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La mentira, de Nora Roberts

La mentira

La mentiraHay libros que empiezan despacio. Te ponen en situación, te cuentan un poco la historia de los personajes, te dejan ver algo de lo que te podrás encontrar más adelante, alguna pista. Te ponen la miel en los labios, pero solo una gotita. Lo demás, se hará de rogar. Y hay libros que empiezan a cañón. Pum. De sopetón, pasan un montón de cosas que dejan al protagonista casi tan desorientado como al lector, para después, poco a poco, ir deshilando la madeja que se ha formado en unas breves páginas y llegar a un final impresionante. Ahí, el escritor no te da una gotita de miel, te da el bote entero y de dice: “a ver qué eres capaz de hacer con esto”.

La mentira pertenece a este segundo grupo. De repente, Shelby Pomeroy se queda viuda. Su multimillonario marido ha sufrido un accidente de barco y nada se sabe de él. Ella solo sabe que estará muerto con casi total seguridad y que se ha quedado con una casa que vale millones de dólares y unas deudas del tamaño de la luna.

Shelby siempre se dedicó a complacer a Richard. Se conocieron muy pronto, se casaron muy deprisa y ella quedó completamente anulada. No sabía nada de la economía doméstica, no sabía gestionar el dinero. Se lo prohibieron. Así que cuando se queda viuda y todas esas deudas le llegan de sopetón, no sabe ni por dónde empezar.

Cuando comienza a rebuscar por toda la casa, intentando encontrar tarjetas de crédito que no estén endeudadas, descubre que su marido no era quien ella se pensaba. Era un mentiroso compulsivo que la había engañado de todas las maneras posibles. Incluso encuentra documentación falsa en la que sí, aparece la foto de Richard, pero con un nombre diferente. Shelby se volverá loca intentado componer el puzzle que dejó su marido antes de morir. Agobiada, vuelve a su pueblo natal, lejos de la casa de Richard para poner orden a su vida. Allí conocerá a Griffin Lott, un apuesto constructor que le ayudará en los momentos más difíciles. Y no le vendrá mal su apoyo, ya que muchas mentiras de Richard están por ver la luz todavía y eso convierte a Shelby en el blanco de muchísimos problemas.

Así empieza la historia de La mentira. En apenas unas pocas páginas, Nora Roberts, una de las escritoras estadounidenses con más éxito a nivel mundial, nos da los ingredientes suficientes como para tenernos enganchados durante horas y horas. Si hay algo que se le da genial a esta mujer es eso de dejarme sin vida social. Cada vez que cojo un libro suyo, desaparezco del mapa. Necesito terminarlo como sea. Me voy a la cama y lo único que puedo pensar es en leer un capítulo más. Voy a tener que empezar a leer a esta autora con moderación si no quiero quedarme sin vida.

Lo que más me gusta de ella es la veracidad de sus protagonistas, normalmente mujeres. En este caso, Shelby es una ama de casa forzada que se ha visto reprimida por su marido durante casi toda su existencia. A raíz de la muerte de este, Shelby revive. Renace. Y nosotros lo haremos junto a ella. De Nora Robert también me gusta mucho el que haga tan partícipe al lector de la historia. Ella, sutilmente, va dejando un reguero de pistas para que el lector descubra, al mismo tiempo que la protagonista, el sorprendente desenlace. Y ya os aseguro que no es fácil, porque esta autora, aunque es conocida por ser unas de las escritoras de género romántico más importantes de la era actual, es una gran escritora de novela negra. Detrás de sus historias de amor que usa como marco en casi todas sus novelas, se esconden oscuros secretos y, en muchísimas ocasiones, asesinatos pendientes de resolver.

A mí me gustan los libros que empiezan así: bien, con fuerza y con gancho. Que cuando te quieres dar cuenta, vas por la página cien y no has podido despegar los ojos del libro en ningún momento. Así que para mí ha sido una grata sorpresa encontrarme, de nuevo, con Nora Roberts. Vamos, como siempre.

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The fix 1. El desafío de los beagles, de Nick Spencer y Steve Lieber

the fix

the fixDiga lo que diga la Cospedal, y lo diga en diferido o en directo, por más que le asombre, no todos somos corruptos. (Por cierto, ¿no es denunciable semejante acusación a toda la sociedad española?) Y es que piensa el ladrón… pero no. Ni todos somos corruptos ni somos como ella y sus amiguitos. A muchos (a todos) se nos caería la cara de vergüenza si soltáramos las chorradas que le oímos decir a ella cada vez que abre esa boca…

Igual de absurdas que algunas de las acciones que Roy y Mac tienen que ingeniarse para saldar una deuda. Y es que ser delincuente hoy en día, con tanta tecnología, es una mierda. Si no eres un hacker, las opciones para los tipos como Roy y Mac, –esa clase de muchachos de los de dar patadas, palizas, pillar la pasta y correr– se ven reducidas. Así que se les ocurre robar en un geriátrico en el que reside un anciano criminal con su botín. Y casi no lo cuentan… a pesar de la experiencia que tienen… como polis.

Sí. Ambos son polis de Los Ángeles y ambos son un par de corruptos entrampados en un lío de cojones, ya que deben una buena cantidad de pasta a un mafioso que, lo mismo cuida de su hijo, se preocupa de no ofrecer a sus invitados comida con gluten y compra productos sin pesticidas, como le saca un ojo a un pobre hombre o quema a una pareja atada con cuerdas mientras tararea una alegre canción.

La historia aparece narrada en off por Roy y sigue los pasos que este y su compañero dan para poder salir de una pieza y con el culo intacto. ¿Y qué tienen que hacer para que no les rajen literalmente el culo y saldar la deuda? Básicamente neutralizar al mejor perro policía para poder dejar pasar un cargamento por la aduana del aeropuerto.

Por el camino vamos a encontrar a una serie de personajes que parecen salidos de una peli absurda pero de esas que en el fondo tienen un guion cojonudo. Tipos así como el personaje de Billy Bob Thornton en la primera temporada de Fargo, o como algunos secundarios de El gran Lebowsky… De ese palo, como mínimo. O igual no y es solo una impresión mía. Da igual. Lo cierto es que el humor propiciado por alguno de estos tipos es en algunos momentos algo escatológico, sobre todo cuando aparece el productor negro. Pero en líneas generales, el tebeo sigue un tono humorístico muy bien repartido por todo el tomo, inteligente aunque no apto para según qué mentes.

Por supuesto, a estas alturas ha de quedar claro que estamos ante dos caraduras, ante una historia fresquísima, de ritmo ágil, de personajes carismáticos todos (absolutamente TODOS), de unos protagonistas canallas e, incluso uno de ellos, Roy, el narrador, de un auténtico hijo de puta que hace lo que haga falta en su propio beneficio, pero que nos cae, a pesar de todo, de putísima madre. Es el tío perfecto con el que irse de farra.

The Fix 1. El desafío de los beagles no es un arco cerrado. Es tan solo una presentación. Pero, ¡joder!, si esta es la presentación no quiero perderme nada de lo que siga. ¡Nada, nada, nada! Me lo he pasado teta con las desventuras de este par de polis y con la fauna de la que se rodean; sin poder anticipar lo que iba a pasar en las hojas siguientes, disfrutando de unos diálogos vivos, tarantinianos y plagados de referencias, de una historia que, desde luego, no es para niños ni mucho menos y que debe leerse siempre con la disposición de ser sorprendido.

No os dejéis engañar por la portada. A mí, sinceramente, me parece algo cutre comparando con el tesoro del interior y es la peor de todas las que podían haber elegido vistas las alternativas en las últimas páginas, pero el dibujo es perfecto. Los gestos, las expresiones… casan genial con las situaciones que vemos.

No me extraña que The Fix 1. El desafío de los beagles esté teniendo tanto éxito. Y tampoco me extrañaría que se convirtiera en una buddy movie dirigida por Guy Ritchie. Le iría como picha al culo.

Un cómic dinámico, fresco, ingenioso, sorprendente y potente en el que pasan muchas, muchas, muchas cosas.

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Dog Café, de Rosa Moncayo Cazorla

Dog Café

Dog CaféBufff. A ver cómo empiezo yo con esta reseña. Cuando terminé de leer el libro, lo primero que hice fue comentarle a la autora en Instagram que me había dejado rota, pero que al mismo tiempo era una sensación reconfortante. Esa mezcla de sensaciones tan extrañas que sólo algunas cosas son capaces de provocarnos. Dog café es así, te sacude por dentro, te desequilibra, te remueve las heridas y al mismo tiempo te las cura.  Y a mí estos contrastes me vienen de lujo, no podría vivir sin ellos.

Veintitrés añitos tiene Rosa Moncayo Cazorla. Bueno, al menos son los que tenía cuando escribió esta novela. Veintitrés años y ya es capaz de ponernos del revés, de removernos y llevarnos a nuestros propios límites. No está mal, ¿verdad? Quizá Rosa esté harta de que recalquen su edad, pero es que la experiencia que demuestra este libro no es propia de alguien tan joven. O al menos eso es lo que siempre hemos creído, porque aquí está Rosa demostrando que la edad, efectivamente, son solamente números. Y en lo literario, como en tantas otras cosas, no debería importar demasiado.

Várez, la protagonista de Dog café tiene veinticinco años. A su edad ha conocido el amor, la soledad, ha vivido en Seúl y ha tenido un aborto. Y todas estas vivencias, mezcladas y agitadas, son la base de esta intensa novela.

Resulta muy difícil no ponerse en el lugar de Várez y empatizar con ella, con ese viaje de introspección que es esta historia. Y a mí, personalmente no me cuesta en absoluto porque me siento muy identificada con ella. Me identifico con esa parte solitaria e introvertida. Yo también prefiero muchas veces la soledad y la disfruto mucho. De hecho, no entiendo a la gente que es incapaz de estar a solas con ellos mismos. Para mí es un privilegio y también soy de las que reivindican la soledad.

Aunque Várez también la disfrute, su soledad, al menos en este momento, viene de la mano de una derrota sentimental y anímica extenuante. Es normal que encuentre refugio en su propia soledad. Hay personas que necesitan todo lo contario, pero yo, como ella, también soy de las que nos refugiamos en nosotras mismas tratando de llegar a una tregua.

Como veis, Dog café no es una novelita alegre y amena. No. Rosa ha escrito una novela dura de esas que te rompen los esquemas. Pero como os decía al principio, hay algo de reconfortante en todo esto. Quizás, los que nos sentimos identificados con la historia, sintamos ese alivio que os comento. Es una especie de sororidad con Várez, para que me entendáis.

No esperaba encontrarme con este libro. No esperaba que Dog café fuese todo esto y que fuese capaz de zarandearme de esta manera. Pero no puedo engañaros, esta novela ha hecho conmigo lo que ha querido. Y yo, lectores, me he dejado hacer. Porque cuando se está en unas manos tan buenas como las de Rosa, no puedes más que dejarte llevar.

 

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The wicked + the divine. El acto faústico, de Kieron Guillen y Jamie McKelvie

w+d 1

w+d 1Hubo un tiempo no muy muy lejano, en el que los dioses pisaban la tierra y dejaban huella en los humanos mortales. No en todos, solo en los que sabían apreciarlo. Tiempos en los que U2 todavía eran U2, Queen no había perdido a Freddie, Michael aún era negro, los Stones parecían próximos a jubilarse, Bowie exploraba Marte, Madonna tenía conos en las tetas como Afrodita A y R.E.M. perdía su religión.

Eran tiempos en los que los músicos eran idolatrados y venerados como auténticas deidades. Eran tiempos en los que permanecían inalcanzables a las hordas de fans. ¿Es acaso ese el problema? ¿Que ahora podemos verlos en Twitter o Facebook, en fotos robadas o en autofotos publicadas en Instagram y ya no “parecen” tan lejanos y menos aún venidos del cielo? ¿Que ahora hay programas hechos solo para elegir los artistas que van a brillar intensa y cansinamente durante los próximos… no sé, cinco meses? Por supuesto, esa es parte del problema, pero lo más gordo es que, salvo honrosas excepciones (y el reggaetón no se incluye en ellas –es más, ni cuenta como música–), la música de ahora apesta y poca va a ser la que merezca pasar a la historia. El ateísmo se abre paso.

The wicked + the divine. El acto faústico nos cuenta que, sin saber el cómo ni el porqué (salvo razones argumentales para alejarse de típicas redundancias en este tipo de argumentos), cada noventa años doce dioses, de religiones o mitologías distintas, regresan como jóvenes para estar entre nosotros durante dos años. Y luego mueren. Esta vez la mayoría, no todos, han vuelto para ser adorados como estrellas del pop (muchos han sido dibujados para que reconozcamos en ellos a cantantes como Rihanna, Kayne West o mi favorito, un Bowie encarnado por una andrógina Lucifer) y quieren exprimir esos dos años al máximo rindiendo culto al axioma aquel del vive rápido, muere joven y blablablá… Pero es que además son adolescentes. Rondan los diecisiete en cuerpo y mente cuando su identidad les es revelada. Si a esos años, con las dudas propias de la edad, con el carácter que le acompaña… te dicen, te demuestran y te crees que eres un dios y que tienes dos años de vida… ¿qué harías tú? Pues eso. Dioses convertidos en músicos…

“La chica a mi izquierda se desmaya hiperventilando. El chico a mi derecha cae de rodillas con semen resbalándole desde la entrepierna”

Vamos a seguir la historia, –o más bien vamos a meternos en medio de ella, pues la sensación es la de habernos montado en algo que ya lleva camino andado–, de la mano de Laura, de diecisiete años y fan de todos esos dioses-cantantes que, por avatares del destino, acaba queriendo ayudar a una Lucifer, acusada de asesinato.

No es la primera vez que vemos a los dioses tomar apariencia humana y caminar entre nosotros. Sin irnos muy lejos, recientemente hemos podido ver la serie American Gods basada en la obra homónima de Gaiman, pero no ha sido el único caso. Sin embargo, uno de los puntos a favor de este cómic es el no haber elegido dioses muy conocidos para poder contar esta historia con mayor libertad. De hecho, yo recomiendo consultar la sagrada fuente de Google cada vez que aparezca un nuevo dios para entender y situar mejor su contexto, sus palabras o su aspecto.

Otra baza es la importancia del papel femenino. Calculando a ojo, diría que el 92% de los personajes son mujeres y los pocos hombres que aparecen no son muy trascendentales.

En cuanto a la trama y, a pesar de que podamos estar un buen rato asombrándonos y deslumbrados por los focos y el espectáculo de estar en medio de peleas y diálogos entre dioses, no deja de ser un whodunnit. Un “¿quién-lo-hizo?” Y me encanta. El asesinato no se ha resuelto en este tomo (o eso creo, porque con Lucifer nunca se sabe) pero tampoco es que Laura haya recabado muchas pistas por ahora. Aunque no importa. El viaje está mereciendo tanto la pena que lo que queremos es conocer a todo el panteón y tengo la impresión, y creo que es lo que debería ser, de que no podremos averiguar la identidad del asesino hasta que se nos hayan presentado a todos los integrantes de este nuevo Olimpo-Valhalla.

El ritmo es ágil, adictivo, no decae y el dibujo (y también el color) da un apoyo visual increíble con un cuidado impresionante del detalle (ropa a la moda, maquillajes, escenarios, luces, peinados y teñidos, uñas pintadas de varios colores…) que logra ejecutar una historia terrenal con un baño de cultura popular (muy bueno el guiño de Lucifer escuchando a los Rolling, por ejemplo) sin hacernos olvidar que la protagonizan divinidades.

The wicked + the divine. El acto faústico ha sido una gran sorpresa. Estoy seguro de que la serie lo va a petar y estoy deseando leer el siguiente tomo… Porque si este primer volumen tan solo ha servido para presentar los personajes y establecer las normas de lo que vendrá a posteriori, ¡lo que venga a continuación tiene que ser la hostia, porque los dioses no existen… pero molan!

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La vampira de Barcelona, de Miguel Ángel Parra, Iván Ledesma y Jandro González

la vampira de barcelona

la vampira de barcelonaComenta en el epílogo Marc Pastor (autor de La mala mujer, libro que trata el mismo tema que el de este cómic), que supo con asombro de la existencia de la vampira del Raval en un programa radiofónico de noche en 2003. Tanto le atrajo la mezcla de rumores, confesiones, maldad, leyenda, ficción, las diferentes versiones de una misma mujer (¿prostituta?, ¿psychokiller?, ¿aristócrata?) y el misterio en torno a los cómplices que no fueron identificados, que buscó material, solo por curiosidad, y acabó escribiendo una novela.

Yo, en cambio, la conocí más recientemente. Concretamente en un episodio de la segunda temporada de la estupenda serie española El Ministerio del Tiempo. Es posible que hubiera oído el apodo la vampira de Barcelona alguna vez. O más de dos. Pero siempre se quedaba ahí, en el nombre.

“Todo país europeo que se precie –continúa Pastor– merece tener su leyenda negra”. Está claro que Enriqueta Martí, el nombre real de la secuestradora de niños, forma parte de la de España más oscura. Se la acusó de secuestrar, prostituir, sacrificar y descuartizar niños y además de obtener su sangre y su grasa para ungüentos y prácticas de curanderismo que vendía a la burguesía catalana (en esto último es comparable al caso del sacamantecas Romasanta).

“…con grasa de criaturas

hace ungüentos para unturas…”

El cómic que nos ocupa comienza con la desaparición en febrero de 1912 de la niña de cinco años Teresita Guitart. Sin embargo, no fue esta la primera desaparición que se producía en el Raval, aunque sí fue la gota que colmó el vaso. Ya no valía con culpar a los gitanos y quemar sus chabolas para calmar al populacho. Por fortuna, poco tiempo después se encontró a la niña y se detuvo a Enriqueta. A partir de aquí lo que vemos son los hechos que marcan la investigación: la búsqueda de pruebas incriminatorias, las continuas contradicciones de la acusada y los intentos de), a los que no se sabe si se llegó a juzgar alguna vez.

Pruebas que desaparecen, corrupción, poder, dinero… Por desgracia, lo que vivimos a diario en este país no es algo nuevo, ya viene de antiguo, y de serie en algunos ejemplares.

La vampira de Barcelona no ha querido hacer una versión femenina del hombre del saco, ni conferir una imagen vampírica, a pesar del apodo, (al menos no en su concepto literal) ni cosas sobrenaturales ni cuentos metemiedos para asustar a niños o viejas. Se ha despojado de leyenda y se ha querido ceñir a la hemeroteca, documentos policiales, actas judiciales y conversaciones en la celda. Investigación pura y dura.

Me parece además un acierto que los responsables no se hayan decantado por ninguna opción y hayan dejado el final abierto para que el lector sea quien decida su verdad. (Hay que recordar que ni siquiera la muerte de Enriqueta está clara y no se sabe si la lincharon en la cárcel, si murió por un cáncer de útero,…)

En cuanto a la forma, sorprende mucho el hecho de que visualmente el dibujo tenga una estética limpia, unos colores cálidos y una luminosidad que podría chocar a la hora de ambientar una historia tan tétrica como esta, –ya que lo esperable sería justo lo contrario–, pero que da muy buen juego, precisamente por ese contraste entre lo real de lo cotidiano y lo terroríficamente real. (Aunque es cierto que en algunas viñetas los ojos de Enriqueta son tan negros y grandes que parecen tiburoniles y provocan escalofríos).

Pero es que además, la guinda es la riqueza plástica que se ve en el vestuario de la época, la recreación de los interiores, las calles, los rostros, el equipo de bomberos… No solo ha habido documentación en lo puramente narrativo, sino que también ha ocurrido lo propio a la hora de empaparse de fotos de la época.

La vampira de Barcelona es un cómic excelente basado en unos hechos horribles, que ahonda en las miserias de unos tiempos de oscuridad y de podredumbre en donde también se vislumbra una luz esperanzadora de racionalidad y dignidad, tratado con un gusto exquisito.

Buen ritmo narrativo, gran dibujo y un misterio aún sin aclarar del todo.

¡Pero qué pedazo de autores (e historias reales) tenemos en España, pardiez!

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El Proxeneta, de Mabel Lozano

el proxeneta

el proxeneta

“Fui tratante de mujeres durante más de veinte años. Las compré y vendí como si fueran ganado, para explotarlas salvajemente en nuestros clubes, sin compasión…”

Así, de forma terriblemente directa, sin enmascarar nada, sin esconder la dureza con la que nos vamos a encontrar en esta historia que nos cuenta la autora, Mabel Lozano, a través de la narración en primera persona que de “El proxeneta”, Miguel, conocido en el mundo de la prostitución y la trata como “El Músico”.

Y es que a través de las páginas de este libro nos encontramos a un hombre que tuvo una infancia durísima, y que parece que inevitablemente estaba predestinado a entrar en este terrible mundo del sexo y de la “vida alegre”, que como todos sabemos siempre resulta la menos alegre de las vidas que una puede tener.

Nuestro protagonista, “El proxeneta”, nació en Barcelona en 1963, en plenas Ramblas, y tal era la miseria familiar que tuvo que ser entregado por su madre, al igual que sus hermanos, a un orfanato, donde fue víctima, como tantos y tantos niños y niñas de terribles privaciones y abusos:

“La primera vez me quedé callado. De mi garganta, seca, no salió sonido alguno. Aunque lo deseaba con todas mis fuerzas, no conseguí articular palabra ni negarme ni pedir ayuda. El miedo y la culpa me cerraron la boca. Sobre todo la culpa. El creer que era yo quien provocaba todo aquello. Yo, que no era más que un chaval de 13 años, solo y asustado…”

El Músico nos irá contando su vida, a modo de documental, desde que era un niño hasta que finalmente, y tras haber esclavizado, casi literalmente, a más de 1.700 mujeres a las que previamente había captado en sus países de origen, fundamentalmente Colombia, fue condenado judicialmente, si bien, una vez ya en la calle, cooperó con la justicia para desarticular otras redes de prostitución.

Yo creo que todos reconocemos en Mabel Lozano, en un principio modelo, actriz y presentadora de televisión, a la mujer que se fue reconvirtiendo en una gran luchadora por los derechos de la mujer, especialmente comprometida en su obra cinematográfica con las víctimas de la prostitución y las de trata de blancas para fines sexuales. La autora debutó en el cine como directora con el largometraje documental “Voces contra la trata de mujeres”, que causó una gran conmoción en la sociedad más comprometida, y más tarde regresó con el titulado “Chicas Nuevas 24 horas”.

Imagino que para la autora de estos documentales tan ligados a las víctimas de la trata y la prostitución, le habrá sido muy difícil y doloroso escribir este libro que nos muestra en este caso la visión desde el otro lado, desde el lado del proxeneta sin escrúpulos, pues como les decía ella siempre, en sus documentales y conferencias impartidas, ha estado al lado de éstas mujeres.

Según ha contado en los medios, conoció a Miguel hace un par de años a través de un amigo en común. Miguel ya había salido de la cárcel, salió con pleno arrepentimiento y con la absoluta convicción de la necesidad de colaborar con la policía para desarticular, en la medida de sus posibilidades, este tipo de mafias que llevan a las mujeres a esas terribles situaciones de esclavitud sexual y personal.

Dice Mabel que: “Para mí fue muy duro después de 12 años escuchando los testimonios de mujeres dolidas, vejadas, coaccionadas, violadas y esclavizadas…”. Y no lo dudo, y por eso les decía que no debía haber sido fácil para ella escribir este libro. Pero por otra parte es comprensible el interés de querer saber y conocer, por fin, todo el entramado sobre un tema en el que llevas tantos años con un compromiso tan grande de trabajo.

Les tengo que decir que me adentré en esta lectura con una postura que mantengo desde hace muchísimo tiempo contraria a la prostitución, algunos artículos en alguna ocasión me han hecho dudar de mi postura tan tajante, pero la lectura de El proxeneta me ha ayudado a posicionarme de una forma aun mucho más radical en contra de cualquier tipo de comercio con el cuerpo de una mujer, incluso el que llaman voluntario ¡¿Voluntario?!

El Proxeneta nos cuenta como desde la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA), se pagaba a prostitutas para que dieran una imagen de mujeres que ejercían la prostitución por “voluntad propia”. Se pagaban grandes campañas para mejorar la imagen de estos locales haciendo creer que se cumplía con una “labor social”. Cuando lo cierto es que detrás de esto siempre hay corrupción, esclavitud, degradación y corrupción como mínimo; en numerosas ocasiones al final del triste camino está la muerte a las que les lleva su vida.

Un libro que no obvia datos durísimos, una mujer que costaba 1.200 Euros generaba a los largo de sus dos o tres años de esclavitud más de cien mil limpios, porque estas mujeres tienen fecha de caducidad, y una vez que están acabadas para dar de sí en determinados clubes, son revendidas a otros proxenetas que las obligan a ejercer en las calles. Una actividad, como ya ven, que genera muchos más ingresos, y con muchos menos riesgos, que el narcotráfico. Increíble la manera en la que narra cómo decidió delatar a otros traficantes para hacer creer a la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF), que sus negocios estaban libres de trata y se ejercía la prostitución libre y voluntaria.

La prostitución en España no es ilegal; sí lo es la trata, ¡faltaría más! Pero no nos equivoquemos, nadie llega a la prostitución por gusto, ni tan siquiera para ganar algo de dinero en caso de necesidad imperiosa, se tienen que dar más requisitos, más situaciones, y siempre detrás de ellas hay engaño, falta de cultura y desamparo, falta de políticas sociales, dejación de funciones de la Administración, corrupción… Y luego están los clientes, los que no denuncian que hay menores atrapadas, los que no denuncian que hay mujeres contra su voluntad, los que no denuncian que hay mujeres con evidentes lesiones… Los clientes no están al margen de este submundo, de este drama en el que se encuentran tantas y tantas mujeres, son colaboradores necesarios de la explotación y la pervivencia de la trata y la prostitución.

Y aún habrá quien en pleno Siglo XXI le ría la gracia a esos chavales que van de putas para pasar una tarde original y divertida…

Mi más sincera felicitación a Mabel Lozano por su trabajo, y hoy en especial por este libro que tanto me ha impactado, El proxeneta, y por su trabajo en general, pero por encima de mis felicitaciones quiero que quede aquí mi agradecimiento a su generosa labor para denunciar este oscuro mundo de la compraventa de mujeres.

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El olor de las casas de los demás, de Bonnie-Sue Hitchcock

El olor de las casas de los demás

El olor de las casas de los demás“Nunca entenderé por qué ciertas cosas que nos suceden pueden hacer mella en nosotros y convertirnos en personas diferentes. Estoy empezando a pensar que todo nos cambia en mayor o menor medida.”

¿Qué pasaría si todos nosotros hubiéramos vivido en nuestra infancia y adolescencia en un pueblecito de Alaska, sin apenas calefacción, comida y apenas lo necesario para sobrevivir? Sé que algunos de vosotros habéis podido vivir una situación similar, pero permitidme la generalización en este caso. A la mayoría de nosotros no nos ha faltado la comida y tenemos lo suficiente, incluso más de lo que necesitamos, para vivir adecuadamente. Y da rabia porque muchas veces no somos conscientes de lo afortunados que somos. Y es que parece que cada vez queremos más y más, que nunca nos conformamos. Y más en estas fiestas…

Por eso, cuando he leído El olor de las casas de los demás, he pensado que en el fondo todos sabemos lo que de verdad importa: las personas de las que nos rodeamos, con las que compartimos buenos y malos momentos, cómo aprendemos de nuestros errores y cómo somos capaces de, al final, perdonar los de los que más queremos. Porque de esto tratan las historias de este libro, de las pequeñas pero grandes cosas que nos hacen ser mejores personas y que conforman nuestros recuerdos.

Además, al ser narradas en primera persona, te ayudan a ponerte en el lugar de cada uno de los protagonistas. Ruth, Dora, Alyce, Hank, Jack, Buñuelo, Bunny y otros personajes, tan entrañables como diferentes entre sí, nos enseñan que no importa por lo que cada uno estemos pasando, que hay que plantarle cara a los problemas, sean cuales sean, porque siempre tendremos a alguien por quien merezca la pena luchar.

Sin embargo, no todo es tan fácil. A lo largo de la lectura nos encontramos con situaciones muy duras, provocadas por los malos tratos, la pobreza, la pérdida de la familia y los embarazos no deseados en la adolescencia. Pero ahí es cuando se alzan nuestros personajes, jóvenes y niños valientes, que no son héroes, ya que también nos muestran abiertamente su miedo. Pero nos demuestran a lo largo de las páginas que son capaces de enfrentarse a él, convirtiéndose en un gran ejemplo para todos los adultos.

Bonnie-Sue Hitchcock construye una historia con alma a través de una narración espectacular, con la que no me extraña que haya sido premiada, ya que también consigue entrelazar todas las historias de cada uno de los personajes con maestría y reserva más de una sorpresa para el final. A pesar de ser una novela infantil-juvenil, como yo la catalogaría, creo que es una novela perfecta para todo tipo de públicos que hace reflexionar y empatizar con cada una de las situaciones narradas.

Sin embargo, tengo que admitir que me ha sabido a poco. Las apenas 250 páginas con las que cuenta El olor de las casas de los demás no permiten profundizar como se debería y nos gustaría por lo relevante de la historia en los personajes, que no son pocos, y en sus problemas e historias. Creo que esta es la única pega que le puedo poner, ya que me ha sorprendido más de lo que pensaba.

Esta es de esas lecturas que llegaron a mi por sorpresa y como por arte de magia, ya que una amiga que me conoce bien me habló de ella con la certeza de saber que me iba a gustar. Y en efecto, no se equivocó. Este es de esos libros que te hace emocionarte, reír, llorar, que trae buenos y malos recuerdos y que te hace pensar cuando acabas de leerla. El olor de las casas de los demás es una lectura muy especial tiene el olor de la ternura, del primer amor, de las verdaderas amistades que construimos con inocencia cuando somos pequeños, de la familia, que tanta importancia tiene a cualquier edad. De aquello que vivimos en nuestra infancia que nos convierte en lo que somos en nuestra edad adulta.

 

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Estamos todas bien, de Ana Penyas

estamos todas bien

estamos todas bienQuienes me siguen (que son legión) saben que me gustan estos libros y cómics en los que se cuentan las vidas de las personas cuando llegan a cierta edad y vuelven la vista atrás y recuerdan sus vivencias, sus ratos buenos y malos, sus ambiciones, sus logros, sus fracasos, sus pérdidas dolorosas, el hacerse mayor… sus cosas, en definitiva y, sobre todo, las relaciones personales y familiares. Ver el cambio, la evolución de la persona, de su entorno, de su gente. Comparar lo que se deseaba de joven con lo efectivamente conseguido, crecer al lado de un hermano, distanciarse (o no) de él… En fin, la vida. La cruda y puta vida.

Porque eso es la vida: crudeza y lucha. Te ofrece lo mejor cuando no sabes apreciarlo, cuando eres un niño que piensa que todo será siempre igual, con unos padres que te cuidan y protegen, unos padres que se desviven por ti, y a medida que vas creciendo todo se complica. Con el pasar de los años vas recorriendo la curva parabólica y al llegar a los 35 estás en lo más alto. A partir de ahí, si la vida ha sido buena contigo o relativamente buena, (cosa dudosa, ya que por el camino te habrás roto algún hueso o habrás permanecido en cama algunos días por alguna enfermedad o has tenido un accidente de coche o mil historias más que pueden haberte sucedido ya no solo a ti sino a los tuyos…) empezará el declive y la caída libre: achaques y cía…

Pero bueno. Yo venía a hablar de un cómic, no a filosofar.

Leí una entrevista que le hicieron a Ana Penyas ahora mismo no recuerdo en qué medio, en el que decía, refiriéndose a su abuela Maruja: “…cada vez estaba más mayor. Me impresionó mucho verla sin poder ir a comprar sola, cocinando a duras penas, limpiando como podía. La vi muy triste. Mi abuela, que nunca había visto los programas del corazón, me hablaba de Belén Esteban y de su hija, de la Pantoja…” Esas palabras me impresionaron. Que alguien que nunca había visto esa clase de programas acabara haciéndolo… es muy triste.

Estamos todas bien habla de eso que he contado en el primer párrafo. De la vejez en la versión femenina. De cómo fue la vida de las dos abuelas de la autora, Maruja y Herminia, en un mundo en el que la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” era retórica, puesto que, salvo excepciones contadas, la mujer en aquellos tiempos poco podía hacer al margen de atender la casa, el marido y los hijos e, incluso en la vejez, habiendo sobrevivido a sus maridos, siguen ocupándose de todo eso limpiando la casa como buenamente pueden, cocinando, preocupándose por sus hijos…

Penyas hace una loable y merecida labor de reconocimiento a las abuelas y, por extensión, a las personas mayores. Quiere visibilizarlas, quiere que nos pongamos en su lugar y que comprendamos que esas personas una vez fueron niños, adolescentes y adultos como nosotros, que han crecido, que han tenido dificultades y que han llegado a donde están ahora, que no es poco, y que son olvidadas por la sociedad e incluso, en ocasiones, por sus propias familias y amigos; no cuidamos de ellos como ellos hicieron de nosotros. (Como se muestra en una viñeta en la que Maruja, con andador, comenta con una conocida que sus amigas salen a andar y como saben que ella no puede andar mucho no la llaman. Ya no se acuerdan de cuando Maruja las llevaba en coche…) Es duro, pero es real.

En cuanto a la forma, la artista tiene un estilo propio personalísimo y difícil de describir. Es como si cogiéramos figuras de esos recortables que ya no se ven por el mundo y los dispusiéramos en los escenarios que la viñeta propone. Un dibujo intencionadamente plano, sin profundidad, que parece más obra de un niño y que choca al principio por el efecto raruno y desconcertante que causa, pero al que poco a poco vas aprendiendo a  hacerte para acabar entusiasmándote irremediablemente. No sé… acaba gustándote, aunque no sepas explicarlo…

Leed Estamos todas bien, leedlo lentamente, deteneos en el grafismo, y después hablad con vuestras abuelas (y abuelos). Disfrutad de ellos todo lo que podáis, porque, por desgracia, habrá un día en el que no estarán y entonces tal vez os pese no haberlo hecho.

Ana Penyas ha parido un cómic, –en formato horizontal, por cierto–, entrañable, realista y reivindicativo por la temática y peculiar por la forma. Un cómic que alguien tenía que hacer. Un cómic de los que hacen falta.

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Los Dalton, de Jesús Alonso Iglesias

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los daEstoy convencido de que muchos al oír el apellido Dalton pensáis automáticamente en John Dalton, el químico y naturista que, entre muchas cosas, desarrolló la teoría de la ceguera al color que él mismo sufrió y acabó popularizándose con el nombre de daltonismo. O tal vez penséis en la banda de rock/pop indie español. O puede incluso que recordéis aquella serie de dibujos animados del más famoso cowboy del oeste, un tipo rápido, más que su propia sombra, y al que los hermanos Dalton tenían un gran temor. Sí, esa serie: Lucky Luke.

Pero, también cabe la remota posibilidad de que seáis tan jóvenes que no hayáis pensado en nada de esto.

Bien. En mi caso, conocí a los Dalton por la serie. En ella los Dalton eran cuatro hermanos que robaban bancos y trenes, aparecían ordenados por altura de menor a mayor y siempre acababan en la cárcel, aunque también siempre terminaban escapando.

Pues resulta que esos hermanos existieron en realidad. Y no eran cuatro, sino quince hermanos, ¡quince!, aunque los que realmente pasaron a la Historia o, los que importan para el desarrollo de este cómic, fueron cuatro. Y lo más curioso es que estos forajidos del lejano Oeste comenzaron en el lado correcto de la ley siendo algunos de ellos representantes de esta o alguaciles.

Los Dalton es un largo flashback. Un flashback de cinco años que comienza en octubre de 1892, fatídica fecha para los hermanos y de ahí se remonta a noviembre de 1887, cuando Frank Dalton muere al servicio de la ley intentando detener a unos traficantes de alcohol. Por aquel entonces los Dalton eran incluso respetados en su ciudad, Coffeyville.

Pero no es cuestión de contar todo aquí y ahora.  Lo interesante es descubrir por uno mismo cuando cambió todo. Por qué esos hermanos alguaciles y otro aspirante a serlo decidieron cruzar la línea y pasar a ser los perseguidos y tener sus caras en los míticos carteles encabezados con el típico “Se busca”.

Cabe mencionar también que por el camino se destila cierta crítica social y el sentir y pensar del momento. Hablamos de una época en la que los indios eran considerados unos salvajes y seres incivilizados y los negros, a pesar de haber pasado ya varios años de la Guerra de Secesión, otro tanto de lo mismo.

En el cómic también vemos que  mucha gente temía a los hermanos pero, en cambio otros los veían como héroes. Hay que tener en cuenta que las empresas ferroviarias se estaban haciendo de oro, expropiando a los granjeros sus tierras a precio de risa y castigando a quienes no vendían con no poder beneficiarse del ferrocarril mediante el envío en ellos de su cosecha,  encareciéndose así considerablemente el precio. Para mucha gente, la crisis del 73 fue debida a estas compañías y para los granjeros, los Dalton eran sus vengadores personales.

La trama engancha y mucho. Es como estar viendo una película. Es más. Estás dentro de una película. De una película de las buenas, de una en la que Clint Eastwood dirige y actúa.

Pero si la trama engancha, agárrate con el dibujo. ¡El dibujo…! ¡Joder! ¡Se caga la perra! ¡Pero qué pedazo de dibujo se casca Jesús Alonso! Ya me encantó su trabajo en El fantasma de Gaudí y en PDM (cómics que recomiendo mucho) y aquí ha vuelto a hacerlo. No he visto trazo malo. La expresividad de cada personaje, los gestos, la ropa, la ambientación típica de estas historias, y la elección del color… A veces lees sin darte cuenta de todos los detalles del dibujo, y entonces caes en que es así porque Jesús Alonso logra dotar al dibujo de la realidad necesaria para encajar la ambientación con la trama y convertirla en parte de esta.

Una edición de lujo que bien podría considerarse de lujo, un buen guion y un dibujo impecable conforman este libro. Los Dalton es otro cómic del que no se puede pasar este 2017, con el añadido además, de ser un dibujante español. Y van muchos este año, lo sé, está siendo un buen año, pero os aseguro que este es un sí o sí.

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Las cenizas de Ángela, de Frank McCourt

las cenizas de angela

las cenizas de angela¿Quién le iba a decir a Frank McCourt, un profesor jubilado, que su primer libro ganaría el premio Pulitzer, el premio de la Crítica y el de Los Angeles Times? Él solo había relatado su infancia, cumpliendo así con el anhelo de escribir que había postergado toda una vida. ¿Cómo se iba a imaginar que vendería diecisiete millones de libros y que se convertiría en millonario, cuando en sus sueños de niñez solo aspiraba a tener una casa con retrete propio? Pero es que, al escribir sus memorias, también había plasmado las de tantos otros, haciendo de su libro, Las cenizas de Ángela, una biografía universal de la pobreza.

Hace años que quería leer este libro y, gracias a la edición especial que la editorial Maeva ha sacado con motivo del veinte aniversario de su publicación en España, por fin lo he hecho. Reconozco que le tenía ganas porque todo el mundo decía que era uno de los clásicos del siglo XX que había que leer sí o sí; pero, a la vez, me echaba para atrás que fuera un dramón. Nada más lejos de la realidad. Y eso que los hechos que relata son duros, durísimos: los desmanes de su padre, Malachy, que se bebía el poco dinero que tenían, mientras su familia pasaba hambre y sus hijos iban muriendo uno a uno; el sufrimiento de su madre, Ángela, tan piadosa y abnegada que se resignaba al marido que había escogido; el ultracatólico y ultranacionalista Limerick, un pueblo húmedo que enfermaba a sus habitantes; el tifus que casi le cuesta la vida, pero que le hizo descubrir la literatura; su temeroso despertar sexual y sus primeros trabajos de subsistencia, hasta que a los diecinueve años logró volver a América, donde había nacido.

Como el mismo Frank McCourt dice en la primera página, «la infancia desgraciada irlandesa es peor que la infancia desgraciada corriente, y la infancia desgraciada irlandesa católica es peor todavía». Sin embargo, sabe retrotraerse al niño que era entonces y nos cuenta aquella época con la inocencia y el humor de su mirada infantil, dejando fuera sentimentalismos, reclamos de compasión o juicios de valor que provocarían la lágrima fácil. De esta manera, es capaz de sacar una sonrisa al lector, a pesar de estar relatándole acontecimientos trágicos. Y ese tono se agradece, es más, es el que hace grande a este libro, convirtiéndolo en entrañable y atemporal.

Han transcurrido ocho años desde la muerte de Frank McCourt y ni la literatura ni Irlanda se olvidan de la contribución que les hizo. Las cenizas de Ángela sigue vendiéndose tan bien como siempre y en Limerick le han dedicado una ruta que recorre todos los lugares que se citan en el libro. Se publicó hace solo veinte años, pero cualquiera que lea este libro superventas ve que la etiqueta de clásico contemporáneo es más que merecida. Y es que, a veces, la literatura nos da estas sorpresas, y tanto críticos como público se rinden ante la evidencia de una historia escrita con talento y desde el corazón. Tras haber leído su difícil infancia, también me alegra saber que la vida al final fue generosa con Frank McCourt: un hombre que pasó lo peor, pero que acabó dando lo mejor de sí mismo como maestro y escritor.

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Lady Killer 2, de Joëlle Jones

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lady k 2Hace mucho, mucho tiempo, en una época remota, cuando jugaba a esos videojuegos que ahora parecen volver y ponerse de moda gracias a una fiebre nostálgica y amante del pixel, aquellos se dividían básicamente en tres: deportes, plataforma y mata mata. (Seguramente había alguno más, pero esos tres eran los que dominaban en mi entorno).

Pues bien, este cómic podría clasificarse dentro de ese tercer género. En la continuación de Lady Killer nuestra morena de armas tomar domina el mata mata en toda su extensión y con cualquier clase de instrumento que tenga a mano. Martillo, cuchillo, tijeras, brazos, bufanda, cuchillo eléctrico, jerez de cocina… A lo largo de todo este volumen los irá alternando tanto para asesinar como para deshacerse de los cuerpos y poder ir subiendo de nivel.

Además, en Lady Killer 2 seremos testigos de lo duro que era ser mujer en los sesenta y conciliar la vida empresarial y la personal. Y más aún cuando nuestra protagonista, Josie, tiene claro el giro profesional que va a dar a su vida, que no es otro que el dejar de ser una asesina asalariada para pasar a ser autónoma siguiendo unas reglas básicas (enumeradas en off con bastante gracia mientras “trabaja”) como tener las herramientas adecuadas o no temer ensuciarse las manos y, sobre todo, fiarse de su instinto.

Pero claro, la teoría es una cosa y el camino al éxito es duro y siempre lleno de obstáculos y uno no sabe si se ha fiado de su instinto para o bien o para mal hasta que es demasiado tarde. (Por supuesto, siempre es demasiado tarde).

Así que, siguiendo su instinto y sin tener muchas alternativas Josie ve cómo en su aún floreciente negocio tiene que subcontratar a un socio; un antiguo conocido que se ocupará de las labores de limpieza.

Será aquí cuando Josie tenga que emplearse a fondo una vez que todos sus mundos entren en colisión, (porque si algo tiene Josie es la firmeza y capacidad de reacción necesaria cuando las cosas se le tuercen –y las cosas tienden a torcérsele mucho, aunque es cierto que, de lo contrario, no habría historia): su marido, el trabajo de este, su suegra (con un más que interesante flashback) e incluso la posibilidad de promocionarse profesionalmente y recibir trabajos a la altura que Josie merece, se verán comprometidos…

Ya alabé el primer número de esta colección y no puedo hacer menos en esta continuación. Lady Killer 2 es una historia delirante, llena de un humor negro brillante con un apartado visual que es una delicia y cuya lectura vuela en las manos pues se lee que da gusto. El tratamiento gráfico es increíble. Estás inmerso de lleno en un episodio de Mad Men pero la prota es una bella mujer que asesina y mutila. El mimo que Joëlle presta a los detalles se extiende incluso al papel de pared, el cual es meticulosamente investigado. Las escenas gores y sangrientas también están muy bien tratadas pero me gusta especialmente la ambientación de la vida “normal” de nuestra hermosa asesina: el vestuario, los azulejos del baño, los interiores, los coches, los bañadores y bikinis, la vidriera en la escena del bingo, los trajes de las azafatas…

Y el color. El color también es importante y es todo un curro de elegancia y buen ojo con el que podemos deleitarnos aquí.

No me cansaré de decirlo: Joëlle es una ARTISTAZA con mayúsculas y su arte es digno de enmarcarse en los salones de la habitación más chula de nuestra casa. Es más, yo no os recomendaría que compraráis solo un ejemplar. Comprad dos: uno para leerlo y otro para arrancar las hojas y llevarlas a enmarcar. Porque la historia te atrapa y te entretiene, pero está claro que lo que prima en un cómic es el dibujo, y aquí el dibujo. Derroche visual en el que recrearnos una y otra vez.

Un guion bien trazado, unos personajes creíbles, con sus fortalezas y debilidades, para nada planos y en constante evolución, como los tiempos en los que se mueve la trama, y lo más importante: una historia que todavía puede sorprendernos. Porque, por lo que parece, esto no ha hecho más que empezar. ¡Y me alegro!

¡Una joya!

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Stanley y las mujeres, de Kingsley Amis

Stanley y las mujeres

Stanley y las mujeresTenía ya ganas de hablaros de este libro, la verdad.  Al final he tardado más en leerlo de lo que pensaba, pero éste es uno de esos libros que, en mi opinión, hay que saborear poco a poco. No admite la rapidez ni las lecturas con prisas. Hay que detenerse bien cada página, en cada conversación, en cada pensamiento. O al menos eso es lo que Kingsley Amis, su autor, me ha trasmitido a mí.

Os presentaré al autor, por si no tenéis el gusto. Kingsley Amis fue novelista, poeta, crítico literario y profesor. Este escritor tan british, alcanzó la fama gracias a su primera novela La suerte de Jim. Desde entonces, escribió más de veinte novelas, tres poemarios, relatos, guiones y críticas. Es padre del también escritor Martin Amis, quien escribió brillantemente en su libro Experience, la decadencia de su propio padre debido al alcoholismo.

Sobre Stanley y las mujeres tengo mucho que deciros, pero empezaré contándoos por qué me decanté por él y no por otro libro. Siempre había querido leer algo de Kingsley Amis, porque había oído maravillas de él. Al leer las críticas de este libro, supuse que sería una buena forma de adentrarme en el universo Amis:

“Una obra poderosa, impactante, magníficamente escrita, lo mejor de Amis hasta ahora” (Anthony Burgess, The observer).

“Dura, divertida, tierna y provocadora. Una de las obras más salvajes de Amis” ( Melvyn Bragg, Punch).

No me digáis que con estas críticas no apetece adentrarse en esta novela. Además. Las publicaciones de la editorial Impedimenta y sus ediciones suelen gustarme bastante, así que no tenía más excusas.

Y bien, ¿de qué trata este libro? Pues veamos, Stanley y las mujeres es tan mordaz y brillante como promete. Su protagonista, Stanley Duke, disfruta de su segundo matrimonio con su esposa Susan. Pero todo parece irse al garete cuando su hijo Steve, fruto del primer matrimonio con la actriz Nowell, entra en una etapa de esquizofrenia de lo más movida. Entretanto, Stanley tiene que lidiar no solo con los problemas que el hijo le plantea, sino con los que él mismo se ha buscado a lo largo de su vida. Su animadversión por su ex mujer, su mala gestión con las relaciones sociales (incluyendo amigos, jefes y compañeros de trabajo) y, por si fuera poco, con Susan, su actual esposa, a quien no ve preparada para convivir con su hijo y parece ser que con él mismo tampoco.

Y vemos al verdadero Stanley, un egocéntrico que se mueve entre su propia locura y los desequilibrios de las relaciones que ha desarrollado a lo largo de su vida. Se nos advertía en el prólogo de Kiko Amat, que esta novela era borde, extraña y todo un caso clínico. Y así es. También, quizá, debamos tener en cuenta que cuando Kingsley Amis escribió esta novela, a los sesenta y dos años, acaba de divorciarse y quizá sí que volcó toda esa rabia contenida en esta extravagante novela. En cualquier caso, el resultado es bueno, muy bueno. Stanley y las mujeres es una novela que no deja indiferente y que nos hace replantearnos muchas de nuestras propias ideas. Al menos para ver que, al fin y al cabo, hay gente que está mucho peor que nosotros.

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