
Noche de las Librerías: Cuando Buenos Aires ofrece literatura bajo la luna
Desde hace cuatro años, en diciembre, la Avenida Corrientes se transforma en peatonal por una noche. Las librerías permanecen abiertas hasta las primeras horas de la madrugada, ofreciendo talleres literarios y descuentos en sus libros. Crónica de una noche dedicada a la lectura.
Dicen que Buenos Aires es la París de Latinoamérica. También se la conoce como la ciudad que nunca duerme. Es la metrópoli que inspiró a grandes plumas –y clásicas- como las de Cortázar y Borges, tan sólo por nombrar a dos de los grandes referentes de la literatura argentina. Desde hace cuatro años, el Gobierno de la Ciudad, planifica la Noche de las Librerías, un evento en el que convergen las características que hacen famosa a Buenos Aires. Un fin de semana antes de las Fiestas, la Avenida Corrientes se vuelve una biblioteca al aire libre, donde se permite hacer ruido y quedarse hasta la madrugada.
Siete de la tarde y la avenida de los teatros, de las librerías de usados y de las reconocidas cadenas, ya no veía un vehículo sobre el asfalto. La lluvia de la noche anterior dio lugar a una temperatura agradable, con una brisa fresca que permitía contrarrestar el calor reinante en cada librería del lugar. Más de 40.000 personas, según cifras del Gobierno de la Ciudad, se acercaron para participar en las actividades literarias, aprovechar los descuentos o realizar las compras navideñas.
De la cita anual, participaron más de 100 personalidades de la literatura, entre las que se destacaron los autores Guillermo Martínez, Claudia Piñeiro y Pablo De Santis. Pero no se dejó afuera a los más chicos, con la búsqueda del tesoro y distintos talleres de lectura.
En la calle, familias enteras, grupos de amigos, parejas, todos se dieron cita para revisar las ofertas. Las librerías de usados ofrecían una mayor cantidad de ofertas con clásicos de la literatura, ediciones antiguas, libros ya olvidados que rondaban los 15 pesos argentinos. Algunas, como Dickens, ofrecían promociones de tres libros por 30 pesos. Por supuesto, a su alrededor se congregaba la mayor parte de la gente.
Pero las cadenas de librerías como Cúspide o Librería Hernández, también vieron desfilar a cientos de personas por sus pasillos. Algunos en busca de títulos específicos que los vendedores consultaban en las computadoras. Otros, tomando las novedades de las mesas principales para leer su contraportada y hacerse una idea de la historia plasmada en sus páginas.
“¿Tenés el primero de Harry Potter?”, preguntaba una mamá al vendedor, junto a la computadora. A su alrededor, tres niños alzaban la vista hacía las estanterías que a sus ojos parecen infinitas, cargadas de libros. El vendedor asiente y empezaba la travesía, entre el laberinto de gente, con la mamá juntando a sus hijos para seguirlo. “Todo sea para que lean”, anunciaba, mezcla de agotamiento y cierta felicidad.
Largas colas para pagar, bolsas que se chocaban, consultas que se oían una y otra vez. Descanso en los sillones blancos sobre la calle mientras una recién estrenada autora leía algunos pasajes de su libro de poesía. Miles de autores y miles de títulos consultados o adquiridos.
Después de más de dos horas caminando, de intentar hacerse con un ejemplar, la Noche de las Librerías va llegando a su fin. Pero antes, siempre hay tiempo para entrar a una última librería de usados. Hay que probar suerte: Puede que el libro que hace ocho meses que estabas buscando con desesperación por toda la ciudad y mediante todas las vías posibles, se encuentre en ese lugar que este abarrotado de gente. En efecto, encontrarlo, es lo que cierra un evento anual donde miles de personas se llevan, al menos, una historia para disfrutar.
Rosario Arán (rosearan@librosyliteratura.es)