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Te estoy viendo, de Clare Mackintosh

Te estoy viendo

Te estoy viendoDicen que el verano es para las bicicletas. Sí, las bicicletas me gustan mucho; de hecho varios días (en los que la lluvia no lo inunda todo) bajo al trabajo dando un paseo con una bici que me regaló mi tío hace años. Pero… a pesar de que es maravilloso sentir la brisa matutina en mi cara (y algún que otro mosquito despistado) y de que todos recordemos la típica frase de Verano azul, en mi opinión, el verano, es para los libros.

Llega el buen tiempo. El jardín, la terraza, la piscina, la playa, la montaña, los picnics… y da igual el escenario, pero en mi bolso siempre se puede encontrar un libro a la espera de ser devorado. Y qué mejor sensación que la de estar en el jardín, con un café con hielo aguardando, las flores rebosando colorido (y polen, mucho polen), una hamaca, una sombrilla, los pies al aire… y un libro en las manos.

Escribir esto (lunes, diez de la mañana, legaña que no se quiere despegar de mis pestañas, depresión post fin de semana) me está dando ganas de dejar mi trabajo y darme a la vida idílica del verano. Después recuerdo que vivo en Cantabria y que aquí el verano dura una o dos semanas como mucho y luego lleva el duro invierno y también que necesito un trabajo del que vivir, y se me quita la idea de la cabeza.

No sé si es buena opción rememorar lo que estuve haciendo ayer (recuerdo: lunes, diez de la mañana…) pero he venido aquí precisamente para eso. Ayer terminé Te estoy viendo. Lo terminé mientras mis pies chapoteaban en la piscina y el jolgorio de niños chillando y corriendo era mi banda sonora. Lo terminé aguantando la respiración, como cuando intento nadar más y más profundo, intentando tocar el lecho de algas de un mar cristalino, a sabiendas de que la subida a la superficie será agonizante y tremendamente dura.

Clare Mackintosh es ya conocida por el thriller Te dejé ir. En él demostró que es una verdadera reina del suspense y que saber cómo hacer para que los lectores se enganchen página a página. Te estoy viendo cuenta dos historias paralelas. Por una parte nos habla de Zoe, una mujer trabajadora, divorciada y con dos hijos que un día ve una foto suya en la sección de clasificados de un periódico local. Debajo de su foto viene un número de teléfono y una página web y no sabe ni cómo ni por qué aparece ella en esa sección. Y, por otra parte, nos habla de Kelly, un agente de policía que descubrirá, igual que Zoe, que la foto que aparece en el periódico, así como otras muchas que surgieron con anterioridad, guardan relación con oscuros secretos que llevan asolando la ciudad de Londres durante un tiempo.

Cuando eres asiduo de las novelas de misterio, en las que los asesinatos y las investigaciones policiacas te persiguen hasta en sueños, crees que ya lo has visto todo. Llega un momento en el que, al enfrentarte a un nuevo thriller, piensas: “bueno, no me pueden dar nada nuevo. Habrá un asesinato, un poli frustrado, una loca que quiere resolver el crimen ella sola y un criminal del que sospeché en la primera página”. Pues bien, si eres de los que piensan así, déjame decirte que tienes que leer Te estoy viendo.  Clare Mackintosh nos regala una trama muy original en la que no tenemos ni idea de cuál va a ser el siguiente paso. Todos parecen sospechosos y todos parecen inocentes. Es un quebradero de cabeza, inteligente y divertido. Por eso os decía que lo terminé aguantando la respiración, porque os prometo que no me esperaba en absoluto el final que me encontré.

Sin duda, es un libro para el verano. Para disfrutarlo saboreando un café helado. Dejándose llevar por las historias de Zoe y Kelly, sin prisa y sin tener remordimientos por haber pasado una tarde entera sin poder soltar el libro. Y respirando. No se os olvide como a mí y vayamos a tener un disgusto.

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Mi vida querida, de Alice Munro

Mi vida querida

Mi vida queridaMi vida seguro que es muy distinta a la tuya. Seguro que las cosas que haces en tu tiempo libre son muy diferentes a las mías. Seguro que la música que escuchas no se parece en nada a la que canto por las mañanas cuando voy a trabajar. Seguro que usas un champú que yo jamás compraría. Seguro que el libro que recomiendas a todos tus amigos yo ni siquiera lo he leído. Y tu plato de comida favorito no tendrá nada que ver con el que yo pediría si estuviera en un restaurante.

Puede que trabajes, o que estudies, que estés en paro o que te hayas jubilado. Puede que te guste hacer puzzles, pintar, patinar o tal vez jugar a los bolos. Puede que te sientas atraído por el rock, el indie, la música clásica, el pop o el rap. Puede que tengas el pelo graso, seco, rizado, liso asiático o incluso con caspa. Puede que seas de los que piensa que el Gran Gastby es el mejor libro de todos los tiempos o que no aguantes una discusión en la que te discuten que los rusos son los mejores haciendo literatura. Puede que se te haga la boca agua con la paella, con el sushi o con los tortellinis. Puede que te identifiques con esto o que estés pensando en que no hay nada de esta lista que se acerque a lo que es tu persona.

Pero al final, tendrás una manera de ganarte la vida, un pasatiempo, una música, un tipo de pelo, un libro predilecto y un plato favorito. Todos lo tenemos. Y eso es lo que tenemos en común.

Vivimos. Hacemos cosas. Subsistimos. Amamos, de una manera o de otra. Y morimos.

Y eso es lo que Alice Munro ha reflejado en Mi vida querida, un libro compuesto por varios relatos que nos ofrecen personajes corrientes y comunes. Como tú y como yo. Y esas personas, tan diferentes entre sí, tan alejadas en la distancia, en el tiempo y en la vida, al final sienten, sufren y aman como si solo fueran una. Alice Munro, premio Nobel de Literatura, nos relata pausadamente y sin sobresaltos la vida de diferentes personajes que ven sus amores truncados, revividos, apagados, transformados. Nos adentra en historias cuyos protagonistas son cotidianos, nada extraordinarios y que podrían encontrarse en cualquier casa de vecino. Su estilo sobrio y un tanto nostálgico se acompaña de finales abiertos en los que el lector tiene que hacer uso, si quiere, de su imaginación para adivinar qué habrá pasado al final.

Es un libro que he leído con calma, saboreándolo. Lo he alternado con otro, ya que me gustaba leer un relato de vez en cuando, no todo de golpe. Tenía la sensación de que si lo leía de una sentada (cosa bastante factible) arruinaría la magia que Munro intenta crear con su delicadeza y detenimiento. Algunos son mejores que otros, como no podía ser de otra manera, pero cuando crees que la escritora ya no puede ofrecerte nada nuevo, aparece con unos relatos finales autobiográficos que te dejan con un escalofrío en la piel. Esas últimas páginas me hicieron disfrutar de una manera abrumadora y ahí, entre esas palabras tan sinceras y tan desnudas, fue donde entendí el porqué de su gran merecidísimo premio.

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La chica danesa, de David Ebershoff

La chica danesa

La chica danesaQué difícil tiene que ser alguien que no deseas. Qué difícil tiene que ser nacer de una manera y sentirte de otra completamente distinta. Ver lo que el espejo te muestra y no estar en absoluto de acuerdo. Saber que jamás podrás ser quien realmente quieres ser.

Einar conoce esa sensación muy bien. Cuando su mujer Greta le propuso probarse unos viejos zapatos de tacón para que pudiera retratarle en el cuadro que estaba haciendo, Einar no supo qué pensar. Pero la modelo había dejado tirada a su mujer y él no podía defraudarla. Se pondría esos zapatos amarillos y aquellas medias que prometían opresión. Y también aquel vestido que al caer por sus piernas haría un ruido como de rasguños. Cuando Greta le vio, tan bajito, tan delgado, tan pálido, con esos pechos extrañamente voluminosos, no vio a Einar. Vio a Lili. Y Einar también la vio. Y Lili se quedó a vivir con ellos para siempre.

El libro está ambientado en los años veinte y se desarrolla en principalmente en Copenhague y en París. En una época en la que dudar de tu propia personalidad era algo impensable, Einar tiene que enfrentarse a los fantasmas de querer ser otra persona. Lili vive dentro de él y se despierta cada vez que el raso de los vestidos se desliza por sus piernas. La chica danesa es una historia tierna y emotiva y a la vez dura y desoladora. David Ebershoff narra las crónicas de estos tres personajes principales usando una prosa delicada y confidente. Es extremadamente visual, lo que ha hecho que desde el momento en el que empecé este libro, pudiera imaginarme cada uno de los paisajes, personajes y escenas que describe.

No suelo hacer esto en mis reseñas, pero creo que debo centrarme en la descripción de los protagonistas. Empezaré por Lili, que me transmite mucha ternura. Es una mujer delicada y que parece que se va a derribar con el primer soplo de viento. Me recuerda a una muñequita de trapo delicada y frágil. Pero a la vez tiene el valor de salir a la calle cada día a demostrar quién es. Einar es una persona gris, que vive a la sombra de Lili. A diferencia de esta, a la que podemos imaginar en cuanto leemos unas líneas que hablan de ella, Einar no se deja intuir tan fácilmente. O al menos a mí me ha parecido así. Su descripción es borrosa. Será porque en realidad podríamos decir que Einar no existe, que es Lili la que alberga en su interior. Y después esta Greta. Greta… qué personaje tan maravilloso. De verdad. Hacía muchísimo tiempo que no me encontraba con uno así. Asombra ver cómo apoya a su marido desde el principio y cómo es ella, al fin y al cabo, la responsable del nacimiento de Lili. Greta llega a pasarlo incluso peor que Einar, ya que es consciente del calvario que podría sufrir su marido si la gente descubriera que en sus ratos libres sale disfrazado de mujer a la calle. El sufrimiento anunciado de Greta es algo que me ha tenido en vilo durante todo el libro y que ha hecho que me preguntara qué haría yo si estuviera en su posición. Cada cual que opine lo que corresponda.

La chica danesa me ha llegado al alma. Me he dejado llevar sin ninguna dificultad por las palabras de David Ebershoff y me he descubierto respirando entrecortadamente al pensar en el futuro de Einar. Pero, sobre todo, en el de Lili. Y el sufrir por un personaje, sentir su angustia en tu piel, su propio dolor, es una de las cosas que más me gusta de la lectura.

Amigos, pocas palabras más se me ocurren para describir esta grandiosa novela. No sé si la película le hace justicia, aunque siendo Eddie Redmayne el protagonista, muy mal tiene que ir la cosa para que no sea así. Por lo que a estas alturas solo me queda recomendarla de corazón y dejar la lectura a un lado para adentrarme en el trabajo de Tom Hooper.

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Retratos de lo invisible, de Ane Santiago

Retratos de lo invisible

Retratos de lo invisibleHoy es doce de junio de dos mil diecisiete. Hoy hace exactamente un año que me subí a un avión dirección Méjico. En ese vuelo me acompañó Cartas a ninguna parte, un poemario escrito por Ane Santiago. Antes de leer ese libro, hacía años que no leía poesía. Vale, quizás había encontrado por ahí algún poema de Benedetti o de Salinas, pero no había leído más de cien versos seguidos. Ane me abrió los ojos. Me hizo ver que, a veces, con pocas palabras se puede transmitir mucho más que escribiendo un tratado. Me hizo sentir cómplice de lo que pasaba por su mente y consiguió que entendiera que las palabras escogidas con cuidado y esmero pueden componer cosas maravillosas.

Hoy, doce de junio de dos mil diecisiete, estoy aquí de nuevo. Frente al ordenador blanco que a todas partes me acompaña. He cargado una taza con un café bien caliente (en Cantabria hoy hace un día de perros) y me he puesto cómoda para poder hablar de Retratos de lo invisible e intentar que mis dedos plasmen en esta pantalla todo lo que me hace sentir Ane cuanto la leo.

Hace tiempo leí un libro que decía que mirar a una persona cuando duerme es como leer una carta dirigida a otra persona. Cuando leo un poema escrito un arrebato de sinceridad, en el que la poeta, en este caso, se quita todos los miedos, vergüenzas, dudas o temores como si fueran un jersey que oprime la piel en pleno agosto y lo colgara en la cuerda de tender de un quinto piso, siento que estoy invadiendo su intimidad. Siento que se libera después de mucho tiempo, como si hubiera estado atada de pies y manos y obligada a guardar silencio. Y me la imagino respirando profundamente una vez termina de tatuar el papel con sus versos y sus verdades.

En este libro encontramos sobre todo retratos. Retratos de personas a las que no sé si Ane conoce muy bien o no, pero que para ella significan lo suficiente como para dedicarles unas palabras. Ane en este libro no es poeta; es pintora. Porque no solo se necesita un pincel para pintar. Ella demuestra que se puede hacer también con un boli y un papel. Se puede pintar con palabras. Y el resultado será un arroyo de versos que atrapan desde la primera página y que te hacen cómplice de la vida de la escritora. O pintora. Ya no sé. Y es que yo creo que esta chica puede ser lo que le dé la gana. De verdad. Y puedo afirmar esto porque después de leer sus dos poemarios es como si ya la conociera.

No puedo olvidarme, ¡ni se me ocurriría!, de Alexis Bukowsi, un joven Barcelonés que acompaña las palabras de Ane plasmadas en Retratos de lo invisible con sus preciosas ilustraciones. En su presentación dentro del libro se dice que Alexis tenía dos pasiones de pequeño: pintar y los pájaros. Pero como pronto se dio cuenta de que sin alas iba a ser muy difícil volar como sus animales favoritos, prefirió decantarse por el lápiz que le llevaría mucho más alto que unas alas. Sus ilustraciones, de mujeres con alma de pájaro, retratan a una mujer que es juzgada por su imagen, que se hace pequeña ante lo que debería ser, que carga al hombro sus sombras y que al mirarse al espejo ve lo que realmente es. Esas mujeres pájaros somos tú y yo. Es Ane. Es Alexis. Y es cualquiera que, al leer este poemario sienta que un pájaro revolotea dentro de su interior pidiendo a gritos salir.

Y permitidme, para acabar, que me dirija a Ane: lo has vuelto a hacer. Has ido a una esquina donde ya nadie se sienta, cantaste y la lluvia hizo que las flores volvieran a crecer. Como aquel que ve ruinas y hace de ellas una ciudad.

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Fotografía de alta calidad: los fundamentos de la fotografía, de José María Mellado

Fotografías de alta calidad: los fundamentos de la fotografía

Fotografías de alta calidad: los fundamentos de la fotografíaHacer una fotografía es congelar el tiempo. Es robar un momento al mundo que te pertenecerá para siempre. Es captar la belleza en las cosas más insospechadas. Es adueñarte de los instantes, sin pedir permiso.

Un día mi tía me dijo que ella no tenía fotos de cuando era pequeña. En casa había encontrado alguna foto de sus hermanos, pero de ella solo había halado un par. Yo me quedé sorprendida, porque en mi casa hay miles de fotos de cuando yo era pequeña. No sé si era por esa necesidad de tener que congelar el tiempo. Tal vez fuera porque en el mismo instante que estaban tomando la foto sabían que iban a extrañar ese momento algún día.

Por eso hago yo fotografías. Porque sé que en algún momento, probablemente no muy lejano, sienta la necesidad de volver a aquel instante. Y sentir lo que sentía entonces sería mucho más sencillo. También lo que veía, lo que olía, lo que tocaba. Ver una foto de un momento feliz hace que se me pongan los pelos de punta. Mi mente puede viajar a ese instante en el que se tomó la fotografía y todos los recuerdos aparecen de golpe en mi mente.

Por eso intento tener siempre una cámara a mano. Y si no la tengo —por desgracia, la mayoría del tiempo—, el móvil a veces es una buena opción. Pero la verdad es que el día que llevo la cámara… faltan gigas. He de decir que la cámara la conseguí en un concurso de fotografía (cosa irónica, porque la foto con la que gané la saqué con una de muy poca calidad). El concurso se llamaba “la bici en la ciudad” y me dieron el mejor regalo que podía recibir. Con esa cámara he viajado a sitios muy lejanos y a través de ella he visto paisajes que parecían sacados de cuentos. Pero lo cierto es que antes pensaba que para hacer fotografías solo bastaba tener una cámara y un paisaje delante que te animara a inmortalizarlo. Pero no. Con Fotografía de alta calidad: los fundamentos de la fotografía, escrito por José María Mellado, me he dado cuenta de que cambiando algunas cosas sencillas puedo conseguir fotografías increíbles. Basta con saber qué modo elegir, qué luz, qué ángulo. Quizá jugar un poco con la cantidad de luz que entra en la cámara, o con los enfoques y desenfoques. El caso es probar, crear, divertirse con los paisajes y con la infinidad de opciones que nos dan. Intentarlo. Fallar y volver a empezar de cero. Hacer mil fotos y quedarse con una. Pasarse la tarde viendo instantáneas en el ordenador y pensar cómo se podrían mejorar. Usar a un familiar o amigo para que pose y que salgan fotos ridículas. O algunas maravillosas. Dejarse llevar por los paisajes y hacer que las ideas vuelen y surjan. Sean posibles o no. Capturar cada segundo. Para después recordarlo todas las veces que sean necesarias.

Fotografía de alta calidad: los fundamentos de la fotografía no va dirigido especialmente a profesionales. Cualquier apasionado de la fotografía encontrará en él miles de consejos útiles que le ayudarán a que sus fotos reflejen realmente lo que quieren captar. No hace falta más que una cámara, imaginación y mucha paciencia.

Pasearse por las páginas de este libro es absorber una buena cantidad de ideas. Hace poco disfruté de un maravilloso viaje por Kenya, donde pude hacer varios safaris fotográficos. He venido con instantáneas increíbles que quizá hace unos años jamás podría haber hecho. Y este libro hace que ya piense en el siguiente viaje que voy a hacer. En las fotos que voy a sacar. Y en todos los momentos que quiero que no solo se queden grabados en mi retina, sino en la de todos aquellos que vean mis fotos.

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Si decido quedarme, de Gayle Forman

Si decido quedarme

Si decido quedarmeMia pensaba que el chelo era un instrumento solitario. Pensaba que la vida que había elegido era el motivo irremediable de que se apartara de toda la gente de su edad. Sus padres habían demostrado siempre ser unos rockeros de pura cepa. Su hermano adoraba a Iggy Pop. Y ella solo era capaz de escuchar a Beethoven o a Schubert. Era como la oveja negra de la familia, pero al revés. Aunque al fin y al cabo, el resultado es el mismo: no encajaba. Ni en su familia, ni en su clase, ni siquiera en su generación.

Un día, Mia conoció a Adam, un chico que iba a su instituto y que a su corta edad ya sabía lo que era ser una estrella del rock. Y él se fijó en ella. No podía apartar la mirada cuando pasaba por delante del aula de música y la veía ensayando con el chelo. Esa forma de sujetar el arco, esa manera de cerrar los ojos mientras sentía la música, esa pasión y a la vez delicadeza que emanaba de cada movimiento.

La vida son momentos. Hoy te estás preocupando porque a ti te gusta la música clásica y a tus padres el género rock. O estás tan pendiente de recibir una carta de un conservatorio donde hiciste una audición y que podría cambiar tu vida que se te olvida hasta desayunar. Y mañana, estás tirada en la cuneta de una carretera, mientras tus padres y tu hermano agonizan a tu lado.

Si decido quedarme es el mejor título que le han podido dar a esta novela. En ella, Mia, después de sufrir un gravísimo accidente de coche junto con su familia, se debate entre la vida y la muerte. Su vida pende de un hilo y la única que puede hacer algo para quedarse en este mundo es ella.

Gayle Forman nos trae una novela corta de la que muchos ya habíamos oído hablar. Personalmente la conocí cuando vi el trailer de la película protagonizada por Cloe Moretz. Por supuesto, solo fui capaz de ver la película una vez leído el libro, así que ha estado en mi lista de pendientes durante una buena temporada. Me pondría a hacer una comparativa entre el largometraje y la historia original, pero esto se me acabaría yendo de las manos, así que seguiré centrándome en lo que me tengo que centrar.

Si decido quedarme es un libro que te hace recapitular. Es decir, Mia tiene una vida normal, con sus preocupaciones y sus alegrías. Como cualquier adolescente. Va a clase, tiene una pasión, una mejor amiga, una familia envidiable y un novio que la adora. Y, de repente, todo se acaba. La vida que había llegado a conocer, desaparece. Sus sueños, ilusiones, esperanzas… ya no valen para nada. Su vida depende literalmente de sus ganas de vivir, pero ¿qué pasa si estas ya no existen? ¿no sería mejor dejarlo todo y descansar en paz?

Por lo que he visto en las redes sociales, este libro ha atrapado sobre todo a la gente joven. Gente que se ve reflejada en Mia, que se identifica con la historia y que sabe que una cosa así nos puede pasar a cualquier en cualquier momento. Ese jugar con la muerte y la vida que nos ofrece Gayle Forman, hace que hasta los más enemigos de la filosofía se pregunten qué sentido tiene la vida o qué pasa si uno ya no quiere vivir en el mundo que le ha tocado.

 Es una novela que se lee en un suspiro y que te deja un sabor de boca más agrio que dulce. Porque es una historia que nadie jamás querría vivir en su propia piel. Pero realmente es agria por esa misma razón: porque aunque nadie quisiera ser la protagonista de ella, todos sabemos que esto puede pasar perfectamente. Puede que hoy esté aquí, tirada en el sofá de mi habitación, escribiendo esta reseña y pensando en el libro que voy a abrir en cuanto termine y puede que mañana esté en una camilla debatiéndome entre la vida y la muerte. Así que no, no voy a hacer como Mia. No me voy a autocompadecer, no voy a pensar que mi vida es una desgracia aunque sea perfecta, no voy a darle más importancia a las cosas de la que se merecen. Y sobre todo, voy a disfrutar en cada momento de lo que hago.

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Primero de poeta, de Patricia Benito

Primero de poeta

Primero de poetaDesde que tengo memoria, tengo la necesidad de apuntar las frases de películas/canciones/libros que significan algo para mí. Tampoco sé muy bien por qué, porque después esas notas suelen quedarse en el olvido y no son leídas por nadie. Quizá sea porque tengo la necesidad de saber que si, algún día, no me salen las palabras, podré recurrir a esas notas que una yo del pasado apuntó pensando en que la yo del futuro las necesitaría.

Desde que tengo memoria, me identifico muy a menudo con las palabras ajenas. Me veo reflejada en la vida de los demás. Cuando leo, muchas veces me veo a mí misma. Es como leer un diario. Cuando era pequeña me encantaba meterme en la cama y escribir lo que había hecho ese día en un diario. En él me desahogaba, me liberaba. Hacía que me calmara. Años después, leo esas páginas y, a pesar de saber que fui yo quién las escribió, tengo la sensación de que es otra persona la que escribía por mí. Muchas veces he llegado a identificarme más en las palabras de otra gente que en las mías propias. Porque con el tiempo cambio, me modifico. Y ya no soy la que era hace diez años. Ni me preocupan ni me emocionan las mismas cosas. En cambio, cuando leo un libro, consciente de que otra persona ha dejado en él su alma, siento como si esa vida fuera la mía. Como si en ese preciso momento me estuviera dando lo que necesito leer. Como si supiera que el libro ha llegado a mis manos en el momento perfecto.

Hacer tuyas las vivencias de otros es la parte más bonita de ser amante de la lectura.

En Primero de poeta, Patricia Benito nos hace cómplices de los retazos de su vida. Desgrana situaciones personales y las comparte, trocito a trocito, poema a poema, con el lector. Este libro llegó a mis manos por casualidad. No lo buscaba, pero él me encontró. Y me sumergí en él. Y me identifiqué con sus palabras, con sus versos, con su lírica. Me identifique con la manera en la que Patricia muestra su propia visión del mundo. Revela una personalidad inconformista, luchadora y arrolladora. Ser inconformista está infravalorado. Todos deberíamos aspirar a más. Intentar ser mejores y alcanzar el máximo potencial de nosotros mismos. Patricia lo hace y nos lo cuenta en forma de poema.

Primero de poeta es una recopilación de aquellos versos que salen en un momento de ahogo. O de desahogo. En momentos en los que el boli y el papel son los mejores amigos que uno puede tener. Es un resumen de una vida de cambios y de viajes.

Desde que tengo memoria subrayo las frases de los libros que han significado algo para mí. He tenido que leer este poemario con un lápiz bien cerca porque cada cinco minutos necesitaba marcar un verso. A veces me gusta pensar que quien lea después ese libro, me conocerá un poco más. Y solo bastará para ello leer con atención las frases subrayadas. Como si fuera un mapa que resuelve un enigma. Y eso, es de primero de poesía.

 

Siempre he sido más

de salvar las distancias

que de ponerlas.

 

De sacar las piedras

de los bolsillos

para poder flotar.

 

De quitar

el freno de mano

ante una cuesta abajo con vistas.

 

De no llevar flotador

a pesar de las mareas,

de las contracorrientes.

 

De no hacerle ni caso

a las contraindicaciones.  

 

De no leer

la letra pequeña de la gente.

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Memorias de África, de Isak Dinesen

Memorias de África

Memorias de ÁfricaLlevo delante del ordenador más de una hora. Pensé que me resultaría muy fácil escribir esta reseña. Pero no. Llevo más de sesenta minutos mirando la barrita intermitente del procesador de textos. Como si estuviera esperando a que mis dedos comenzaran a deslizarse por el teclado y escribieran algo con sentido. Llevo más de un mes pensando en esta reseña, a pesar de que no fue sino hasta ayer que terminé el libro. Desde que empezara el año pasado, he escrito unas cuantas reseñas ya, pero esta es especial. Esta tiene que ser perfecta. En esta me tengo que dejar el alma.

El otro día me preguntaron que si en mis reseñas decía la verdad o si usaba mi imaginación para hilar algunas de las historias de los libros. Os puedo decir que, más o menos, el noventa por ciento de lo que escribo es totalmente cierto. Todas las reseñas las baso en mis experiencias personales, aunque a veces la imaginación que surge al estar delante de un papel en blanco hace que experimente con otras técnicas. Pero hoy os vengo a contar la verdad. Pura y llanamente.

La semana pasada volví de un viaje inolvidable. Pasé unos días en Kenia, viviendo experiencias que ni siquiera podría haber soñado. Con la ocasión del viaje, decidí leer Memorias de África. Era el momento, ya que tampoco había visto la película. Mi intención era leerlo antes del viaje, pero por unos motivos u otros, no pude. Así que lo leí en España, al regreso, con los sentimientos todavía a flor de piel. Y es la mejor decisión que podría haber tomado.

Isak Dinensen es el seudónimo tras el que se esconde la baronesa Karen Blixen —Meryl Streep en la adaptación cinematográfica—. En el libro nos cuenta la aventura que vivió al buscar su futuro en África, una tierra lejana y desconocida que aportaba tantas oportunidades como desgracias. Allí, todo lo vivido y aprendido en Dinamarca de poco serviría para sobrevivir entre las costumbres de las tribus de Kenia. Tendría que aprender a adaptarse y a entender aquella maravillosa tierra que tanto le prometía.

Después de una semana en España, todavía cierro los ojos y puedo ver la sabana de Masai Mara, con Serengeti como lejano horizonte. Puedo sentir la lluvia densa y tropical que limpió el cielo de una Kenia que rezaba por ver el agua de nuevo. Puedo oír los cánticos de bienvenida que los masáis nos regalaron cuando nos acogieron en su poblado durante unas horas. Puedo revivir el miedo que sentí al atravesar en barca el lago Naivasha, donde viven decenas de hipopótamos. Puedo ver de nuevo la puesta de sol a través de las acacias y la inmensidad infinita del territorio Kikuyu.

Y lo mejor de todo es que al leer Memorias de África volví a experimentar todas esas sensaciones de nuevo. Karen Blixen es una magnífica narradora, que parece tener una facilidad enorme para ponernos en su piel y enseñarnos a través de su pluma lo que sus ojos veían. Mujer blanca y cazadora en un territorio de hombres negros, supo agradecer todo lo que Kenia le dio. Luego aparecería Denys Finch-Hatton —ya sabéis, Robert Redford—, un cazador profesional, que sería un pilar imprescindible en la historia de Karen.

No sé si es el libro ideal para aquellas personas que estén buscando una historia de amor como las de antes. Aquí, la protagonista, es la ambientación. Karen nos describe Kenia con profundidad, tanto que es capaz de transportarnos allí. Hace un trabajo que bien podría ser considerado de investigación, mediante el que nos hace cómplices de la vida en la tribu. Nos explica con asombrosa exactitud las diferencias entre la tribu Kikuyu y la Masai. También entre las tribus del norte, las de Somalia. Tribus tan cercanas y a la vez tan distintas. Religión, costumbres, aprendizaje, cultura… todo diferente.

Si no conoces Kenia, es una oportunidad maravillosa para dejarte cautivar por sus paisajes de la mano de Karen. Si has tenido la suerte de pisar sus tierras y descubrir sus sabanas, leer este trocito de literatura contemporánea te ayudará a revivir todas aquellas sensaciones que seguro se quedaron grabadas en tu piel. Yo todavía necesito bajar de la nube. Asumir dónde he estado, qué he visto y qué he hecho. Aunque en mi mapa ya he puesto una banderita en este país tan increíble, todavía no he asimilado el hecho de que yo haya estado allí. Me imagino que, cuando viajas a un sitio tan mágico, al final parece que todo ha sido un sueño. No sé si he cumplido mi objetivo de dejarme el alma en esta reseña, pero os aseguro que la he escrito con los pelos de punta, reviviendo cada segundo que respiré en aquella lejana tierra y teniendo la esperanza de que, si esto ha sido un sueño, todos los que vengan sean así.

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Cuando me veas, de Laura Gallego

Cuando me veas

Cuando me veasSe dice que el bullying es un tema reciente, que antes eso no existía. Cuando un niño se metía con otro, se le quitaba hierro al asunto diciendo que “eso es cosa de críos”. Incluso he llegado a escuchar la frase “los que se pelean, se desean”, como modo de exculpar cualquier comportamiento agresivo que un niño pudiera tener contra otro.

Se dice que el acoso escolar es una cosa moderna. Que antes los niños eran menos sensibles y estaban menos protegidos por mamá y papá. Se dice que ahora existe porque los niños están muy mimados y a la mínima de cambio se ofenden y hacen de un insulto o un empujón un mundo.

Se dice que el bullying es algo inventado por los medios, que suelen sensacionalizar todo lo que rozan. Que, en realidad, no es para tanto y que los suicidios de niños que sufren acoso, se dan porque esos chicos ya tenían algo en la cabeza que no andaba bien.

¿Y sabéis qué? A mí todo esto se me hace bola. Como que no lo entiendo. Como que se me atraganta bastante. Porque el bullying SÍ QUE EXISTE. Es tan real como los insultos que sobrevuelan las aulas, como las collejas gratuitas que vienen y van, como los tirones de orejas, como las palizas que llegan a romper huesos, como los suicidios de niños que no pueden más.

Es un tema real que espero que no te haya tocado vivir en tu propia piel. Espero que ningún matón haya llegado a presionar a toda la clase para que todos dejaran de hablarte. Espero que no hayas tenido que ir a un psicólogo por no encontrar tu sitio en el aula. Y espero que jamás nadie te haya puesto una mano encima. Porque eso significaría que lo pasaste muy mal en el colegio y que para ti pensar en aquella época no te trae más que malos recuerdos. Y nadie, absolutamente nadie, debería sentirse así.

Ya sabéis que yo amo a Laura Gallego y que he leído la mayoría de sus obras, aunque es cierto que todavía me quedan bastantes por guardar en mi estantería. Suele sacar un libro al año y yo lo espero como agua de mayo. Esta vez, le ha tocado el turno a Cuando me veas, una obra de ficción que poco tiene que ver con lo que suele regalarnos. Aquí no encontramos dragones, hadas, brujos o princesas. Aquí encontramos a Tina, una chica normal y corriente que no termina de encajar del todo en el instituto debido a sus orígenes latinos. Su mejor amiga, Salima, también intenta pasar desapercibida, pero sus rasgos árabes la delatan. Entre tanto, una muerte deja boquiabierto a todo el instituto. Un chico se ha tirado por una azotea. Un chico que sufría demasiado. Este podría ser el desencadenante que lleva a Tina a descubrir que tiene un poder muy especial, uno del que no había sido consciente y que le permitirá proteger a aquellos que por sí solos no pueden.

Cuando me veas es un libro muy especial. Es un grito de valor, una esperanza para todos esos niños que preferirían morir antes que enfrentarse a otro día en el colegio. Es un jarro de agua fría que se echa sobre todos aquellos que dicen que el bullying no existe.

Yo no sé si lo sufrí cuando iba al colegio. Y no lo sé por una sencilla razón: cuando yo era pequeña, esas cosas eran “normales” y ningún profesor se atrevía a darle importancia. Recuerdo que cuando estaba en quinto de primaria, una chica hizo que toda la clase dejara de hablarme. Pero no solo a mí, también a otra chica que tenía que soportar día a día que se metieran con ella por su peso, por su ropa o incluso por su peinado. Había otra chica que era pelirroja y tenía que soportar que la insultaran a diario, haciéndola que se sintiera diferente y fuera de lugar. El chico con sobrepeso era conocido como “el gordo”. A mí me llamaban “la jirafa”, porque tenía un cuello demasiado largo. Otra era “la pechoplacha”, porque no tenía la talla de sujetador que los demás consideraban correcta. Otra, “la peloescoba”, porque tenía el pelo seco. Y así, infinidad de motes que dejaban ver la calidad humana que reinaba en esa clase. ¿Eso es bullying? No lo sé. Pero no era agradable, desde luego. Y no hay nada más triste que levantarte por la mañana y odiar con todas tus fuerzas lo que vas a hacer las ocho horas siguientes.

Gracias de nuevo, Laura, por escribir. Por darnos historias como esta, y como todas las demás. Historias con valores, con esperanza, con protagonistas reales, que hablan de la homofobia, de la xenofobia, del bullying, del maltrato y de todos los tabúes que hoy existen en nuestra sociedad. Gracias por hacer que millones de chicos y chicas lean tus libros y se enteren de que pueden ser valientes y de que uno puede ser el héroe del cuento con solo proponérselo. Gracias.

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Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes, de Javier Urra

Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes

Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentesVamos a partir de la base de que no tengo hijos. Ni siquiera hermanos. Pero he sido adolescente y es una época que recuerdo muy bien. Yo nunca fui una chica conflictiva. En mi Madrid natal, solo salía por el barrio los fines de semana y como mucho iba a alguna discoteca con horario light. Nunca he tonteado con las drogas y los estudios siempre han sido mi prioridad. Mi madre era como mi mejor amiga y siempre le contaba todo lo que hacía o las dudas que tenía sobre algo. Así que ella podía dormir relativamente tranquila, sabiendo que podía confiar en mí. Por suerte mis amigas eran más o menos como yo, todas con sus más y sus menos, aunque ninguna tenía esa relación tan especial que tengo yo con mi madre. Pero al fin y al cabo todas iban a clase, hacían los deberes, iban pasando de curso y tenían metas en la vida.

Pero también hay adolescentes que no son así. Que son caprichosos, cabezotas, demasiado inquietos y desobedientes. Javier Urra, psicólogo navarro harto conocido —y también profesor de mi mejor amiga Lucía, que tuvo la suerte de tenerle como docente— lleva muchos años escribiendo tratados sobre cómo educar a los niños y a los adolescentes o, más bien, como sobrellevarlos. En Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes, nos enseña una serie de recursos y herramientas que los padres deberían usar si quieren que sus hijos no se conviertan en pequeños dictadores. Pero también les enseña a cómo lidiar con un chico que sufre acoso escolar, que tiene problemas alimenticios, que tontea con las drogas o que está enganchado a las nuevas tecnologías.

Ser padre debe ser muy difícil, pero ser adolescente lo es todavía más. Cuando tienes dieciséis o diecisiete años, todavía no has encontrado tu lugar en el mundo (no lo he encontrado yo que voy camino de los veinticinco… como para encontrarlo siendo un teenager). Los caminos fáciles parecen una buena opción y las metas a largo plazo parecen inalcanzables y costosas. ¿Para qué estudiar una carrera si fulanito no estudió y gana un sueldazo? ¿por qué no tomar cocaína o marihuana, si soy capaz de dejarlo cuando quiera? ¿por qué no vomitar después de comer si la sociedad no va a aceptar mi cuerpo? ¿por qué no acosar a ese chico diferente del instituto, si a nadie le importa? Ser adolescente es muy difícil. Hay tentaciones en cada esquina y las hormonas no ayudan precisamente a escoger los caminos adecuados.

Este libro lo conocí por mi tía. Ahora mismo tiene dos niños, de tres y cinco años, pero sabe que tiene que estar preparada para lo que venga. Sabe que no puede cerrar los ojos o mirar hacia otro lado mientras sus hijos se destrozan la vida. Sabe la realidad que hay en la calle. Sabe que la mayoría de niños empieza a beber a una edad que suena hasta ridícula. Sabe que hay un porcentaje demasiado alto de chavales que dejan los estudios. Y sabe que hay otros que acaban por pegar a sus propios padres. Por eso ella se está preparando y cuando vi en su casa Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes no pude evitar leerlo, por la curiosidad que me generaba.

Yo no sé si tendré hijos algún día, aunque sí es una cosa que entra en mis planes. Y no sé si seré capaz de lidiar con un adolescente que no encuentra su lugar en el mundo y que me verá como su mayor enemigo. Pero lo que sí haré será mirar al problema a los ojos y decirle: “a ver, que yo también fue adolescente una vez. ¿Qué tienes preparado para mí?”.

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El jardín maléfico, de Edward Gorey

El jardín maléfico

El jardín maléficoCuando tenía catorce años me encantaba leer los poemas escritos por Edgar Allan Poe. Había intentado en numerosas ocasiones acercarme al mundo de la poesía, pero no encontraba yo nada que me atrajera y me cautivara. En cambio, cuando leí El cuervo caí prendida a los pies de este señor. Me fascinó la manera en la que cogió una historia macabra y la convirtió en un poema. Algo parecido me pasó al leer Las leyendas, de Bécquer. Me encandiló la manera que tenía de contar algo terrorífico y que al mismo tiempo hiciera que no pudiera apartar los ojos de la lectura. Porque no sé si lo sabéis, pero yo soy muy pero que muy miedosa. Me dan miedo muchas cosas y no soy capaz de ver una película de terror entera. Así que la literatura de terror no es mi fuerte. Pero Poe y Bécquer hacían que quisiera más. Hacían que fuera capaz de ponerme por las noches a leer sus obras, aun sabiendo que iría a clase sin haber pegado ojo. Me fascinaban. Ya que hablo aquí de Poe, quiero aprovechar para recomendaros una aplicación absolutamente maravillosa que se llama iPoe, en la que se recopilan los cuentos de este escritor y que son acompañados por música y sonidos asombrosos. Yo los leía en el autobús, con los auriculares bien puestos, y una vez llegué a pasarme mi parada de lo atrapada que me tenía.

Todo esto viene porque hace un rato que he terminado de leer El jardín maléfico, un pequeño cuento ilustrado escrito por Edward Gorey, en el que lo macabro es el protagonista. Para que os hagáis una idea de lo que hablo, os voy a dejar aquí la nota que escribió la traductora: “Mi traducción de la obra tal vez más famosa de Herr Blutig aparece, por desgracia, en el septuagésimo quinto aniversario de la antepenúltima vez que se tiró por la ventana”. Cuando leí esto, pensé: ¿pero qué narices…? Y es que yo pensaba regalar este librito a mi compañera de trabajo, que tiene una niña de dos años. Pero después he pensado que quizá no sea tan buena idea, a no ser que quiera traumatizarla un pelín. Y es que esta es la historia de una familia inocente e ideal que visita el jardín maléfico, cuyas entradas, además, son gratuitas. Lo que pretende ser una tierna tarde de domingo, pasa a ser una tortura. Las plantas exóticas se comen a la gente, las serpientes estrangulan por doquier, y los estanques se convierten en temibles arenas movedizas.

El jardín maléfico tiene menos de cuarenta páginas, pero puede hacer que tus pelos se ericen con una facilidad irrefrenable. Escrito en 1965, la editorial Zorro Rojo ha reeditado su contenido, enseñando al mundo las asombrosas ilustraciones que acompañan al breve texto.

Sorprende la frialdad con la que Gorey narra estas muertes, de personas que no sabemos ni cómo se llaman. Ante esa frivolidad, en la que la muerte casi no tiene ni sentido, podemos encontrar un toque de hilaridad. Yo me he descubierto sonriendo cuando leía el libro, porque la muerte en este cuento no tiene razón de ser. Es una historia muy, muy extraña.

Nada va a superar a mi querido Poe —eso jamás— pero me ha parecido muy divertida la idea de este cuento. Es diferente a todos los que he leído y que algo sea distinto es una cosa que, como lectora, no me podría gustar más.

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Máscaras, de Amy Harmon

Máscaras

MáscarasMi película favorita de Disney cuando era pequeña era, sin duda, Dumbo. Me encantaban las canciones y los colores que invadían cada secuencia. Aunque la escena de las alucinaciones del pequeño elefante después de caerse dentro de un barril de cerveza (creo recordar que era así) me producían un poco de angustia. Hace poco la vi de nuevo, después de años y años sin acordarme de ella. Y aluciné. ¿Cómo era yo capaz de estar deseando llegar a casa y ver esa película? Cuando la volví a ver, lloré como una magdalena y, más que disfrutar, sufrí muchísimo. Qué drama. Pobre madre de Dumbo. Pobre elefantito. Y es que si analizamos un poco por encima —tampoco hace falta un análisis exhaustivo digno de la Universidad de Cambridge— podemos ver que todas las historias de Disney se basan en alguna trama trágica y que bien podrían formar parte del cuaderno de un psicoanalista. Y la historia de La bella y la bestia no se queda atrás. Hace unas semanas fui al cine a ver la nueva versión “en carne y hueso” y salí muy mosqueada de la sesión. Si eres muy fan de la historia, será mejor que dejes de leer, porque no tengo palabras bonitas para ella. Sencillamente no me gustan los valores que propugna. Que en un principio podemos pensar que es una historia de superación, en la que la chica consigue ver más allá de lo superficial y enamorarse de una bestia. Pero yo no veo eso. Yo veo una chica que se enamora a la fuerza de un hombre porque si no lo hace jamás se convertirá en humano. Y ella no puede cargar con eso el resto de su vida. Un hombre que secuestró a su padre. Y luego a ella. Y que la deja encerrada dentro de un castillo privándola de su bien más preciado: la libertad. Por eso, no. No me gusta este cuento de Disney.

Por lo que cuando decidí leer Máscaras no sabía que era considerada una versión moderna de La bella y la bestia. De ser así, jamás lo habría leído. Pero lo cierto es que no me lo ha parecido en absoluto. Os voy a contar por qué:

Este libro habla de la historia de Fern Tylor, una chica de montón, que más que destacar por su belleza, destaca por su rareza. Es una persona extraña, y nada tiene que ver con las demás chicas de su edad. Le encanta leer y tiene unas perspectivas y unos sueños que no se parecen en nada a lo que se supone que debería querer una chica normal. Pero Fern también se fija en los chicos, y Ambrose Young era el que se colaba por la noche en sus sueños. Un chico perfecto que gozaba de una belleza más que evidente. Pero un día, Ambrose decide alistarse en el ejército y partir hacia la temible guerra de Irak, de la que volverá destrozado y echo un monstruo, tanto física como psicológicamente.

Amy Harmon nos traslada a los Estados Unidos de 2001, dándonos como escenario la época posterior de uno de los atentados más cruentos de la historia, todavía reciente en las pupilas de todo el mundo. Relata las experiencias de los personajes de una manera muy personal y muy cruda, reflejando sobre todo esa dureza en el personaje de Bailey, el mejor amigo de Fern y que sufre una horrible enfermedad, conocida con el nombre de distrofia muscular de Duchenne.

En Máscaras encontramos personajes evolucionados, que han tenido que cambiar a la fuerza después de las experiencias vividas. Encontramos dolor y agonía. Y también la valentía de protagonistas que, aun habiendo cambiado tanto sus vidas, son capaces de seguir adelante.

Como veis, a mí no me ha dado la sensación de que este libro se pareciera a la historia original de Disney. Solo en la transfiguración que sufre Ambrose y los valores que propugna la frase “la belleza está en el interior”. Pero nada más. Y eso, sabiendo que a mí la historia original no me gusta en absoluto, significa que el libro me ha conquistado. Me ha gustado la crudeza con la que se relatan historias que están tan al día. Me gusta que la “narrativa juvenil” deje de tratar temas banales y vacíos. Me gusta que Fern sea dueña de su propio destino y que se enamore de quien le dicte el corazón y no la conciencia. Me gusta que las niñas de ahora no sean como las de antes. Y me gusta que prefieran parecerse a Elsa o Anna antes que a Bella o Aurora.

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