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Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes, de Javier Urra

Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes

Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentesVamos a partir de la base de que no tengo hijos. Ni siquiera hermanos. Pero he sido adolescente y es una época que recuerdo muy bien. Yo nunca fui una chica conflictiva. En mi Madrid natal, solo salía por el barrio los fines de semana y como mucho iba a alguna discoteca con horario light. Nunca he tonteado con las drogas y los estudios siempre han sido mi prioridad. Mi madre era como mi mejor amiga y siempre le contaba todo lo que hacía o las dudas que tenía sobre algo. Así que ella podía dormir relativamente tranquila, sabiendo que podía confiar en mí. Por suerte mis amigas eran más o menos como yo, todas con sus más y sus menos, aunque ninguna tenía esa relación tan especial que tengo yo con mi madre. Pero al fin y al cabo todas iban a clase, hacían los deberes, iban pasando de curso y tenían metas en la vida.

Pero también hay adolescentes que no son así. Que son caprichosos, cabezotas, demasiado inquietos y desobedientes. Javier Urra, psicólogo navarro harto conocido —y también profesor de mi mejor amiga Lucía, que tuvo la suerte de tenerle como docente— lleva muchos años escribiendo tratados sobre cómo educar a los niños y a los adolescentes o, más bien, como sobrellevarlos. En Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes, nos enseña una serie de recursos y herramientas que los padres deberían usar si quieren que sus hijos no se conviertan en pequeños dictadores. Pero también les enseña a cómo lidiar con un chico que sufre acoso escolar, que tiene problemas alimenticios, que tontea con las drogas o que está enganchado a las nuevas tecnologías.

Ser padre debe ser muy difícil, pero ser adolescente lo es todavía más. Cuando tienes dieciséis o diecisiete años, todavía no has encontrado tu lugar en el mundo (no lo he encontrado yo que voy camino de los veinticinco… como para encontrarlo siendo un teenager). Los caminos fáciles parecen una buena opción y las metas a largo plazo parecen inalcanzables y costosas. ¿Para qué estudiar una carrera si fulanito no estudió y gana un sueldazo? ¿por qué no tomar cocaína o marihuana, si soy capaz de dejarlo cuando quiera? ¿por qué no vomitar después de comer si la sociedad no va a aceptar mi cuerpo? ¿por qué no acosar a ese chico diferente del instituto, si a nadie le importa? Ser adolescente es muy difícil. Hay tentaciones en cada esquina y las hormonas no ayudan precisamente a escoger los caminos adecuados.

Este libro lo conocí por mi tía. Ahora mismo tiene dos niños, de tres y cinco años, pero sabe que tiene que estar preparada para lo que venga. Sabe que no puede cerrar los ojos o mirar hacia otro lado mientras sus hijos se destrozan la vida. Sabe la realidad que hay en la calle. Sabe que la mayoría de niños empieza a beber a una edad que suena hasta ridícula. Sabe que hay un porcentaje demasiado alto de chavales que dejan los estudios. Y sabe que hay otros que acaban por pegar a sus propios padres. Por eso ella se está preparando y cuando vi en su casa Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes no pude evitar leerlo, por la curiosidad que me generaba.

Yo no sé si tendré hijos algún día, aunque sí es una cosa que entra en mis planes. Y no sé si seré capaz de lidiar con un adolescente que no encuentra su lugar en el mundo y que me verá como su mayor enemigo. Pero lo que sí haré será mirar al problema a los ojos y decirle: “a ver, que yo también fue adolescente una vez. ¿Qué tienes preparado para mí?”.

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El libros de los hábitos productivos, de Ben Elijah

El libro de los hábitos productivos

El libro de los hábitos productivosProcrastinar. Según el Diccionario de la Real Academia Española, significa diferir o aplazar. Yo conocí esta palabra cuando un día, viendo una página de Internet en la que se colgaban carteles con los memes de moda, vi uno que ponía: “Deja de procrastinar y ponte a hacer algo útil de verdad”. Fue como una jarra de agua fría recorriéndome la espalda.

Entiendo que no solo se trata de aplazar algo que tenemos que hacer (véase el imperativo implícito), sino que en vez de cumplir con esa obligación, dedicamos nuestro tiempo a hacer otras cosas que tenemos pendientes pero que no son igual de importantes. Os voy a poner un ejemplo que seguramente a todos os suene familiar: yo trabajo por las mañanas y oposito por las tardes. Cuando llego de trabajar, paseo a los perros, como y descanso un poquito. Cuando llega la hora, me siento en el escritorio dispuesta a cumplir con el objetivo marcado para ese día. Pero entonces veo que la mesa está muy desordenada, y yo con tanta cosa de por medio no puedo estudiar. Así que me pongo a organizarlo todo, a reordenar los apuntes, a poner al día la agenda y, cuando me quiero dar cuenta, he barrido la habitación, quitado el polvo y ordenado los subrayadores por colores. En fin, que se me ha pasado media tarde y lo único que he hecho ha sido NADA. Pero en mi cabeza, mientras estoy procrastinando, estoy pensando: “qué productiva estás siendo, Ana. Mira cuántas cosas eres capaz de hacer en tan poco rato”. Sí, si está muy bien. Pero mi objetivo del día era estudiarme un determinado tema, no ponerme a organizarlo todo como si tuviera TOC.

De eso es de lo que nos habla (entre otras cosas) El libro de los hábitos productivos. Su escritor, Ben Elijah, nos cuenta su propia experiencia personal. Él se dio cuenta de que tenía ciertos hábitos o manías en su día a día que le impedían ser una persona eficiente. Por ejemplo, advirtió que las ideas productivas llegan en cualquier momento. Puede ser mientras estás en el escritorio —preparado para ello— o cuando estás en una cafetería, o haciendo running por el parque. Así que se dio cuenta de que siempre tenía que llevar consigo una herramienta que le permitiera anotar esas ideas al momento sin peligro de que después se le olvidaran. Y pensaréis que esto suena a tontería. Todos sabemos que las ideas vienen y van y que en el momento en el que aparecen hay que anotarlas. Pero no todos lo hacemos, y más si tenemos en cuenta la situación en la que estamos en ese momento. Y no todas las herramientas que usamos para ello son las más adecuadas. Por eso Ben Elijah nos muestra una serie de técnicas que podemos usar para que estas ideas no se volatilicen, dependiendo de cómo seamos y de cómo sean nuestras rutinas. Yo siempre he sido de papel y boli, de llevar una libretita en el bolso y apuntar todo lo que se venga a la cabeza. Pero esa libreta no está siempre conmigo. Por ejemplo, nunca la llevo cuando salgo a andar. Elijah propone usar siempre el mismo instrumento para anotar las ideas, así que quizás, en mi caso, sería más lógico usar el teléfono móvil. Yo llevo el móvil a todas partes, incluso a la hora de hacer deporte, por lo que puede ser una buena herramienta para conseguir ese objetivo.

En El libro de los hábitos productivos también encontramos consejos sobre cómo organizarnos a la hora de enfrentarnos a una tarea. ¿Es importante o indispensable? ¿se puede delegar? ¿cuánto tiempo me va a llevar realizarla? Si nos hacemos una serie de preguntas antes de empezar con una tarea determinada, podremos darnos cuenta de cuáles son nuestras prioridades, mostrándole a nuestro cerebro que, si decidimos hacer una cosa que no es sumamente importante, estamos procrastinando. Y eso está mal. Así que nuestro cerebro no estará contento pensando que está haciendo algo productivo. No. Sabrá que somos unos vagos que no hacemos más que posponer lo que deberíamos hacer ya.

Os voy a confesar que yo pensé que en este pequeño libro me darían la solución para no procrastinar. Pero lo cierto es que no hay una receta infalible para ello. De hecho, antes de ponerme a escribir esta reseña, he revisado todas mis cuentas de correo electrónico  haciendo que mi mente pensara que estaba haciendo algo realmente productivo, aunque sí es cierto que he sido capaz de no ponerme al día con las redes sociales. Y  es que lo de las redes sociales ya es tema aparte. La próxima vez que os vayáis a meter en Facebook mientras posponéis algo, pensad que eso no os va a dar de comer y que, cuando os metáis en la cama, os arrepentiréis de haber pasado tanto tiempo haciendo el tonto en vez de aprovechando las pocas horas que tenemos.

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Todo empieza aquí, de Meera Lee Patel

Todo empieza aquí

Todo empieza aquíDebe ser que ando inmersa en una crisis existencial y todavía no me he dado cuenta. Y es que los libros no sólo valen para conocer los gustos de otra persona, también sirven para conocerse y analizarse a uno mismo. Si rastreo en el buscador todas las reseñas que llevo escritas hasta la fecha no sabría qué decir. Mis lecturas no siguen un patrón de gustos claro. Lo mismo leo un poemario, que un libro de medicina sobre la ansiedad, una buena novela o algún cómic. Yo me voy guiando por mi instinto y la verdad es que me funciona. Ahora, si tuviera que analizarme alguien según mis lecturas no sé bien qué imagen podría formarse de mí.

Decía lo de la crisis existencial porque ya llevo un par de libros de este tipo: libros-diarios que te ayudan a conocerte a ti mismo, como éste Cómo ser valiente, justo, feliz y otras cosas en la vida (o al menos intentarlo) de Aitor Saraiba o Todo empieza aquí, el libro del que hoy os hablo. Bueno, también es verdad que deben estar de moda y aunque yo nunca he sido muy fan de los típicos libros de autoayuda, estas nuevas propuestas me parecen bastante más interesantes. ¿Sobre mi crisis? Será la de los treinta, será de la aprender a madurar o será simplemente que todavía ando conociéndome. Libros como éste son muy útiles para resolver todas estas crisis existenciales.

En Todo empieza aquí, Meraa (¿será mi prima lejana?) nos regala un libro que es mucho más de lo que aparenta ser: se trata de un diario creativo lleno de lecciones y ejercicios para los que tú y solo tú, lector, tienes las respuestas. A través de estos ejercicios y reflexiones podremos llegar a conocernos mejor a nosotros mismos.

Este diario, todo obra de la artista autodidacta y afincada en Brooklyn, Meraa Lee (quien por cierto es guapísima) es visualmente muy bonito y naif. Antes de cada ejercicio encontramos una cita inspiradora de autores y personajes tan conocidos como Virginia Woolf, Juana de Arco, Oscar Wilde, Shakespeare, Ovidio o Harper Lee. A mí me gustan mucho coleccionar citas (aunque a veces mi memoria de pez no me permita recordarlas), y en este diario-libro cada página cuenta con una cita muy acertada y estéticamente muy bonita acompañada por las ilustraciones de Meera.

Ya que Todo empieza aquí trata de allanarnos el difícil camino para poder llegar a conocernos, la autora nos propone una serie de ejercicios bastante útiles para reflexionar algunos aspectos de nosotros mismos que, ya sea por falta de tiempo o incluso por miedo, nunca nos hemos detenido a analizarnos entre tanto caos.

En palabras de la autora:

“Quise escribir un libro brújula. Que ayudara a la gente a encontrarse a sí misma entre la confusión y el caos que rodea, día a día, nuestra vida (…) producir trabajo y contar historias que se basan en nuestros propios pensamientos, corazón y espíritu requiere un tipo de valentía profunda e inquebrantable”.

Algunos de los ejercicios que la autora nos propone son más fáciles que otros, como hacer una lista sobre cinco cosas que inmediatamente te hagan sonreír (aunque yo tuve que pensarlo un rato, no os vayáis a creer -debo ser también prima de Miércoles Adams-), otro ejercicio en el que nos pide que escribamos diez de nuestros grandes sueños que aún no se hayan hecho realidad o que escribamos sobre algo bueno que hayamos hecho por alguien en las últimas veinticuatro horas.

Hay ejercicios más duros, pero más liberadores como pensar en algo que hayamos perdido recientemente y escribir sobre dos lecciones positivas que hayamos aprendido sobre esa experiencia o una lista sobre cosas que nos motivan y otras que nos impidan avanzar y cómo dejarlas atrás.

A mí me resulta un libro muy curioso que todos, en algún momento de nuestra vida, deberíamos sentarnos detenidamente a completar. Creo que aprenderíamos muchas cosas. Yo estoy en ello. Hay algunos ejercicios que me cuestan más que otros, pero forma parte del juego. Además, ¿y lo que se ahorra uno en psicólogos con libros tan bonitos como éste? Podrían recetarlo en las consultas de los médicos en vez de tanto Clonazepam y circo.

 

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Juntos es mejor, de Simon Sinek

Juntos es mejor

Juntos es mejorRecordar mi época de Bachillerato me deja un sabor de boca agridulce. Conocí a gente increíble y aprendí todo lo que se supone que debes aprender en un instituto, o incluso más. Descubrí pasiones que no sabían que estaban dentro de mí, y reforcé otras que se habían manifestado mucho tiempo atrás. Y eso, siempre es algo que se recuerda con nostalgia y con una sonrisa en la cara. Pero también fue un tiempo —sobre todo el último año, tan cerca de Selectividad— en el que el estrés era el gran protagonista. Y ya no solo el estrés, sino la incertidumbre de no saber qué planes tendría el futuro preparados para mí. De repente, llega un día en el que te tienes que poner delante de un folio y decidir en qué carrera vas a estar metido durante tus próximos cuatro años (siendo muy pero que muy optimistas). ¿Decides hacer algo que te apasiona, algo práctico, algo interesante…? Al final, escojas lo que escojas, va a haber gente que le busque una pega a tu decisión: esa carrera no tiene salidas, hay demasiada gente en esa profesión, es imposible tener el título en cuatro años, no te veo estudiando eso…

Pero esta mentalidad machacona de los que nos rodean, se manifiesta en múltiples ámbitos de la vida diaria. Desde hace poco más de un mes estoy opositando. La verdad es que cuando comenté en casa la decisión que había tomado, solo recibí comentarios de ánimo y apoyo. Lo mismo por parte de mis amigos. Eso me gustó y me ayudó a empezar con ganas y motivación. Pero todos mis compañeros de academia me dicen lo mismo: al final, con el paso del tiempo, omites en tus conversaciones el tema oposición, porque peligra que salgan a colación frases destructivas como: las plazas van a dedo, todo es por enchufe, no salen casi plazas, no merece la pena, no hay nada como la empresa privada… Frases que, en un momento de debilidad pueden hacer que todo tu proyecto se venga abajo.

Y también podemos trasladar este ejemplo al típico jefe que no hace más que hundir la moral del trabajador. Hace poco leí esta frase: “cuida más a tus trabajadores que a tus clientes. Si los primeros están contentos, atraerán a los segundos”. Y no puede tener más razón. Esta es la temática que encontraremos en Juntos es mejor, un pequeño libro inspirador —como reza su portada— escrito por Simon Sinek e ilustrado por Ethan M. Aldridge y que tiene una filosofía muy clara y que se resume en una sola frase: “trabajar duro por algo que no nos importa, se llama estrés. Trabajar duro por algo que amamos, se llama pasión”.

Si ahora estuviera delante de la hoja teniendo que decidir qué carrera escoger… quizá tuviera que replantearme las cosas. Yo me dejé llevar por pensamientos que ahora no están dentro de mi cabeza y puede que en ese momento fuera lo que tenía que hacer, pero si hoy tuviera que decidir… quién sabe.

Lo que sí he aprendido (y espero no olvidarlo nunca, aunque vengan momento de flaqueza) es que tengo que trabajar duro por lo que quiero, visualizar mi meta y no dejar que nada ni nadie se interponga entre ella y yo. No valen escusas. No vale gente tóxica que no es feliz con los logros de los demás. No vale pesimismo. Y mucho menos frases autodestructivas. No vale parar. Ni mirar hacia atrás. No vale tener enemigos, aunque sean tus competidores. No vale olvidar que Juntos es mejor. Y, sobre todo, no vale no confiar en uno mismo. Pase lo que pase.

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Qué sientes cuando no sientes nada, de Víctor Panicello

Que sientes cuando no sientes nada

Que sientes cuando no sientes nadaSiempre he tenido la sensación de que, para muchas personas, es demasiado fácil juzgar algo o a alguien sin conocerlo realmente. Sin saber lo que es ponerse en la piel de la otra persona, con sus circunstancias, sus miedos y sus luchas internas. Nunca he llegado a comprender por qué nos solemos quedar con las apariencias, con los aspectos superficiales de algo, sin mirar más allá.

Algo parecido a esto es lo que ocurre con los trastornos alimentarios. Las enfermedades como la bulimia, la anorexia o la obesidad esconden problemas mucho más graves que el simple hecho de no querer engordar porque en nuestra sociedad parece que se premia la delgadez. Me da mucha rabia que se desconozcan todos los problemas que conllevan estas enfermedades para aquellos que la han sufrido o que, como yo, las han vivido de cerca. Por eso creo que este libro es tan necesario.

Qué sientes cuando no sientes nada es una novela que nace del trabajo del autor con un grupo de jóvenes que han padecido estos trastornos y que habla de la soledad, la inseguridad, el miedo y la rabia que les llevó en el pasado a encontrarse con estas enfermedades. Lo más interesante de esta lectura (que ya de por sí es interesante) ha sido conocer todo lo que estos problemas hacen sentir a las personas que lo sufren o que lo han sufrido de primera mano, desde la experiencia que le ha dado al autor hablar con este grupo de personas. Sobre todo porque no es fácil describir este tipo de emociones cuando no las has experimentado, cuando es solo algo de lo que has oído hablar.

Además, otra razón por la que este libro se ha hecho un hueco en mi corazón han sido sus personajes principales. En este sentido, se ve que el libro no solo trata de los trastornos alimentarios, sino que también narra los problemas que todos experimentamos en la adolescencia: quiénes somos, quiénes queremos ser, de quiénes queremos rodearnos y cómo afrontar el cambio físico y psicológico que supone estar a un paso de convertirnos en personas adultas. Víctor Panicello ha conseguido transmitir todo esto a la perfección desde el principio, poniéndose en la piel de cada uno de estos personajes y tratando de sacar lo mejor de ellos.

De esta forma, además de relatar una historia tan profunda como llena de sentimientos, incorpora entre cada uno de los capítulos una receta en la cual no solo aprenderemos a cocinar sencillos y apetecibles platos, sino que también descubriremos todo lo que ha experimentado la protagonista en cada una de las fases de la anorexia nerviosa que padece. Las ansias de alcanzar el perfeccionismo, la inseguridad, el miedo, la culpabilidad y la ansiedad nos hacen (y no solo a la protagonista) sentirnos tan vacíos por dentro que nos olvidamos de intentar alcanzar nuestra propia felicidad y tratar de ser nosotros mismos. Una gran lección que, para mí, no ha pasado desapercibida a lo largo de esta lectura.

Creo que este es uno de los libros que todo el mundo debería leer en este 2017, sobre todo porque ya ha ido a mi lista de libros imprescindibles. Es muy difícil que un libro consiga emocionarte hasta llorar, empatizar con los personajes, entretenerte y hacerte aprender y abrir tu mente. Por eso este ha sido tan especial para mí. Es una de las pocas lecturas 100% reales que he leído en estos últimos años y siento que es muy necesario que en la sociedad actual se entiendan más estos problemas que afectan a tantos adolescentes, además de a gente adulta. Es de vital importancia que los padres, además de los profesores y educadores, intenten evitar estos problemas desde la base. Y siento que este libro es una magnífica manera de concienciar a todos ellos.

Gracias, Víctor Panicello, editorial Comanegra y la Fundación ABB para la prevención de la anorexia, la bulimia y la obesidad por hacer de Qué sientes cuando no sientes una herramienta imprescindible para conectar con la gente de todas las edades y todas las culturas que han sufrido tanto como los personajes de esta novela.

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DAN-SHA-RI: ordena tu vida, de Hideko Yamashita

DAN-SHA-RI: ordena tu vida

DAN-SHA-RI: ordena tu vida¿Que qué hago leyendo esta clase de libros? Tranquilos, todo tiene una explicación. No me gustan los libros de autoayuda, partamos de esa base. Y aunque se empeñen en decir que DAN-SHA-RI: ordena tu vida no es un libro de autoayuda sí lo es. No sé qué les costaba admitirlo, no tiene nada de malo. Es que, a ver, un libro que reza “Quédate solo con lo necesario… ¡y encuentra la felicidad!” no puede entrar en otro género. Pero bueno, han querido venderlo como un libro anti-autoayuda, un libro diferente que nos abrirá los ojos de otra forma. Pues vale. Yo lo seguiré denominando de autoayuda, soy así de cabezota.

Y diréis que si no me gustan esta clase de libros, qué hago yo reseñándolos, ¿verdad? Pues es que soy una cotilla y tenía curiosidad por saber qué podría aprender de un libro que ha vendido más de cuatro millones de ejemplares en todo el mundo. La segunda razón por la que leí este libro es porque trataba de hacer un experimento social conmigo misma. No me da vergüenza decirlo: soy muy desordenada. Una vez leí que la gente desordenada es así desde niño y que básicamente todo está en nuestro cerebro y es algo difícil de cambiar. La verdad es que no sé qué base científica puede tener esa afirmación, pero al menos sirve de consuelo. ¡Eh, yo no soy la desordenada, es mi cerebro que funciona así!

Más que desordenada yo sufro lo que podríamos denominar como “expansión del aura”. ¿A que suena genial? Dentro de poco escribo yo un libro de autoayuda. Allá donde voy, mi aura se expande. Si estoy en un bar dejo mi bolso, la pitillera, el teléfono, la agenda y todo esparcido a mí alrededor. Así me expando. Lo mismo me ocurre en casa, en el trabajo y en sitios ajenos. No lo puedo evitar, me gusta expandirme inconscientemente. La gente que me conoce lo sabe. Sabe que soy desordenada y, a veces, me dejan ser. Otras, como cuando era pequeña, trataban de corregirme. Supongo que algo habré mejorado durante todo este tiempo, pero sigo siendo desordenada, me temo. El único orden que hay en mi vida son los libros y el papeleo. También la escritura me sirve para ordenar mi caótica cabeza.

En fin, viendo el panorama, ahora entenderéis por qué he querido experimentar con este libro. Antes de deciros si ha tenido algún éxito en mi persona os hablaré de él y de su autora.

La japonesa Hideka Yamashita tuvo una revelación al visitar un templo y de esa revelación  surgió el DAN-SHA-RI. Os explico qué es: DAN significa cerrar el paso a cosas innecesarias que tratan de entra en nuestra vida, SHA supone tirar los trastos que inundan nuestras casas. El resultado de estos dos actos es el RI, un “yo” despegado de las cosas que vive en un espacio sin restricciones, en un ambiente relajado. Desde aquella revelación, esta autora se dedica a impartir seminarios y charlas sobre este novedoso método con bastante éxito, la verdad.

Básicamente, y resumiendo un poco, lo que se pretende con este método es cambiar nuestra relación con las cosas y dejar de dotar a los objetos de tanta importancia. Ordenar y clasificar consiste en deshacerse de los objetos que no necesitamos. Para ello, debemos preguntarnos qué relación tiene ese objeto con nosotros en este presente. ¿Realmente lo necesitamos? Si la respuesta es negativa, es hora de deshacerse de él. No hay por qué tirarlo, puede reciclarse o regalárse a alguien que pueda darle un uso adecuado en este momento. De esta forma aprendemos a valorarnos a nosotros mismos, seleccionando los objetos que realmente necesitamos, objetos de una calidad digna para nosotros. Esto es principalmente lo que viene a decir el método. Se supone que el DAN-SHA-RI nos ayuda también a cambiar otros aspectos de nuestra vida, como se cuenta en los ejemplos que aparecen en el libro.

DAN-SHA-RI: ordena tu vida no ha funcionado conmigo. No me han entrado ningunas ganas locas de ordenar mi casa, ni mi vida. Quizás necesite tener mi propia revelación en un templo o, mejor, en un bar. O quizás funcionen mejor conmigo aquellas frases de madres que todos hemos oído alguna vez: ·¡Como no ordenes tu habitación no sales de casa!” O mejor aún, aquella zapatilla voladora que amenazaba con ponernos el culo colorado desde el final del pasillo. Ese sí que era un buen método.

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La felicidad después del orden, de Marie Kondo

La felicidad después del orden

La felicidad después del ordenAntes de irme a vivir sola, mi habitación siempre era un caos. No recogía la ropa limpia, la sucia se quedaba encima de una silla, aparecían calcetines desparejados entre las sábanas, mis apuntes de Filosofía se mezclaban con los de Griego y podían aparecer decenas de latas de Coca-cola entre todos los trastos de mi habitación. No me di cuenta de la horrible situación en la que vivía día a día hasta que me independicé. Llegó un día en el que no me quedaban camisetas limpias, la montaña de ropa para planchar era más alta que yo y cuando llegaba el fin de semana me pasaba horas organizando los apuntes que tendría que haber clasificado y pasado a limpio durante la semana. Aquello no podía seguir así, así que tuve que plantarle cara al desorden. No es que creara un método para tener la casa recogida, pero básicamente me impuse una regla: deja todo en su sitio. Así de fácil. Si hay una camiseta sucia, a la lavadora. Si hay un papel por el escritorio, a la carpeta de la asignatura correspondiente. Y así con todo. Si antes era desordenada, ahora soy ordenada de más (pero de más, de más). Será que soy yo muy extremista. También me ayudó bastante crearme un horario, para que no se me pasaran las horas muertas y pudiera invertir mi tiempo de una manera más eficiente; pero ese es otro tema.

Por aquel entonces me hubiera venido genial el método de Marie Kondo, conocido como el método KonMari. Yo no lo conocí hasta hace un año. Sinceramente no había leído el libro que sacó hace un tiempo, llamado La magia del orden, pero sí que busqué su resumen en Internet, aprendiéndome de memoria algunos tips que me ayudaron a reorganizar mi vida. Vivo en una casa de pueblo, con demasiados rincones y espacios que te piden a gritos que llenes con cosas inservibles, así que el tip que más a rajatabla llevé fue el de “si una cosa no te hace feliz, despídete de ella, dale las gracias por el servicio que te ha dado y tírala” —aviso a navegantes: he dicho “tírala”. No “regálasela a tu vecino o a tu tía porque seguro que lo quiere y si no ya lo tirará”. No vayamos por ahí regalando nuestra propia basura—. Empecé por la ropa (ahora, leyendo La felicidad después del orden, que es una guía práctica e ilustrada del libro del que os hablaba, me he enterado de que es el inicio perfecto. Porque no os penséis, para reorganizar nuestra vida, también tenemos que seguir un orden preestablecido). Puse toda mi ropa encima de la cama y empecé a seleccionar aquello que no me hacía feliz (véase: esos pantalones que por mucho que me proponga adelgazar no me van a caber, esa camiseta rota que la guardo porque un día que me la puse me lo pasé genial, ese pareo que no me he puesto en la vida…) y, sorprendentemente, me deshice de bolsas y bolsas de ropa vieja e inservible que ni siquiera sabía que tenía. Así de fácil. Sin remordimientos.

La felicidad después del orden va un paso más allá. Nos enseña cómo debemos colocar las cosas para que seamos felices. Cómo doblar la ropa, por ejemplo. Yo antes colocaba todas las camisetas una encima de otra y cuando abría el cajón solo veía la que estaba arriba del todo, creando la sensación de “no tengo nada que ponerme”. Ahora, siguiendo el método de Marie Kondo, parece que mi armario se ha multiplicado por tres, por lo que mi propio vestuario y mi monedero me lo agradecen a diario.

Este libro es un arma de doble filo: está muy bien porque te enseña a ser ordenado y a vivir siempre con ese modo de vida, pero por otra parte el método propuesto implica reorganizar TODA la casa. Entera. Así que si de verdad quieres implicarte en el proyecto, tendrás que invertir muchas horas para que todo esté en su sitio. Marie Kondo nos promete que, si seguimos lo que propone al pie de la letra, viviremos una vida plena y feliz. Siempre me ha llamado la atención lo místicos que son los japoneses (cuando os decía que había que despedirse de las cosas, era en sentido literal) y parece que no les va nada mal. Me ha hecho gracia que incluso dice que, si estás buscando una nueva casa donde vivir, es necesario que reordenes la que vives, porque así la casa nueva se sentirá atraída por ese orden. No sé, también inventaron el shushi y fijaos que éxito.

Así que si necesitáis un cambio en vuestra vida, La felicidad después del orden puede ser un buen comienzo. No sé si esta recomendación es válida si quien la hace es una obsesa del orden… pero yo estoy pensando en regalárselo a unos cuantos de mis allegados. Al fin y al cabo, dicen que todo en esta vida se pega menos la hermosura.

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Nunca tires la toalla, de Donald Trump

Nunca tires la toalla

Nunca tires la toallaEn esos años que transitan entre el final de la infancia y el principio de la adolescencia me hice aficionado al Wrestling, la lucha libre profesional, que por aquel entonces emitían de madrugada. Cuento esto porque unas navidades mis padres tuvieron a bien regalarme un DVD con uno de estos espectáculos, y en él aparecía un señor trajeado, ya entrado en años, que se atrevía a apostarse su prominente cabellera con el promotor del evento (y que acabó conservando). Si alguien me hubiese dicho, allá por las navidades del año 2007, que ese tipo iba a ser candidato a la presidencia de los Estados Unidos…seguramente hubiese pensado que, al igual que en aquellas peleas, todo lo que estaba viendo por televisión no era más que mero artificio, puro entretenimiento.

Sin embargo, todos sabemos que Donald John Trump está sólo a un paso de pisar el despacho oval y si eso es así es en buena parte por la imagen de hombre de negocios exitoso que ha conseguido crear en torno a él. Nunca tires la toalla es un repaso a algunos de los momentos clave a nivel empresarial de la 121 mayor fortuna de América según la revista Forbes, recubierto con mensajes motivacionales y consejos para los lectores que quieran conocer (y puede que hasta seguir) la forma en la que ha forjado su imperio el de Queens.

Trump defiende el pensamiento positivo como forma de encarar las adversidades en la vida. Un planteamiento a priori simplista, pero que va desgranando con el paso de los capítulos a través de distintos ejemplos en los cuales la moraleja común es Never give up! (¡Nunca tires la toalla!), frase que se repite decenas de veces a lo largo del texto, a modo de mantra. Hay muy poco de autocrítica y mucho de oda a su personalidad y a sus dotes para los negocios. Es algo que no me ha convencido demasiado, ya que cuando el empresario habla de inversiones que le han resultado muy provechosas el mérito siempre viene de él y de su prodigiosa visión de futuro, pero cuando comenta algún negocio que no prosperó en su día lo achaca a motivos como que “las fuerzas externas en contra eran demasiado fuertes”. Su personalidad egocéntrica también queda patente, por ejemplo, cuando al hablar de los atentados del 11-S recalca que él predijo meses atrás la cercanía de un ataque terrorista. También es duro en este texto con sus detractores, a los que señala y critica duramente, mientras que se muestra amable y complaciente con aquellos que le han tratado bien públicamente.

Lo que sí que me ha resultado interesante de este trabajo ha sido la forma en la que el magnate estadounidense explica el proceso que siguió en su día para alcanzar algunos de sus logros más importantes. Trump no se ahorra detalles burocráticos ni nombres para exponer cómo consiguió levantar varios de sus edificios más emblemáticos, como el Trump International Hotel & Tower de Chicago o la Trump Tower de Nueva York. Y por supuesto, Trump destaca su papel como showman, el que sin duda le ha dado a conocer entre el gran público y que, desgraciadamente, explica buena parte de su éxito electoral, al menos dentro de su partido. Por encima de sus participaciones en eventos puntuales, como en Saturday Night Live o en el ya citado de lucha libre, a nivel televisivo fue el reality show El aprendiz el que le granjeó buena parte de su fama. Estrenado en enero de 2004, el programa en el que los aspirantes competían por un contrato en la Trump Corporation, se mantuvo en antena durante 12 temporadas y en la actualidad se sigue emitiendo, en una versión con personajes famosos. Precisamente la próxima será la primera temporada sin la presencia del candidato a la Presidencia, ya que la NBC decidió no contar con él para el futuro por sus comentarios racistas contra los inmigrantes mexicanos.

Como libro de autoayuda no creo que Nunca tires la toalla tenga un gran valor, ya que la mayoría de los consejos que ofrece Trump los hemos podido leer y escuchar centenares de veces a distintas personas. Pero como lectura para conocer la forma en la que ha forjado su imperio y cómo ha ido encarando las distintas amenazas y oportunidades que ha ido encontrando a lo largo de su vida me parece bastante más interesante, ya que Donald Trump es, lo queramos o no, una de las personas más influyentes del mundo.

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Cuenta contigo, de Patricia Ramírez

Cuenta contigo

Cuenta contigoNo soy muy aficionada a los libros de autoayuda. Siempre he pensado que la mayoría de libros de este tipo te prometen alcanzar la felicidad en un momento y olvidarte de todos tus problemas como si fuera tan fácil como olvidarse de la letra de una canción. Pero, después de leer este libro, me he dado cuenta de que hay excepciones. Hay libros de este tipo que no son un fraude y que están escritos por personas con conocimientos en el tema y comprometidas realmente con ayudar a los demás. Este libro es uno de esos pocos casos que creo que ayudan realmente a alcanzar la felicidad, tanto en el ámbito personal como en el profesional.

¿Cuántas veces nos hemos dicho que solo nos apuntaríamos a inglés si se apuntaba un amigo con nosotros? ¿Cuántas veces hemos dependido únicamente de la compañía de alguien para empezar a salir a correr? ¿Cuántas veces, en definitiva, hemos dependido de alguien para hacer algo? Seguro que todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos dependido de alguien para hacer algo o para salir de algún problema con el que nos hemos encontrado en nuestro camino.

Cuenta contigo nos propone un viaje a nuestro interior para concienciarnos de que no siempre tenemos que contar con la ayuda de los demás para lograr aquello que queremos. Tanto nuestros sueños y emociones personales como nuestros objetivos profesionales dependen de nosotros mismos y debemos darnos cuenta de ello para poder controlarlo. Por ello, su autora, Patricia Ramírez, nos aporta una serie de consejos a través de los cuales nos ayuda a darnos cuenta de que debemos ser valientes y afrontar solos nuestros problemas, pensamientos y emociones, sin la necesidad de contar con nadie.

Sin embargo, eso no significa que no debamos contar con nadie para nada. Patricia Ramírez nos explica que, como seres sociales que somos, contar con los demás nos puede ayudar pero que no es necesario. Que debemos aprender a responsabilizarnos de todos los aspectos de nuestra vida sin la necesidad de depender de nadie, por muy amigo o familiar que sea.

A pesar de no ser muy lectora de los libros de no ficción, este libro es muy fácil de leer y, además, no es muy extenso. Patricia Ramírez escribe de forma sencilla y dirigiéndose de forma directa a sus lectores. De esta forma, creo que ha conseguido que cale mejor su mensaje y podamos aplicarlo a todas las facetas de nuestras vidas. Me ha encantado esa forma de narrar y los consejos y ejercicios que hace realizar al lector a lo largo de cada uno de los capítulos del libro. Mediante ellos, te hace reflexionar sobre varios temas, como si eres quien siempre has querido ser, si haces las cosas como quieres hacerlas y te ayuda a encontrar el camino correcto librándote del estrés y otras neuras negativas que nos hacen perdernos en la búsqueda de nosotros mismos.

Cuenta contigo me ha demostrado que hay libros de autoayuda que pueden ayudar realmente a superar esos pequeños problemas que todos hemos tenido alguna vez en nuestro interior. Pequeñas inseguridades que afloran en determinados momentos, los sentimientos de soledad, los celos o la desconfianza en nosotros mismos que nos llevan muchas veces a sentirnos inferiores y a trasladar nuestros problemas a los demás. Pero esto no es, para nada, efectivo. Siento que en cada uno de los capítulos de este libro, Patricia Ramírez me ha enseñado algo y espero que también le pueda servir de ayuda a mucha gente que haya experimentado estos problemas en algún momento de su vida.

 

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Un taxi a la felicidad, de Baptiste Beaulieu

Un taxi a la felicidad

Un taxi a la felicidadHe leído Un taxi a la felicidad porque si alguien te propone algo así ¿cómo lo vas a rechazar? Me podéis llamar inocente o ilusa, os dejo. Quizá sea porque soy optimista por naturaleza y siempre pienso que hay cosas buenas por descubrir. ¿Por qué no puede haber un taxi que lleva a la felicidad? Luego reflexionas y piensas que a la felicidad solo te puedes llevar tú mismo. No está fuera, sino dentro de ti. Alcanzar la felicidad es algo utópico, puedes lograr momentos felices, pero a lo que podemos aspirar como algo muy bueno, es a una vida sin infelicidad, que ya es la leche. Y ya me he puesto trascendente y no era lo que quería.

Vamos a ver, ¿cómo os explico este libro? Es una especie de libro de autoayuda novelado. Un cuento con moraleja. Trata de un médico triste y decepcionado con la vida, que decide suicidarse. El día elegido necesita coger un taxi porque quiere dejar arreglados unos papeles. Delante de su casa hay uno parado conducido por una señora mayor y estrambótica que le pide que no lleve a cabo su terrible plan hoy, que le regale a ella unos días, que quiere ayudarle. Quedan en que esperará una semana; el médico no sabe muy bien la razón, pero decide pasar esa semana con esa extraña mujer que le desconcierta y asusta.

Un taxi a la felicidad es una cuenta atrás, de verdad, quiero decir que el libro empieza en la página 263 y va hacia atrás, dividido en pequeños capítulos que nos dejan algo para recapacitar. La pintoresca mujer, Sarah, intenta demostrar que la vida merece la pena vivirla y lucha contra el reloj, mejor dicho, los relojes, porque lleva dos para recordar que el tiempo pasa. La anciana es como aire limpio y fresco, es burbujeante, irritante, con una inocencia y simplicidad engañosas, ya que hay siempre una gran profundidad en lo que dice y hace. El doctor pasará los siguientes siete días de un electroshock mental y físico a otro.

El libro no tiene lugar físico, es una ciudad cualquiera, en invierno. A veces dudas de que lo que está pasando sea real o alucinaciones de un deprimido suicida. Sarah se parece a los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras del cuento de Dickens o a un Pepito Grillo sarcástico y tierno. Alguien que no puede existir de tan excéntrico y clarividente. Para muestra un botón:

“-La solución contra el racismo es el oso panda – sentenció-. Imagínese a los hombres transformados en pandas… Todos seríamos gordos, negros, blancos y asiáticos. No hay réplica que valga a eso.”

Todo este humor, ternura e ironía para, en el fondo, relatarnos un drama; para enfrentar el final del túnel sin pena. O con pena, porque estar triste y echar de menos no es malo, porque lo que perdimos nos hizo felices, eso forma también parte de la vida. Como lo es dar la bienvenida a lo nuevo, dar las gracias todos los días por poder amanecer y seguir vivo, por y para ti mismo. Lo que hagas después y con los demás ya lo pensarás después. Procura que sea bueno y constructivo, para poder acostarte más feliz todavía y poder dar las gracias otra vez. Pasan tantas maravillas todos los días alrededor de nuestras vidas sin apenas apreciarlas, sin que lo valoremos, que no cuestan dinero: que te sonrían con sinceridad, tener a quien abrazar, acostarte en la hierba, poder beber cuando tienes sed… Os recomiendo el ejercicio de apuntar todos los días tres cosas de este tipo en una hoja. Con el tiempo y sin darte casi cuenta empiezas a fijarte en esos pequeños detalles estupendos de la vida, a focalizarte en lo positivo en vez de lo negativo. Me estoy yendo a lo transcendente y serio otra vez. Así he estado durante toda la lectura del libro: sonrisa fácil, pensamiento profundo.

Baptiste Beaulieu es médico. Empezó en esto de escribir con un blog en el que narra anécdotas de hospital, con retranca y sensibilidad a partes iguales, que tiene mucho éxito. Un taxi a la felicidad es su segunda novela y destila ese humor e ironía que le ha hecho tan famoso para empaquetarnos con lacito cosas más serias.

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La reina eres tú, de Oliva Toja

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Título: La reina eres tú
Autora: Olivia Toja
Ilustraciones: Catherine Pioli
Editorial: Lunwerg
Páginas: 157
ISBN: 978841677462

Toda mujer (del primer mundo, está claro) en algún momento de la vida descubre que no era la princesa que siempre le habían hecho creer que era. Pues bien, ese no tiene por qué ser un mal momento, ¡qué va! Es el momento de crecer y descubrir que si ella quiere, en realidad puede ser la reina de su propia vida.

Pues ya sabes mujer, decide cuanto antes que “La reina eres tú”. Que tú eres quien debes dirigir tu vida y que el resultado será la felicidad ¿Alguien se puede resistir?

Insiste Olivia Toja hasta la saciedad en los tres pilares que deben prevalecer en tú vida de adulta: ¡VALÓRATE, ACÉPTATE Y QUIÉRETE! Y yo suscribo estas tres premisas.

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Ser feliz en Alaska, de Rafael Santandreu

ser-feliz-en-alaskaRafael Santandreu se hizo conocido para mucha gente gracias a sus habituales apariciones en un excelente (y, por desgracia, cancelado) programa de La2 de Televisión Española, donde era algo así como el “psicólogo residente” y compartía sus visiones sobre la vida, pasadas por el tamiz de la psicología cognitiva que él practica como profesional pero sin que este tamiz anulara su toque personal.

Podía uno estar más o menos de acuerdo con lo que él defendía, podían parecerle sus teorías y enseñanzas más o menos prácticas o más o menos utópicas, pero es poco cuestionable el carisma y el imán personal que irradiaba, a la par que una seguridad propia de las personas que creen firmemente en aquello que predican (en los medios tenemos a diario múltiples ejemplos de justo lo contrario, así que no es difícil notar la diferencia y aprender a distinguir el trigo de la paja). Contribuyó a aumentar esa fama –y, a la vez, se vio favorecida por ella– la publicación de dos libros: El arte de no amargarse la vida y Las gafas de la felicidad. Ahora nos llega su tercera aportación editorial: Ser feliz en Alaska. Se trata de un libro eminentemente similar a los dos anteriores (que ya eran similares entre sí). Lo contrario habría denotado falta de coherencia, por lo cual es de agradecer el inmenso parecido. Se puede decir, así, que estos tres libros forman una trilogía, una unidad de sentido, estructura tan de moda ahora en la producción literaria.

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