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La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún, de Nagabe

la pequeña forastera siuil a run 2

la pequeña forastera siuil a run 2Hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano, había dos países separados por un muro. En un lado estaba el país exterior, bajo el control del dios negro, en el que habitaban unos seres terroríficos que contagiaban una maldición a todo aquel que tocaban. En el otro lado, el país interior, dominado por el dios blanco, donde vivían los humanos.

El doctor era uno de esos seres de apariencia horripilante y Shiva era una niña humana desamparada. Sus caminos no tendrían por qué haberse unido nunca, pero lo hicieron, y así dio comienzo La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún, de Nagabe, un manga que me cautivó hace meses.

A diferencia del primer volumen, La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún comienza con una escena de acción, y no es la única. Sin embargo, siguen siendo los momentos de convivencia del doctor y Shiva los que hacen que me enamore de esta historia. Las ilustraciones de Nagabe recrean una atmósfera oscura, en la Shiva aparece como único punto de luz. Los sonidos juegan un papel fundamental para que no solo veamos lo que ocurre, sino que lo sintamos. Igual que sentimos el cariño entre los dos personajes protagonistas, que traspasa las páginas. Sentimos la preocupación del doctor al ver que Shiva está en peligro, y la candidez de la niña, capaz de olvidar al instante los momentos más dramáticos, movida por la esperanza de volver junto a su tía.

Lejos de dar respuesta a las preguntas que se abrieron en la primera entrega de este manga, en este surgen otras de la mano de nuevos seres siniestros. Unos y otros se preguntan cómo romper la maldición y Shiva, la pequeña forastera —quizá la única alma pura que queda en ese mundo— es la pieza clave del misterio. ¿Podrá el doctor protegerla hasta el final?

Con La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún llegamos al ecuador de esta historia cocinada a fuego lento, y yo me muero de ganas de leer la continuación. Me fascina cómo con unos pocos personajes, escasos diálogos y sin apenas explicaciones de ese enigmático mundo en el que se desarrolla la trama, Nagabe nos atrapa, nos conmueve y nos mantiene a la expectativa. Sin duda, sus excelentes ilustraciones contribuyen a que sucumbamos a su historia y el giro final, de nuevo, nos deja en vilo. La lectura de La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún ha sido una delicia y seguro que también lo será la de las dos entregas que aún están por publicarse. ¿Cuánto nos hará esperar ECC para el próximo número? Espero que no mucho.

Sé que muchos lectores no le daréis una oportunidad a La pequeña forastera: Siúil, a Rún porque es un manga y se publica por entregas. Pero si dejáis a un lado esos prejuicios, estoy segura de que no os defraudará. Con su guion, Nagabe nos demuestra que es un buen contador de historias y que, por eso, no necesita recurrir a grandes parafernalias para cautivarnos página tras página. Y, con sus dibujos, nos deja claro que el manga es el formato ideal para crear ciertas atmósferas. Yo ya me he apuntado su nombre para estar al tanto de sus siguientes trabajos. Y es que pocas veces se encuentra una con un artista capaz de tanto con tan poco.

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Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón, de Sekien Toriyama

Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón

Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de JapónCreo que ya he demostrado más de una vez que me fascina la cultura japonesa y que tengo predilección por las publicaciones de la editorial Quaterni, pues recupera obras antiguas para que disfrutemos de la esencia nipona. Hace un tiempo os hablé de El fantasma sin rostro y otras historias de terror, de Lafcadio Hearn y de Kaiki. Cuentos de terror y locura, una selección magnífica de relatos de varios autores, y hoy os traigo Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón, de Sekien Toriyama, el primer bestiario de fantasmas y monstruos japoneses de la historia, traducido por primera vez a una lengua occidental.

Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón se compone de cuatro libros de Sekien Toriyama. El primero es El desfile nocturno de los cien demonios ilustrado, que fue publicado allá por 1776 y clasifica a los seres en tres apartados: «Sombra», «Luz» y «Viento». El segundo volumen es Cien demonios ilustrados del presente y el pasado, que vio la luz en 1779 y se compone de las partes «Lluvia», «Último día» y «Mañana». El tercero es una extensión del anterior y lleva por nombre Suplemento de los cien demonios del presente y el pasado; se publicó en 1780 y se divide en «Nube», «Niebla» y «Lluvia». Y, por último, La bolsa de los cien utensilios aparecidos al azar, de 1789, que consta de los volúmenes «Superior», «En medio» e «Inferior». Además, cada uno de los libros incluye el prólogo y prefacio originales y, en esta segunda edición, la editorial Quaterni ha mejorado la calidad de las ilustraciones, pintadas hace más de dos siglos. Aunque no todas las criaturas que aparecen nacieron de las leyendas ancestrales niponas: algunas fueron importadas de China y Corea e integradas a la cultura japonesa y otros tantas, inventadas por el propio autor.

No me puedo olvidar de la traducción de Isami Romero Hoshimo, que ha sido lo más fiel posible al texto de Sekien Toriyama, pero que encima ha hecho una gran labor añadiendo algunas explicaciones para ayudarnos a comprender el nacimiento y el simbolismo de las decenas de seres que habitan esta enciclopedia tan peculiar.

La tradición nipona crea monstruos y fantasmas —a veces, vengativos y otras, bienhechores— para protegerse o dar respuestas a los fenómenos meteorológicos, a los desastres naturales, a las muertes inesperadas y, en general, a cualesquiera de los miedos humanos que surgen ante lo desconocido o lo socialmente censurado (como, por ejemplo, los burdeles, que tienen gran protagonismo en sus leyendas siniestras). Incluso los objetos cotidianos adquieren poderes paranormales para maldecir o premiar a los hombres. De este modo, al contemplar los grabados del pintor Sekien Toriyama descubrimos qué espíritu es el que nos quita la almohada de la cabeza cuando dormimos, cuál es el responsable de los desprendimientos de rocas o de los ahogamientos, por qué oímos tantos ruidos extraños por las noches o que una criatura puede aparecer en nuestro baño para lamer la suciedad si no somos demasiado aseados.

Es asombrosa la variedad de criaturas que surgen de las leyendas niponas y cómo, hoy en día, siguen inspirando sus mangas, animes, películas y literatura. Después de leer Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón, apetece volver a revisarlas para encontrar las mil referencias. Y es que, cuando uno se adentra en la cultura japonesa, ya nunca la abandona.

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Memorias de una osa polar, de Yoko Tawada

memorias de una osa polar

memorias de una osa polarTengo sentimientos encontrados con Memorias de una osa polar, de Yoko Tawada, así que no sé muy bien cómo empezar esta reseña. Intentaré ir por partes.

¿Cuáles eran mis expectativas? Pues leer la historia de tres generaciones de osos polares: la abuela, que escribe sus memorias; Tosca, la hija, que trabaja en un espectáculo del circo y Knut, el nieto, que es la estrella de un zoo. Este último está inspirado en un oso real, pero supongo que lo que os ha llamado la atención ha sido que una osa polar sea capaz de escribir sus memorias. Eso es porque los tres protagonistas de esta novela tienen raciocinio y sentimientos similares a los humanos, pero sin perder su esencia animal. Y sí, eso es un enfoque interesante, ya que, de este modo, los lectores podemos adentrarnos en la mente de los osos y, a la vez, observar el comportamiento humano desde fuera.

Pero ¿qué me he encontrado al leer Memorias de una osa polar? No una saga familiar, si no tres historias independientes. Los osos protagonistas, aunque son familia, en ningún momento están juntos y la forma de narrar sus vidas es distinta, por lo que he estado desubicada durante toda la lectura. Por un lado, la abuela nos va relatando cómo escribe sus memorias a medida que recuerda pasajes de su infancia y, mientras tanto, acude a congresos con otros humanos, que la tratan con normalidad, aunque en ocasiones no le hagan mucho caso porque es una osa polar.

Después, pasamos a la segunda parte, donde es la cuidadora del circo quien nos habla de sí misma y de Tosca, la osa polar con la que comparte número. En ningún momento se deja claro si las conversaciones entre ellas se dan en la realidad o solo en sueños, y hasta el tramo final la osa no toma la palabra, y lo hace para hablar de su cuidadora, que es también su mejor amiga.

Por último, conocemos a Knut desde que es un recién nacido hasta que pesa más de sesenta kilos, y es él, al principio en tercera persona y luego, en primera, el que relata el entrañable vínculo que establece con su cuidador, al que ve como una madre.

¿Comprendéis mi extrañeza? Con los continuos cambios de perspectiva, el papel ambiguo de los animales y los escasos elementos en común entre los personajes, me empeñaba tanto en encontrarle un sentido al conjunto que no me dejaba llevar por la prosa y el sentido del humor de Yoko Tawada. Y es una lástima, porque como historias independientes me han funcionado, sobre todo la última, con la que es muy fácil empatizar.

Memorias de una osa polar no solo es la historia de tres osos polares, es sobre todo una reflexión continua sobre el arte, la fama, los circos, la identidad, el idioma y los vínculos afectivos. Todo ello contextualizado dentro de los años de la Unión Soviética y la posterior caída del muro de Berlín, lo que da pie a una sátira política y social. Por tanto, contiene un sinfín de elementos atractivos, de frases memorables, de escenas divertidas e incluso emotivas. Y pese a todo ello, no he conectado con la novela. Y me siento culpable, porque creo que Memorias de una osa polar tiene tantas lecturas que soy yo quien no ha sabido captar ni la mitad.

Es la clase de novela a la que hay que volver pasado un tiempo y demorarse en la lectura entre líneas para captar algo nuevo cada vez. Y también es el tipo de historia de la que cada lector interpretará algo totalmente distinto. Esa es la virtud de Memorias de una osa polar y, al mismo tiempo, lo que dificulta su lectura. Así que absteneros si os gusta que os lo dejen todo clarito y atreveros si estáis buscando una novela diferente. No cometáis el error de ir con expectativas como yo, solo dejaos llevar por el ingenio de Yoko Tawada.

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La hoguera de los inocentes, de Eugenio Fuentes

la hoguera de los inocentes

la hoguera de los inocentes«Linchamientos, cazas de brujas y ordalías», así reza el subtítulo de La hoguera de los inocentes, el ensayo de Eugenio Fuentes. Y yo, con solo esa frase, me sentí atraída. No sé por qué, me gusta leer sobre el lado oscuro de los seres humanos, cómo somos capaces de llegar hasta los extremos más insólitos de maldad y sinrazón para hacer daño a nuestros semejantes. Eso esperaba encontrar en esta obra: un repaso histórico de estas prácticas de coerción y tortura. Pero, para mi sorpresa, hallé mucho más.

Todos sabéis qué son los linchamientos y las cazas de brujas, pero pocos habréis oído la palabra ordalía. No es de extrañar, ya que es un término medieval. Se denominaba así a los procedimientos judiciales en los que el acusado tenía que demostrar su inocencia. Del estilo: te ato de pies y manos y te tiro al mar; si no viene Dios a salvarte y mueres ahogado es porque eres culpable. Nunca se cuestionaba la sentencia (supuestamente) divina, ni siquiera cuando las pruebas o la misma lógica la rebatían. Era aterrador.

Podemos pensar que esas atrocidades pasaron a la historia, pero en 2017, en Nicaragua, Vilma Trujillo fue quemada en la hoguera, para liberarla del demonio. Aunque sea un caso aislado, eso no quita que la ordalía sigue vigente —e incluso revitalizada— en la actualidad, porque los seres humanos todavía nos dejamos llevar por miedos y prejuicios cuando acusamos —y sentenciamos— a otros por lo que son y no por lo que hacen.

Eugenio Fuentes nos habla sobre cómo se ha ido transformando la ordalía a lo largo de los siglos y, de este modo, no solo vemos cómo ha cambiado el procedimiento jurídico, sino también el contexto social y religioso en que se produce. Con todos estos elementos, este ensayo ya me hubiera encantado, pero es que encima incluye otro de mis temas favoritos: la literatura. Y es que Eugenio Fuentes profundiza en la (ausencia de) ética de las ordalías a través de la estética de las obras literarias que la han representado. No podía ser de otra forma, ya que el autor admite que el germen de este ensayo fue la novela El proceso, de Kafka.

El repertorio de obras mencionadas es largo: Ivanhoe, de Walter Scott, para confirmarnos que la ordalía se percibía como algo normal en la época medieval; El hereje, de Miguel Delibes, Castellio contra Calvino, de Stefan Zweig, y Nathan el Sabio, de Gotthold Ephraim Lessing, para profundizar en las diversas formas de la ordalía religiosa; el terrorífico libro Malleus maleficarum, de Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, que incentivó la caza de brujas, junto a La bruja, de Michelet, y Las brujas de Salem, de Arthur Miller, para analizar las consecuencias de estas persecuciones; Intruso en el polvo, de Willian Faulkner, Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, Blues de la calle Beale, de James Baldwin y En busca de Bisco, de Erskine Caldwell, para ejemplificar los casos de ordalía racial; Huracán en Jamaica, de Richard Hughes, Expiación, de Ian McEwan y La calumnia, de Lillian Hellman, para mostrarnos como la presunción de veracidad a la infancia también es un tipo de ordalía; Historia de la columna infame, de Alessandro Manzoni y De los delitos y las penas, de Cesare Beccaria, para reflexionar sobre el sinsentido de la tortura como método de confesión; Las «aventuras» de Caleb Williams, de William Godwin y El lugar de un hombre, de Ramón J. Sender, para examinar la ordalía social; El Palacio de los Sueños, de Ismaíl Kadaré, para adentrarse en las ordalías totalitarias que dominaron el siglo XX; Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft, La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, El cuento de la criada, de Margaret Atwood y Billy Budd, marinero, de Herman Melville, para ver la persistencia histórica de la ordalía sexista; Una extraña confesión, de Antón Chéjov, El anochecer, de David Goodis, e Inocencia trágica, de Agatha Christie, para enfocar este fenómeno desde la perspectiva de la novela negra, de la que Eugenio Fuentes es especialista; Cinco esquinas, de Mario Vargas Llosa, y Areopagítica, de John Milton, para abrirnos los ojos a la ordalía virtual de la que somos testigos (o protagonistas) en las redes sociales; y concluye con El caso de Maurizius, de Jakob Wassermann, con la que retrata cómo el ordalizado siempre es destruido.

Todas estas obras le sirven para disertar sobre la ordalía de una manera accesible y amena. Pero no se conforma con eso y también hace crítica literaria, destacando los puntos fuertes o carencias de las tramas y personajes, lo que nos provoca unas ganas tremendas de leer las obras de las que nos habla, aunque alguna que otra vez se extralimite y nos cuente hasta el desenlace.

A mí me fascina indagar en el lado oscuro de los seres humanos a través de la literatura, pero estoy harta de verlo cada vez que enciendo la televisión o entro en las redes sociales. Ahora, la ordalía puede ejecutarla cualquiera contra cualquiera y no hace falta recurrir a una hoguera para destrozarle la vida a alguien. Como afirma Eugenio Fuentes, «una ordalía refleja a la víctima, pero también a la comunidad que la ejecuta o lo consiente». Así que deberíamos plantearnos qué clase de sociedad queremos ser. La hoguera de los inocentes es una lectura muy útil para ello, pues nos hace tomar conciencia de que esa aberración llamada ordalía no es cosa del pasado, desgraciadamente.

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Monólogos de la vagina, de Eve Ensler

Monólogos de la vagina

Monólogos de la vaginaMuchas veces hemos hablado del poder de la palabra, sobre todo en un espacio como este, dedicado a la literatura. Pero esa frase ha adquirido una nueva magnitud para mí tras leer Monólogos de la vagina, de Eve Ensler.

Monólogos de la vagina nació como obra de teatro hace veinte años. Cuando Eve Ensler se subió al escenario, creyó que la iban a apalear. Entonces nadie se atrevía a decir vagina en voz alta y ella la pronunciaba ciento veintiocho veces en cada representación. Pero no solo eso: hablaba del vello púbico, del deseo sexual, del placer, del parto. Y también de la violación, de la mutilación genital, del maltrato, de la culpabilidad y la vergüenza que nos inculcan a las mujeres por haber nacido con una vagina.

Que la palabra vagina ha estado silenciada es evidente. ¿A cuántas niñas nos han dicho que se llama así? Lo habitual es recurrir a eufemismos: rajita, cosita, eso de ahí abajo. Y, además, dejarnos claro que eso no se mira, eso no se enseña, eso no se toca, eso no se dice. La palabra vagina causa pudor, incomoda, incluso provoca desprecio y asco. Porque nombrarla es vulgar, indecente.

Pero Eve Ensler rompió el tabú, y con ese monólogo, inspirado en las entrevistas que hizo a más de doscientas mujeres de toda condición, liberó un torrente de recuerdos, de rabia y de dolor: decenas de mujeres se acercaron a contarle cómo ellas también habían sido violadas, asaltadas, agredidas, acosadas.

Así, Monólogos de la vagina se convirtió en un catalizador de la concienciación y la justicia, y la obra se propagó por todo el mundo, retomada por otras mujeres que rompían, a través de ese monólogo, el silencio de sus comunidades sobre sus cuerpos y sus vidas. Esas iniciativas se consolidaron en V-Day, un movimiento de concienciación global que busca poner fin a la violencia contra mujeres y niñas y que actúa allí donde las mujeres están en grave peligro, ya sea por catástrofes naturales, asesinatos u opresión, para hacerlas visibles y sanarlas a través de la palabra.

Con motivo del veinte aniversario, Ediciones B publica una edición actualizada en la que, además del monólogo original, incluye los monólogos que fueron escritos posteriormente para acciones de la Campaña V-Day Spotlight —donde se da voz a transexuales y esclavas sexuales, entre otros grupos de mujeres en situaciones de riesgo— y artículos sobre la misión de ese y otros movimientos, como la Ciudad de la Alegría. Todo ello demuestra la trascendencia que ha tenido la transgresora obra  de Eve Ensler.

Este libro era necesario entonces y lo sigue siendo ahora, tal y como afirma Jacqueline Woodson en el prólogo de la presente edición. Pese a los años transcurridos y a los logros alcanzados, todavía nos quedan muchos miedos y vergüenzas que exorcizar, con nuestro cuerpo en general y con nuestra vagina en particular. La revolución feminista comienza en nuestro cuerpo, al que debemos mirar y nombrar, parte por parte, sin pudor. Porque lo que no se nombra, no existe. Porque las palabras construyen la realidad, la transforman, y nos liberan. Eve Ensler lo demostró al pronunciar ciento veintiocho veces la palabra vagina en público y originar un movimiento mundial que ha empoderado a miles de mujeres. Ese es el  poder de la palabra; ese es el poder imparable de Monólogos de la vagina.

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La Casa del Arpa, de Paul Harrison

la casa del arpa

la casa del arpaUna majestuosa arpa clásica de cuarenta y siete cuerdas, con profusos realces de pan de oro sobre la madera y coronada por una cabeza tallada de mujer. Junto a ella, un atril de músico, con una columna salomónica con relieves vegetales. Y sobre su soporte, un viejo pliego mordisqueado y ahuesado por los años. Es una partitura sin título, con notas escritas a mano a lo largo de cinco páginas.

Esta bella escena es la que encuentra la familia Rico en un sótano oculto de su nuevo hogar, una casa con pretensiones de mansión colonial aislada en mitad del campo de Mingorría (Ávila). La hija mayor, Mía, de dieciocho años, está tratando de superar una decepción amorosa y halla en ese arpa y en su enigmática partitura un aliciente para olvidar el pasado. Poco a poco, la casa le irá desvelando sus macabros secretos y la triste historia de Gabriela, la arpista mulata que tocó ese arpa un siglo atrás.

La Casa del Arpa es la primera novela de Paul Harrison, un francés hijo de una pianista española, que ha creado una escuela de música con un método propio de enseñanza. Su pasión por la música queda reflejada en esta historia, donde una de sus protagonistas, Gabriela, solo es capaz de sentir las emociones cuando toca su arpa. A través de ella, en los capítulos que recrean lo acontecido en la casa en 1901, y de la hermana pequeña de Mía, Sofi, en los capítulos del presente, Paul Harrison nos muestra el autismo desde dentro, con el punto de vista de la persona que lo padece y con el de sus familiares. Y esa forma de contarnos cómo ha cambiado la percepción de este trastorno neurológico de cien años a esta parte me ha parecido uno de los aspectos más atractivos del libro. El otro punto fuerte es la documentación histórica que ha llevado a cabo, ya que Paul Harrison ha reconstruido la Mingorría de principios del siglo XX, retratando sus costumbres, creencias y expresiones, e incluso colando algunos personajes reales en su ficción.

Habitualmente nos encontramos con novelas que alternan capítulos del pasado y del presente. Es una estructura narrativa que me gusta, aunque suele atraerme más leer sobre las maneras de vivir de antaño que sobre los problemas cotidianos de una familia actual. Admito que Paul Harrison ha plasmado de forma creíble el día a día de los Rico y, en especial, la relación de amor-odio entre Mía y Astrid, la hermana mediana, pero mi problema fue que Mía me caía mal. Incidía demasiado (para mí gusto, pues no aportaba nada a la trama) en lo guapa que era y en cómo se le iban los ojos a todos los hombres en cuanto la veían, y eso hacía que yo perdiera el interés en su historia, confirmando, una vez más, mi preferencia por los capítulos del pasado. Sin embargo, a medida que investigaba la vida de los primeros habitantes de su casa y sus preocupaciones adolescentes quedaban en segundo plano, fui conectando con ella. A partir de entonces, ya no pude soltar La Casa del Arpa.

Cuando llegué a la última página, no me quedó más remedio que reconocer que Paul Harrison se había cargado todas mis reservas y había cumplido con nota en la parte histórica y en la de suspense, en los momentos de amor y de terror. Conseguir eso en una primera novela tiene mucho mérito, así que chapeau, Paul Harrison. Me has hecho olvidarme del mundo durante horas. Gracias.

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Steve Jobs, inventor del mañana, de Julio Fajardo Herrero y Miguel Pang

Steve Jobs Inventor del mañana

Steve Jobs Inventor del mañanaLo reconozco: cuando el 5 de octubre de 2011 leí que Steve Jobs había fallecido, apenas sabía quién era. Sí, lo había visto alguna vez por la televisión, había oído mencionar su nombre, pero nunca había reparado en él hasta que su muerte conmocionó al mundo. Creo que yo ni siquiera tenía smartphone entonces. Siempre he ido bastante rezagada en cuanto a aparatos tecnológicos.

Hasta que vi Jobs en 2013, el biopic protagonizado por Ashton Kuchter, no supe del papel trascendental que aquel hombre había jugado en los inventos más revolucionarios de las últimas décadas. Fue en ese momento cuando empezó a llamarme la atención su trayectoria profesional y sus contradicciones personales, y por eso fui de cabeza a ver la segunda película basada en su vida, en la que fue encarnado por Michael Fassbender. Sin duda, Steve Jobs era un hombre singular que cambió nuestra manera de vivir y, por eso, Vegueta Ediciones le ha dedicado una de las entregas de su colección Genios de la Ciencia.

Genios de la Ciencia es una serie de biografías de científicos e inventores que han contribuido al desarrollo y la calidad de vida de nuestra sociedad. Está especialmente destinada a los lectores entre ocho y once años. Por el momento, está compuesta por las biografías de Tesla, Hipatia, Jane Goodall, Arquímedes y Gutenberg. Y ahora le ha tocado el turno a Steve Jobs, inventor del mañana.

¿Cómo se explica a un niño quién fue Steve Jobs? Pues captando su interés desde la primera línea. Para ello, el escritor Julio Fajardo Herrero hace que sea el propio Apple II, el primer ordenador personal que se vendió masivamente en todo el mundo, el que cuente la historia de su creador. Comienza recordando su infancia, sus idas y venidas de la universidad, su amistad con Woz y los primeros inventos conjuntos, su éxito empresarial con tan solo veintiún años… Pero no olvida mencionar sus rifirrafes con Bill Gates, su carácter complicado, su despido de la misma empresa que él creó, su resurgir con Pixar, su enfermedad y su muerte.

El recorrido por la vida de Steve Jobs apenas ocupa treinta páginas, en las que las ilustraciones de Miguel Pang tienen gran protagonismo, pero abarca los aspectos más relevantes de su trayectoria, por lo que el resultado es un retrato bastante completo para que los niños se hagan una idea de quién fue Steve Jobs y cuál fue su aportación al mundo. No faltan citas de Jobs en los márgenes del texto, curiosidades sobre su vida y el logo de Apple y explicaciones de los términos informáticos que se van mencionando, y todo ello enriquece el conjunto. Además, la narración hace hincapié en que los avances protagonizados por Jobs no hubieran sido posibles sin el saber, talento y esfuerzo de muchas otras personas que trabajaron junto a él.

Steve Jobs podrá gustar más o menos, pero no cabe duda de que es una figura clave para entender nuestro mundo actual, en el que prácticamente todos usamos alguno de sus inventos. Incluso los niños, que ahora parece que nazcan con un smartphone bajo el brazo. ¿Cómo no les va a interesar quién fue el «genio» que lo hizo posible? Vegueta Ediciones se lo cuenta en Steve Jobs, inventor del mañana, y les presenta a muchas mentes brillantes más en su colección.

Decía Jobs que hay que «intentar empaparte de los mejores logros de la humanidad y después tratar de incorporarlos a lo que haces». Quién sabe si conocer a estos inventores y científicos a través de estas biografías hará que esos jóvenes lectores  interioricen esas palabras y sean algún día los nuevos genios de la ciencia.

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Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo, de Irene Cívico, Sergio Parra y Núria Aparicio

Las chicas son de ciencias

Las chicas son de cienciasEn cuanto me enteré de que Irene Cívico, Sergio Parra y Núria Aparicio volvían a la carga con Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo, allá que me lancé a leerlo. ¿Cómo no hacerlo? Hace poco más de un año leí Las chicas son guerreras. 26 rebeldes que cambiaron el mundo, y me sorprendí de la cantidad de hitos históricos protagonizados por mujeres de los que nunca había oído hablar. Como no sabía si era solo cosa mía, cuando reseñé aquel libro, os hice un pequeño examen de cultura general, para que vosotros mismos comprobarais si teníais tantas lagunas como yo. Y con Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo voy a hacer lo mismo, así que hoy toca poneros a prueba con un examen de ciencias. Allá va:

¿Quién creó la primera clasificación de insectos con crisálida de la historia y, además, la ilustró?

¿Quién descubrió el método de medición de la distancia entre las estrellas?

¿En qué activista por la libertad sexual de las mujeres se inspiró Willian Marston, el creador de Wonder Woman?

¿Quién descubrió cómo era el centro de la Tierra?

¿Qué mujer ganó el premio de Hombre del Año en 1969?

¿Quién descubrió la estructura de la penicilina para poder crearla desde cero en el laboratorio y salvar millones de vidas?

¿Qué química española estuvo a punto de ser condenada a muerte por su lucha antifranquista?

¿Quién fotografió de forma nítida la estructura del ADN por primera vez?

¿Quién creó el tejido que se usa en los chalecos antibalas?

¿Quién encontró la materia oscura?

¿Quién escribió el código de software que llevó al primer hombre a la Luna?

¿Quién descubrió la existencia del bosón de Higgs?

Seguramente, si no sois muy duchos en ciencias, igual que me pasa a mí, no hayáis acertado ni una. Es normal. Pero creo que incluso los que sí sean expertos desconocerán las respuestas a varias de estas preguntas o, lo que es peor, le tenían atribuidos muchos de estos logros a otros científicos (hombres, por supuesto). Y es que, como nos cuentan Sergio Parra e Irene Cívico en este libro, más de una vez, los hallazgos de estas mujeres fueron desechados, hasta que algún colega hombre los ratificaba tiempo después o, directamente, se llevaba toda la gloria al avanzar un poco más en el camino abierto por ellas. De ahí la necesidad de libros como este, que dan a conocer estas figuras a los lectores jóvenes.

Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo me parece un libro genial para un primer acercamiento a la ciencia, pues además de hablarnos de la trayectoria de estas mujeres, explican algunos de esos conceptos científicos de los que oímos hablar a menudo, pero no acabamos de entender. Y si después de leerlo os quedáis con ganas de más, os recomiendo también Sabias, la cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez, un ensayo que profundiza en algunas de estas relevantes figuras de la ciencia y en muchas más.

Irene Cívico, Sergio Parra y Núria Aparicio tienen aún muchos nombres que rescatar del olvido, así que espero que haya más entregas de mujeres guerreras. Ya es hora de dedicarles todas las líneas que se merecen en la historia de la humanidad.

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Honrarás a tu padre y a tu madre, de Cristina Fallarás

honrarás a tu padre y a tu madre

honrarás a tu padre y a tu madreCuando comencé a  leer Honrarás a tu padre y a tu madre, de Cristina Fallarás, no tenía ni idea de que era una historia real y, sin embargo, lo intuía. Que el personaje que narraba en primera persona se llamara Cristina, como la autora, era una pista, sí; y las fotografías que aparecían en algunos de los capítulos, también, claro. Pero no eran esos detalles los que me transmitían esa sensación, sino la forma de narrar los acontecimientos. Porque cuando las palabras salen de las mismísimas entrañas, se nota.

Honrarás a tu padre y a tu madre se remonta a un hecho ocurrido en los primeros meses de la guerra civil española. Pero no es una historia más sobre la guerra civil, ni por la forma (a caballo entre la crónica y la novela) ni por el fondo. Nos hace entrever los puntos de vista de los vencedores y vencidos del conflicto bélico, aunque de una forma poco convencional que nos demuestra lo crueles que pueden ser los azares del destino. Sin embargo, va mucho más allá de aquel hecho y de aquel periodo, para hacernos reflexionar sobre la transmisión generacional del trauma de la violencia política, algo de lo que se habla en todos los países, menos en España. Cristina es un ejemplo de este trauma.

«Ellos existen en mí y a través de mí. Ahí está mi herida».

«Toda historia tiene un vértice, el punto en el que se cruzan todas y cada una de sus partes, desde donde parten las cosas hacia el futuro y hacia el pasado, y que sin ese punto no serían nada. El vértice de mi historia está en aquel 5 de diciembre de 1936 porque allí se cruzaron todos los personajes que construyen mi propio personaje».

En Honrarás a tu padre y a tu madre, todo gira en torno a esa fecha. Cristina sale en busca de esos tres personajes, sus muertos, y les pregunta todo aquello que nadie ha querido explicar. Reconstruye sus historias, en un intento de hallarse a sí misma, para ver si de este modo encuentra la salvación. O  se atreve a mirar a los ojos a sus hijos, al menos.

Pocas veces me encuentro con una obra que contenga tantas frases certeras, esas que lo dicen todo y no dejan lugar a explicaciones o circunloquios. Tal vez por eso no paro de copiar citas de la novela. Ahí donde mis palabras no llegan, las de Cristina Fallarás atraviesan:

«Nosotros, los vivos, solo tenemos pequeños huesecillos del esqueleto de la historia, de esta historia, y con ellos las construimos, evidentemente falsa. No cambia en absoluto lo que sucedió. Lo que sucedió, sucedió, y jamás tendremos idea.

Pero el relato sí cambia, y eso, el relato, es lo único que nosotros tenemos.

O sea, nuestro propio relato. Nosotros somos el relato».

Eso es Honrarás a tu padre y a tu madre: el relato de Cristina Fallarás, el de su familia y el de todas esas familias que han visto «cómo el dolor, al igual que el silencio, al igual que la cobardía, atraviesa generaciones».

El retrato de un siglo de la historia de nuestro país. O de toda nuestra historia, en realidad.

De la esencia del ser humano, en definitiva.  Como lo es toda la buena literatura.

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Tocar las estrellas, de Katie Khan

Tocar las estrellas

Tocar las estrellasImagina esta escena: tienes ante ti al amor de tu vida. Solos tú y esa persona. La miras a los ojos y deseas que todo salga bien, que sigáis adelante juntos.

Qué bonito, ¿verdad?

Ahora abramos un poco más el plano: el amor de tu vida y tú, solos… flotando en mitad del espacio, con el planeta Tierra allá al fondo y rodeados de infinitas estrellas.

Sigue pareciéndote romántico, ¿no?

Ampliemos más la panorámica: además de las estrellas, hay un cinturón de asteroides contra el que podéis chocar en cualquier momento.

Vaya, seguro que ya no te gustaría estar ahí. Pues eso no es lo peor: por un problema en vuestros equipamientos, solo os queda noventa minutos de oxígeno.

Noventa minutos para encontrar una forma de sobrevivir.

¿A que ahora eso de mirarle a los ojos y desear que todo salga bien, que sigáis adelante juntos, adquiere un significado mucho más trascendental?

Ese es el punto de arranque de Tocar las estrellas, la primera novela de Katie Khan. En ella, esta escritora londinense no solo nos hace sufrir con la lucha de Carys y Max por sobrevivir, sino que además nos muestra un futuro utópico bastante creíble. Para ello, intercala el presente y el pasado de los protagonistas. Por un lado, asistimos a la dramática cuenta atrás (noventa minutos de oxígeno, ochenta y cinco, ochenta…), en la que Carys y Max idean formas de regresar a su nave, ayudados por una inteligencia artificial llamada Osric y sin perder el sentido del humor para no desesperar. Y por otro lado, nos cuenta cómo se conocieron en ese mundo perfecto. Perfecto para todos, menos para ellos, porque en ese mundo su amor no estaba permitido.

El mundo utópico que nos presenta Katie Khan ha surgido tras una guerra nuclear entre Estados Unidos y Oriente Próximo. Ya no existen las identidades nacionales ni las divisiones religiosas por las que la humanidad se ha matado durante siglos; los avances tecnológicos facilitan el día a día y llevan la interconexión hasta límites insospechados; la democracia por fin es real y mantiene unos altísimos niveles de participación y las medidas sociales promueven la realización personal de todos los individuos, porque cuando cada uno da lo mejor de sí, la sociedad avanza. Pero ese logro es precisamente el mayor problema de Carys y Max, ya que, para defender esa individualidad, ninguna persona puede permanecer en el mismo lugar durante más de tres años y solo se permite establecer vínculos afectivos duraderos y tener familia a partir de los treinta y cinco. Y a Carys y Max aún les queda una década para que llegue ese momento. ¿Tienen derecho a cuestionar un sistema perfecto solo por lo que sienten ellos dos?

Con todos estos elementos, Tocar las estrellas se convierte en una historia de amor para el recuerdo, una novela de ciencia ficción convincente y una reflexión social de las que dan para un largo debate. Y por si esto fuera poco, nos rompe los esquemas hasta la última página.

Antes te he pedido que te imaginaras junto al amor de tu vida flotando en el universo, luchando por sobrevivir. Pero es mejor que no lo hagas y leas directamente Tocar las estrellas. Porque te aseguro que nada de lo que imagines será ni la mitad de épico de lo que Katie Khan ha plasmado en esta novela.

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Feminismo para principiantes, de Nuria Varela y Antonia Santolaya

Mirad esta portada. ¿A qué os recuerda? ¿No es muy parecida a lo que pasó el 8 de marzo en muchas ciudades de España? Una huelga multitudinaria, la unión de millones de mujeres para reivindicar nuestros derechos.

Habrá quien diga que qué reivindicamos a estas alturas, que qué pesaditas nos hemos puesto últimamente con el tema. A todos los que digan eso —o que lo piensen, aunque no se atrevan a expresarlo en voz alta—, les recomiendo leer Feminismo para principiantes, escrito por Nuria Varela e ilustrado por Antonia Santolaya. En serio, leedlo. Seguro que dejaréis de tenerle tanta manía al feminismo. Y quienes hayáis empezado a tomar conciencia ahora, leedlo también; os encantará y encontraréis un montón de libros recomendados para seguir profundizando en el pensamiento feminista.

Feminismo para principiantes nace con el espíritu de «proponer una puerta de entrada a todo el mundo a la mirada feminista» y lo consigue a través de un ameno recorrido por la historia del feminismo, repleto de menciones a las mujeres más representativas del movimiento, pero también a los hombres que han contribuido significativamente a él. Podría enumerar aquí a todas las figuras de las que nos habla Nuria Varela, pero no lo haré. Porque no quiero que leáis esos nombres y los olvidéis a los pocos minutos. Lo que realmente deseo es que los descubráis leyendo Feminismo para principiantes, para que los situéis en su contexto y comprendáis lo que supusieron en su momento. Solo así os sorprendereis con esos discursos y reivindicaciones que fueron pronunciados muchas décadas —e incluso siglos— atrás, pero que todavía hoy no son una realidad palpable.

Feminismo para principiantes también recopila textos históricos como la Declaración de Seneca Falls (1848) y el discurso de Clara Campoamor en las Cortes de 1931 (al movimiento feminista de España le dedica todo un apartado), y hasta una cronología de los avances del sufragio universal y un mapa que refleja las fechas en las que se alcanzó en cada país (Nueva Zelanda, en 1893, fue de los primeros en abrir camino, pero Sudáfrica no lo logró hasta ¡¡1994!!). Y Nuria Varela, junto a profesoras de Sociología del Género, economistas y otras profesionales especializadas en feminismo, nos hace reflexionar analizando las contradicciones de la Revolución francesa (que reivindicaba la igualdad universal a la vez que encarcelaba y guillotinaba a las mujeres que exigían ser tenidas en cuenta), el «matrimonio mal avenido» entre el marxismo y el feminismo o los artículos de la Constitución española en los que queda patente la desigualdad entre hombres y mujeres. Pero no solo mira al pasado, sino que nos presenta las distintas ramas que han nacido del feminismo y que seguirán desarrollándose en el futuro, como el feminismo institucional, el ecofeminismo, el ciberfeminismo o el feminismo romaní.

Es impresionante leer todo lo que le debemos, aun sin saberlo, a las feministas. No solo han conquistado muchos de los derechos humanos que se les habían negado a las mujeres, incluso poniendo en riesgo su propia vida, sino que han denunciado otras injusticias como la esclavitud e inventado formas de agitación social que han sido decisivas a lo largo de la historia, como las manifestaciones, la interrupción de oradores mediante preguntas sistemáticas, la huelga de hambre, la tirada de panfletos o el autoencadenamiento. Y pese a lo que han contribuido a otras causas que promovían un mundo mejor, sus reivindicaciones particulares, esas que solo atañen a las mujeres, siempre han acabado relegadas.

Quizá, huelgas como las del 8 de marzo sean un síntoma de que, por fin, ha llegado el momento. Solo cuando este mundo sea de verdad para todo el mundo, tanto en la esfera pública como en la privada, el movimiento feminista habrá alcanzado su cometido.

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La puerta del bosque, de Melissa Albert

la puerta del bosque

la puerta del bosqueSi alguna vez has deseado que tu vida fuera como un cuento de hadas, eso quiere decir que nunca has leído verdaderos cuentos de hadas. En esas historias abundan las envidias, las traiciones y las venganzas, los abandonos, los raptos y los asesinatos. Incluso, a veces, los verdaderos monstruos son quienes menos esperabas. Nadie está a salvo en los cuentos de hadas; ni siquiera la protagonista, aunque haya nacido princesa; tampoco el verdugo, por mucho tiempo que lleve tramando su crimen. Y si no, échale un ojo a las historias de Angela Carter. Seguro que Melissa Albert, la autora de La puerta del bosque, se las ha leído.

La preciosa ilustración de la portada de La puerta del bosque —repleta de símbolos que iremos reconociendo a lo largo de la trama— nos deja claro que estamos ante una novela de fantasía, aunque no es precisamente del estilo que imaginamos al verla. No viajamos a tiempos lejanos ni a un lugar imaginario, sino a la época actual y a la ciudad de Nueva York. Allí han acabado Alice y su madre, Ella, tras vagar de un sitio a otro, siempre perseguidas por la mala suerte. Alice piensa que la culpable de su vida errática debe de ser su abuela Altea Proserpina, ya que su madre nunca ha querido que la conociera. Altea es la autora de Cuentos desde el Interior, una colección de cuentos de hadas oscuros y retorcidos imposible de encontrar ya en bibliotecas, librerías o internet, y que obsesiona a quienes en su día la leyeron. La excéntrica escritora vive recluida en una finca ilocalizable llamada el Bosque de los Avellanos, y Alice y su madre nunca han recibido noticias de ella, hasta que les llega el anuncio de su muerte. Alice cree que por fin su mala suerte terminará, pero la repentina desaparición de su madre le demostrará que eso solo es el comienzo de nuevos problemas. Y pronto descubrirá que la clave de todo está en Cuentos desde el Interior.

Melissa Albert nos plantea un interesante juego metaliterario, donde los protagonistas de su novela se convierten, a su vez, en personajes de ese mundo ficticio llamado Interior, y de esta forma, reinterpreta los mecanismos habituales de los cuentos de hadas, mostrándonos que siempre hay algo espantosamente real detrás de ellos. Y es que ese mundo de fantasía es duro y horrible, y aunque esté salpicado de una magia hermosa, en él ocurren cosas espantosas. Y lo peor de todo es que no ocurren por un motivo concreto ni las desgracias sufridas tienen moralejas que las mitiguen ni que dejen un poso de justicia. Interior no tiene reglas ni las quiere tener, y ni siquiera a la autora que narra los cuentos que dentro de él acontecen le importa lo que le suceda a sus personajes, y lo describe todo con indiferencia despiadada. ¿Quién querría vivir en semejante cuento de hadas? Por supuesto que Alice no, así que hará todo lo que esté en su mano para cambiar el final de su historia.

Y tú, desde el otro lado, no podrás despegarte de ella. Cuando termines La puerta del bosque no te quedarán ganas de protagonizar un cuento de hadas, porque tal y como Melisa Albert nos demuestra, vistos desde dentro son todavía más oscuros.

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