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La llamada de los muertos -Crónicas de la torre- 3, de Laura Gallego

La llamada de los muertos

La llamada de los muertosHoy tengo mucho sueño. Más del que normalmente suelo tener, quiero decir. Y todo por un motivo: anoche me quedé leyendo hasta muy tarde. Normalmente a las doce de la noche cierro el libro, esté como esté la cosa de interesante. Apago la luz y mañana será otro día. Pero anoche no. Ni siquiera miraba las manecillas del reloj, que se iban arrimando vertiginosamente a unas horas indecentes. Así que hoy visto ojeras moradas, bostezos y tontería en la cabeza. Muy bonito todo. ¿Y sabéis gracias a quién ha sido esta vez? Sí, de nuevo, ha sido gracias a Laura Gallego.

Empecé la saga Crónicas de la torre hace unas semanas. Era una serie que tenía pendiente desde hacía muchos años (recordemos que esta saga ya ha cumplido los diez añitos), pero ya sabéis, la lista de libros pendientes que tengo en mi cabeza engorda una media de dos libros por día, por lo que abarcar todos es casi imposible. El caso es que los veía en las librerías pero, al final, me dejaba seducir por otros títulos, sin saber todavía la razón. Este verano decidí acabar con esa situación. Decidí tachar unos libros que llevaban en mi lista desde que yo era adolescente (vale, tampoco ha pasado tanto tiempo, tenéis razón).

Pero hablemos de la saga, que es a lo que hemos venido. La primera parte, El valle de los lobos, me encantó desde la primera página. Me tuvo en vilo durante las pocas horas que me duró y llegué al final emocionada y con una curiosidad que ni me cabía en el pecho. La segunda parte, La maldición del maestro, me demostró la evolución de Laura Gallego como escritora. Vi cómo cogía experiencia con las tramas, añadiendo más personajes y elaborando las historias. Observé un cambio muy grande entre la primera y la segunda parte. La primera me pareció más un cuento y la segunda, gracias a la mayor complejidad de la trama, me pareció algo mucho más maduro y elaborado. Aún así, me gustó muchísimo más el primer tomo que el siguiente, lo que quiere decir que no debemos dejarnos guiar por las apariencias.

Y la tercera parte… ay la tercera parte. La llamada de los muertos es todavía más elaborada que las anteriores. Aparecen más personajes y los que ya conocíamos surgen evolucionados y mejorados. Todavía seguimos con las tramas que dejamos abiertas en las dos partes precedentes y se resolverán todos los misterios que quedaron en el aire. En este tomo encontramos a Saevin,  un aprendiz de la torre que tiene un aura muy especial a su alrededor. Dana lo supo en cuanto le vio y por eso decidió visitar al Oráculo de la Ciudad Sin Nombre. Lo que allí descubrió no hizo más que empeorar la situación, ya que el Oráculo le dijo que la maldición del maestro todavía estaba viva y que pronto caería sobre todas sus cabezas.

En esta parte las dos dimensiones, la de los vivos y la de los muertos, se ven peligrosamente cercanas y solo el mejor mago podrá decidir el destino de todos los habitantes de la torre. Pero el problema es que hay grandes magos en los dos bandos… por lo que la batalla será muy emocionante.

Laura, en este libro, toma un tono un poco más maduro. La historia se torna más sombría y los personajes han evolucionado muchísimo. A pesar de ello, para mí, la primera parte sigue siendo la mejor. La llamada de los muertos es un gran final para una gran saga, como debe de ser, pero es que la primera parte… es una historia tan bonita y a la vez tan sencilla, que cautiva desde la primera página. Además echo de menos a algunos de los personajes que en los anteriores libros tenían un papel más importante (véase la historia entre Dana y Kai, por ejemplo). No quiero con esto decir que la tercera parte sea mala, ni mucho menos (esto quiero que quede bien claro). Solo digo que si me dan a elegir entre una de las tres partes, yo, me quedo con la primera. Todo tenemos nuestros favoritos, ¿no es así?

Pero gracias a las tres lunas, o a los tres soles, o a no sé quién ya, Laura Gallego decidió continuar con esta saga para tener a los fans un poco calmados. Y nos regaló una especie de cuarta parte —ya explicaremos esto en la siguiente reseña— en la que Fenris, nuestro amado Fenris, es el gran protagonista. Por lo que yo voy a ello para poder contaros cuanto antes mi impresión.

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Nueve cuentos, de Juan de Salgado

Nueve cuentos

Nueve cuentosVamos a jugar a un juego. Yo os digo una palabra y vosotros pensáis en otra, la primera que se os venga a la mente. Si yo os digo libro, ¿qué pensáis? Otra: león. Una más: coche. Y si ahora os digo… no sé, por ejemplo… cuento. ¿Qué es lo primero que os viene a la cabeza si os digo la palabra “cuento”? A mí, sin lugar a dudas, niñez. Eso es lo que pienso. O, más bien, recuerdo. Me veo a mí misma metida dentro de una mullida cama, con las mantas tapándome casi hasta la nariz y a mi abuela contándome mi cuento preferido. ¿Sabéis cuál es? El de los siete cabritillos. Ese en el que una mamá deja a sus siete hijitos en casa mientras se va a trabajar y un lobo intenta entrar engañando a los pequeños. Eso es lo que se me viene a la mente cuando oigo la palabra “cuento”. No sé qué habréis pensado vosotros, pero probablemente (me apostaría lo que fuera) palabras relacionadas con la infancia. No podemos evitar pensar que los cuentos son cosas de niños, historietas que se crearon para que Morfeo se llevara a los más pequeños de la casa cuando ningún otro remedio funcionaba. Es natural. Es lo que hemos aprendido desde pequeños y, por lo tanto, es la reacción lógica.

Pues bien, tanto Juan de Salgado —escritor de Nueve cuentos— como yo, estamos aquí para intentar que ese primer pensamiento que se os viene a la cabeza cambie por completo. Con este breve pero intenso libro, este escritor nos trae nueve grandes historias envasadas en un formato muy pequeñito. Como diría mi madre: “los mejores perfumes vienen en tarro pequeño”. Son tramas que nada tienen que ver entre sí, que bien son narradas desde un punto de vista realista, como desde uno fantástico. Son historias con personajes muy dispares que vienen a nuestras vidas durante unos breves minutos para contarnos algo de ellos. Y, algunos, para quedarse.

Todos los cuentos tienen algo en especial, cada uno es único a su manera, pero no he podido evitar sentir predilección por uno en concreto. Me ha gustado muchísimo el último cuento, donde la ciencia ficción es la gran protagonista. Pero encontramos también historias muy realistas que bien podrían pertenecer a nuestros abuelos o a un colega de esos de barra de bar. Son diversas, lo que significa que unas llegan más al lector que otras, dependiendo del tipo de persona que esté detrás del libro. Hay otro cuento, el del abuelo de debajo de la escalera (solo os voy a decir esto, no os voy a contar de qué va, para que tengáis que leerlo si queréis saber qué significa) que me ha llegado al alma. Esto me ha hecho ver que Juan de Salgado a veces es tierno, otras veces rudo, otras imaginativo… y eso es algo que deberíamos apreciar como se merece. Saber ser tantas personas diferentes —en concreto, nueve— en tan poco espacio de tiempo, es para quitarse el sombrero.

En cuanto a la técnica narrativa que usa este escritor, digamos que es digna de mención. Es muy directo y conciso con lo que quiere decir, pero a la vez utiliza una prosa delicada y muy bonita, de lo que nace una mezcla perfecta. Tanto es así que, son varias las frases que he apuntado en mi libreta de “frases de libros”, a la que luego recurro cuando quiero poner una nota original en mis fotos de Instagram. Vale, ya os he contado mi secreto. Y ya que os lo he contado, os dejo por aquí unas frases para que podáis usarlas como pie de foto o como más os convenga:

“Más tarde me dirías que mi ventana también significó algo para ti. Pero ahora había una brecha de irrealidad que salvar. Con gusto me hubiera olvidado de la civilización de abajo, y armado un puente de cuerda entre los dos acantilados, una aventura selvática que nos uniera por encima del mundo. La realidad encontró una manera diferente y mucho más sencilla de llamar a la puerta, pero esa memoria no me consuela ahora”.

“Mi vecino, Justo Berramán, justificaba su adicción a la bebida leyendo a Edgar Allan Poe, con la oportuna lógica de quien cree que toda locura conduce al genio”.

 Y, mi favorita:

“-Nene, ten cuidado con las olas, que te van a tumbar el castillo-, le dijo. El niño le contestó sin levantar la mirada, -hasta aquí no llegan-. Sintió la respuesta como si lo dejaran de lado y replicó, -puede que lleguen, la marea sube-, sin recibir esta vez respuesta. El niño lo estaba ignorando, no le cabía duda. Marcelo se arrodilló junto a la obra y asesoró, -aquí podría haber una ventana-. El niño suspiró y dijo concluyente, -cuánto hace que no construyes un castillo-.”

Lo de la narrativa breve es algo que a mí siempre me ha llamado la atención. No son pocas las veces que me he presentado a algún concurso en el que había que mandar algún texto de este tipo y muy pocas veces (en concreto dos), he resultado ganadora. Y eso demuestra una cosa muy importante, y es que es muy difícil hacer narrativa breve. En una novela hay tiempo y espacio para poder profundizar o no en determinados aspectos de la trama. El escritor puede elegir cuándo darle intriga, cuándo paralizar la historia, cuándo avanzar a pasos agigantados… hay cientos de páginas para jugar y sentirte como si tuvieras en tus manos un títere al que puedes hacer moverse a placer. En cambio, cuando hablamos de narrativa breve, la cosa cambia. Y mucho. En muy pocas frases tienes que darle al lector lo que necesita, y además sabiendo mezclar todo lo que antes he mencionado, de una manera magistral. Para mí, dedicarse a ser escritor de relatos me parece muchísimo más complicado que serlo de novela. Una novela te atrapa o no. Te gusta o no. Pero el relato… tiene que darte algo más. Estamos hablando de que los cuentos de este libro tienen muy, pero que muy pocas páginas. Por lo que con las mínimas frases, el escritor tiene que llegar hasta el lector y, encima, transmitirle algo. Y ese algo tiene que ser suficiente como para que el lector termine el relato y piense: “¿qué acaba de pasar aquí?”. Me encantan los cuentos que terminan con un final de esos que te dejan de piedra, o que hacen que te estremezcas por dentro, o que los termines y te sorprendas con una sonrisa en la cara… y Nueve cuentos, por lo menos conmigo, lo ha conseguido.

Y dicho todo esto… si te digo la palabra “cuento”, ¿sigues pensando que es cosa de niños?

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Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película, de María Adell y Pau Llavador

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película.

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película. Siempre me cuentan que al poco tiempo de quedarse mi madre embarazada, se recorrió media Europa en un crucero. Esa es la explicación que dan los que me conocen cuando les digo que estoy planeando un viaje nuevo. Desde que tengo uso de razón he estado viajando. También ayudó el hecho de que mi padre fuera humorista, teniendo que actuar cada día en una ciudad diferente. Mi infancia se pasó entre coches, escenarios y hoteles. Cuando la afición por viajar arraigó del todo dentro de mí, no hubo frontera que me parase. Primero París, luego Túnez, pasando por una decena de destinos más hasta llegar al último, Kenya, donde estuve hace apenas cuatro meses.

Así que no es de extrañar que toda mi vida gire en torno a los viajes. Todas las decisiones que tomo en la vida, las tomo pensando en ellos. En ahorrar, en comprar cosas útiles para viajar, en informarme más y más sobre nuevos lugares… y esto lleva a una pequeña obsesión que consiste en ver todos los documentales de viajes que existen y acumular libros y libros sobre sitios a los que quiero ir. Ruta 66, coches, moteles y canciones de película ha sido mi última adquisición. Nunca he estado en Estados Unidos y, por supuesto, es uno de los destinos que tengo súper pendientes. En concreto, la ruta 66. Y todo esto por culpa del cine. Me encantan esas películas en las que lo importante de un viaje no es el destino, sino el trayecto en sí. Esas escenas que suceden dentro de un coche y que quedan marcadas en nuestra retina para siempre. Por ejemplo, una de mis escenas favoritas es una de Pulp Fiction, en la que Vincent le explica a Jules cómo llaman al cuarto de libra en París, sonando Jungle Boogie de fondo. Otra de mis películas favoritas es Pequeña Miss Sunshine, donde el viaje es lo importante de la película y donde hay escenas absolutamente maravillosas.

Este libro, escrito por María Adell y Pau Llavador, tiene una cosa muy especial y es que no solo nos ofrece un recorrido por la ruta 66, desde el inicio hasta el final, sino que nos va enseñando, ciudad a ciudad, qué películas míticas se grabaron allí y dándonos una canción que podría valer de banda sonora para esa visita en concreto.

¿Quién no ha sonreído y se ha dejado llevar cuando en el coche empieza a sonar nuestra canción favorita y las ventanas bajadas dejan entrar el aire fresco? ¿Quién no ha soñado con montarse en una moto y recorrer la Ruta 66 mientras los neones pasan fugazmente a nuestro alrededor? ¿Quién no se ha imaginado bajando de un Chevrolet en un motel de mala muerte para pedir un café y una hamburguesa? No importa el destino, importa el trayecto. Aunque el trayecto debe de hacerse en un coche de confianza y que esté perfectamente equipado para poder aguantar tantas horas de viaje. Con el mío, no podría ir ni desde Los Ángeles hasta California… así que igual es hora de dejarme asesorar por autoDoc.es si quiero embarcarme algún día en una aventura como esta.

Ruta 66, coches, moteles y canciones de película tiene los ingredientes necesarios para que la mente de las personas que aman viajar empiece a volar muy alto. María Adell y Pau Llavador recopilan imágenes de películas que todos hemos visto una y otra vez y que han hecho que queramos conocer El Gran Cañón, Las Vegas o los desiertos de Nuevo México.

No sé si algún día se cumplirá este sueño, pero, por si acaso, lo mejor será empezar a planearlo. Siempre hay que pensar en positivo. Aunque la verdad es que voy a matar el gusanillo muy pronto, ya que en breve voy a tener que empezar a hacer la maleta. Dentro de una semana a estas horas estaré en Copenhague. No es la ruta 66, no. Pero tampoco está tan mal, ¿no creéis?

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La maldición del maestro -Crónicas de la torre- 2, de Laura Gallego

La maldición del maestro

La maldición del maestroHace unos días me pasé por aquí para hablaros de El valle de los lobos, primera parte de la saga Crónicas de la torre, y que está escrita por Laura Gallego. Os contaba cuánto me había gustado esa primera entrega y lo mucho que la había disfrutado. También os dije que iba a empezar de inmediato la segunda parte para poder contaros qué me había parecido, pero la verdad es que he tenido que dedicar mi tiempo de lectura a otros libros que también tenía que reseñar y, al final, esta segunda parte, La maldición del maestro, ha tenido que esperar un poco más de lo que me hubiera gustado. Pero aquí estoy, con él recién terminado y con los ojos puestos en la tercera parte. Porque la cosa sigue y sigue.

Como siempre que reseño una saga o parte de ella (me estoy dando cuenta que las sagas me van demasiado, por el número de reseñas que se podrían encuadrar dentro de este género) os pido, por favor, que si no habéis leído la primera parte, no sigáis leyendo esta reseña, porque será inevitable mencionar cosas que pasan en el primer libro y que forman parte de las intrigas de la primera entrega. Ahora, si sois de esas personas que les encanta leer spoilers y leer libros/ver películas sabiendo lo que pasa, sois bienvenidos. Por cierto, esta es una discusión eterna que tengo con mi prima Lucía, que no puede evitar leer todo sobre una serie/libro/película, a pesar de que sabe que pronto descubrirá por sí sola el final. De hecho, antes de empezar la séptima temporada de Juego de tronos, se vio decenas de videos de Youtube donde se destripaba la mayor parte de la trama. Así que ahora la temporada en sí tampoco le está resultando sorprendente. Normal… Yo soy anti spoilers y siempre sigo el mismo mantra: “no hagas lo que no te gustaría que te hicieran”.

A lo que iba. La maldición del maestro es la segunda parte de la saga Crónicas de la torre. ¿Recordáis dónde lo habíamos dejado? Después de descubrir los secretos guardados por el Maestro, Dana consiguió derrotarle junto con Kai, Fenris y Maritta. Lo que ellos no sabían es que iban a desencadenar una horrible maldición que, con el paso de los años, comenzaría a manifestarse. Años después Dana es la señora de la torre, y ahora es ella la que ayuda a nuevos aprendices a convertirse en grandes magos. La protagonista de esta parte de la saga no es Dana, sino Salamandra, una chica que descubre que tiene el don de la magia, como ya lo hiciera Dana años atrás. Salamandra, gracias a su curiosidad innata y su gran manejo de la magia, descubre los secretos más ocultos de la torre. Y con ellos, también los de Dana.

Me resulta muy difícil hablar de este libro sin contar parte de la historia. Tengo la sensación de que, diga lo que diga aquí, en esta reseña, os estoy fastidiando la trama. Y es que todo en este libro es una sorpresa. A medida que van pasando las páginas, vamos descubriendo a la vez que Salamandra todos los secretos que Laura Gallego va revelando poquito a poquito.

A diferencia de la primera parte, La maldición del maestro tiene una trama más elaborada. No dejaba de llamarme la atención los pocos personajes que aparecían en El valle de los lobos y cómo con ellos Laura Gallego creó una gran historia. En esta segunda parte, las tramas se van enredando como si fueran una trenza, ambientadas en escenarios muy distintos entre sí. Incluso la escritora valenciana juega con dimensiones varias entre las que los personajes deberán viajar (no os digo más), dando la sensación de que el libro está mucho más elaborado que el anterior. Pero al final, veremos diferentes historias de distintos personajes que poco a poco irán a parar al mismo cauce, en un final que hará que deseemos seguir con la siguiente parte de la saga, La llamada de los muertos. Esta vez espero que mis planes salgan según lo previsto y en cuanto cierre el portátil pueda coger esa tercera parte de la que hablo, porque después del final que me ha dado Laura… no podré aguantar mucho tiempo más.

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Música desordenada -El universo escondido II-, de I. H. Marcos

Música desordenada

Música desordenadaAcabo de cerrar el libro. Hoy he trabajado todo el día y durante horas he pensado en el momento de llegar a casa. Una ducha, algo de picar, una manta (sí, estamos en agosto, pero en el norte las noches se visten de otoño) y un libro. En concreto, Música desordenada. Me quedaban unas cincuenta páginas para terminarlo y no veía el momento de tumbarme en el sofá y descubrir el gran misterio que aguardaba su final. No hay mejor momento en el día. Cuando todo está en silencio, cuando todos duermen y mi lamparita refulge a través de la ventana, iluminando la noche. Ese es mi momento. Cuando yo me evado. Cuando me olvido del trabajo, de la oposición, de los proyectos… de todo. Cuando dejo de ser yo, para convertirme en alguien mucho más interesante.

Esta vez he sido Heloísa. Con hache. Con fuerza. Una policía desconectada del mundo en cuya mente solo hay lugar para los asesinatos que tiene que resolver, que no son pocos; vive rodeada de incógnitas. Y no solo por su trabajo. Toda ella es un misterio. “La mujer de la cabeza de la luna”, llegan a llamarla. Porque en su cabeza no hay ni un solo pelo. Ni uno. Y nadie sabe por qué. Son muchos los que han intentado desentrañar el enigma que es esta mujer, pero todavía nadie lo ha conseguido. Ni siquiera yo. Y es que este libro forma parte de una saga. Música desordenada es el segundo tomo, siendo el primero Terror al vacío y los dos últimos Uno tres cuatro y S de entropía. Parece que si quiero descubrir qué esconde Heloísa, tendré que sacar otro de esos de mis momentos para seguirle la pista en los siguientes dos tomos.

Por el párrafo anterior, habréis deducido que esta novela es policíaca. Mezcla asesinatos sucedidos en diferentes épocas —algunos mucho tiempo ha— y en diferentes escenarios. A priori, todos estos sucesos  no tienen nada que ver entre sí, pero a medida que las páginas vuelan (ya os aseguro que más rápido de lo que esperáis), veremos que todo guarda relación, pareciendo que un hilo rojo ha unido los diferentes asesinatos conduciéndolos directamente a la comisaría donde Heloísa espera pacientemente un nuevo caso que resolver.

Dentro de esta novela encontramos varias historias con personajes muy diferentes, pero gran parte de la trama se desarrolla alrededor de un hotel repleto de okupas. A mí esto me ha parecido muy original, ya que era la primera vez que leía un libro ambientado en algo así. Dentro del hotel existe una especie de jerarquía, aunque la mayoría de los ocupantes aboguen por una anarquía como modelo de convivencia. Esto me ha recordado un poco a Ensayo sobre la ceguera, de mi querido Saramago, donde vemos cómo en todas las circunstancias de la vida el hombre tiende a organizarse de una manera u otra. El ser humano necesita órdenes, necesita objetivos y tener las cosas claras. Me ha gustado mucho que la escritora usara esta ambientación, por la originalidad (a riesgo de repetirme otra vez) y por lo interesante que me parece. Pero no solo tendremos escenas dentro de este hotel, también tendremos personajes externos a esta historia que nos llevarán a diferentes partes del mundo y que irán dándonos poco a poco las piezas del puzle que necesitamos para resolver todos estos misterios. Uno de estos lugares es Marruecos, parte que me ha gustado especialmente porque me parece que está muy bien ambientada, ya que el ambiente cálido y apabullante que se vive en este tipo de países queda perfectamente retratado por la escritora.

Esta novela policíaca está escrita por Inmaculada Hernández Marcos, que, como indica en la parte posterior de su libro, aunque nació en La Mancha, acabó siendo acogida por Salamanca. Esta parte posterior de la que hablo es tremendamente importante, o al menos a mí me lo parece. Ya que en ella dice que por motivos económicos el dedicarse a la escritura a tiempo completo parece algo idílico. Al final ya sabemos todos lo que pasa: la vida. La vida se acaba interponiendo entre nosotros y nuestras metas y debemos amoldarnos a lo que ella nos ofrece para no acabar mal parados. Pero hay algún valiente, como es el caso que nos ocupa, que saca tiempo de donde no lo hay para poder escribir y escribir. Para perseguir su sueño incansablemente. Y, al fin, regalarnos a nosotros, lectores, una gran novela. Desde aquí, desde esta pequeña reseña que espero que sea capaz de transmitir lo que contiene el libro, animo a Inmaculada a seguir con ello, a no descansar y a continuar escribiendo. Porque, aunque todavía no es conocida ni tiene una difusión extraordinaria (que, por suerte o por desgracia, eso marca el que un libro se venda o no se venda en la mayoría de los casos), yo le auguro un futuro muy próspero este mundo. Tiene todo lo que tiene que tener una novela de este cariz: tiene una trama original, muy interesante, con capítulos que cierran con la tensión por las nubes, con protagonistas diferentes y misteriosos, con una prosa ligera que hace que la novela no se haga pesada, con varias historias que se entremezclan de una forma muy sutil y con un magnífico uso del lenguaje.

Música desordenada ha sido un gran descubrimiento para mí. Últimamente estoy leyendo bastantes novelas donde el misterio es el protagonista por excelencia, pero al terminar los libros siempre tengo la misma sensación, como que me falta algo. Como que el libro me podría haber dado mucho más. Me quedo fría y, a veces, un poco desilusionada. Por eso cuando empecé esta novela, lo hice midiendo mucho mis pasos. Por una parte, no quería crearme expectativas altísimas que quizás no se llegarían a cumplir, pero por otro lado me apetecía muchísimo encontrarme con una novela sorprendente y diferente a todo lo demás. Ya sabéis, que sí pero que no. Al final me dejé llevar y pensé “que sea lo que tenga que ser”. Avisé de que igual tardaba un poco más de la cuenta en leerlo porque vi que eran casi quinientas páginas y si el libro era lento no lo podría leer con la facilidad con la que cojo otros tomos. Solo os digo que el primer día me leí cien páginas de un tirón. Y porque he tenido que trabajar mucho estos días, sino estoy segura de que lo hubiera devorado en tres noches.

Por cierto, os dije que Música desordenada era la segunda parte de una saga, que se llama El universo escondido, así que empecé a leerlo a sabiendas de que me podría perder muchas cosas y eso me podría llevar a no enterarme muy bien de la historia. Y os digo, no sé qué me he perdido en la primera parte (que seguro que son un montón de detalles y, sobre todo, referentes a la vida de Heloísa), pero he podido leer esta novela perfectamente. Si no me dicen que tiene una primera parte, ni me hubiera enterado, porque se puede leer autónomamente sin ningún problema. Aunque claro, mejor hacer las cosas bien y empezar por donde hay que empezar, por el principio. Así que si queréis saber más sobre Heloísa, ya sabéis, primero Terror al vacío y luego que venga lo que tenga que venir.

Veo que mi momento del día ha dado para mucho y, aunque no tengo un libro entre las manos, tengo el portátil y mil cosas que decir, que tampoco está nada mal. Aunque a diferencia de Música desordenada, esta reseña sí que sé cómo va a terminar, y lo va a hacer de una forma muy sencilla: con la recomendación de que no perdáis el tiempo y os dejéis seducir por el misterio de Heloísa.

 

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69 relatos eróticos, de Javier Mariscal

69 relatos eróticos

69 relatos eróticosHay una cosa que todavía no he entendido y me gustaría hablar de ello para ver si alguno de vosotros puede iluminarme al respecto. Uno de los géneros literarios más vendidos es la novela negra. Crímenes suculentos y enrevesados llenan las estanterías de los bestsellers. Si le dices a alguien que te recomiende un libro, es muy probable que alguna de esas recomendaciones sea un libro cargadito de muertes y matanzas y un policía astuto que tenga que resolver todos los misterios. A mí me encanta ese género, y no podría ser de otra forma, ya que después de terminar la carrera de Derecho me metí a estudiar Criminología. He intentado leer libros descriptivos de más, como por ejemplo Anima, en el que la primera muerte que se describe es tan explícita y desagradable que tuve que cerrar el libro porque no podía seguir leyendo. Es la única vez que me ha pasado algo así. Y no es que yo sea demasiado aprensiva, pero está claro una tiene sus límites. Y uno de mis límites fue ese libro —en serio, no sé si lo habéis leído. Si lo habéis conseguido… enhorabuena, yo acabé regalándolo. Qué horror—. Recientemente también he leído Galería de asesinos sin alma, un libro que recoge los escarnios producidos por los asesinos más famosos del mundo. Algunos verdaderamente desgarradores y desagradables. Pero ese sí que lo leí como si nada. Pasaba las páginas donde se narraban historias de lo más macabro y me pareció hasta interesante. Quizás es que lo leyera como estudiante de Criminología y no como alguien que busca entretenerse, puede ser. También cuando enciendo la tele suelo sentir lo mismo. Veo Juego de tronos, donde las muertes son las grandes protagonistas y las escenas de sangre son muy explícitas. Pero llega un momento al que te acostumbras, ya ni apartas la vista cuando la sangre brota como si viniera de una manguera. Tarantino es uno de mis directores de cine favoritos. Incluso me hace gracia el humor tan especial que tiene. Será que, como he dicho, me he acostumbrado.

En cambio, es sorprendente cómo con las escenas de sexo no siento esa indiferencia. A pesar de que en mi casa jamás ha sido un tema tabú, no puedo evitar sentirme violenta cuando estoy con alguien viendo una película y una escena se sube de tono. No entiendo por qué puedo ver cómo una persona le revienta la cabeza a otra de un puñetazo pero en cambio me siento rara cuando la escena es de sexo.

Así que cuando me propusieron leer 69 relatos eróticos no sabía qué hacer. No por leerlo, sino por reseñarlo. Desde que empecé a reseñar en Libros y Literatura tuve claro que yo iba a ser sincera en todo lo que escribiera, así que esta ocasión no iba a ser diferente. Por lo que, mientras lo leía, pensaba que una cosa era leerlo, en la intimidad, sin que nadie me viera, y otra muy diferente iba a ser tener que hablaros de este libro. Pública y sinceramente.

Así que allá voy. Para empezar, era la primera vez que leía un libro de estas características. Vale, en su día me acerqué al género erótico con Cincuenta sombras de Grey y con algún libro de Lena Valenti. Pero la verdad es que estos libros, en los que hay un trasfondo romántico, una historia de intriga y una trama, no tienen nada que ver con el libro de Javier Mariscal. En estos relatos lo importante es el sexo. Puro y duro. Sí es cierto que cada relato, de una página, página y media como mucho, ofrece un contexto diferente y una ambientación que nada tiene que ver con el relato anterior. Se compone, como su propio nombre indica, de sesenta y nueve relatos de carácter erótico. Muy erótico y muy explícito. En el prólogo, el autor cuenta que estaba harto de que la gente que buscaba un libro con historias subidas de tono se encontrara con narraciones descafeinadas en las que al final, el sexo, pasaba a segundo plano. Quería que esas personas que buscaban una chispa (como bien él explica, para darle el fin que el lector esté buscando, ya me entendéis), la pudieran encontrar en su libro.

Vayamos directos al grano. ¿Me ha gustado o no? La respuesta es clara y sencilla: a ratos. Hay relatos que me han atrapado desde la primera palabra y hay otros que me han llegado a resultar hasta desagradables. Pero el sexo es así, hay gustos para todo. A unos les van los fetiches, a otros el sado, a otros los juegos, a otros las cosas normales y corrientes. Pero… ¿qué son las cosas normales y corrientes? ¿quién dice qué es lo correcto en el sexo y qué es lo que está fuera de lugar? En fin, me imagino que sean los propios gustos de los consumidores los que marquen los límites y los que hagan a una persona decir que algo es normal o no. Por eso, a mí, 69 relatos eróticos me ha gustado a ratos. Hay relatos que me han parecido algo desagradables, porque, no sé, dentro de mis gustos no se encuadran ese tipo de actividades. Pero otros… ahí lo dejo.

Javier Mariscal dice en su prólogo que los relatos son completamente ficticios, pero que eso no quita para que alguien se vea reflejado en alguna de las historias que él cuenta. Puede ser que tú estés leyendo uno de los relatos y rememores alguna de tus vivencias sexuales. O puede que no. O puede que no y que el relato te haya dado una idea para poner en práctica. Al fin y al cabo, de eso se trata el erotismo. De avivar la chispa y la mente. Y es que la mente en el sexo está infravalorada. Leed el libro y luego me contáis.

En cuanto a la originalidad de los relatos, encontramos algunos que podríamos tachar de típicos, pero ya os aseguro que son los que menos. Cuando empecé a leerlo tenía la intriga de saber si el autor sería capaz de escribir sesenta y nueve relatos que no tuvieran nada que ver entre sí, con experiencias y vivencias diferentes en cada escena. Y vaya que si ha sido capaz. Yo no sé si es que Javier Mariscal ha experimentado mucho en su vida o es que tiene una imaginación poderosa. En cualquier caso, lo ha conseguido.

Para los amantes del género, será toda una delicia leer estos breves relatos. Y para los que no lo sean o no se hayan atrevido todavía con él… deciros que hay que quitarse los pudores de encima. Que, como se dice en mi pueblo, en todas las casas se cuecen habas y que a nadie le tendría que dar vergüenza admitir que lee este tipo de lecturas. Hablo yo de quitarse los pudores de encima… yo, la que si está viendo con alguien una película y sale una escena de sexo, se siente incómoda. Pero en fin… por algo se empieza. Es una pena, pero os voy a tener que ir dejando ya, que se me han ocurrido algunas cosas que tengo que poner en práctica. Seguro que si lo leéis, a vosotros os pasará lo mismo.

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Joyas del sol -Trilogía irlandesa I-, de Nora Roberts

14-18 Volumen 1

Joyas del solIrlanda es un destino que tengo pendiente desde hace  muchísimo tiempo. Si seguís mis reseñas, sabréis que una de mis pasiones es viajar (además de los libros, por supuesto) y siempre que puedo, me concedo una escapada. Irlanda está, como quien dice, a un tiro de piedra, pero por unas cosas o por otras, nunca he tenido la oportunidad de visitarlo. Mi mejor amiga estuvo allí el verano pasado estudiando inglés y vino enamorada. Y no es para menos. Ya no solo la arquitectura, la naturaleza o la gente. Es su historia, su magia, su mitología. Y es que a mí estas cosas me apasionan. Las leyendas, los enigmas, las historias… Recuerdo que cuando era pequeña mi madre me leía un cuento sobre mitología, donde los duendes, elfos y hadas eran los protagonistas. Desde entonces, cada vez que veo un bosque (y os aseguro de que es casi a diario), no paro de imaginar todo tipo de historias, yéndose mi cabeza por las ramas de los árboles y dejando volar la imaginación.

Así que cuando conocí esta trilogía de Nora Roberts (introdúzcase aquí una breve reverencia a la que, a mi entender, es la mejor escritora de historias de amor de nuestra época), no dudé en leerla. He empezado por el principio, como debe ser, y me he adentrado en esta historia a través de Joyas del sol. Este libro tiene dos ingredientes principales: el amor —como no podía ser de otra manera— y la mitología. Jude es una norteamericana que está desencantada con su vida. Después de muchos años ejerciendo como psicóloga, ve que su propia mente se está desmoronando y, abatida y derrotada, decide dar un cambio radical a su vida mudándose a Irlanda. Allí vivirá en una pequeña cabaña que será el escenario perfecto para que ella, tan curiosa y “culoinquieto” conozca poco a poco la mitología que rodea los bosques irlandeses. Entonces aparecerá Aidan, guapo donde los haya y que no tardará ni un segundo en ofrecerse voluntariamente para ayudar a Jude con esa nueva inspiración. Jude empezará a escribir artículos sobre la historia que está conociendo —y viviendo— y verá cómo la chica que vino de Estados Unidos nada tiene que ver con la que ahora vive en Irlanda.

Si me gusta Nora Roberts es, básicamente, porque en cada libro encontramos personajes muy desarrollados y muy creíbles. Como dije antes, en sus novelas, el protagonista es siempre el amor, pero alrededor puede haber historias de asesinatos, de intriga o, como es el caso, de mitología. Tiene una mente que diseña cualquier escenario que hace que los lectores se introduzcan rápidamente en la historia y deseen leer más y más. Yo la descubrí en Polos opuestos donde la escena de un crimen fue lo que dio lugar al romance. Y es que ella dibuja el amor en cualquier panorama, en cualquier ubicación y en cualquier contexto. Nos lleva de un lado a otro del mundo y nos demuestra que el amor siempre triunfa.

Obviamente, sabiendo que me encanta la mitología y las historias románticas, Joyas del sol no podía defraudarme. Y ya os aseguro que no lo ha hecho. No solo me han gustado mucho los protagonistas, sino que los personajes secundarios están muy bien desarrollados y juegan un papel muy importante en el libro, haciendo que te intereses por ellos y quieras saber más y más. Todavía no he tenido oportunidad de leer las otras dos partes de esta trilogía, Lágrimas de la luna y Corazón del mar, pero en cuanto lo haga volveré a pasarme por aquí a deciros si estos libros siguen haciéndome soñar con duendes y hadas. Esperemos que así sea.

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El valle de los lobos – Crónicas de la torre – 1, de Laura Gallego

El valle de los lobos

 

El valle de los lobosCuando tenía ocho años, inspirada por J. K. Rowling, empecé a escribir. Recuerdo que el primer cuento que terminé se llamaba ¡Estela que te pierdes! y que toda mi familia lo leyó como si se tratara de una obra maestra. Con los años, fui escribiendo poquito a poquito. Cada vez cosas más elaboradas, tocando diferentes palos. Hasta que empecé una novela. Motivada por mi deseo de convertirme en escritora, escribía y escribía sin parar, en cualquier momento. Sobre todo en clase, lo que hizo que me llevara alguna que otra reprimenda por parte de mis profesores. Pero un día, esa novela se quedó en el cajón. Son muchas las veces que la he retomado, sabiendo que llevo escritas más de doscientas páginas y que el final podría estar muy cerca. Pero no sé por qué, cada vez que me pongo con ella, me frustro porque no me gusta nada de lo que he escrito. Así que empiezo a borrar, a cambiar, a tachar y al final pierdo más tiempo en esas historias que en escribir. Por lo que el proyecto queda como estaba al principio: metido dentro de un cajón.

 

Laura Gallego García tuvo un inicio muy parecido al mío. Movida por las letras, inventó una historia junto con una amiga suya. Ese fue el comienzo de una larga trayectoria como escritora. El punto de inflexión se produjo cuando ganó el premio Barco de vapor y a partir de ahí, su carrera fue viento en popa. Yo la conocí gracias a Memorias de Idhún —saga que me está tentando de nuevo y no descarto reseñar— y desde entonces fue un no parar. Me encantaban sus historias fantásticas, sus mundos perfectamente diseñados, los nombres inventados, los conflictos internos de los personajes, la calidad humana de los protagonistas y, sobre todo, las moralejas de todas sus historias.

Pero, por increíble que parezca, yo, que tan fan me considero de Laura, no había leído la saga Crónicas de la torre, a pesar de las buenas críticas que había oído sobre ella y el afán con el que una amiga me la recomendaba una y otra vez. Y, la verdad, es que no me explicó por qué no me había adentrado en este mundo antes, ya que es el prototipo de libro que tiene todos los ingredientes para que me guste. Tiene magia, brujos oscuros, unicornios, elfos, enanos y licántropos. Tiene una protagonista fuerte, Dana, que con diez años descubre que dentro de su interior vive una bruja muy poderosa, lo que la lleva a irse a vivir a la Torre con el Maestro, quien le enseñará todo lo que una bruja debe saber. Tiene a Kai, que es el mejor amigo que se puede tener, pero que esconde un terrible secreto. Tiene a Fenris, un elfo que también es aprendiz de mago y que, al igual que Kai, guarda muchas cosas en su interior que Dana tendrá que descubrir. Y tiene a Maritta… ¡qué adorable es Maritta! No se me ocurren palabras para describirla, y es que tendréis que leer el libro para descubrir de lo que os estoy hablando.

La saga comienza con El valle de los lobos, que es la primera parte de una trilogía a la que después se le sumó un cuarto libro. Es un libro extremadamente fantástico, donde la amistad —como en todos los libros de Laura— es la mayor protagonista. Es una historia que bien podría gustar a adultos y a niños. Mientras lo leía y disfrutaba página tras página, no paraba de pensar que ese libro se lo tendría que dejar después a mi tía para que se lo leyera por la noche a mis primos pequeños, a sabiendas de que se van a enamorar de la historia.

¿Y la comparativa con Idhún? Bueno… es cierto que El valle de los lobos tiene reminiscencias de la que es la saga más importante de Laura hasta la fecha (digo más importante porque este mes se ha anunciado en su cuenta oficial de Twitter que está sumergida en una trilogía que verá la luz muy pronto). Encontramos un gran mago, unicornios, magia, elfos, una protagonista fuerte que tiene que descubrir todo su potencial y una historia de amor un tanto imposible. Sí, es cierto que todo eso lo encontramos en Idhún, pero a mi parecer no tienen nada que ver. Crónicas de la torre es una saga más light, donde las historias son más llanas y más sencillas. En cambio, Memorias de Idhún es una trilogía muy elaborada, donde decenas de personajes adquieren mucho protagonismo y donde los lugares de desarrollo de cada escena están sumamente cuidados. Las comparaciones son odiosas, no queda más remedio que entenderlo así. El caso es que yo estoy encantada de que Laura escriba y escriba. Este ritmo de publicar uno por año hace que mis ojos brillen cada vez que veo en Twitter la noticia de que está metida en un nuevo proyecto. Y es que Laura ha conseguido lo que a mí tan difícil me parece: crear una generación de lectores que aman la fantasía y que desearían estar leyendo libros de esta autora día y noche. Os dejo ya, que tengo que seguir con la segunda parte, que ya me está haciendo ojitos.

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Cuando el olvido nos alcance, de Raúl García Reglero

Cuando el olvido nos alcance

Cuando el olvido nos alcanceEl sábado pasado estuve en un festival. Actuaba The Offspring, uno de mis grupos favoritos. Aprovechando un descanso entre concierto y concierto, mi amiga y yo nos fuimos colando entre la gente hasta conseguir primera fila. Repito: primera fila. Me dejé la garganta y el alma en ese concierto. Grité hasta quedarme afónica y al día siguiente estaba tan cansada que sentía que mi cuerpo ya no me pertenecía.

Podría decir que ha sido el mejor concierto que he visto, pero eso mismo es lo que digo cada vez que salgo de uno. Lo que sí ha sido es memorable. Inolvidable. Algo que espero que jamás se borre de mis recuerdos y que pueda contarlo todas las veces que quiera sin perder de vista ni uno solo de los detalles. Poder recordar cómo se me erizaba la piel cada vez que empezaba una canción nueva y cómo se me saltaron las lágrimas al escuchar una de mis favoritas.

Empiezo mi reseña de esta manera porque para mí, los recuerdos, lo son todo. Este concierto va a ser uno más entre los miles que se agolpan en mi mente y que quedan grabados a fuego. No solo las experiencias, también los sonidos o los olores son algo que consigue emocionarme. Porque yo soy una persona muy nostálgica, que ama recordar experiencias vividas y sonreír cada vez que lo hago.

Así que no sé si podría vivir en el mundo que propone Raúl García Reglero en Cuando el olvido nos alcance. En esta novela nos adentramos en un mundo distópico en el que existen hackers que manipulan la mente de toda la población. Los recuerdos pueden borrarse, las mentes pueden vaciarse y llenarse con historias y alusiones falsas. La gente puede cambiar de vida con la facilidad de chascar los dedos; solo hay que pedirlo y tu vida comenzará de cero. Por una parte, parece algo muy interesante. No haría falta estudiar una carrera, porque con hackear la mente podríamos introducir todos los conocimientos necesarios para ejercer una profesión. Si hemos vivido un gran trauma, podríamos olvidarlo de manera automática. Adiós sufrimiento. Así de fácil. ¿O no? Suena idílico, pero la verdad es que no todo es tan bonito como parece. Falta tiempo para que una organización comience a delinquir valiéndose del sistema de hackeo. Se pueden cometer miles de delitos y después usar de chivo expiatorio a una persona a la que le hemos introducido recuerdos falsos, haciéndole creer que fue ella quien realizó el delito. Se puede estafar, traficar, matar. Sin consecuencias. Por eso surge el movimiento de La Amapola, un grupo de personas que intenta acabar con el hackeo y regresar a ese tiempo en el que los recuerdos de la gente tenían mucho más valor que el económico.

¿Lo entendéis ahora? Vivir en la realidad propuesta en Cuando el olvido nos alcance sería una locura. Nunca llegaríamos a saber si nuestros recuerdos son los verdaderos o si están dentro de nuestra cabeza como consecuencia de una manipulación. Yo nunca podría llegar a saber si ese escalofrío que me recorre la espalda cada vez que recuerdo el concierto del sábado es real o alguien lo metió a la fuerza dentro de mi cabeza. Si fuera esta segunda opción, sería una verdadera lástima.

Lo que está claro es que Raúl García Reglero me ha dado mucho que pensar. Y cuando leo algo nuevo, es una de las cosas que más aprecio. Me encantan los libros que proponen un mundo distópico que bien podría representar nuestro futuro (véanse las locuras propuestas en Un mundo feliz, que hoy en día no son tan locura). Una idea muy original que, espero, no se me olvide en mucho tiempo. Pero no todo iban a ser cosas buenas, hay aspectos que, en mi opinión, son mejorables. Lo primero —y es algo en lo que yo no puedo evitar reparar— son las faltas de ortografía. No sé cuál ha sido el motivo, pero hay bastantes fallos que deberían corregirse. Cosa que choca con el lenguaje enrevesado que usa el autor. Raúl García hace uso de palabras poco comunes, de manera que los sinónimos confluyen por todo el libro. Yo, que soy muy tiquismiquis con lo de las faltas de ortografía, sentía que la lectura se iba paralizando cada vez que encontraba una. Y eso me daba rabia y pena, porque el escritor nos está narrando una gran historia que, inevitablemente, se ve interrumpida y escalonada por culpa de las faltas. Pero esto es algo que el lector debe juzgar y que adquirirá mayor o menor importancia dependiendo del nivel en el que se encuentre dentro de la escala de “tiquismiquis de la ortografía”.

Por otra parte, están los personajes. Vemos cómo tenemos varios protagonistas, en concreto, cuatro. Son hombres que viven en diferentes partes del país y con vidas completamente dispares. Y con vidas me refiero también a ideologías. Los hay que apoyan el sistema de hackeo mientras que hay otros que apoyan a La Amapola. Los cuatro tienen algo en común: que son muy canallas y muy mal hablados. Son hombres a los que la vida les ha enseñado mucho y cuyos ideales están arraigados a sus propias experiencias. Y esto se junta con el hecho de que ya sabemos que la memoria, en este libro, es voluble y los recuerdos y experiencias que uno cree tener no tienen por qué ser reales. ¿A que suena interesante? Pues imaginadlo en un entorno hostil, donde los baretos y los puticlubs son los escenarios habituales en los que se desarrolla la vida de nuestros protagonistas. Drogas, sexo, muertes, violaciones… todo vale. Y eso hace que la historia vaya adquiriendo interés página tras página.

Como decía, destaca el lenguaje malhablado de los personajes. Esto le da un toque bizarro (uso este término en contra de lo que dice la RAE, pero qué le vamos a hacer, nadie es perfecto) que le sienta muy bien a la novela. Esto me ha ayudado a imaginarme a los protagonistas como cuatro tíos macarras que bien podrían salir de Pulp Fiction o Sin City. Vale, es posible que me haya imaginado a los personajes como una versión de Bruce Willis. Pero si leéis la novela, me entenderéis. Son tipos duros que parecen no tener nada que perder en sus vidas. Y sus juergas e idas y venidas en los puticlubs de toda la ciudad lo corroboran. Y entre tanto macho, encontramos a Lia, un personaje que, aunque secundario, es imprescindible. Aporta la frescura que le falta a los otros protagonistas y es una pieza fundamental en la historia. Me la imaginaba al estilo Lisbeth Salander, de Los hombres que no amaban a las mujeres, por su gran inteligencia y su forma de ser. Aunque salvando las distancias, claro, porque no está tan trastornada como la informática sueca (¡y menos mal!)

El caso es que es un libro que me ha divertido bastante y que desde el primer momento me ha tenido intrigada. En cuanto leí la sinopsis supe que iba a ser mi estilo de libro —inciso: que me dé por leer de vez en cuando novelas romanticonas no quita para que me deleite con este tipo de literatura—. Y no me equivocaba. La historia me ha parecido muy original y la ejecución de la trama está muy bien. El autor sabe mantener la intriga cuando tiene que hacerlo y nos deja con la miel en los labios constantemente. Eso me encanta. Porque a mí no me gustan las novelas que te lo dan todo hecho. Quiero emoción, intriga, que me invada la curiosidad desde la primera hoja, que llegue la noche y esté deseando abrir el libro para ver si mis sospechas se confirman en el siguiente capítulo. Si la novela no es así, os aseguro que cuando me meto en la cama acabo cogiendo el móvil para cotillear Facebook o cualquier otra red social en vez de hacer lo que tengo que hacer. Y eso, es una pena.

Creo que no me dejo nada en el tintero. Como conclusión diré que estamos ante una novela muy entretenida, con una historia fácil de leer y que engancha desde la primera página, aunque, como casi todo en esta vida, mejorable. Mi deseo es que en las siguientes ediciones el aspecto ortográfico se corrija y, en cuanto a vosotros, lectores, que os dejéis llevar por el mundo propuesto por Raúl García, no vaya a ser que algún día los recuerdos falsos hablen por nosotros y ya no sepamos ni quiénes somos.

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Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa

Travesuras de la niña mala

Travesuras de la niña malaDesde hace más o menos un año y medio sigo un grupo de lectura de Facebook llamado “Club de lectura literatura +1”. Está compuesto por más de veinte mil miembros venidos de todos los países hispanohablantes del mundo. Cada mes, el búho lector (el jefe del grupo) abre la veda para que los miembros propongan libros. Se escogen las treinta primeras propuestas y luego se votan durante unos días. Así, cada mes sale un libro diferente que todos debemos leer y comentar. Pues bien, yo empecé en este club leyendo El psicoanalista, al que le siguieron obras como El Aleph, Drácula o Lolita. Este club me ha dado la oportunidad de encontrar títulos que de otra forma nunca hubiera leído y me ha enseñado que en la variedad está el gusto y que se debe leer de todo para poder opinar sobre ello como es debido.

Pero la verdad es que no todos los meses he seguido las lecturas —sobre todo, últimamente, porque estoy leyendo otras cosas y no me da tiempo a seguir el ritmo del club—, así que, armándome de paciencia, papel y boli en mano, copié en una hoja todos los títulos que se habían leído en el club desde el inicio de los tiempos (quizás unos cinco años antes de que yo entrara) y me propuse leer todos y cada uno de ellos. Esto es motivador pero también muy frustrante, porque hay que tener en cuenta que cada mes hay que sumar el libro elegido y la lista crece y crece incesantemente…

El caso es que uno de estos libros que se me habían quedado en el tintero y que no leí en su día —por pereza, básicamente— era Travesuras de la niña mala. La verdad es que la historia me atraía bastante y tuve en mis manos el libro varias veces, a punto de ser comprado y enviado a mi biblioteca, pero al final veía otro título que llamaba más mi atención y acababa procrastinando. Y es que yo tengo un problema con los escritores sudamericanos. Me cuestan y mucho. He leído a Márquez, a Borges, a Allende… y puf. Para mí, son demasiado descriptivos y demasiado intensos. Tanto que siento que coartan mi imaginación a la hora de leer un libro. Yo necesito una descripción, pero que permita a mi mente imaginar todo lo demás. Y eso, sobre todo con Márquez, me resulta imposible. Así que tenía un miedo terrible de enfrentarme a Vargas Llosa, porque no quería tener que dejar un libro suyo a medias y olvidado en el rincón donde abandoné hace ya tiempo a Márquez (sinceramente, me encantaría que esto cambiara y que algún día me descubra leyendo un libro de él con ojos fascinados). Pero el otro día lo decidí, tenía que leerlo. Y es que si se quiere opinar de algo, hay que saber de lo que se habla. Así que lo pedí y, unas semanas después, aquí estoy, intentando trasmitiros lo que me ha hecho sentir este libro.

Travesuras de la niña mala habla de Ricardo y Lily que, movidos por las rebeliones acontecidas en Perú, tienen que partir hacia Europa. Ricardo entonces era un chico inocente que no sabía de qué iba el mundo. Y en cambio Lily, por toda la vida que llevó y los asuntos donde estuvo entrometida (hasta aquí puedo leer), aprendió las lecciones que Ricardo hubo de aprender más tarde. Él, enamorado de ella hasta las trancas. Ella, sabiendo que su futuro debía estar en manos de otros hombres. Un amor imposible que se ve impulsado cada vez que se encuentran. Primero París, luego Londres, Japón, incluso en Madrid. Lily aparecía cada vez de la mano de un hombre, dentro de un matrimonio infructuoso y torturador. Y se dejaba llevar por las caricias de Ricardo cada vez que se veían en un hotel de la ciudad. La “niña mala”, la llamaba él, a sabiendas de que nunca podrían compartir eso que él llamaba amor.

Mario Vargas Llosa nos trae una novela a caballo entre lo erótico y lo sentimental. Sin cortarse un pelo en las escenas más calientes, nos transporta a diferentes ciudades perfectamente ambientadas. En cada capítulo viajaremos a un lugar distinto, con personajes nuevos y con un “mini-clima” creado exclusivamente para ese capítulo. Así, encontraremos varias historias dentro de una misma y sentiremos la frustración que siente Ricardo cada vez que ve a Lily marchar.

En cuanto a la descripción, que tanto miedo me daba, no ha sido para tanto. Vargas Llosa deja más a la imaginación que otros autores del estilo que había leído y no se me ha hecho tan pesado como otros. Incluso me ha enganchado, cosa que no esperaba en absoluto. En cada capítulo, Vargas Llosa nos deja con ganas de más; con ganas de saber qué habrá sido de la niña mala y si la pasión que vive cada vez que ve a Ricardo sigue en pie como el primer día.

Me daba miedo leer este libro. Me daba miedo tener que decirle al mundo que no me gusta Vargas Llosa. Me daba miedo tener que dejar el libro a medias y no poder recomendároslo. Pero ya veis que no ha sido así. Que lo he leído de principio a fin sin poder parar. Que he dejado la lectura que me tocaba este mes (El idiota) para poder terminar este libro a tiempo y recomendároslo a todos y cada uno de vosotros. Tanto si os gustan los escritores latinos, como si no. Tanto si os gusta la novela romántica, como si no. Tanto si os cae bien Vargas Llosa, como si no (por suerte o por desgracia, la gente juzga mucho por lo que ve a través de los televisores y a la literatura eso le importa poco). Porque es una novela que se deja leer por todos los públicos. Tiene conflictos, guerras, sentimientos, romanticismo, erotismo y más conflictos. Y un personaje principal que se deja identificar fácilmente por el lector.

Pocas palabras me quedan ya para describir esta obra de la literatura contemporánea. Sin duda, una pena no haberla leído en su día para poder comentarla con mis compañeros del club de lectura. Así que ahora vengo aquí para poder comentarla con vosotros. Ya sabéis, nunca es tarde.

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Transgénicos sin miedo, de J. M. Mulet

Transgénicos sin miedo

Transgénicos sin miedoSomos lo que comemos. Eso dicen. Si esto fuera verdad, yo no sé qué sería. Vale, no llevo una dieta ideal ni controlo mucho lo que como, pero lo que sí es verdad es que como de todo y muy variado. Durante la semana tomo verduras, legumbres, pasta, arroz, pescado y carne. Todo sin gluten, claro, porque soy celíaca (pero de las de verdad, no de las de autodiagnóstico lohagopormoda o porqueelglutenesmaloquítameloquítamelo). Pues eso, que intento comer de todo y de la mejor manera posible, aunque a veces es muy difícil. Gracias a mis problemillas con el gluten, tengo que leer todas las etiquetas de los productos para ver si llevan algo que haga que me tire tres días sin poder ir a trabajar. Un día, comiendo  por ahí con unos amigos, me puse a inspeccionar la etiqueta de un helado y un chico me dijo que si estaba buscando el ingrediente “aceite de palma”. Él ya me iba a tachar de paranoica y de exquisita, pues como dijo tajantemente, “el aceite de palma se lleva años usando y eso de que da tantos problemas es una chorrada”. Ahí se abrió un debate muy interesante. Que si aceite sí, que si aceite no. Que si cancerígeno por aquí, que si obesidad por allá… Yo, contenta al saber que mi helado era gluten free, quedé ajena a la conversación mientras me lo comía tranquilamente y pensaba en mis cosas.

Pero sí, hay gente que lleva estos temas a rajatabla. No gluten. No aceite de palma. Y, lo que ahora está muy de moda, no transgénicos. No nos engañemos, yo había oído hablar de los transgénicos una y mil veces en todos los medios de comunicación pero no sabía muy bien qué eran ni si el efecto de su consumo era tan maligno como se decía a todas horas en la televisión. Después de leer Transgénicos sin miedo, cuyo autor es J. M. Mulet —que ya me iluminó en su día con La ciencia en la sombra, enseñándonos la ciencia forense desde otro punto de vista— me ha quedado el tema más claro que el agua. Y ahora sé que hasta el jabón que uso para eliminar las manchas de la ropa es un transgénico. Casi todos los productos que consumimos hoy en día (véase aquí que esto no afecta únicamente al ámbito de la alimentación, sino que se puede aplicar a los cosméticos o incluso a la ropa) están modificados genéticamente. Porque los tiempos avanzan y es necesario que todo se adapte al entorno.

J. M. Mulet, en Transgénicos sin miedo, desmantela un mito del que llevamos años oyendo: los transgénicos no son malos. Es más, son necesarios en nuestro día a día. Pero, como él bien, dice, son demasiados los intereses que están en juego y la manipulación de la información que nos llega beneficia a determinados sectores.

No soy quién para dar lecciones sobre si un transgénico es bueno o es malo. No se me ocurriría. Para formaros una opinión contundente que os permita hablar del tema en las comidas familiares (ya sabéis, para hacer un poco “el cuñado”, pero con conocimientos sólidos), os tendréis que dejar llevar por las clases magistrales que este autor Valenciano da en su libro. Lo cierto es que no ha estado mal adentrarme por unas horas en este mundo y descubrir cosas que muchos se callan y que todos deberíamos saber. Al fin y al cabo, somos lo que comemos, ¿o no?

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Vidas perfectas, de Antonio J. Rodríguez

Vidas perfectas

Vidas perfectasTodos tenemos aspiraciones. Todos soñamos con tener una vida idílica, como de película. Una casa enorme, una familia adorable, unas vacaciones recurrentes que llenen nuestras redes sociales de fotos increíbles. Un trabajo que requiera gran parte de nuestro tiempo y energía, ya que eso es sinónimo de que tenemos un empleo importante y cuyo sueldo es proporcional al esfuerzo que se nos pide… en fin. Y todo eso, ¿para qué? ¿para que nuestro vecino vea que tenemos un salón-cocina equipado a la última y mucho mejor que el suyo? ¿para que nuestros amigos de Facebook vean que podemos permitirnos unas vacaciones a sitios paradisíacos y eso nos hace sonreír en las fotos? ¿para que puedas regodearte ante tus colegas de colegio cuando digas que tienes un puesto de alto directivo y que cobras un pastón? ¿para ver si de esa manera consigues ser feliz?

Nadie, absolutamente nadie, tiene una vida perfecta. Siempre va a haber algún escollo que nos quite el sueño por las noches. Siempre vamos a querer más y más. Ser como el de al lado, ese que tiene una vida idílica. Aunque, en realidad, no es así.

Gael y Vera parecen tenerlo todo. Junto con Mika y el futuro bebé que aguarda dentro del vientre de Vera, forman una familia envidiable. Buenos empleos, buena vida, buenos viajes. Mucho amor en las redes sociales, mucho ajetreo. La típica familia a la que no te imaginas echando la siesta un domingo por la tarde, porque la vida es muy corta como para no aprovecharla. Pero un día, mientras la familia está de vacaciones en Japón, sucede algo terrible: Gael y Vera aparecen asesinados brutalmente dentro de la sauna del hotel donde se hospedan. Mika vuelve a España sin padres, sin nada. Y decide contar con la ayuda de Xavier, su profesor de piano e íntimo amigo de sus padres. Xavier no entiende nada. La vida del matrimonio parecía tan perfecta… ¿quién querría asesinarlos a tantos miles de kilómetros? ¿habrá sido Gael el que, en un arrebato de cólera, acabó con la vida de su mujer? ¿quizás su hija, la adolescente?… muchas preguntas y muy pocas respuestas.

Antonio J. Rodríguez, escritor y periodista asturiano, nos trae Vidas perfectas, una novela que no solo es un thriller. No solo nos regala una historia de intriga y sospechas, sino que va más allá. Antonio nos retrata a un personaje, Xavier, que es como tú y como yo. Una persona normal, con complejos, con una vida en la que no termina de encuadrar y que se cuestiona absolutamente todo. Cada vez que echaba una ojeada a las redes sociales de Vera, no podía evitar sentir una envidia atroz y tampoco podía evitar cuestionarse qué hubiera pasado si Vera, en lugar de acabar con Gael, hubiera acabado con él. Xavier encuentra en Mika un apoyo incondicional y junto con ella decide averiguar quién mató a sus amigos. Y yo pienso —esto es una impresión totalmente personal— que Xavier lo hace con una única intención: lo hace para cerciorarse de que la vida de Vera y Gael, en realidad, era una mierda. Que estaban sumidos en problemas, que la hipoteca no les dejaba dormir por la noche, que la relación con Mika era como la de cualquier hijo de vecino y que sus trayectorias profesionales, tan increíbles, tan magníficas, en realidad eran un pozo sin fondo del que trataban de salir.

Vidas perfectas es una novela que a priori parece ligera, una historia más de asesinatos, pero cuyo trasfondo roza más la filosofía que el thriller en sí. A mí me ha hecho cuestionarme mi propia vida. Analizarla un poco más respecto a lo que acostumbro a hacer. No sé si estoy o no más feliz con ella ahora. Ni sé si me ha dejado de importar la vida y los éxitos de los demás… Pero lo que sí que me ha enseñado es a dejar de comparar tanto mi día a día con el de los demás, ya que no es oro todo lo que reluce.

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