
Tengo la sensación de que cada cierto tiempo volvemos a Alicia. De algún modo ella se ha convertido en la madriguera o, como en este caso, en el espejo que al cruzar todo queda invertido. Quizá sea escapismo. Quizá un entendimiento afilado. Los mundos a los que Alicia tiene acceso siempre acaban convirtiéndose en un reflejo inaudito del tiempo que nos ha tocado vivir. De forma cíclica, la huida de Alicia es nuestro propio enfrentamiento a una realidad que nos absorbe sin entenderla. Las últimas adaptaciones cinematográficas –con más o menos acierto– han reabierto la puerta de entrada. Y si hace un par de años, Nórdica Libros nos sorprendía con una versión ilustrada de Alicia en el País de las Maravillas, ahora vuelve a la carga con otra obra visual tan potente como su antecesora. Alicia a través del espejo deja de ser la hermana olvidada de las dos historias, para convertirse por méritos propios en una digna sucesora de aquella niña que perseguía al impuntual conejo blanco. Sólo que esta vez hay una conciencia mucho mayor del personaje. Esta Alicia que ya ha sobrevivido a la experiencia surreal de la primera vez, sabe hacerle frente a un elenco de personajes que pondrán a prueba su cordura y sus nervios, aun sabiendo cómo funciona todo esto de cruzar al otro lado.
El objetivo ahora no es llegar a una cita con quién sabe qué. Ahora Alicia espera convertirse en Reina. Y para ello debe trasladarse por todo un tablero imaginario hasta la ansiada octava casilla donde sin importar cuán humildes sean tus orígenes puedes formar parte de la realeza. Claro que todo aprendizaje oculta una rebelión contra tus propias creencias. Y la pequeña aprenderá rápido que el uso de la cortesía y las buenas maneras tendrán que suplir a la lógica cuando ésta empiece a flaquear desde el primer momento. Caballeros, morsas, huevos parlantes y figuras monárquicas plantearán una y otra vez cuestiones que contradecirán las leyes de lo conocido. No en vano el mundo del espejo tiene sus propias reglas que, casualmente, son diametralmente opuestas a lo que cabría esperar.




















