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Intergrafías, de Celia Aguilar de Rueda

Intergrafías

IntergrafíasLa poesía vuelve a estar de moda – ¿alguna vez dejó de estarlo? –, y esto es gracias a una generación de jóvenes que han encontrado en este género la mejor vía con la que expresar sus amores y desamores, los vaivenes vitales de la madurez, el miedo ante la previsible monotonía de una vida adulta. Redes sociales, vídeo o música son algunos de los medios utilizados por estos poetas para llamar la atención de otros jóvenes que comparten diariamente sus escritos. ¿Hay poesía buena y poesía mala? La verdad es que no me veo debatiendo ahora sobre eso.

Pero sí me veo hablando de libros y uno de ellos, el de hoy, es el poemario que publica Celia Aguilar de Rueda, poeta de tan solo 24 años que, tras mucho tiempo ofreciendo su poesía a través de redes sociales y blogs literarios, ha encontrado en Dalya Editorial el hueco en el que plasmar sus versos sobre papel. Formada en fotografía y amante de la música, la pintura y el teatro, Celia es una demostración más de este ‘boom’ de jóvenes que buscan expresarse a través del arte, en cualquiera de sus disciplinas. Tanto es así, que en este libro incluso las ilustraciones de portada e interior son obra de la escritora gaditana.

Vemos ya desde la dedicatoria inicial cómo se busca rendir homenaje al devenir vital, a la experiencia que generan nuestros cuerpos a medida que pasan los años: «al camino… / a cada paso / a cada imagen guardada en la memoria». Desde el prólogo se nos avisa de que vamos a tener que ser lectores activos si queremos exprimir esa poesía y empaparnos de ella. Dividido al estilo teatral en seis actos con interludio, Intergrafías es un reflejo total e intimista que nos busca y parece que nos pregunte si a nosotros nos pasa lo mismo que a Celia. Y la respuesta es sí. Todos sufrimos las mismas caídas aunque con diferentes caras, a todos nos dejan de querer alguna vez, todos investigamos qué tenemos dentro. Con mucho erotismo en algunos de sus poemas – que me ha recordado en ciertos aspectos a Miriam Reyes –, Celia Aguilar busca de forma descarnada atravesar su piel y hablar desde dentro, donde todo es tan oscuro como la portada de su libro. Intergrafías es una demostración más del importante papel de la mujer en el mundo de la poesía actual, y esto ya lo podemos ver desde la portada del libro, donde lo único que vemos del interior de la mujer representada es el cerebro, el órgano que junto al corazón crea libros y poemas como estos.

Como si de un camino vital se tratara, Celia nos lleva por caídas y ascensos y pocos momentos de serenidad, igual que en la juventud. Cuando leáis Intergrafías os sentiréis jóvenes, volveréis a veros metidos en la cama una noche de invierno mirando la pantalla del teléfono móvil y esperando a que el deseado o la deseada amante os diga algo, pero no. A veces nos queremos más, a veces nos queremos menos; pero entre medias, y para no sentirnos solos ni pensar que somos los únicos que sentimos cosas de ese tipo, está la poesía, poesía como la de Celia Aguilar de Rueda en Intergrafías. Poesía joven.

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Breve historia de los celtas, de Manuel Velasco

Breve historia de los celtas

Breve historia de los celtasQuién no ha oído hablar del rey Arturo o del druidismo. Quién no ha visto a algún conocido llevar un colgante en forma de triskel o escuchado alguna canción de gaitas. Muchos han sido los pueblos que han poblado los mares de la Historia; algunos crearon civilizaciones milenarias y otros edificaron grandes imperios, pero… muchos de éstos fueron cayendo en la obscuridad del pasado. Sin embargo, hubo otros cuyo eco ha pervivido más allá de sus limites temporales: por ejemplo, los celtas. Y todos sabemos que lo celta está de moda.

Coincidiendo con este renovado interés, Manuel Velasco vuelve a embarcarse en una nueva entrega de la colección “Breve historia de…”. Tras realizar Breve historia de los vikingos en el 2012, ahora llega con la ampliación de Breve historia de los celtas, obra publicada originalmente en el 2005.

En palabras del autor, el pueblo celta fue un conjunto “de tribus con intereses comunes y que, hasta cierto punto, compartían una identidad cultural y religiosa” -una muy buena y sintética definición-. Surgidos a orillas del lago Hallstatt (actual Austria) hacia el siglo VIII a. C., los celtas se expandieron por toda Europa, tanto hacia el oeste como hacia el este. Irradiando su cultura a los pueblos con los que se iban encontrando, creando mezclas y aumentando las diferencias que había entre ellos. Su legado, lo que el autor denomina “celticidad”, todavía pervive con mayor o menor brío según territorio, a pesar de los siglos y siglos de aniquilación cultural que vino primero de la mano del pueblo romano y, después, de la mano del cristianismo. Por eso, este libro tiene el objetivo de hacer una breve exposición de lo que queda de ese sustrato histórico.

La obra sigue la linea de otros números anteriores de la colección, como por ejemplo Breve historia de los piratas o Breve historia de la Revolución Rusa. En este caso, la obra se compone de cuatro grandes apartados: el primero se centra en la historia y la decadente evolución del pueblo celta contra el Imperio Romano (poniendo énfasis sobre todo en tres territorios concretos: la península Ibérica, la Galia y Britannia), así como la vida cotidiana a través de la festividades principales que vivieron los celtas (en este caso únicamente en Irlanda, ya que ha sido el territorio donde mayor se han conservado las tradiciones así como la información, al ser el único bastión no romanizado). El segundo apartado, titulado “Triskel”, versa sobre temas mitológicos y ciclos legendarios (ampliados en este edición). En el tercero se nos describen los restos que han llegado a nuestros días sobre los celtas, tanto a nivel material (museos/arqueología) como a nivel cultural (identidad celta), centrado sobre todo en la Península ibérica, pero sin excluir el resto de territorios “celtas”, a través de sus visitas a museos, yacimientos o, incluso, a festivales. Y finalmente el ultimo apartado es un anexo donde vemos como lo celta está muy presente en la cultura popular de hoy en día (videojuegos, música, festivales, peliculas…). Tanto el tercer apartado como el anexo son las otras novedades de esta edición.

Con todo esto, y a pesar de definirse como un libro de Historia, no deja de ser una obra introductoria. En esencia, constituye una amena y clara base para empezar a conocer la historia de este pueblo. Destinado tanto a estudiantes como a aficionados interesados, se trata de un libro bastante completo (vemos el aspecto histórico, el cotidiano/festivo, el mitológico e incluso la pervivencia del elemento celta), que a la vez sabe sintetizar perfectamente los elementos claves y esenciales que componen el universo celta. Por lo tanto, Manuel Velasco ofrece un panorama general que nos permite sumergirnos en la aventura de los celtas; de ahí que al final del libro el autor haya incluido una valiosa bibliografía para aquel que quiera continuarla.

En cuanto a la narración, ésta es muy fluida, ya que el escritor no abusa demasiado de tecnicismos y cuando los hay, se nos ofrecen breves notas con aclaraciones encajonados a parte (aunque éstos también sirven para ampliar información). Su escritura refleja, consciente o inconscientemente, la fascinación del autor por este pueblo y un poco de malquerencia hacia el pueblo romano que los derrotó.

Finalmente, y como algo anecdótico, el libro se completa con multitud de fotografías, aunque éstas aparecen en blanco y negro, de modo que si el lector está interesado en verlas a color, sólo tiene que acudir al código QR que aparece en la contraportada, accediendo directamente a la web donde las puede observar con mayor detalle, además de otros contenidos extras.

Breve historia de los celtas es un libro inspirador con el que pasar un buen rato y a la misma vez aprender, mientras nos dejamos seducir por este pueblo envuelto en brumas y magia después de su definitiva desaparición… o al menos material.

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Pokémon Go: La guía no autorizada, de Cara Copperman y María Julia Mancera Priego

pokemon go

pokemon go Si hay algo que ha entrado en las vidas de muchos de nosotros como si de una epidemia se tratase es Pokemon Go. Un juego que, en todo el mundo, ha conseguido que la búsqueda y captura de estas criaturas se convierta casi en una obsesión para aquellos que, desde que aparecieran los primeros videojuegos y la serie de televisión, ya no se pudieron separar de este tipo de ocio. Y sí, lo reconozco, yo he sido uno de los que ha caído en sus redes así que cuando me enteré de que salía publicada Pokémon Go: la guía no autorizada no lo pensé mucho y me quise hacer con ella. ¿No os acordáis de cuando intentábamos leer, tener, obtener de cualquier forma, aquello que formara parte del universo de nuestros cantantes favoritos? Pues algo así es lo que me sucedía. Y es que esto de los fenómenos globales tiene un pequeño peligro: que tu bolsillo se resienta, termine gritándote que pares, que ya está bien, que lo dejes estar, que ya no te puedes gastar más dinero. Pero tú no le haces caso a esa voz que parece tan aguda y que termina por taladrarte la cabeza. Así que aquí estoy, con una media sonrisa, hablando de una de esas formas de diversión que, durante todo este verano, ha hecho que muchos de los que poblamos este caótico planeta nos uniéramos y nos preguntáramos: ¿y tú, en qué nivel estás? ¿Has conseguido ya a Pikachu? ¿Y por qué narices aquí sólo salen Rattatas o Pidgeys?

Hay algo que puntualizar antes de empezar a leer Pokémon Go: la guía no autorizada: servirá a los principiantes en este juego, pero quizá no tanto a los que ya se manejen en su mundo con total facilidad. Lo que uno no debe esperar es que esta guía resuelva todas las dudas que tenga sobre el juego ni que le proporcione las herramientas necesarias para encontrar a cada uno de los Pokémon que le falte. ¿Para qué sirve entonces?, os estaréis preguntando. Pues es sencillo: para descubrir lo que el juego puede ofrecer, para dar los primeros pasos en este mundo virtual para aquellos que lo desconocen, o incluso para tener un elemento más en nuestro merchandising sobre una afición como cualquier otra. Es muy posible que a algunos de los que leéis esto os haya decepcionado leer que esto es lo que ofrece Cara Copperman en en libro, pero yo no llegaría a tal extremo. Porque este tipo de publicaciones me parecen bastante útiles para aquellos que, iniciados, no tengan muy claro qué es eso de Pokémon Go y puedan aprender mucho más sobre un mundo del que se habla tanto y del que muchos, sin conocerlo, reniegan por todo aquello que se ha publicado en los medios de comunicación.

Hoy en día no son raros los conceptos de “ser cazador Pokémon” ni ver, en lugares públicos, a gente mirando el móvil y, en grupos, hablando entre ellos sobre por dónde estarán aquellas criaturas que no terminan de aparecer y quieren cazar a toda costa. Pokémon Go: la guía no autorizada es un comienzo para que podamos unirnos a ese grupo, por pertenecer a una nueva comunidad que ha venido para quedarse, y para empezar en un mundo que, como me pasó a mí, al principio puede no parecer interesante pero que te descubre que aquello que en un principio no tiene relevancia, es mucho más importante de lo que parece. Porque no se puede estar alejado de lo que nos sucede, de cómo se mueve el mundo, de cómo los tiempos van cambiando y es con juegos como éste – sin tener en cuenta polémicas surgidas – como se puede entender que lo social, todo lo relacionado con este tipo de aficiones, pueden crear un hábito que no tiene nada de apocalíptico y mucho de, simple y tan estimulante, diversión.

 

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El libro de actividades feminista, de Gemma Correll

el libro de actividades feminista

el libro de actividades feministaFeminista. Una palabra que, últimamente, se describe como algo negativo, olvidando todo lo que ese mismo concepto ha conllevado para la Historia – con mayúscula, no es un error – que se crea en estos mismos instantes. Y puede que para algunos que yo me considere feminista es casi, o se acerca, a un pecado mortal, pero lo soy. Por eso, cuando vi que se publicaba El libro de actividades feminista el que suscribe quiso verlo con sus propios ojos, tenerlo entre las manos, y descubrir qué es lo que podría ofrecer una publicación así y, lo que me parece más importante, se podría entender hoy en día. Y aunque yo lo entienda, aunque me haya descubierto entendiendo lo que hay detrás de cada una de las páginas y pensando, al instante, que en este país es muy posible que esta publicación no sea leída – ni disfrutada – por muchos de los que visitan las librerías, se paran en seco al ver las novedades, y pasan de largo pensando que de lo que aquí estoy hablando es un chiste o una broma pesada. No hay que olvidar que, en este país, un país en el que vivo e intento convivir, el feminismo no ha sido más que motivo de burla por más de una persona que no entiende que no se trata de ir contra los hombres sino de ser iguales en derechos a ellos. Pero aunque pueda parecer que digo todo esto con desilusión – y algo de eso hay – vengo a hablar de por qué he disfrutado tanto con este libro de actividades que, no sólo se trata de que pasemos un buen rato, sino también de que aprendamos.

No sé muy bien qué es para vosotros el feminismo. Os animo a que me lo escribáis en los comentarios más abajo. Si alguien de los que estáis leyendo esta reseña no tenéis muy claro qué es eso del feminismo, qué reivindica, qué tiene como conceptos principales, os animo a echar un vistazo a El libro de actividades feminista para, al menos, dar las primeras pinceladas por este movimiento que, hoy en día, debiera ser uno de los más importantes. Pero, ¿cómo describir este libro? Su título lo dice todo: se trata de un libro de actividades – al más puro estilo de los cuadernos de vacaciones que nos mandaban de pequeños en el colegio – pero que cambia un poco el concepto y construye alrededor del feminismo ejercicios como “el test de Bechdel” o “dibuja tu utopía feminista”. Y los que me leéis os estaréis cuestionando: ¿pero es un libro para niños, para adultos, para mujeres, para hombres? Mi respuesta sería la siguiente: un libro para adultos de cualquier género, sexo, orientación y realidad. Porque no hay nada que me harte más que los prejuicios que se tienen con cualquier novela, ensayo, o cualquier tipo de publicación que tenga en su título o en su descripción la palabra “feminismo”. Estamos hablando del mundo editorial, eso no tendría que ser un escollo – aunque todos sabemos que detrás hay mucha tela para cortar -.

¿Es el feminismo algo con lo que divertirse? Hay que tener claros ciertos conceptos que rodean a El libro de actividades feminista. El primero es que hay mucha ironía – basada en hechos reales, también hay que decirlo – dentro de la publicación y que tiene que entenderse como tal. No quiero decir con esto que se utilicen los temas del feminismo como humor, pero sí que se convierte en una publicación de reivindicación a la vez que de aprendizaje que a mí me parece un acierto. Gemma Correll nos anima a meternos de lleno en este libro de actividades con los prejuicios bien lejos. El segundo concepto es que poco importa si uno es hombre o mujer el que tenga este libro entre las manos: todo el público es bienvenido. Muchos no lo entenderán, dirán que exagero, pero hoy en día la lucha es tan necesaria que libros como éste, que una editorial tenga el atrevimiento de publicarlo, que una sola persona al leer esta reseña se atreva con él, ya será un pequeño logro. Porque “ser feminista” no debiera convertirse en lo que se ha convertido. Porque “ser feminista”, repito, es una elección, cierto, pero también una necesidad en estos tiempos en los que la desigualdad ya no es sólo una idea, sino también algo completamente tangible.

 

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Los 65 errores más frecuentes del escritor, de Silvia Adela Kohan

los 65 errores más frecuentes del escritor

los 65 errores más frecuentes del escritorDicen que hay más escritores que lectores y eso es algo que no me entra en la cabeza. Alguien que no lee, que no ama la literatura, ¿cómo puede dedicarse a ella?

Ser escritor no consiste en escribir frases bonitas, ni siquiera en tener algo que contar. Ser escritor es una labor de autoconocimiento, un ejercicio continuo de ver más allá de la obviedad, una reflexión profunda sobre el propio lenguaje. Puede que hayamos nacido con talento para escribir, pero eso solo será el primer paso. Si queremos ESCRIBIR (así, con mayúsculas), debemos estar dispuestos a pasar muchas horas ante el papel en blanco y, después, infinitas horas más revisando cada capítulo, párrafo, palabra o coma. Porque en la literatura (en la buena literatura, se entiende) nada está puesto al azar.

En Los 65 errores más comunes del escritor, Silvia Adela Kohan nos habla del difícil arte de la escritura. Quienes busquen un manual para iniciarse o la receta mágica para escribir un libro superventas, que se abstengan de leerlo. Este nuevo volumen de la colección Guías + del escritor de la editorial Alba ofrece remedios para convertir los habituales errores en logros, pero para sacarle provecho es necesario que tengamos historias escritas y voluntad para hurgar en sus debilidades.

No es el primer libro de este tipo que leo. A Cómo no escribir una novela le saqué cierto provecho y Mientras escribo, del prolífico Stephen King, me atrapó tanto por sus consejos como por su parte autobiográfica. Sin embargo, Los 65 errores más comunes del escritor es, por el momento, el que más me ha aportado. Silvia Adela Kohan tiene una dilatada experiencia impartiendo talleres de escritura y eso se nota en cada página. No se limita a enumerar errores y soluciones, ella no nos da la respuesta: nos hace la pregunta apropiada para que seamos nosotros quienes la encontremos. Y por si esto no fuera suficientemente enriquecedor, incluye en cada capítulo las reflexiones de escritores como Italo Calvino, Raymond Carver, Jorge Luis Borges, Antón Chéjov, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo o Edgar Allan Poe, que en su día tuvieron que enfrentarse a los mismos problemas que cualquiera de nosotros.

Los 65 errores más comunes del escritor no pretende que corrijamos nuestra novela o relato para que se corresponda con un modelo determinado, sino que consigamos que brille nuestro mundo propio, nuestra esencia, eso que hará nuestra historia diferente a todas las demás. Para eso tendremos que hacer una campaña contra los tópicos; no solo los tópicos de la pluma, sino los tópicos de la mente y los tópicos del corazón, como dijo Martin Amis. Aceptaremos que nuestro borrador está lejos de ser un texto acabado. Modificaremos o eliminaremos frases, capítulos, la novela entera, aunque la pasión con la que escribimos cada palabra nos haya hecho resistirnos por largo tiempo a cambiar nada.

Es un arduo camino, por eso son pocos los que se deciden a atravesarlo y menos aun los que alcanzan la meta: escribir buena literatura. Los que no leen este libro ni ningún otro y se creen que escribir es fácil se quedarán lejos, pensando que ya lo saben todo y escribiendo nada.

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No tendréis mi odio, de Antoine Leiris

No tendréis mi odio

No tendréis mi odioDentro de poco va a cumplirse un año del atentado terrorista que tuvo lugar la noche del trece de noviembre en París y la vida, irremediablemente, continúa. Sobre todo para los que asistimos a estas tragedias como simples espectadores. Durante semanas quedamos consternados por los sucesos, la cantidad de imágenes y vídeos que colman nuestros televisores y la prensa, pero con el paso del tiempo nuestro dolor disminuye y seguimos con nuestras vidas, recordando estas desgracias en fechas señaladas. Es normal, somos simples espectadores y aunque nos duela, no podemos llegar a entender el alcance si no lo sufrimos en nuestra propia piel.

Antoine Leiris, periodista francés, jamás podrá olvidarlo. Aquella noche, su mujer, Hélène Muyal-Leiris, fue a la sala de conciertos Bataclan a ver en directo al grupo Eagles of Death Metal. Mientras tanto, Antoine se quedó en casa cuidando del pequeño Melvin, su hijo de diecisiete meses. Imposible imaginar todo lo que estaba por acontecer aquella noche. Mientras Antoine leía para esperar a su esposa despierto, recibió un mensaje en el móvil de unos amigos preguntando si todo iba bien, si se encontraban en lugar seguro. Estas preguntas pusieron en alerta a Antoine, quien se levantó a encender la televisión y con ello dar inicio a la pesadilla: atentado en el Bataclan. Realmente es imposible saber todo lo que se le pasó por la cabeza a Antoine al enterarse de la noticia, ni siquiera él es capaz de describirlo en el libro. Simplemente el sonido del corazón, sístole, diástole y un silencio en el mundo. Un silencio que te deja a solas con tus pensamientos enloquecidos, a mil por hora. Aunque su mundo en esos momentos se hubiese detenido por unos instantes, en la habitación de al lado, su hijo, ajeno a la barbarie, le recordaba que, en cierto modo, la vida seguía también un ritmo lento. Esas pequeñas contrariedades que se producen cuando ocurren este tipo de desastres.

La noche fue rápida. Dejaron a Malvin durmiendo en casa con la familia y fue con el hermano a tratar de lograr lo imposible: localizar a Hélène. Pero la peor de las confirmaciones llegó más tarde, Hélène había fallecido y entonces sí, el mundo se le vino encima. A él y a su pequeño hijo, todavía inocente, todavía insconsciente del daño que las personas pueden causar por motivos tan estúpidos como la religión.

Este libro nace del mensaje que Antoine dejó en su página Facebook el lunes siguiente después de haber ido a reconocer el cuerpo de su esposa. Un mensaje, titulado No tendréis mi odio, que se viralizó y se hizo famoso en todo el mundo:

«El viernes por la noche le robaste la vida a un ser de excepción, el amor de mi vida, la madre de mi hijo, pero ustedes no tendrán mi odio. No sé quiénes sois ni quiero saberlo, sois almas muertas. Si el Dios en nombre del que matáis ciegamente os ha hecho a su imagen, cada bala en el cuerpo de mi mujer será entonces una herida en su corazón.

Entonces no. NO les voy a hacer el regalo de odiarles. Lo tenéis merecido pero responder al odio por la ira sería ceder a la misma ignorancia que os ha convertido en lo que sois. Queréis que tenga miedo, que mire a mis conciudadanos con sospecha, que sacrifique mi libertad por la seguridad. Y no, no lo conseguiréis.

La he visto esta mañana después de días y noches de espera. Estaba tan guapa, tan hermosa, como cuando me enamoré de ella hace 12 años. Por supuesto, estoy devastado por el dolor, les concedo esta pequeña victoria, pero será de corta duración. Sé que ella nos acompañará cada día y que nos encontraremos en este paraíso de las almas libres al que usted nunca tendrá acceso.

Somos dos, mi hijo y yo, pero somos más fuertes que todos los ejércitos del mundo. Tiene sólo 17 meses y como cada día comerá su merienda y después iremos a jugar como siempre. Toda su vida este niño os hará la afrenta de ser feliz y libre, porque no, no tendréis tampoco su odio».

Así, el libro es una especie de continuación de esa primera carta. Es una hermosa continuación de la vida de Antoine y Melvin, destrozados, solos, sin una esposa y una madre, pero vacíos de odio. Porque no, no van a permitirse odiar a los verdugos que les arrebataron lo que más querían. No tendréis mi odio es una novela que te pone los pelos de punta, que te remueve el alma y que te hace ser consciente de que el odio no sirve para nada. Lo dijo Nietzsche: “no se mata con la ira sino con la risa”. Después de haber leído este libro, puedo decir que todos estos asesinos tampoco tendrán mi odio.

 

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La letra que somos, de Antonia Freile y Rafael Simarro

La letra que somos

La letra que somosTengo que reconocer que este libro y yo empezamos mal. Escrito entre Antonia Freile y Rafael Simarro, La letra que somos se presenta con un prólogo de cada uno pero en el que ambos atacan a una nueva generación – la mía – que está cegada – dicen – por la tecnología, por la falta de interés hacia lo que es “bueno”, que se ha olvidado del sentimiento y la belleza de la “verdadera” poesía para darse a otros tipos de composiciones que no lo son. No me considero nadie importante como para decir qué es o qué no es la poesía, pero por lo menos puedo decir que soy joven. Tengo 25 años, he crecido con la tecnología, y sí, he leído este libro. Por eso no estoy de acuerdo con lo que dicen. Además, si no fuera por mi ordenador, nunca hubiera sabido de la existencia de este poemario, ni de muchas otras cosas más. Con lo cual, gracias, tecnología.

Así que luchando por desquitarme de los temibles prejuicios que me estaban empapando tras esas primeras páginas, seguí leyendo. Menos mal, porque en el agua de la poesía todo pesa menos y es más fácil limpiarse de pensamientos demoníacos. La letra que somos es un poemario que consta de seis partes además de los prólogos. No todo son poemas pero sí todo es poesía. Me explico: encontramos relatos, prosa, pero siempre con un toque poético característico de estos dos autores. La mayor parte de los poemas que encontramos buscan seguir la estela de la tradición marcada por aquello que muchos ven como el canon poético. Tenemos sonetos, tenemos rima asonante, cantidad de figuras retóricas, tropos, etc. Es decir, una mina para los amantes de esa poesía marcada, fija, bien estructurada que nos ha acompañado durante tantos siglos. Es cierto que en los últimos años se ha intentado romper con todo ello y ya no se busca tanto la rima como el ritmo, no se persigue tanto una estructura fija sino una innovación que provoque sorpresa en el lector en forma de sonrisa. Son etapas, cuando todo brilla afuera, las artes buscan reflejar esa sintonía en sus formas; cuando todo tiembla, las artes también y encontramos movimientos que buscan romper con todo, reflejar el sentimiento de una sociedad que no se siente cómoda en el lugar que le corresponde.

En la Letra que somos, no. Entramos en el mundo de la poesía renacentista en que todo es armónico y siempre se va en busca – a pesar de todo – de la belleza. Empezamos por la soledad y el silencio, seguimos por una lluvia convertida a base de metáforas en un disfraz de mucho más, pasamos a la investigación del poeta en sí mismo y con el entorno y acabamos con el mar, un mar, al igual que la lluvia, disfrazado por la metáfora. Cuatro capítulos que vienen seguidos por homenajes a Gaudí, a Garcilaso y a Gabriela Mistral. Para acabar, dos relatos en los que los autores conectan a través del mismo título y buscan hacer nacer de él dos historias distintas.

Y es que esa conexión es una de las claves de La letra que somos – que al final, tengo que decirlo, me ha dado más alegrías de lo que esperaba en un principio tras leer esos prólogos –. Mismos títulos para poemas de uno u otro, mismas temáticas, mismos personajes, léxico o incluso fragmentos idénticos para formar una cadena poética que, como bien leemos en la portada, busca ir más allá del poema. Y es que, al fin y al cabo, para los amantes de la poesía, ¿dónde acaba el poema y dónde empieza la realidad?

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Prince, de Mobeen Azhar

Prince

Prince2016 está siendo un año terriblemente duro para el mundo de la música. Si en enero nos dejó David Bowie, el 21 de abril le tocó el turno a Prince, a quien una sobredosis accidental de analgésicos le hizo abandonarnos a los 57 años. Son muchos los paralelismos que se han hecho y se harán entre estos dos grandes artistas: polifacéticos, excéntricos, sexuales… Aunque si tuviese que remarcar un aspecto común que les hizo destacar dentro del encorsetado mundo de la música moderna, ese sería sin duda que hicieron lo que les dio la gana.

Prince, publicado por Libros Cúpula, no es una biografía. Al menos no una al uso, como se encarga de recalcar su autor, Mobeen Azhar, en el prólogo. Azhar es, sin duda, uno de los mayores fans de Prince; acudió a 53 de sus conciertos, incluso desde el escenario, y fue el encargado de rodar el exitoso documental Hunting for Prince’s Vault. Este trabajo, por su parte, es más bien un álbum de (preciosas) fotografías a las que acompañan decenas de anécdotas, que son recordadas por personas muy cercanas a Prince. Sin embargo, aunque el texto, como digo, queda en un segundo plano con respecto al material gráfico, son estos breves testimonios los que permiten que vayamos construyendo en nuestro cerebro una imagen nítida del ser humano que se ocultaba bajo aquellos llamativos trajes.

Y es que las anécdotas, a pesar de lo que podría esperarse, no destacan las rarezas y las excentricidades del de Minneapolis, sino que nos muestran a un tipo sumamente cercano y hasta humilde, en boca de los músicos, bailarines o miembros de su equipo técnico que le acompañaron durante décadas. Y eso que rarezas tenía. Y muchas. Como cambiarse su nombre por un símbolo impronunciable a los 35 años como protesta contra la Warner Bros por el control de su música. O contratar a una prestigiosa pastelera para su servicio privado a pesar de que no le gustaban los pasteles y, poco después, despedir a su contable y ofrecerle su puesto a ella.

Normalmente, cuando tengo la oportunidad de leer un libro sobre un artista o un grupo musical, intento hacerlo al tiempo que escucho algunas de las canciones que se señalan en el texto, como forma de complementarlo y, en los mejores casos, de encontrar el sentido a algunas de las letras que hasta entonces eran indescifrables para mí. En el caso de Prince, creo que leerlo sin tener a mano YouTube debería estar penado, dado que buena parte de las conversaciones de Azhar con su núcleo cercano quedan a medias si no escuchamos el resultado final en boca del músico. Para muestra, el simpático relato de su encuentro con la cantante Martika, que narra ella misma en este libro y que se sintetizó en la canción Martika’s kitchen.

Los incondicionales de Prince tienen en este trabajo una buena oportunidad para conocerle mejor, de una de las mejores maneras en que se puede conocer a alguien: en boca de aquellos que han tenido que compartir con él tanto los buenos como los malos momentos. Estamos ante un libro bello, extraño, emotivo, sincero… Un digno homenaje a Su Majestad Púrpura.

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Acero en los labios, de Isabel Marina

Acero en los labios

Acero en los labiosMuchos lo vemos. Desde hace un tiempo, las grandes editoriales apuestan en materia de poesía sobre un tipo de autores muy relacionados con las redes sociales, con la poesía del sentimiento o, incluso, con la canción de autor. Es lo que vende y lo que los jóvenes quieren leer, es lógico que se apueste por ellos. Por otro lado, hay otra corriente alterna que tiene los ojos posados en la primera y los critica, de donde ha salido el término despectivo de los “intensitos” para denominar a este nuevo grupo de poetas, joven, que está disparando las cifras de ventas en libros de poesía. No hace falta decir nombres porque todos los conocemos, ya sea por el bombo de la televisión, las radios, o por verles compartidos en los muros de nuestras redes sociales.

Pero también hay una tercera corriente – y quizás más pero ya es salirse del tema – que sigue escribiendo tras la estela que no hace mucho dejaron grandes maestros como José Ángel Valente, Chantal Maillard o María Zambrano; la de una poesía que roza lo metafísico, que busca hurgar en el interior de cada uno para así buscar respuestas a algo totalmente confuso e inexplicable como es nuestra vida. Ese grupo sigue caminando en voces como la de Miriam Reyes o Esther Ramón – y muchos otros – pero lo que importa hoy, es que también sigue viva en una poeta totalmente desconocida para mí, hasta estos días: Isabel Marina.

Me topé con Acero en los labios mientras echaba un vistazo a una lista de novedades en internet. ¿Qué podría llamarme la atención del primer libro de una autora desconocida en el panorama literario – con perdón – para interesarme en él? No lo sé, no fue la sinopsis, ni la portada, ni siquiera el título, lo que sé es que lo he leído y agradezco a esos hilos invisibles que nos conectan con las cosas de nuestro entorno que lo hayan hecho conmigo y esta obra.

Acero en los labios se divide en tres partes, tres partes de reflexión, que ya en un principio me han recordado a la simbología cristiana de los tres peldaños antes de las capillas con los que alzarse a la salvación: ‘Como pobres diablos’, ‘Esta ceniza seca’ y ‘Somos fulgor’. Cuarenta y cinco poemas encabezados por un prólogo de Fernando Álvarez Balbuena – miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos – en el que el estudioso nos habla sobre todo del estilo poético de Isabel Marina. Leemos sobre «el sentimiento», «la elegancia del estilo» o «la belleza de las metáforas» en la poesía de la avilesina. Pero también de «un léxico más estricto y riguroso que florido» o de que «la ilusión y la esperanza están presentes en toda su obra», y estos son dos aspectos de los que me gustaría hablar.

En los poemas de Marina encontramos, sobre todo, melancolía. Esa ilusión y esa esperanza de las que habla Balbuena como mucho se empiezan a ver en la tercera parte del poemario. Y es que Acero en los labios es una obra repleta de desazón, de cristales vitales rotos, de ropa y cuerpos hechos jirones, de oscuridad, de pérdida de la infancia y nostalgia en ello, de la nunca respuesta de un dios, de anhelo por el sentido de una vida. Acero en los labios pide de una lectura pausada, de una revisión por parte del lector continua de su léxico, de sus maravillosas metáforas, del buen manejo de la adjetivación, etc. En definitiva y, apartándonos un poco de lo formal, Acero en los labios es, básicamente, un vivir a pesar de todo. Menos mal que todavía existe la poesía.

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¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?, de Steven Tyler

¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?

¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?«Tengo muchas salvajadas que contar, demasiadas, y voy a contarlas sin paños calientes. Relatos atronadores de lujuria, droga y desenfreno, de trascendencia y toxicomanía que saciarán todo vuestro apetito por la truculencia».

A ver cómo me atrevo a comentar las memorias de Steven Tyler si ya te mete esta confesión por la boca en la solapa de la sobrecubierta. De primeras, ¡qué tipo más auténtico es Steven Tyler! Uno de esos tipos con los que no te aburres. Nunca. Jamás. Y te lo debes pasar muy pero que muy bien. Bueno, si le aguantas el ritmo.

Las biografías de los rockeros, ya sea Jim Morrison, Richie Blackmore, Axl Rose o cualesquiera pelanas con billete, solo de ida, para el lado salvaje de la vida y que ha hecho que féminas por doquier mojen sus bragas y muchos, cuando éramos adolescentes, hubiésemos intentado aporrear sus riffs de guitarra, suelen ser, por norma general, una copia entre sí. Puede haber más sustancias tóxicas, más enanos repartiendo rayas de coca o una tía con tres tetas, pero poco más allá de lo que suele ser la vida de una estrella del rock en potencia. En ¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?, las memorias que narra con maestría Steven Tyler, deja todas esas poses confesadas de rockstar con intenciones de literatura obscena en cuentos de cuna para colegialas. Todo escrito con descaro, sinceridad y poesía por, permíteme expresarlo de este modo, el pene más lascivo y testarudo, la lengua viperina erótica y de mejor retórica, el genio más excéntrico y lujurioso y el espíritu atormentado y tóxico que ha dado el rock and roll americano, Steven Tyler. Él, el demonio aullador de la mejor jodida banda de Estados Unidos, Aerosmith, y su poético-vicioso-caótico verbo.

Conocí la música de Aerosmith cuando en la MTV, la que molaba, ponían el vídeo de «Cryin’». Flipé al ver cómo Alicia Silverstone se lanzaba por el puente quedando colgada por un cable enganchado al piercing de su ombligo. Eran los años 90 y se podría decir que me había perdido un viaje previo más que interesante de la trayectoria anterior de la banda. Puede que mis padres decidieran tenerme más tarde, obrando según un minucioso plan maestro de evitar que mi persona se viera corrompida (y lo habría hecho) por el pervertido estilo de vida de la banda y caer así en ese depravado pozo de la decadencia alada de los de Boston. Me perdí una buena época, desde luego. Pero nunca es tarde para que su protagonista me haga partícipe de ella.

Después de leer las confesiones de Steven Tyler he conseguido conocer muy de cerca todas esas ilusiones rotas y otras logradas de unos chicos que soñaban con ser los más grandes, y cómo el camino que emprendieron se les torcía una y otra vez, sobre todo a él, Tyler, viviendo en una continua noria que no dejaba de girar y agitarse a toda velocidad. Sí, me ha confirmado que aquélla fue una buena época. Una buena época en la que reunirse de gente como Jimmy Page, montárselo con la locutora de radio en plena emisión, presentarse desnudo frente a la puerta de Joan Jett para tirarle los tejos o mear al lado de Paul McCartney «Me gusta vuestra música, me dijo. Desde entonces no he vuelto a mear recto», era el pan nuestro de cada día.

El chico que se criara en los bosques de Sunapee, que escuchara todo el blues que podía permitirse, y no era poco, que se vestía con los trapitos que diseñaba una amiga para parecerse a sus admirados Rolling Stones y que escribió una de las mejores jodidas canciones de la historia del rock, «Dream On».

¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera? Solo a un cachondo como el cantante creador del aullido del demonio se le ocurriría un título así. Una edición muy cuidada por Malpaso, en tapa dura impresa y sobrecubierta con diferente portada y fotografías en pliegos interiores y un gran trabajo de traducción por un viejo lobo de mar en esto del rock, Ignacio Juliá, curtido en las idas y venidas de muchos rockeros. En cuanto a estilo narrativo, mucha poesía y gusto literario en el que Steven Tyler me ha fascinado en su modo de relatar su vida tóxica. No falta detalle. Pero más aún, la vida de un hombre sumamente sensible del modo más auténtico que se puede llegar a ser. Un hombre enamoradizo y salido a partes iguales, pero siempre sincero, siempre descarado. Un amante y padre de tres hijas y un hijo a quienes adora. Una víctima muchas veces de los excesos que la banda le exigía y un obstinado detallista por dar el 100%. Hay grandes momentos en el libro donde se demuestra esa obsesión y que si eres un apasionado de la música y del proceso de creación, vas a  disfrutar mucho. Toma nota y después oído a la grabación de  «Nobody’s Fault». Me encantó.

Cuando lees las memorias de Tyler te das cuenta de cuán subestimado le tienen en su propio país. Quizás sean sus excentricidades y amaneramientos, vestirse con los pañuelos como Janis Joplin o desafinar cuando canta el himno nacional en los partidos de béisbol. Espera a leer y te darás cuenta del bagaje musical y literario que domina, de que no es oro todo lo que reluce en su vida personal y que el líder de Aerosmith, si algo tiene, además de ganas obsesivas por echar un polvo, es genialidad. Un jodido genio, eso me ha parecido leyendo su libro. Una historia que además de leerse se escucha, y de qué manera. He tomado nota de todas las canciones que germinaron el degenerado y sensible espíritu de Steven Tyler, de esas canciones que escuchas la aguja corriendo —y corriéndose— por los surcos de viejos vinilos de blues. El blues, tío, la jodida teta que amamantó al rock. La manzana que pervirtió a Eva haciéndola bailar con el diablo, Oh yeah, baby, te ves estupenda. El motor quejumbroso que da alas al sonido de Aerosmith. El blues, tío, porque en definitiva eso fue, es y siempre será el blues, el fermento de los lamentos del alma atormentada.

¿Te ha molestado el ruido? Eso es que vas por buen camino y no te imaginas aún el viaje que te espera. Por tanto, déjate llevar. Al final, todo se reduce a las canciones, al amor y también al desamor. Porque los cantantes escriben canciones de amor, sí, pero no se les permite enamorarse. ¿O puede que sí?

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Ilustres conexiones, de Carla Fuentes

ilustres-conexionesSi yo fuera ilustradora hubiera hecho un libro como Ilustres conexiones. Aunque no dibujo mal, ese talento se lo llevaron mi madre y mi hermana. Menos mal, porque cualquiera me aguantaría si fuese yo una artista multidisciplinar (¿no os encanta la ligereza con la que se usa ese término hoy en día? El mundo parece estar lleno de Da Vincis).

Carla Fuentes, la creadora, ha elaborado un libro de esos que me encanta tener en mi librería y revisar de vez en cuando. De hecho, desde que lo acabé ya lo he vuelto a abrir varias veces. Se supone que el libro está ideado para ser leído sin ningún orden si así se desea, puedes abrir el libro al azar y ponerte a leer cualquiera de sus páginas. Algo así como Rayuela, pero todavía más caótico. Sin embargo, aunque la propia autora sea quien nos recomienda leerlo como nos dé la gana, voy a ser un poco díscola y os voy a aconsejar leerlo de la forma natural: desde el principio hasta el final. ¿Por qué? Pues porque así es como realmente podemos ver todas las conexiones que se establecen para llegar de un personaje a otro. Unas conexiones que yo me esperaba y que me han sorprendido y encantado.

La mecánica del libro es aparentemente sencilla. Arranca con Frédéric Chopin quien, según Carla, siempre ha estado en su vida para anunciar un comienzo. De Chopin pasamos a George Sand, su amante. Y así, de esta manera, la autora va tejiendo un tapiz de personajes (algunos más conocidos que otros) uniendo los hilos, estableciendo conexiones tan imposibles como reales. ¿Acaso podríais llegar desde Chopin a Lou Reed? Carla es capaz, porque sus conexiones raras veces obedecen a la lógica. Ella sabe cómo ir desde el boxeador Marcel Cerdan hasta la genial Frida Kahlo, desde el fascinante Le Corbusier al oscuro Nick Cave. Y todo porque es ella quien establece esas conexiones, por motivos personales, algunos evidentes y otros sorprendentes. Es un poco como aquella teoría que viene a decir que todos estamos conectados por seis grados de separación. Es decir, cualquier persona en la faz de la tierra está conectada con otra persona mediante una cadena de conocidos con no más de cinco intermediarios. Hubo un tiempo en que esta teoría me interesaba bastante. Recuerdo que hasta me tragué una serie sobre este tema (sí que ha pasado el tiempo). Pueden llegar a establecerse conexiones muy locas. Amigos, yo he visto cosas que vosotros jamás creeríais.

Aparte de estas coincidencias increíbles que encontramos en Ilustres Conexiones, el otro plato fuerte son las ilustraciones de Carla Fuentes. Son una auténtica maravilla, os lo prometo. Algunas de las ilustraciones de estos personajes con las que Carla acompaña sus historias me encantaría tenerlas enmarcadas en mi casa, no os digo más. Son originales, tienen fuerza y denotan una sensibilidad artística fascinante.

Un libro para ser admirado, un libro para leer, para descubrir y aprender, para reír y sorprenderse. Ya veis, una auténtica maravilla. Desde que lo vi supe que me iba a gustar, que tenía algo especial y así ha sido. Estoy realmente contenta por tenerlo en mi estantería y poder volver a él cuando me apetezca.

Como os decía, si yo fuera ilustradora habría hecho un libro como éste. Hasta he fantaseado ya con los personajes que incluiría y cómo establecería esas conexiones, para qué os voy a engañar. Afortunadamente, el dibujo no es lo mío, porque si no iba a hacer una copia de este extraordinario libro y, quién sabe, puede que acabara denunciada por plagio. Y eso sí que no. Prefiero quedarme en la admiración. Enhorabuena, Carla, has tenido un hijo precioso.

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Viaje a la aldea del crimen, de Ramón J. Sender

Viaje a la aldea del crimen

Viaje a la aldea del crimenSalvo en la publicidad y en las películas de Disney, nada suele ser blanco o negro. Todos los periódicos históricos tienen sus manchas, puntos negros que no sólo no deben quedar en el olvido, sino que merece la pena que se recuerden con cierta frecuencia para que no se vuelvan a producir. Y los crímenes que se cometieron entre el 10 y el 12 de enero de 1933 en Casas Viejas, una diminuta localidad gaditana, fueron tan cruentos, injustos y desproporcionados que difícilmente podrían ser justificados, ni siquiera por los más defensores de la Segunda República.

¿Y qué ocurrió en Casas Viejas? Pues a grandes rasgos, que un grupo de vecinos, hartos de pasar hambre y de contemplar las tierras sin labrar que les rodeaban, decidieron proclamar el comunismo libertario, de la misma manera que estaba ocurriendo en otros puntos del país. El gobierno republicano, presidido por Manuel Azaña y asfixiado por las continuas afrentas que recibía tanto desde la derecha monárquica como desde la izquierda anarcosindicalista, decidió sofocar esta insurrección de la manera más cruel e inhumana posible: mandando ejecutar a todo aquel sospechoso de traición. De esta manera, la rebelión fallida se saldó con 25 muertos: 22 civiles y tres guardias. El periodista Ramón J. Sender acudió a Casas Viejas en los días posteriores a los hechos para contar lo ocurrido a través de breves crónicas, que serían publicadas primero en el diario obrero La Libertad y posteriormente a modo de libro, bajo el título de Viaje a la aldea del crimen.

Son unas crónicas noveladas, en las que el autor actúa como narrador omnisciente y se permite ciertas licencias narrativas, como la exposición de los pensamientos de alguno de los protagonistas, que difícilmente pudo conocer al haber sido éstos asesinados. La prosa de Sender es llana, viva y expresiva; utiliza mucho las frases cortas y adjetiva con sencillez y precisión. Las crónicas son de escasa extensión, de apenas cuatro o cinco páginas casa una, pero Sender no busca la concisión en sus narraciones; el escritor y periodista se explaya en las descripciones de los lugares, ambientes y personas cuando lo cree necesario, al tiempo que introduce conversaciones y opiniones de los lugareños, transcritas fonéticamente, que ayudan a construir un rico reflejo de lo que vio y sintió en su visita a la pequeña pedanía de Medina Sidonia.

Son precisamente estos detalles, esas conversaciones con los lugareños, los que permiten comprender el marco de pobreza, miseria, analfabetismo y hambre en el que se produjeron los sucesos. Me dejó especialmente tocado la siguiente frase durante la lectura: “Un compañero, con el que celebramos haber coincidido en el viaje, nos dice cuando volvemos a la fonda: —Después de ver a estos hombres, da vergüenza comer”.

Sender no esconde su ideología para construir su relato. Al contrario: durante toda la narración da muestras de su progresismo, de sus fuertes principios de izquierdas, de su conciencia obrera. Ésto no evita que sea duro, durísimo, con el gobierno de Azaña, al que no sólo critica su reacción en Casas Viejas, sino que lo responsabiliza de no poner remedio a las graves desigualdades existentes en el país.

Lo ocurrido en Casas Viejas fue una respuesta desproporcionada, vengativa e insensible ante un levantamiento idealista y desesperado, impulsado por el hambre y por las ganas de formar parte de una sociedad más justa. Viaje a la aldea del crimen es, por tanto, un relato tan amargo como necesario para no olvidar una de las peores manchas de la historia reciente de España.

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