeña Siri y no a Vivenna a Hallandren, rompiendo así el pacto y dejando a su hija pequeña a merced de los bárbaros de Hallandren. Siri, de apenas diecisiete años, rebelde, contestataria, alocada y lo opuesto a su hermana Vivenna –que había sido educada durante toda su vida para ser una reina- llega a un reino donde los colores –a diferencia de su monocromático país- están en todas partes, donde la gente viste como quiere y donde va a tener que contraer matrimonio con un ser monstruoso que se alimenta de las almas de otras personas.

 Sanderson juega mucho a los contrastes en esta novela –añadiendo en estos mensajes bastante moralistas…- empezando por la diferencia entre Idris y Hallandren. En el primero no existen lo colores, todo es negro, gris, blanco o marrón y sus habitantes no pueden hacer ostentación de nada; estar contento es ostentación, gritar, tener una casa grande, tener demasiados vestidos, demasiados zapatos, demasiados de algo es ostentación. En Idris reina la buena educación, el silencio, la calma. En Idris creen en Austre, su Dios único y todo poderoso. En Hallandren reinan los colores, cuanto más chillones mejor, la gente grita, ríe y habla por la calle, tiene grandes casas, grandes palacios, grandes avenidas, en Hallandren no creen en un dios, creen en los Retornados, dioses que están entre ellos y que les dan consejo y acompañan.

¿No os recuerda Idris, un poco, a una comunidad mormona? Bueno.

Narrada desde cuatro puntos de vista distintos -Siri, Vivenna, Sondeluz y Vasher- Sanderson inventa y desarrolla un mundo entero y un sistema de magia totalmente nuevo. Con buenos personajes y un escenario que, como digo, se va ampliando y formando a medida que la novela avanza, las historias de Siri y Vivenna, del retornado Sondeluz y del misterioso Vasher se encauzan cada uno en una dirección para acabar entrecruzándose y mezclándose en esta historia donde nada es lo que parece y donde nadie es quien dice ser.

El aliento de los dioses es una buena puerta de entrada al mundo de Sanderson, como lo es también Elantris, aunque no sería la mejor si lo que buscáis es una fantasía más convencional o más guerrera. Sanderson se ha marcado un buen tratado de relaciones humanas, de política, de intrigas palaciegas y de reflexión sobre las religiones.

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La danza de la serpiente, de Pilar Ruiz

La danza de la serpiente

La danza de la serpienteYo no soy escritora como habréis notado ya. Solo soy una lectora empedernida que intento humildemente explicar las sensaciones que me han transmitido los libros que caen en mis manos. No tengo ninguna autoridad para decir que algo está bien escrito o no. Solo tengo mucha página leída y un gran respeto por los escritores y por su arte con la escritura. Porque escribir es eso: un arte. El arte nos enriquece el alma y el espíritu, es un alimento esencial para nuestro mundo interior. En estos tiempos revueltos, de crisis, el arte puede ser un escape, un viento refrescante, una reconciliación con el mundo. La belleza sigue ahí, en una pintura, en una melodía, en unas páginas.

En una entrevista a Pilar Ruiz, con motivo de su primera novela El corazón del caimán, nos contaba que lo que da juego en una novela no es el argumento, sino más bien la mirada del autor. Estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación: puedes tener la mejor historia del mundo, pero como no la sepas contar, es una pérdida de tiempo y de papel. Ese es el trabajo de artesano del escritor, esa es la diferencia entre una novela entretenida y con una historia que enganche pero solo correcta en su redacción y otra que solo con un hilo, nos describe un tapiz maravilloso.

Me ha pasado con algunos libros, que da igual lo que cuenten, es el cómo lo cuentan, cómo trabajan la narración de forma artística, cómo utilizan la prosa como auténtica poesía. Todo esto hace que el hecho mismo de leer sea un placer.

Pues bien, La danza de la serpiente tiene todo ese arte y además cuenta una parte de nuestra historia muy interesante. No es una novela histórica al uso, ya que no transcurre durante una época sino durante un solo verano, el de 1914, cuando está Europa revuelta por el estallido de la Primera Guerra Mundial. Santander es el lugar de moda de las clases altas de la época, incluido el rey, para pasar los veranos. Allí llega Julia Doncel, una joven feminista con la misión de conseguir que las mujeres puedan votar y Rafael, un jovencísimo e inexperto anarquista andaluz con una misión todavía más arriesgada. No se conocen, pero sus vidas se tocan y sus propósitos se tuercen, porque se mezclan con un grupo de artistas. Todo parece superficial con ellos: sexo, drogas y cabaret. Pero es engañoso, porque por ahí mezclada está una historia de espionaje y contraespionaje. Alemanes e ingleses utilizan la costa cántabra como base.

Aunque estos dos personajes podrían considerarse los protagonistas porque con ellos empieza la novela, es una historia coral. Tienen tanta importancia en la trama otros que podrían parecer secundarios en un primer momento. El escritor Álvaro Retana que no es tan simple como aparenta y que para mí es uno de los más interesantes. La diva Tórtola Valencia con un pasado no tan divino. Un marqués que no solo se dedica a las mujeres y a vivir bien. Además entramos en la casa de Benito Pérez Galdós, que tiene como invitado a Ramón del Valle-Inclán.

Todo esto con visitas a la playa para baños de ola que los recomiendan los médicos o descubriendo el placer de un helado. Mientras unos trabajan y otros disfrutan. Mientras unos se enamoran y otros confabulan. Unos investigan y otros enredan. No hay una trama única sino varios hilos que se encuentran en ciertos momentos, formando ese tapiz del que os hablaba. Teatro, danza y cabaret. Amor y asesinatos. Lucha de clases. La idea de la revolución. Nos muestra la desigualdad entre clases y entre sexos así como la corrupción de los poderosos. Por cierto, lo de llevarse los dineros a Suiza, ya se estilaba en la época.

Al principio me costó un poquito leerlo, porque las primeras páginas ya son toda una declaración de intenciones y no me lo esperaba. Pilar Ruíz ha hecho un trabajo grandísimo de redacción, ha hecho arte con las palabras y la lengua, precioso. Utiliza vocabulario de la época y adapta el lenguaje al personaje. En algunos florido y en otros bruto. Irónicos y sarcásticos los artistas. Sinceros y simples los criados.

Un gran libro de una gran escritora, totalmente recomendable. Tengo que buscar su primer libro, que se me escapó.

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Mortadelo y Filemón: Río 2016, de Francisco Ibáñez

mortadelo y filemon rio 2016

mortadelo y filemon rio 2016Prometo que yo no soy seguidor de los Juegos Olímpicos. De hecho, me he ganado más de una bronca con mis conocidos por decir que no estaba viendo ninguna de las pruebas. Y digo esto porque parece que, en mi vida lectora, están entrando lecturas sobre los juegos un día sí y otro también. Hace poco fue la reedición de Asterix y Obélix y los Juegos Olímpicos y hoy le toca el turno a Mortadelo y Filemón: Río 2016. Y como ya dije anteriormente soy un seguidor de estos dos agentes desde que no levantaba casi ni dos palmos del suelo. Creo que fueron los primeros tebeos – cuando todavía se llamaban tebeos – que cayeron en mis manos y recuerdo esas tardes, ya fueran veraniegas o invernales, donde iba pasando las páginas y me reía a carcajada limpia con lo que podían ofrecerme esos dos personajes. Hoy, con el paso del tiempo, es cierto que la carcajada ha bajado de intensidad, pero siguen pareciéndome unas historias que manejan el humor a la perfección y que saben trasladar a las viñetas muchas de las cosas que están pasando a nuestro alrededor. Ahora le ha tocado el turno a los Juegos Olímpicos, y estoy seguro que en la próxima publicación tendrá mucho que ver con lo que la actualidad nos depare. De momento, y atendiendo a la espera, vayamos con un poco de deporte…

Mortadelo y Filemón son destinados a los juegos de Río ya que hay una conspiración que está haciendo que los deportistas más fuertes se conviertan en unos debiluchos. Los agentes más conocidos de la T.I.A. investigarán, a su manera, qué es lo que está sucediendo para dar con el culpable.

Hay algo que siempre ha de tenerse en cuenta a la hora de leer una nueva historia de Mortadelo y Filemón: no se le debe pedir demasiado. No quiero decir con esto que no sea interesante, pero acercarse a un título de estos personajes pensando que va a tener el mismo tono y nos va a dejar las mismas sensaciones que las historias que leíamos cuando éramos pequeños es un error. Lo importante de Mortadelo y Filemón: Río 2016 es ese humor absurdo que no tiene mucho sentido, pero que nos divierte igualmente. Los cambios de disfraz de Mortadelo, los desastres en los que convierten cada cosa que tocan, Ofelia y su mala leche, todos esos elementos que, aunque se repitan en cada uno de los títulos publicados, los lectores buscamos que aparezcan como si nos fueran la vida en ello. Y es cierto que quizá la historia, el argumento de este cómic no sea demasiado original pero no importa demasiado cuando haya una pequeña sonrisa, por pequeña que esta sea, dibujada mientras se van sucediendo las páginas.

Recuerdo que cuando empecé Mortadelo y Filemón: Río 2016 pensé que estas historias me han acompañado tanto a lo largo de mi vida – tanto personal como profesional – que era increíble cómo un autor como Francisco Ibáñez era capaz de haber recorrido el camino de muchos de nosotros casi sin inmutarse y sin dejarnos con su visita de cada año. Y es que a veces los libros, los cómics, cualquiera que sea su formato, son más importantes por lo que representan que por lo que digan en sí mismos. Porque alguno de vosotros puede decirme que no nos cuenta nada nuevo, que en realidad es la misma historia contada una y otra vez en diferentes escenarios, y en su fondo tendréis razón. No hay que olvidar la máxima: cuando algo funciona, sigue haciéndolo. Pero no es menos cierto que, cuando se trata de volver a tener entre nosotros a Mortadelo y Filemón, es nuestra propia historia la que juega un papel importante en su lectura. Todos aquellos que, como yo, siguen año tras año las publicaciones de esta pareja de agentes, se verán recompensados. Quiénes se metan por primera vez en este mundo lleno de surrealismo disfrutarán como enanos con las escenas tan hilarantes que produce. En definitiva, uno de esos momentos en los que, a pesar de ser ya conocido, sigue pareciéndonos tan interesante como al principio.

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Todo lo que vino después, de Gabriel Urza

Todo lo que vino después

Todo lo que vino después

¿De dónde es uno? Y, simultáneamente, ¿quién es de un sitio concreto, y quién decide, si cabe tal cosa, sobre ese origen? Sobre esas cuestiones, hay puntos de vista como para alimentar un debate interminable (de hecho, ese debate existe y, en efecto, no tiene visos de terminar pronto). Algunos afirman que uno es de allí donde ha nacido, y no hay vuelta de hoja; por tanto, los propios de un territorio son solamente los que han nacido en él, da igual si uno ha hecho su vida en otro lugar y su conexión emocional con su país de nacimiento es nula, y da igual si uno ha nacido en otro sitio pero su corazón, su mente y su arraigo pertenecen a un territorio diferente a aquel de su nacimiento. Otros dicen que un pueblo lo forman las personas que eligen formar parte de él; las que viven en él y contribuyen a su prosperidad, independientemente de su origen biológico, étnico y legal. Hay quienes claman por la nacionalidad, además o al margen de todo lo antedicho, por herencia de sangre, de tal modo que el origen, igual que el ADN, pasa de padres a hijos y de tatarabuelos a tataranietos.  Esta última visión es la más extendida en Estados Unidos, donde, si a un norteamericano se le pregunta de dónde es, es común que responda, por ejemplo, “Soy irlandés, alemán, ruso y noruego”, si tiene antepasados de esas nacionalidades. Así pues, la nacionalidad del antepasado se hereda de generación en generación.

Todas ellas son formas válidas y basadas cada una en su lógica para justificar o esgrimir una nacionalidad cualquiera o, mejor dicho, un origen étnico (el concepto de origen es mucho más amplio y complejo que el de la nacionalidad). Pero también es verdad que la visión, la relación, los sentimientos y el vínculo serán muy distintos para un aborigen y para un descendiente que nunca haya pisado la tierra de sus tatarabuelos y cuyo conocimiento de ella se base en la transmisión de historias y en una imagen fundamentada en una idealización.

Reflexiones de ese tipo son las que suscita la lectura de Todo lo que vino después. Se trata de la primera novela de Gabriel Urza, estadounidense de origen vasco. Al debatir conmigo misma sobre el tema principal de Todo lo que vino después, llego a la conclusión de que éste no es otro que el origen y los diferentes vínculos que, según las diferentes personas y sus experiencias vitales y su personalidad, se establecen entre las personas y la tierra que ellos llaman suya, la tierra donde ellos tienen su hogar; además, la distancia que siempre se abre -y que, en ocasiones, puede resultar insalvable- entre una persona enraizada en un lugar y otra que, a pesar de vivir en él, no siente ningún arraigo.

En Todo lo que vino después no hay, en principio, un ánimo especial por tratar el tema de la etnicidad y de la pertenencia a un lugar y, sin embargo, el puñado de personajes protagonistas (hay cierta coralidad en la novela, y ningún personaje destaca sobre el resto de manera clara) y sus historias tejen, entre todos, una narrativa dialéctica sobre aquel tema, ya que las circunstancias y los orígenes biológicos de los personajes son muy diferentes entre sí, aunque coincidan en algunos puntos de intersección, y sin embargo son los contrastes los que ponen mejor de manifiesto lo que cada uno de ellos representa.

Todo lo que vino después tiene, claramente, algo de novela realista, muy basada en la historia contemporánea del País Vasco y su turbio clima político que arranca desde la Guerra Civil, y también algo de drama moderno que descansa en las relaciones entre los personajes. El resumen de la contraportada nos sitúa en un clima posterior al asesinato de un concejal del Partido Popular en un pequeño pueblo vasco, y, sin embargo, no estamos ante una novela sobre ETA, ni ante una novela de corte político; de hecho, el atentado queda relegado casi a la categoría de MacGuffin narrativo, y el concejal, José Antonio Torres, no pasa de ser un personaje muy poco definido y sobre el cual el autor no se detiene más que cuando es absolutamente necesario.

No; la novela se ocupa de otros personajes. Está la mujer del concejal, Mariana Zelaia, una mujer de compleja y contradictoria personalidad; está un anciano profesor estadounidense, Joni Garrett, establecido en el pueblecito vasco desde décadas atrás y, sin embargo, aún considerado por los nativos como “el americano”; está también Iker Abanzuza, que participó en el secuestro y asesinato de Torres; y está, además, Robert Duarte, un joven recién llegado de Estados Unidos, descendiente de vascos y contratado por el colegio local para sustituir a Joni Garrett. Cada uno representa una forma de ser, de estar y de pensar acerca de Muriga, el pueblo en cuestión, en realidad una miniatura representativa del País Vasco: la persona vasca de origen, con sentimientos de amor por su tierra pero no, al parecer, de ideología nacionalista; aquel que ha nacido en Muriga y acaba militando en la causa (y refiriéndose a ella de ese modo, “la causa”); un extranjero que se ha establecido en Muriga y que lo considera su hogar, habiendo perdido todo vínculo con su país de origen; y, quizá el personaje más interesante por cuanto tiene de complejo y de paradójico, así como de revelador sobre un tipo de mentalidad que podemos sospechar bastante extendido en la actualidad, el extranjero que, aun sin conocer de primera mano gran cosa acerca del País Vasco, y no habiendo participado, ni mucho menos, ni en la guerra, ni habiendo vivido la dictadura, ni la eclosión del nacionalismo vasco, ni ninguna otra etapa de la historia vasca, hace gala de sus raíces vascas, domina el idioma (y gusta de hablarlo siempre que puede) y, además, tiene unas ideas muy marcadas sobre el País Vasco y su situación política y social. Ideas que pregona siempre que puede de forma totalmente inequívoca. Será este personaje, Robert Duarte, el americano apuesto y simpático aunque arrogante y dotado de la capacidad de empatía y el calor humano de una medusa,

Es ése, el elenco de personajes, el verdadero punto de interés de Todo lo que vino después. No es su veta de novela negra y thriller, la cual adolece decididamente de falta de consistencia y de densidad suficientes para atraer al lector y resultar creíble. Tampoco su pequeña faceta de novela realista, pues en realidad su mensaje final acerca de la violencia en el País Vasco es poco original y carece de pegada, diluyéndose blandamente en un desenlace que discurre por cauces previsibles y algo inverosímiles. Hay además ciertas dosis de lugares comunes de tipo folklórico, etnográfico e histórico, y elecciones de nombres algo desconcertantes. Detalles menores, por otra parte, y seguramente inevitables en una novela de este tipo, totalmente dependiente del carácter y la historia de un lugar.

Son esos personajes y las relaciones entre ellos, sus diálogos, sus reflexiones, los motivos por los que actúan como lo hacen y las justificaciones con las que tratan de autoconvencerse de cosas en las que no creen, o en las que creen a medias, los que verdaderamente atraen y mantienen el interés de Todo lo que vino después. Los personajes pueden leerse en clave particular o simbólica, representando cada uno una visión y una forma de sentir no sólo sobre el País Vasco, sino en general sobre la tierra y el propio origen. Y es el desenlace en su faceta más intimista el que más argumentos tiene para convencer al lector.

También es meritoria la elección de Gabriel Urza de situar su trama en un pueblo pequeño del País Vasco, alejado de ambientes urbanos más cosmopolitas en los cuales el carácter particular de la sociedad vasca quedaría más disuelto. El ambiente familiar y seguro, pero también controlador y psicológicamente asfixiante de un pequeño pueblo vasco está muy bien descrito y representado, y es elocuente el diferente modo en que Muriga trata a los dos norteamericanos: acoge y acepta como uno de los suyos a Robert Duarte, un recién llegado que sin embargo habla euskera, y se refiere a él como “el euskaldún”, mientras que Joni Garrett, que lleva toda su vida en el pueblo, sigue siendo “el americano”, aunque conozca y ame mucho más el pueblo.

La fuerza de Todo lo que vino después -y, probablemente, de Urza como escritor- radica en esos personajes, precisamente la clave del triunfo de cualquier novela, y en sutilezas que recuerdan el realismo mágico; en este caso, un realismo mágico vasco, algo bastante original para esta tradición narrativa.

 

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La senda del corredor, de Adharanand Finn

la senda del corredor

la senda del corredorZancadas que le ganan la carrera a esos quilos de más. Grasa que merma de forma gradual. Corazón que bombea sangre oxigenada. Cuádriceps, abductores y gemelos que se tensan y endurecen para dejar atrás el contemporáneo monstruo del estrés nacido de las entrañas de un trabajo demasiado absorbente. Zancada corta, frecuencia alta. Mejora de la técnica para evitar lesiones. La frente perlada de sudor, las zapatillas cargadas de kilómetros, los pulmones susurrando y el polvo del camino ocultando tus huellas, es lo último que ve esa ansiedad de tomarse la vida muy a pecho antes de que le des esquinazo. Sigue corriendo. Sigue añadiéndole kilómetros a tus piernas. Supera los miedos, completa carreras, lucha contra el cronómetro, alcanza retos… ¿Y luego qué? ¿Por qué seguimos corriendo? ¿Por qué continuamos madrugando para trotar haga frío o calor, nieve o truene? ¿Por qué ropajes de colores estridentes y fosforito? ¿Por qué si ayer recorriste ese camino irregular abarrotado de piedras, raíces y nubes de mosquitos que vuelan hasta tu garganta hoy decides que es una buena idea calcar tus pasos, pero con más rapidez? ¿Por qué decides, insensato, que un agosto a las once de la mañana es un momento espléndido para empezar una media maratón? Subir más de 600 escaleras corriendo, ¿por qué? En definitiva: ¿por qué corremos?

Adharanand Finn se hizo esta última pregunta, la repitió en su obsesiva mente de corredor y por si fuera poco, y antes de alcanzar la respuesta, añadió otra: ¿cómo podemos correr de una forma mucho más eficiente?
Los japoneses parecían tener algunas repuestas.

Adharanand Finn, autor de La senda del corredor. Un viaje al mítico mundo del running japonés, y zalamero engatusador como pocos, consiguió convencer a su familia (mujer y tres hijas) para que le acompañaran a Japón (14.000 kilómetros por tierra más un paseíto en barco; ahí es nada) en su búsqueda obsesiva de la excelencia en la disciplina del running. Allí el autor se embarcó en una misión harto complicada de conseguir entrar a formar parte de un equipo de corredores de ekiden, llamadas así las carreras de relevos muy célebres en el país nipón. Y por si fuera poco, y ya como suculento postre, poder también escarbar en los misteriosos entresijos que rodean a los místicos monjes corredores capaces de meterse entre pecho y espalda, y según cuentan las leyendas y los ancianos del lugar, mil maratones en mil días para alcanzar ese punto en el que el hombre y el universo son un todo. “Cuando eres nada, entonces algo surge para llenar el espacio”.

No corredor, aquel que prefiere andar rápido, ¡no huyas aún! La senda del corredor es mucho más que únicamente un libro sobre ese deporte que ahora está tan de moda. ¿Qué tal una guía de viajes? A todos nos gusta viajar, aunque ese viaje se haga a través de un libro. ¿Y qué libro no es un viaje? Además Japón es digno de ser visitado y estudiado a conciencia. Una cultura tan opuesta a la nuestra, tan rica en costumbres, tan imprescindiblemente educada y en ocasiones tan obcecada en caducas costumbres milenarias. Templos budistas que emanan zen, gastronomía con base de arroz y pescado, ciudades de asfalto con raudos transportes, hoteles cápsula que alojan oficinistas durmientes, señores respetables y que visten traje pero que prefieren leer un buen manga antes que a ese literato de fama mundial; Adharanand Finn relata su aventura, en formato casi de diario, mostrando todos estos lugares y aspectos además de las dificultades que encuentran tanto él como su familia para adaptarse a un país de contrastes en los que, una y otra vez, lo moderno y lo tradicional chocan brutalmente, como si de dos locomotoras de vapor sin conductor que transitan por la misma vía se tratara. Así pues, ¡no te vayas no corredor! Descubre Japón, y sí, un poquito, bueno vale bastante, del deporte que en Japón une trabajo en equipo y compañerismo pero que por ello no acaba con el más descarnado espíritu de competición.

¿Y qué tal un poco de filosofía, un poco de reflexión (sin en ocasiones llegar a algún conocimiento) solo por el hecho de utilizar la parte analista de nuestro cerebro, solo con el placentero fin de alcanzar otro tipo de metas más espirituales? Running y filosofía; cuerpo y mente. “Correr tiene una razón de ser en el acto mismo”. La senda del corredor destila zen, filosofía de la vida. Y el autor delibera consigo mismo sobre cada paso que da en su aventura, sobre la culminación de su investigación y su peregrinaje por tierras niponas, y luego lo comparte de forma íntima con el lector.

Y tras llegar al final de este divertido e instructivo libro, ¿qué haremos? Tras descubrir la respuesta a la pregunta, ¿cómo hay que proceder? De la forma más lógica: corriendo.

El frío será bienvenido, un poco de sudor no es molestia. Seguiremos trotando por esos caminos polvorientos en los que los pájaros, desde las ramas de frondosos árboles, canturrean animándonos. El asfalto no está tan duro. Y esta media maratón bajo un sol de justicia es solo un viaje que vacía mi mente y me hace sobrevolar el camino. ¡Pues claro que seguiremos corriendo! ¿Por qué? Lee La senda del corredor.Un viaje al mítico mundo del running japonés de Adharand Finn, no tiene todas las respuestas (¡cómo si alguien las tuviera!), pero tiene algunas que resultan indiscutiblemente reveladoras. Y luego ponte unas zapatillas…

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Pyjama Party, de Alfonso S. Palomares

Pyjama Party

Pyjama PartyHay pocas épocas que me apasionen tanto como los míticos años 60. Prácticamente cualquier libro ambientado en esa década despierta mi interés y va directo a mi estantería. También me encantan las novelas de crecimiento y formación en las que el joven protagonista abre los ojos y madura pasando de la pubertad o adolescencia a la edad adulta. Si a esta ecuación, además, le añadimos un road-trip, es imposible que el libro no me guste, a no ser que esté mal desarrollado o escrito, y este no es el caso de Pyjama Party, de Alfonso S. Palomares. Tiene todos estos ingredientes y a lo largo de las páginas va creciendo como su protagonista.

Como decía me fascinan los años 60. Es una década que ha pasado a la historia por ser la época de las ideologías y de la apertura de mente de una sociedad que por fin parecía salir de verdad de la guerra y de los años de posguerra. Es la década de los jóvenes; una década en la que éstos se interesan por la política. Es la época de las revoluciones y manifestaciones, tanto echándose en masa a las calles para protestar por las decisiones de sus gobiernos con las que no estaban de acuerdo, como mediante la ropa, la música, el cine, el arte o la literatura. Es una época apasionante en muchos países… entre los que no se cuenta España. Mientras que en otros lugares de Europa se estaba generando este cambio de mentalidad y de forma de vida, España vivía sumida en plena dictadura franquista anclada en una mentalidad anticuada y un estilo de vida represivo que mantenía a los jóvenes cohibidos y con los ojos cerrados a lo que pasaba fuera de nuestras fronteras.

Los jóvenes estábamos viviendo una época excepcional en la historia de Europa. La mejor del siglo XX y también del XIX para ser felices. Y posiblemente la mejor de la historia de la humanidad. Afirmaba que amanecía un tiempo propicio para el desarrollo en todos los órdenes. Teníamos un horizonte de paz por delante y se alejaban los trágicos recuerdos de la guerra, aunque se contaran en libros o se llevaran al cine, para nosotros eran historias pasadas que sólo había que recordar para no repetirlas. Todos los indicadores señalan que durante esta década cambiará el mundo y apuntaba que los nuevos ritmos como el rock and roll contribuirían al salto hacia delante.

En Pyjama Party, nuestro protagonista, Julio, es un joven madrileño que estudia periodismo y que al llegar el verano decide irse al extranjero y salir de la burbuja en la que vive en España. Con una mochila como único equipaje se planta en las carreteras europeas a hacer autostop para llegar a París donde le espera un vuelvo a Londres para trabajar en un campamento limpiando bulbos de tulipanes. La novela va avanzando entre las experiencias de Julio, la gente y lugares que va conociendo y las reflexiones que todo esto le provoca.

El punto fuerte del libro es el choque cultural, las diferencias que hay entre España y el resto de Europa, representada por esas dos ciudades punteras y cosmopolitas. Mientras en España sólo se hablaba con libertad de fútbol y del Real Madrid o de toreros como Dominguín; en Europa se hablaba de la Revolución Cubana, de la Guerra de Independencia de Argelia o de Hitler y el Holocausto judío. Mientras que en España se produjo una fuga de cerebros en todas las disciplinas y genios como Severo Ochoa, Manuel Azaña, Alberti, Salinas, Buñuel, Picasso… se veían en la obligación de exiliarse a otros lugares; los otros países los acogían con placer. Mientras que en España los libros de grandes autores españoles como Lorca, Machado y Miguel Hernández eran censurados; en los otros países se debatía la obra de Sartre, Sagan, D.H. Lawrence o Camus. Mientras que en España las mujeres tenían que ser y vestir de forma recatada; en Europa llevaban pantalón, se cortaban el pelo a lo garçon como Jean Seberg y dormían con baby doll… En definitiva, España iba a un ritmo muy distinto al que iba el resto del continente y, por los ojos de nuestro protagonista, somos capaces de ver cómo los españoles tenían una imagen totalmente distorsionada tanto de lo que había fuera como de lo que tenían en casa.

Para mí la percepción del mundo empezaba a ser como la de Galileo, lo noté desde que crucé la frontera y pude leer los periódicos franceses, el Sol ya no se movía alrededor de la Tierra sino al revés. No eramos el ombligo del mundo, ni la envidia del universo por tener a Franco de caudillo por la gracia de Dios, como nos aseguraban con monótona frecuencia, sucedía exactamente lo contrario.

El libro está escrito en primera persona y toda la narración es como si fuera un diario o un libro de viaje de Julio y, por tanto, está llena de reflexiones sobre lo que le acontece y, en especial, de algo que le obsesiona: las mujeres y el sexo. Algo lógico para un veinteañero que crece en la España de Franco y que en cuanto pone un pie en el extranjero se encuentra con unas mujeres y un erotismo y sexualidad que nada tienen que ver con la mojigatería de una España profundamente católica.

Yo tonteaba con diferentes chicas que iban marcando los limites de mis exploraciones en sus anatomías corporales. En el baile sus comportamientos cambiaban, se acercaban bastante en los boleros como “Solamente una vez amé en la vida”, pero sobre todo se derretían con el “Bésame mucho” como si fuera esta noche la última vez; era el preferido de todas. Después no besaban un carajo. Preferían pensarlo y soñarlo a hacerlo. En eso consistía su romanticismo.

Estas partes más banales y amenas se entremezclan con partes más serias y, no obstante, los extractos más interesantes del libro se corresponden con las páginas en las que los personajes que Julio va conociendo a lo largo de su aventura le cuentan sus visiones sobre distintos temas como el judaísmo y el holocausto, la guerra franco-argelina o las reflexiones sobre distintos libros o películas como: El Extranjero, de Camus; El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence; La Dolce Vita, de Fellini; e incluso, los artículos que el protagonista lee en periódicos extranjeros como The Observer sobre distintos temas. En este sentido, destaca especialmente la obra de Camus que será una referencia constante durante todo el libro ya que Julio se lleva El Extranjero como libro de cabecera en su aventura y trata de debatirlo con todo aquel que le quiera escuchar. No sé si en vosotros tiene el mismo efecto, pero yo cada vez que leo un libro que me gusta y está lleno de referencias sobre otros libros, me los apunto para poder leerlos después. Hasta ahora nunca me había leído nada de Camus, pero gracias a Pyjama Party, en breve me animaré.

Alfonso S. Palomares ha puesto a nuestra disposición el libro perfecto para el verano. Un libro que conjuga risa y drama y temas más serios como guerra o política, con temas más gratos como el sexo y el amor. Un libro que cogiendo un poco de aquí y de allá, combina y fusiona a la perfección algo de novela de formación, de novela de viajes y de novela histórica. Un tres por uno magnífico que no te dejará despegar los ojos del libro ni un segundo hasta llegar a su inmejorable final. Un final que, si os he convencido, tendréis que descubrir por vosotros mismos.

@EvaLColmenero

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