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Antología poética, de Philip Larkin

Antología poética

Antología poéticaLlamadme ignorante, pero no conocía a Philip Larkin. Cuando vi que Cátedra publicaba una antología suya me pregunté por qué no había oído nunca hablar de él. ¿Qué si he encontrado la respuesta? Bueno, al menos he hallado un motivo para justificar mi ignorancia. Resulta que aunque la primera edición publicada en España de Philip Larkin fue en 1986, no fue hasta 2014, cuando se publicó Poesía reunida, que el autor vendió numerosos ejemplares, llegando incluso a alcanzar una tercera edición. Elogiado por autores de la talla de Antonio Colinas o Enrique Vilá-Matas, el libro obtuvo uno de esos boom literarios tan extraños que no se sabe bien cómo ni por qué se producen. Me diréis que de eso han pasado ya dos años, tiempo suficiente para haber descubierto al autor. Tenéis razón. La única justificación que puedo daros es que, aunque me encante la poesía, no tengo por qué conocer a todos los autores. No seáis tan exigentes. Además, la sensación de descubrir a un nuevo escritor también tiene su encanto.

Antología poética reúne la poesía más esencial y algunos poemas inéditos (que no se encuentran en aquella edición que os he mencionado antes). El libro del que os hablo es un trabajo de Damià Alou. El prólogo de esta antología es bastante extenso (unas cien páginas), pero aunque pueda pareceros demasiado largo para un libro de poemas (sí, a mí también me parecen infumables algunos prólogos), éste es realmente interesante. En él, Damià Alou, realiza un breve esbozo biográfico del autor, así como un intenso análisis de su obra. Obviamente, es un gran entendido de la obra de Larkin y esto se nota en la pasión que pone en las líneas de esta introducción. Además, como no sabía nada del autor, estas páginas me han venido de perlas para aprender sobre él.

Vamos a hacer algo, a partir de ahora, os diré en mis reseñas cuándo un prólogo es infumable y cuándo interesante. No, no tenéis que darme las gracias, para eso estamos.

Volviendo a Larkin, puedo deciros que este autor inglés nacido en 1922, publicó su primera novela en 1943. Algunos datos curiosos sobre el escritor: se libró de ir a la guerra (Segunda Guerra Mundial) a causa de su miopía, fue el encargado de las bibliotecas de varias universidades, alcohólico y un auténtico mujeriego (he buscado fotos suyas en google y no lo entiendo). Todo esto lo sé gracias a las palabras de Damià Alou, que es mucho mejor que la Wikipedia.

Sobre su poesía he descubierto que en sus inicios pertenecía al grupo poético denominado The movement. Se trata de una poesía sincera y en ocasiones amarga, como este poema:

Muchos se dicen más sabios en la vejez:

a mí eso me parece una memez.

En mi segundo cuarto de siglo he perdido

todo lo que en la universidad habría aprendido.

Y en lo que pasó después, mi mente ni piensa.

Ya no conozco a los que salen en la prensa

y la gente se ofende porque olvido sus caras

y  juro que nunca he estado en sus casas.

Habrá valido la pena si logro eliminar

lo que sea que me empiece a perjudicar.

Y al final ya no sabré nada.

mi mente se replegará, como un campo, una nevada.

También descubrimos en Antología poética a un Larkin que se atreve a utilizar el humor en temas “tan serios” como el amor:

Lo que más cuesta del amor

es ese egoísmo impulsor,

esa ciega persistencia

para alterar una existencia.

Solo porque te da la gana.

Mira que hay que tener cara.

Y luego está abnegación:

¿cómo vas a encontrar satisfacción

poniendo a otro por delante

y llevándote tú la peor parte?

Mi vida es mía, ¿verdad?

Lo contrario es como ignorar la gravedad.

Pero, vicioso o virtuoso,

el amor se adapta a todos nosotros.

Solo el idiota de la opinión

que es egoísta esta contradicción

es rechazado al cien por cien,

y, por mí, que le den.

No me digáis que para un autor de aquella época no es un poema genial. Por mí también, Larkin, que le den.

Me ha gustado descubrir a Larkin, su franqueza y su sutil humor. Un poeta capaz de escribir al fracaso o la vejez. Un poeta que nos habla de su propia vida a través de los poemas. Un buen poeta y, sin duda, una buena antología.

 

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La larga cadena del ancla y La hora presente, de Yves Bonnefoy

La larga cadena del ancla y La hora presente

La larga cadena del ancla y La hora presentePuede que aquí el nombre de este escritor no nos diga mucho, pero Ives Bonnefoy (Tours, 1923) es uno de los autores más importantes de la literatura francesa. Amigo de poetas como Paul Celan, Jacques Dupin o André Breton, Bonnefoy ha dedicado su vida al arte y a las letras. Además de ser traductor de autores tan importantes como William Shakespeare, Petrarca, Keats o Yeats, también ha sido fundador de varias revistas literarias, ha impartido cursos sobre historia del arte y literatura y ha trabajado en la coordinación de un gran Diccionario de las mitologías y de las religiones. Ahí es nada, ¿verdad? Casi un hombre digno del Renacimiento. Cuando conozco estos datos me entra un gran agobio existencial. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Luego se me pasa cuando pienso que tendré que conformarme con ser una mujer del siglo XXI. Puede que no esté tan mal.

Esta edición, publicada por Galaxia Gutenburg, recoge dos de sus últimos libros. El primero, publicado en 2008 y el segundo en 2011. Ambos libros fueron escritos cuando el autor ya había superado los ochenta años de edad. Es increíble la lucidez de Bonnefoy a su edad para escribir estos dos libros. ¿Qué?, ¿otra vez esa angustia existencial? A saber cómo tenemos nosotros la cabecita a los ochenta años (si es que llegamos). Por si acaso será mejor que escribamos pronto. Tampoco me parece un mal plan.

El primero de los dos libros, titulado la Larga cadena del ancla (2008), está compuesto por tres poemas largos, una serie titulada “Casi diecinueve sonetos” y diez poemas escritos en prosa que también reciben el nombre de “relatos en sueños”. El poema que da título al libro está basado en un suceso legendario que inspiró al autor a escribir este complejo y hermoso poema. Quizá, si no sois conocedores de este autor, este libro no sea el mejor para empezar a descubrirlo. Como ya os he dicho, se trata de un poema difícil. Pero valientes, si os gusta la poesía, no os lo perdáis.

“Dicen

que unas barcas aparecen en el cielo,

y que, de algunas de ellas,

la larga cadena del ancla puede descender

hacia nuestra tierra furtiva.

el ancla busca en nuestras praderas, entre nuestros árboles

el lugar donde afianzarse,

pero pronto un deseo de lo alto la arranca,

el navío de allá lejos no desea el aquí,

él tiene su horizonte en otro sueño.”

El segundo libro que aparece en esta edición, La hora presente (2011), tiene una lectura más accesible para cualquier tipo de lector. Las partes en prosa son más comprensibles para aquellos a los que no le guste demasiado la poesía. Yo recomiendo empezar por esta parte. La prosa de Bonnefoy es muy lírica, obviamente, pero al mismo tiempo es  esperanzadora y reconfortante:

“Pero aún más que el asombro, lo que se apoderó de mí era ese júbilo que nace de lo que sorprende sin que tenga uno manera de comprender: esa alegría que se tiene ante la esperanza de que van a romperse las cadenas del entendimiento de ayer, de siempre, y que, por no saber, se va por fin a ser más.”

Me gustaría también hablar de la publicación, pues se trata de una edición bilingüe. La traducción y el prólogo corren a cargo de Enrique Moreno Castillo. Además de lectora, también soy traductora y el francés es una de las lenguas que mejor conozco. Traducir poesía siempre me ha parecido un trabajo realmente complicado, pues no sólo implica tener grandes conocimientos de ambas lenguas, sino que también se necesita una gran sensibilidad poética. Creo que el trabajo que Enrique Moreno Castillo ha hecho aquí es maravilloso. Aunque he leído los poemas en su lengua original, también he consultado las traducciones y me parecen que están muy bien realizadas. Un trabajo maravilloso.

Puede que Yves Bonnefoy no sea uno de mis poetas preferidos, no voy a engañaros, pero sí me parece  esencial conocer su obra y creo que esta edición es perfecta para ello.

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Sonetos y otros poemas, de Antonio Gala

Sonetos y otros poemas

Sonetos y otros poemasSiempre he sido de la creencia de que aquel que escribe lo hace para explicarse lo que sin la escritura no podría. Este pensamiento – que para nada quiero atribuirme como original – coge mucha fuerza en el personaje del que hablo hoy: Antonio Gala – mejor no escribir su nombre completo. Buscadlo y entenderéis por qué –. En esta ocasión aparece Eirene Editorial para publicar sus Sonetos y otros poemas, con prólogo de Manuel López Azorín, en los que recoger el trabajo poético de este poeta, novelista, ensayista, articulista y dramaturgo que, aunque muchos no puedan creerlo, es el poeta español que más libros de poesía ha vendido.

Cuando yo era niño, la mayoría de las novelas que veía en mi casa – propiedad de mi madre (los libros, no la casa) – tenían la firma de este escritor andaluz, nombrado «Autor del año 2016» por el Centro Andaluz de las Letras. No sé si por suerte o por desgracia, eso nunca dejó poso en mí. Nunca he leído a Gala; bueno, hasta hoy. Estos días he podido viajar a través de su poesía por un mundo donde el amor se ve introducido en el molde formal de la poesía más tradicionalista. El soneto, que cada vez cuesta más de ver si no es que estás dentro de librerías de viejo, es el muro de carga del mundo poético de Antonio Gala. En esta recopilación de poemas, encontramos más formas aparte de los sonetos, pero queda claro quiénes son los importantes – solo hace falta fijarse en el título del libro –. Gala es el poeta del amor, no cabe duda sobre eso, y este libro, por tanto, es el libro del amor. La gran mayoría de nosotros, los que no escribimos, tenemos suficiente con nuestro cuerpo para verter dentro de él nuestra intimidad. Gala, no. Él necesita de un soporte extra en el cual poder derramar ese exceso de pasión íntima, y en su caso es un papel, que forma un libro y que, casualidades de la vida, acaba en nuestras manos.

Sonetos y otros poemas es ese soporte externo en el que Antonio Gala ha plasmado a lo largo de una vida su zozobra interior con respecto al amor, su sentido, sus para qué, sus porqué y sus hasta cuándo. La poesía de Gala no es complicada de entender, cosa que muchos agradecerán, y seguramente por eso haya tenido tanto éxito a lo largo de su vida. Hablando de temas que todos vivimos alguna vez, y con palabras que todos usamos diariamente, Gala consigue crear un respiro dentro del mal de amor con soluciones, con remedios, con recetas en forma de poema para una enfermedad o un virus del que todos nos infectamos alguna vez. Si has sufrido por amor, si has estado enamorado, si no, Sonetos y otros poemas es un reflejo claro de a qué te puede llevar ese amor: incluso a ser poeta – aunque siempre he pensado que aquel que se enamora es o ha sido alguna vez poeta –.

Pero al igual que no solo hay sonetos en este libro, no todo es el tema del amor generalizado. También encontramos odas a su tierra andaluza en Testamento andaluz o su experiencia madrileña plasmada en Madrid, igual que la transcurrida en su finca malagueña La Baltasara – con título del mismo nombre –. Después de leer todos los poemas, te quedas con la sensación como de que Gala se ha vaciado, que te ha dado todo lo que te podía dar, casi como de que haya sido una despedida. Pero entonces, cierras el libro, ves su rostro en la portada con la mirada posada en ti de medio perfil y te dices, que quieras o no, que te guste o no, que tenga defensores o no, Gala siempre estará cerca de ti, porque Gala es poeta, porque la poesía es un libro y porque los libros son tu vida. Y Antonio Gala forma parte de ella.

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Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Veinte poemas de amor y una canción desesperadaVeinte poemas de amor y una canción de desesperada es ese libro que algunos defienden como el más popular y recordado de Neruda y otros como el más ligero, el de menos trascendencia. Adjetivos, por otro lado, que no se excluyen entre ellos. Sí, es posible que sea el libro de Neruda más leído, y también puede que no sean sus mejores poemas. Pero no lo olvidemos, es un poemario escrito con tan solo diecinueve años y que para muchos forma parte hoy en día de su canon poético.

Neruda, empapado de toda la corriente nueva del arte del momento con acento francés, aparece en una tierra lejana para demostrar la universalidad del lenguaje. Desde Latinoamérica, surge su voz con ganas de seguir la estela surrealista que ya ha empezado en Europa. Eso sí, sin que nunca se pudiera afirmar – ni todavía en nuestros días – que él hubiese formado parte de ello. Con el uso magistral de los adjetivos – recuerdo una frase de la época, no sé si de Neruda, que afirmaba algo así como «el adjetivo, cuando no da vida, mata» -, el chileno ofrece veinte poemas de amor más uno final, el único con título: Canción desesperada. No podemos hablar aquí de manera global de la forma poética que caracterizará a Neruda, ni tampoco de la sacudida personal que sufrirá tras vivir las guerras – sobre todo la Guerra Civil Española –, o de las experiencias tan impactantes que serán para él sus explosivas relaciones sentimentales. Neruda es aquí todavía un niño pero ya con importantes destellos de grandeza.

En esta edición, a cargo de Navona y enmarcado en su colección Los ineludibles, nos ponemos delante de una cubierta amarilla con letras en color verde y unas páginas que desprenden un olor inevitable; todo ello encabezado por el prólogo del escritor colombiano William Ospina. Los poemas, sin título, van precedidos por una página en verde con el primer verso en letras grandes. Y ya metidos en el libro, nos encontramos con la investigación que hace Neruda de su amor, de sus sentimientos, de su experiencia pasional. Ya desde sus inicios vemos sobrevolar esa nube negra que siempre acompaña a sus poemas – recomiendo, si no lo habéis leído todavía, el poema Walking around, uno de mis poemas favoritos – y que provocará aquellas famosas «lentas lágrimas sucias». Todo eso ya está aquí pero pintado con el amor de un joven prendido por la que sería el prototipo de su musa ideal, Albertina Azócar. Neruda prende en este poemario la mecha del intenso camino amoroso que será su vida. En sus poemas no vemos el amor como algo que llega, se establece y queda. En Neruda, el amor es lucha y nunca calma, es una batalla sin final en la que el amante está obligado a luchar. Con heridas que son lágrimas enquistadas y con la mirada triste de quien se sabe triste se nos muestra el Neruda que busca hacer sentir más que contar, que nos demuestra la afirmación de Ospina en el prólogo cuando dice que «la sed, el ansia, la indecisión, que parecen los obstáculos que le impiden vivir, son en realidad la materia que está hecho».

Dice también Ospina que «solo un poema de amor es capaz de hacernos sentir que no hay soledad más sola que la del que ama». Y quizás por eso es posible decir que este es el libro más leído y más popular de Neruda, porque al fin y al cabo ¿quién no ama en esta vida? O mejor todavía, y como canta Carlos Goñi en El peligro: «¿Pero aquí quién no es cobarde por amor?»

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Versos de la Tierra, de Javier Ruiz Taboada

Versos de la Tierra

Versos de la Tierra«Hay muchas cosas bonitas / más cerca de lo que crees, / y este poema te invita / a que las intentes ver». Volvámonos niños, aunque sea solo por un rato. No tengo hijos todavía pero cuando divago sobre ello no sé decirme nunca si leer un cuento a mi hijo o hija será una diversión mayor para él o ella o para mí. Esto lo pienso sobre todo en momentos como el de hace poco rato, cuando tenía este Versos de la Tierra entre manos, publicado por SM Ediciones, y me sentía como un bebé hojeando el libro del salón de su casa y que mide casi como él o Alonso Quijano con el Amadís de Gaula y esas ediciones gigantescas antiguas entre manos. Versos de la Tierra es un libro de más de 30 centímetros de largo, os podéis imaginar, ha sido como bañarme en uno de esos antiguos atlas que siempre estaban en nuestras casas y que ahora formar parte del mundo googleiano.

Escrito por Javier Ruiz Taboada e ilustrado por Miren Asiain, Versos de la Tierra busca informar a los niños acerca de todo lo que pueden llegar a ver a su alrededor si se atreven a mirar. Se nos habla de la Tierra, de los continentes, de los países, los ríos, las montañas, los planetas, los astros, los animales, etc. Todo a través de una poesía cargada de ritmo y sonoridad que pide a los padres ser leída a los hijos. Este narrador que parece que nos conozca y nos imparta una clase – muy amena – de vida, parece también pedir a los padres que hagan lo mismo que él está haciendo – tomando como pauta que el narrador es Taboada –: es decir, que lean esto a sus hijos tal y como él está haciendo. En definitiva, que corra el conocimiento.

Me ha gustado personalmente que se haga hincapié en el cuidado y el buen mantenimiento del planeta y todo aquello que este contiene, ya que en un principio puede parecer que los poemas – eso sí, con mucha soltura y gracia – presenten un mundo ideal e inacabable. El mundo es finito, eso debemos tener claro, y cuanto antes nos lo digan mejor. Y es que ahí está la clave, que nos digan las cosas. El conocimiento no es más que un río y nosotros somos piedras las cuales nos vamos mojando con su agua. Nos modifica, nos mueve, pero en definitiva, nos baña, nos empapa. Salpiquémonos de esa agua entre nosotros, que no cuesta nada.

Solo marcaría un punto en el libro que no me ha reconfortado especialmente y es el momento en que se le dice al niño o niña en cuestión que para saber más sobre la gravedad y las mareas le pregunté a papá. ¿Solo a papá? Creo que esas convenciones se han agotado hace tiempo, o debería, porque es cierto que todavía seguimos celebrando el Día de las Escritoras. ¿Hace falta? Ojo, no estoy tildando con esto al autor de machismo, para nada; si no dar un ejemplo de lo corrompido que está nuestro lenguaje y que, en casos como este en los que el público está empezando a construir su mentalidad, se debe tener muy en cuenta.

Dejando esto de lado – aunque me cuesta evitar el miedo de que cualquier pequeño empiece desde la infancia a pensar que las dudas relacionadas con el pensamiento deben trasladarse expresa y principalmente al padre –, debo reconocer que he disfrutado teniendo este objeto entre las manos. Porque más que un libro es una experiencia material, te invita a adentrarte en él sin dejar espacio a tu vista para distraerte más allá que en sus páginas. Y te adentras, leyendo a modo casi de canción, una poesía que desprende olor, sonido y sabor a Naturaleza, a Tierra.

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La Caza del Carualo, de Lewis Carroll

la-caza-del-carualoPara Carrol, madurar es morir. Como pedía a gritos Ortega y Gasset en La deshumanización del arte, o como defendía Leopoldo María Panero cuando le dejaban hablar – «en la infancia vivimos y después sobrevivimos» -, o incluso como trataban muchos de los artistas románticos, la clave de toda creación artística está en la mirada del niño. Y eso lo podemos leer en cualquier obra de Lewis Carrol, el escritor – y no de Charles Dodgson, el matemático –. Hoy lo vemos en La Caza del Carualo (The Hunting of the Snark), poema en ocho prontos que se publicó por primera vez en 1876 y que ahora lo hace Nórdica Libros, traducido por Jordi Doce e ilustrado por Tove Jansson.

Desde muy pequeño fui atraído por el universo de Alicia, pero claro, como nos sucede a todos, me quedé en ese primer nivel de ficción en el que todo nos hace gracia por ser maravilloso. No hace mucho caí – al estilo de Alicia – en el mundo creado por Manuel Garrido como estudio preliminar en la edición que Cátedra publicó de Alicia en el País de las Maravillas junto con A Través del Espejo. Fue gracias a esto con lo que descubrí la cara oculta de la obra de Carroll: lógica, lingüística, matemáticas, numerología, palabras maleta, sinsentidos; todo en unos cuentos que hacen estallar de risa a los más pequeños. Quiero pensar que esta carga, que este peso que dejó Carroll en sus obras, queda dentro del niño tras la lectura sin que él sea consciente, para despertar años después. Quiero pensar que eso me sucedió a mí.

Y lo pienso porque cuando leo ahora a Carroll siento algo distinto a cuando era pequeño. Veo ese amor incontestable hacia una niña de la que finalmente le apartaron – recomiendo mucho sus Poemas, publicados por Valparaíso Ediciones –, veo una mente brillante que se dio cuenta de aquello que la poeta estadounidense Louise Glück afirmó no hace mucho en uno de sus poemas: que «miramos al mundo una sola vez, en la infancia. / El resto es memoria». Y esa mirada es la que intenta conseguir, y consigue, Lewis Carroll.

Afirma Manuel Garrido en el estudio preliminar a las obras de Alicia que «la apoteosis del disparate poético en la obra de Carroll es, indudablemente, La caza del Snark» que, en este caso, Jordi Doce decide traducir como La Caza del Carualo. ¿Por qué? Aquí es donde hay que resaltar la importancia de las palabras maleta. Snark es una de ellas, que no viene a ser más que la creación de una palabra a partir de dos distintas, en este caso: snail (caracol) y shark (tiburón o escualo), de aquí que Jordi Doce haya decidido traducir Snark como Carualo (caracol y escualo).

Como veis, y como dije al principio, todo es juego en la obra de Carroll. Y podemos descifrarlo gracias a ediciones como esta, donde se nos explican muchos de los secretos de la obra carrolliana, donde – esto hay que resaltarlo – se nos ofrece la versión inglesa del poema y donde, además, se nos deleita con las maravillosas ilustraciones de Tove Jonsson. Sí, es una pena que no seamos ingleses para empaparnos de los juegos lingüísticos de Carroll, que tengamos la sombra sobre nosotros de esa fórmula latina del traduttore, traditore (traductor, traidor); todo es tan una pena que lo mejor es olvidarlo y sumergirnos en el mundo de la ficción, ¿no?

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La luz impronunciable, de Ernesto Kavi

La luz impronunciable

La luz impronunciableTodo un poemario para acabar con la reflexión que da título al libro: La luz impronunciable. Ernesto Kavi, poeta mexicano, publica de la mano de Sexto Piso esta partitura con base de poemas con la que demostrar que la nada no se puede explicar, que no se puede hacer poesía de ella y menos cuando sabes que el todo es solo la nada disfrazada. La luz impronunciable es un ensayo, no como género literario, sino como prueba, como intento de desgranar una luz que no se sabe de dónde viene, para qué lo hace, cuánto durará y si es de alguien: la luz vital.

Ernesto Kavi nos muestra en papel el intento de pronunciar ese todo que es irreal a través de poemas donde el propio autor lucha consigo mismo y con lo que le rodea. Bajo el sol, bajo una luz que nos acompaña poema tras poema, con aves revoloteando alrededor de un ser humano que se investiga para no encontrarse en sí mismo. Mientras leía el poemario, y ya desde un principio, tenía la imagen en mi cabeza de ese animal simbólico, el Uróboros, que se engulle a sí mismo. Y es que es lo que sucede aquí. Es cierto que en algún poema, los rayos del sol van acompañados de algún rayo de esperanza, pero esta queda muerta unos versos después, como si el Uróboros encontrase partes de su cuerpo dulces pero se diese cuenta poco después que solo son pequeños oasis en un mar de basura corporal.

Al estilo de una partitura musical, con cantos, coda e incluso iniciando el poemario con un fragmento de una partitura de Bach, Ernesto Kavi nos lleva por un ejercicio de exorcismo humano a través de la poesía que va acompañado, además, de una gran innovación formal. Ese juego con la forma – con la disposición de las palabras, el juego de citas, la colocación de signos y símbolos a lo largo de la obra – es algo llamativo y que personalmente me ha traído a la mente el dulce recuerdo de Chantal Maillard.

Con un breve prefacio del ya fallecido poeta Yves Bonnefoy en el que se alaba la poesía de Kavi y se adentra en la poesía como concepto, La luz impronunciable es un gran y recomendable respiro para muchos de los que nos quedamos encallados – para bien – en esa poesía de la generación de los cincuenta, ese intimismo que huye de la perfección formal para estudiar la posibilidad de una perfección más adentro, en el interior del propio poeta; acabando con un homenaje en forma de tres versos que cantan a la felicidad y a la luz sobre la firma de Yves Bonnefoy.

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Loquillo. La voz cantante, de VV. AA.

Loquillo. La voz cantante

Loquillo. La voz cantanteJosé María Sanz dice su DNI. Viste rocker y peina tupé. Chulesco, macarra, poeta y cantante de lo que otros poetas le escriben. ¿Uno más? Y una leche. Este tal José María Sanz es Loquillo, el de los Trogloditas y Los Intocables. El que bebió de los discos de Elvis, los Clash y de una botella de Don Pérignon. Tipo duro de aspecto imponente es mucho más que un cantante de rock and roll al uso. Su estética combina el cuero de macarra de barrio con el dandy de traje de corte impecable y sombrero de gánster. No sabe tener la boca cerrada y sus declaraciones siempre están en el ojo del huracán. Ha cosechado fans que le han seguido durante su carrera y muchos otros detractores, no pocos y sí muy feroces.

Loquillo. La voz cantante es una colección de canciones, de letras. Un poemario donde se desprende toda esa estética que Loquillo hizo célebre durante sus más de treinta años de carrera musical. Letras pertenecientes a los discos que han marcado a diferentes generaciones acompañándoles de por vida. Letras a las que el “Loco” ha puesto voz, muchas escritas de puño y letra, muchas otras prestadas por amigos, poetas, músicos, gente extraordinaria que plasmaron con la palabra escrita los sentimientos que han acompañado a Loquillo durante toda su vida. Sus veranos bordeando la costa en coche, las noches de hotel tras un concierto, los locales donde, copa en mano, pensaba en la rubia que ocupó el asiento de atrás de su Cadillac solitario.

Se han escrito biografías sobre Loquillo, todas narrando sus idas y venidas dentro del mundo del espectáculo. En esta compilación lo que encontrarás es al otro Loquillo, la voz que canta sentimientos escritos. Es también un modo de acercarse a la imponente figura del chulesco cantante catalán.

En una de sus canciones, quizás no tan célebre, pero que a mí me gustaba bastante, él mismo cantaba acerca de los Rolling Stones diciendo que no eran santo de su devoción. Bueno, he de decirte que para mí, Loquillo, tampoco lo es. Por eso haberme detenido a leer esta colección de letras, que al final, si le quitas voz, son solo eso, letras, descubrí unos sentimientos que bien podrían ser los míos. Y serán también los tuyos. Por tanto, ¿es este libro una pieza de coleccionismo para seguidores de Loquillo? No necesariamente. O al menos, no en su totalidad. Yo lo considero una buena antología de canciones a las que cualquiera podría ponerles voz, pero que tuvo que ser él, el “Loco”, el que les diera vida.

Dentro del libro que edita Renacimiento (qué inspirador nombre para una editorial) vas a encontrar prólogos llenos de sinceras y literarias palabras de Luis Alberto de Cuenca, autor de muchos de los poemas que fueron cantados en los discos de Loquillo. También está por ahí Gabriel Sopeña aportando su visión acerca de las canciones que escribió al igual que Igor Paskual, compositor desde que se uniera a la banda en el álbum Feo, Fuerte y Formal. Dividido en las composiciones de cada autor y en una cuidada maquetación, descubrirás las letras de Loquillo. La voz cantante.

«Las canciones de este libro son mi forma de ser, he crecido con ellas, con ellas he ido haciendo camino para llegar hasta hoy. Son mi fe de vida. Las canciones de este libro son mi obra y la de otros poetas de altura, músicos de prestigio, juglares de juventud, y están escritas para ser compartidas, cantadas, para permanecer vivas. Por eso, son tuyas también». (Loquillo)

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Intergrafías, de Celia Aguilar de Rueda

Intergrafías

IntergrafíasLa poesía vuelve a estar de moda – ¿alguna vez dejó de estarlo? –, y esto es gracias a una generación de jóvenes que han encontrado en este género la mejor vía con la que expresar sus amores y desamores, los vaivenes vitales de la madurez, el miedo ante la previsible monotonía de una vida adulta. Redes sociales, vídeo o música son algunos de los medios utilizados por estos poetas para llamar la atención de otros jóvenes que comparten diariamente sus escritos. ¿Hay poesía buena y poesía mala? La verdad es que no me veo debatiendo ahora sobre eso.

Pero sí me veo hablando de libros y uno de ellos, el de hoy, es el poemario que publica Celia Aguilar de Rueda, poeta de tan solo 24 años que, tras mucho tiempo ofreciendo su poesía a través de redes sociales y blogs literarios, ha encontrado en Dalya Editorial el hueco en el que plasmar sus versos sobre papel. Formada en fotografía y amante de la música, la pintura y el teatro, Celia es una demostración más de este ‘boom’ de jóvenes que buscan expresarse a través del arte, en cualquiera de sus disciplinas. Tanto es así, que en este libro incluso las ilustraciones de portada e interior son obra de la escritora gaditana.

Vemos ya desde la dedicatoria inicial cómo se busca rendir homenaje al devenir vital, a la experiencia que generan nuestros cuerpos a medida que pasan los años: «al camino… / a cada paso / a cada imagen guardada en la memoria». Desde el prólogo se nos avisa de que vamos a tener que ser lectores activos si queremos exprimir esa poesía y empaparnos de ella. Dividido al estilo teatral en seis actos con interludio, Intergrafías es un reflejo total e intimista que nos busca y parece que nos pregunte si a nosotros nos pasa lo mismo que a Celia. Y la respuesta es sí. Todos sufrimos las mismas caídas aunque con diferentes caras, a todos nos dejan de querer alguna vez, todos investigamos qué tenemos dentro. Con mucho erotismo en algunos de sus poemas – que me ha recordado en ciertos aspectos a Miriam Reyes –, Celia Aguilar busca de forma descarnada atravesar su piel y hablar desde dentro, donde todo es tan oscuro como la portada de su libro. Intergrafías es una demostración más del importante papel de la mujer en el mundo de la poesía actual, y esto ya lo podemos ver desde la portada del libro, donde lo único que vemos del interior de la mujer representada es el cerebro, el órgano que junto al corazón crea libros y poemas como estos.

Como si de un camino vital se tratara, Celia nos lleva por caídas y ascensos y pocos momentos de serenidad, igual que en la juventud. Cuando leáis Intergrafías os sentiréis jóvenes, volveréis a veros metidos en la cama una noche de invierno mirando la pantalla del teléfono móvil y esperando a que el deseado o la deseada amante os diga algo, pero no. A veces nos queremos más, a veces nos queremos menos; pero entre medias, y para no sentirnos solos ni pensar que somos los únicos que sentimos cosas de ese tipo, está la poesía, poesía como la de Celia Aguilar de Rueda en Intergrafías. Poesía joven.

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Me preguntaron por drogas y hablé del amor, de I.J Hernández

Me preguntaron por drogas y hablé del amor

Me preguntaron por drogas y hablé del amorHola, mi nombre es Victoria y vengo a terapia porque tengo un serio problema con los poetas actuales. ¡Hola, Victoria! (todos a coro). ¿Cuál es tu problema? (voz del terapeuta). Pónganse cómodos, que voy:

Resulta que, por lo general, no me gusta la poesía joven actual (hablo de España, en otros sitios no sé). Es una afirmación muy nazi, muy heavy y puede que hasta de gilipollas, pero dejadme que os explique. Creo que hay una corriente de poetas que se han hecho muy famosos gracias a las redes sociales, que escriben para el lector (no hay ningún problema, pero no todo es buscar al lector) y que juegan al todo vale.

Escribir

Así

No

Es

Escribir

Poesía.

¿Quién tiene la culpa aquí? ¿Las editoriales por publicarles? ¿Los encarecidos fans de Internet? ¿Qué no hayan leído a los grandes poetas? No lo sé y tampoco voy a tratar de buscar culpables. Simplemente digo que el noventa por ciento de estos poetas no me gustan. Y lo he intentado. A Dios pongo por testigo que lo he intentado (confieso esto de rodillas y entre sollozos). Me digo a mí misma, venga, a ver qué tal, a ver si tal o cual poeta consigue transmitirte algo. Pero no. Una bola de paja de esas de las pelis del oeste pasa ante mis ojos al cerrar el libro. Y esa es mala señal. En fin, lo seguiré intentando, para que no penséis que soy una lectora de mente cerrada. Y si alguien nuevo consigue convencerme os lo diré.

Después de esta introducción pareciera que vengo a hablaros de alguien que no me ha gustado. No es el caso. No voy a perder mi tiempo en hablaros de escritores que no me gustan y tampoco creo que sea justo para vosotros. Afortunadamente, hay gente buena que escribe buenos poemarios. Este es el caso de I.J Hernández y su libro Me preguntaron por drogas y hablé de amor. Como podéis intuir, no conocía este poeta (y eso que tiene varias novelas y poemarios publicados), pero pude leer algunos de sus versos antes de tener el poemario  en mis manos y sentí esa chispa, esa sensación de que podría gustarme.

El libro está publicado por Mutants Club Poets La portada me gusta, la edición también y la forma en la que está estructurado el poemario me parece interesante. Me gustan sus poemas con grandes títulos, cosa que a mí se me da fatal.

A ver, ¿cómo podría yo explicaros la poesía de I.J Hernández? Es como si en una coctelera metiésemos un montón de iconos pop, toda la tristeza del mundo, tranquimazines, campos electromagnéticos y luces de neón. Agitamos bien y obtenemos como resultado Me preguntaron por drogas y hablé del amor. Un cóctel a ratos indigesto, a ratos lleno de química, de preguntas imposibles y respuestas al aire. Y deja buen sabor de boca, os lo prometo. Ese tipo de cócteles que te gustaría volver a probar.

I.J Hernández es rápido, no tiene tiempo para perderse en versos imposibles. Me gusta la franqueza y la cadencia de éstos:

“Diecinueve segundos.

Seguimos siendo el coeficiente exacto

de la ausencia,

la pulsión irreductible

de un verbo degollado,

aquella hermosa cronología

de mis labios

en tus labios.”

Lo cierto es que hay un halo de tristeza que envuelve este poemario, una decadencia de luces de neón que parpadean en moteles de carretera casi abandonados y creo que es esa su esencia. Una nostalgia pop que deja latente en cada verso. Tiene su encanto, la verdad:

“Una avioneta escribe en el cielo:

Entrelazamiento cuántico.

Un fan de Gus Van Sant filma la escena.

Se escucha de fondo:

Somewhere over the rainbow

(susurrada a golpe de pestaña infinitesimal

Por una doble de Chavela Vargas).

Supongo que es esa nostalgia lo que me gusta de este poeta. Como si mi corazón, al leerlo,  parpadease como aquel letrero de neón del que os hablaba. ¿Me he puesto cursi? Lo siento, pero si no puedo ponerme cursi cuando hablo de poesía apaga y vámonos.

“Ni siquiera la luna baila desnuda.

¿No te parece triste?”.

Me parece tristísimo. Una tristeza que me emociona. Qué grata sorpresa este poemario.

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Yo significo algo, de Favia Company

yo significo algo

yo significo algo
Ya estamos en esos últimos días del verano que van dando paso al otoño, esa estación tan propicia a la lectura y escritura de poesía, cuando la luz se va apagando y aparece el chisporroteo del hogar. La poesía, para mí es manta, frío y fuego; tiempo de espera, esperar otra vez la primavera. Espera útil, espera en la que, como hace Flavia Company, te transformas y creces.

Flavia es agradecida. Este poemario está dedicado a HARU, la protagonista que da título a su último libro, ese tan especial en contenido y edición del que no hace mucho ya les comenté. Pero el libro también está dedicado a Inma, su esposa, y no dudo que mucha de la filosofía de Haru la haya encontrado, probablemente, en ella. Porque es posible que para encontrarnos a nosotros mismos debamos vernos a través de los ojos transparentes de otras personas que nos han aceptado, valorado y querido tal como somos.

Yo significo algo, me ha parecido un inmenso y personal poema en el que Flavia nos ofrece el viaje de su vida, dese su necesidad de la palabra

“La palabra no sabe
antes que yo comprenda
ni veo yo nada antes que ella
me encuentre. Es un pacto… “

Palabras que precisa para llegar a ella misma, llegar a dibujarse una y otra vez hasta verse tal como es. La paciencia de contemplar la belleza y la fuerza del mar hasta sentirse ola, o no, sentirse un mar entero, ser … Y darse sin poseer.

La autora es generosa, abierta, sutil, desesperada en su lucha contra el inmovilismo: Avanzar, renacer…

“… Hay que corromperse
para renacer,
lo llaman tocar fondo, no quedarse
entonces en la superficie
de lo que ve, …”

Hubo una persona en mi vida que me enseñó la diferencia entre ser algo y ser alguien, eso lo aprendí y me acompaña en mi camino, la diferencia de la exposición poética de Flavia es que ella ha llegado al significado, y lo plantea desde la esencia de la palabra

“Yo, que significo algo,
todavía no sé qué, aunque
al barrer descubro
hebras, cáscaras, cenizas, pelos,
encuentro cartones,
alambres, resortes que saltan,…”

Un poemario sincero, relativamente fácil de interpretar si has leído algo de la obra de la autora.

¿¡Interpretar, Susana! Pues no me has dicho mil veces que disfrute de la poesía y de su belleza?

¡Claro! Y lo sigo pensando y diciendo, y es por ello que nadie debe tener miedo de enfrentarse con un poemario ¡Hay tantas formas de disfrutar de él! Pero como yo siempre insisto, el poema ha de ser comunicación y la poeta en esta ocasión transmite, comunica, cuenta, narra… nos ofrece su vida y sentimientos con la belleza que exige el poema.

Leer este poema es acercarse a la poeta para conocerla o “reconocerla” en su lucha por significar algo. Porque todos y todas en definitiva queremos descubrirnos en nuestro particular viaje por la vida. Saber qué significas antes de llegar al final, te deja afrontar el futuro con mayor capacidad para ser feliz, y estar en paz con el destino allá donde te lleve.

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La letra que somos, de Antonia Freile y Rafael Simarro

La letra que somos

La letra que somosTengo que reconocer que este libro y yo empezamos mal. Escrito entre Antonia Freile y Rafael Simarro, La letra que somos se presenta con un prólogo de cada uno pero en el que ambos atacan a una nueva generación – la mía – que está cegada – dicen – por la tecnología, por la falta de interés hacia lo que es “bueno”, que se ha olvidado del sentimiento y la belleza de la “verdadera” poesía para darse a otros tipos de composiciones que no lo son. No me considero nadie importante como para decir qué es o qué no es la poesía, pero por lo menos puedo decir que soy joven. Tengo 25 años, he crecido con la tecnología, y sí, he leído este libro. Por eso no estoy de acuerdo con lo que dicen. Además, si no fuera por mi ordenador, nunca hubiera sabido de la existencia de este poemario, ni de muchas otras cosas más. Con lo cual, gracias, tecnología.

Así que luchando por desquitarme de los temibles prejuicios que me estaban empapando tras esas primeras páginas, seguí leyendo. Menos mal, porque en el agua de la poesía todo pesa menos y es más fácil limpiarse de pensamientos demoníacos. La letra que somos es un poemario que consta de seis partes además de los prólogos. No todo son poemas pero sí todo es poesía. Me explico: encontramos relatos, prosa, pero siempre con un toque poético característico de estos dos autores. La mayor parte de los poemas que encontramos buscan seguir la estela de la tradición marcada por aquello que muchos ven como el canon poético. Tenemos sonetos, tenemos rima asonante, cantidad de figuras retóricas, tropos, etc. Es decir, una mina para los amantes de esa poesía marcada, fija, bien estructurada que nos ha acompañado durante tantos siglos. Es cierto que en los últimos años se ha intentado romper con todo ello y ya no se busca tanto la rima como el ritmo, no se persigue tanto una estructura fija sino una innovación que provoque sorpresa en el lector en forma de sonrisa. Son etapas, cuando todo brilla afuera, las artes buscan reflejar esa sintonía en sus formas; cuando todo tiembla, las artes también y encontramos movimientos que buscan romper con todo, reflejar el sentimiento de una sociedad que no se siente cómoda en el lugar que le corresponde.

En la Letra que somos, no. Entramos en el mundo de la poesía renacentista en que todo es armónico y siempre se va en busca – a pesar de todo – de la belleza. Empezamos por la soledad y el silencio, seguimos por una lluvia convertida a base de metáforas en un disfraz de mucho más, pasamos a la investigación del poeta en sí mismo y con el entorno y acabamos con el mar, un mar, al igual que la lluvia, disfrazado por la metáfora. Cuatro capítulos que vienen seguidos por homenajes a Gaudí, a Garcilaso y a Gabriela Mistral. Para acabar, dos relatos en los que los autores conectan a través del mismo título y buscan hacer nacer de él dos historias distintas.

Y es que esa conexión es una de las claves de La letra que somos – que al final, tengo que decirlo, me ha dado más alegrías de lo que esperaba en un principio tras leer esos prólogos –. Mismos títulos para poemas de uno u otro, mismas temáticas, mismos personajes, léxico o incluso fragmentos idénticos para formar una cadena poética que, como bien leemos en la portada, busca ir más allá del poema. Y es que, al fin y al cabo, para los amantes de la poesía, ¿dónde acaba el poema y dónde empieza la realidad?

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