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El ruiseñor, de Kristin Hannah

El ruiseñor

El ruiseñorNadie quiere vivir una guerra. Pero a todos, o a casi todos, nos atraen las historias bélicas y no podemos evitar leer y documentarnos sobre ellas. En mi caso, será porque me recuerda a mi abuelo, que se pasaba las horas contándome historias sobre la posguerra española. Nació al borde del abismo y le tocó vivir un tiempo gris y ajado en el que una miga de pan era un bien de infinito valor. Mi abuelo me lo contaba como una historia, como un cuento. Y yo jamás he podido llegar a imaginarme cómo sería vivir una guerra. Leemos sobre batallas dentro de nuestra casa caliente y sabiendo que tendremos un plato en la mesa cuando nos sintamos hambrientos. También siendo conscientes de que tenemos un coche para desplazarnos y que si queremos estudiar, en la mayoría de los casos, podremos. Hoy vivimos de manera cómoda y sin miedo a escuchar sirenas que auguran una catástrofe. Vivimos con la tranquilidad de pensar que aquí la guerra nunca volverá, que ya sufrieron nuestros familiares lo que había que sufrir y que la guerra es algo que se ve por la televisión y que queda a miles de kilómetros. La guerra es algo que no va con nosotros.

Lo mismo pensaba Vianne, una de las protagonistas de El ruiseñor. La radio le decía que los alemanes estaban empezando a invadir Europa. Que un señor con bigote había emprendido una cruzada contra los que no eran como él. Pero cuando escuchas algo así, lo último que llegas a pensar es que tu marido tendrá que partir al frente, y que te quedarás sola con tu hija pequeña en una casa cuyas paredes no soportarán el peso de un cañón. Pero llegó ese día, y Antoine tuvo que alistarse y dejar a su mujer y a su hija solas, abandonadas a su suerte, con la promesa de que algún día la guerra pasaría y las aguas volverían a su cauce. Y todo se volvió todavía más oscuro y más gris cuando un capitán alemán obliga a Vianne a acogerle en su casa. Convivir con el enemigo es algo que nadie querría hacer, pero cuando tu vida y la de tu hija corren peligro, harás lo que sea por sobrevivir.

A su vez, encontramos la historia de Isabelle, la hermana pequeña de Vianne. Desde que tuviera muchísimos problemas con su padre, ha sido una nómada de los internador de Francia, lo que le llevó a tener un espíritu rebelde e inconformista que hará que arriesgue su vida en una lucha que se convertirá en algo personal.

Kristin Hannah, escritora estadounidense, narra con crudeza la historia de estas dos mujeres, valientes y fuertes como robles, haciendo que nuestro corazón se encoja a medida que la trama va avanzando, a la vez que lo hacen las tropas. Es una historia que me ha hecho llorar en alguna ocasión y también murmurar de rabia al ser testigo de la impotencia que debe sufrir un pueblo invadido por el terror.

Las historias de las dos hermanas son narradas en capítulos alternativos, haciendo que quieras avanzar en la trama para poder continuar con la historia de la otra, y a la inversa. Cuando yo me quise dar cuenta, la historia estaba prácticamente llegando a su fin. También encontramos unos capítulos contados en una época más actual, pero no sabremos quién es el narrador hasta que no concluyamos la historia. Hecho que hizo que todavía estuviera más enganchada a las páginas de este maravilloso libro.

Ni leyendo decenas de libros sobre la Segunda Guerra Mundial sería capaz de entender el horror que tuvieron que vivir los coetáneos de aquella época. Aunque, lo que sí es cierto, es que libros como El ruiseñor me ayudan a sentirme afortunada día a día por haber nacido en la época y el lugar donde lo hice.

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Todos tenemos un lado (oscuro) rosa, de Lili y Herrejón

Todos tenemos un lado (oscuro) rosa

Todos tenemos un lado (oscuro) rosaSiempre intento ser sincera cuando hago una reseña. Trato de decir las cosas tal y como las pienso y hoy no iba a ser diferente. Así que, seré honesta: cuando pedí Todos tenemos un lado (oscuro) rosa no tenía ni idea de quién eran Lili y Herrejón, ni siquiera de qué iba el libro. Por lo que no sabía que estas dos chicas son youtubers desde hace un tiempo, ni que habían decidido plasmar sus anécdotas en papel.

Yo no suelo frecuentar mucho Youtube, aunque hay algún canal que otro por el que tengo predilección y no me pierdo ningún vídeo. El primer canal que descubrí y que me apasionó fue el de Sebas G. Mouret, un chico que se dedicaba a hacer reseñas de libros en sus vídeos y con el que comparto un amor profundo hacia Laura Gallego y J.K. Rowling. Después vino el canal de Tiempo entre papeles, que contiene tutoriales sobre tips de estudio, material de oficina, oposiciones… resume a la perfección lo que es mi día a día, así que me encanta tener a mano los consejos de Cris para mis momentos de estrés estudiantil. Y tengo que admitir que hace poco me aficioné muchísimo a otro canal, que lo lleva una chica que se llama Ter. Vale, aquí haré un inciso: Ter es súper polémica. Sus vídeos buscan estar en boca de todos y lo que más me gusta de este canal es leer después los comentarios de la gente, donde la pregunta que más se hace es “¿esta chica habla en serio?”. Y es que osa decir que hay videoclips que son mejores que El Padrino o contar la Ilíada sustituyendo a los protagonistas por celebrities. Y como a mí siempre me ha gustado un poco la polémica y la gente que habla sin tapujos, espero ansiosamente cada semana un nuevo vídeo de Ter.

Pero a Lili y a Herrejón no las conocía, así que cuando me llegó el libro tuve que ponerme al día con sus vídeos. Descubrí que son dos chicas de mi edad que, unidas por su pasión por Internet y hacer reír a la gente, decidieron irse a vivir juntas y abrir un canal de Youtube. En el canal se dedican a hacer tags que la gente les pide, explicar tutoriales varios y, básicamente, hacer el tonto. Pero es que ellas son así, naturales, divertidas, extrovertidas y abiertas. Además son dos polos completamente opuestos: Lili es una dulce chica rubia que ama las comedias románticas y todo lo que tenga que ver con purpurina y unicornios; en cambio Herrejón, viste siempre de negro, le gusta el cine gore y ama a Metallica sobre todas las cosas. Yo he intentado descubrir a cuál de las dos me parezco más, pero creo que soy una mezcla entre unicornios y rock. Cada uno es como es.

Todos tenemos un lado (oscuro) rosa habla de cómo es compartir piso. Las dificultades que uno se puede encontrar y todas las ventajas que supone. Yo he compartido piso dos veces. Y la primera fue una de las mejores experiencias de mi vida. Yo tenía dieciocho años y me mudé de nuevo a Madrid; allí empecé a vivir con Dani y Nacho, que ya alcanzaban la treintena. Dani era como una madre para nosotros, muy ordenado y que hacía unas lasañas los domingos que curaban cualquier mal. Nacho era un alma libre, escritor y bohemio, me dejaba atontada cuando me leía algo de lo que había escrito. Y ahí estaba yo: empezando la universidad, conociendo un mundo que se abría ante mí y disfrutando de los dieciocho años como si supiera que no iban a durar. Lo que os decía, una de las mejores experiencias de mi vida.

Y este libro también habla de la amistad. De la relación tan especial que existe entre mejores amigas. Esa relación que hace que, solo con miraros, sepáis lo que está pensando la otra. Mi mejor amiga se llama Lucía y la conocí en primero de parbulitos. Con cinco años nos enamoramos del mismo chico y, tras una breve crisis existencial en la que ella sintió que se iba a quedar sola para siempre, nos convertimos en inseparables. Hasta hoy. Con ella mantengo esas conversaciones de: “tía tía. Dime tía. Qué fuerte lo que me ha pasado, tía. Ya ves, tía, súper fuerte”. Solo con esa mezcla de palabras, la otra ya sabe lo que va a oír. Una conexión especial. Una de las cosas más importantes de este mundo. Y, aunque ahora vivamos a cuatrocientos kilómetros y nos veamos solo una vez al año, es uno de los pilares fundamentales de mi vida.

Lili y Herrejón plasman a la perfección lo que es la amistad y la diversión. Hablan sin filtros, siendo como son en su día a día. Demostrando que cada uno tiene gustos diferentes y que eso no es motivo para juzgar. ¿Te apasiona ser youtuber? ¡adelante, ábrete un canal! ¿qué importa lo que diga la gente? Al fin y al cabo, vida, solo hay una.

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Si todo desapareciera, de Anna Casanovas

Si todo desapareciera

Si todo desaparecieraLos años cuarenta fueron una época de terror. En Europa, las tropas de Hitler avanzaban si piedad y el miedo que producía su holocausto se extendió a todos los rincones del mundo. Estados Unidos vivía con temor la llegada de otra guerra, sabiendo que tendría que posicionarse y tomar partido en una batalla cruel, sangrienta y sin sentido. Mientras tanto, Alessandra vería como su vida daba un giro de ciento ochenta grados cuando tuvo que mudarse a Nueva York para seguir con su carrera como actriz. Ella nació allí tiempo atrás, en la famosa Little Italy, creciendo en un barrio que era de todo menos rico; pero lo cierto es que allí conoció a gente que sería un apoyo fundamental para ella, por lo que al menos tenía un aliciente para volver a su ciudad natal.

Si todo desapareciera es la tercera parte de la saga escrita por Anna Casanovas, Vanderbilt Avenue. En las anteriores entregas, conocimos a Jack y a Nick, los grandes amigos de Alessandra. Pero todavía nos faltaba por conocer la historia de esta misteriosa chica, que dejó su vida en la gran manzana para emprender su camino como actriz.

Si os soy sincera, os diré que no he leído las dos partes anteriores de esta saga. Y si os soy más honesta, si cabe, os confesaré que ni siquiera sabía de su existencia. Pero eso no ha impedido que no me gustara la historia, aunque ahora me he quedado con las ganas de conocer con más profundidad a los protagonistas de las otras entregas, Jack y Nick.

Volver siempre resulta difícil. Y más cuando uno se fue en su día con tantas ganas y con tanta prisa. Volver significa renunciar a aquello por lo que un día luchaste tanto. Significa dar la razón a los que decían que estabas equivocada. Significa enterrar el orgullo en una fosa muy profunda. Y, sobre todo, significa encontrarse con recuerdos del pasado que nadie querría revivir. Además, por si no fuera suficiente, la vida de Alessandra se verá patas arriba cuando se cruce con Sean, un policía recién destinado a Nueva York. La vida de Sean tampoco ha sido fácil. Antes era un policía muy estimado, era realmente bueno en lo que hacía y todos sus compañeros sabían valorarlo. Pero cuando un caso se le fue de las manos, le marcó como un paria, haciéndole perder todo el prestigio que había adquirido con los años.

Nueva York se convertirá así en la ciudad de las nuevas oportunidades. Tanto para Sean como para Alessandra, que tendrán que trabajar muy duro para que sus vidas vuelvan a su cauce.

Si todo desapareciera es una historia de amor profunda, de esas que se quedan muy dentro y que hacen que vueles a otra época en la que, con tanta guerra y tanta miseria, el amor era de las pocas cosas que merecían la pena. Yo no suelo leer novela histórica, no es algo que me llame demasiado la atención. Pero de vez en cuando está bien cambiar de registro y dejarse llevar por épocas pasadas.

Anna Casanovas nos trae una historia de superación que nos enseña el inmenso poder que tiene el amor sobre las personas, a pesar de los fantasmas del pasado que asolan cualquier corazón roto y desolado. Bonito final para una muy bonita historia.

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La química, de Stephenie Meyer

La química

La químicaNo sé si debería empezar esta reseña hablando de Crepúsculo, pero dado que es en lo que he estado pensando todo el tiempo hasta que he tenido este libro en mis manos, creo que no hay otra manera de romper el hielo.

Yo tenía catorce años cuando me topé con la historia de Bella y Edward. En ese momento de mi vida y, sobre todo dos años después, me sentí muy identificada con Bella y eso me había pasado muy pocas veces al leer un libro. Este hecho hizo que leyera la saga con más intensidad y más curiosidad de las deseadas, pero también hizo que disfrutara muchísimo conociendo el oscuro Forks y sus seres no humanos. Y además, tengo que decirlo, fue la primera vez que leí un libro en el que los vampiros eran los protagonistas. Por eso Crepúsculo es tan importante para mí, porque hizo que descubriera mi amor por Anne Rice y, sobre todo, por Bram Stoker. Así que, gracias, Stephenie Meyer por introducirme en el mundo de la noche y hacerme ver que puede ser un lugar maravilloso.

Ahora, yendo a lo que tengo que ir, os diré que cuando leí que Stephenie Meyer iba a publicar su primera novela para adultos me sentí emocionada y ansiosa por saber qué historia se traería entre manos. Ya en su día leí El huésped, novela también dirigida a un público adolescente pero que dejaba de lado el tema vampiro-licántropo para ubicarnos en un mundo lleno de extraterrestres. No sé por qué no se le ha dado más bombo a ese libro, porque a mí, sinceramente, me gustó una barbaridad. Pero vamos a ver, yo he venido aquí a hablar de La química y si sois fans de Meyer ya sabréis cómo fueron sus obras anteriores y lo que os interesará saber es cómo es el nuevo thriller que ha escrito. Y yo no paro de irme por las ramas… así que voy a ello.

Nuestra protagonista a veces es Alex, a veces Jules, otras Chris… dependiendo del momento y, sobre todo, de quién esté huyendo. Se ha pasado gran parte de su vida ocultándose y todo por aquel trabajo de máxima seguridad que tuvo hace tiempo. Cuando trabajaba para el Gobierno de Estados Unidos todo parecía salir a pedir de boca pero lo que ella no sabía es que descubriría algo que haría que mucha gente importante la quisiera muerta. Después de mucho tiempo ocultándose, su antiguo jefe le propone una oferta para firmar la paz, una tregua que hará que ella no tenga que huir nunca más. Tendrá que ayudar al Gobierno a buscar una cepa de gripe mortal que los enemigos quieren difundir por Estados Unidos, cepa que si se libera, hará que millones de personas mueran dolorosamente. Pero en su búsqueda, conocerá a Daniel, que supuestamente es la clave de la investigación de nuestra protagonista. Lo que ella no sabe es que Daniel se convertirá en un quebradero de cabeza, al despertar en ella un sentimiento que no entraba en sus planes.

Stephenie Meyer deja de lado el mundo sobrenatural para adentrarse en algo muy real: La química, que no tiene ningún misterio para nuestra protagonista. Por fin tenemos entre manos a una heroína que parece muy real y que no necesita a nadie más a su lado para mantenerse con vida. Es inteligente, intrépida, valiente, decidida y, sobre todo, conoce la química mejor que la palma de su mano. Con sus armas, elaboradas por ella misma, tendrá que luchar contra el enemigo más poderoso de todos y al que todo el mundo parece temer.

En fin, qué más decir de este libro. Que Meyer lo ha vuelto a conseguir. Se ha vuelto a consagrar como una gran autora de bestsellers que sabe dar a su público lo que necesita. Y lo que es más importante: sin mostrar ni un solo rastro de las que fueron sus obras anteriores. Y eso, aunque me haya declarado fan de Crepúsculo y de El huésped era exactamente lo que esperaba de ella.

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Juntos es mejor, de Simon Sinek

Juntos es mejor

Juntos es mejorRecordar mi época de Bachillerato me deja un sabor de boca agridulce. Conocí a gente increíble y aprendí todo lo que se supone que debes aprender en un instituto, o incluso más. Descubrí pasiones que no sabían que estaban dentro de mí, y reforcé otras que se habían manifestado mucho tiempo atrás. Y eso, siempre es algo que se recuerda con nostalgia y con una sonrisa en la cara. Pero también fue un tiempo —sobre todo el último año, tan cerca de Selectividad— en el que el estrés era el gran protagonista. Y ya no solo el estrés, sino la incertidumbre de no saber qué planes tendría el futuro preparados para mí. De repente, llega un día en el que te tienes que poner delante de un folio y decidir en qué carrera vas a estar metido durante tus próximos cuatro años (siendo muy pero que muy optimistas). ¿Decides hacer algo que te apasiona, algo práctico, algo interesante…? Al final, escojas lo que escojas, va a haber gente que le busque una pega a tu decisión: esa carrera no tiene salidas, hay demasiada gente en esa profesión, es imposible tener el título en cuatro años, no te veo estudiando eso…

Pero esta mentalidad machacona de los que nos rodean, se manifiesta en múltiples ámbitos de la vida diaria. Desde hace poco más de un mes estoy opositando. La verdad es que cuando comenté en casa la decisión que había tomado, solo recibí comentarios de ánimo y apoyo. Lo mismo por parte de mis amigos. Eso me gustó y me ayudó a empezar con ganas y motivación. Pero todos mis compañeros de academia me dicen lo mismo: al final, con el paso del tiempo, omites en tus conversaciones el tema oposición, porque peligra que salgan a colación frases destructivas como: las plazas van a dedo, todo es por enchufe, no salen casi plazas, no merece la pena, no hay nada como la empresa privada… Frases que, en un momento de debilidad pueden hacer que todo tu proyecto se venga abajo.

Y también podemos trasladar este ejemplo al típico jefe que no hace más que hundir la moral del trabajador. Hace poco leí esta frase: “cuida más a tus trabajadores que a tus clientes. Si los primeros están contentos, atraerán a los segundos”. Y no puede tener más razón. Esta es la temática que encontraremos en Juntos es mejor, un pequeño libro inspirador —como reza su portada— escrito por Simon Sinek e ilustrado por Ethan M. Aldridge y que tiene una filosofía muy clara y que se resume en una sola frase: “trabajar duro por algo que no nos importa, se llama estrés. Trabajar duro por algo que amamos, se llama pasión”.

Si ahora estuviera delante de la hoja teniendo que decidir qué carrera escoger… quizá tuviera que replantearme las cosas. Yo me dejé llevar por pensamientos que ahora no están dentro de mi cabeza y puede que en ese momento fuera lo que tenía que hacer, pero si hoy tuviera que decidir… quién sabe.

Lo que sí he aprendido (y espero no olvidarlo nunca, aunque vengan momento de flaqueza) es que tengo que trabajar duro por lo que quiero, visualizar mi meta y no dejar que nada ni nadie se interponga entre ella y yo. No valen escusas. No vale gente tóxica que no es feliz con los logros de los demás. No vale pesimismo. Y mucho menos frases autodestructivas. No vale parar. Ni mirar hacia atrás. No vale tener enemigos, aunque sean tus competidores. No vale olvidar que Juntos es mejor. Y, sobre todo, no vale no confiar en uno mismo. Pase lo que pase.

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El zorro y la estrella, de Coralie Bickford-Smith

El zorro y la estrella

El zorro y la estrellaSi algo nos ha enseñado El principito es que es muy importante no olvidar nuestra inocencia. Todos tenemos problemas, a nadie nos importaría que nuestras vidas mejoraran. Liquidar la hipoteca, ascender —o, directamente, encontrar un trabajo—. Estudiar otra carrera, o terminar la que empezamos hace años…

Nadie dijo que la vida fuera fácil y, a medida que los años van pasando, los problemas adquieren otro cariz. Es como si fuéramos a ahogarnos en un vaso de agua y no fuéramos capaces de ver que la vida va más allá de nuestros problemas.

Los niños, en cambio, pueden ver un elefante dentro de una serpiente, en lugar de un sombrero normal y corriente. Pueden soñar sin temer el futuro. No se preocupan por el destino, no piensan que puede llegar a ser cruel con ellos. Viven. Ríen. Sueñan. Son felices.

Por eso hay momentos en los que tenemos que olvidar nuestra mentalidad de adultos. Coger todos los problemas, hacer con ellos una bola y meternos dentro de un bote que después tiraremos al mar. Lanzándolo con todas nuestras fuerzas para que caiga lo más lejos posible. Y leer El zorro y la estrella puede hacer que esta tarea sea mucho más sencilla. Coralie Bickford-Smith nos trae un libro plagado de ilustraciones que contiene una fábula preciosa y que podemos aplicar a nuestro día a día. Es un libro que se lee de una sentada y esto facilita que lo releamos con frecuencia. Porque es una historia en la que hay que adentrarse muy de vez en cuando. Y ahora os explicaré por qué: Zorro vive en un bosque rodeado de árboles y maleza. Su vida no es que sea muy divertida, pero tiene a Estrella, que le acompaña en todo momento y hace que su día a día no sea tan monótono. Es su mejor amiga. Pero un día Estrella desaparece y Zorro se queda solo en la oscuridad de un bosque que solo augura malos presagios. Zorro se hunde en un torbellino de desesperación que hace que busque a Estrella por todos los rincones habidos y por haber del bosque. Pero Zorro no la encuentra, así que, después de un tiempo, se da por vencido y deja de buscarla. Pero al poco tiempo descubrirá una iluminación repentina, miles de destellos que le van rodeando poco a poco. Y se dará cuenta de que esas luces provienen de un cielo cargado de infinitas estrellas.

Esta pequeña fábula puede ser interpretada de muchas maneras y me imagino que cada uno de nosotros verá en Zorro reflejado algo de su propia vida. También dependerá en extremo del momento en el que conozcamos a Zorro y, sobre todo, a Estrella. Esta última puede recordarnos a una persona, a un trabajo, a una obligación… algo que muy a nuestro pesar nos está cortando las alas y no está permitiendo que veamos más allá. La luz de una sola estrella puede cegarnos hasta tal punto que impida que observemos lo que tenemos a nuestro alrededor.

No sé si después de leer El zorro y la estrella seréis capaces de ver un elefante dentro de una serpiente. O si sentiréis que el niño que vive en vuestro interior grita desde lo más profundo de vuestro ser, impaciente por salir. Tampoco si decidiréis releerlo en alguna ocasión, cuando sintáis que el mundo pesa más de lo normal. Pero lo que sí sé —y estoy segura de ello— es que algo dentro de vosotros habrá cambiado y que empezaréis a mirar a esa “estrella” con otros ojos.

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La pareja de al lado, de Shari Lapena

La pareja de al lado

La pareja de al ladoLlevaba una larga temporada buscando un libro de suspense que me enganchara desde el principio hasta el final. Uno de esos que hacen que no puedas parar de pensar en la trama y que te montes en tu cabeza una infinidad de teorías que hagan que sepas quién es el asesino antes de llegar a la última página. Y también necesitaba un libro en el que nada pareciera lógico. La pareja de al lado tiene todos estos ingredientes, así que no es de extrañar que lo haya leído en un día y medio. Cuando me quise dar cuenta, había devorado más de doscientas páginas del tirón y yo madrugando al día siguiente…

Que el libro me enganche, está bien. También que me impida olvidar la trama mientras no lo estoy leyendo. Y, por supuesto, que me haga creer que soy mejor detective que los que salen en sus páginas. Pero lo que más me ha gustado es que nada es lo que parece. Ya sé que esta frase puede sonar a cliché. Es algo típico que se suele decir de todos los libros de suspense. Pero es que en este caso, es totalmente cierto. A medida que van pasando los capítulos vemos que nos acercamos a lo que parece una explicación lógica de todo lo que ha sucedido, pero poco a poco esas verdades se desvanecen dando lugar a más incógnitas y a más preguntas.

Shari Lapena nos traer la historia de una pareja perfecta. Recientemente casados y con una niña de unos pocos meses, Anne y Marco parecen vivir una vida idílica. Él tiene una empresa que va viento en popa y que les ha permitido pagarse una casa en la mejor zona de la ciudad. Pero el embarazo ha dejado en Anne trazas de lo que parece una depresión bastante grave y que hace que la vida perfecta de matrimonio que aparentan tener se tambalee peligrosamente. Y todo estalla cuando Anne y Marco van a cenar a casa de sus vecinos, una pareja moderna y chic, que no soporta a los niños. Así que la única manera de ir a esa cena es dejar a la niña sola en casa. No pasa nada, se turnarán cada media hora para revisar que la niña está bien y además tendrán el escucha, que les permitirá saber si pasa algo en la casa que está a menos de diez metros. Pero cuando termina la cena y Marco y Anne regresan a casa, se dan cuenta de que la niña ha desaparecido sin dejar rastro.

A partir de ese momento, La pareja de al lado se convierte en un tren sin frenos que parece no tener destino. La trama de mentiras se va haciendo cada vez más y más grande, hasta que estalla dejando restos de metralla a su paso. Encontramos personajes que saben más de lo que dicen y otros que han vivido engañados durante muchos años. Marco y Anne se desesperan en la búsqueda de su hija, parece que todo este asunto se les queda grande y que no van a ser capaces de encontrar a su pequeña Cora.

Es una historia rápida, que avanza a pasos agigantados y que en cada capítulo nos dará una nueva pista que hará que no podamos soltar el libro ni un solo momento. Algo parecido me pasó con La chica del tren. Son historias que nos dan lo que queremos: una desaparición/asesinato/misterio, personajes que esconden secretos y una trama veloz que parece que no tener fin.

Yo estoy metida en un grupo de Facebook en el que comentamos las lecturas que vamos haciendo cada mes y me sorprendió que en enero este libro de Shari Lapena fuera el más leído de todos. Así que no podía hacer más que leerlo para saber qué era lo que había hecho que tanta gente se enganchara. Y ya he entendido por qué. Y es que, si te gustan los misterios y dentro de ti vive un detective, este libro será un imprescindible de tu colección. Solo diré una cosa: yo no fui capaz de adivinar quién era el malo. Con eso, creo que lo digo todo.

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Infección, de Robin Cook

Infección

InfecciónDesde hace unos meses estoy enfrascada en la elaboración de mi trabajo de fin de carrera. Estudio Derecho y el TFG (que es como se conoce a este trabajo) es el último paso antes de conseguir el título. El tema que he escogido es el uso de test genéticos directos al consumidor. Os explico un poco de qué van: es un mecanismo que permite a una persona, fuera del ámbito médico y sin doctores de por medio, hacer un “chequeo” de su ADN para comprobar si es propenso a tener alguna enfermedad. Es algo que, a priori, parece muy útil y muy interesante. ¿A quién no le gustaría saber si el día de mañana va a padecer diabetes, por ejemplo? Pero como casi todo en esta vida, estos test son un arma de doble filo: por una parte, está bien que te orienten y te adviertan sobre unas posibles futuras enfermedades, pero por otra, no dejan de ser algo que se queda en el aire. Es una hipótesis, algo predictivo y que no asegura absolutamente nada. Eso puede llevar a una persona a volverse paranoica, a pensar que va a padecer una enfermedad sí o sí, a cambiar su modo de vida, a vivir esclava de esa futura desgracia. ¿Qué precio estarías dispuesto a pagar? ¿Preferirías vivir sabiendo que vas a padecer una posible enfermedad o estarías más tranquilo si no supieras nada?

Lo que está claro es que la ciencia avanza. Pasamos del médico que visitaba las casas con un maletín como único instrumento a tener hospitales equipados con las últimas tecnologías (aunque muchos de ellos, sin los profesionales suficientes para hacer uso de ellas. Pero ese es un tema en el que hoy no voy a entrar. Quizás otro día). La ciencia intenta actualizarse, ser lo más útil posible y quedar al alcance de todos. ¿Y qué es lo que hoy en día las personas más utilizamos? Exacto, el teléfono móvil. Por eso unos magnates estadounidenses decidieron crear iDoc, una aplicación para el móvil que hace que siempre lleves a tu médico en el bolsillo. Es más, mediante esta aplicación, podremos saber qué enfermedades padecemos y cuales somos propensos a sufrir. Una especie de test genético del que os hablaba antes. Pero George Wilson, nuestro protagonista y estudiante de radiología, sabe que algo raro está pasando con esa aplicación. Es más, está convencido de que la muerte inexplicable de su prometida, Kasey, está relacionada con esta nueva tecnología. Eso le llevará a investigar un poco más y a descubrir que hay mucha información que los creadores de iDoc están ocultando a sus consumidores. Información que, de saberse, haría que la empresa cayera en bancarrota de inmediato.

Robin Cook nos tiene acostumbrados a novelas rápidas, en las que las explicaciones médicas son el hilo conductor de sus tramas. En Infección encontramos una historia un poco más lenta, más pausada, que se centra también en reivindicar el papel de los médicos y a teorizar sobre el avance de la tecnología. Es un autor que siempre me ha gustado. En casa tenemos varios libros de él y normalmente ha sido una buena opción cuando no sabía qué leer y me apetecía una historia con gancho, de esas que hacen que te pases la tarde leyendo sin que te des ni cuenta.

Es curioso que, sin haber leído la sinopsis, me decantara por este libro. Justo ahora que estoy con el TFG del que os hablaba. Casualidades de la vida. Y esta practicidad es una de las cosas que más me gustan de Robin Cook. Nos trae historias de ficción pero que sin dificultad podrían ser casos reales. Él te lo está contando como algo casi de ciencia ficción, pero en realidad no hay más que abrir un poco los ojos para ver que no se aleja mucho de la realidad. Ahora solo me queda saber si puedo incluir Infección dentro de la bibliografía y las referencias de mi TFG. No sé… puede que incluso me pongan una matrícula.

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La charla, de Linda Rosenkrantz

La charla

La charlaSi me lo permitís, voy a hablar un poco sobre una de mis series favoritas. Se llama Girls y es idea de Lena Dunham, que también es una de las protagonistas. Esta serie habla de Hannah (Lena) y de sus otras tres amigas, unas chicas neoyorkinas que intentan sobrevivir en la Gran Manzana. Marni es una mujer preciosa, disciplinada, organizada pero cuya vida parece ser un desastre. En su cabeza sabe cómo tiene que ser, pero luego se revela contra ella misma haciendo cosas que no son propias de una chica de su clase. Shosh es una especie de bicho raro, vive en su mundo de cosas extrañas y parece que es la más inocente de las cuatro. Jessa está como una cabra; hace lo que quiere cuando quiere. No tiene límites. Y luego está Hannah, una chica que se sale de todos los estereotipos imaginables. Está gorda y no es que sea una preciosidad; pero a ella, le da lo mismo. De hecho, creo que no hay ni un solo capítulo en el que no enseñe una teta, por ejemplo. No tiene ningún complejo, se muestra tal y como es. Y eso es lo que me encanta de esta serie. Cuando veo Girls sé lo que me voy a encontrar: un grupo de chicas que bien podrían ser sacadas de cualquier barrio y que se muestran al natural. Y esto, señores, es algo que a muy poca gente le gusta. Cuando termino un capítulo, suelo leer los comentarios que los demás dejan por Internet y solo puedo decir una cosa: ¡alucino! El 99% de ellos habla mal de Lena Dunham: que si está gorda, que si no debería enseñar las tetas porque las tiene muy feas, que si debería depilarse el coño (sí, también lo enseña bastante a menudo), que debería hacer dieta, que no está bien que muestre su cuerpo en la serie… y en cambio de los desnudos de la actriz que hace de Marnie, nadie dice nada. Porque ella es perfecta. ¿Pues sabéis qué? ¡bravo por Lena y por sus tetas imperfectas!

Y os preguntaréis por qué estoy haciendo aquí una crónica de una serie que no viene al cuento… pues bien, sí que viene. Y mucho. La charla es como una antesala de las series como Girls. Es una novela-reality. Os pongo en situación: Linda Rosenkrantz, allá por los años sesenta decidió hacer una especie de experimento. Se fue con su grabadora a una zona de veraneo y se dedicó a grabar conversaciones y conversaciones de tres amigos. Sacó tantas horas de grabación, que el primer original del libro tenía más de 1.500 páginas. Tras duros años de trabajo, consiguió reducir ese manuscrito a lo que hoy tenemos en nuestras manos. Con una sola condición: no iba a manipular ni a modificar ninguna de las conversaciones. Lo que leemos en esta obra es exactamente lo que se habló en aquella playa de East Hampton en los años sesenta. Y se hablaba con sinceridad, sin filtros ni tapujos. Un poco como lo que hace Lena Dunham en su serie.

Hay una anécdota sobre La charla, y es que uno de los primeros editores que lo leyó dijo que era de “una obscenidad asquerosa”. Este señor, obviamente, no llegó a editar la obra. Así que Linda Rosenkrantz tuvo que buscar otro cauce para su publicación. Y al final lo consiguió. Y gracias a eso hoy podemos disfrutar de una obra sincera y natural que hará que veamos los realities de otra manera. En ella encontraremos temas de toda clase: sexo, drogas, filosofía, arte… para todos los gustos, vaya.

Esta novela me recuerda un poco a esas noches desinhibidas en las que el alcohol y las estrellas hacen que la filosofía sea una más en la mesa. Esos momentos en los que nos creemos capaces de solucionar el mundo. Pero cuando nos levantamos al día siguiente vemos que todo lo que estábamos diciendo era una soberana estupidez. Pero lo bueno de esas charlas, es que hablamos libres. Hablamos sin miedo al qué dirán, a ser juzgados, a no gustar a los demás. Nos da igual. No hay nada más bonito que la libertad. Y no hay nada más bello que el que tienes al lado te escuche con esa libertad dentro de su cerebro. Hablemos más y más alto. Eso es lo que nos dice Lena. Y también lo que proclama Linda en su libro. Quizá no solucionemos el mundo, pero habremos hablado libres. Que al final, es lo que importa.

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Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película, de J.K. Rowling

Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película

Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la películaPues sí, estoy aquí otra vez para hablaros de Harry Potter. Qué extraño, ¿verdad? Pero es que no lo puedo evitar, veo que se pone algo en venta relacionado con la saga más maravillosa que se ha escrito en todos los tiempos (obvio) y no puedo más que hacerme con ello. Esta vez ha sido Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película. Como su nombre indica es el guión de la película que se estrenó en noviembre de 2016 y que dejó con la boca abierta a medio mundo.

Cuando se emitió la octava película, Las reliquias de la muerte, segunda parte, todos los fans de la saga nos quedamos con un sabor agridulce. Fue un final más que digno y la película estuvo a la altura de las palabras de J.K. Rowling, o al menos a mí me lo pareció. Pero, por otra parte, se cerraba un capítulo de nuestras vidas. Vale, podríamos volver a ver las películas todas las veces que quisiéramos y hacer maratones de fin de semana una y otra vez (sí, es algo que hago al menos una vez al año). Pero no volveríamos a sentir la emoción que se siente cuando estás esperando en la cola del cine para ver a tus personajes favoritos, ni imaginando cómo será, si la adaptación ha sido buena y si saldrás con ganas de volver a entrar en la siguiente sesión. Pero entonces, la escritora inglesa nos dio la noticia que todos estábamos esperando: la magia de Harry Potter volvería a la gran pantalla, pero esta vez encarnada en la piel de Newt Scamander, un magizoólogo nacido mucho tiempo antes que El niño que sobrevivió y que decide emprender un viaje a Nueva York, en busca de información sobre las criaturas mágicas que guarda dentro de su maleta. Una vez allí, descubre que un mal acecha la Gran Manzana y se ve envuelto en una aventura junto con otras dos brujas y un muggle.

Leer el libro es como ver la película. No hay que olvidar que es el guión de esta, por lo que en el libro no encontraremos más de lo que ya vimos en la gran pantalla. Aun así, es algo que merece la pena tener y leer con detenimiento. Recuerdo que cuando vi la película estaba tan emocionada que pasé muchos detalles por alto. Tenía tantas cosas que ver y que comentar con Óscar —mi gran amigo y cuyo fanatismo por Harry Potter se puede asimilar al mío— que muchas cosas se quedaron en el aire. Pero, al leer el guión original, he podido detenerme en todos los detalles, con la ventaja de que estaba visualizando todo el rato la película y sus personajes.

Volviendo a la historia de Newt Scamander (que me voy por las ramas y no me decís nada), tendremos que tener en cuenta que esta es la primera parte de una saga. Hasta ahora se ha dicho que va a estar compuesta por otras cuatro películas —que no sé si también llevarán su guion original pertinente publicado—. Y sobre todo, tendremos que tener muy presente la historia de Albus Dumbledore, director de Hogwarts, que se cuenta en el último libro de la saga original. Tampoco podremos perder de vista a Grindelwald. Y si no os suena este nombre, más os vale revisar la saga, porque si no os perderéis una de las cosas más importantes de este libro. A mí ya se me ocurren una serie de teorías que no voy a comentar por aquí porque no quiero hacer ningún tipo de spoiler, pero estoy deseando ver cómo continúa la historia para saber si mis hipótesis son ciertas o no. Aunque para eso me temo que tendré que esperar a 2018, año en el que saldrá la segunda película.

Para mí volver a Hogwarts es siempre una alegría. Aparte de que Harry Potter y la piedra filosofal fuera el primer libro que leí “en serio”, teniendo unos nueve años es la historia que me hizo soñar durante toda mi infancia. Y, sobre todo, la que me animó a escribir. La saga llenó mi cabeza de historias, de cuentos, que quería que todo el mundo conociera. Fue entonces, con unos diez años cuando decidí que quería ser escritora y que quería que los personajes que rondaban por mi cabeza cobraran vida algún día. Todavía no he podido ver mi sueño cumplido, pero espero que algún día una de mis historias haga tan feliz a alguien como a mí me hace Harry Potter.

 

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La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig

La impaciencia del corazón

La impaciencia del corazónLa compasión es un sentimiento muy peligroso. De hecho, sentir compasión por alguien a veces tiene una connotación negativa. Que alguien te dé pena es malo. Es incluso ruin. Porque solo se siente compasión por alguien es inferior a otra persona en alguna circunstancia en concreto. Y eso puede dar lugar a que nos creamos superiores y nos haga mostrarnos vanidosos. Y eso algo que es así. Cuando pensamos en una persona que nos da pena, es porque no tiene la suerte que tenemos nosotros. “Pobrecillo, no viste de marca, no tiene pareja, sus hijos no le quieren, ha tenido un accidente, no tiene trabajo, tiene un trabajo de mierda…”. La compasión, como vemos, se puede aplicar a diferentes ámbitos pero siempre implica una cosa: el que la siente, se cree (voluntaria o involuntariamente) mejor que el otro.

Esta es la idea con la que Stefan Zweig juega cuando narra La impaciencia del corazón, o La piedad peligrosa, título con el que también se conoce a esta obra. Y este último título quizá sea incluso más adecuado que el primero que he nombrado, porque esta obra habla de la piedad que siente el teniente Anton Hofmiller cuando conoce a Edith, hija del gran magnate de origen húngaro Lajos von Kekesfalva. Y siente esa compasión por ella porque esta joven sufre una grave parálisis que le impide andar. Ella se enamora perdidamente de él y con el paso del tiempo el teniente empieza a corresponderla, pero lo que no sabemos es dónde empieza el amor y dónde termina la piedad. No sabemos si está con ella porque es incapaz de decirle que no a una pobre chica paralítica o si realmente la ama con todo su corazón. Toda esta historia, por si fuera poco, está contextualizada casi al comienzo de la Primera Guerra Mundial, por lo que la decadencia del Imperio Austro-Húngaro —que parece inminente— inunda la atmósfera con un tinte trágico. A pesar de ello, contra todo pronóstico, lo importante de este libro no es la Gran Guerra en sí. No es un libro histórico en el que la guerra sea el eje principal. De hecho, cuando estalle la batalla, nosotros apenas nos daremos ni cuenta, pues Zweig la introduce en la narración de una manera muy sutil. Lo importante son los personajes, desarrollados exhaustivamente y que abren su alma al lector.

De este escritor austriaco se ha dicho que “su habilidad para comprender el sufrimiento de las personas era formidable”. Y yo añado: no solo para comprenderlo, sino también para transmitirlo. Porque su narración es desgarradora. Crea una atmósfera perfecta con lo que parece una facilidad innata.

Lo que está claro es que los humanos somos compasivos. No podemos evitar sentir pena por los demás. Incluso muchos la sentimos por los animales. Parece que tiene una connotación negativa, como decía al principio. De hecho, no sé si el teniente Hofmiller se hubiera prometido con Edith si esta no hubiera estado enferma. No lo sé y ¿sabéis qué? Prefiero no pensarlo. Porque la compasión también ha movido montañas. De no existir esta, nadie habría fundado jamás una ONG; las perreras serían cosa de la ficción. Y no hablemos de los orfanatos. Será que yo intento buscarle la cara amable a todo lo que me rodea. Pero Hofmiller tendrá que batallar con estos sentimientos, desgranarlos hasta reducirlos al mínimo, para poder comprender si realmente ama a Edith o si ha sido la presión social y el estado de la joven lo que le ha llevado a ese enamoramiento.

Es una novela para leer sin impaciencia, poco a poco. Es densa a ratos pero llega un momento en el que se convierte en algo que no podemos dejar escapar. La impaciencia del corazón o La piedad peligrosa, si lo preferís, es, en pocas palabras, una obra maestra que debería hacernos reflexionar a todos, compasivos o no, sobre nuestros propios sentimientos.

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La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera

La insoportable levedad del ser

La insoportable levedad del ser“Pero luego se acordó de que ayer, poco después de aparecer él en la puerta de la casa, sonaron en una iglesia de Praga las seis de la tarde. La primera vez que se vieron, ella terminaba de trabajar a las seis. Lo había visto sentado en el banco amarillo y había oído sonar las campanas de la torre.

No, no fue la superstición, fue su sentido de la belleza lo que la liberó de la angustia y la llenó de ganas de vivir. Los pájaros de la casualidad volvían a posarse en su hombro. Tenía lágrimas en los ojos y estaba inmensamente feliz de oírle respirar a su lado”.

No soy muy dada a empezar las reseñas con citas. Pero hay veces que, después de leer un libro, este me parece tan asombroso y tan deslumbrante que me resulta muy difícil empezar a hablar de él. Por eso he querido comenzar con una cita. Para no romper la magia que se ha creado a mi alrededor y que se quedará conmigo un tiempo, aunque ya haya cerrado las tapas de esta obra maestra para siempre.

La insoportable levedad del ser es una historia de amor. Pero no os imaginéis una novela empalagosa y llena de clichés. No, es una crónica real. Sin idealizar, mostrada al natural y sin adornos. Los protagonistas son Tomás y Teresa, dos checos coetáneos de la década de los sesenta y que verán cómo las tropas rusas van avanzando filas por lo que antes era su hogar. Tomás tiene dentro de su cabeza casi tantos conflictos como los que existen en la Europa oriental de aquella época. Y todos los problemas se reducen en uno: las mujeres. Ama a Teresa con toda su alma, pero es incapaz de no estar con otras mujeres. Entre ellas, se encuentra Sabina, una joven artista que ve el mundo desde una perspectiva muy particular y que descubrirá, con el paso de las hojas, qué significa la insoportable levedad del ser.

Si por algo me ha encantado esta obra, ha sido por sus constantes alusiones a la filosofía. Rápidamente identificaremos la idea del eterno retorno propuesta por Nietzsche, por ejemplo. Milan Kundera, escritor de origen checo, aborda los problemas existenciales a los que los humanos plantamos cara día a día, deleitándonos con frases tan exquisitas como la que apuntaba al principio.

Hacía tiempo que tenía este libro entre mis pendientes; formaba parte de esa lista interminable de obras que quiero leer pero para las que nunca encuentro el tiempo necesario. Porque este libro hay que leerlo con calma, saboreándolo, exprimiendo cada frase que Kundera nos regala y, sobre todo, teniendo un lápiz a mano para subrayar todas esas citas que deberían formar parte de nuestra vida.

Un amigo mío me recomendó su lectura muy efusivamente. Cuando le dije que me disponía a leerlo, me dijo: “es la historia de amor más bella que he leído nunca”. Yo no sé si la calificaría de bella. No es una narrativa feliz; hay dolor, hay llanto y hay lágrimas literales que rodaron por mis mejillas al llegar al final de la historia. No sé si eso es bello. Lo que sí es, es emocionante y desgarrador. Gracias a Kundera he descubierto que hay muchos tipos de amor. Que se puede querer de muchas formas y que tal vez todas sean válidas. No sé, quizá una guerra de por medio hace que uno se replantee las cosas.

Lo que sí tengo claro es que este libro ha ascendido hasta encontrarse entre mis cinco favoritos. Y es curioso que, cuanto más me gusta un libro, más me cueste hablar sobre él. ¿Os identificáis con esa sensación de que os gusta algo pero no sabéis por qué? Eso me pasa a mí con La insoportable levedad del ser. Por eso, voy a terminar esta reseña tal y como la he empezado: citando una de las frases que he subrayado:

“Aquel que quiere permanentemente “llegar más alto” tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. ¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? Pero ¿por qué también tenemos vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantado”.