En Libros y Literatura volvemos, poco a poco a la normalidad. Y no creáis que no lo agradecemos: las navidades están bien, pero recuperar nuestra rutina y encontrar esos momentos diarios en los que disfrutar de una buena lectura es algo que ya nos apetecía.
En este boletín de novedades editoriales recuperamos una de nuestras costumbres semanales favoritas: la de descubrir tres libros que esperamos que os interesen tanto como a nosotros. Hemos escogido la ocasión un relato de superación personal, Del color de la leche; la nueva novela de Menéndez Salmón, Niños en el tiempo, que aúna tres historias, y el libro de reflexiones políticas Desorden público, firmado por el colectivo ruso Pussy Riot.
La gastronomía francesa es la mejor, dicen los que saben. Pensamos en Francia y no podemos dejar de asociar los sabores, los platos exquisitos que allí se inventan y los paladares finos que invierten montones de euros en ingredientes utilizados por los mejores chefs del mundo. En ese ámbito, se mueven los críticos de la gastronomía que luego posicionan (o mandan a la guillotina, para seguir en este contexto francés) a los restaurantes en distintas categorías, recomendándolos o defenestrando el trabajo de todo un equipo que se mueve en la cocina. Muriel Barbery toma como base este mundo para escribir su Rapsodia Gourmet.
Pierre Athens es su Majestad para la gastronomía. Es el crítico que todos quieren complacer, a quienes todos quieren agradar, de quien quieren aprender e inevitablemente todos quieren conocer. Pero ser una eminencia no significa ser inmortal y Pierre va a morir. Sigue leyendo Rapsodia gourmet
No había leído nada, absolutamente nada de Asa Larsson. Lo sé, no es lógico, pero así es mi forma de llegar a la literatura, por coincidencias o carambolas de la vida.
En esta ocasión ha sido mi amigo “El farmacéutico”, que debió verme cara de andar leyendo cosas de mucho darle a la cabeza, cosas que cree que no me convienen en estos tiempos tan duros, o quizás intuyó que el otoño me afecta mucho más de lo que yo quiero reconocer.
Es cierto, no es la primavera la que altera profundamente mi estado de ánimo, es el otoño, y el debió pensar que para sacarme del otoño nada mejor que llevarme directamente al crudo invierno nórdico.
Dicen que, Cuando pase tu ira, es hasta ahora la mejor novela de Asa Larsson, ¡pues me alegro de haber comenzado por ella! Novela negra, ¿típica novela negra nórdica? Pues no lo sé, no he leído más novela negra nórdica que la trilogía de Stieg Larsson, y ahora esta, que como les digo es la que me estrena con la autora. Y debo decirles que también es del tipo: “Un capitulo más y te juro que lo dejo y apago la luz”. Sí, es una lectura adictiva que ha cumplido en mí una estupenda misión, alejarme de mis preocupaciones durante las horas de lectura.
¿Cuántos nudos estarías dispuesto a desatar por ser feliz? ¿Eres de aquellos que callas y no dejas que tu tristeza, tu malestar, salga de tu cuerpo? ¿O eres de esas personas que no callan y no les importa lo que piensen los demás? Yo callo mucho. Tanto que, en ocasiones, mi cuerpo me juega malas pasadas. Contracturas, pinzamientos, una columna vertebral que se tuerce y se retuerce por la tensión del día a día. Yo me callo y a veces exploto, como mecanismo de defensa, como simple instinto de supervivencia, intentando por todos los medios que aquellos pensamientos negativos, aquellas palabras que se habían quedado enquistadas en algún punto indeterminado de mi cuerpo, se vayan por donde vinieron. Pero a veces no puedo. A veces lo que sucede es que uno va creando lazos, va creando nudos que son imposibles de soltar, y nuestro cuerpo sufre, nuestra vida se resiente, y nos vemos impedidos para poder avanzar, quedándonos quietos esperando que ese dolor desaparezca, se haga invisible, y no nos mantenga anclados en una posición que no nos gusta. Estoy mucho mejores esa historia de todos los que callamos, por numerosas razones, mientras la vida pasa ante nuestros ojos y ni siquiera estamos demasiado atentos. Es una vida resumida en un dolor de espalda que quiebra, que deja en suspenso la felicidad, que conmueve a aquellos que no pueden hacer nada por solucionarnos los problemas, porque somos nosotros los que necesitamos una nueva mirada. Es la historia que guardamos nosotros. Es la historia de nuestros propios secretos.
Es un cliché, pero es cierto y no me cansaré de decirlo: Ser vaca no es fácil. Bueno, tal vez no sea un cliché, pero sí que es una realidad como un templo. Aunque también es cierto que es más fácil ser vaca que cerda, gallina o pollo, desde luego.
Como cierto es que, en general, los animales van a lo suyo sin meterse con nadie más de lo estrictamente necesario, y que no hay maldad en ellos.
Todos ellos tienen en común el vive y deja vivir y la búsqueda de la felicidad y hacen lo posible para ello. Pero a veces, por no decir que siempre, el camino es duro y complicado, se hace cuesta arriba y tampoco es necesario que para que la vaca que ríe sea feliz detrás esté el toro que empuja.
Un grupo de jóvenes decide construir una «habitación oscura»: un lugar cerrado donde nunca entra la luz. Al principio la utilizan para experimentar nuevas formas de relacionarse, para practicar sexo anónimo sin consecuencias, por una mezcla de juego y transgresión. A medida que van enfrentándose a la madurez con sus decisiones, desengaños y reveses, la oscuridad se convierte para ellos en una forma de alivio.
Es un prejuicio, lo sé, y no me siento precisamente bien por haberlo tenido pero voy a compartirlo con vosotros: siempre he pensado que los alemanes eran gente aburrida, sin gracia y que les resultaría difícil escribir novelas con dosis de humor medianamente buenas. Para un ensayo económico o histórico donde el rigor lo es todo, seguro que van sobrados. Para una novela seria como “La montaña mágica” de Thomas Mann (clásico que tengo pendiente todavía), pero para el humor…. no sé yo. No los veía. Menos mal que aparecieron en mi vida escritores como David Safier y ahora Timur Vermes (Nuremberg, 1967) con su novela “Ha vuelto” para hacer que cambiara de opinión. Lo que nunca imaginé es que hubiera algún alemán capaz de escribir un libro cómico en torno a la figura de Hitler, como es el caso. Eso sí que no lo vi venir.
En innumerables ocasiones muchos de nosotros hemos dicho en voz alta o se nos ha venido a la mente la frase “Si fulanito/menganito levantara la cabeza…” Pues bien, ¿qué pasaría se ese fulanito/menganito fuera el Adolf Hitler? Pues básicamente esa es la premisa que se desarrolla en “Ha vuelto”.
Hace poco, en un debate con unos amigos, hablábamos de cuál creíamos que iba a ser la novela de este año 2013. ¿Pregunta absurda? Puede ser, teniendo en cuenta las miles de novedades que han salido. Pero yo tenía un título en la cabeza desde el mismo momento en que lo leí: La habitación oscura. Mi voz no tembló en ningún momento, y mis amigos se me quedaron mirando y me preguntaron cuáles eran las razones por las que yo pensaba que esta era la mejor novela que había leído este año. El caso es que, en ese momento, me quedé pensando en cómo explicar lo que había sentido y me puse a escribir la reseña que ya todos habéis leído. Pero me quedé con ganas de más, así que raudo y veloz quise preguntarle a Isaac Rosa por ella, por lo que suponía para él, para el lector y lo que había querido transmitir con ella. Como siempre, lo que sigue es el resultado de una conversación en la distancia, esperando dar las claves por las que todos vosotros tenéis que haceros con el libro.
Para empezar, nos gustaría conocer un poco más tus gustos a la hora de escribir:
1. ¿De día o noche? De día, aunque mi día comienza cuando formalmente todavía es de noche (eso que llaman madrugar)
2. ¿Un cigarrillo al lado? No, no fumo.
3. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida? Escribo en ordenador, pero rodeado de libretas, papeles, notas y pósit manuscritos. Y pese a las posibilidades de los teléfonos, siempre llevo encima una pequeña libreta. Todos mis libros empiezan y terminan a mano: arrancan en las notas y concluyen en las correcciones. El bolígrafo sigue siendo una tecnología insuperable.
4. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando? La inspiración, sea lo que sea, hay que convocarla, hay que crearle condiciones. Con pocas excepciones, suele llegarme mientras leo, escribo o paseo (pasear es fundamental, una forma de escritura sin trazos).
5. ¿Quién es tu mayor crítico? Si hablamos en términos de exigencia, diría que yo: la crítica más negativa que pueda recibir un libro mío nunca llega más lejos que mis propias dudas. Si hablamos de críticos que con su lectura ayuden, tengo varios lectores de apoyo, pero dos principales: una escritora amiga, Marta Sanz; y mi editora, Elena Ramírez.
6. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro? No pienso en mis lectores en esos términos.
7. ¿Qué libro(s) estás leyendo ahora? Un libro que me interesa mucho y que además presento estos días: “¿Dónde está mi tribu?”, de Carolina del Olmo. Y a punto de meterme en el barro (literal, barro de trinchera) del último Echenoz, “14”.
8. ¿Qué libro guardas como el más valioso? No soy nada mitómano-bibliófilo. Guardo lecturas, no libros. A veces busco un libro que me marcó, y descubro que no lo tengo, por haberlo leído en biblioteca.
9. ¿Qué usas para marcar las páginas? Lo primero que encuentro: postales, fotos, tickets, papeles arrancados, y hasta marcapáginas.
10. ¿El mejor lugar para leer? Cualquiera. Habiendo tranquilidad y tiempo, el lugar desaparece.
Y ahora que sabemos un poco más de tus gustos como escritor, metámonos de lleno en lo que nos cuentas en tu libro…
Entra. Cierra los ojos. En realidad no hace falta que lo hagas, pero aun así ciérralos. Olvida todo lo que hay fuera. Sólo estáis tú y la oscuridad. Olvida que alguna vez tuviste un trabajo que no te gustaba, olvida las obligaciones con la familia, esas pequeñas miserias de las horas que conforman un día entero. Por un momento, mientras los ojos permanecen cerrados, olvida que hoy te levantaste, que caminaste por las mismas calles, te cruzaste con las mismas personas y pronunciaste los mismos “hola, ¿qué tal?” de cada mañana. Olvídalo todo. Sólo estáis tú y la oscuridad. Ahora concéntrate en lo que te sucede, en cómo los músculos dejan de estar agarrotados, en como la piel se eriza y un escalofrío recorre tu cuerpo. Eso es la libertad. Ahora abre los ojos. Nada es diferente realmente. La oscuridad y tú. Pero escuchas con atención y oyes un leve crujido en el suelo, el roce de una mano que no es la tuya en la pared y lo sabes. Hay más gente aquí, contigo, rodeándote, luchando contra la realidad, contra lo que creíamos todos que estaba escrito desde el principio. Ya no sois sólo la oscuridad y tú, ahora sois más los que acompañáis a la oscuridad que lo inunda todo. No hay nada de luz que pueda enturbiar tus sensaciones. Y sigues batallando, olvidándote, y creando un mundo diferente. Esto es La habitación oscura y estás a punto de descubrirlo con tus propios ojos…
En Libros y Literatura queremos hacer la vida un poquito más fácil a todos los que estéis acabando las vacaciones. Por eso, para este último boletín de novedades editoriales de agosto, hemos escogido tres libros que será imposible que os aburran.
Esta semana os presentamos la inquietante nueva novela de Samantha Hayes, Cuidaré de ti, que os hará replantearos en quién confiáis; Camara Gesell, una historia sobre el tema de moda, la corrupción, y el divertido libro de Joaquín Reyes, Realidad a la piedra.
Y así es como empieza lo que podría describir, sin temor a equivocarme, sin el temor que nos atenaza cuando tenemos que hablar de algo tremendamente bueno, como una de las mejores lecturas en lo que va de año. El mundo es un lugar aterrador, hay lobos ahí fuera compañeros, y este libro nos los muestra, porque no hay peores lobos que los que nos comen por dentro, no hay peores lobos que, con nombre y apellidos, con caras y sombras, nos visiten por las noches y nos atemoricen de por vida. Porque son los remordimientos los que viajan, enfundados en una mochila que nos cargamos a la espalda, son los secretos, los actos que cometemos, los que nos persiguen allá donde vayamos, y que en Twist aparecen como en un cuadro, de un pintor que trazo a trazo nos demuestra que el ser humano es violento, es fruto de las peores decisiones, es un animal que pierde su lugar, que pierde su nombre, siento bautizado de nuevo por los avatares de la vida, por el terrorismo que se inmiscuye en algunas vidas, y que lo hace volar todo por los aires, como una bomba que se pega al cuerpo y explota en los momentos más significativos. Y es que los lobos que nos quieren comer, no se detienen nunca, por mucha carne que hayan comido antes.
Disculpas. Perdón. Arrepentimientos. Palabras y más palabras para decir una misma cosa. Nos cuesta pedir perdón, nos cuesta pedir perdón por nuestros secretos, por nuestras aventuras, por nuestros errores, por nuestros fallos que a veces no son tales, por aquello que hemos herido y a quienes hemos hecho sufrir. Simplemente eso. Decir “lo siento”. Y cuesta, se hace difícil, se hace cuesta arriba. ¿Ustedes han pedido perdón alguna vez? Yo muchas. Y miren que es fácil, son sólo seis letras, perdón, qué corta es la puñetera palabra, pero qué difícil es decirla. Perdón, perdón, perdón. Y se sigue haciendo un drama de esa palabra, en torno a ella, rodeándola, esquivándola, porque si nos podemos librar, mejor. Pero, ¿y si no pudieras librarte? ¿y si te dedicaras a ello? ¿y si hubieras decidido dedicarte a pedir perdón por otros? ¿si ese fuera tu oficio, lo vivirías de forma neutra, sin consecuencias, sin ningún tipo de sentimiento? ¿Ficharías, empezarías a trabajar, y te irías a casa tan campante, como si la cosa no fuera contigo? Y si, piénsalo bien, por un instante, durante dos minutos, sólo dos, no es mucho lo que te pido, repito, ¿y si quien te dijera que tienes que pedir perdón es un asesino? No un asesino salvaje, sino uno de los peores que rondan esta sociedad, ¿aceptarías el encargo, o mirarías para otro lado? Al fin y al cabo, ese es tu trabajo ¿no? Dime, después de pensar, ¿aceptarías el encargo? Pues eso es “Sorry” aunque no sólo eso claro, es mucho más.
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