
Ya está, lo veo clarísimo: La historia oculta merece una serie de televisión. ¿A quién hay que hacerle la propuesta? Los guionistas de Juego de tronos estarán libres pronto, ¿no? Esos serían buenos, porque ya están curtidos en enfrentamientos dialécticos, traiciones, sangre y giros inesperados. Y, de eso, esta novela gráfica tiene un rato.
Mira que ya lo veía venir, porque cuando leí La historia oculta. Integral 1, a principios de este año, dije que esta ucronía podía dar mucho de sí, y en las siguientes entregas fue gustándome todavía más. En La historia oculta. Integral 2, disfruté de la mezcla de fantasía y ciencia ficción y, sobre todo, de los toques de humor. En La historia oculta. Integral 3, aplaudí la admirable documentación histórica que sustentaba la trama, que conseguía hacerme plausible esta versión alternativa de nuestro mundo. Pero ha sido al leer La historia oculta. Integral 4 cuando me la he imaginado adaptada al medio audiovisual.
La historia oculta. Integral 4, al igual que las anteriores, enlaza un montón de leyendas y momentos históricos, y por ellos desfilan infinidad de personajes reales y ficticios. Está formada por cuatro volúmenes: «El crepúsculo de los dioses», «Los vigilantes», «La cámara ambarina» y «Sion». Es tantísima la información que se da, que las escenas se suceden a una velocidad de vértigo, y es una pena, porque están cargadas de simbolismos y autoreferencias que apenas nos da tiempo a apreciar. Por eso, mientras lo leía, pensaba en que sería una gozada recrearse en todos esos detalles y conocer más a fondo a cada uno de los personajes secundarios. Pero no en una película, no; en una serie con buen presupuesto. El universo alternativo creado por Jean-Pierre Pécau es tan complejo y rico que daría para varias temporadas.
Y la Segunda Guerra Mundial también ha dado mucho de sí en esta saga. Fue el eje del anterior integral y en el número cuatro da sus últimos coletazos. En eso tienen mucho que ver Alan Turing, el padre del ordenador moderno, que hace un gracioso cameo en uno de los capítulos, el desembarco de Normandía o las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, episodios en los que, cómo no, tienen un papel decisivo los arcontes protagonistas. Me llamó especialmente la atención el flashback de la guerra civil española, pero no podía faltar, porque allá donde haya sangre, los personajes de esta ucronía están metidos hasta el cuello.
Y como la rueda del caos y la destrucción nunca cesa, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, la acción se traslada a nuevos focos, entre los que destaca la guerra árabe-israelí de 1948. Imagino que este conflicto ocupará una parte importante en las próximas entregas, porque es una zona crítica para los arcontes y en ella se juegan su futuro en este mundo. Aunque el nacimiento de un nuevo personaje, con un poder hasta ahora desconocido, seguramente será decisivo en el devenir de los acontecimientos. Y es que, en la historia alternativa creada por Jean-Pierre Pécau, absolutamente todo es posible y poco o nada es predecible.
No me negaréis que tiene ingredientes de sobra para ser una serie de éxito. Pero como no sé cuánto tiempo tardará mi deseo en hacerse realidad, os recomiendo que, mientras tanto, vayáis leyendo esta novela gráfica desde el principio. Seguro que cuando os pongáis al día, estaréis tan deseosos como yo en verla convertida en una serie de televisión.

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