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La mentira, de Nora Roberts

La mentira

La mentiraHay libros que empiezan despacio. Te ponen en situación, te cuentan un poco la historia de los personajes, te dejan ver algo de lo que te podrás encontrar más adelante, alguna pista. Te ponen la miel en los labios, pero solo una gotita. Lo demás, se hará de rogar. Y hay libros que empiezan a cañón. Pum. De sopetón, pasan un montón de cosas que dejan al protagonista casi tan desorientado como al lector, para después, poco a poco, ir deshilando la madeja que se ha formado en unas breves páginas y llegar a un final impresionante. Ahí, el escritor no te da una gotita de miel, te da el bote entero y de dice: “a ver qué eres capaz de hacer con esto”.

La mentira pertenece a este segundo grupo. De repente, Shelby Pomeroy se queda viuda. Su multimillonario marido ha sufrido un accidente de barco y nada se sabe de él. Ella solo sabe que estará muerto con casi total seguridad y que se ha quedado con una casa que vale millones de dólares y unas deudas del tamaño de la luna.

Shelby siempre se dedicó a complacer a Richard. Se conocieron muy pronto, se casaron muy deprisa y ella quedó completamente anulada. No sabía nada de la economía doméstica, no sabía gestionar el dinero. Se lo prohibieron. Así que cuando se queda viuda y todas esas deudas le llegan de sopetón, no sabe ni por dónde empezar.

Cuando comienza a rebuscar por toda la casa, intentando encontrar tarjetas de crédito que no estén endeudadas, descubre que su marido no era quien ella se pensaba. Era un mentiroso compulsivo que la había engañado de todas las maneras posibles. Incluso encuentra documentación falsa en la que sí, aparece la foto de Richard, pero con un nombre diferente. Shelby se volverá loca intentado componer el puzzle que dejó su marido antes de morir. Agobiada, vuelve a su pueblo natal, lejos de la casa de Richard para poner orden a su vida. Allí conocerá a Griffin Lott, un apuesto constructor que le ayudará en los momentos más difíciles. Y no le vendrá mal su apoyo, ya que muchas mentiras de Richard están por ver la luz todavía y eso convierte a Shelby en el blanco de muchísimos problemas.

Así empieza la historia de La mentira. En apenas unas pocas páginas, Nora Roberts, una de las escritoras estadounidenses con más éxito a nivel mundial, nos da los ingredientes suficientes como para tenernos enganchados durante horas y horas. Si hay algo que se le da genial a esta mujer es eso de dejarme sin vida social. Cada vez que cojo un libro suyo, desaparezco del mapa. Necesito terminarlo como sea. Me voy a la cama y lo único que puedo pensar es en leer un capítulo más. Voy a tener que empezar a leer a esta autora con moderación si no quiero quedarme sin vida.

Lo que más me gusta de ella es la veracidad de sus protagonistas, normalmente mujeres. En este caso, Shelby es una ama de casa forzada que se ha visto reprimida por su marido durante casi toda su existencia. A raíz de la muerte de este, Shelby revive. Renace. Y nosotros lo haremos junto a ella. De Nora Robert también me gusta mucho el que haga tan partícipe al lector de la historia. Ella, sutilmente, va dejando un reguero de pistas para que el lector descubra, al mismo tiempo que la protagonista, el sorprendente desenlace. Y ya os aseguro que no es fácil, porque esta autora, aunque es conocida por ser unas de las escritoras de género romántico más importantes de la era actual, es una gran escritora de novela negra. Detrás de sus historias de amor que usa como marco en casi todas sus novelas, se esconden oscuros secretos y, en muchísimas ocasiones, asesinatos pendientes de resolver.

A mí me gustan los libros que empiezan así: bien, con fuerza y con gancho. Que cuando te quieres dar cuenta, vas por la página cien y no has podido despegar los ojos del libro en ningún momento. Así que para mí ha sido una grata sorpresa encontrarme, de nuevo, con Nora Roberts. Vamos, como siempre.

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El desierto que hay en mí, de Manuela Fonseca

El desierto que hay en mí

El desierto que hay en míÁfrica tiene algo que me atrae. Recuerdo que cuando era pequeña jugaba a un juego en el que cada uno tenía que elegir un país, luego el que se la quedaba lanzaba una pelota lo más alto posible y gritaba un país al azar. Si alguno de los demás había elegido ese país, tenía que ir corriendo a por la pelota antes de que tocara el suelo, sino perdía. Bueno, pues conmigo siempre era muy fácil jugar porque todos mis amigos sabían que el país que elegía yo el ochenta por ciento de las veces era Egipto. Con quince años pisé África por primera vez, en un viaje que hice a Túnez y hace apenas unos meses volví a hacerlo por segunda vez, para conocer Kenia. Hay algo en su cultura, en sus gentes, que me atrae irremediablemente, por lo que cuando leo un libro que está ambientado en estas zonas no puedo hacer otra cosa que ponerme cómoda y empezar a disfrutar.

La vida de José Besara nunca fue fácil. Crecer en Venezuela era sinónimo de tener un futuro incierto. Él se esforzó enormemente por salir adelante. Y lo estaba consiguiendo. Hasta que una negligencia grave en su puesto de trabajo hizo que una deuda de indescriptibles dimensiones fuera lo único que ocupaba sus pensamientos. Agobiado y sin otra salida, decide hacer las maletas y marcharse lejos, muy lejos. A Marruecos, concretamente, donde se hallan las raíces de su familia. El mismo día que llega a ese país tan exótico para él, una subasta muy importante está teniendo lugar muy cerca de donde él se encuentra. Casualidades de la vida, se está subastando una daga de orejas, perteneciente, nada más y nada menos que al Reino Nazarí de la ciudad de Granada. José Besara se las ingenia para adentrarse en los entresijos de la subasta, haciéndose pasar por un trabajador, con la sola idea de poder tener esa daga un ratito entre sus manos. Y todo porque él sabe perfectamente a quién perteneció ese precioso objeto: a los Negm, una familia muy adinerada que, por lo que tiene entendido, forma parte de su árbol genealógico. Su precaria situación económica, por supuesto, le impide poder hacerse con esa daga, pero eso no será excusa para que nuestro protagonista remueva cielo y tierra para dar con la persona que la vendió, con la intención de conocer a su antigua familia.

Como en casi todas las historias, el protagonista no actúa solo. Y esta novela no iba a ser una excepción. José Besara conoce a Saraiana, una mujer que con solo mirarla le enmudece. No solo se trata de una mujer andaluza preciosa e imponente, sino que además, es una gran historiadora, por lo que no duda ni un momento en emprender la búsqueda en la que participa José. Quizás esa es la historia perfecta que ella necesita para poder escribir la novela que siempre había querido.

Pero no os penséis que José Besara y Saraiana son los únicos protagonistas de esta novela, no. Manuela Fonseca intercala capítulos dedicados a un tiempo anterior, muy anterior. Y que sucede en Granada en la época en la que existía el Reino Nazarí, donde el rey, musulmán, se enamora de una chica cristiana.

El desierto que hay en mí es un libro que trata sobre la búsqueda de la identidad, aunque esta búsqueda se vuelve muchísimo más interesante cuando se tiene que hacer en una cultura que poco o nada tiene que ver con la tuya. José Besara descubrirá un montón de cosas sobre ese entorno pero también sobre sí mismo y su familia. Y también indagará sobre lo fascinante que puede llegar a ser Saraiana, que le deja sin palabras cada vez que le cuenta una historia.

Descubrir la verdad sobre uno mismo es una tarea ardua y mucho más si esa verdad no es la que uno espera. José Besara tendrá que lidiar con la realidad que llevó a sus padres a mudarse a Venezuela. Y la propia Saraiana descubrirá secretos que la afectarán personalmente.

No sé si lo he dicho alguna vez, pero a mí me gustan mucho las redes sociales. Las uso a diario y me encanta comentar mis lecturas con todos mis seguidores. Cuando iba por la mitad del libro, puse este comentario en Twitter: “Ahora voy a seguir con El desierto que hay en mí, de @mfonsecab. Llevo la mitad y ¡me está encantando!”. Pocas horas después, recibía este tweet de vuelta: “Gracias miles y de todo corazón. Espero que te enamore aún más hasta el final”. Y, ¿adivináis quién me estaba escribiendo? ¿a mí? ¡la propia autora! Manuela Fonseca se tomó la molestia que muy pocos autores se toman de contestar a un tweet de una de sus lectoras. Esto me hizo muchísima ilusión y me animó a coger el libro todavía con más ganas. No voy a desvelar el final del libro, por supuesto, pero sí diré que el libro enamora todavía más a medida que van avanzando las páginas. Porque aunque es un libro mayormente histórico, la trama de amor está ahí, es evidente. Y va creciendo y creciendo a medida que se desarrolla la historia.

Se nota enormemente el cariño con el que Manuela Fonseca escribe cada una de las palabras de este libro. Y también la dedicación con la que lo ha hecho, ya no solo por la historia tan apasionante que nos ofrece, sino por los escenarios en los que se desarrolla. Esta autora venezolana se toma mucho tiempo para construir la ambientación de su novela. No solo viajaremos por Casablanca, sino que también conoceremos lugares increíbles como Fez, Rabat, Marrakech o Meknes, ya que nuestros protagonistas viajarán siguiendo la línea del Atlas llegando a adentrarse, incluso, en el grandioso desierto del Sáhara.

Es un libro que transmite muchas emociones, ya tocando lo personal. Es muy fácil empatizar con José Besara y querer, al mismo tiempo que él, descubrir los secretos que su familia ocultó en tan lejano destino. Es algo que me gusta mucho de los libros, poder ponerme con facilidad en la piel de los personajes. Que sean accesibles para mí. Y, en este caso, Manuela Fonseca me lo ha puesto en bandeja.

En mi opinión, creo que es un libro perfecto para todas aquellas personas que tengan una alma inquieta, que les apasione conocer lugares nuevos y adentrarse en lo desconocido. También para aquellas personas a las que les guste la historia, ya que la doble trama que nos aporta este libro es ideal para los que adoren profundizar en épocas pasadas. Y también para aquellos que amen viajar (yo me encuadro en este último bloque), porque con los paisajes tan detallados que nos ofrece la autora, en nuestra cabeza, después del libro, parecerá que hemos recorrido junto a José Besara ese increíble país.

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El placer del amor, de Alain de Botton

El placer del amor

El placer del amorA ver cómo me enfrento yo a esta reseña, porque la novela de la que quiero hablaros es una novela bastante rara de esas que tienen algo que me gusta, pero que no sé muy bien explicar ni cómo ni por qué. Será mejor que empiece desde el principio.

El placer del amor fue publicado por primera vez hace más de veinticinco años y está considerado como un clásico. Este libro fue la primera novela del autor Alain de Botton, a la que le siguieron otras como Las consolaciones de la filosofía, Cómo cambiar tu vida con Proust, La arquitectura de la felicidad y La fatiga del amor. Como veis, Alain de Botton suele unir amor y filosofía en su escritura. Actualmente colabora en un canal de televisión británico en programas de divulgación. El tipo es un crack de la filosofía y se nota su pasión por ésta en sus novelas.

El libro del que os hablo hoy, El placer del amor, mezcla perfectamente filosofía y amor en sus páginas. Dicen de él que es “un compendio de humor y sabiduría, una novela provocadora (…) que no ha perdido un ápice de actualidad.” Y la verdad es que tengo que dar la razón en todo. Veinticinco años después, la forma en la que se trata el amor en este libro sigue estando de total actualidad.

Si tuviera que explicaros en pocas palabras de qué va el libro, creo que lo más fácil sería deciros que esta novela trata sobre una relación de amor narrada por Woody Allen en cualquiera de sus películas. Y creo que con eso me entenderíais, ¿no? A quienes nos gusta este director estamos acostumbrados a que nos narre relaciones amorosas analizadas desde todos los puntos de vista, sobre todo el neurótico y filosófico. Pues algo así es El placer del amor, solo que sin tanta neurosis (si eso es posible en el amor).

Un día cualquiera, un hombre cualquiera conoce en vuelo entre París a Londres a Chloe, su compañera de asiento en el avión. Desde ese momento, él ya sabe que ella es la mujer de su vida. A partir de ahí, viene lo normal en todas las relaciones: la primera cita, la primera cena juntos, la primera noche que se acuestan, etc.

Pero, por supuesto, también viene todo lo demás. Tras esos primeros momentos juntos, viene la otra cara del amor. Las discusiones por nimiedades, la monotonía, los celos. Y todo narrado desde ese prisma filosófico que os comentaba. Un verdadero análisis de las relaciones amorosas desde el punto de vista de la filosofía y los grandes intelectuales de la historia de los que el autor se vale para ir desgranando esta relación.

El placer del amor no es un libro cualquiera, esto está claro. Tampoco es un libro para todos los públicos.  Creo que es más un libro para pensadores, curiosos e inquietos, para filósofos y amantes del amor y Woody Allen. Si ese es tu caso, entonces esto libro te encantará. A mí me ha fascinado.

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La vida amorosa de los animales, de Fleur Daugey y Nathalie Desforges

La vida amorosa de los animales

La vida amorosa de los animalesQue me encantan los animales es algo que ya deberíais saber. Que tengo predilección por los gaticos y monetes también.

(¡Ay, los gaticos!, ¡Ay, los monetes!)

Así que a mí, que me van los animales y el amor este libro me parece una maravilla. Porque en La vida amorosa de los animales vamos a encontrar mucho de las dos cosas.

Y es que nosotros, los humanos, nos pensamos que el amor es un sentimiento muy nuestro, muy de personas racionales con taparrabos, pero nada más lejos de la realidad. Love is in the air, and in the nature, queridos. Y además el amor entre los animales es de lo más curioso.

Publicado por Océano Travesía, este libro se supone que va dedicado a un público infantil/juvenil, pero vamos, que es uno de esos libros apto para todos los públicos, porque os aseguro que a vosotros también os sorprenderá. Yo he aprendido un montón de curiosidades sobre el amor en el reino animal que no conocía. Y aprender siempre es maravilloso.

¿Sabíais vosotros que hay animales que pueden cambiar de sexo a su antojo? Por ejemplo, todos los bebés de mero son hembras al nacer y durante diez años cumplen el papel de mamás. Pero después cambian de sexo, sus ovarios se convierten en testículos y, hala, a cambiar de sexo como si nada. Lo mismo hace el pez payaso. No me digáis que no es algo que os gustaría probar, ¿eh?

En el capítulo llamado Manual de seducción del mundo animal aprendemos las técnicas de algunos animales para seducir a sus futuras parejas/rolletes. Algunas de estas técnicas no distan mucho de lo que podemos ver un sábado a las cuatro de la mañana en una discoteca. Si es que somos tan parecidos… Me gusta el delfín rosa del Amazonas, que junta ramas y plantas para hacer un ramo que lleva en la boca y que le ofrece a la hembra. Todo un romanticón, ¿verdad?

También hay muchos animales homosexuales y hay todo tipo de cortejos entre animales del mismo sexo. Desde bailes  y canciones espectaculares hasta regalos. Todo vale en el mundo de la seducción.

Entre los animales hay juegos de seducción, hay celos y también vidas amorosas en familia. Los monos gibones, que viven Indonesia, viven juntos toda la vida cuidando a su familia. Todos los miembros de la familia duermen en la misma rama.

La vida amorosa de los animales es un libro entretenido, divertido y que viene acompañado por las geniales ilustraciones de Nathalie Desforges. Os garantizo que a los jóvenes les gustará, pero seguro que vosotros también disfrutaréis con él.

 

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Mi otra vida, de Narciso Martín H.

Mi otra vida

Mi otra vidaQué curioso es esto del amor. Una palabra tan corta, tan pequeña y que puede dejar a cualquiera sin respiración. Todos tenemos objetivos en la vida y uno de ellos, siempre es el amor. Pero no pensemos en el amor típico de corazones rojos y flores por doquier. Hay muchos tipos. El amor romántico, el autoimpuesto, el obligado, el amor pasajero, el olvidado, el que mata. También el amor por uno mismo, por el trabajo, por la familia. Por un perro, qué más da. Pero el que más duele, suelen decir, es el no correspondido. Yo no estoy de acuerdo. El que más duele es aquel que pudiste tener pero que abandonaste por miedo. Creo que todos sabemos de lo que estoy hablando. Esa persona que, cuando la ves, hace que se te acelere el corazón. Esa persona por la que dejarías todo en este mismo instante para pasar la vida a su lado. Esa persona que, por las circunstancias en las que vives, no eres capaz de seguir. Ese, ese es el amor que más duele.

Narciso Martín H. nos habla de ello en Mi otra vida, un libro cuyas protagonistas son las segundas oportunidades. Esta novela nos habla del tren que pasó por nuestro lado y que no tomamos y el destino hizo que nos lo volviéramos a encontrar. Que una vez pase es muy difícil, así que dos… Por eso Martín Díaz, un escritor de reconocidísimo mérito decide buscar al amor de su vida. Él estuvo enamorado en su tiempo, sí. Tuvo un hijo maravilloso que ahora le acompaña en todas sus hazañas y aventuras, pero lo cierto es que su corazón siempre perteneció a otra. A Olivia. Y eso es algo que siempre le dio pánico reconocer. Supongo que es por eso de que uno tiene que ser fiel a sus decisiones. Si Martín decidió casarse con otra mujer, tenía que seguir con ello y defender su decisión a capa y espada. Ya no solo por lo que la gente podría llegar a decir —habiendo leído esta novela, creo que eso, a Martín, le daba bastante igual—, sino porque significaría que él se estaba fallando a sí mismo. Podría tratarse de una cuestión de orgullo, no lo sé. Pero por las causas que fueran (al final, no importan), Olivia se alejó de sus brazos y él tomó otro camino.

Pero sí que hay una cosa por la que Martín da gracias a Dios o a los cielos o a quien quiera que tenga que agradecérselo. Da gracias por su hijo, Gabriel. Gabriel no dejó a su padre ni un solo momento, le acompañó en todas las aventuras que decidió correr y se encargó de dejarlo perfectamente documentado en un blog donde todos los fans del famosísimo escritor, podrían leer sus andanzas. Y fue él el que le animó a perseguir a Olivia. A buscarla por todos los rincones del mundo. Daba igual que tuvieran que ir a China, a Cancún, a Sudáfrica… no importaba dónde. Pero él sabía que su padre necesitaba a Olivia a su lado e iba a hacer todo lo posible para que así fuera.

De este libro tengo que destacar varias cosas que me han gustado muchísimo. La primera es la profundidad de sus personajes. Narciso Martín H. los describe con una humanidad exagerada. Cuando las páginas pasan y pasan, sientes como si conocieras a Martín y a Gabriel de toda la vida. Incluso puede que llegues a identificarte con ellos. ¿Quién no ha tenido un sueño que no ha perseguido por miedo al fracaso? No seré yo la que tire la primera piedra. Durante estas páginas sufrimos por ellos. Y también sufrimos con ellos, al ver lo que cuesta alcanzar un sueño. Al ver la perseverancia y la entereza con la que hay que actuar cuando queremos que los sueños dejen de ser eso, sueños, para convertirse en realidad.

Otra de las cosas que me ha gustado ha sido la forma de escribir de este joven autor. A mí el contenido de la historia me puede gustar más o menos, pero al final lo que me emociona es la narrativa, el modo en el que el autor llega a mí. Y tengo que decir que parece que el autor valenciano lleva toda la vida escribiendo novelas de quinientas páginas. Tiene una forma de describir muy sutil, muy liviana, lo que hace que la novela no se haga pesada y no lleve a abandonarla al primer intento. Además otra de las cosas que me apasiona es poder subrayar los libros que leo cuando me encuentro con una frase que hace que mi corazón se acelere. En esta novela he encontrado unas cuantas, os lo puedo asegurar. Como esta: “cuando el corazón se rompe violentamente cuesta mucho recomponerlo, logrando que haga acopio de suficiente fuerza para emprender un nuevo camino. Pero lo emprendí. Fui tan fuerte como necesitaba ser. Porque el destino que está por venir no es regalado, es logrado a base de esfuerzo, de sacrificios, de valor. Y ha sido un buen devenir, el mío. No podría ni debería quejarme, así que no lo hago”. Simplemente, maravilloso. Y así, decenas de frases que podríamos enmarcar y llevar por bandera ante las situaciones difíciles que todos vivimos día a día.

Si tuviera que buscarle un pero, uno pequeñito, sería el del abuso de los diálogos. La narrativa trascurre básicamente en ellos. Son los protagonistas los que nos cuentan a nosotros directamente la historia. Lo que está pasando y lo que pasó. Narciso Martín H. recurre mucho a que sean los propios protagonistas los que te pongan en situación y te cuenten toda la historia. No usa un gran narrador omnipresente que nos cuente la historia, sino que son ellos mismos quienes lo hacen. Pero esto, está claro, es una cuestión de gustos. También me quejo cuando en el libro no hay apenas diálogos, porque se me hace un poco pesado, así que supongo que soy yo, que soy difícil de complacer y que siempre tengo que buscarle pegas a las cosas. Puede que ahora mismo tú, que estás al otro lado de la pantalla leyéndome, pienses que estoy loca. Que tener un libro en el que los diálogos son lo predominante es lo mejor que podría echarme a la cara. No lo pongo en duda, pero a mí es algo a lo que me cuesta adaptarme.

Pero esto, como digo, es una pequeña pega que le pongo porque yo soy así de tiquismiquis. Sin embargo, todos los halagos que pueda hacer a esta novela se quedarían cortos. Es tierna, sincera, dinámica, en puntos divertida, en puntos frustrante. Te hace pensar, recapacitar sobre tu propia vida. Después de leer esto yo ya no tengo nada claro sobre la mía. Y eso que soy consciente de que muchos caminos que he tomado no fueron los adecuados. Pero yo tengo una filosofía, que no sé si compartiréis conmigo: cuando se toma una decisión, acertada o no, eso no importa, se toma por algo. Por las circunstancias en las que uno vivía. Por los pensamiento que tenía. Por las esperanzas, los sueños o los pájaros que tuviera en la cabeza. Pero todas esas decisiones, todas y cada una de ellas, son las que te han llevado a ser quien eres hoy. Ni más ni menos. Eso sí, a partir de hoy, podrás hacer mil cosas por mejorar tu vida, o por mantenerla como está, si estás conforme con ella. Y siempre siendo consciente de que eres lo que eres por las decisiones tomadas.

 Mi otra vida es una novela llena de esperanza. Me ha recordado un poco a la historia de Come, reza, ama en cuanto a la búsqueda de la identidad de la persona. Está claro que lo que buscaban los protagonistas de sendas novelas no tiene nada que ver, pero al final lo que cuenta es el despojarse de todo para poder alcanzar lo que uno quiere.

En resumen, esta historia me ha gustado muchísimo. Me ha hecho viajar, disfrutar, sufrir un poco por el amor frustrado de Martín… He sentido mil cosas a la vez. Pero lo más importante, y lo que más me ha gustado, es que me ha hecho pensar. Y mucho. Y eso, eso es lo que realmente me apasiona de los libros. Bien hecho.

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Las tormentas interiores, de Gerardo Pérez Sánchez

Al principio, los libros recogían las gestas de caballeros y reyes. Las historias que merecían ser contadas eran aquellas protagonizadas por grandes hombres, ya fuera por su poder o por la trascendencia de sus hazañas. Pero hace mucho que los escritores demostraron que hasta de la vida aparentemente más anodina puede cautivar al lector si se escogen el momento y el tono adecuados; esos capaces de conectar con otras personas, de remover algo en su interior… De convertirse en literatura. De esas personas y de esos momentos son de los que nos habla Gerardo Pérez Sánchez en la novela Las tormentas interiores.

Victoria es una joven cansada de sus días rutinarios en la oficina, de los ligues de fin de semana que son sucedáneos del amor y de la presión de sus padres para que madure de una vez y se asiente en una vida estable. Por eso, un día decide romper con todo y coger un avión a Roma, para empezar desde cero. Hasta allí también va a viajar Alberto, para una reunión de negocios. Él es un treintañero que ya ha conseguido lo que todos consideran el éxito: un trabajo bien remunerado en una multinacional, una casa enorme y un coche caro. Vamos, que tiene de todo…, menos vida.

Ana es una mujer de cuarenta y tantos, con dos preciosos hijos y una vida tranquila junto a su marido. Demasiado tranquila, quizá. De ahí que de vez en cuando rememore su juventud y sus inquietudes musicales, esas que dejó a un lado porque las circunstancias y su entorno la empujaron a ello. Tiene previsto viajar a Londres para la boda de su hermana, pero lo hará sola porque su marido no quiere pedirse el día libre en el trabajo ni que los niños pierdan clases. Devlin, productor musical, tiene billete para ese mismo destino, donde tiene programada la grabación de un disco de jazz. Ya ha cumplido los cincuenta, pero mantiene su espíritu rebelde y huye de los convencionalismos sociales.

La aleatoriedad del sistema informático ha decidido que Victoria y Alberto y Ana y Devlin compartan asientos contiguos en sus respectivos vuelos, pero una tormenta desbaratará los planes iniciales. Sin embargo, el destino parece empeñado en que sus vidas se entrelacen.

Como véis, Las tormentas interiores tiene una premisa sencilla, incluso tópica, pero los personajes resultan realistas y es fácil empatizar. Cada capítulo está narrado en primera persona por uno de ellos, y según el momento vital en el que se encuentre cada lector, conectará más con uno u otro. Por ejemplo, se identificarán con Victoria aquellos que todavía están dando sus primeros pasos en la vida adulta; con Alberto, los que ya están hartos de sus jefes; con Ana, quienes se arrepienten de todo lo que dejaron por el camino y con Devlin, los que están de vuelta de todo y no soportan este mundo de tantas apariencias y tan poca verdad.

Enseguida nos dejamos llevar por sus historias, porque sus inseguridades y esperanzas son las nuestras también. Todos tenemos sueños apartados que un día se cansaron de esperar o metas que, una vez alcanzadas, no eran lo que imaginábamos. Quien más quien menos ha sucumbido a las expectativas de su entorno y se ha olvidado de lo que realmente quería hacer. Y, aunque no solamos reconocerlo, tenemos instantes —incluso etapas o vidas enteras— llenos de soledad y miedo, en los que deseamos dar un giro de ciento ochenta grados a nuestras existencias. Pero pocos, muy pocos, nos atrevemos a ello. Por eso, nos emocionamos con estos personajes, nos indignamos con ellos o los compadecemos. Gerardo Pérez Sánchez no tiene más que poner nuestros pensamientos en sus bocas y, así, como si nada, nos lleva de la primera a la última página en un abrir y cerrar de ojos.

Tras leer Las tormentas interiores, es posible que muchas de nuestras perennes excusas se tambaleen. Dar un gran vuelco a nuestra vida no es más sencillo si tenemos un montón de ceros en la cuenta corriente. Es más, cuando estamos en esa situación, aún resulta más incomprensible que nos planteemos dejar ese modo de vida atrás, pues nuestro entorno es incapaz de concebir que en semejante desahogo económico haya un resquicio de infelicidad. Cambiar de vida es simplemente una cuestión de valor, como nos demuestran los personajes de esta novela. Vivimos junto a Victoria, Alberto, Ana y Devlin ese impás en sus vidas, y sus decisiones se quedan rondando en nuestra mente tiempo después de haber finalizado la lectura, porque nos hemos sentido tremendamente identificados con sus sentimientos y reacciones. Acabamos envueltos en nuestras propias tormentas interiores, sopesando si, en nuestra vida, el tiempo pondrá las cosas en su sitio o esta vez seremos nosotros los que haremos algo por recolocarlas.

De pronto, nuestro raciocinio salta: «Era solo un libro». Pero nuestro corazón se empecina: «O la vida misma». «¡No!», el raciocinio vuelve a la carga, «la vida nunca se resuelve en trescientas páginas». Y es posible que ambos tengan razón. Nadie dice que sea fácil, ni siquiera la historia que nos cuenta Gerardo Pérez Sánchez nos asegura que el éxito esté garantizado. Ahí está la proeza de sus personajes. Y es que no hace falta leer las aventuras de grandes héroes para que a los lectores nos entren ganas y vértigo, mucho vértigo, de emularlos.

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Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama

Un grito de amor desde el centro del mundo

PUn grito de amor desde el centro del mundoublicada por primera vez en España en 2008, Un grito de amor desde el centro del mundo llega de nuevo a nuestras librerías de la mano de Alfaguara con un mensaje en su faja que seguro que conseguirá que muchos la compren: «La novela japonesa más leída de todos los tiempos». Kyoichi Katayama, que ha superado en ventas a Haruki Murakami, ha conseguido ocupar los dedos de toda una generación de jóvenes japoneses en pasar sus páginas con la historia que nos cuenta directamente Sakutaro Matsumoto, alguien que clama al cielo vivir en un país donde no exista la enfermedad.

Un grito de amor desde el centro del mundo es la narración de una ruptura obligada, una ruptura que llega porque tiene que llegar pero que deja un poso infinito y eterno en quien la narra. Este es Sakutaro – a quien Aki, su amada, llama cariñosamente Saku-chan –, un joven que roza la mayoría de edad y que conoce por primera vez el amor, ese amor que se descubre al cerrar tu taquilla del instituto y encontrarte con unos ojos que por primera vez desprenden hacia ti una red, una red cordial, que deja marca, huella. La historia se nos cuenta en cuatro tiempos que se van mezclando: el inicio de todo, el durante, el después reciente y el un poco más después. La relación entre Sakutaro y Aki crece en paseos, clases y besos furtivos. Y termina, como todos los grandes amores. Todo termina. Pero en este caso el final es excepcional y, a diferencia de su abuelo, quien perdió también, aunque de manera distinta, a su primer amor, Sakutaro deberá decir adiós a Aki para siempre, o por lo menos para ese siempre que nos ofrece la conciencia del presente sin poder imaginar, pensar o creer en que hay un reencuentro posterior, un beso de nuevo, un amor – ese sí – para siempre.

Toda una generación de jóvenes en Japón ha quedado prendada de la historia que narra este libro, un libro que se lee en un día, que pasa rápido y que se olvida lento; un libro que duele pero que a la vez consigue que, por lo menos por un rato, cuando lo cierres mires a la persona que hay a tu lado y sientas la fortuna de seguir teniéndola ahí. Aunque esa persona seas tú. No siempre se está y no siempre se va a estar, es por eso que el mejor camino a tomar es el de exprimir el instante, beber hasta la última gota de una copa que siempre acaba rota.

Un grito de amor desde el centro del mundo está bien, aunque sigo prefiriendo a Murakami. Pero eso sí, había un pensamiento que me asaltaba mientras lo leía y que no puedo evitar dejar aquí escrito: ojalá me hubieran dado a leer este libro en secundaria, una época en la que la lectura se enquista en la parte cerebral del odio como algo aburrido – ¿quién diablos escoge esos libros? –, obligado y olvidable. Este sí vale la pena, aunque haya veces que las bromas, los chistes, las referencias culturales o geográficas nos puedan quedar un poco lejos – y suerte de Lourdes Porta, la traductora, que ofrece pinceladas a pie de página sobre lo más complicado de entender –. Pero aunque está escrito a miles de kilómetros de aquí, lo que se cuenta es algo universal, común a todos los mortales; ¿o acaso tú nunca has perdido a nadie a quien amabas?

El primer amor, el primer desamor, la primera pérdida y la primera superación de esta – si es posible alguna vez superarla -. Todos hemos sido jóvenes, todos hemos dicho adiós, todos nos hemos visto gritando en silencio al amor perdido desde el centro del mundo, de nuestro mundo. A veces un libro ayuda, ¿será este?

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Cartas de amor de músicos, de Kurt Pahlen

Cartas de amor de músicos

Cartas de amor de músicosEl enorme talento de músicos de la talla de Mozart, Beethoven, Haydn, Puccini y un largo etcétera, y todo cuanto nos han legado, parece obra de hombres que no pueden ser sino de otro mundo. Casi divinidades. Una suerte de mitos modernos que, desde finales del siglo XVIII y hasta el siglo XX, han dejado su huella en la historia universal de la música a través de unas composiciones geniales. Pero todas estas obras, en realidad, pertenecen a hombres profanos, hombres con miedos, alegrías, inseguridades, caprichos. Hombres terrenales que, tras las puertas de sus dormitorios, se desnudaron en cuerpo y alma hacia un sentimiento, este sí, divino: el amor.

Cartas de amor de músicos, editada por el musicólogo Kurt Pahlen, recoge entre sus páginas la correspondencia que mantuvieron estos músicos con sus amadas, muchas de ellas, inspiradoras de sus enormes creaciones musicales. Un elaboradísimo trabajo de documentación en la que el autor nos transporta a la época de cada uno de los músicos y nos abre esas puertas de sus dormitorios para encontrar al hombre temeroso, enamoradizo o lleno de celos que se esconde tras las notas de los pentagramas. En cada una de las cartas o fragmentos de diarios personales descubrimos la personalidad de cada uno de ellos y el tipo de relación que mantenían con su correspondiente amada. Así, en Mozart se aprecia la ingenuidad y la siempre buena actitud, aun en momentos de enfermedad, que demostraba hacia su querida Konstanze. Entre su correspondencia nunca faltaban palabras llenas de cariño infantil, reflejo de su amabilísima personalidad, con ingenuos juegos léxicos que entre ellos inventaban:

«Pesca por el aire… vuelan 2.999 besitos y medio míos que esperan ser cazados. […] y abrimos y cerramos los morros, cada vez más y más para acabar diciendo: es por Plumpi-Strumpi».

Frente a las críticas siempre escrutadas hacia la joven Konstanze por muchos historiadores, Kurt Pahlen defiende su persona por ser, en gran medida, la causante del buen estado de ánimo de Mozart y aquella que le propició crear sus grandes obras como Las bodas de Fígaro o Don Giovanni.

En este repaso epistolar por la historia de la música, el autor nos presenta la situación personal de cada músico y de este modo contextualiza tanto el tiempo que viven como la relación mantenida con la amada. Con una amena introducción para ponernos en situación, Kurt Pahlen nos da las claves de cada músico y nos hace conocer su biografía y la época que les tocó vivir. Nos menciona el modo en cómo llegaron a conocerse las felices parejas y nos acompaña, casi a hurtadillas, hacia los rincones íntimos donde el músico escribía bajo la luz de una lámpara. A través de sus escritos podemos apreciar la impronta que dejó en ellos el Romanticismo, de ahí que sus cartas llegaran a poseer un carácter literario muy elevado y exaltado en figuras como la de Carl María von Weber, en las que en sus primeras misivas queda patente su profundo amor juvenil hacia su querida Karoline, mientras que en las últimas se refleja la tragedia y la desesperación del músico por regresar junto a los suyos.

Mención aparte merece la correspondencia de Beethoven. Es, sin duda, el relato del amor más elevado y distinguido entre sus homólogos. De una profunda emoción, sus palabras están llenas de sentimiento. Se desconoce la identidad de la destinataria, aunque Kurt Pahlen intenta esbozar, contrastando datos, fechas y localizaciones, la persona a quien el genial músico de Bonn dedicó las más emotivas palabras de amor recogidas en esta antología. Ella, su amada, recibe la sonora denominación de «amante inmortal», un noble título que no puede más que engrandecerse aún más con el arranque de tan romántica carta: «Mi ángel, mi todo, mi yo…».

Se trata de una carta triple, o tres cartas simultáneas, en las que el músico declara su leal amor por ella y, siendo un hombre tumultuoso de carácter, su creciente temor y desazón que le provoca el sentir que pueda perderla. Una suerte de Goethe se adivina en sus palabras. Tras la lectura de esta carta, uno se pregunta si todavía existe alguien que, llevado por la emoción del amor, escribe así. Me encantaría pensar que la respuesta es un sí rotundo, si no, ¿qué sentido tiene enamorarse?

«Solo puedo vivir o enteramente contigo o por completo sin ti. ¡Ninguna otra poseerá nunca mi corazón, nunca, nunca! ¡Oh, Dios, por qué hay que alejarse de lo que tanto se ama?

Si en Beethoven se refleja el influjo romántico de Goethe, en Héctor Berlioz destaca la figura del primer amor platónico que sintiera Dante hacia Beatrice. En el caso del músico, su pasión le conduce siempre hacia su primer amor, Stella Montis. Otras mujeres pasaron por su vida, pero siempre en sus pensamientos y su corazón late la esencia del regreso a ella. Es en su vejez donde consiguen reencontrarse y a través de la correspondencia mantenida. Otra de los grandes capítulos de este libro es el que recoge las cartas del músico español Enrique Granados, siempre dirigidas a su mujer y madre de sus seis hijos. El tono infantil recuerda a Mozart y en algunas de sus cortas temporadas de separación es donde el músico le escribe con enamoradizo fervor:

«Recibirás la carta el martes y el miércoles en vez de carta tendrás a tu Quique al ladito para decirte cosas ricas».

Cartas de amor de músicos es un romántico repaso por la historia musical de los más grandes compositores que sirve para conocer su psique, sus profundos anhelos y donde, al margen de estar dedicado en exclusiva a las cartas de ellos, también se aprecia el poder y fuerza de algunas mujeres que se convirtieron en reflejo de modernidad ante su época —léanse los capítulos dedicados a las amadas de Chopin o Franz Liszt— y que, en definitiva, el amor hacia ellas inspiraron sus grandes piezas musicales.

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Romances de cine, de Mario Parra

Romances de cine

Romances de cineNo pasa nada, no os avergoncéis. Todos tenemos ese lado cotilla. A todos nos gusta saber qué hace fulanito o por qué menganito ha dicho lo que ha dicho. Y ya si la cosa va de amores, nuestro radar cotilla se dispara. ¿Que Petri ha dejado a Paco?, ¿quién es aquella rubia con la que sale Pepito? No me digáis que no. Si nos gusta cotillear sobre nuestros vecinos, imaginad lo que es cotillear sobre famosos a los que ni siquiera conocemos. Gloria bendita. Pero, si de verdad queréis cotilleos de los buenos, sin tener que pasar por los Aargg y los Uhhh de las revistas dedicadas a tales asuntos, os recomiendo encarecidamente Romances de cine.

¿Qué por qué? Voy a daros muchos motivos, tranquilos.

El primero ya os lo he dicho: este libro es para saciar esa parte cotilla que todos tenemos (que sí, que tú también). Y además, aparte de curiosear, se aprende mucho. Tanto como si eres un amante del séptimo arte como si no, estoy segura de que todos los personajes que aparecen en el libro te suenan. Pero, con toda certeza, no conoces ni la mitad sobre sus grandes historias de amor. Porque todos sabemos que Elizabeth Taylor y Richard Burton estuvieron juntos, pero no os hacéis una idea de lo turbulenta que fue su relación y de todas sus idas y venidas.

El segundo motivo es la selección que ha hecho Mario Parra en Romances de cine. Diez geniales e inquietantes historias de amor todas relacionadas con el  mundo del cine: desde el secreto a voces entre Cary Grant y Randolph Scott, hasta la turbadora relación de Woody Allen y Mia Farrow, pasando por el atípico idilio entre Katharine Hepburn y Spencer Tracy. Como veis, todos clásicos del cine. Pero también podemos encontrar algunos amores más actuales como la reciente ex relación entre Brad Pitt y Angelina Jolie o el absolutamente extraño matrimonio formado por Tom Cruise y Nicole Kidman. Hay para todos los gustos.

¿Necesitáis más motivos? Mario Parra, su autor, es otro motivo de peso. Lleva más de diez años trabajando para el mundo del cine y en cada página de Romances de cine transmite su gran devoción por éste. Se nota en la dedicación y la verosimilitud con la que habla de las celebrities y sus vidas amorosas. Pero es que, además, el tío tiene guasa. Su forma de narrar los romances y los comentarios y pullitas que deja escapar me han hecho reír en más de una ocasión. Y cotillear, reírse y aprender todo a la vez es una maravilla.

No sé qué más tendría qué deciros para convenceros. ¿No tenéis ya ganas de leerlo? De verdad de la buena, Romances de cine es uno de los libros más entretenidos que he leído este verano. Un libro que enseña, que divierte y que, como dice el propio autor, podemos utilizar para sacar temas de conversación en la próxima cita a ciegas, que precederá a nuestra próxima relación y a la consiguiente ruptura amorosa. ¿No os dan ganas de creer en al amor ya?

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La parte escondida del iceberg, de Màxim Huerta

La parte escondida del iceberg

La parte escondida del iceberg“Nada es tan hermoso como en las novelas ni tan perfecto como en el recuerdo”, dice Màxim Huerta en La parte escondida del iceberg. Y no hay mayor verdad que esa. Es increíble cómo somos capaces de almacenar en la memoria nuestros mejores recuerdos. Y cuánto nos gusta perdernos en ellos, como si los estuviéramos viviendo de nuevo. Hasta que nos despertamos y nos damos cuenta de que no es posible, aunque lo anhelemos más que nada en el mundo…

Sin embargo, no todos los recuerdos que tenemos son positivos. Y de esto trata La parte escondida del iceberg. ¿Cómo sobrevivimos a los recuerdos que nos impiden avanzar? ¿Cómo podemos reencontrarnos a nosotros mismos cuando nos abandonamos al pasado?

Y es que hay recuerdos que se instalan en nuestras mentes y se empeñan en quedarse y atormentarnos durante demasiado tiempo, el suficiente para ser insoportable. Y de esto sabe mucho Màxim Huerta, un autor del que (desgraciadamente) no había leído nada hasta aventurarme a leer esta novela, que nos relata uno de sus viajes a París con el objetivo de alejarse de aquello que le impide ser feliz, del pasado que no desea rememorar, para encontrarse a él mismo.

Un viaje que nos hace reflexionar junto al escritor sobre la periodicidad de nuestros recuerdos, lo esencial del olvido y la importancia de los detalles que nos hacen amar la vida. Un paseo por la ciudad que amamos, una librería en la que perderse horas y horas, un buen café por las mañanas, un buen rato con la familia…

Me ha encantado la forma que tiene Màxim Huerta de relatar un hecho triste, y aún así, hacer que en toda la novela se respiren ganas de vivir. Que a pesar de todo, solo vivimos una vez, y debemos hacer todo lo posible por hacer que merezca la pena. Que todo ese pasado que nos hace anclarnos en tiempos felices se transforme en más energía para el futuro que está por venir, que podría ser igual de bueno. Pero qué difícil es que nos entiendan cuando lo estamos pasando mal, cuando nuestra mente se niega a dar un paso hacia delante, a recuperarse de lo que hemos perdido.

Y es que este libro también trata del amor, de cómo nos aferramos a él a pesar de que se nos haya escapado de nuestros dedos muchos años atrás. De lo felices e infelices que nos hace a la vez y de su poder de hacernos sentir vivos, aunque estemos en el frío más absoluto.

Aunque no lo esperaba, en esta novela he logrado encontrarme reflejada en muchas de las situaciones que vive el narrador. ¿Quién no ha amado y ha sufrido? ¿Quién no consigue olvidar aquello que le ha hecho feliz en el pasado? Y cómo, al final, superamos todo. Porque el ser humano es capaz de hacer lo imposible. En París y en cualquier sitio… Pero, en especial, en París. Para mí, es una ciudad que respira magia y romanticismo en cada uno de sus rincones. Y sí, para mí también es el mejor lugar para recomponer hasta el más roto de los corazones.

La parte escondida del iceberg es una novela íntima y extremadamente sincera, con un ritmo algo lento, pero que se saborea desde el principio hasta el final. No dejaré de leer a este autor, que me ha sorprendido tanto con su maravillosa forma de escribir y que, además de hacerme disfrutar con su historia, me ha hecho viajar a París de nuevo y pasear por sus calles como si fuera la primera vez. No sé qué tendrá esta ciudad que nos ha enamorado a ambos y a cientos de millones de personas más…

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Joyas del sol -Trilogía irlandesa I-, de Nora Roberts

14-18 Volumen 1

Joyas del solIrlanda es un destino que tengo pendiente desde hace  muchísimo tiempo. Si seguís mis reseñas, sabréis que una de mis pasiones es viajar (además de los libros, por supuesto) y siempre que puedo, me concedo una escapada. Irlanda está, como quien dice, a un tiro de piedra, pero por unas cosas o por otras, nunca he tenido la oportunidad de visitarlo. Mi mejor amiga estuvo allí el verano pasado estudiando inglés y vino enamorada. Y no es para menos. Ya no solo la arquitectura, la naturaleza o la gente. Es su historia, su magia, su mitología. Y es que a mí estas cosas me apasionan. Las leyendas, los enigmas, las historias… Recuerdo que cuando era pequeña mi madre me leía un cuento sobre mitología, donde los duendes, elfos y hadas eran los protagonistas. Desde entonces, cada vez que veo un bosque (y os aseguro de que es casi a diario), no paro de imaginar todo tipo de historias, yéndose mi cabeza por las ramas de los árboles y dejando volar la imaginación.

Así que cuando conocí esta trilogía de Nora Roberts (introdúzcase aquí una breve reverencia a la que, a mi entender, es la mejor escritora de historias de amor de nuestra época), no dudé en leerla. He empezado por el principio, como debe ser, y me he adentrado en esta historia a través de Joyas del sol. Este libro tiene dos ingredientes principales: el amor —como no podía ser de otra manera— y la mitología. Jude es una norteamericana que está desencantada con su vida. Después de muchos años ejerciendo como psicóloga, ve que su propia mente se está desmoronando y, abatida y derrotada, decide dar un cambio radical a su vida mudándose a Irlanda. Allí vivirá en una pequeña cabaña que será el escenario perfecto para que ella, tan curiosa y “culoinquieto” conozca poco a poco la mitología que rodea los bosques irlandeses. Entonces aparecerá Aidan, guapo donde los haya y que no tardará ni un segundo en ofrecerse voluntariamente para ayudar a Jude con esa nueva inspiración. Jude empezará a escribir artículos sobre la historia que está conociendo —y viviendo— y verá cómo la chica que vino de Estados Unidos nada tiene que ver con la que ahora vive en Irlanda.

Si me gusta Nora Roberts es, básicamente, porque en cada libro encontramos personajes muy desarrollados y muy creíbles. Como dije antes, en sus novelas, el protagonista es siempre el amor, pero alrededor puede haber historias de asesinatos, de intriga o, como es el caso, de mitología. Tiene una mente que diseña cualquier escenario que hace que los lectores se introduzcan rápidamente en la historia y deseen leer más y más. Yo la descubrí en Polos opuestos donde la escena de un crimen fue lo que dio lugar al romance. Y es que ella dibuja el amor en cualquier panorama, en cualquier ubicación y en cualquier contexto. Nos lleva de un lado a otro del mundo y nos demuestra que el amor siempre triunfa.

Obviamente, sabiendo que me encanta la mitología y las historias románticas, Joyas del sol no podía defraudarme. Y ya os aseguro que no lo ha hecho. No solo me han gustado mucho los protagonistas, sino que los personajes secundarios están muy bien desarrollados y juegan un papel muy importante en el libro, haciendo que te intereses por ellos y quieras saber más y más. Todavía no he tenido oportunidad de leer las otras dos partes de esta trilogía, Lágrimas de la luna y Corazón del mar, pero en cuanto lo haga volveré a pasarme por aquí a deciros si estos libros siguen haciéndome soñar con duendes y hadas. Esperemos que así sea.

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Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

Americanah

AmericanahEl racismo está superado, es cosa del pasado. Solo quedan algunos bocazas incultos por ahí, que aún no se han enterado de que todos pertenecemos a una única raza: la humana.

Ja.

Si crees eso, probablemente seas una persona blanca, para la que la cuestión de la raza nunca ha constituido una barrera. Pero pregúntale a un negro («un negro», sí, nada de eufemismos absurdos como «persona de color» o diminutivos humillantes) si alguna vez alguien ha juzgado sus actos en función del color de su piel, y ya verás la cantidad de anécdotas que le vienen a la cabeza. Y ni se te ocurra acusarlo de victimista porque se atreva a quejarse, ni mucho menos le des la vuelta a la tortilla diciéndole que, con esa actitud, es él el que demuestra ser un racista. Si estás en ese plan, ya estás tardando en leer Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie, a ver cuántas de esas convicciones siguen en pie tras la lectura.

Tres, tres libros seguidos llevo de Chimamanda Ngozi Adichie, y cuando creía que no me podía cautivar más, llega esta novela y se convierte en mi preferida. Con ironía y vehemencia, Americanah habla a las claras del incómodo tema del racismo y del proceso de adaptación (o de sometimiento) del inmigrante al país de acogida. Bueno, y también cuenta una bonita historia de amor, que no todo va a ser echarnos verdades a la cara.

En la década de los noventa, los universitarios Ifemelu y Obinze se enamoran. Pero ambos son conscientes de que esa Nigeria dominada por la dictadura militar no va a ofrecerles el futuro que esperan. Obinze se marcha a Inglaterra e Ifemelu a Estados Unidos, dispuestos a reunirse más adelante, pero sus vidas en esos nuevos países harán mella en ellos, cambiándolos y distanciándolos. Ifemelu rememora aquellos tiempos trece años después, cuando se dispone a regresar a su país y, quizá, a retomar el contacto con Obinze, su primer y gran amor.

A través de sus recuerdos, conocemos cómo ha sido su estancia en Estados Unidos, ese país que grita a los cuatro vientos que allí todo está bien y que todos son iguales. Pero Ifemelu ha comprobado que eso no es así, y ha dejado constancia de sus experiencias en un blog, Raza o Curiosas observaciones a cargo de una negra no estadounidense sobre el tema de la negritud en Estados Unidos. Y es que ella repara por primera en que es negra al llegar allí; había sido un rasgo al que nunca había prestado atención en su país, pero de repente condiciona todos los aspectos de su vida. Y, sin embargo, cuando vuelve a casa, la sociedad nigeriana le atribuye otra etiqueta: a partir de entonces es americanah, apelativo con el que sus compatriotas designan a aquellos que regresan de allá para marcar distancias. Para ellos, los retornados ya no son nigerianos, aunque nunca hayan llegado a ser americanos.

Americanah es una novela irreverente tremendamente adictiva, que te saca de tu zona de confort a base de disecciones perspicaces de los comportamientos culturales y sociales de unos y de otros. Los extractos del blog son reflexiones inteligentes que desmontan todos los clichés habidos y por haber en torno al denominado Tercer Mundo y la raza; las vivencias de los dos protagonistas, un retrato realista de los claroscuros de la inmigración, del camino hacia la madurez y de las relaciones interpersonales; y la historia de amor, el hilo conductor perfecto para unir todas esas partes que por sí solas ya merecen la lectura de esta novela.

Leer a Chimamanda Ngozi Adichie es necesario, ya lo he dicho más de una vez, pero leer Americanah es imprescindible. Un ejemplo de buena literatura, de esa que te sacude y te desmonta, para que cuando recompongas tus pedazos seas otra persona: más crítica, más empática… mejor.

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