Publicado el

La señora Fletcher, de Tom Perrotta

La señora Fletcher

La señora FletcherSi os digo la verdad, hacía ya varios libros que no me divertía tanto con uno como con el libro del que hoy os hablo. A veces me pongo muy intensita con mis lecturas y me olvido de que la literatura también sirve para entretener y divertir, así que cuando me llega uno de estos libros los disfruto muchísimo. La señora Fletcher es uno de esos libros que no esperaba que me fuera a gustar tanto y cuya lectura me ha sentado de maravilla. Gracias, Libros del asteroide y Tom Perrotta, por estos días en los que he acompañado a Eve y al resto de personajes en esta genial historia, me habéis alegrado las vacaciones de Semana Santa.

La señora Fletcher es Eve, una mujer de cuarenta y pocos años divorciada que vive con su hijo Brendan. Este será el primer año de Brendan en la universidad y el primer año que Eve tendrá la casa y todo su tiempo para ella sola. Así que Eve decide apuntarse a la universidad a un curso de “Género y sociedad” donde conocerá a personajes dispares que acabarán por convertirse en su nueva familia. Brendan, por su parte, descubrirá que la vida universitaria no es tan divertida como él pensaba.

Madre e hijo se enfrentan a una especie de crisis de identidad. Eve, en su papel de madre que empieza a vivir de nuevo, a redescubrir la amistad y aprovechar su soltería indagando en todas las posibilidades sexuales que le ofrece esta nueva etapa. Y son muchas, creedme. Y de lo más variado, como la vida misma. Y Brendan afrontando por primera vez su etapa de adulto y descubriendo que todo lo que había imaginado que sería su vida en la universidad no tiene nada que ver con la realidad.

El personaje de Eve me ha parecido una auténtica maravilla. Me gusta porque, durante mucho tiempo, las mujeres de esta edad parecían invisibles para el cine, la televisión e incluso la literatura. Como si a partir de los cuarenta sus vidas ya no fueran interesantes y no pudiera ocurrirles nada nuevo. Menos mal que hay gente como Tom Perrotta que nos demuestra que hay vida más allá de los cuarenta. Que las mujeres de esta edad también sienten, viven y disfrutan sus vidas.

No sé si es porque Tom Perrotta es guionista de series como The Leftovers, pero no dejaba de imaginarme esta novela llevada a la pantalla y las enormes posibilidades que tiene. En cualquier caso, su estilo literario es muy bueno también y se lee y disfruta de maravilla.

La señora Fletcher ha sido todo un descubrimiento y ha supuesto un gran flechazo literario para mí. Así que, obviamente, no puedo dejar de recomendaros este libro. Os prometo que lo vais a pasar bien.

[product sku= 9788417007355 ]
Publicado el

El color de la luz, de Marta Quintín

El color de la luz

El color de la luzDesde siempre me han llamado enormemente la atención las historias ambientadas en épocas anteriores, ¿por qué? Supongo que porque describen un mundo que me es totalmente ajeno, pero también, porque con el paso del tiempo adquieren un carácter romántico y nostálgico que les otorga cierto halo de irrealidad. Estas características se le pueden atribuir a El color de la luz, la segunda novela publicada de la joven escritora maña, Marta Quintín.

El color de la luz nos narra la historia de Blanca Luz Miranda, una anciana empresaria de éxito que utiliza su fortuna para adquirir arte y que en una reñida puja consigue hacerse con un inquietante cuadro firmado por Martín Pendragón. La subasta es presenciada por una joven reportera –sin nombre, para dejar el verdadero y total protagonismo a Blanca Luz y Martín–, que no duda ni un momento en que detrás del exorbitante desembolso, hay una historia que tiene que ser contada. Gracias al curioso e incisivo carácter de la periodista, vamos conociendo por medio de la propia Blanca Luz, su historia y la del famoso artista, explorando distintos tiempos y lugares. Viajamos de la España previa a la Guerra Civil, o de la que se sucedió durante el conflicto; al París artístico de los años 20; o al Nueva York de las subastas de arte de los años 80.

La mayor parte del libro está narrado a través de un narrador omnisciente, exceptuando unas pocas interrupciones en las que la joven periodista nos narra en primera persona los pensamientos y sentimientos que le está suscitando la historia de Blanca Luz y Martín; lo que dota al libro de una frescura que aviva en cierto modo el carácter pausado e intimista que posee. Marta Quintín hace gala de una prosa cuidada y detallista y de un vocabulario rico y cultivado, que confieren a la novela un gran nivel que la distingue de muchos de los libros de su misma temática publicados hoy en día.

Si su léxico y su manera de narrar sorprenden gratamente, no lo hacen menos sus protagonistas. Unos personajes tan complejos, llenos de matices y reales, que a pesar de la dificultad que puede llegar a suponer comprenderlos e identificarse con ellos en determinados momentos, no puedes dejar de acompañarlos en sus aventuras hasta el final. Es especialmente destacable la protagonista femenina, una mujer tan volubre, perdida y caprichosa como fuerte, valiente y descarnada. Es una antiheroina, que a pesar de sus muchos defectos y de su carácter dañino y, en algunas ocasiones deshonesto, te engancha.

No descubro nada nuevo a nadie si digo que la vida es complicada, que está llena de altibajos y que tan pronto estamos arriba creyéndonos los reyes del mundo, como caemos hasta el lugar más profundo de un hoyo que parece interminable y del que somos incapaces de ver la salida. Antes o después todos pasamos por ambos puntos, ninguno nos libramos de esta travesía que va desde la felicidad más plena hasta la tristeza más honda. Por supuesto, cada uno pasamos más o menos tiempo en un estado o en el otro y son muchas las circunstancias que influyen en ello; unas propiciadas por nosotros mismos y otras que simplemente nos toca vivir sin que nada podamos hacer. Este tema lo encontramos magníficamente plasmado en El color de la luz, especialmente en la figura de Martín Pendragón, nuestro gran artista, al que vemos crecer a lo largo del libro, luchando por conseguir su sueño. Tendrá que enfrentarse a un padre estricto e intolerante que no le permite dedicarse a su gran pasión, al desamor y al abandono, y al inició de una nueva vida fuera del hogar y de su ciudad natal, luchando con uñas y dientes para lograr su sueño. Blanca Luz, aunque de otro modo, también tendrá que hacer frente a un buen número de obstáculos a lo largo de la historia, pero, sobre todo, tendrá que enfrentarse a sí misma, como la mayor traba para alcanzar la tranquilidad y la felicidad.

A pesar de que los personajes están íntima y estrechamente ligados al mundo del arte, este no es el verdadero tema del libro, sino que el eje sobre el que gira toda la historia es el amor. Pero no un amor cualquiera. Estamos muy acostumbrados a las historias románticas de chica conoce a chico, chica y chico se enamoran, sufren unos cuantos obstáculos que, generalmente, superan y acaban comiendo perdices hasta el final de sus días. Sin embargo, esta novela no es sobre un amor tan plano y perfecto, sino que nos muestra un amor real, difícil, tóxico, tortuoso, imperfecto y sobre todo, insuficiente. Porque aunque nos cueste hacernos a la idea, a veces el amor no puede con todo y puede no ser suficiente. A veces, dos personas se quieren, pero no saben quererse bien. El color de la luz es una historia, al igual que sus protagonistas, compleja; que nos adentrará en las capas más profundas del alma del ser humano.

El arte es como el amor. Nos dedicamos a escribir libros que nadie leerá, a pintar cuadros que no colgarán de ninguna pared y a enamorarnos de gente que jamás nos corresponderá. Lo sabemos y, aún así, lo seguimos haciendo. El ser humano es la única criatura de la naturaleza que se empeña en cosas tan poco prácticas. ¿Por qué será?

[product sku= 9788491290285 ]
Publicado el

Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi

Recuerdos del primer amor

Recuerdos del primer amorEn las cosas del amor no hay nada más grande que el primero, ya que será con lo que midas el resto de experiencias de tu vida. Amar de verdad significa inquietud. Inquietud por encontrar a la persona amada en cada esquina que doblas; esperar a que suene el teléfono para volver a escuchar su voz; hacer que cada conversación tenga que ver con el amor. La música que escuchas, las películas que ves, los libros que lees, de todo extraes la savia necesaria para calmar esa inquietud que en ti deja el primer amor. Y el primer amor a veces dura para siempre y se hace único y, la mayor de las veces, se acaba. Pero no así la inquietud. No, esa no se muere jamás.

La literatura está llena de historias de amor: poemas, cancioncillas, tragedias, novelas… El tema ha sido recorrido en todas sus posibilidades, a veces para bien, la mayor de las veces dolorosas. Pero la inquietud, como digo, ahí sigue. El primer amor no se olvida, tan honda es la huella que deja, que el poeta debe inmortalizarla con su mayor arma. Y así nos llegan unos textos de singularísima belleza y sensibilidad como son los recogidos en este Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi.

El libro que edita Acantilado reúne el diario y el poema que escribió un jovencísimo Leopardi dedicados a la mujer que le inspiró escribirlos. Ambos textos constituyen un notable reflejo del Romanticismo italiano que, en su elegante estilo, despliega los matices propios de los autores románticos que caían embelesados por el primer encuentro con el mayor de los anhelos del hombre: el amor.

En 1817, el poeta italiano conoció a Geltrude Cassi Lazzari por quien profesó un fortísimo amor secreto. Nunca llegó a consumar aquel deseo y tuvo que reprimirlo en los versos que componen tanto su diario como el poema. En ambos, describe el momento en el que se conocieron cuando ella llegó por primera vez a su casa. Ella era mayor que Leopardi, que apenas contaba con diecinueve años, y estaba casada con otro hombre. Era un imposible que por tal resultaba un imán más atrayente. La zozobra que le provocaba saberse enamorado de ella y no poder ni saber expresarlo le causaba tal inquietud que solo en la escritura de esta obra encontró algo de paz. Aquella pasión descontrolada de la juventud se muestra en los versos de su diario, donde el insomnio, la falta de apetito y la pérdida de interés en sus estudios le acompañarán mientras suspira por ser correspondido.

El poema —incluye los versos originales en italiano junto a su traducción al español— dice así en el primer terceto:

«Tornami a mente el dì che la battaglia
D’amor sentii la prima volta, e dissi:
Oimè, se quest’è amor, com’ei travaglia!»

«Vuelve a mi mente el día en el que supe / de amor por vez primera y me dije: / ¡Ay, si esto es amor, cómo destruye!»

Caer prendado por una mujer ideal e inaccesible es un tópico neoplatónico que ya se mostró en los diálogos del Banquete, del pensador griego, así como en la poesía de Petrarca, que concebía a la mujer como la donna angelicata de cabellos dorados y bello rostro, representada como la Venus de los cuadros de Botticelli. Al poeta le azuza el amor esquivo; aumenta el deseo cuando no se consigue, pero también le destruye. La Beatrice de Dante, «la gloriosa señora de sus pensamientos», fue un amor no consumado y que al poeta fiorentino mantuvo inspirado el resto de sus días. También es célebre el amor que sintió Bécquer por Julia Espín. Las Rimas revelan que el poeta sevillano sufrió terriblemente el no ser correspondido y en ellas se aprecia la amargura, el dolor y la desesperación que le provocaba la honda herida que ello le dejó.

La delicadeza con la que Giacomo Leopardi escribe es una muestra más del sentir de los románticos. Los fervientes amantes de las lecturas «decimoñóñicas» agradecemos la publicación de Recuerdos del primer amor para así acercarnos a la figura de este poeta italiano considerado uno de los más importantes del siglo XIX. Leer cada línea del diario o verso del poema arañaba un poquito más la corteza que, creía, recubría y mantenía ocultos mis recuerdos. Yo también tuve un primer amor, poco a poco se va alejando más, pero esa pasión que nunca murió despierta de vez en cuando y hace daño. Entonces es cuando se hace necesario abrir este libro y, entre otros, hacer míos estos versos:

«Vive quel foco ancor, vive l’afetto,
Spira nel pensier mio la bella imago,
Da cui, se non celeste, altro diletto
Giammai non ebbi, e sol di lei m’appago.»

«Sigue ardiendo la llama, vive el afecto / vive en mi mente aquella imagen / puesto que otro placer, no siendo los del cielo / jamás tuve y solo con ella me saciaba».

[product sku= 9788416748808 ]
Publicado el

Sigo siendo yo -Yo antes de ti- 3, de Jojo Moyes

Sigo siendo yo

Sigo siendo yoCuando anuncié por las redes sociales que iba a leer la tercera parte de Yo antes de ti mucha gente se puso en contacto conmigo para preguntarme por la saga. Otros muchos me dijeron que habían leído la primera parte por el boom que hubo en su día, pero que después les dio pereza seguir con la historia (visto el final del primer tomo). Y yo que no me lo explico. No lo entiendo. ¿Seré yo la única que estaba deseando que la vida de Louisa Clark continuara? Es imposible, no puede ser. Me cuesta mucho comprender a aquellas personas a las que no les gusta esta trama y que no entienden por qué la autora, Jojo Moyes se ha atrevido a escribir una tercera parte.

Y es que a mí esta saga me encanta. Estoy segura de que esto se debe a la naturalidad de la protagonista, Lou, con la que a veces me identifico tanto que me llego a asustar. En muchas de las escenas me veo tan reflejada en ella que en ocasiones pienso que estoy leyendo algo que podría haber salido de mi propio diario. Y eso da miedo. Y engancha, a partes iguales. Porque, para mí, no hay nada más bonito que leer un libro que te haga perder tu propia identidad hasta el punto de llegar a pensar que tú mismo eres el protagonista.

Es esta nueva entrega, Sigo siendo yo, Louisa Clark viaja a Nueva York, donde trabajará de asistente de una mujer rica que reúne todos los requisitos para ser la típica chica de la Quinta Avenida. Aunque podríamos deducir que Lou se va a sentir como en casa, ya que en principio se podría pensar que Estados Unidos no es tan diferente de su Inglaterra natal, lo cierto es que Lou va a tener que reconstruir su vida desde cero. La existencia en la Gran Manzana se le complica desde el mismo momento que pone sus pies en el asfalto estadounidense y la aparición de Josh, que le recuerda tanto a Will que llega a doler, no ayuda en absoluto. Ella quiere con todo su corazón a Sam, eso es cierto, pero un océano de por medio es mucho. Es mucha distancia, es mucho tiempo, es muy difícil.

Jojo Moyes vuelve a traernos una novela que no es perfecta. Cuando leí Yo antes de ti y llegué a ese final (¡qué final!) me quedé a cuadros. En serio, me quedé mirando la última página y pensando “¿de verdad? ¿esto está pasando?”. Solo podía pensar en las narices que tuvo la escritora cuando publicó el libro que la llevaría a la lista de los bestsellers en una carrera contrarreloj. De hecho, hace poco leí una entrevista en la que ella confesaba que tenía el final pensado antes de escribir el libro, pero que, cuando llegó a ese punto en el que la historia terminaba, le preguntó a su editora que si podía escribir un final alternativo para que los lectores eligieran con cuál quedarse. Su editora se rio mucho y cuando vio que la escritora británica no se lo estaba diciendo de broma, le tuvo que decir que no, que no se podía hacer eso. En fin, Jojo Moyes se preocupa por el lector, pero hace lo que tiene que hacer, tanto en Sigo siendo yo como en el resto de entregas. Por eso sus novelas no son perfectas. Si lo fueran, os lo aseguro, ahora mismo no estaría aquí escribiendo esta reseña, porque no habría pasado del primer libro de ninguna de las maneras.

Y yo la verdad es que me alegro de que la editora le parara los pies, porque si se hubiera hecho eso (si nos hubiera dado el final que todos, en el fondo, queríamos), seguramente, ni siquiera habrían surgido estos dos libros posteriores. Mucha gente considera que son innecesarios, sobre todo este último, pero qué os voy a decir… a mí la vida, la personalidad, la rareza de Lou me gusta tanto, que no me importaría leer más y más sobre ella. Es como cuando le digo a la gente que si Anatomía de Grey siguiera renovándose hasta tener treinta temporadas, yo lo seguiría viendo sí o sí. Porque son historias que me gustan. Vale, quizás no lleguen a sorprenderme como al principio, pero estoy tan a gusto y tan cómoda en ese mundo, que no me importaría pasarme por ahí unas cuantas veces más.

No sé, tal vez sea porque soy una soñadora empedernida como Lou. Una chica que siempre ve el lado positivo de la vida y que intenta levantarse cada día con una meta que cumplir. Y todo ello a sabiendas de que la vida es difícil. Que la vida duele en muchas ocasiones y que es capaz de destrozar todo lo que queremos e incluso por lo que respiramos cada segundo. Pero esto es así. Hay que plantarse, ya sea con unas medias a rayas amarillas y negras o con unos vaqueros normales y corrientes, para decirle a la vida que somos más fuertes que ella. Y Lou ha demostrado que es capaz de hacer eso y mucho más.

[product sku= 9788491292395 ]
Publicado el

Tocar las estrellas, de Katie Khan

Tocar las estrellas

Tocar las estrellasImagina esta escena: tienes ante ti al amor de tu vida. Solos tú y esa persona. La miras a los ojos y deseas que todo salga bien, que sigáis adelante juntos.

Qué bonito, ¿verdad?

Ahora abramos un poco más el plano: el amor de tu vida y tú, solos… flotando en mitad del espacio, con el planeta Tierra allá al fondo y rodeados de infinitas estrellas.

Sigue pareciéndote romántico, ¿no?

Ampliemos más la panorámica: además de las estrellas, hay un cinturón de asteroides contra el que podéis chocar en cualquier momento.

Vaya, seguro que ya no te gustaría estar ahí. Pues eso no es lo peor: por un problema en vuestros equipamientos, solo os queda noventa minutos de oxígeno.

Noventa minutos para encontrar una forma de sobrevivir.

¿A que ahora eso de mirarle a los ojos y desear que todo salga bien, que sigáis adelante juntos, adquiere un significado mucho más trascendental?

Ese es el punto de arranque de Tocar las estrellas, la primera novela de Katie Khan. En ella, esta escritora londinense no solo nos hace sufrir con la lucha de Carys y Max por sobrevivir, sino que además nos muestra un futuro utópico bastante creíble. Para ello, intercala el presente y el pasado de los protagonistas. Por un lado, asistimos a la dramática cuenta atrás (noventa minutos de oxígeno, ochenta y cinco, ochenta…), en la que Carys y Max idean formas de regresar a su nave, ayudados por una inteligencia artificial llamada Osric y sin perder el sentido del humor para no desesperar. Y por otro lado, nos cuenta cómo se conocieron en ese mundo perfecto. Perfecto para todos, menos para ellos, porque en ese mundo su amor no estaba permitido.

El mundo utópico que nos presenta Katie Khan ha surgido tras una guerra nuclear entre Estados Unidos y Oriente Próximo. Ya no existen las identidades nacionales ni las divisiones religiosas por las que la humanidad se ha matado durante siglos; los avances tecnológicos facilitan el día a día y llevan la interconexión hasta límites insospechados; la democracia por fin es real y mantiene unos altísimos niveles de participación y las medidas sociales promueven la realización personal de todos los individuos, porque cuando cada uno da lo mejor de sí, la sociedad avanza. Pero ese logro es precisamente el mayor problema de Carys y Max, ya que, para defender esa individualidad, ninguna persona puede permanecer en el mismo lugar durante más de tres años y solo se permite establecer vínculos afectivos duraderos y tener familia a partir de los treinta y cinco. Y a Carys y Max aún les queda una década para que llegue ese momento. ¿Tienen derecho a cuestionar un sistema perfecto solo por lo que sienten ellos dos?

Con todos estos elementos, Tocar las estrellas se convierte en una historia de amor para el recuerdo, una novela de ciencia ficción convincente y una reflexión social de las que dan para un largo debate. Y por si esto fuera poco, nos rompe los esquemas hasta la última página.

Antes te he pedido que te imaginaras junto al amor de tu vida flotando en el universo, luchando por sobrevivir. Pero es mejor que no lo hagas y leas directamente Tocar las estrellas. Porque te aseguro que nada de lo que imagines será ni la mitad de épico de lo que Katie Khan ha plasmado en esta novela.

[product sku= 9788401020926 ]
Publicado el

La Terapia de Neka, de Nekane

La Terapia de Neka

La Terapia de Neka¿Por qué tropezaré siempre dos veces con el mismo homo?

No sé exactamente qué fue lo que más me llamó la atención de esta novela, pero creo que fue esta frase de la portada la que me hizo adentrarme entre sus páginas. Y es que se me hizo imposible no sentirme identificada con ella. ¿Cuántas veces hemos tropezado con la misma piedra? Y cuántas veces seguimos tropezando y tropezando sin parar y sin importarnos la caída, porque sabemos perfectamente cuáles serán las consecuencias y las abrazamos sin más. Sin saber cómo nos sentiremos después de haber caído varias veces en un mismo error.

En el caso de este libro, la piedra es un hombre, o mejor dicho, todos los hombres. Que enloquecen a nuestras jóvenes protagonistas, hasta el punto de llegar el odio. Y aunque es algo que a todas nos ocurre en algún momento de nuestra vida, sobre todo en la adolescencia, en este libro se trata de manera especial. Y es que La Terapia de Neka se centra precisamente en ese miedo a caer en las redes del amor. Esas redes en las que nos sentimos indefensos, desprotegidos pero a la vez ilusionados, con ganas de sonreír todo el tiempo. Pero, sobre todo, en las que nos sentimos con un miedo terrible a perder y sufrir. Y eso nos hace hacernos los duros, a dejar de ser tan humanos y parecernos más a cebollas, con capas y más capas que nos impiden mostrar nuestros verdaderos sentimientos.

Pero Nekane nos muestra que todo esto se puede afrontar de distintas formas. O bien podemos hundirnos, y no ver ninguna esperanza al final del camino, o bien tomárnoslo con filosofía y apoyarnos en nuestra familia y nuestras amistades más cercanas. Y esto es lo que hace Neka y lo que más me ha gustado del libro, esa manera de narrar problemas que en nuestra adolescencia se nos hacen un mundo. Y por eso creo que es también interesante leer esta novela cuando tenemos más edad, así podemos echar la vista atrás y encontrarnos con una parte de nosotros mismos que creímos perdida para siempre. Al menos, eso me pasó a mí al leer esta novela.

Y aunque muchas veces no entendía la forma de hablar de las protagonistas y me costó llegar a comprenderlas y empatizar con ellas y las situaciones que viven, sobre todo por el lenguaje que utilizan, es inevitable encariñarse con ellas a medida que vas leyendo lo que les ocurre y cómo lo afrontan. Como ya he mencionado antes, Nekane utiliza inteligentemente el recurso de la diversión en este libro para mostrarnos que cualquier problema se puede enfocar desde múltiples perspectivas y que no hay nada que no se pueda solucionar.

Las apenas 300 páginas con las que cuenta esta novela se me han pasado volando, gracias a su estilo directo, desenfadado, plagado de diálogos ingeniosos y divertidos, y situaciones que no son tan diferentes a las que todos hemos vivido alguna vez en nuestros primeros años de juventud. Esa inocencia que empezaba a perderse sin remedio, esos años en los que comenzábamos a aprender que quizás no todo es tan fácil. Y que los sentimientos nunca se pueden dividir en blanco o negro, que hay mil y un matices y que un desamor no significa un adiós a los hombres. Un hasta nunca al amor.

La Terapia de Neka es una novela que me ha sorprendido bastante, porque cuando comencé a leerlo pensé que iba a ser el típico libro para adolescentes, con amores imposibles, tonterías de instituto y amigas únicamente preocupadas por la ropa y el maquillaje. Pero me encontré con una lectura que se centra mucho en sus personajes y en los sentimientos y emociones que estos experimentan en sus vidas, no solo en lo relativo al amor, sino también problemas familiares, de autoestima, de falta de confianza en sí mismos.

Y que no solo profundiza en eso, sino que es capaz de narrárnoslo de una forma sencilla, natural, como si no fuera una historia de ficción. Y es que las veces que la ficción supera a la realidad son mis favoritas, porque cuando una novela deja de ser lo que es para transmitirte más cosas, para adentrarse dentro de ti mismo y de tus propios miedos, es cuando se convierte en algo más. Algo que quizás merezca la pena.

 

 

Publicado el

Carmen, de Prosper Mérimée y Benjamin Lacombe

Carmen

CarmenCarmen no necesita presentación. El personaje creado por Prosper Mérimée en el siglo XIX se ha convertido en un mito: es el arquetipo por excelencia de la mujer fatal. Tal y como recuerda el ilustrador francés Benjamin Lacombe en el prólogo de la reciente edición de Edelvives, la sombra de Carmen «puede percibirse en canciones de Stromae o Lana del Rey, en películas de Ernst Lubitsch, Christian-Jaque, Jean-Luc Godard o Peter Brook, y en los poemas de Théophile Gautier».

Añadiría que es también la protagonista de la copla Carmen de España, aunque la letra sea un claro desmarque de la denostada imagen del personaje de Mérimeé. Y lo hago porque a pesar de haber oído dicha canción muchas veces de pequeña, hasta ahora no me había dado cuenta de que aludía directamente a esta obra. No es la primera vez que me pasa. A veces conocemos ciertos personajes clásicos por mil referencias, pero en realidad la imagen que nos creamos es distorsionada, muy alejada de su verdadera esencia. Y para descubrirla no hay nada mejor que recurrir al texto original.

Eso es lo que he hecho yo con Carmen. Aunque reconozco que movida por las sublimes ilustraciones de Benjamin Lacombe. ¿Qué queréis? Lo mío con este ilustrador es fascinación absoluta y no podía resistirme a que esta preciosa edición presidiera mis estanterías, junto al resto de obras que tengo de él: Cuentos Macabros, de Poe, Nuestra señora de París, de Victor Hugo, y La sombra del Golem, de Éliette Abécassis. Y es que el tándem Benjamin Lacombe y Edelvives crea las ediciones más bellas que existen hoy en día en las librerías. Incluso me atrevería a decir que con Carmen han dado un paso más: desde el relieve de la mantilla, en la portada, hasta las siluetas reflejadas en cada inicio de capítulo son una auténtica maravilla.

Y el contenido no desmerece a semejante despliegue de edición. La obra de Prosper Mérimée se ha convertido en clásico por derecho, no tanto por la historia que cuenta (el pasional y destructivo amor entre Carmen, la cigarrera gitana, y don José, el soldado convertido en bandido), sino por el poderoso personaje protagonista. Es cierto que puede parecer que el relato de Mérimée peca de racista y machista en varios momentos: hace hincapié en la maldad de los gitanos y en cómo una mala mujer lleva a la ruina a un buen hombre. Pero más allá de la percepción de Mérimée sobre las costumbres calés y españolas, me parece interesante que Carmen también pueda entenderse como un personaje que echa abajo los tópicos, sobre todo, en su época: ejerce su libertad en todo momento, nunca se doblega a los deseos de los hombres. No seré yo quien afirme categóricamente qué valores transmite Carmen, porque traería cola, pero como decía un profesor que tuve en la universidad: si a unos les parece machista y a otros, feminista, es que no es ni una cosa ni la otra. Y eso demuestra la grandeza de este personaje, lleno de matices y profundidad.

El poder de seducción de Carmen no tiene límites, igual que las ilustraciones de Benjamin Lacombe. Así que os advierto que si miráis la portada de Edelvives tan solo unos segundos, os la tendréis que llevar a casa. Pero tranquilos, que nos os pasará como a don José. Seguro que acabaréis encantados de que se haya cruzado en vuestro camino.

[product sku= 9788414009475 ]
Publicado el

Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika

tiempo de albaricoques

tiempo de albaricoques«¿Es posible que los momentos felices en una época difícil sean más felices aún?». Eso es lo que se pregunta Elisabetta Shapiro, una anciana judía que vive prácticamente recluida en su casa de la infancia, en Viena, en la novela Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika. Como si comiera la magdalena de Proust, se retrotrae a su niñez cada vez que prueba una de aquellas mermeladas que elaboró con los albaricoques de su jardín en los tiempos de la guerra. A esos tiempos en los que su familia era extrañamente tolerada y ninguneada en una ciudad donde empezaban a escasear los judíos, pero también a los años que llegaron después, cuando Elisabetta era ya la única superviviente de los miembros de su familia. De aquella niña que fue, solo le queda Hitler, su tortuga. Y el otro Hitler también, para qué negarlo.

Algunos recuerdos son dulces como los albaricoques recién recogidos del árbol; otros saben a humo, por el fondo quemado de la olla en la que la mermelada fue cocinada. Pero todos ellos alimentan a Elisabetta Shapiro, que vive más en el pasado que en el presente, porque cada día oye las voces de sus hermanas mayores —esas que murieron siendo adolescentes— regañándola por alquilarle una habitación a una joven bailarina alemana. Unas voces que le impiden olvidar todo lo que sufrieron y perdieron por culpa de esos alemanes. ¿Cómo asumir que aquel hombre que antes clasificaba judíos en Operngasse, ahora clasifica el correo? No se lo merece, le repiten sus hermanas. ¿Cómo aceptar que ella se salvó simplemente por un instante de suerte, mientras todos sus seres queridos caían?, se martiriza la anciana.

Pero en Tiempo de albaricoques no solo conocemos a Elisabetta y a su familia mediante sus remembranzas de aquella época, sino que también nos encariñamos de Pola y Rahel, una alemana y una judía de estos tiempos, que no cargan con los recuerdos de ese trágico pasado, pero tampoco pueden abstraerse de todo lo que aconteció a sus abuelos décadas atrás. Y estas dos chicas protagonizan una historia de amistad y amor tan sencilla como emotiva, para añadir unas cucharadas de azúcar cuando los recuerdos de Elisabetta se llenan de amargura.

«¿Por qué hay que recordarlo todo y contarlo?», se pregunta la anciana Elisabetta. Y es que está harta de que los recuerdos a veces sean su tabla de salvación y, otras tantas, sean su condena. ¿Es cuestión de olvidar? ¿De aceptar? ¿O, quizá, de reconciliarse? Con los demás y con una misma. Eso es lo que trata de descubrir a través de las mermeladas y de esa extraña bailarina alemana que se ha colado en su casa, para saber si aún no es demasiado tarde para un nuevo comienzo.

Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika, nos habla de una familia judía en la Segunda Guerra Mundial y, pese a ello, nos deja un sabor dulce tras la lectura. Aunque es una dulzura con toques de amargura, claro está, igual que los albaricoques del jardín de la familia Shapiro. Pero, en esta ocasión, el sentimiento de culpa de los que sobrevivieron y no perdonan no consigue empañar este canto al amor y a la libertad.

[product sku= 9788491290728 ]
Publicado el

Un violín con las venas cortadas, de Carlos Salem

Un violín con las venas cortadas

Un violín con las venas cortadas Una muchacha calva hace equilibrio sobre un pie en el centro del puente de Notre-Dame, con un baúl de madera atado a su cuello.

Cerca de ella, muy cerca, el mejor violinista de todos los tiempos toca su violín sin cuerdas.

Un asesino a sueldo, a punto de quedarse ciego, vigila la escena desde una de las azoteas, mientras los apunta con su arma.

Un veterano policía y su nuevo compañero merodean por la zona.

Los curiosos se van aglutinando cerca del puente de Notre-Damme.

Una joven periodista quiere saber la verdad de esa muchacha calva y de ese virtuoso violinista.

Un presentador de televisión se muere por conseguir la exclusiva.

A un mafioso al que le persigue la buena suerte le preocupa que ese hecho insólito eche por tierra su gran apuesta anual.

El alcalde de París se pregunta cómo recuperar a su mujer.

Los servicios secretos investigan qué demonios pretende la muchacha calva.

Los líderes políticos reunidos en París temen a ese grupo, cada vez mayor, de gente silenciosa y sonriente.

Las redes sociales echan humo.

Y el mundo entero contiene el aliento, porque saben que después de ese día nada volverá a ser igual.

Todos estos personajes y muchos más conforman la bella y divertidísima historia de Un violín con las venas cortadas, de Carlos Salem. Y me ha gustado tanto tanto tanto, que siento que nada de lo que diga podrá hacerle justicia.

¿Sabéis lo que es leer con una sonrisa un libro entero? Pues así he leído yo Un violín con las venas cortadas. Disfruté de cada uno de los personajes, desde los contradictorios, entrañables y enigmáticos hasta los terriblemente superficiales; y, por supuesto, de las situaciones que tal vez parecían exageradas, pero que a mí me resultaban la mar de creíbles. Y es que sucumbí por completo a la poesía y al sentido del humor de Carlos Salem.

Un violín con las venas cortadas es una historia de amor y traición «de esas que, para contarlas bien, hay que contarlas como un cuento». Y eso es lo que hace Carlos Salem, contagiando su pasión por París, por la música y por la vida a todo aquel que se asome a sus páginas.

¿Quién es esa muchacha calva? ¿Por qué ese violinista cortó las cuerdas a su violín veinte años atrás, en ese mismo puente, en esa misma fecha? Esas incógnitas nos arrastran de una página a la siguiente, pero sobre todo lo hace esa dulzura que lo impregna todo y, cómo no, ese toque de ironía que convierte a esta historia en un loca aunque muy lúcida descripción del mundo en que vivimos.

Carlos Salem nos advierte en las primeras páginas que «cualquier similitud entre los hechos narrados y la realidad sería maravillosa», y yo estoy absolutamente de acuerdo. Tras leer esta novela, me encantaría cruzarme con una chica calva haciendo equilibrio en un puente y con un violinista tocando su violín sin cuerdas. Pero no entenderéis por qué hasta que no la leáis vosotros también. Y quizá, cuando lo hagáis, os convirtáis en parte de esa multitud silenciosa que se une a ellos o, incluso, en la muchacha calva. Entonces podremos decir que el mundo es tan grandioso como nos lo muestra Carlos Salem en Un violín con las venas cortadas.

[product sku= 9788417181130 ]
Publicado el

Mi negro pasado, de Laura Esquivel

Mi negro pasado

Mi negro pasadoComo agua para chocolate quizá sea el libro que más veces he leído y, sin duda, es uno de los que más han marcado mi vida, pues con él descubrí el realismo mágico, el género literario que más me apasiona. Adoro ese libro, su dulzura y sensualidad, sus personajes y esas escenas que se mueven entre los límites de la realidad y la fantasía. Por eso, cuando me enteré de que Laura Esquivel iba a publicar Mi negro pasado, la continuación de Como agua para chocolate, tras El diario de Tita, me emocioné. Y también me temí lo peor, para qué negarlo. Porque ya sabemos todos que las segundas (o terceras) partes no suelen gozar de buena fama y porque leer la continuación de un libro idolatrado tiene todas las papeletas para defraudarte.

Con esas emociones encontradas, comencé la lectura de Mi negro pasado, historia que nos cuenta las vicisitudes de María, tatarasobrina de Tita De la Garza, cuando da a luz a un niño negro y todo el mundo cree que ha sido infiel a su marido. Entre unas cosas y otras, acaba en la casa de su abuela Lucía, donde descubre que tiene antepasados negros y se reencuentra consigo misma y con las tradiciones de su cultura, esas que la vida moderna, poco a poco, ha hecho caer en el olvido.

No es necesario haber leído Como agua para chocolate para leer Mi negro pasado, pues tiene elementos de sobra para funcionar como historia independiente. Si yo la hubiera leído así, habría disfrutado de un libro ameno que se lee en un suspiro. Pero, de ese modo, no hubiese significado nada para mí. Los que han hecho que esta lectura sea especial son los constantes guiños a la historia original, a sus momentos más recordados, a sus entrañables protagonistas. Reconozco que con solo leer las primeras líneas de la novela y reconocer ese inicio que me sabía de memoria —y que de pequeña recitaba como un mantra simplemente porque así comenzaba la película que me hizo descubrir el libro—, se me encogió el corazón. Igual que con el resto de referencias, que me daban ganas de leer por enésima vez mi adorado Como agua para chocolate.

Tanto me he acordado de la primera parte gracias a este libro, que he echado en falta más realismo mágico, esos momentos y metáforas que tanto me fascinaron en aquel. En Mi negro pasado, solo aparecen en contadas ocasiones, de la mano de la abuela Lucía y su difunto marido, principalmente. Quizá haya sido un recurso más de Laura Esquivel para evidenciar el trasfondo de esta novela: cómo, en la actualidad, hemos perdido la conexión con las emociones y con el mundo que nos rodea (aunque no todo es crítica a las nuevas tecnologías, pues el libro tiene su propia playlist en Spotify).

Lo que sí hay en Mi negro pasado, al igual que en Como agua para chocolate, es un homenaje a la cocina mexicana, que se presenta como una forma de dialogar con el universo; a la alquimia del amor, ese sentimiento capaz de iluminar el pensamiento y mantener con vida a los que ya se han ido; y a la fuerza de las mujeres, que cargan con los prejuicios, miedos y culpas de su pasado, pero, aun así, luchan por su libertad y por el cambio.

Mi negro pasado no pasará a la historia de la literatura como su predecesora, ni ocupará los primeros puestos de mi ranking personal, pero ha sido un grato reencuentro con la familia De la Garza, a la que siempre llevaré en mi corazón.

[product sku= 9788491290292 ]
Publicado el

Chesil beach, de Ian McEwan

Chesil beach

Chesil beachSon varias ya las generaciones que no viven su primera experiencia sexual con inocencia, sino con decepción. Hoy en día, teniendo un aparato en el bolsillo del pantalón que te provee de las respuestas a todo lo que puedas plantearte, ya pocas cosas las descubrimos de cero; como mucho, las comparamos con lo que ya habíamos visto, leído o escuchado. Por ese motivo, un relato como el de Chesil beach, en el que dos jóvenes se enfrentan a su primera vez en la década de los años sesenta, sin apenas información previa y con todas las dudas del mundo, causa tanta ternura en su planteamiento. Porque lo que Ian McEwan nos propone, al menos esa ha sido mi percepción durante la lectura, es un recordatorio de nuestra inocencia perdida.

Edward y Florence son novios desde hace años, pero jamás han tenido un contacto íntimo entre ellos o con otra persona. Él esperaba con ansia el día que ya ha llegado: su noche de bodas, el momento en el que pueden intimar sin cometer pecado alguno. Pero pese a tener consigo el visto bueno de Dios ella no parece tener interés alguno por la consumación de su amor; es más, le repugna completamente la idea, pero no sabe cómo evitar una situación de la que ya es realmente difícil escapar. Con el pretexto de la tensa espera al inicio de esta primera relación sexual McEwan va relatando la vida de los dos protagonistas, a partir de lo cual nos permite comprender que sus diferencias van bastante más allá de los mayores o menores deseos sexuales.

McEwan, uno de los mejores narradores de la literatura actual (opinión completamente personal, pero refrendada por muchos lectores), no está a su máximo nivel en ese aspecto en esta novela (otra opinión completamente personal, esta no sé si tan refrendada). A diferencia de otras obras, como en la reciente Cáscara de Nuez, en la que trabaja enormemente el desarrollo de la historia, en este caso es mucho más complicado abstraerse con el relato, dado que la narración, sin apenas diálogos, no acaba de funcionar como conjunto, aunque sí como idea y como partes separadas. De hecho, no deja de ser un relato con una gran cantidad de virtudes. La propia construcción de los personajes, con notables diferencias sociales e incluso intelectuales, es fácilmente asimilable por el lector, ya que todos hemos vivido esas diferencias en nuestras propias carnes. Además, algunos de los pequeños relatos que se insertan a modo de recuerdos de los protagonistas, como el de la madre de Florence, afectada de un daño cerebral y a la que toda su familia se esforzaba por hacer creer que ella seguía realizando las labores del hogar, consiguen visibilizar el nivel de McEwan como escritor.

Chesil beach, publicada por primera vez en 2007, es una novela que, como toda buena relación amorosa que se precie, va a rachas. Cuenta con momentos apasionantes y absorbentes y con otros mucho más monótonos y terrenales. Al fin y al cabo, no cuenta nada que no sepa todo el mundo ya, aunque su lectura hace que te plantees si verdaderamente está ahí la raíz, en el saberlo todo, de tantos fracasos y decepciones que uno acaba cargando sobre su espalda a medida que se enfrenta a la realidad.

[product sku= 9788433973368 ]
Publicado el

La duda y el deseo, de Ariadna Tuxell

La duda y el deseo

La duda y el deseoEnero, nuevo año, nuevos propósitos, nuevas metas. Pero antes, hay que analizar cómo ha ido el año que nos ha dejado. Siempre suele ser igual: que si no has perdido los kilos que te propusiste, no has dejado de fumar, no te has sacado el título de inglés, aunque te apuntaste al gimnasio dejaste de ir a las dos semanas… en fin. Una lista interminable de propósitos frustrados, que será más larga o más corta dependiendo de la persona de la que estemos hablando. Espero que tú, lector, hayas tachado al menos uno de esos propósitos. Si no es así… en fin, tendrás que arreglártelas para poder tacharlos este año que acaba de empezar. Mis propósitos para el año 2017 eran, principalmente, terminar la carrera (objetivo conseguido), encontrar un trabajo pasable (conseguido también) e incrementar mi lista de libros leídos. Este último propósito no consistía únicamente en leer más cantidad de libros, sino en leer más variado. Ahí estaba la clave. Quizás porque soy una persona muy obsesiva que cuando le gusta algo no puede parar de hacer cosas relacionadas con ello. Si me gusta un género literario, puedo leerme quince libros seguidos sobre lo mismo sin problema. Lo mismo que si me gusta un autor… intento leer el máximo número de libros de ese autor en el menor tiempo posible. Pues eso, rozando lo obsesivo.

Así que el año pasado me propuse variar. Leer sí, mucho. Pero de todo. Probar géneros nuevos, descubrir autores que no conocía, atreverme con algún libro que a priori hubiera descartado sin dudar… básicamente variar.

A medida que avanzaban los meses, he ido cumpliendo mi propósito. Sobre todo porque unos amigos y yo hemos creado un club de lectura y cada mes uno de nosotros propone un libro. Solo tenemos una regla: no podemos repetir nacionalidad de los autores que ya hayamos leído. Es una fantástica forma de conocer libros nuevos y de leer obras que quizás no me habría propuesto leer. Aun así,  para cuando llegó diciembre, todavía no había leído ningún libro que fuera novela erótica. Creo que lo último que leí de este género fue la famosa saga de Grey, pero ahí me quedé. Sí que había leído novela romántica, pero no un libro en el que el protagonista fuera directamente el erotismo. Así que La duda y el deseo llegó en un momento clave, ya que podría entrar dentro del propósito ese de variar mis hábitos de lectura.

La protagonista de esta novela escrita por Ariadna Tuxell —seudónimo bajo el que publica esta autora—, es Sabina. Sí, como el cantante. Así lo dice ella cuando le preguntan por el origen de su nombre. Tiene apenas veintitrés años pero ya ha conseguido el trabajo de sus sueños: ser bombera. Trabaja en un parque de bomberos repleto de hombres. Es la única mujer y se siente muy a gusto con esa situación, ya que siempre ha sabido congeniar más con los hombres que con las mujeres. Después de un accidente de coche al que acude para liberar a unas personas que habían quedado atrapadas, Sabina se presenta en el hospital para acompañar a uno de los heridos. Allí está Jan, el mejor neurocirujano de Barcelona y probablemente de todo el mundo. Siempre hubo una chispa entre los dos pero ninguno se atrevía a dar el paso. Hasta que lo dieron. Y aquello se convirtió en algo mágico. Sabina descubrirá cosas que desconocía hasta entonces, incluso de su propio cuerpo. Jan la llevara hasta el límite.

Pero como en todas las historias, no todo es tan bonito como parece. Jan guarda un secreto que hará que Sabina quiera alejarse de él. Ese secreto es el que la llevará a conocer a un joven y apuesto juez que competirá por su amor, siendo un duro rival para Jan, ya que también sabe cómo dar a Sabina lo que necesita.

La duda y el deseo es una novela muy entretenida. A ratos divertida, a ratos intrigante y siempre muy erótica. Las escenas de sexo son las protagonistas y la autora no se corta a la hora de describirlas. He leído por ahí que algunas de las historias que contiene este libro son inventadas pero otras muchas son experiencias reales de la propia autora. No es por ser cotilla, pero mientras leía el libro sentía muchísima curiosidad por saber dónde estaba el límite entre la fantasía y la realidad. En fin, me imagino que eso será algo que nunca sabremos. Aunque no sé, quizás en las siguientes partes de la saga —que ya se anuncian en la contraportada del libro— podamos descubrir algo más al respecto. Quién sabe.

Es una historia que engancha mucho porque es una novela con bastantes altibajos. La historia no es plana, ya que da bastantes giros a lo largo de las páginas. Esto hace que la trama nos intrigue desde el principio. Cuando pensamos que sabemos lo que va a pasar, la autora da un giro de ciento ochenta grados. Y vuelta a empezar. Por eso se lee muy rápido. Si la pillas con ganas y con tiempo es probable que en un par de días o tres la tengas terminada.

Si le tengo que buscar un pero, uno chiquitito es que me falta quizás un poco de desarrollo en la historia. A ver cómo me explico yo… Ariadna Tuxell recurre muchísimo a los diálogos, tanto que se podría decir que el ochenta por ciento de la novela está escrita a través de diálogos. Eso es genial, a mí me encanta y me ayuda a que los libros no me resulten pesados, ya que no me van demasiado los libros que dedican mucho tiempo a darnos largas parrafadas describiendo algo determinado. El problema es que la autora no recurre a cierres de diálogos explicando, por ejemplo, quién es el que está hablando, qué siente, o qué piensa. Si en la escena solo aparecen dos personas, no hay problema porque la historia se sigue bien. Pero si en una misma escena interactúan varios personajes, cuesta un poco reconocer quién está hablando. Aunque también es cuestión de acostumbrarse. A medida que pasan las páginas le fui pillando el truco y llegó un momento en el que ya no echaba de menos esos cierres de dialogo.

Pero obviando este pequeño detalle que se trata más de una cuestión de gustos que de un problema de redacción, la novela me ha gustado bastante. Me he entretenido mucho con ella y me he reído en inmensas ocasiones. Sabina es un personaje al que al final cogí cariño y solo deseaba que le pasara todo lo bueno que le podría llegar a pasar. Sin duda, me ha gustado mucho poder tachar este propósito de año nuevo. Ahora me tengo que plantear cuáles querré tachar este año que acaba de empezar.

[product sku= 9781979993258 ]