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El hombre menguante, de Richard Matheson (adaptado por Ted Adams y Mark Torres)

el hombre menguante

el hombre menguanteEs curioso: no suelo leer ciencia ficción, pero cuando lo hago, son libros que me encantan. Sin ir más lejos, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? o Jurassic Park son novelas que siempre recomiendo y que no me importaría volver a leer. Y aun así, la ciencia ficción sigue siendo un género al que me resisto. Quizá por eso me dio por leer la adaptación al formato cómic que Ted Adams y Mark Torres han hecho de El hombre menguante, en vez de acudir a la obra original de Richard Matheson. Es una buena alternativa cuando deseo conocer una historia, pero me abruma enfrentarme al texto completo. Ya lo hice con Crítica de la razón pura, de Inmanuel Kant y En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust , y como en ambos casos la experiencia fue más que satisfactoria, he decidido repetir.

Puede que muchos no conozcáis esta novela de Richard Matheson escrita en 1956, pero seguro que os vienen a la cabeza algunas de las películas que se han inspirado en su planteamiento. Por ejemplo, a los que crecisteis en los años noventa como yo, os recordará a Cariño, he encogido a los niños. Sin embargo, nada de cómico tiene la historia de El hombre menguante. Al contrario, el trasfondo de la novela, evidente en su magnífico final, es de un calado existencialista que a mí me dejó noqueada. Si hubiera tenido al señor Matheson enfrente, le hubiera dado un aplauso.

¿Qué pasaría si cada día encogieras tres milímetros? Al principio, ni siquiera te darías cuenta, pero poco a poco, ese cambio inexorable de tamaño iría limitando tu día a día y, lo que es peor, la forma de percibirte tú mismo y los demás. Eso es lo que le ocurre a Scott, el protagonista de El hombre menguante. La narración va intercalando episodios en los que Scott mide más de un metro ochenta, pero comienza a notar la mengua, y el momento en el que apenas supera el centímetro de altura y está atrapado en su sótano, donde alcanzar la caja de galletas o escapar de una araña suponen toda una odisea.

Con adaptaciones tan buenas como esta de Ted Adams y Mark Torres, el cómic se consolida como un medio excelente para redescubrir clásicos, pero también reivindica su valor literario. Sus ilustraciones imprimen el ritmo adecuado a la historia y transmiten la creciente inseguridad de Scott, la incomodidad de su pareja, el desprecio de los extraños, la certeza de que desaparecerá en pocos días. De este modo, nos metemos en la piel de Scott, sentimos su desesperanza y su terror y, sobre todo, nos planteemos si nosotros tendríamos también ese instinto de supervivencia.

Para profundizar en la grandeza y originalidad de El hombre menguante, Planeta Cómic ha incluido una introducción de Peter Straub, un prefacio de David Morrell y un artículo de Ted Adams donde explica cómo fue el proceso de adaptación. Como el mismo Adams reconoce, este cómic nació con el objetivo de animar a los nuevos lectores a leer el texto original de Matheson; y lo han logrado, al menos conmigo. Mis estúpidas reticencias con la ciencia ficción tienen los días contados si leo a maestros del género de este calibre.

 

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La raíz cuadrada del verano, de Harriet Reuter Hapgood

La raíz cuadrada del verano

La raíz cuadrada del verano“El principio de Incertidumbre dictamina que uno puede saber dónde se encuentra una partícula, o puede saber a dónde se dirige, pero no puede saber ambas cosas al mismo tiempo. Y resulta que con las personas pasa lo mismo. Y cuando lo intentas, cuando te fijas demasiado, contraes el efecto del observador, que significa que, cuando intentas descubrir lo que está ocurriendo, interfieres en el destino. Una partícula puede estar en dos sitios a la vez. Una partícula puede interferir en su propio pasado. Puede tener muchos futuros y muchos pasados. El universo es complicado”.

Yo no soy mucho de empezar las reseñas usando una frase del libro ni transcribiendo párrafos. Pero es que esta vez no he podido evitarlo. Así, con esta frase sobre el principio de Incertidumbre es cómo empieza La raíz cuadrada del verano. Y me ha parecido un principio tan perfecto, tan redondo y tan bonito, que no he podido evitar plasmarlo en esta reseña para compartirlo con todos vosotros.

Y es que este libro trata un poco de eso, de lo difícil y complicado que es el universo. La vida, en general. Lo difícil que es lidiar con los problemas del día a día. Nuestros propios problemas que, quizás, a ojos de otro sean nimiedades y chiquilladas. Margot, o Gottie —como la llaman sus amigos—, lo sabe muy bien. La vida puede ser realmente complicada. No llegó a conocer a su madre, por lo que su padre y su abuelo fueron los pilares imprescindibles de su vida. Pero, con la muerte de su abuelo, a Gottie se le vino el mundo encima. Él la comprendía mejor que nadie. Él sabía todos sus secretos, aunque ella jamás se los hubiera contado. Gottie lo descubrió cuando encontró el diario de su abuelo, donde la mayoría de las páginas estaba dedicada a ella. Él entendía que Gottie fuera un cerebrito y que amara las ciencias y los problemas matemáticos ante todas las cosas. Y también sabía que había un chico que le había robado el corazón. Lo sabía absolutamente todo.

Eso fue demasiado para Gottie.

Así que desde ese momento, su mundo empezó a dar vueltas, casi literalmente. Gottie empezó a caer en lo que ella llamaba “agujeros de gusano”. Lapsus de tiempo que pasaban sin que ella se diera cuenta. De repente, su mundo se paraba y no recordaba nada. Como si hubiera caído dentro de un agujero negro y ella se hubiera paralizado mientras el resto de gente seguía con sus vidas. Y esto no hizo más que empeorar cuando llegó Thomas, aquel chico que le hizo tanto daño tiempo atrás.

Este libro, La raíz cuadrada del verano, escrito por Harriet Reuter Hapgood es un libro curioso. Parece que nos está contando una historia de amor más, en la que una chica adolescente tiene que lidiar con sus sentimientos, pero en realidad esto va más allá. Gottie intentará descubrir qué son esos viajes temporales que sufre y lo intentará hacer de la única forma que sabe: usando la ciencia. Y nos hará partícipes de sus teorías y sus hipótesis, aunque al principio ni ella sepa de lo que está hablando.

No es un libro más para adolescentes. Es un libro especial, cuya protagonista es la ciencia ficción pero sin pretenderlo. Es una historia cotidiana, del día a día, pero que de repente se ve interceptada por una historia fantasiosa en la que la física adquiere un papel muy importante.

Es un libro extraño, la verdad. No es lo que esperaba en absoluto. Sin significar eso que sea bueno o malo. Simplemente, no me esperaba que lo de los agujeros de gusano fuera a tomar tanta importancia. Me sorprende que en un libro así se trate un tema tan complicado como es la física cuántica y, lo mejor de todo, que lo haga de esa forma tan natural.

El papel de Gottie sin duda es el que más me ha gustado. Es una chica muy natural y cuya tristeza por la muerte de su abuelo traspasa el papel con una facilidad increíble. Además están sus dudas, sus inseguridades. Con respecto a su mejor amiga, su familia, su chico, incluso respecto a ella misma. Todo son titubeos, no sabe cómo gestionar su vida diaria, así que cuando llegan los viajes temporales… todo es caos. Y eso se transmite muy bien a través de la narración Harriet Reuter, que aunque es su primera novela, sabe plasmar las emociones de la protagonista a la perfección.

Como resumen, toda una novedad en el panorama actual de novela juvenil, que nada tiene que ver con las típicas historias de chica conoce a chico, lo que seguro que hará que se hable de ella durante muchísimo tiempo.

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El Asco, de Grant Morrison y Chris Weston

el asco

el ascoBienvenidos a El Asco, yo seré su guía.

Ahora se deben estar preguntando qué es El Asco. Déjenme que les ilustre: somos una agencia secreta con jurisdicción para operar en todo el mundo. Piensen en cualquier agencia gubernamental, cuerpo de seguridad u organismo oficial. Ellos son una panda de simples pelagatos. Nosotros somos la autoridad. Nosotros dictamos y ellos obedecen.

Pero, ¿a qué se dedica El Asco? Buena pregunta. Veo que están ansiosos por saber. El Asco es la última línea de defensa entre el orden establecido y la anarquía más irreverente o el libre albedrío más inmundo. Nosotros mantenemos el Estatus:Q. Nosotros nos ocupamos de que se mantenga el precario equilibrio sobre el que se sustenta la sociedad. Somos el sistema inmune de un cuerpo que es constantemente atacado por una miríada de bacterias y virus que podrían hacernos enfermar. Debemos mantener el control. Someter, oprimir, dominar…. Y para ello tenemos a nuestra disposición a los mejores agentes. Todos se deben a La Mano. “La Mano da y recibe. La Mano golpea. La Mano señala. La Mano acaricia. La Mano invoca.” La Mano es la encargada de limpiar la suciedad de este infecto culo que es el mundo. Luego podrán darnos las gracias, ahora déjenme continuar. Por cierto, recuérdenme que les hable de Dmitri 9, nuestro chimpancé comunista que asesinó a JFK.

Lo que les estoy entregando es un manual. El Asco de Grant Morrison y Chris Weston. Léanlo bien, con detenimiento. Una, dos, tres… las veces necesarias para asimilar el mensaje. A Grant Morrison, guionista y mago del caos natural de Glasgow, lo conocerán por obras tan brillantes como All Star Superman, We3, Los Invisibles o El Multiverso. Si ya han tenido el placer de embarcarse en alguno de sus psicodélicos viajes ya saben a lo que se atienen, si no, relájense, disfruten y dejen a mano un paracetamol. La Mano da y recibe. Él será el encargado de relatarnos la historia de nuestra agencia. Algo que logrará a través de las vivencias de nuestros agentes; en particular desde el punto de vista de Ned Slade, anteriormente conocido por su parapersonalidad de ocio Greg Feely. Un tipo mediocre, con su gato Tony como único amigo y los constantes gemidos de las películas pornográficas que emiten por televisión como único calor humano. “Unnh, fóllame con tu trofeo de ajedrez, Liam.” La Mano acaricia. Hallarán entre sus páginas, sí, veamos… vayan a la página 33 por favor, que Ned sufre un grave caso de amnesia. Así que mientras él intenta recordar quién es realmente, aferrándose a los jirones de su cordura para no caer en la demencia, ustedes serán testigos de sus aventuras. Divertido, ¿verdad? Para ustedes, no para el pobre bastardo de Greg Feely.

Déjenme advertirles que las aventuras de nuestro agente Slade son como una hedionda y retorcida versión de Los viajes de Gulliver. Viajarán, como así lo hizo el cirujano y capitán de barco creado por Jonathan Swift, a mundos extraños que no serán más que una excusa para satirizar la forma de pensar, sentir y actuar de los seres humanos. ¿Está el humano endiosándose a través de la tecnología? ¿El progreso de una sociedad está irremediablemente ligado a la caída y resurgimiento de esta? ¿De qué medios se valen los poderes fácticos para manipular nuestras vidas? ¿Nuestra capacidad de raciocinio sale indemne tras visionar una televisión podrida de juicios de valores? ¿Qué es la locura? ¿Estamos todos un poco locos? No, no me miren a mí. Lean El Asco. Busquen sus propias preguntas. Hallen luego sus propias respuestas.

Mientras tanto, continuemos con esos viajes, con esos personajes, mundos y seres abominables. Observen como la representación gráfica creada por el ilustrador Chris Weston nos recuerda a los cómics de mediados de los noventa: trazo duro, sombras remarcadas, con un detallismo sublime en lo desagradable y lo grotesco. Rostros repletos de arrugas, torsos masculinos de pelos retorcidos, secreciones humanas, gore sin mesura y desagradables escenas de sexo. Una perfecta conjunción entre lo feo y lo colorido, con las tonalidades más estridentes para mostraros a un puñado de agentes que, pertrechados como The Beatles en Sgt. Pepper’s, acaban siempre enfrentándose a casos dignos de una novela de espías. Si no fuera por esas montañas de basura pornográfica. Revistas con títulos tan sugerentes como: Sexo lésbico, Jovencitas cachondas, Chochos, Le dan por detrás. O por la posibilidad de atravesar la cuarta pared al visitar el Papelverso, donde los superhéroes no son más que un puñado de tinta bien ordenada sobre papel satinado. ¿Y qué me dicen de El desierto de piel muerta, en donde los ácaros son del tamaño de un camión volquete? Y hablando de camiones, observen en las últimas páginas de El Asco, déjenme ver… sí, a partir de la página 319, los bocetos de nuestro ilustrador para crear todos esos vehículos que son mitad metal mitad material orgánico y que parecen surgidos directamente de una de las películas del director David Cronenberg.

Para finalizar este itinerario déjenme que les haga unas recomendaciones: Mastúrbense. Dejen que el semen seco acartone sus calzoncillos. Introduzcan sus dedos en su húmeda vagina. Gocen. Que el fluido inunde sus bragas. Disfruten. Visionen a diario Telecinco. Sigan con su deprimente vida. Sean sumisos. Cuiden a sus piojosas mascotas. Tengan un hijo o dos. Hipotéquense. Lean La Razón. “Nos aseguramos de que duermen mientras actuamos…” No lean algo inteligente como El Asco, podrían acabar pensando. No pidan a ECC que continúe publicando cómics tan magníficos en un formato de tanta calidad, podrían seguir haciéndolo. Olvídense de Morrison. Olvídense de Weston.

“Prepárate para la inoculación. Ten a mano la bolsa para el mareo. Esto es El Asco.”

Espero que hayan disfrutado de la visita. Hasta la próxima.

Olvídense de mí.

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Assassination Classroom 20: Hora de la graduación, de Yusei Matsui

assassination classroom 20

assassination classroom 20Penúltima página de mi diario de lectura del manga Assassination Classroom.

Se acabó. Assassination Classroom 20: Hora de la graduación pone fin a esta historia. O casi.

Pero para quienes acaben de enterarse de la existencia de este manga y se hayan perdido mis cinco reseñas anteriores, resumiré la trama en unas pocas líneas: Korosensei es un monstruo que ha destruido la Luna y que amenaza con destruir la Tierra en el plazo de un año, a no ser que uno de los alumnos de la clase de 3º-E de la escuela secundaria Kunugigaoka acabe con él antes de la graduación. El gobierno promete recompensar con diez mil millones de yenes a quien lo consiga. Lo curioso del caso es que el profesor encargado de enseñarles las mejores técnicas de asesinato es el propio Korosensei, ¡y se lo toma muy en serio!

Visto así, podría parecer una historia de violencia gratuita, puro pasatiempo, pero no me cansaré de decir que Assassination Classroom es mucho más que eso. Para empezar, es una continua contradicción: el protagonista es un monstruo con un poder de destrucción sin igual; pero, a la vez, es divertido y entrañable. Y en sus clases enseña a asesinar; sin embargo, lo que los alumnos aprenden  en realidad es a reflexionar sobre el valor de la vida, a confiar en su potencial y, en definitiva, a madurar.

Ya he hablado largo y tendido sobre este manga, postrándome a los pies de Yusei Matsui en las mejores entregas y quejándome de los episodios de relleno. Pero Assassination Classroom 20: Hora de la graduación es el punto final y es el momento de evaluar si seguir este manga ha merecido la pena. Como bien dice Yusei Matsui en la solapa de este último número: «El éxito o el fracaso de la historia que es Assassination Classroom dependería de cómo dibujara ese (este) capítulo». Por eso yo temía que llegara esta entrega y por eso ahora respiro aliviada. Sí, Yusei Matsui lo ha conseguido: ha escrito un digno desenlace a esta historia. Hay mucha acción, pero también mucho sentimiento y reflexiones para el recuerdo, sobre todo ensalzando el trascendente papel que los buenos profesores juegan en la vida de sus alumnos.

Queda Assassination Classroom 21, sin embargo, ese volumen será, más bien, un epílogo donde se cerrarán algunos cabos sueltos y se incluirán algunos extras. Por supuesto, lo leeré, para reencontrarme una vez más con los personajes de esta historia, aunque ya no será lo mismo.

Todavía me sorprende haberme enganchado así a este manga, a pesar de llegar a él cuando la historia ya estaba muy avanzada. Y me asombra aún más el haber cogido tanto cariño a su excéntrico protagonista. Los que no hayáis leído nunca este manga no me comprenderéis, claro, pero seguro que los que conozcáis a Korosensei, sí. Por eso, esta reseña ha sido un nuevo intento de convencer a los escépticos para que le den una oportunidad a este manga. Si aún no lo he conseguido, no desaprovecharé mi última oportunidad: os espero en la página final de mi diario de lectura de Assassination Classroom.

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Solo: Mundo caníbal, de Oscar Martín

solo mundo caníbal

solo mundo caníbalUna rata antropomorfa, algo achaparrada pero con un torso y unos brazos que serían la envidia de un culturista. Piernas menudas que finalizan en unas botas gigantescas. En su rostro una mirada aviesa bajo un ceño dolorosamente fruncido. Media sonrisa de suficiencia a la sombra de un morro que aparece coronado por una enorme narizota. En la espalda del roedor pende una escopeta recortada. La mala leche fluye desde cada átomo del animal. Así era Solo la primera vez que el dibujante Oscar Martín realizó un boceto de su personaje insignia. Luego la rata vengadora iría evolucionando: su figura se estilizaría (como si hubiera rebajado su desmesurada ingesta de anabolizantes), su ceño se dulcificaría un poco (lo justo para pasar de dar muy mal rollo a dar mal rollo a secas) y al fin, y sobre todo en esos primeros planos del personaje en el que se nos revelaba su mirada, descubriríamos la heterocromía del iris que sufría Solo. Era 1997 y Solo era un cómic de serie B en formato grapa que había nacido porque Oscar Martín quería divertirse un poco. Contar historias en las que la violencia, la sangre y el humor cafre lo inundaran todo era su única meta. Pero entonces Solo se convirtió en un cómic underground de culto. Un cómic que buscar por cada rincón, por cada kiosco, por cada tienda de cómics y mercado dominical de segunda mano para conseguir el número que faltaba. El cómic que hoy os traigo es un reboot de aquella historia que en 1997 Oscar Martín nos relató.

En Solo: Mundo caníbal retomamos la historia poco tiempo después de lo acontecido en Solo: Los supervivientes del caos. Nuestro roedor protagonista vuelve a casa tras un día de caza y descubre que algo terrible ha ocurrido. Solo se embarcará en su vendetta personal, al estilo película de acción en la que Liam Neeson mata a todo lo que se menea. Y entre disparo y disparo los pensamientos de corte filosófico de la rata acompañarán al lector. Si en el álbum anterior estos trataban sobre la soledad y la necesidad de amar, en este nos mostrará las diferentes etapas del duelo.

Al igual que en Solo: Los supervivientes del caos nos hallamos ante un guion que es solo una excusa para armar una historia endiabladamente violenta. Degollar, abrir en canal, arrancar miembros, destripar, agujerear la carne mediante proyectiles… Son solo algunos de los métodos que el protagonista utiliza para abrirse camino hasta su meta. Y aunque la violencia con tintes de gore reina durante toda la historia también existen momentos de conciliación (Solo y sus ensoñaciones sobre un mundo mejor con un prado verde como telón de fondo) o conmovedores (el encuentro con el cachorro de perro).

El dibujo vuelve a mostrarse como la principal atracción del cómic. Oscar Martín pone toda la carne en el asador y diría que nos ofrece un arte por encima incluso del álbum anterior. Cachocarnes, moradores, solitarios o perros son algunos de los seres que encontraremos en los desiertos y lugares postapocalípticos que surgen de la mente del autor. El diseño de los personajes puede recordar a una compacta amalgama entre los animales que podemos encontrar en las películas de Disney o en los dibujos de Tom y Jerry, pero con un toque adulto dejando de lado todo lo pueril que tienen dichas historias. El color en conjunto parece mostrar una variedad cromática algo más extensa que Solo: Los supervivientes del caos, coloreando paisajes desérticos con tonos algo menos ocres y con más luminosidad en las escenas diurnas.

La edición por parte de Panini Cómics y Ominiky Ediciones es casi impecable. El álbum es del estilo y tamaño franco belga ofreciendo al lector la experiencia adecuada para enfrascarse en la lectura y disfrutar del cómic como si fuera una película de dibujos animados. Algunos errores tipográficos que afectan a la ortografía hacen bajar algo la nota del conjunto (harto sin hache es doloroso para la vista). Con todo, es de agradecer los extras que tanto en Solo: Los supervivientes del caos como en este cómic se han añadido. Fichas técnicas de personajes, bocetos e ilustraciones a doble página que podrían convertirse en un espectacular póster con el que vestir las paredes de una habitación.

Solo: Mundo caníbal es un cómic que atrapa al lector y lo lanza sin mesura a una vorágine de violencia en un mundo estéril. Un mundo creado por la fecunda imaginación del dibujante Oscar Martín que nuevamente vuelve a hipnotizarnos con esos extraordinarios dibujos que parecen cobrar vida en cada viñeta.

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Frankenstein, de Mary Shelley

Frankenstein

Frankenstein

Tengo dos problemas con los clásicos, que además va de la mano uno con otro: el primero es que no los he leído y el segundo, que me da miedo leerlos por si al hacerlo se me caen del altar. Pero esta vez me he atrevido con uno, será que me hago mayor, y he decidido leer Frankenstein en la edición que Ariel ha publicado en conmemoración con el bicentenario acompañada, además, de notas y ensayos los cuales van destinados a satisfacer las ansias de conocimiento de «científicos, creadores y curiosos en general».

Pero vayamos primero a lo importante: el libro huele mucho y bien, y la edición no está nada mal. Viene, como he comentado antes, con gran cantidad y variedad de textos complementarios, como un prefacio de los editores, la introducción al libro que Mary Shelley publicó varios años después de la aparición de la novela, una cronología de la ciencia en la época de Shelley, siete ensayos contemporáneos sobre la obra, referencias, lecturas complementarias, colaboradores de la edición y notas, muchas notas a pie de página. Tengo que avisar de algo antes de nada, y es que en referencia a estas notas lo mejor es que quien las lea ya haya leído el libro antes, porque la gran mayoría pecan de ser bastante spoiler. Aunque seguramente esto se deba a que yo ya lo tendría que haber leído. De todas formas, esto es un mero hecho anecdótico ante unas notas que no dejan (casi) ningún tema científico de la obra sin resolver.

He pensado antes de ponerme a escribir esta reseña que seguramente no era necesario hablar sobre el tema o el contenido de la obra, porque creo que, aunque no se haya leído, la mayoría de la gente sabe de qué va la historia de Frankenstein (aunque os tengo que decir que no tiene nada que ver lo que “se sabe” de la historia con lo que cuenta el libro); así que me centraré más en lo que me ha resultado curioso o en lo que creo que puede ser útil para el lector de esta edición en concreto. Uno de estos aspectos es que no se tenga miedo, lo digo porque yo tuve cierto recelo, a evitar comprar esta edición por tener dudas de si las notas, los ensayos o los distintos comentarios que ofrece el libro quedarán muy lejos del entendimiento de aquellos que no tenemos ni idea sobre ciencia. Para nada, lo podemos leer tranquilamente y, además, nos hará aprender muchas cosas que con la lectura simple del texto nos pasarían de largo. Algo que me ha gustado mucho acerca de estas notas es el punto que se les ha querido dar de chispa a la reflexión; muchas de ellas presentan preguntas para que nosotros, los lectores, sigamos indagando en la diatriba que nos presenta el editor en cuestión.

Apartándome un poco ya de este tema: ¿sabíais que el “monstruo” no tiene nombre? Me encanta saber tan poco sobre lo que se debería saber mucho porque cuando empiezo a saber sigo sorprendiéndome como cuando era un niño. Y no, no tenía ni idea de que el “monstruo” no tiene nombre, ni de que Frankenstein nunca es mencionado ni se menciona como doctor, ni de que hubo la posibilidad de una (esto va en honor a Rosario) “monstrua”. Datos como estos, frases que he subrayado porque me parecían geniales o una novela tan buena que me encantaría poder volver a no haberla leído para tener la oportunidad de su primera vez de nuevo, son algunas de las cosas que te puedes encontrar si te adentras por primera vez en Frankenstein.

Seguro que os ha pasado alguna vez eso de que mientras estás leyendo un libro te viene a la cabeza la siguiente pregunta: «¿como puede ser que el autor de esta obra (que es probable que lleve muerto años) haya escrito lo que sabía que yo quería leer?». Creo que nunca responderé a esta pregunta, no sé si por voluntad propia o incapacidad, pero sí sé que seguiré viviendo con ella. Y espero seguir viendo ediciones nuevas sobre contenidos no tan nuevos (y también sobre nuevos, eh) y pensar que no soy el único que se pregunta esto. Pero a veces sí que pienso que soy el único, a veces sí que me siento un «moderno Prometeo», a veces yo también juego a ser Dios. No fastidies, ¡que hasta el protagonista se llama Víctor!

Todo un acierto de Ariel, un nuevo empujón para aquellos que quieren seguir pensando mientras sonríen de placer.

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Conóndromo, de Francesc Aunión Julià

conóndromo

conóndromoLa muerte va ligada a la vida. Es un hecho. No existe muerte sin antes vida. Una evidencia inquebrantable. La mayoría la temen. Algunos la aceptan. Todos saben que es ineludible. Tarde o temprano todos ajustamos cuentas con la Parca. Y debido a esto, por el hecho de pensarlo, de meditar unos instantes en nuestra transición (o la de nuestros seres queridos) hacia la transformación en materia del universo, en una conciencia que se hunde en la nada, ¿no deberíamos vivir una vida más plena? ¿No deberíamos aprovechar cada segundo de esta fugaz etapa?

Bien, ya sabemos que, como dijo el propio Séneca, nada es tan cierto como la muerte. Con todo, poco podía imaginarse el filósofo natural de Córdoba que el humano alcanzaría tales logros en medicina que elevarían la esperanza de vida a niveles que para alguien nacido en el siglo IV antes de Cristo podría ser lo más parecido a acariciar con la punta de los dedos la inmortalidad. Y la tecnología sigue avanzando, a pasos agigantados. Así pues, no sería descabellado pensar que el humano pudiera en algún momento, de alguna u otra forma, superar el obstáculo universal que significa la muerte. Llegado ese momento, una vez seamos imperecederos, ¿qué miedos atenazarían al espíritu humano? ¿Seríamos capaces de vivir con plenitud o el hastío nos consumiría por los siglos de los siglos? El libro que hoy nos ocupa seguro que os dará algunas respuestas a tales incógnitas, además de lograr que reflexionéis largo y tendido sobre el tema.

Conóndromo de Francesc Aunión Julià nos hace viajar hacia el futuro: el año 2146. En ese mundo en el que la sociedad y la tecnología son un todo la muerte es un hecho residual, insólito incluso. Los humanos transfieren sus consciencias a un mundo virtual denominado Beyond en el que vivirán eternamente. Con este panorama como telón de fondo encontramos a Ray, una adolescente a la que sus padres le han regalado la opción de volverse virtual una vez haya cumplido la mayoría de edad. Pero Ray es una muchacha que se ha acostumbrado al mundo real, a coleccionar objetos vintage y a disfrutar con sus amigas. La transición forzosa que significa trasladarse a Beyond es un recorrido que intentará evitar por todos los medios. La cuestión es que sus propios padres no se lo van a poner fácil.

Para disfrutar de Conóndromo hay que tener una cosa clara: la ciencia ficción no es solamente naves espaciales, pistolas láser o batallas en el espacio profundo; la ciencia ficción es especular sobre la evolución de nuestro mundo, de nosotros como especie y de lo que nos rodea, y eso a veces se debe relatar con calma. Francesc Aunión Julià así lo hace, revelando la vertiente más costumbrista del género. Así pues, la placidez en la narración nos mostrará momentos en apariencia tan anodinos como la asistencia a un curioso concierto de música o la búsqueda de trastos antiguos por parte de la protagonista; escenas que son la esencia y la urdimbre que da forma al personaje principal, al que seguiremos a lo largo de más de 500 páginas y que infunden calidez, cercanía y calma al lector. Pasajes que irán encadenando hábitos de una persona normal que reside en un mundo que nos parecerá extraordinario. Un mundo construido con igual calma que es tan bello como sobrecogedor. Un lugar en el que los padres huyen antes de que les alcance la muerte, dejando atrás, totalmente abandonados a su suerte, a sus hijos. Una sociedad de niños y niñas al cuidado de robots y niñeras, de enormes desigualdades entre clases sociales debido a una mala repartición de la tecnología y de urbes semivacías.

Conóndromo está narrado en una primerísima persona que nos permite no solo sentir empatía por Ray, sino también llegar a ponernos en su pellejo, sentirnos de nuevo adolescentes y hacer de sus dudas las nuestras. ¿Tomaríamos las mismas decisiones? ¿Nos arriesgaríamos a luchar contra un sistema que parece imbatible? Las reflexiones se irán sucediendo a medida que vayamos avanzando en el viaje de Ray, y nos perseguirán más allá de ese giro argumental que llega justo en el preciso momento en el que la narración parece decaer, insuflando vigor para llegar hasta las páginas finales, y mucho después de haber cerrado el libro. Y tras ese final que deja la puerta totalmente abierta a una segunda parte el autor nos regala una cronología en la que explica con detalle y tremenda verosimilitud los hechos sociopolíticos, religiosos, tecnológicos o económicos que convirtieron el siglo XXII en el siglo en el que el humano se tornó inmortal. Unas pocas páginas que albergan mucha genialidad.

Conóndromo de Francesc Aunión Julià publicado por Adaliz Ediciones es un libro de ciencia ficción que pone el foco sobre una persona corriente en un mundo en el que morir es historia. La obra resulta una gran reflexión sobre las consecuencias, además de los temores y debates morales, que se nos pueden presentar ante la perspectiva de alcanzar el siguiente, y tecnológico, paso en la evolución del ser humano.

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2042 El sueño de Eli, de G.R Squire

2042. El sueño de Eli

2042. El sueño de EliLa verdad es que no suelo leer muchos libros del género al que pertenece esta novela. De hecho, creo que sólo he leído Blade Runner, de Philip K. Dick. La ciencia ficción no es mi punto fuerte, pero al leerla, me pregunto por qué no habré leído yo más libros de este género.

2042, El sueño de Eli se presenta como “una novela de ficción distópica, con un toque surrealista y numerosas píldoras de ecologismo y crítica social”. “Un thriller futurista, inquietante y perturbador”. Todo eso podemos leer en la portada y en la contraportada.

Su autor, G.R Squire, es un ambiéntologo y comunicador social londinense. Vive en Madrid desde hace diez años y es allí donde comenzó su aventura literaria, aunque desde pequeño le ha apasionado escribir y la novela de ciencia ficción. Ésta es su primera novela y para hablar de comienzos no está nada mal. Nunca diría que es de un autor novel, la verdad, pero eso lo veremos más adelante.

2042. El sueño de Eli cuenta con dos personajes principales: Eli y Soco. Y en torno a ellos se desarrolla toda la trama de esta novela. Cada capítulo alterna un pasaje de la vida de cada uno de ellos, conformando así el engranaje de esta historia. Pero antes de nada, debo explicaros el contexto, ya que es muy importante. La novela se desarrolla en el año 2042. El cambio climático condiciona el orden geopolítico mundial y España es una República que forma parte de El Bloque, que es una alianza de naciones que ejerce el control principal. Por otra parte, está el Estado de Liberación Mundial, que amenaza con atentar en un ataque terrorista contra El Bloque ante las inminentes elecciones. Madrid es una gran ciudad dividida en dos partes: la City, donde vive la crème de la crème y la Zona Sur, donde está la clase trabajadora. Como veis, algunas cosas han cambiado más que otras.

Es en este ambiente pues donde se sitúan los protagonistas de la novela. Eli, un Agente de Inteligencia retirado que trabaja ahora como investigador y docente en la Fundación de Estudios Interculturales. Y Soco, una mujer de armas tomar cuyo trabajo es ser cazadora de sueños . Ellos son los protagonistas de la novela, en torno a quienes gira toda la trama de este thriller.

La primera parte de 2042. El sueño de Eli, intercala de forma amena y muy bien perfilada la trama desde los puntos de vista de ambos protagonistas. Además, conoceremos su pasado, sus ideas y motivos para llegar hasta donde han llegado. Como os decía antes, es difícil pensar que el libro esté escrito por un autor con apenas experiencia. Su forma de narrar, su estilo, la forma en que intercala las historias me parece de alguien que sabe lo que se hace. Así que, en este sentido, 2042. El sueño de Eli no decepciona. No podemos negar su valor literario.

En la segunda parte del libro, conocemos la verdadera naturaleza de ambos protagonistas. ¿Recordáis que os hablé antes de Blade Runner? Pues Eli y Soco no distan mucho de aquellos replicantes.

La trama, llena de referencias al género de ciencia ficción, intercala el lado onírico con la realidad de manera sublime. Nos sumerge en los sueños de Eli y en los sueños en los que Soco se adentra y al mismo tiempo nos regala pequeñas píldoras de realidad, concienciándonos sobre el cambio climático, sus consecuencias y el peligro del poder que ejercen los de arriba con los de abajo.

Para ser un género que no controlo demasiado, 2042. El sueño de Eli me ha resultado una lectura muy entretenida, que me ha mantenido intrigada y pegada sus páginas más de lo que hubiera imaginado. Y es que cuando un proyecto se hace con ilusión y ganas, surgen libros tan prometedores como este.

 

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Siega, de Neal Shusterman

Siega

Siega¿Alguna vez os habéis parado a pensar que los avances tecnológicos nos pudieran conceder la inmortalidad? ¿Que cualquier daño físico que suframos, incluso la muerte, pudiera ser subsanado en un futuro no tan lejano? Aunque es algo difícil de imaginar, seguramente para las generaciones que vivieron a principios del siglo pasado, también lo serían los ordenadores, los teléfonos móviles e incluso las televisiones y las radios. La Inteligencia Artificial promete y mucho en las próximas décadas. Y no parece haber límites… Sin embargo, ¿no creéis que debería haberlos?

En esto y muchas otras cosas me ha hecho pensar Siega, la primera parte de una trilogía de ciencia-ficción que narra la vida de una sociedad en la que no existen las muertes naturales y cuyo gobierno lo rige el Nimbo, una especie de inteligencia suprema y tecnológica que lo domina a todo y a todos. Bueno, a todos no. Los segadores son un “privilegiado” grupo de personas que se rige bajo las rígidas normas de la Guadaña, una jurisdicción especial, y cuyo trabajo es el de cribar alrededor de todo el mundo, es decir, quitar las vidas que sean necesarias para que no exista la super-población. Y yo me pregunté, tras leer la sinopsis: ¿puede alguien en su sano juicio trabajar de esto sin ningún tipo de remordimiento de conciencia?

Y también es esta la pregunta que se hacen Rowan y Citra, los jóvenes protagonistas de esta historia, antes de tener nada que ver con este grupo al que todos quieren evitar. Sin embargo, cuando son seleccionados como aprendices de segadores, descubren que no todo es lo que parece y que puede existir la humanidad incluso en un acto tan inhumano como es el de cribar.

Tras este resumen, que me parece tan necesario para explicar la temática que trata esta lectura, comienzo a hablaros de lo que me ha parecido. Pero creo que mis palabras se van a quedar demasiado cortas para todo lo que he experimentado mientras he leído esta novela. Y es que no miento al decir que puede que se haya convertido en una de mis mejores lecturas de este año, por no decir que no he podido terminar el año con nada mejor que esta. Ya no es solo por el tema que trata, que es tan controvertido como extremadamente interesante, sino por cómo se desarrolla la historia.

No conocía a Neal Shusterman, pero he decir que ha conseguido sorprenderme desde el primer capítulo. Especialmente la manera de profundizar en los pensamientos y sentimientos de los personajes, que ha hecho que conectara con ellos y me sintiera cercana a ellos en todo momento, a pesar de vivir situaciones tan duras y desesperadas. Y esto es algo que me parece esencial en una historia como esta, al ser una distopía de ciencia-ficción que se aleja bastante de nuestra realidad.

Pero también destacaría cómo ha logrado engancharme y dejarme con la boca abierta a lo largo de casi todos sus capítulos. Que un libro sea totalmente imprevisible es un factor a destacar en la literatura actual y un problema si no te quieres tirar leyendo hasta las tantas de la madrugada (como me pasó a mí bastantes noches en las que he leído Siega)…

Y es que este es un libro que te hace reflexionar, que te hace preguntarte los límites del ser humano (si es que los hay), cuestionarte si de verdad sabemos lo que es correcto y lo que no y si actuamos en consecuencia. Si realmente hay cosas que ninguno de nosotros haríamos bajo ninguna circunstancia… porque hay que estar dentro de una situación para darnos cuenta de lo que somos capaces de hacer. Y es que el ser humano es tremendamente complejo.

Y esta es una de las conclusiones a las que he llegado tras leer este libro, y a la que estoy segura que llegaron Rowan y Citra, entre otros personajes. ¿Hay circunstancias que pueden hacer que perdamos nuestra humanidad? Pase lo que pase, y aunque existen héroes y villanos, y siempre existirán, tanto en la vida real como en las historias, todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior. Lo que importa es qué elegimos potenciar (sutil referencia a mi querido Harry Potter). Así que, desgraciadamente (y de esto trata esta novela), quizás la respuesta sea sí. La humanidad se puede perder para dejar paso a los aspectos más negativos que todos tenemos en nuestro interior, hasta el punto en el que el mal, la corrupción y el egoísmo domine nuestras vidas. ¿Vosotros qué pensáis?

Con unos personajes de los que te encariñas desde las primeras páginas, con los que es difícil no empatizar, y con una historia dura, profunda e increíblemente terrorífica, al plantear la cuestión de hasta qué punto de crueldad y falta de empatía puede llegar un ser humano, Siega se ha convertido en una de mis lecturas favoritas de este 2017. Con una pluma espectacular, que es capaz de provocarte mil y un sentimientos a la vez, Neal Shusterman me ha sorprendido de demasiadas maneras y me regalado una historia con la que he disfrutado enormemente. Además, después de este espectacular final, ¿cómo nos puedes dejar así? Literalmente, soy incapaz de esperar a leer su continuación, Thunderhead, y hacerme con el resto de sus libros lo más pronto posible.

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Star Wars, atlas galáctico, de Tim McDonagh

Star Wars atlas galáctico

Star Wars atlas galácticoConsidero que tengo una familia envidiable. Sin duda, es la mejor cosa que me ha pasado en la vida. A pesar de que mis padres se divorciaron cuando yo era muy pequeña y que los problemas familiares eran el pan de cada día, con el tiempo me he dado cuenta de que la familia es lo primero. No tengo hermanos, pero tampoco los he echado de menos porque durante muchísimos años vivió en mi casa mi tío David, que me saca catorce años. Él se encargó de hacer de hermano mayor, con las cosas buenas que implica y con las malas. Tengo muchos recuerdos de cuando era pequeña —mi familia me dice que es increíble la memoria que tengo— y uno de mis favoritos es aquel en el que yo salgo de clase y él está en la puerta del colegio esperándome. Entonces íbamos a casa, comíamos súper deprisa viendo los Simpsons y luego nos poníamos a jugar a la Play un buen rato. Hasta que venía mi madre y nos echaba la bronca por estar todo el día enganchados a la maquinita. Normalmente, él jugaba —sobre todo al Grand Theft Auto— y yo iba buscando en Internet trucos para que él los aplicara. Lo pasábamos en grande. Ahora él tiene dos hijos pequeños a los que veo día sí y día también. Ahora soy yo la que juega con ellos a la Play y les enseña todos los trucos que pueden hacer en el Spyro o les pasa las pantallas difíciles del Gran turismo. No os imagináis lo feliz que me hace eso.

Y diréis, ¿qué tiene que ver todo ese rollo con el libro que vienes a reseñar? Muy sencillo: he decidido leer este libro por ellos. Ahora mismo son fanáticos de la saga Star Wars. Se han visto las películas como un millón de veces. Lo tienen absolutamente todo, las sábanas, los pijamas, los muñecos, todo. El mayor siempre se pide a R2-D2 y el pequeño a Darth Vader. El otro día le explicaba el origen de ese personaje (toda la historia de Anakin Skywalker y el pobre me miraba con una cara como diciendo “esta tía está loca”). A sus cuatro años todavía no había hilado ese razonamiento, así que el pobre me miraba con una cara…

La cuestión es que vi el libro Star Wars, atlas galáctico que ha editado recientemente Planeta Junior y que está ilustrado por Tim McDonagh y no pude evitar imaginarme a mí misma contándoles toda la historia de Luke y Leia, de Han Solo, Obi-Wan Kenobi y Chewbacca usando los mapas que vienen dentro de este libro. Cuando me llegó a casa me quedé sin palabras. Para empezar, me lo imaginaba muchísimo más pequeño. Sabía que no tendría el tamaño de un libro normal y corriente, pero no me lo imaginaba tan gigante. La edición es perfecta, sumamente cuidada. En cada página podemos encontrar la historia de un planeta diferente, donde se contiene un análisis de su población y de los personajes más importantes que allí habitan. No solo podremos encontrar mapas, sino también cartas estelares, las batallas más famosas de la saga y, lo más importante, la cronología de los hechos. Porque queramos que no, Star Wars es un poco lío en cuanto a fechas. Seguro que todos hemos hecho esa pregunta de: “¿pero en la tercera película de las viejas o de las nuevas?” Porque ya sabemos que las primeras que vieron la luz, las originales, son posteriores en el tiempo que las que se emitieron a principios de los dos mil. Por no hablar de la saga que está emitiéndose ahora —POR FIN este mes se estrenará la segunda parte— que sería la continuación de las películas de los ochenta. Y también se ha hecho una precuela, Rogue One, que se estrenó el año pasado y que iría justo después de la saga de los dos mil. Pues eso, un lío de los buenos.

Star Wars, atlas galáctico es una pieza de coleccionista. Para niños y no tan niños. Es más, estoy segura de que en este caso disfrutaremos de este libro muchísimo más mi tío y yo que los niños. Es volver atrás, volver a revivir todo, recordar y sonreír.

En serio, no os imagináis lo feliz que me hace poder tener este libro entre mis manos. Aunque ahora lo he cerrado para hacer esta reseña, estoy segura de que volveré a abrirlo una y otra vez cuando me apetezca recordar y que la fuerza esté conmigo.

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Ideando libertad, de Luis J. Pérez

Ideando libertad

Ideando libertadHikikomori es un término japonés que se utiliza para referirse a esas personas, en su mayoría adolescentes, que han decidido abandonar la vida social y vivir recluidos en casa. Nada de quedar para tomar un café con los amigos y charlar. Nada de planear una cena romántica con la pareja. Nada de salir de juerga el sábado por la noche. Los hikikomori, ya sea por timidez extrema, agorafobia, otro tipo de trastorno psicológico o por evitar el bullying, rehúyen de cualquier contacto social. Su vida se reduce a videojuegos, cómics, películas y mucha comida instantánea; todo ubicado en una habitación, una burbuja protectora, que en ocasiones pasa desapercibida para los padres hasta que es demasiado tarde. Aunque la mayoría de los casos de hikikomori ocurren en Japón (una sociedad ya de por sí con ciertos problemas a la hora de relacionarse), se han contabilizado algunos casos fuera del país nipón.

Ciertamente los hikikomori son un caso extremo de autoexclusión social, de evitar que nada escape del control que los humanos creemos tener, de sortear esos daños emocionales que las relaciones en ocasiones producen. Pero, en cierto modo, ¿no somos todos un poco hikikomori? Cuando colgamos esa foto en Instagram que ha pasado por varios filtros diciendo que lo estamos pasando genial cuando no es cierto; cuando tuiteamos, añadiendo hashtags a mansalva, sobre un programa o un tema que nos la trae al pairo con el fin de conseguir atención. Y lo mismo en Facebook y todas esas redes sociales en las que creamos nuestra propia zona de confort en el ciberespacio mientras dejamos de lado al amigo o familiar que asombrado observa como nos dejamos absorber por la pantalla del móvil. Con este panorama, ¿qué nos deparará el futuro? ¿Recapacitaremos o con el paso del tiempo el asunto irá a peor? Ideando libertad de Luis J. Peréz es un libro de ciencia ficción que invita a meditar sobre como un mal uso de las tecnologías podría no solo convertirnos en seres excesivamente individualistas, sino que aun siendo conscientes de ellos nos pareciera lógico y la vía correcta a seguir.

En Ideando libertad un virus se propagó a nivel mundial creando la peor de las pandemias desde que la peste negra lo hiciera en la Europa medieval. El virus obliga a la gente a cometer suicidio no sin antes intentar matar al mayor número de congéneres de su especie. Por suerte para la raza humana el virus pudo controlarse y en 2157 son pocos los casos que se tienen contabilizados. Los métodos de control son draconianos: desde una droga denominada Propilium hasta dispositivos ubicados dentro de la muñeca, los cuales permiten moldear sentimientos, recuerdos y hasta pensamientos. Pero a pesar de todas estas medidas de seguridad algo está ocurriendo, algo está haciendo que el virus vuelva a activarse. Tal vez sea el momento de descubrir la verdad.

Luis J. Pérez nos embarca en este futuro distópico en el que la población prefiere perder libertades si con ello obtiene más seguridad. Tres serán los puntos de vista para destapar las carencias, y mostrar algunas virtudes, de una sociedad enfermiza. Por un lado tenemos a Bernie Closs, un programador de emociones que con un poco de ayuda externa descubrirá que la libertad primero hay que desearla para conseguirla. Keylor Mayo es un periodista que realizó un documental muy polémico. Ahora un grupo de terroristas se la tiene jurada. Por este motivo pasa su vida exiliado en una estación espacial o grabando reality shows, algunos tan delirantes como aquel que muestra lo que era comprar en una tienda en el siglo pasado. El último de los personajes que forma parte de este excéntrico triunvirato es Roona Hill, la presidenta de los Estados Unidos. Su punto de vista será la excusa para mostrarnos lo que ocurre entre las bambalinas de la Casa Blanca y la influencia que los poderes fácticos ejercen sobre las decisiones de los políticos.

Luis J. Pérez utiliza una prosa directa, ágil y exenta de florituras. Es un escritor más de verbos que de adjetivos. Con ello consigue que la novela resulte una lectura extremadamente ligera, incluso en esos primeros compases algo confusos en el que la jerga técnica se abigarra en cada frase para crear contexto y conseguir un world building tan complejo como consistente. Por otro lado, los personajes protagonistas son tan extravagantes como las situaciones en las que se ven inmersos. La presidenta practicando sexo a contrarreloj, Bernie Closs y su compra en el mercado negro de aplicaciones para su dispositivo de muñeca o Keylor Mayo (este personaje se lleva la palma en extravagancia) y sus programas de televisión que se mueven entre lo vintage y lo que convierte en mero entretenimiento la represión policial. Personajes que son el subterfugio del autor para guiarnos por un mundo en el que los sentidos, las emociones, los recuerdos y todo lo que nos hace humanos son controlados de una forma terroríficamente simple.

Ideando libertad de Luis J. Pérez es una interesante, ácida y en ocasiones extravagante reflexión de en lo que podemos llegar a convertirnos si confiamos ciegamente, hasta la sumisión, y abusamos indiscriminadamente de la tecnología.

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Ulna en su torreta, 1, de Izu Toru

Ulna en su torreta 1

Ulna en su torreta 1La nieve siempre es muy resultona como escenario de terror. Todavía recuerdo vivamente cómo, de niño, por aquel glorioso 1982, me impresionó aquella copiosamente nevada La cosa, de John Carpenter, una película no del todo apreciada en su momento, pero que ha ganado mucho con el tiempo.

Situar una historia de terror en un paisaje remoto y desolado no sólo nos proporciona imágenes más o menos espectaculares, sino que sirve al autor como metáfora de una lucha de poder a poder entre dos fuerzas elementales: el hombre contra el mal, un mal que, lejos de la civilización, sea en la Antártida, como en la película de Carpenter, sea en el espacio exterior, como en Alien, apenas puede ocultársenos. La metáfora se completa, así, cuando descubrimos que el mal, simbolizado en esos terroríficos bichejos, no se encuentra sino dentro de nosotros mismos.

Los paisajes remotos y desolados, no obstante, van mucho más allá de la belleza visual que nos pueda proporcionar el cine, y de hecho desde ellos resuenan unos ecos literarios de tanta enjundia como El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, o Esperando a los bárbaros, de J.M. Coetzee.

Ulna en su torreta nos lleva a un escenario bastante parecido, el de la isla de Lizl, “una isla de viento y nieve donde casi nunca hacía buen tiempo”. Allí, al borde de un acantilado de espanto se encuentra una base científica reconvertida ahora en pequeña fortaleza, desde la que un regimiento formado casi exclusivamente por mujeres se dedica a combatir a la tribu salvaje de los Thuud. Así, mientras por un lado la fortaleza y la torreta del título penden junto al abismo, por el otro lado encaran un gigantesco trampolín conocido como “las alas de Chilmo”, que utiliza el enemigo para sus “saltos bárbaros”. Si no lográis haceros una idea, pensad simplemente en ese torneo de saltos que todos los días de Año Nuevo nos ayuda a calmar la resaca. Así, pero más bestia. Pues bien, ahí es donde, por decisión personal, fruto de un afán de cobrarse venganza, o, por decirlo de otra manera, de hacer justicia, a ido a parar nuestra heroína Ulna.

No es fácil, a estas alturas del siglo y de los efectos especiales, crear monstruos que cumplan el cometido de todo monstruo que se precie, a saber, dar miedo. Espinas, babas, tentáculos, ojos amarillos y colmillos a tutiplén han dado, posiblemente, todo lo que podían dar de sí. El terror ahora ha de proceder, por supuesto, de algo más cercano a nosotros, más reconocible, más personal. Y así, Ulna en su torreta nos regala unas criaturas nunca antes vistas, y absolutamente espeluznantes en todo su prosaico esplendor. Se trata, ni más ni menos, que de dentaduras. No, no son bichos con dientes feos. Son dentaduras. Monstruosas, repulsivas, escalofriantes y, sobre todo, absolutamente humanas. Y si pensáis que eso a vosotros no os da yuyu, recordad la primera vez que visteis aquello, en un vaso, al lado de la cama de vuestro abuelito.

Este primer volumen de Ulna en su torreta, en definitiva, nos trae una historia interesante y original, un personaje central muy atractivo,  escenas de una violencia difícil de digerir, y una escena final de sexo francamente turbadora. Queremos más.

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