
La mezcla de géneros tiene que hacerse con mimo, como si se cocinase un soufflé; calculando bien las mediciones y los tiempos, siendo meticuloso a la hora de dar cada paso, para que al final la mezcla sume y se infle. Un paso en falso, o un poco de brusquedad ejercida por alguien algo desmañado o demasiado impetuoso, y la unión empezará a desinflarse hasta convertirse en una promesa de lo que podría haber sido. En esta suerte de juego de equilibrio narrativo no son pocos los que han fracasado. Por suerte, y siendo optimistas, siempre es preferible recordar los que lo han logrado.
Como ejemplo tenemos a John Connolly y su serie de novelas negras sobre el expolicía Charlie Parker. Novela negra que abraza lo sobrenatural y sacude al lector con precisos toques de terror. ¿Y qué puedo decir de Relojes de hueso de David Mitchell? Drama, thriller, ciencia ficción, fantasía… Una novela tan repleta de géneros como redonda. Pero de lo que vamos a hablar hoy es de un cómic: Green Valley. Un cómic que al principio podríamos englobar dentro del género de la fantasía medieval. Y es que Los Caballeros de Kelodia son cuatro guerreros de la Inglaterra medieval tan sobresalientes que ya son una leyenda. No son pocas las gestas que han llevado a cabo y al inicio de la historia que hoy nos ocupa Gulliver, Indrid, Bertwald y Ralphus realizarán una más: acabarán con una horda de bárbaros siendo superados en número por cien a uno. Tras la batalla volverán al castillo de Erskine victoriosos, comerán copiosamente y se emborracharán. Pero los bárbaros, habiendo sido derrotados de forma humillante atacarán esa misma noche el castillo destruyendo todo lo que Los Caballeros de Kelodia aman. Tras estos desastrosos acontecimientos y sintiéndose solos, desunidos e inútiles morarán como vagabundos hasta que un buen día un muchacho se presentará ante ellos en busca de ayuda.
Tras esta atractiva historia que mezcla géneros como la fantasía heroica o la ciencia ficción de forma tan uniforme que el lector se deja seducir sin esfuerzos encontramos al guionista y director de cine Max Landis. Si el apellido os suena es debido a que es hijo de John Landis. The Blues Brothers y Un hombre lobo americano en Londres, sí ese John Landis. Aunque también es probable que lo conozcáis por sus propios méritos. Entre ellos realizar el guion de la curiosa película sobre “superhéroes” Chronicle o escribir y producir la serie Dirk Gently: Agencia de investigaciones holísticas que adaptaba las aventuras literarias del personaje creado por Douglas Adams. En Green Valley nos cuenta una historia estilo Los siete samuráis, pero esta vez son cuatro caballeros andantes venidos a menos que deberán defender a un pequeño pueblo de un hechicero que los tiene atemorizados con su magia y los monstruos que es capaz de conjurar. Aunque el inicio es lento, algo tosco y aburrido la historia enseguida consigue tomar un ritmo que lleva al lector en volandas hasta el apasionante final. La narración goza de varios giros, algunos previsibles otros inesperados, que son el estímulo necesario para que los personajes puedan redimirse o evolucionar. Gulliver y su historia pendiente con los dragones o Bertwald y el eterno dilema entre hacer lo correcto o dejarse llevar por su egoísmo. Situaciones mil veces leídas en cómics, mil veces vistas en el cine, pero bien realizadas siguen funcionando como el primer día.
Giuseppe Camuncoli es el dibujante encargado de materializar todo lo pensado por Landis. El italiano, más conocido por su trabajo en The Amazing Spiderman, realiza un dibujo limpio, detallado, repleto de texturas, cargado de dramatismo cuando surgen discrepancias entre Bertwald y Ralphus y asombrosamente espectacular a la hora de mostrar escenas de acción. El enfrentamiento final con el hechicero y sus monstruos se lee del tirón sino fuera porque te quedas embelesado mirando los dibujos. Y es que al arte de Camuncoli hay que añadirle las tintas de Cliff Rathburn y la bella (bellísima) forma de conjugar colores de Jean-Francois Beaulieu. Sirva como ejemplo esa viñeta en la que Los Caballeros de Kelodia descubren por primera vez cómo la magia del hechicero afecta al cielo; esa, que mezcla humor y romance, en la que Bertwald cena a orillas de un río junto a su amada; o esas otras en las que los protagonistas cabalgan en pos de la batalla.
Green Valley, publicado por Planeta Cómic, es una historia de caballeros andantes, de bárbaros asesinos, de un hechicero súper poderoso, de monstruos, de redención, de amistad, de segundas oportunidades, de sacrificio… Es, además, una historia que combina géneros de forma ingeniosa de la misma forma que aúna con éxito un guion vibrante con un dibujo espléndido.

¡Hola colegas! Mi nombre es Wade Wilson aunque cuando me enfundo mi traje de spandex rojo, ese que abraza mi cuerpo y marca obscenamente mis glúteos, ese que me hace tan sexy, todos me conocen como Deadpool; en los países hispanohablantes, que gozan de unas dotes sobrehumanas, diría que casi mágicas, a la hora de traducir, me llaman Masacre.
No empecé con buen pie con 

Un fin de semana cualquiera del pasado mes de febrero, mi sobrino me dijo que quería ver una película que estaban a punto de estrenar en el cine. Se llamaba Un pliegue en el tiempo. El nombre me pareció de lo más sugerente, y cuando me contó de qué iba, también. Por eso busqué el tráiler, aunque reconozco que este no me atrajo demasiado.
Hay veces que no sabes cómo encarar una reseña o cómo clasificar un cómic o incluso ambas cosas. Veces en las que acabas de leer algo que exige un reposo mental suficiente como para que puedas contar a todo el mundo la puñetera ida de olla que has terminado de leer, sin embarullarte, sin sufrir esa diarrea mental que aún desordena tu cerebro; para que seas lo obligatoriamente convincente como para inocular a la gente las ganas que tienes de que descubran algo que, por ser excesivamente underground, pueden llegar a perderse.
La meta de cualquier narración, no importa el género ni el medio, es conseguir que quien se acerque a ella quede totalmente atrapado. Para ello resulta esencial hurgar en ese lugar donde se aloja nuestra capacidad para sentir empatía; esa disposición innata que tenemos para encontrar semejanzas entre algunos de los aspectos de los personajes protagonistas o las situaciones que viven a lo largo de la historia y nuestro propio ser o nuestras propias vivencias.
Era una salamandra. Ya están aquí. ¡Todo ha terminado!
Llevo una temporada muy larga en la que casi no veo series. Pero hace un tiempo pasé una época en la que era muy fácil que me enganchara a una y no pudiera parar de ver capítulos y capítulos hasta terminarla. Me pasó con muchas, pero con la que más, fue con Pequeñas mentirosas, esa serie en la que unas adolescentes son acosadas por una persona que se hace llamar A y cuya identidad tenemos que descubrir. La serie en sí era bastante mala, pero qué queréis que os diga, a mi tenía enganchadita y no podía parar de verla. Y la cosa fue derivando a medida que las temporadas avanzaban y los muertos empezaban a sucederse y había teorías conspiradoras por todo Internet y uno ya no sabía ni lo que estaba viendo. Pero yo, ahí seguía, semana tras semana hasta que por fin supe quién era A.
Hoy en día parece que todo está dicho en el género de la ciencia ficción. Los típicos viajes temporales, las naves espaciales, los robots cada vez más minimalistas, los extraterrestres… son algo que parecen de inclusión obligatoria en este campo. Y, sin embargo, desde el 
Hoy vengo a hablaros de La historia oculta. Integral 5, de Jean-Pierre Pécau, lo que quiere decir que ya he leído los cuatro integrales anteriores. Como muchos no habréis leído las reseñas que les dediqué y los que sí lo hayáis hecho seguramente no os acordéis (han pasado seis meses desde la última entrega), veo oportuno dar un repaso rápido a lo que hasta ahora ha dado de sí esta ucronía con toques de fantasía, humor y acción (mucha acción), para que os convenzáis de que pocas historias ofrecen una trama tan ambiciosa y bien hilada como esta.
Siendo un chaval leía