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Todos nuestros presentes equivocados, de Elan Mastai

Todos nuestros presentes equivocados

Todos nuestros presentes equivocadosSeguro que alguna vez ha rondado por tu cabeza la idea de que escribir sirve para ordenar, organizar e incluso entender o comprender mejor. Pero yo a veces me pregunto: ordenar, organizar, entender, comprender, ¿qué? En Todos nuestros presentes equivocados, Tom Barren, protagonista y narrador, escribe para intentar comprender su pasado, o sus pasados. Ya lo entenderás. Escribe para intentar comprenderse, para poner sobre la mesa todas las cartas que llevan dibujada su cara, su apellido y su historia. Dice la faja del libro que estamos delante de «una novela como nunca has leído ninguna». También dice que ya está en traducción en 24 países. Y yo digo: es verdad y es normal.

Todos nuestros presentes equivocados, publicado recientemente por Alfaguara y traducido por Mariano Peyrou, es la narración de muchas de las capas que tiene una vida. Me explico: todo empieza con un telón de fondo futurista pero fechado en 2016 con ciudades idénticas a lo que nosotros imaginaríamos si nos dijeran que pensásemos en una ciudad futurista. El mundo ha cambiado por un hecho ocurrido en 1965. Los habitantes del 2016 tienen la oportunidad de viajar a ese momento por primera vez y conocer en vivo al personaje más importante de la historia, el impulsor del cambio: Lionel Goettreider. Tom Barren, por casualidades de la vida que el libro nos enseña que no lo son tanto, acaba siendo el primero en viajar a ese instante. A partir de ahí cambiará todo. Creo que incluso tú.

Imagina que vuelves al pasado, que cualquier cosa que hagas puede cambiar tu presente y que no eres especialmente hábil en la vida. La lías y todo se trastoca. Y entonces, ya no eres Tom Barren y nada es igual. Pero tú sigues pensándote de la misma forma. Eres tú en la mente y el cuerpo de otro, que se parece mucho a ti. Y no sabes si volverás a tener la oportunidad de recuperar tu primer presente o si tendrás que quedarte en ese nuevo segundo presente. ¿Y si hay tres? ¿Y si hay más?

Elan Mastai consigue plantear preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez y que siempre son los buenos libros los que las recuperan. ¿Quién soy? ¿Qué es lo que veo? ¿Qué es todo? Preguntas sin respuesta que se alimentan de no tenerla. Tom Barren, con conciencia de autor, escribe lo que para él son unas memorias, las suyas, con el fin de comprender qué ha pasado, quiénes y cuántos han pasado por su mente, quién ha logrado quedarse a vivir en ella, quién se ha marchado, quién sigue con él, quién es él. Con gran cantidad de juegos narrador – autor y un profundo dominio del manejo oscilante entre lo técnico y lo coloquial, Mastai consigue hilvanar, con capítulos cortísimos cargados de cliffhangers, algo que dará mucho que hablar. Y más sabiendo que habrá película de ello.

Me gustan los libros que te hacen pensar y más todavía aquellos que te sacan del sitio, que te suben o te bajan y te hacen mirar las cosas desde la distancia, que es donde todo se ve mejor. Me gusta que un libro me despeine, que me cargue la cabeza, que me diga que todavía hay cosas nuevas, mundos por explorar, caminos por recorrer, historias por contar. Me gusta que haya libros que me enganchen y sobre todo me gusta que haya libros que se atrevan a decirme que estoy equivocado. Como este, que se levanta a tu altura, te mira a los ojos y te dice que no estés tan relajado en el presente que vives, que quizás hay otro como tú buscándote, que quizás, dentro, a oscuras, hay otros como tú esperándote. Eso sí, aunque los libros ayuden al empujón, solo tú serás quien decida si encender la luz. Yo la he encendido, y de momento no la quiero apagar. Esto marea pero mola. Elan Mastai mola. Mucho.

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El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

El corazón de las tinieblas

El corazón de las tinieblasVoy a contar algo: empecé a tener vértigo cuando fui por primera vez a Nueva York. Fue mirar hacia arriba paseando por sus calles y sentirlo. Me sentí muy pequeño. Desde ese día no he podido superar el vértigo. Lo extraño es que en realidad sí lo había sentido alguna otra vez antes, pero nunca paseando y muchos menos mirando hacia arriba. Lo había sentido, como lo he sentido estos días, con libros firmados por figuras que me hacen sentir pequeño. Joseph Conrad es una de ellas. Y yo pienso: ¿quién soy yo para hablar de esto? Hoy toca El corazón de las tinieblas, publicado por Navona en su colección Ineludibles y traducido por Juan Gabriel Vásquez.

Creo que esto ya lo he contado alguna vez pero viene muy al caso: un día leí una extraña novela en la que al protagonista, que también es el narrador, se le caen los ojos al suelo y se los vuelve a colocar. Pero – ¡vaya! – se los pone al revés y sin darse cuenta, en vez de narrar lo que hay fuera empieza a narrar lo que hay dentro. Y tengo la sensación de que eso es lo que ocurre en este libro. Joseph Conrad nos sube a un barco de esos que tanto le gustaban y nos hace sentarnos frente a Charlie Marlow para escuchar su historia. Este nos cuenta su aventura en el África colonial como capitán de un vapor belga. Pero esa historia es en realidad una bajada al inframundo humano. Nos topamos con la bajeza, la mediocridad que todos tenemos dentro, el rasgo salvaje que a todos nos marca. En ese viaje en barco al cuadrado, vivimos la diferencia entre el colonizador y el colonizado contada a través de los ojos del ganador. Ganador en principio, porque lo ontológico no puede combatir nunca en una batalla física.

Marlow va en busca de Kurtz, un agente colonial inmerso en la selva que se ha convertido en dios de los nativos. Esa búsqueda «en medio de la desmoralización de aquella tierra» golpea la mente de Marlow, al igual que ha golpeado la de los demás. Nadie sale victorioso de allí, aunque se esté formando parte del lado vencedor. Subido al vapor, que por momentos es su único amigo, Marlow va al encuentro de una figura misteriosa que por alguna razón le atrae impulsiva e incontroladamente. Y la encontrará. Ese viaje hacia las tinieblas, tanto externas como internas, producirá un cambio en él, una transformación. Cualquier viaje curte, hace callo.

El corazón de las tinieblas es eso, un viaje, y por suerte para nosotros, literario. Los libros son avisos de lo que nos podemos encontrar y este es un espejo que refleja la parte que no queremos ver de nosotros mismos. Todos contamos con nuestra dosis de crueldad, todos mataríamos por nosotros, todos seríamos todo si tuviéramos que serlo, si no hubiera alternativa. Pero la hay, y consigue que nos pongamos en situación solo con el libro abierto, en cuanto lo cierres ya todo seguirá igual. Sí, la hay: es leer.

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Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama

Un grito de amor desde el centro del mundo

PUn grito de amor desde el centro del mundoublicada por primera vez en España en 2008, Un grito de amor desde el centro del mundo llega de nuevo a nuestras librerías de la mano de Alfaguara con un mensaje en su faja que seguro que conseguirá que muchos la compren: «La novela japonesa más leída de todos los tiempos». Kyoichi Katayama, que ha superado en ventas a Haruki Murakami, ha conseguido ocupar los dedos de toda una generación de jóvenes japoneses en pasar sus páginas con la historia que nos cuenta directamente Sakutaro Matsumoto, alguien que clama al cielo vivir en un país donde no exista la enfermedad.

Un grito de amor desde el centro del mundo es la narración de una ruptura obligada, una ruptura que llega porque tiene que llegar pero que deja un poso infinito y eterno en quien la narra. Este es Sakutaro – a quien Aki, su amada, llama cariñosamente Saku-chan –, un joven que roza la mayoría de edad y que conoce por primera vez el amor, ese amor que se descubre al cerrar tu taquilla del instituto y encontrarte con unos ojos que por primera vez desprenden hacia ti una red, una red cordial, que deja marca, huella. La historia se nos cuenta en cuatro tiempos que se van mezclando: el inicio de todo, el durante, el después reciente y el un poco más después. La relación entre Sakutaro y Aki crece en paseos, clases y besos furtivos. Y termina, como todos los grandes amores. Todo termina. Pero en este caso el final es excepcional y, a diferencia de su abuelo, quien perdió también, aunque de manera distinta, a su primer amor, Sakutaro deberá decir adiós a Aki para siempre, o por lo menos para ese siempre que nos ofrece la conciencia del presente sin poder imaginar, pensar o creer en que hay un reencuentro posterior, un beso de nuevo, un amor – ese sí – para siempre.

Toda una generación de jóvenes en Japón ha quedado prendada de la historia que narra este libro, un libro que se lee en un día, que pasa rápido y que se olvida lento; un libro que duele pero que a la vez consigue que, por lo menos por un rato, cuando lo cierres mires a la persona que hay a tu lado y sientas la fortuna de seguir teniéndola ahí. Aunque esa persona seas tú. No siempre se está y no siempre se va a estar, es por eso que el mejor camino a tomar es el de exprimir el instante, beber hasta la última gota de una copa que siempre acaba rota.

Un grito de amor desde el centro del mundo está bien, aunque sigo prefiriendo a Murakami. Pero eso sí, había un pensamiento que me asaltaba mientras lo leía y que no puedo evitar dejar aquí escrito: ojalá me hubieran dado a leer este libro en secundaria, una época en la que la lectura se enquista en la parte cerebral del odio como algo aburrido – ¿quién diablos escoge esos libros? –, obligado y olvidable. Este sí vale la pena, aunque haya veces que las bromas, los chistes, las referencias culturales o geográficas nos puedan quedar un poco lejos – y suerte de Lourdes Porta, la traductora, que ofrece pinceladas a pie de página sobre lo más complicado de entender –. Pero aunque está escrito a miles de kilómetros de aquí, lo que se cuenta es algo universal, común a todos los mortales; ¿o acaso tú nunca has perdido a nadie a quien amabas?

El primer amor, el primer desamor, la primera pérdida y la primera superación de esta – si es posible alguna vez superarla -. Todos hemos sido jóvenes, todos hemos dicho adiós, todos nos hemos visto gritando en silencio al amor perdido desde el centro del mundo, de nuestro mundo. A veces un libro ayuda, ¿será este?

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Messigráfica, de Sanjeev Shetty

Messigráfica

MessigráficaEs probable que, estando en una librería, hayas escuchado o incluso dicho alguna vez esa frase de «ya hay libros de todo». Si es así, estoy casi seguro de que al ver de qué trata este libro también lo dirás. Sí, es un libro donde se detallan a fondo todos los números de Messi. ¿Por qué de él? Porque, como defiende el propio autor, es el mejor jugador del mundo. Creo que de eso no hay duda. Yo añadiré algo más y acarreo con las posibles consecuencias: es el mejor de la historia.

En Messigráfica, un libro que se ofrece como la «Historia ilustrada del mejor jugador del mundo», encontramos todo tipo de estadísticas y comparaciones siempre centradas en la figura del argentino. Máximos goleadores de la historia con él como epicentro, máximos goleadores en un año natural, jugadores más veloces, más ligeros, jugadores más influyentes en Messi, zonas más habituales de juego, zonas de mayor influencia, minutos más habituales de gol en cada una de las competiciones, etc. Con esto ya te debes de poder hacer una idea de lo que hay dentro del libro. Pero no todo son números y es que el autor, Sanjeev Shetty, reputado periodista de la BBC, también añade la historia de Messi, habla de su trayectoria y su carrera futbolística siempre dejando un toque personal característico, el de quien tiene la opinión o la certeza de que nunca ha visto un jugador igual. Yo tampoco.

Shetty, a quien podríamos comparar con la figura española de MisterChip, trata también todos los datos en función del momento del jugador. Habla de los periodos de lesiones en relación a esos datos, incluso da sus razones del porqué de ese breve periodo sombrío: el querer jugarlo todo. Y todo ello acompañado de imágenes a todo color. Es cierto que probablemente se te haga raro – a mí también me ha pasado – encontrar una Messigráfica cuando el jugador aún está en activo. Imaginaba incluso que mientras lo leía los goles de Messi ya habrían crecido, igual que las asistencias, los minutos jugados, los kilómetros recorridos, los balones tocados. Pero el libro ya ha salido, es inevitable tenerlo en las librerías y por ello, si te gusta el jugador y, sobre todo, si te gusta la estadística en el fútbol, es una buena idea comprarlo.

Vale, entiendo que el fútbol sea aquello que nos distrae de problemas más gordos, que sea el archifamoso opio del pueblo. Pero dime, ¿y cuando lees una novela no lo haces también para distraerte, para evadirte, para ponerte por un momento en la piel de otro? Eso es el fútbol, una bocanada de aire, un abrazo colectivo que dura un rato, un grito desestresante antes de volver al mundo en el que estamos. Pero, eso sí, sin olvidar que hay que volver. No nos convirtamos en Don Quijotes del fútbol. Cada uno debería ser libre de escoger su distracción porque cada uno necesita tener la suya. Y cuando la encuentras, conseguir sacar de ella lo que te produzca una sensación de belleza, de arte, de pasión, incluso de amor. Eso pasa con el fútbol, y con miles de cosas más. Ahora piensa, ¿cuál es la tuya?

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«Kalila y Dimna» y otras fábulas del «Panchatantra»

Kalila y Dimna

Kalila y DimnaImagina que te dijera que no tendríamos El Quijote si no fuera por el Kalila y Dimna. ¿Qué pensarías? Pues poco voy a hacerte imaginar porque en cierta medida esto es así. Y hablo de El Quijote como podría hablar de tantas obras que para nosotros son ya casi sagradas y que en parte son genialidades surgidas a partir de la lectura de clásicos tan fundamentales como este. Pero hablo de El Quijote, porque es el que más se merece unas palabras y porque sí. El Kalila y Dimna, que coge su nombre por fuerza popular de una de las fábulas que contiene el libro, llega renovado a las librerías cortesía de Acantilado en una rejuvenecida edición traída lo más cerca posible a nuestros días por parte del escritor Ramsay Wood.

Con un estilo renovado en el que Wood – y no olvidemos también la parte de “culpa” de la traductora Nicole D’Amonville Alegría – da una mano de pintura fresca y joven a unas fábulas que cuentan con cerca de dos mil años, este Kalila y Dimna se erige como una genial opción para tener un libro en la estantería que te asegure que tus hijos te escucharán cuando se lo leas. Y es que lo que incluye esta obra son fábulas desgranadas del Panchatantra hindú que han ido evolucionando a lo largo de los siglos hasta llegar a nuestros días, punto que no será su destino sino una parada más en el eterno presente que envuelve a este libro.

Es difícil encontrar algo a nuestro alrededor que no pase de moda. Y es por eso que causa felicidad al cuadrado encontrarse con la certeza o con la posibilidad de que en varias ocasiones esto sí suceda con ciertos libros. Las fábulas que contiene el Kalila y Dimna son siempre contemporáneas, son el espejo de la humanidad que nos desborda y que nos lleva desbordando desde el inicio de nuestra era, aunque yo no sepa cuál es esta. Vemos, cuando nos fijamos en los sofás de nuestros días, a niños viendo a animales parlantes en la televisión que han pasado primero por nuestra supervisión para decidir si eso era adecuado o no para ellos. ¿Alguna vez te has parado a pensar qué contiene el concepto «adecuado»? Lo que contiene no es más ni menos que la seguridad o la opinión de que aquello puede servir para formar a quien lo está viendo. ¿No es ese el objetivo principal del Kalila y Dimna?

Con ilustraciones de Margaret Kilrenny y G.M. Whitworth e introducido por Doris Lessing, esta nueva edición de Acantilado es una apuesta segura para todos aquellos que aún confíen en la posibilidad de dormir – ojalá no se durmieran – a sus hijos leyéndoles algo que crezca en sus mentes mientras sueñen. Las fábulas de este libro crecieron a lo largo de la Historia a través de los cuentistas, los traductores, los editores o cualquier persona que algún día escuchó o leyó alguna de ellas y se la contó a su pareja, a su hijo o hija, a su vecino, a él mismo. El Kalila y Dimna es uno de esos libros que ya no es de nadie pero que ha extendido sus brazos para ser de todos. Y yo no puedo decirte mucho más que esto: si en algún momento de este rato en el que has estado leyendo lo que yo he escrito – gracias por ello – has pensado que sí, que quizás tengo razón, que quizás este libro sería bueno para tus hijos – lo es –, quiero avisarte de algo, cuando hablaba del niño que dormía y soñaba me refería a ti – y a mí –, no me importa la edad que tengas.

Mientras escribo estas líneas está España sacudida por una tremenda ola de calor. Y quiero hacer caso a Doris Lessing cuando habla del libro como un «océano de cuentos» – por esa estructura de matrioskas o de cuento dentro de cuento que tiene – y bañarme en ellos, dejarme empapar por la frescura que ya tienen de por sí y por el suplemento que le ha inyectado Ramsay Wood. Y lo intento, pero es cerrar el libro y seguir muriéndome de calor. No entiendo muy bien cuando Doris Lessing dice: «todo está aquí». ¿Dónde?

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Manual de remedios literarios, de Ella Berthoud y Susan Elderkin

Manual de remedios literarios

Manual de remedios literariosProbablemente hoy vaya a hablar del libro que más puedes tardar en leerte de todos los que hay en el mercado. Y no porque sea infumable o tenga cien mil páginas o cuente con infinitos volúmenes, no, lo digo porque a cada página – o ni eso – aparecen una, dos, tres nuevas lecturas que apuntar en esa lista que todos tenemos interminable, inalcanzable, imposible para nuestra capacidad lectora. No somos eternos pero nos da igual. Empezarás este libro, te interesarán todos los libros de los que te hablan, y seguirás apuntando nuevos títulos a tu lista de pendientes. Hoy hablo de Manual de remedios literarios, un libro que ofrece la cura en forma de libro para centenares de dolencias, tanto físicas como espirituales y que llega a las librerías de la mano de Siruela y Círculo de Lectores.

Ella Berthoud y Susan Elderkin, ambas biblioterapeutas, han conseguido crear una lista de lecturas para cualquier mal que se te pueda presentar en la vida. Y digo cualquiera porque hay de todo: resaca, dolor de muelas, crisis económica, cumpleaños, miedo a la vida, no sé, incluso te recomiendan libros por si se te ha quemado la cena. Y todo desde un punto de vista, desde un trato, que ojalá tuviéramos en las consultas de nuestros centros médicos. ¿Alguna vez te has reído con un doctor? Enumerar cada una de las lecturas o cada uno de los males que presentan sería inútil por inalcanzable, pero ya os digo que merecen mucho la pena. Pasan por todo, lecturas para niños, para adolescentes, para adultos que quieren volver a ser niños, para niños que ya quieren ser adultos, para adultos que quieren sentirse como tal, para aquellos que no quieren llegar a ancianos, etc. Desde clásicos hasta novedades que han salido en el último año. Deporte, nutrición, estudios, trabajo, vida social, aficiones, todo tratado a modo de diccionario de la A a la Z y dividido en dolencias, en males.

A todos nos duele algo, eso es inevitable y seguramente a todos los que nos encontramos por aquí nos gusta leer. Pues entonces, ¿qué mejor que unir ese mal que tenemos a un buen libro? Yo te recomiendo que olvides por un rato tu lista de lecturas pendientes y poco a poco vayas masticando este libro. Cógelo, busca lo que concuerde con lo que sientes en ese momento, mira qué libro o libros recomiendan para ello y entrégate a la lectura.

Manual de remedios literarios es sin duda uno de esos libros que puedes tener siempre en tu mesilla de noche, o en tu escritorio, o en el coche, pero siempre a mano, y coger siempre que sientas que necesitas explicación a algo que en ese momento te recorre por dentro. Solemos enamorarnos de un libro cuando nos parece que habla por nuestra boca, cuando notamos que eso mismo que está diciendo es lo que tú dirías si tuvieras el talento de su autor. Pues aquí te lo ponen más fácil. Ya no vas a tener que maquillar tus explicaciones al librero de turno para explicarle que lo que quieres es un libro que te ayude a olvidar a tu ex, ya no tendrás que irte por las ramas para solo querer decir que quieres un libro que te acompañe los domingos de resaca, ya no tendrás que dar mil vueltas por las librerías rezando para que el libro que buscas pero que no sabes ni cuál es ni cómo se titula te encuentre por arte de magia. Ya no, porque ahora tienes un manual que te pregunta qué es lo que te pasa y te pone en bandeja lo que tienes que ir a buscar, lo que te va a curar, lo que te va a salvar. Un libro genial.

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Putas asesinas, de Roberto Bolaño

Putas asesinas

Putas asesinasRecuerdo leer la contraportada del libro con ese «el mejor Bolaño» entre otras frases de promoción y pensar que era solamente esto, pura promoción de un libro que ya se conoce del autor, que ha sido reeditado por otro sello y que busca volver a venderse. Y me da rabia tener que decirlo – no sé por qué me la da pero me la da – pero es que es cierto, es Bolaño en estado puro. Si en la reseña de El espíritu de la ciencia-ficción dije que se empezaban a ver los rasgos de lo que sería Bolaño poco tiempo en adelante, aquí no puedo más que decir que nos lo encontramos en todo su esplendor, sin olvidar que fue este su último libro de cuentos publicado en vida. En Putas asesinas los dedos de Bolaño siguen riéndose de todos nosotros. Los dedos, él no, él nunca rio.

Cuando leo a Bolaño me es inevitable compararlo con lo que yo veo que es la vida: algo así como una película en la que te han hecho spoiler pero que de todas formas en cada uno de sus giros te sorprende y siempre, siempre, pero siempre, te da la sensación de que oculta algo. Sobre todo esto último. Leer a Bolaño es saber que habrá cosas inalcanzables, para ti, para mí, para todos, cosas inalcanzables que te golpean mientras lees, que te estiran de la camiseta, que te dan pellizcos y que se burlan de ti porque saben, porque están seguras de que nunca llegarás a descifrarlas. Acabas de leer, pasas la página, vas al siguiente relato y ves cómo esas cosas se van quedando en el relato anterior mientras te dan un último adiós burlón. No sé cómo lo hace pero lo consigue en cada uno de sus libros. Y tú te enganchas.

Hablo de relatos, sí, porque es lo que contiene este libro. Putas asesinas son doce relatos con título cogido del séptimo de ellos. Vamos a encontrar putas, claro, probablemente como él las veía al salir de su casa en el Carrer Tallers de Barcelona. Pero este es un punto anecdótico. Porque detrás del hijo que acompaña a su padre de vacaciones, detrás de B, detrás de Arturo Belano, detrás de Buba, detrás de los niños castrados, detrás de las propias putas está ese algo más que es lo que te lleva a seguir leyendo a Bolaño. Te olvidas de que te hace gracia que use iniciales en sus personajes a lo Kafka, te olvidas de que muy probablemente haya mucho de autobiográfico en lo que te está contando, incluso llegaría a decir que te olvidas de ese narrador socarrón que se burla incluso de su propia narración y duda de ella y te hace dudar a ti, y juega contigo. No importa tanto lo que cuenta sino cómo lo cuenta o mejor dicho, cómo cuenta lo que no cuenta.

Coger Putas asesinas es como coger un caleidoscopio y poner el ojo en él: vas viendo toda una heterogeneidad de figuras o incluso, si te pones romántico e ingenioso, de historias pero siempre desde un mismo objeto que es el que tienes entre manos. Iba a decir que cada libro de cuentos de Bolaño es un caleidoscopio distinto que ofrece figuras distintas que convergen siempre en un mismo punto, un punto desconocido, alephiano, imposible. Pero no, hagámoslo más grande: todo libro de Bolaño es un caleidoscopio, da igual que sea de relatos o no. Porque al igual que en sus relatos, en sus novelas Bolaño también sabe cambiar el terreno, sorprenderte, dejarte – como diríamos – en bragas.

Yo siempre recomiendo leer a Bolaño y parece que ahora Alfaguara se pone de mi parte llegando con fuertes pisadas a las librerías, para que lo veas, para que te intereses en su nombre y quizás te digas, ¿pero este no era el que publicaba con Anagrama? Y quizás solo por eso cojas su libro, lo hojees y, de repente, te des cuenta de que tu vida ha cambiado. Bolaño es capaz de eso y de mucho más, pero yo, perdonadme, aún no he sabido descifrar ese “mucho más”. Lo reconozco, soy un simple títere de Roberto Bolaño.

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El mejor de los pecados, de Mario Benedetti

El mejor de los pecados

El mejor de los pecadosMe eduqué en un colegio en el que cada mañana al entrar el primer profesor a clase teníamos que levantarnos de las sillas y rezar un ‘padrenuestro’, con las posteriores cruces marcadas con los dedos en pecho, frente y boca. Probablemente, lo cansino de ese ritual, que nunca entendía, hizo que no me interesara mucho de ahí en adelante la religión, o por lo menos en el sentido en que nos la ofrecían allí. Hoy hablo de un libro que se titula El mejor de los pecados sin tener mucha idea de qué es un pecado. Pero me he dado cuenta de que no he necesitado saberlo para disfrutar de su lectura, con lo cual hablaré de él y lo podréis leer y lo podréis disfrutar sin tener que sostener la pesada carga de la cruz.

Lumen trae como novedad diez relatos de Mario Benedetti ilustrados por Sonia Pulido, a quien he echado de menos en la portada – sí, están sus dibujos, pero no su nombre –. En este libro, que nada más abrirlo ya vemos que todo está impregnado de camas, se nos muestran casos extraordinarios – o no – del amor en situaciones o vidas amorosos cotidianas. Me explico: nos podemos encontrar con una mujer que engaña a su marido ciego delante de él con el hermano de este pensando que el primero no se da cuenta; o viviremos asfixiados en un pueblo anclado a la tradición del qué dirán de la mano de un hombre que siempre se ha sentido estafado y que por una vez quiere ser él el estafador, cometiendo el delito en el terreno del amor; o disfrutar de relatos que son todo diálogos en los que alguien se abalanza hacia otro desconocido para confesarle su deseo; o podemos ver el amor desde la más profunda y total pérdida. Y así hasta contar diez.

El mejor de los pecados es una forma más, y nueva, de seguir disfrutando de Benedetti, de su prosa poética, de esas sentencias que cuela entre frases como si fueran dardos al lector, de su talento por abrir en canal a personajes y mostrar su corazón; y todo acompañado por las ilustraciones de Sonia Pulido, que siempre aparecen al inicio del relato y que sirven como resumen o premonición de lo que va a suceder en el texto.

El mejor de los pecados es un libro bien cuidado, que huele de maravilla y que incluso tiene ese tacto especial que solo ofrecen los buenos libros ilustrados. Hay relatos de mayor y de menor extensión, hay algunos que hablan de pérdidas y otros de encuentros, unos de pasión y otros de aburrimiento, unos de entusiasmo y otros de melancolía; pero todos de amor. Un amor que puede ser favor o culpa, cara o cruz, victoria o soledad. Que el amor nos pille confesados.

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Lais, de María de Francia

Lais

LaisEs muy probable que te gusten las historias que cuenta Lewis Carroll, Hans Christian Andersen o los hermanos Grimm. ¿No? Bueno, todavía es más probable que te gusten las historias de Disney. ¿Sí? Pues si estas te gustan, te gustarán las de los autores que he citado al principio y retrocediendo aún más te gustarán las historias de María de Francia, conocidas como Lais, las que ahora recoge en una nueva edición Acantilado traducidas y prologadas por Luis Alberto de Cuenca.

Poco se sabe de esta mujer más que su entorno geográfico, que le da el nombre, y que contaba con un amplio conocimiento cultural. Tampoco necesitamos saber más, porque lo que importante ya está en el libro. Así que dispongámonos a imaginar: es el siglo XII, eres mujer, inteligente, sabedora de leyendas y mitos celtas a la vez que de todas la historias cortesanas que entretienen a la clase alta del momento, estás dentro de una corte inglesa la cual se caracteriza por el hecho de que a sus jóvenes caballeros cada vez les cuesta más encontrar una mujer (que es quien les aporta el patrimonio) y decides ser tú también quien les entretenga, e incluso quien les controle. ¿Cómo? Mediante la imaginación. María de Francia fue capaz de mezclar lo puramente cortesano, lo que podríamos llamar realista, con la fábula celta, con lo maravilloso, lo irreal, lo fantástico. María de Francia consiguió que el más allá ya no fuera únicamente accesible tras la muerte, el más allá existía aquí, en su mismo lugar, en su mismo momento, solo se necesitaba salir al bosque, seguir el rastro de un animal herido, entrar en un mundo paralelo, contiguo, en el que poder ser feliz siendo tú y no nosotros. Digo esto porque con sus Lais empieza a aparecer el individuo como tal, los caballeros tienen nombre y este se repite continuamente en la narración para que el oyente – no el lector; no olvidemos que estas composiciones se creaban para ser recitadas y acompañadas de instrumentos – se quedase con el nombre, lo recordase, hablase de él a los demás, lo convirtiese en héroe.

En estos Lais se recogen doce historias rebosantes de amor donde lo pagano se mezcla con lo cristiano, donde aparecen continuamente Amor y Fortuna, donde se muestran las adversidades que hay que pasar para conseguir el éxito en el terreno amoroso. Se dice de ellos que son los primeros cuentos de la literatura europea, podríamos añadir que conservados. Porque es inevitable pensar que haya podido existir alguna época sin ellos, sin la fuerza del amor hacia el amante, sin la amada siendo perseguida, sin las caídas de vidas que siempre tienen un destino: el amor final. Leyendo a María de Francia nos apartaremos de los reinantes y todopoderosos textos latinos de la época y caminaremos hacia el encuentro de los fabuloso, como por ejemplo ver por primera vez el personaje del hada, del hombre lobo o el barco fantasma, todo narrado como si María de Francia te estuviera hablando directamente de algo que ha escuchado por las calles de un pueblo cualquiera. Y todo eso a unos mil años de hoy. Parece poco, pero no.

Recomiendo los Lais porque me gustan mucho los relatos y estos lo son y no tienen nada que envidiar a los actuales. En los Lais, aunque pueda parecer mentira, hay incluso cine, si no, leedlo y ved cómo juega con las cámaras, como maneja la famosa técnica del cross-cutting cuando todavía se alucinaba – yo sigo haciéndolo – con la mágica forma con la que atraviesa un rayo de sol una lente. Muchos libros nos dicen que no nos aferremos al pasado, que miremos hacia delante, que lo mejor está por llegar. No sé, se está tan bien ahí atrás… Dan tanto calor estos libros… ¿Te gustan? Te gustarán.

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El Incal, de Alejandro Jodorowsky y Moebius

El Incal

El IncalAntes de empezar a hablar de este libro debo reconocer algo: no leía cómics desde la época en que mi madre me regalaba los de Mortadelo y Filemón para que la dejase en paz. Es probable que entonces os estéis preguntando – y más si conocéis la historia que se trata aquí – por qué he decidido leer este libro. Pues tiene una razón simple, porque soy fiel seguidor de la polifacética obra de Jodorowsky. He hablado en varias ocasiones aquí de obras suyas y con esta no iba a ser menos. Lo que me ha ocurrido al leerlo es que he descubierto un mundo nuevo, algo que, paradójicamente, es lo mismo que me pasó cuando leí su primer libro – Psicomagia – hace ya cosa de cinco años.

Y es que en El Incal está todo lo que caracteriza al chileno, en este caso bajo el disfraz de una historieta de ciencia ficción. Reservoir Books ha juntado todos los tomos de la historia de John Difool para ofrecerlos aquí en un librazo imposible de transportar para leer a ratos, un libro de más de 400 páginas a todo color igual de largo que un antebrazo, que pesa como un gato bien alimentado y que te llena la habitación de su olor – no es broma -. Además, han querido sumarle un apartado explicando cada uno de los misterios que contiene la historia, que son muchos, además de presentar a los autores que han colaborado en la configuración de la obra, como Zoran Janjetov, José Ladrönn, Christian Hojgaard, Igor Baranko y Matt Cossin, aparte de los autores principales ya citados.

En El Incal seguimos al trasnochado detective John Difool, quien sorprendemente recibe al principio de la historia un objeto de manos de uno de los “malos” de la película: los Bergs. A partir de ese momento, con ese objeto en su poder codiciado por tantos, Difool se verá perseguido y escapando de todo tipo de peligros, viéndose incluso ante la diatriba de salvar el universo. Todo tipo de criaturas, planetas, galaxias o ciudades aparecen en un cómic que es, para muchos, uno de los mejores cómics de la Historia. Dicho así, podría parecer una historia cualquiera de catástrofe universal en la que los héroes acaban juntándose para enfrentarse al malo y tras duras luchas y cercanas debacles acaban triunfando. Pero es que, si conocéis algo de Jodorowsky, sabréis que no todo es tan fácil.

El Incal es una historia de ciencia ficción que contiene todo lo que envuelve a Jodorowsky: espiritualidad, orientalismo, ciencias ocultas, Tarot, simbolismo religioso, psicomagia, etc. Siempre se te escapa algo cuando lees un libro con la firma del chileno, por eso se agradece tanto ese apéndice final con explicaciones de los misterios del libro. En él se nos habla de los elementos y conceptos alquímicos que se han incluido en la obra, la simbología de cada uno de los personajes y ambientes creados desde la imaginación, los guiños a grandes hitos del cómic y los porqués de tantos secretos que pasarían de largo a nuestra “primeriza” vista de las cosas.

Siempre digo que el duro golpe que fue para Jodorowsky la no realización final de su proyecto Dune le llevó a abrirse camino en muchas facetas para él desconocidas hasta ese momento. Este es un claro ejemplo de ello. El chileno es un hombre de arte y por serlo todo lo que sale de sus manos acaba siendo objeto artístico. Además sabe escoger muy bien de quién acompañarse. ¿Sabes cuando eres niño y estás a gusto siéndolo, pero quieres que te hablen como a un adulto y cuando lo hacen sientes algo distinto en tu interior, como si crecieras por dentro con las mismas dimensiones de fuera? Pues eso es lo que te provoca El Incal. Hola de nuevo, cómic.

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Tenemos que hablar, de Tute

Tenemos que hablar

Tenemos que hablarDice el famoso Quino, el “padre” de la tira cómica Mafalda, en la faja de este libro que «Tute es para mí el mejor dibujante de humor gráfico surgido en los últimos años». Con una afirmación de ese tipo y viniendo de quien viene es normal aceptar que el libro de por sí llame la atención. Tenemos que hablar es la narración desde la ironía del proceso amoroso a lo largo de la vida.

Empezando por la infancia, Tute nos muestra la compleja realidad del amor en pareja en todos sus dibujos. Un niño que comprende que su vida ya a los 5 años es un tango, otro que aparece montado a los hombros de su amigo para ser igual de alto que la niña de unos años más que le gusta o una niña preguntando a su madre si «el bichito del amor deja roncha»; ejemplos todos vistos desde el ángulo de la inmediatez infantil y una inocencia que empieza a desdibujarse de las pequeñas y jóvenes mentes. La niñez pasa y llega la adolescencia y aquí nos topamos ya con la realidad del amor convencional. Tute abandona la chispa de los primeros días para pasar a la realización del aburrimiento y la monotonía que ofrece un amor calmado. Las parejas con Tute nunca se entienden aunque algunas se acepten, pero esta aceptación siempre vendrá surgida de la resignación. Llegamos a la edad adulta y seguimos con ese reflejo de aquello que ya se ha aceptado como tal aunque se sepa desagradable. El amor en Tenemos que hablar no es algo que guste pero sí algo que pasa, y como pasa se acepta. El amor pasa, te toca y tú tienes que darle la mano, acompañarle y seguir. Con risas siempre mejor. Acabamos en la vejez, donde las parejas de antes siguen juntas y la convivencia es ya una extensión más de la rutina diaria. Ojos a medio cerrar, gestualidad cansada y expresiones agotadas son los complementos de unos personajes ya entrados en años.

Tenemos que hablar empieza con amor: dos niños imaginándose una vida juntos. El libro acaba, sorprendentemente, con amor: dos ancianos queriéndose como el primer día. El amor es una cuesta, como indica la portada. Y el interior de este libro es la muestra de las etapas que contiene tal ascenso. Subir o no es cosa de cada uno, aunque todos alguna vez seamos golpeados por el amor. Pero en esta subida, como en tantas otras que hay en la vida, cada uno puede escoger la forma de caminar: con quejas, lloros, gritos o reprimendas; con risas, sonrisas, alegría y carcajadas. Yo prefiero escoger la segunda, y qué mejor opción para reírse que hacerlo con – y por – un libro.

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Tres cuentos, de Eugenio Carmi y Umberto Eco

Tres cuentos

Tres cuentosCreo que una de las características principales que tiene que tener un escritor para que podamos empezar a tratarle como pope de la literatura es que no nos extrañe ver novedades editoriales con su nombre aun después de muerto. Esto es lo que pasa con Umberto Eco, aunque sinceramente digo que no me extrañaría que siguiera publicando desde ultratumba. Autor de un sinfín de obras, tanto teóricas como novelescas, y entre las que me atrevo a destacar – como fan fatal que soy de ese libro – El péndulo de Foucault, esta vez Umberto Eco llega a las librerías de la mano de DeBolsillo para recuperar tres cuentos escritos por su puño y letra y acompañados por las ilustraciones de un buen amigo suyo, Eugenio Carmi.

En estos Tres cuentos, traducidos por Esther Tusquets y Silvia Querini, se plasma la conciencia de un escritor que también fue, que sobre todo fue, persona. En ellos, los tres de lectura rápida y vocabulario infantil, Eco busca hurgar en la llaga de la tara que marca al ser humano. Si en el primero nos encontramos con un general que almacena bombas atómicas en el sótano para provocar una gran guerra, en el segundo viajamos con tres cosmonautas de tres países distintos que buscan en el universo, sin encontrarla, la reafirmación de que ellos y su sentimiento de patria son únicos, superiores; y en el tercero acabamos siendo la mofa de unos gnomos extraterrestres a los que vamos, por derecho propio, a conquistar. Taras universales.

He hablado de vocabulario infantil, de lectura rápida, pero ya veis que no siguen estas pautas los temas tratados. Umberto Eco y las ilustraciones de Eugenio Carmi que acompañan a cada página del texto buscan mostrar al lector lo engañados que estamos por sentirnos importantes, por sentirnos absurdamente importantes. En el primero de los cuentos, ‘La bomba y el general’, los átomos que componen la bomba atómica acaban representando la coherencia por encima del ser humano, ansioso de destrucción, destrucción externa e, inconscientemente, interna. En el segundo, ‘Los tres cosmonautas’, un americano, un ruso y un chino viajan hasta Marte en naves y trayectos distintos – porque ellos son distintos entre sí – y allí se encuentran, pero las diferencias – o eso creen ellos – son demasiado grandes para entenderse, por eso se odian y tendrá que ser un marciano con antenas y seis brazos quien les haga ver que la diferencia nace – y por consiguiente muere – en la imaginación. Y por último, en ‘Los gnomos de Gnu’, tienen que ser unos gnomos preguntones de un planeta muy lejano quienes muestren de cerca la realidad del planeta Tierra a un conquistador convencido de la superioridad humana con respecto a todo lo encontrable en el exterior. Nada más lejos de la realidad.

Tres cuentos es un libro cargado, en muy pocas páginas, de todo lo necesario para un niño – y para esos niños a los que ya la gente nos llama adultos –, y me vengo a referir a los valores de la fraternidad, de la amistad, la coherencia, la armonía, la felicidad, la verdad y, algo muy importante, el respeto a nuestro planeta, al medioambiente, a nuestro entorno. Porque está claro que si empiezas a cuidar lo que hay fuera acabarás cuidando lo que hay dentro, y lo que hay dentro eres tú. No mires arriba y sientas lástima o incluso te regodees porque los de allá arriba – que los hay – no están viviendo en este maravilloso planeta. Porque el adjetivo “maravilloso” está empezando a perder letras y ellos, los de allí arriba, lo están viendo mejor que nadie. Con Tres cuentos pasará lo que pocas veces ocurre en el género de la ciencia ficción, te pasará que no querrás ser como el protagonista. Debo terminar con la última frase del libro: «¿Por qué no nos ponemos nosotros a hacer lo que harían los gnomos de Gnu?».

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