
Archie, uno de los iconos de la cultura pop estadounidense durante más de cincuenta años, llega por fin a España. Lo hizo de la mano de Mark Waid que relanzó la serie del grupo de amigos del Instituto Riverdale más famoso de la historia del cómic actualizando las historietas cargadas siempre de humor y romanticismo adolescente. Es extraño que nunca antes se haya editado en nuestro país ninguna de las historietas de este personaje que allí en Estados Unidos puede ser tan icónico como lo es Batman, Superman o Wonder Woman. Pero Norma, por fin, nos ha permitido disfrutar de estos cómics. Y lo ha hecho por partida doble lanzando en sendos tomos en tapa dura, dos de las colecciones que acaban de empezar en Estados Unidos: Archie, de Mark Waid con dibujos de Fiona Apple o Veronica Fish, y el que reseñaré en estas líneas, El más allá con Archie. Volumen uno, de Roberto Aguirre-Sacasa y Francesco Francavilla.
Para hablar de este cómic hay que hacerlo postrándose ante la figura de Francavilla, uno de los mejores dibujantes del noveno arte cuyas portadas son obras merecedoras de ampliación en tamaño póster. Bien es cierto que es con él con quien empezó esta historia. Me explico; Francavilla dibujó una portada para el número 23 de Life with Archie (La vida con Archie) de estilo retro en la que el propio Archie se encontraba en un cementerio asediado por su mejor amigo Jughead, Betty y Verónica convertidos en zombis. Un flipe de portada que podrás descubrir en las páginas interiores de este tomo. El guionista Aguirre-Sacasa quedó alucinado con el dibujo pero, por contra, se llevó una decepción al no encontrar en dicho número ni un solo zombi salvo los de la portada. Así que decidió inventarse una historia de muertos vivientes al más estilo revista Creepy. Por supuesto, contó con el dibujo de Francavilla y juntos han creado este monstruito digno de lectura en la noche de Halloween.
Así es como el fin del mundo empieza, en la noche de Halloween. En el instituto de Riverdale se preparan para celebrar la gran fiesta de disfraces. Verónica y Betty luchan por conseguir ser la pareja de baile de Archie mientras Jughead, el amigo zen de éste, bueno, digamos que trae consigo un disfraz de lo más realista. ¡Es un zombi! La noche de Halloween se va a convertir en una auténtica pesadilla para todos los protagonistas de la historieta en la que temer a los muertos vivientes, evitar ser contagiados y recurrir al espíritu aventurero de Archie serán sus únicas opciones para sobrevivir. ¿Conseguirán salir de esta horrible aventura?
El más allá con Archie. Volumen uno recopila los cinco primeros números originales de la serie. En las páginas finales se incluyen las portadas de cada uno de estos números además de las cubiertas alternativas. Una gozada ya que es en las portadas donde Francavilla (imagino que habrás notado que destaco mucho su arte; no puedo remediarlo, es mi dibujante favorito) se luce con mayor gloria. Las viñetas interiores también destacan por sus escenas tan expresivas, siempre enfocadas bajo iluminaciones de focos de colores.
Si has leído las historias originales de Archie habrás notado la personalidad y el rol que ocupa cada uno de los integrantes de la serie: Archie, pelirrojo aventurero y extrovertido que resulta el más popular de su instituto, Betty y Verónica, las dos chicas que continuamente luchan por ser la pareja de Archie y Jughead, el mejor amigo y el más pasota de todos. Bien, pues todas esas personalidades, con sus formas de expresarse y actuar varían notablemente en esta historia de terror. Digamos que es un «Otros Mundos» en la que los personajes difieren un poco de sus caracteres originales. No hay problema en la lectura ni en su entendimiento o empatización con los personajes si no has leído nunca las historias de Archie, aunque sí es posible que sientas cierto distanciamiento hacia uno de los personajes clave como es el caso de Jughead.
Una grata sorpresa, y espero que siga formando parte en números posteriores, es la aparición en las primeras páginas de la bruja Sabrina junto a sus tías Zelda y Hilda y su gato Salem. Para mí, junto a una escena clave con los perros, tanto el de Jughead como el de Archie, lo mejor del cómic. Y es que esta historieta tira del repertorio tan manido de otras historias de zombis, incluyendo una resurrección a lo Cementerio de animales de Stephen King y de donde más bebe esta aventura, Muertos vivientes, de Robert Kirkman. ¿Eso es malo? No, pero sí resta parte de originalidad. Claro, que de una historia de zombis poco más puedes sacar.
El resultado final tras terminar de leer este cómic ha sido muy satisfactorio. Fue mi esperada lectura de la pasada noche de Halloween y me hizo disfrutar durante un buen rato. Por supuesto, creo que las ilustraciones destacaron por encima de todo, pero el ritmo entretenido y fresco del guion también aportó lo suyo a una historia que no dudaré en continuarla.



Esta tarde la he pasado en la sección infantil de una gran librería del centro. El público, mamás y papás con sus nenes, rebosaba la planta; unos niños pintando en las mesitas de colores, otros correteando y jugando al pilla-pilla entre los estantes y otro grupito sentados al fondo disfrutando de la lectura de un cuento que narraba uno de los padres. Con voz ruda imitando a un corpulento leñador de los bosques el señor leyó el título: Cuentos de osos, dijo. Me hice hueco entre los niños que escuchaban atentos la lectura y me dispuse a acompañarles.
La bella Venecia amanece cada mañana con los cánticos de los gondoleros que surcan los canales. Ciudad diseñada por y para el arte; pintores de la talla de Tiziano, Tintoretto o Sebastiano del Piombo eligieron esta ciudad como cuna de sus creaciones. También lo fue de la denominada «Escuela veneciana» que inspiró a artistas como Rubens o Velázquez. La bella Venecia, la più bella città (junto a Florencia). Si tan hermosa es esta ciudad no menos lo es la isla de Murano; lugar de ensueño dentro de un sueño. Ahí es donde se ubica esta bonita historia, El soplador de sueños.
¿Es un pájaro? ¿Es un avión?
Hace muy poquito el concursante más duradero en el programa de la tele Pasapalabra consiguió completar todo el rosco llevándose una importante suma de dinero que había acumulado. Muchos de los programas de televisión que tienen como meta jugar con las palabras en español, resultan muy educativos y entretenidos para mantener a toda la familia aprendiendo a la par que divirtiéndose. Antes, en décadas pasadas, ya era la presentadora del Un, dos, tres, Mayra Gómez Kemp, quien conseguía hacer que tanto concursantes como espectadores nos volviéramos locos buscando palabras a la orden de «Un, dos, tres…responda otra vez». Bien, pues juguemos a un juego. Di, en medio minuto, palabras que contengan las cinco vocales. ¿Se te ocurren muchas? Así, a bote pronto, podrían ser: tertuliano, euforia, aguileño, desahucio…¡vaya!, creo que se me agotan las ideas. Eso es porque todas esas palabras las ha robado Aurelio, el murciélago malvado.
Estos días me ha tocado cuidar de mi sobrino. Tarde tras tarde es a mí a quien le ha tocado lidiar con ese pequeño Miura en potencia que mi hermana me dejó en casa. Es muy riquín, no diré lo contrario, pero no sabía cuan revoltosos podrían ser los niños a los tres años de edad. Incansable, insaciable de juegos varios, y yo, que soy más bien relajado y paso la tarde leyendo, me he visto sobrepasado. Así que probé a poner en práctica una técnica milenaria, algo que ya hacían los antiguos en tiempos pretéritos: senté al canijo en el sofá y le leí un cuento. Menudo viaje.
José María Sanz dice su DNI. Viste rocker y peina tupé. Chulesco, macarra, poeta y cantante de lo que otros poetas le escriben. ¿Uno más? Y una leche. Este tal José María Sanz es Loquillo, el de los Trogloditas y Los Intocables. El que bebió de los discos de Elvis, los Clash y de una botella de Don Pérignon. Tipo duro de aspecto imponente es mucho más que un cantante de rock and roll al uso. Su estética combina el cuero de macarra de barrio con el dandy de traje de corte impecable y sombrero de gánster. No sabe tener la boca cerrada y sus declaraciones siempre están en el ojo del huracán. Ha cosechado fans que le han seguido durante su carrera y muchos otros detractores, no pocos y sí muy feroces.
El reloj, imparable, marca las doce de la noche; la hora bruja. Comienza a temblar. Agudiza tus sentidos a cualquier susurro y sombra que te aceche. Los espectros de la noche, los que se alimentan del terror, han despertado. Gotham a medianoche 2. Descansa en paz viene cargada de historias que harán que escuches ruidos en un silencio que creías pacífico, sentirás la presencia de algo o alguien más contigo. No cierres el cómic, será el mayor error que puedas cometer. Ya estás hechizado y, créeme, el miedo es amigo. No te hará daño. Se alimenta de tus temores pero son producto de una mente embrujada, embrujada por unas páginas tan apocalípticas como atractivas. No es que no puedas cerrar el cómic, es que no querrás dejar de leerlo. Esta serie nueva de DC mola, y mucho.
Las doce de la noche. La hora bruja en la que los fantasmas invocados, las leyendas del pasado y las horribles criaturas que escapan de la naturaleza, comienzan a pulular por los siempre recónditos callejones de Gotham. La ciudad gótica por excelencia (con permiso de Barcelona), cobra todo su esplendor a la medianoche. Últimamente las historietas ambientadas en Gotham que no tienen como protagonistas a Batman o a alguno de los miembros de la “batfamilia”, me están ofreciendo las mejores lecturas. Ya me ocurrió con los misteriosos y divertidos casos sucedidos tras los muros de 
La utopía de un gobierno bueno, con un idealista y mejor persona al mando de un equipo de auténticos parlamentarios progresistas, debe ser cosa de fantasía. Y en Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensión, segunda parte de la saga de Nacidos de la bruma de 
La nostalgia es muerte. Así de contundente se abre Paper Girls 2. Bien se podría aplicar a esas hordas de chavales que intentan imitar, con dudoso gusto, las vestimentas de una época pasada como fueron los ochenta. Podría incluso ser válida esta afirmación para aquellos modernos, muy numerosos en los barrios más cool de Madrid, también denominados hipsters, que recuperan el gusto por lo analógico (cámaras fotográficas, bicis BH e incluso algún walkman he llegado a ver colgando de un vaquero de estrecheces imposibles, de esos que parecen tatuados a unas piernas de ciclista). Hum…lo siento, chicos y chicas, pero si seguís utilizando aplicaciones de móviles y las fotos de saltos en la playa para cuyo título de foto empleáis una retahíla de palabras sin espacios precedidas del símbolo de la almohadilla de vuestro teclado, la nostalgia, en vuestro caso, es pura fachada. Es decir, muerte.