
En 1992 casi dos mil científicos se reunieron para crear un documento en el que redactaron su preocupación por la devastación que estaba sufriendo el medio ambiente. El documento pasó por el mundo sin pena ni gloria. Año 2017: ahora son más de 15.000 los científicos que han puesto el grito en el cielo alertando a la humanidad sobre su deriva destructiva. Somos más gente en el mundo y los alimentos, así como el agua, no solo no se están repartiendo adecuadamente desde hace muchos años, sino que la renta per cápita de estos elementos de primera necesidad ha disminuido. Más sequías, más CO2, más especies animales aniquiladas, más zonas marítimas destruidas, más desertización, más contaminación, más esquilmar a una Tierra que ya no da más de sí, más, más, más… Y lo peor de todo es que estamos llegando a un punto de no retorno. A nuestra propia autodestrucción. A este paso, y si no ponemos remedio, todas esas novelas y cómics de los que tanto hemos disfrutado, y también temido, todas esas historias de seres intentando sobrevivir en mundos post apocalípticos dejarán de ser un mero entretenimiento y se habrán convertido en profecías. Voces desde el pasado advirtiendo a sordos.
El cómic que hoy vamos a desgranar nos lleva a un mundo de gente que no quiso escuchar las advertencias y vio como a su alrededor la humanidad entera se venía abajo. Adiós a las comodidades, incluso a las más básicas: un grifo que ofrece agua al abrirlo, un techo que da cobijo y un armario que mantiene la comida fresca y siempre al alcance de la mano. En Solo: Los supervivientes del caos las bombas, los virus, la contaminación, la radiación y miles de mierdas más propiciadas por la mano del hombre convirtieron un lugar habitable en un desierto que se extiende a lo largo de miles de kilómetros. La vegetación se extinguió y solo sobrevivieron los carnívoros y los que no lo eran tuvieron que cambiar su dieta. Ahora ya no existe una pirámide trófica, ya no hay presas ni cazadores, todos son presas y todos son cazadores. Y con todos me refiero también a los animales que se vieron forzados a evolucionar de una forma brutal, la mayoría de veces de un modo artificial. Lagartos, perros, gatos, cerdos incluso ratas. Solo es uno de esos animales; una rata que únicamente busca una chispa de esperanza en ese mundo devastado. Aunque la mayoría de veces solo hallará violencia y muerte.
El autor de este integral de Solo: Los supervivientes del caos es Oscar Martín, dibujante y guionista natural de Barcelona, que es un habitual entre las filas de Disney o Warner Brothers. Su arte ha ido madurando a medida que dibujaba cómics de El Rey León, Mickey o Tom y Jerry. No es de extrañar pues que los personajes de Solo sean la mayoría animales antropomórficos, con rasgos que puedan recordar a esos dibujos infantiles. Y hasta aquí esa comparación, pues el cómic no tiene nada de infantil. El protagonista de la narración, al igual que todos los otros animales que campan a sus anchas por la viñetas, van siempre armados hasta los dientes y no son pocas las escenas de destripamientos, de decapitaciones o de luchas encarnizadas con litros de plasma sanguíneo derramado. Escenas de luchas que visualmente son una gozada debido a una composición y diseño de viñetas que recuerdan a la cinemática utilizada en los dibujos animados. De este modo podemos asistir a rabiosas luchas con espadas con una transición entre viñetas de tal sutilidad que da la sensación de estar mirando unos fotogramas extraídos de una película de animación. Y por otro lado tenemos los recuerdos representados gráficamente con un dibujo igual de espectacular (o quizá más) en los que todavía se intuyen los primeros trazos y el color es suave y casi desvaído.
En lo referente al guion no hay mucho que explicar. El cómic no será recordado por tener una historia que goce de gran originalidad. A esto hay que añadirle todos esos errores tipográficos (acentos desaparecidos en combate, palabras que se juntan y alguna hache abducida) que hacen bajar la nota final del producto. Con todo, los acontecimientos que ocurren sirven de excusa y están suficientemente bien narrados para que podamos sentirnos muy cercanos a los pensamientos profundos (soledad, amor, supervivencia) que el protagonista acostumbra a tener en su vagar por ese mundo de tonalidades ocres y colores fríos. “De nuevo el penoso momento de saber cuánta soledad soy capaz de soportar”.
El integral de Solo: Los supervivientes del caos de Oscar Martín, publicado por Panini Cómics con la colaboración de OminiKy Ediciones, es una historia post apocalíptica que mezcla conceptos ya tratados en películas como Mad Max y Gladiator. Conceptos que une, enreda, moldea y hace evolucionar mientras son aderezados con un dibujo sublime que a la postre consigue que la combinación sea todo un éxito.

Página cinco de mi diario de lectura del manga Assassination Classroom. O página diecinueve si lo hubiera leído desde el principio. ¡Ay, qué lástima no haberlo conocido antes!
La luz que hoy emite el sol es extrañamente sedosa. Se enrosca entre los titánicos edificios que se cimbrean peligrosamente, como espigas de trigo mecidas por la suave brisa primaveral. Las calles han amanecido desiertas y el silencio es un embustero, falso testimonio de una ciudad súper poblada. Una figura humana, de rostro enmarañado, que se pasea por la acera de enfrente atrae mi atención. De la mano lleva una correa, al final de esta hay un perro inmensamente peludo. El can está intentando defecar pero le está resultando imposible. El hombre alza al perro y olisquea su ano, seguidamente lo sacude con fuerza, de igual manera que un barman sacude la coctelera para que los ingredientes se mezclen adecuadamente. Fuerte, fuerte, más rápido. Esto te aligerará las tripas, grandote. Cuando vuelve a dejar al animal en tierra este se sacude y todo su pelaje cae al suelo de forma pesada. Solo la cabeza del pobre chucho conserva su tersa y brillante pelambrera. Las emociones fuertes todavía no han terminado para el pobre perro, pues en cuestión de segundos pasa de estar tranquilo a jadear y babear. El trasero del perro se infla y explota como una bonita piñata de cumpleaños, pero en vez de esparcir golosinas son polillas, del tamaño de golondrinas, cientos, miles, las que inundan cada recoveco de la ciudad.
¡Snikt! Una onomatopeya que imita el sonido que realizan unas cuchillas abriéndose paso entre carne, tendones y piel.
Ya está, lo veo clarísimo: La historia oculta merece una serie de televisión. ¿A quién hay que hacerle la propuesta? Los guionistas de 
Siempre he tenido debilidad por las novelas fantásticas. Hay algo en los mundos inventados que me atrae irremediablemente. Esas novelas en las que el autor hace que te sumerjas en otro tiempo, espacio, universo o realidad, son las que consiguen que me evada cuando llega la hora de la lectura. No me malinterpretéis, me gusta leer de todo, pero al final, las que logran que mi mente se quede en blanco y me olvide del día a día son aquellas novelas que me ofrecen una vía de escape a un mundo que no es el mío. Y es que el mío, como el tuyo, a veces puede llegar a dar mucho miedo.
El giro argumental de una novela es ese momento en el que te llevas las manos a las mejillas como si fueras Macaulay Culkin en Solo en casa; ese latigazo súbito pero coherente con la narración que crea una onda expansiva y sacude al lector; ese preludio, casi siempre, de un final que se paladea con nostalgia antes incluso de que la palabra de tres letras que cierra el libro se presente. El giro argumental en ocasiones convierte una novela corriente, de diversión ordinaria y de pedigrí impreciso, en un purasangre que se lanza sin cuartel en busca de la gloria. El primer volumen de Biomega ya apuntaba maneras, dejando caer algunas sorpresas entre el torrente de acción que inundaba al cómic. El inicio de Biomega: The Ultimate Edition 2 de 
El cyberpunk es ese subgénero de la 
Seguro que alguna vez ha rondado por tu cabeza la idea de que escribir sirve para ordenar, organizar e incluso entender o comprender mejor. Pero yo a veces me pregunto: ordenar, organizar, entender, comprender, ¿qué? En Todos nuestros presentes equivocados, Tom Barren, protagonista y narrador, escribe para intentar comprender su pasado, o sus pasados. Ya lo entenderás. Escribe para intentar comprenderse, para poner sobre la mesa todas las cartas que llevan dibujada su cara, su apellido y su historia. Dice la faja del libro que estamos delante de «una novela como nunca has leído ninguna». También dice que ya está en traducción en 24 países. Y yo digo: es verdad y es normal.
Cuando se habla del futuro de la Tierra siempre me viene a la cabeza una imagen muy elocuente que aparecía en el libro 
Nos encontramos en una época salvaje, en una en la que la vida de los hombres vale menos que un puñado de dólares y la supervivencia depende de la velocidad con la que desenfundes tu revólver y la sangre fría con la que dispares al hombre que tienes enfrente. La época en la que algunos hombres osados y rebosantes de fe volcaban todas sus esperanzas en encontrar una pepita de oro y otros, los verdaderos nativos del lugar, defendían su territorio con lanzas y flechas. Es el Salvaje Oeste. El de los pioneros y el de los forajidos. El de Buffalo Bill y Billy “el niño”. Es en este marco, único e incomparable, de la historia de los Estados Unidos de América donde hallamos a Chris Adams: un pistolero excelente con un marcado sentido de la justicia. Ahora dispara, una y otra vez, contra los malhechores que entran en bandada en el pueblecito. A su lado su mejor amigo Vin, al igual que los otros cinco hombres que reclutó, hace lo propio. Pese a sus dudas, Adams no se arrepiente de ser uno de los siete pistoleros que están defendiendo ese pueblecito y a sus humildes habitantes de la sanguinaria banda de maleantes que los atemorizaba.
Durante demasiados años el rol de villano carismático ha estado supeditado a que éste, entre las piernas, tuviera un par de pelotas. Las chicas, como mucho, eran la consorte bobalicona que bebía los vientos por él y que con un llanto desconsolado se despedía de su amor, una vez éste era apresado, antes de que la ley le perdonara todo pues, como era de esperar, ella en realidad no era mala persona, solo había sido manipulada por una increíble mente criminal. Por suerte, y de un tiempo a esta parte, este concepto ha dejado de fondear en la cala de lo rancio y ha puesto rumbo hacia el mar de la pluralidad. Las chicas también pueden ser unas psicópatas encantadoras, capaces de dejarte tirado en el suelo con la barriga abierta por un puñal antes de que puedas decir sexo débil. Aunque parece ser que este tipo de personajes deben gozar de un par de tetas descomunales, un cintura de avispa y un trasero de infarto. No digo que una chica malvada no pueda tener un cuerpo de diez, solo que me resulta sospechoso que todas las malvadas luzcan ese tipo de cuerpo. ¿No hay chicas bajitas con ganas de atracar un banco? ¿No hay chicas entradas en carnes capaces de hacerle la vida imposible al superhéroe de turno? ¿No hay chicas de pecho pequeño con la perversa idea de apoderarse del mundo? Pues sí, las hay. Una de ellas se llama Nimona.