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Matamoscas, de Dashiell Hammett y Hans Hillmann

Matamoscas

MatamoscasOlor a pólvora, asfalto y al perfume de una mujer para una historia de detectives de la vieja escuela. Música de jazz, bourbon en la barra del local de Vassos y una metralleta Thompson oculta bajo un mantel de cuadros. Está Sue y está Babe y está Vassos. Y a Babe le gusta Sue. A Vassos le gusta Sue. A Sue le gusta Babe. Y eso no agrada a Vassos. Las cartas de este trío están sobre la mesa y las armas cargadas. Pero hay un arma aún más peligrosa que no se carga con pólvora, aunque quema: el amor por una mujer.

Esto es Matamoscas, la novela gráfica creada por Hans Hillmann basada en la novela de Dashiell Hammett. Como si en la butaca del cine estuvieras, al abrir esta novela gráfica se sucederán en secuencia una serie de planos de los bajos fondos del San Francisco de 1927. Las ilustraciones de Hillmann —valga la portada como ejemplo— están dibujadas a ras de suelo, mostrando una paleta de grises de diversos planos cinematográficos de las escenas: primeros planos, a doble página, unos fundidos neblinosos que sugieren una silueta, apenas el percutor del arma o el ala de un sombrero. Acompañados de escuetos textos narrativos y diálogos, las escenas se suceden con el pulso propio del cine. El ambiente de Hollywood se palpa en cada plano urbano de la ciudad, como si tras esa neblina calurosa que forma el cielo en los fondos de las inmensas cuestas o tras las azoteas de los edificios se escondieran los estudios de Los Ángeles, espectadores de la acción que se desarrolla.

Y si es que de cine se trata, las historias de Dashiell Hammett han sido llevadas al cine con Humphrey Bogart interpretando al protagonista de El halcón maltés (1930). No es de extrañar que, para esta obra, el dibujante, aclamado ilustrador de carteles de cine, se encargara de unir dos artes, el séptimo y noveno arte, en uno solo.

Alineación de lujo en esta obra: Dashiell Hammett y Hans Hillmann, una delantera mítica. En cuanto a Hammett, los amantes de las historias detectivescas le conocen bien. De joven se incorporó a la Agencia de Detectives Pinkerton y tras la Primera Guerra Mundial se dedicó a la escritura. Sus relatos aparecían en la revista Black Mask, icono del pulp, donde también escribían autores de la talla de Ray Bradbury o H. P. Lovecraft. Se le considera el padre del detective solitario e infalible bebedor empedernido.

Por su parte, Hans Hillmann es considerado uno de los referentes de la ilustración del Nuevo Cine Alemán. Entre sus obras, destacan los años que trabajó para diversas producciones cinematográficas con encargos para películas de Fellini, Buñuel o Kurosawa, entre otros. Su lenguaje visual, pictórico, metafórico y ambiental, conseguía captar la esencia del cine negro. Junto a Will Eisner, se le atribuye el ser precursor de la novela gráfica contemporánea.

Lejos de las historias de gánsteres ambientadas comúnmente en Chicago, en Matamoscas será la ciudad de San Francisco quien compartirá protagonismo con los personajes. El gris de los dibujos, junto a los planos escogidos para representar el paisaje urbano, alentarán al lector a sentir el peligro y el ambiente suburbial de esas zonas. Con movimientos “de cámara” que ofrecen las ilustraciones de Hillmann, seguiremos por toda la ciudad al detective de la agencia Continental encargada de descubrir el paradero de Sue Hambleton.

Sue era hija de una familia adinerada. Su destino, casarse con un hombre honrado y de buena posición. Y eso a Sue no le gustaba. A ella le gustaban los maleantes como Hymie el Remachador, un estafador de Filadelfia que no tardaría en aparecer con un agujero de entrada y otro de salida en la cabeza. También le gustaba Babe, un matón de metro ochenta al que unos cuantos se la tenían jugada. A Sue le gustaba el peligro y por eso huyó con Babe. El detective consiguió dar con la pensión donde se alojaban. Babe no estaba en la habitación, pero Sue, sí. Muerta. Ahora, le tocaba al detective descubrir al asesino.

En cuanto a la edición de Libros del zorro rojo, uno no puede más que quitarse el sombrero. Estas ilustraciones, más de doscientas, estaban pidiendo a gritos un tamaño de impresión acorde con la calidad del contenido.

Con el buen sabor de boca que dejan las historias noir, Matamoscas destaca por un buen giro final y por permitir deleitarse con las ilustraciones. En cada página que pasas, contemplas la escena una y otra vez descubriendo detalles nuevos: una mujer asomada en el lejano vecindario, un hombre que cruza la calle, una mano enfundando una pistola a través de la ventanilla del coche… Una buena novela gráfica para contemplar y disfrutar, vaso de alcohol en mano, discos de jazz de fondo.

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Donde fuimos invencibles, de María Oruña

Donde fuimos invencibles

Donde fuimos invenciblesUna de las novelas que más ganas tenía de leer este año es esta que hoy os reseño, la nueva novela de María Oruña. Y tenía ganas de leer Donde fuimos invencibles por dos razones. La primera de ellas, por ver como seguía desarrollándose la historia entre la teniente Valentina Redondo y Oliver. Y la segunda, por ver cómo se ponía el broche a esta trilogía creada por la autora viguesa. ¿Trilogía? ¿Estás seguro, César? No sé qué razones me habían llevado a pensar que estas novelas tendrían forma de trilogía, pero en la presentación del libro pude hablar con la autora, que me sacó del error diciendo que nunca había pensado en cerrar la historia en una tercera entrega y que esta novela, junto a las anteriores (Puerto escondido y Un lugar a donde ir) forman parte de una saga de novelas que ya ha quedado bautizada como “Los libros del Puerto Escondido”.

Una vez subsanado mi error y mi despiste, toca volver a viajar a Suances, esa villa marinera que tan bien aparece representada en los libros de María Oruña. El periodo estival termina en la ciudad y la calma se ve rota por la muerte del jardinero de una de las casonas más reconocibles del pueblo, el antiguo Palacio del Amo, que ahora regenta el último de sus herederos. Hablamos del joven americano Carlos Green, que ha viajado a España con la intención de vender la casa y rememorar los buenos veranos pasados aquí en su juventud. Todo apunta a que la muerte del jardinero es una muerte natural, pero los testimonios de Carlos y algún que otro vecino pondrán en alerta a la Guardia Civil por una posible presencia de fenómenos paranormales en dicha casa. Valentina Redondo, pese a su escepticismo, se pondrá a investigar lo sucedido, dejando a un lado su metódico proceder para adentrarse en mundo poco ortodoxo.

En esta ocasión, María Oruña abandona temporalmente la novela negra para escribir una historia donde el misterio es el elemento principal de la trama. Y es cierto que hay un muerto que lo desencadena todo, pero los focos parecen centrarse más en la aparición de los fantasmas que en resolver si el pobre jardinero fue asesinado o tuvo una muerte natural. Este giro al misterio se nota también en las continuas referencias (Henry James, Agatha Christie…) que aparecen de este género literario en la novela, para regocijo de todo lector.

Los libros de esta autora tienen varios puntos fuertes, como ya he comentado en las dos reseñas anteriores de sus libros. Uno de ellos es lo bien definidos que están los personajes que ayudan a la teniente Valentina Redondo en sus investigaciones. María crea en la comandancia de la Guardia Civil un ecosistema especial en el que cada personaje tiene su papel asignado. Tenemos al bocachanclas de Sabadelle, al aplicado Rivero o la siempre eficaz Clara Múgica. Otro de sus puntos fuertes es la documentación que adorna la trama y la surte de contenido. Si en el último de sus libros conocíamos de primera mano las investigaciones de un grupo de arqueólogos, en esta ocasión veremos las dos caras de la investigación de los fenómenos paranormales. Esta labor de documentación nos lleva incluso a seguir los pasos de una antigua actriz de Hollywood con lazos familiares fuertemente arraigados en Suances.

El último de sus puntos fuertes, y para mí el más importante, es la brillantez con la que la autora es capaz de jugar con varias tramas distintas entre sí e ir uniéndolas poco a poco tanto en el tiempo como en el espacio. En esta ocasión, Donde fuimos invencibles son tres historias que convergen en un final común. Por un lado, tenemos la historia troncal, el Suances presente que viven Oliver, Valentina y los habitantes del Palacio del Amo. Por otro lado, tenemos el borrador del libro El ladrón de olas, donde Carlos Green vierte sus experiencias a modo de memorias. Y, por último, las clases del profesor Álvaro Machín a las que asiste Christian Valle, un experto en fenómenos paranormales.

Es en esta última parte donde se nota la ingente y laboriosa labor de documentación que elabora María Oruña para sus novelas. En mi caso, quizá por eso de ser documentalista de profesión y gustar de recopilar datos e imágenes, disfruto muchísimo con esta parte, y por eso disfruté tanto de su anterior libro, Un lugar a donde ir, el mejor de los tres de la saga hasta el momento, en mi modesta opinión. Aunque hay que destacar esta vez las virtudes como personaje del profesor Machín, todo un descubrimiento, pues pese a ser un personaje de ciencia lleno de sabiduría se muestra abierto a conocer otros mundos, si es que en realidad existen.

María Oruña vuelve a mostrarse como una magnífica tejedora de historias, mezclando siempre de forma notable presente, pasado, elementos históricos y misterio para hacer de sus libros una experiencia lectora única. Eso sí, he de reconocer que, puestos a elegir, prefiero una novela genuinamente noir. Pero volviendo al inicio de mi reseña, doy gracias a la autora por seguir alargando esta saga. Pese a que en esta ocasión casi no hay tiempo de entrar y profundizar en la historia de amor de Valentina y Oliver, no hay duda que la misma irá desarrollándose en entregas posteriores.

Lo que sí que tengo claro tras leer Donde fuimos invencibles es que ya va siendo hora de visitar Suances. El amor con el que María Oruña describe esa tierra y sus gentes ha podido conmigo, y este verano aprovecharé para visitar esta villa marinera, el Palacio del Amo (o lo que quede de él), la Playa de los Locos, Villa Marina o cualquiera de los bellos parajes de “Los libros del Puerto Escondido”.

César Malagón @malagonc

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Teules, de Joaquín Planchuelo

Teules

TeulesEn su sinopsis, Teules se presenta como un relato de la conquista de México que no hace concesiones a la ortodoxia, y eso llamó mi atención. Sin embargo, cuando tuve en mis manos la edición en papel, me abrumó. Son setecientas setenta y cinco páginas oficialmente, pero, por el minúsculo tamaño de letra y de los márgenes, es evidente que con cualquier otra maquetación hubiera sobrepasado las mil páginas con creces. En ese momento me di cuenta de que estaba ante una novela histórica ambiciosa y me pregunté si Joaquín Planchuelo —historiador y jurista, además de literato— habría sido capaz de transformar su vasta documentación en una novela atractiva.

Y no me andaré con rodeos: sí que lo ha conseguido, ¡y de qué manera! En lugar de detenerse en explicaciones, introduce toda la información necesaria a través de los diálogos y la acción. De esta forma mantiene un ritmo ágil en todo momento, lo que es admirable en una obra tan extensa. Y es que en Teules se suceden las batallas (las dialécticas y las de cuerpo a cuerpo), pero también las intrigas (internas y entre bandos). Una demostración de cómo la palabra puede ser tan poderosa como las armas a la hora de minar al enemigo, de conquistar imperios.

Pero empecemos por el principio: ¿por qué Teules? «Teules» significa «dioses», y los indígenas adjudicaron ese nombre a los hombres blancos que arribaron a sus tierras allá por el año 1519. Como eran incapaces de herirlos con sus flechas y piedras, los consideraban inmortales, y como sus barcos, brújulas y demás posesiones les resultaban inexplicables, las creían de origen divino.

Joaquín Planchuelo ha escrito un retrato vívido de ese periodo convulso. No solo muestra las intenciones del ejército español —las oficiales (poblar y cristianizar) y las veladas (enriquecimiento y disfrute)—, sus manipulaciones y sus desmanes, sino la complejidad de la situación americana antes de que estos llegaran, ya que decenas de pueblos estaban sometidos al todopoderoso imperio azteca y vieron en esos teules la posible solución a sus problemas.

Es de agradecer que el autor haya mostrado el punto de vista y contradicciones de ambos lados, lejos de reducirlo al enfrentamiento entre buenos y malos, porque la realidad nunca es tan simple. Solo conociendo los matices de cada circunstancia y de cada ser humano podemos atisbar el porqué de determinados acontecimientos. Eso es lo que ha logrado plasmar Joaquín Planchuelo en esta obra y, para mí, la gran virtud de Teules. Sin olvidarme de cómo ha reflejado las personalidades de Cortés y Moctezuma, los dos grandes protagonistas de esta historia, y la relación que se establece entre ellos, también fascinantes. Hombres que fueron admirados y temidos, héroes y villanos, dependiendo del momento y de los ojos que los mirasen.

Esta novela histórica es la crónica de lo que aconteció durante ese primer año y medio de conquista, pero también una muestra de lo que supuso aquel choque cultural. Ni la concepción del mundo de los españoles ni la de los indígenas salió ilesa de ese encuentro. Por un lado, los aztecas practicaban el canibalismo y hacían sacrificios humanos para que sus dioses les aseguraran la victoria en cualquier batalla, algo que siempre habían logrado, pero cuando las armaduras, caballos y arcabuces de Cortés y sus hombres se cruzaron en su camino, nada pudieron hacer. El imperio más grande del continente se dio cuenta de que había algo más poderoso que los dioses a los que siempre habían venerado. Por otro lado, los españoles los veían como bárbaros; censuraban sus prácticas atroces y se sentían sus salvadores al mostrarles el camino hacia la única fe verdadera: el cristianismo. Y aunque alardeaban ante ellos del poder y las riquezas de los reyes de España, se asombraban de su oro y de la magnificencia sin parangón de los palacios de Moctezuma, así como de su ingenio e inteligencia. Lo que creían que sería un sometimiento sencillo, se convirtió en una huida hacia delante a toda costa, sobre todo por parte de Cortés.

Por todos estos elementos y muchos más, Teules es una novela histórica trepidante. Su exhaustiva documentación y detalle serán del gusto de los duchos en la materia, pero también de los legos, que encontrarán los elementos suficientes para entender la trascendencia que aquel episodio tuvo para el mundo. Y por si esto fuera poco, se lee igualmente como una novela de aventuras, pues la acción nunca se detiene.

La única pega que le saco a Teules es que la edición no está a la altura de la historia, ya que hay bastantes errores ortotipográficos (sobre todo en los diálogos) y la maquetación le da un aspecto amateur. Algo que se puede mejorar en siguientes ediciones y en la continuación, si es que la hay. Me da la impresión de que las últimas líneas dejan la puerta abierta para que así sea. Eso sería una buena noticia para todos sus lectores, pues, una vez leída Teules, no vemos mejor forma de conocer los entresijos del resto de la conquista que de la mano diestra de Joaquín Planchuelo.

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Slam!, de Pamela Ribon y Veronica Fish

slam!

slam!Si hablamos de deportes de contacto seguramente te vengan a la mente el rugby, la lucha libre, el boxeo… Y seguidamente imagines a hombretones grandes y sudorosos dándose mamporros a diestro y siniestro mientras intentan alcanzar un objetivo determinado, a pesar de que sabes que en las disciplinas anteriormente mencionadas también hay mujeres dejándose la piel y recibiendo golpes tremendos. Esto es así porque patrocinadores, televisiones, programas de deportes y sobretodo espectadores damos, de forma injustificada, más importancia a una categoría que a otra. Triste pero cierto. Por suerte (más que suerte, tras mucho esfuerzo) existe un deporte de contacto en el que ellas acaparan toda la atención: el roller derby.

El roller derby, que inició su andadura en la década de los años 30, es un deporte brutal que aúna velocidad, estrategia y hostias como panes. No es de extrañar que al final de cada partido las jugadoras acaben con moretones, rasguños y en algunos casos hasta con lesiones de más gravedad. Algo que ya explicaría de manera fidedigna la película Whip It, dirigida por Dew Barrymore y protagonizada por una jovencísima Ellen Page. Ahora de la mano de la guionista Pamela Ribon y la artista Veronica Fish nos llega Slam! un cómic que no solo nos habla del roller derby, sino también de esas amistades que deben enfrentarse a todo tipo de contratiempos para salir victoriosas.

Así, a bote pronto, el nombre de Pamela Ribon seguramente no os suene de mucho, y no es de extrañar ya que en el mundo del cómic es todavía una novata. Pero si hablamos de cine la cosa cambia pues ha trabajado de guionista en películas como Vaiana, la live action de Los Pitufos o la secuela de la exitosa Rompe Ralph. Como novelista también goza de cierto éxito, así como de guionista en programas para la tv norteamericana o escribiendo obras de teatro. Esta artista tan polifacética además, en un pasado no muy lejano, fue jugadora de roller derby en Los Angeles Derby Doll. Aquí es cuando todas las piezas encajan. Y es que la autora natural de Pensilvania se inspiró en sus propias experiencias en este duro deporte a la hora de crear Slam! Por ello, no es de extrañar ese tono en la narración que en ocasiones recuerda a un diario personal y en otras a un manual para aprender a jugar roller derby. ”Si tu vida estaba acabada, el derby la arreglará”. Debido a esto, Pamela nos cuenta en escenas cortas e intensas, y que en ocasiones van a salto de mata y pueden provocar cierta confusión, la íntima relación entre Jennifer y Maisie. Una relación que sufrirá altibajos debido al deporte que las enfrenta y que de rebote acabará afectando a sus vidas personales.

A los lápices, y como perfecta partenaire de la guionista, tenemos a Veronica Fish, artista a la que últimamente podemos encontrar trabajando en Spider-Woman o en el reborn del clásico norteamericano Archie. Fish realiza una curiosa mezcla de dibujo coqueto, e incluso naif, que contrasta con una ilustración más severa cuando llega la hora de ponerse los patines y repartir mamporros. “¡Matar, matar, matar! ¡Ganar, ganar, ganar!”. De ir con el noviete al cine para ver La Cosa de John Carpenter (con todo ese nostálgico aire ochentero) a intentar que las contrincantes no te hundan, de forma brutal, el codo en las costillas. De disfrutar de una apacible tarde en el hogar (con gato en el regazo incluido) a patinar a toda pastilla, sabiendo que ante el más mínimo error te dejarás los dientes en la pista. De la tranquilidad a la acción. De la calma al follón.

Sí, tal vez el dibujo de Veronica Fish no goce de una gran espectacularidad, pero cumple con creces si hablamos del diseño de personajes. Rostros que oscilan entre la belleza de las princesas Disney y la dureza de Charlize Theron interpretando a Imperator Furiosa en Mad Max: Furia en la carretera. A esto hay que añadirle el cuidado a la hora de seleccionar un determinado vestuario para cada personaje (el de calle y el de “batalla”), detalle que en muchos cómics no se le da la importancia necesaria pero que siempre dota de mayor profundidad a las diferentes personalidades.

En resumen, Slam!, publicado por la editorial Fandogamia, es un cómic que nos muestra los entresijos del roller derby a través de los ojos de dos amigas que hallarán en este deporte de contacto un brutal método para sanar la soledad o el desamor.

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Meditar en 3 minutos, de Christophe André

Meditar en 3 minutos

Meditar en 3 minutosEsto no es una reseña, es más bien un experimento. Siempre he sido muy escéptico en lo relativo a la meditación, ya que soy un tipo muy terrenal y me cuesta creer en todo aquello que no puedo controlar completamente. Pero después de haber escuchado en varias ocasiones a amigos y conocidos hablar sobre las virtudes de esta práctica, me decidí a intentarlo; por otro lado, también soy de los que piensa que criticar algo sin conocerlo es de auténticos cuñados. Y así llegó a mis manos Meditar en 3 minutos, un libro que me atrajo precisamente por su propuesta de dedicar un tiempo tan escaso al día para adentrarse en el mindfulness o meditación de plena consciencia.

Los cuarenta ejercicios que contiene este libro parten desde lo más sencillo, al menos en apariencia. Así, lo primero a lo que se nos invita es a intentar concentrarnos completamente en la respiración y a tratar de no pensar en ninguna otra cosa. Suena fácil, pero intentadlo. Estoy seguro de que, salvo que tengáis algo de experiencia, al poco rato de cerrar los ojos os empezarán a venir pensamientos tan transcendentales como el título del documento que tienes que entregar mañana a primera hora o si deberían hacer una nueva categoría de bebida para referirse a la Cruzcampo. Por suerte, la concentración es algo en lo que se va mejorando poco a poco, ya que la mayor parte de las prácticas recomendadas por el autor, Christophe André, comienzan a partir de esta práctica: fijar nuestra atención en la respiración para, poco a poco, ir tomando consciencia de lo que estamos haciendo.

Con esta lectura he eliminado muchos de los prejuicios que tenía en torno al mundo del mindfulness; el principal y el que más me tiraba para atrás es el relativo a todo el protocolo/postureo que creía inherente a esta práctica. Bien es cierto que el autor recomienda mantener una postura concreta para realizar muchos de los ejercicios, pero su fin último (al menos, eso es lo que he acabado deduciendo) es que incorporemos esta práctica a nuestro día a día: a la hora de comer, en una quedada con amigos, antes de tomar una decisión complicada en el trabajo… Y es cierto que ese esfuerzo en concentrarse, en dejar a un lado lo que nos pide el cuerpo en favor de conseguir una respuesta más reflexionada y trabajada, es costoso, pero, en frío, cualquiera sabe lo ventajosa que puede llegar a ser esta forma de encarar los problemas.

Unido a ello, otros aspectos que me ha gustado especialmente han sido los valores que el autor trata de inculcar como parte del aprendizaje. Así, se nos anima a recuperar el contacto con la naturaleza, a prestar más atención a las personas que nos rodean y menos a los aparatos electrónicos, a centrarnos en los buenos pensamientos, a prestar más importancia al momento presente… En este sentido, esta lectura tiene bastante de autoayuda, pero de la de verdad: en lugar de basarse en mensajes vacíos se nos invita a probar a cambiar nuestra actitud en situaciones habituales y a ver si el resultado nos convence. Y con pasos tan pequeños como dejar el móvil a una distancia prudencial cuando vas a comer acompañado, uno percibe claramente cómo mejora el ambiente.

No sé cuánto tiempo continuaré dedicando una pequeña parte de mi tiempo a practicar ejercicios de meditación, ya que la constancia no ha sido nunca una de mis virtudes. De lo que sí que estoy seguro es que gracias a esta lectura he descubierto una práctica útil, relajante y que anima a prestar la mayor atención posible a lo que pasa delante de nuestros ojos. Algo tan lógico como difícil de cumplir. Y si no me creéis, haced la prueba.

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La venganza de las palabras bonitas, de Víctor Mengual

La venganza de las palabras bonitas

La venganza de las palabras bonitasLas palabras pueden doler como puñales. Pero también pueden sanar, abrir los ojos de aquellos que los tienen cerrados, hacer recordar algo que creíamos olvidado, hacer que nos enamoremos de alguien o que lleguemos a odiarle. Las palabras son un arma para aquellas personas que saben utilizarlas y una salvación para aquellos que nos necesitamos refugiarnos en ellas cuando la vida real nos pesa demasiado. Para mí, son mi vida.

Así que no es de extrañar que al ver el título de este libro (La venganza de las palabras bonitas) mis ojos se abrieran como si hubieran visto algo asombroso. Ese título hizo que este libro cayera en mis manos, sin importarme nada más que eso. Pocas veces me ha pasado esto, la verdad sea dicha, ya que el título de una obra suele importarme entre poco y nada. Pero esta vez… esta vez ha sido diferente.

Tengo que decir que hasta la fecha no tenía la menor idea de quién era Víctor Mengual, su autor —o, como se hace llamar en las redes sociales, @bordelicado—. No sabía que era un chico que se había hecho famoso en Instagram gracias a todos los escritos que en esa red social publicada día sí y día también. No sabía que tenía miles de seguidores ansiosos por leer un día más las palabras que salían de su teclado y de su necesidad por compartirlas. No sabía que tenía un alma inquieta con la que tanta gente se identificaba. Pero no os preocupéis si no sabíais nada de esto tampoco, ya he hecho yo la labor de investigación necesaria para poneros al día y contaros un poco más de dónde viene este libro.

Como vemos, este libro viene de las redes sociales, de esa necesidad que tenemos las personas hoy en día (entre las que me incluyo) de compartir absolutamente todo a través de una plataforma. Y hay veces en las que este contenido se convierte en algo más, como es el caso. Se convierte en un libro de poemas que es un grito a viva voz; en una conversación hacia uno mismo tal vez para recordarse cosas en un futuro o quizás para compartirlas con personas que puedan sentirse identificadas con esas palabras. Sea como sea, eso que en un principio era un mero diario virtual, por llamarlo de alguna manera, se convirtió en el segundo libro de Víctor Mengual y que ya ha enganchado a una cantidad innumerable de personas.

No puedo no hablar de las ilustraciones de La venganza de las palabras bonitas. No se me ocurriría y, si lo hiciera, no me merecería continuar haciendo reseñas de libros. Estas ilustraciones, de Ricard López (más conocido como Ricardilus) son absolutamente perfectas. Crean una sintonía maravillosa al juntarse con los poemas y consiguen atravesar el papel y llegar directamente a ese rinconcito donde guardamos los sentimientos. En especial hay una ilustración que me ha impactado más que las demás: una en la que se puede observar un corazón arrancado y metido en un bote hermético cerrado con un candado. Más descriptivo, imposible.

Sí es cierto que no todo son cosas buenas: no es uno de mis poemarios favoritos, ya que no he conseguido llegar a tener una conexión general con los poemas. Los que me han gustado, me han gustado muchísimo, pero en su conjunto se me ha quedado un poco frío. Soy consciente de que esto es únicamente por mi culpa, ya que los poemas o te llegan o no te llegan. No hay más. Y es una pena que esta vez no haya sido así. También es extremadamente importante el momento en el que lees un libro, así que puede ser que mi situación personal actual no me haya dejado disfrutar de estos versos como lo podría haber hecho en otro momento de mi vida.

Aun así, quedo agradecida por haber pasado un rato entre los pensamientos de Víctor Mengual, siendo más consciente que nunca de que las palabras son un arma pero también un chaleco salvavidas.

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Shadow Show. Cuentos en homenaje a Ray Bradbury, de varios autores

Shadow Show

Shadow ShowRay Bradbury me hubiera caído bien, lo sé. Porque es el autor de Fahrenheit 451, uno de mis libros favoritos, y me hubiese encantado charlar con él para escuchar las reflexiones que le llevaron a escribir su gran obra. Pero sobre todo porque cuando leí Escritores de cine, de José María Aresté, en el que se hablaba de la vida de varios escritores que trabajaron como guionistas de Hollywood, fueron las anécdotas de Ray Bradbury las que más me impresionaron. Era evidente que fue un buen hombre y con una sensibilidad muy especial.

Imagino que no soy la única que siente esta simpatía hacia Ray Bradbury. Seguro que la comparto con los todos los lectores que alguna vez se han acercado a sus obras y con esos escritores que están fuertemente influenciados por ellas. Shadow Show. Cuentos en homenaje a Ray Bradbury es una muestra de ese cariño e influencia.

La edición original de Shadow Show se publicó en 2012 (por desgracia, justo un mes después de que Ray Bradbury falleciera), y desde entonces se ha traducido a varios idiomas. Pero hasta ahora no se había publicado la edición española, y ha sido posible gracias a la editorial Kelonia y a los mecenas que colaboraron con ellos en el proyecto.

En este libro se recopilan los relatos de veintiocho escritores: Neil Gaiman, Margaret Atwood, Jay Bonansinga, Sam Weller, David Morrell, Thomas F. Monteleone, Lee Martin, Joe Hill, Dan Chaon, John McNally, Joe Meno, Robert McCammon, Ramsey Campbell, Mort Castle, Alice Hoffman, John Maclay, Jacquelyn Mitchard, Gary Braunbeck, Bonnie Jo Campbel, Audrey Niffenegger, Charles Yu, Julia Keller, Dave Eggers, Bayo Ojikutu, Kelly Link y Harlan Ellison. Un plantel de lujo que rinde homenaje al maestro Ray Bradbury a través de historias que, de una forma u otra, están inspiradas en su obra. Y como no podía ser de otra manera, estas van desde la fantasía hasta el terror, pasando por la ciencia ficción, el realismo puro y el realismo mágico. Entre mis favoritas: «El hombre que olvidó a Ray Bradbury», de Neil Gaiman; «Junto a las aguas plateadas del lago Champlain», de Joe Hill; «La chica del velatorio», de Sam Weller; «Los acompañantes», de David Morrell; «La llamada telefónica», de John McNally; «Los niños de la máquina para dormir», de Robert McCammon; «Luz», de Mort Castle y «Tierra (una tienda de regalos)», de Charles Yu. Y paro, que parece que vaya a poner el listado completo.

Pero, para mí, el gran valor de este libro no reside en esos relatos, por buenos que sean, sino en las explicaciones que los autores dan sobre ellos. Comentan en qué obra de Bradbury se inspiraron (cuando es el caso de una en concreto), pero sobre todo lo que supuso este escritor en sus vidas. Algunos, incluso, relatan cómo se atrevieron a escribirle una carta cuando eran tan solo unos niños, para confesarle las inquietudes literarias que habían nacido en ellos al leer sus cuentos. Y el bueno de Bradbury ¡les contestó!, animándolos a escribir y haciendo críticas a sus primeras historias. De ese intercambio surgieron amistades que duraron años.

Así que después de leer Shadow Show, todavía estoy más convencida de que Ray Bradbury fue un hombre genial y que sin él la literatura de hoy en día no sería la misma. Pero no solo porque abriera caminos y difuminara límites entre géneros, sino porque más de un lector curioso se convirtió en un escritor gracias a su apoyo. Una razón más para considerar a Ray Bradbury un autor único e irrepetible. Homenajeémosle leyendo Shadow Show y todo el legado literario que nos dejó, porque pocos hay que se lo merezcan más que él.

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El alienista, de Caleb Carr

El alienista

El alienistaDurante una semana, tiempo más que prudente para dedicarle una lectura atenta a cualquier libro, no he hecho otra cosa más que vivir por y para esta novela. Cierto, tenía mis obligaciones que implican, en mi caso, dedicarme a otras lecturas, pero esta vez no. Me planté. No quise introducir en mi mente nada más aparte de lo que este libro me estaba proponiendo. Me dediqué a disfrutar en exclusiva del contenido y argumento de esta sublime novela: El alienista.

Enganchado, viciado, obsesionado y poseído por esta novela. La leía en mi habitación, la leía en los descansos de mi trabajo; me quitaba horas de sueño por la noche para leer esta novela, incluso celaba de aquellos que levantaban la mirada para robarme palabras impresas en las páginas cuando la leía en el metro. No. La novela y yo éramos uno solo.

Qué tardes más dolorosamente gozosas he pasado.

La novela de Caleb Carr —autor y obra me eran del todo desconocidos— comienza con esta cita: «Antes del siglo XX, a las personas que padecían una enfermedad mental se las consideraba “alienadas”, apartadas no solo del resto de la sociedad, sino de su auténtica naturaleza. Por tanto, a los expertos que estudiaban las patologías mentales se les denominaba “alienistas”.»

El doctor Laszlo Kreizler, un famoso alienista muy criticado por la opinión pública, escéptica a sus métodos, ayuda a clarificar los motivos que llevan a los asesinos a cometer sus actos. Se introduce en la mente de cada uno de ellos para extraer cuanta información pueda obtener. Cualquier resquicio le vale para ahondar en ello: ausencia de afecto familiar, traumas infantiles, vejaciones o humillaciones sufridas en el pasado, todo, absolutamente todo le vale para crear un perfil psicológico que explique su conducta. Hasta el momento ha tenido éxito con sus pacientes, pero se va a encontrar con el caso más difícil de todos: un sádico asesino que descuartiza niños.

Su compañero y amigo John Moore, reportero del Times, será quien narre la terrible historia que sucedió en el Nueva York de 1896 y que comenzó con el hallazgo del cuerpo mutilado de un joven que se dedicaba a la prostitución disfrazado de mujer. Con una excelente recreación y ambientación de la época puedes casi sentir el sonido de los cascos de los caballos y las ruedas de las calesas al doblar las empedradas y pútridas calles de Nueva York. Sus bajos fondos, llenos de burdeles, donde niños de apenas doce y trece años ofrecen servicios sexuales vestidos de mujeres a hombres de la alta clase, será el escenario de fondo de esta impactante historia. Con una exquisita narración, nos introduce en los locales y tabernas de baja ralea para, después, conducirnos a la elegancia y ampulosidad de restaurantes de lujo o disfrutar de la obra Don Giovanni en uno de los palcos de la Ópera.

Si tan fantástica es la ambientación, no menos lo son sus personajes. Al doctor Kreizler y a John Moore les acompañará la joven Sara Howard, secretaria del Departamento de Policía de Nueva York y la primera mujer en desempeñar labores de investigación policial en la historia de Estados Unidos. Su desparpajo, valentía e inteligencia se sumarán a las aptitudes de una mujer adelantada a su tiempo, además de realizar un trabajo eficaz e imprescindible en la investigación.

Los crímenes se siguen sucediendo. La brutalidad del asesino y el modo en cómo aparecían los cuerpos, siempre de niños inmigrantes, comienza a crear crispación en las comunidades extranjeras de la ciudad. La policía, incapaz de obtener pistas sobre el paradero del criminal, se negará en rotundo a aceptar que un alienista y su grupo de compañeros consigan saber más que ellos en la investigación, así que no se lo pondrán nada fácil. Con este panorama de corrupción policial y política entre las grandes esferas de Nueva York, el grupo de Kreizler deberá luchar en la sombra y contrarreloj para evitar más asesinatos, a la par de enfrentarse a determinados miembros del cuerpo policial.

Durante la novela se tiene muy presente los asesinatos de Jack el Destripador, sumados al inquietante análisis psicológico del criminal que recuerda a El silencio de los corderos. Por supuesto, también se encontrarán cómodos los lectores amantes de la obra de Poe Los crímenes de la Rue Morgue. Es decir, El alienista va a reunir lo mejor del thriller y las historias de investigación en una obra muy completa, que ya supuso, la primera vez que se publicó en 1995, consagrar a Caleb Carr como uno de los mejores autores del género.

Esta obsesión enfermizamente sana (¿es posible esta contradicción? No lo sé, pero me gusta) a la que me estaba conduciendo la novela de Caleb Carr no podía terminar en la última página del libro. Debía continuar y así fue: primero con la serie de recién estreno en España, de cuyo prólogo para la novela se encarga su creador, Paco Plaza, y con protagonismo de Daniel Brühl, Dakota Fanning y Luke Evans, y después con una página web creada por y para fans de la novela con curiosidades muy interesantes:  17thstreet.net. El nombre hace referencia a la calle donde Kreizler y compañía montan su base de operaciones. Está en inglés y resultará deliciosa para aquellos que os acabéis enganchando a esta genial novela.

Ahora que ya he terminado con ella me queda una sensación de abstinencia por volver a su lectura, por encontrar capítulos sueltos que hayan quedado aún sin encuadernar en este libro y estén por ahí perdidos. Queda ese buen sabor de boca que dejan las buenas historias.

Qué tardes tan dolorosamente gozosas he pasado.

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Imagina que eres Dios, de Guillermo V. Estiballes

Imagina que eres Dios

Imagina que eres DiosImagina que tienes dieciséis años. Imagina pasear por las aceras mojadas de Bilbao en una época de noches en las calles escuchando a grupos de punk y bebiendo hasta caer al suelo. Imagina que, al llegar a casa, dejando atrás el frío, te esperan tu padre y tu abuela. No está mal, ¿no? Ahora, imagina que a quien llamas abuela apenas se mueve en su silla de ruedas y aquel a quien llamas padre se convierte cada noche en Satán. Imagina tu casa como el lugar de sus fantasías donde nadie puede saber lo que hace contigo. Vuelve a imaginar que tienes dieciséis años y que a él no le importa que seas su hija, que a él no le importa que te duela. ¿No desearías poder hacer algo más que rezar a Dios? ¿Quizá, incluso, ser el mismo Dios?

Imagina que eres Dios es un título esplendoroso, lleno de posibilidades. Desde mi punto de vista, por lo que sucede durante la novela, del todo necesario. Poder imaginar que se es Dios ofrece una esperanza final y esa es la premisa con la que debes enfrentarte a una obra cruda de una realidad ficticia aterradora.

Guillermo V. Estiballes, escritor vasco, creó esta novela a través de un ejercicio práctico propuesto por la sensacional Elia Barceló en un taller literario. La temática del relato debía tratar la juventud, desarrollar un conflicto y cómo resolverlo. Pocas semanas después, aquel relato se convirtió en novela. Eso sí, con la ligereza y el ritmo de lectura de una pieza breve. Para el argumento, se valió de una canción del grupo de rock Parabellum, del que toma el título.

En Imagina que eres Dios se van a cruzar las difíciles vidas de dos generaciones: la de la abuela, cuya equivocación fue juntarse con un marido infame y agresivo, y la de Laura, una joven de dieciséis años; por su parte, el delito fue ser engendrada por el mismo diablo. Cada episodio es una canción de rock y, como tal, desgarra el alma. Los llantos de Laura serán electrizantes riff de guitarra; los golpes recibidos, los machacones ritmos de batería. No hay tiempo para el reposo en esta novela de aterrador suspense —¿cuándo lo hay en el rock?—, en la que, en voz de la abuela unas veces, del narrador otras, recorreremos las calles del Bilbao de la década de 1990. Los bares y las callejuelas suburbiales serán el hábitat natural de la juventud perdida en canciones punk y vasos de calimotxo. Esa juventud reflejará un nuevo modo de comunicación que empezaba a instalarse entre los de su generación a través de mensajes instantáneos que, ya en su momento, atisbaba el poder controlador que con ello se ejercía sobre el otro.

Una generación difícil que se enfrentaba a problemas de mayor calado, por desgracia, muy actuales. Me refiero al maltrato a la mujer ya desde jóvenes. Un tema delicado en el que, tanto en literatura como en cine, se deja caer fácilmente en la gratuidad de la violencia. Estiballes ha conseguido en su novela alejarse de incendiar demasiado sus páginas con detalles escabrosos que no harían ningún bien a su lectura. Con buenos momentos durante parte de la trama, a veces se acusa una narración algo ingenua en cuanto a diálogos o situaciones, pero que no consiguen distraerte y hacer que pierdas el interés de la obra hasta que te acabes el libro.

La novela bien podría ser alegoría de la situación que muchas mujeres sufren a diario ante una sociedad predominantemente machista. La invalidez de la abuela representa la imposibilidad de acción de muchas mujeres en la sociedad española, relegadas a un papel inferior en la familia y siendo el hombre quien controla la situación. Por otro lado, Laura será el reflejo de las voces femeninas silenciadas, representado en su minoría de edad, donde no existe el voto y, por ende, parecen excluidas de cualquier reconocimiento válido y legal para alarmar sobre su situación.

No es fácil decidir qué tipo de público podría leer esta novela. En principio, sería un muy buen ejercicio de compromiso social para los jóvenes de entre dieciséis y veinte años, pero el contenido de terror y violencia implícita hace obligatorio marcar unos límites. Por otro lado, un público adulto, sobre todo aquel que vivió la explosión del sonido punk de grupos vascos, podría sentirse atraído por una historia tensa y de lectura rápida. Sea quien sea el lector que coja un ejemplar de Imagina que eres Dios muy seguro tendrá en mente la esperanza y justicia poética que promete el título, algo que, por desgracia, a muchas mujeres no les basta para escapar del infierno en el que viven.

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El método realista, de Pablo Ortega

El método realista

El método realista¿Dónde está el límite entre la realidad y la ficción?
¿Quién escribe nuestros guiones?
¿Quién nos dicta las respuestas?
¿Nosotros formulamos libremente las preguntas?

Todas estas preguntas aparecerán en la mente de los lectores que se atrevan con El método realista, la ópera prima de Pablo Ortega que hoy os presentamos. Estamos ante una novela llena de suspense, en la que nada es lo que parece y en la que cada personaje interpreta un papel, con sus luces y sus sombras.

La génesis de esta historia, según las palabras de su autor, “nace con la vocación de unir el género negro con la prosa precisa. Tiene fácil aceptación en el mercado, pues es un thriller absorbente y apasionante que capta la atención desde la primera página”. Una historia donde la filosofía, el teatro, el cine y la pintura están presentes, mencionándose diferentes literatos y artistas como Nietzsche, Caravaggio, Cervantes o Molière.

Pero, ¿qué encontraremos realmente cuando leamos esta novela? Toda la trama de El método realista sucede en Madrid, empezando con el asesinato de Anselmo Valdellano, dueño de una empresa internacional, solo dos días después de comunicar la última voluntad a sus tres hijos. Dicha noticia causa gran impacto a nivel mediático, pues se trata de una familia distinguida. Este caso será la primera investigación de Tano, un criminólogo y policía en prácticas que llega a la comisaría de la Ciudadela para ayudar a Nuria Ballesteros, oficial de policía, y a su compañero Leonardo Sepúlveda. Además, Mirta, la madre de Tano y, por más señas, policía en la comisaría de la Ciudadela, lleva desaparecida desde hace dos años. Preocupado, Tano empieza a investigar sobre su paradero, preguntando a su amigo Gervasio, a su tío Javier y a la tía Águeda. A medida que investiga el caso, descubre pistas similares entre la desaparición de su madre y el caso Valdellano, recibiendo, además, dos extrañas cartas sobre la vida de su madre. El destino también le lleva a la Cafetería Parnusa, un café literario donde acuden los literatos más pintorescos y bohemios a buscar inspiración.

Pablo OrtegaDetrás de este thriller sorprendente está la figura de Pablo Ortega (Huelva, 1988). Este joven onubense es licenciado en Psicopedagogía, cursando en 2012 un Máster en Educación Especial y defendiendo su primera tesina sobre la respuesta educativa al alumnado con TDAH, calificada con la máxima nota (Sobresaliente Cum Laude). En su currículo encontramos también un Máster en Educación Intercultural y una comunicación titulada “School autonomy in the United States according to the PISA report: Analyses, empirical evidences and proposals“, en el International Teacher Education Conference, que tuvo lugar en la Universidad de Harvard (Boston -Massachusetts) en 2017.

En Libros y Literatura queremos conocer, y, sobre todo, que conozcáis, un poco mejor a Pablo Ortega, y para ello hemos elaborado un breve cuestionario para que el autor nos cuente sus hábitos a la hora de escribir y de leer.

1. Para escribir, ¿mejor el día o la noche?
Prefiero escribir de día, cuando las ideas han descansado y desean cobrar vida en un espacio en blanco.

2. ¿Un cigarrillo al lado?
No fumo. Un café cargado es suficiente.

3. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida?
La vida literaria discurre por cauces electrónicos. El papel ocupa una posición cimera en la memoria de quienes se embriagan con su olor. La pluma es el testigo impertérrito de la Historia. Ambos son los mejores compañeros de viaje de todo/a escritor/a.

4. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando?
La inspiración nace de la necesidad de contar lo que sucede en nuestro interior. Los escritores somos los narradores de las experiencias que han dejado una huella indeleble en nuestro espíritu.

5. ¿Quién es tu mayor crítico?
Sin duda, soy mi mayor crítico, de natural inconformista, autocrítico y perfeccionista. La crítica más constructiva es aquella que cada persona se realiza cada día.

6. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro?
Don Quijote de la Mancha. La novela es quijotesca, pues todos los personajes tienen motivos para luchar por sus ideales en una realidad tergiversada.

7. ¿Qué libro(s) estás leyendo ahora?
Las hijas del Capitán (María Dueñas)

8. ¿Qué libro guardas como el más valioso?
Cien años de soledad.

9. ¿Qué usas para marcar las páginas?
Un marcapáginas de delfines con efecto 3D

10. ¿El mejor lugar para leer?
Cualquier lugar es idóneo si el lector/la lectora deposita su confianza y su atención en el texto. El mejor sitio para leer es una sala de estar recogida, silenciosa, sentado en un sillón cómodo.

11. Si pudieras resumir “El método realista” en una sola frase, ¿cuál sería?
Una novela apasionante que nos permite descubrir qué hay de realidad y de ficción en la vida. Todos tenemos motivos para desempeñar un papel.

Desde el pasado 1 de febrero, todo lector interesado en esta historia puede hacerse con ella tanto en Amazon como en la Casa del Libro. Atrévete a descubrir qué hay detrás de El método realista, una novela que no dejará indiferente a nadie.

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Claves para preparar un examen

claves para preparar un examen

Enfrentarse a un examen es una prueba dura para todos. Cualquier persona que se haya preparado una materia con ganas tendrá el deseo no solo de aprobar sino de sacar la mejor nota para así destacar sobre el resto de alumnos. En este artículo queremos hablar de las claves para superar el proceso y llegar hasta tu meta. ¿Te planteaste cuál es la tuya?

claves para preparar un examen

Preparar un examen no es algo sencillo. La cantidad de concentración que debemos aglutinar es algo que nos puede pasar factura. A pesar de que llevemos una temporada estudiando o conozcamos la materia casi como si la hubiésemos diseñado nosotros, los nervios y las ganas de hacerlo perfecto pueden ejercer de tremendos enemigos.

 

Sin embargo, debemos de ser fuertes y hacer lo posible porque todas esas cosas que ya sabemos, queden plasmadas en el papel y logremos la mejor de las puntuaciones. Sea cual sea el examen al que te enfrentes, los métodos suelen ser los mismos. Lo único que tenemos que hacer es poner todo de nosotros mismos e ir a por el sobresaliente. ¿Sabes cuál es la mejor manera de conseguirlo?

 

¿Cuáles son los trucos para preparar un examen?

Cuando hablamos de trucos que sirven ante la preparación de un examen no nos estamos refiriendo a técnicas mágicas con las que no tengas que estudiar para ponerte delante del papel. El esfuerzo para ganar los conocimientos es necesario incluso cuando vemos que la prueba en cuestión es sencilla. A continuación, te dejamos con algunas claves que te pueden ayudar en el cometido:

 

Preparación de la materia

Es mucho mejor prepararnos la materia de un examen que el examen en sí. A pesar de que podamos hacernos una idea de qué es lo que va a caer o cuáles serán las preguntas que tengamos que responder, no hay ciencia cierta por ello es fundamental hacernos nuestro esquema general y no uno específico. Conseguir la certificación efpa por ejemplo, pasa por varios procesos.

 

Tiempo dedicado

Para ninguna prueba que tengas pendiente es bueno hacer las cosas a última hora. Dedicar tiempo a lo que tienes que estudiar hará no solo que estés más sosegado sino que además disfrutes de lo que estás haciendo y vayas más despejado para el examen final. Aunque muchas veces no cumplimos esta teoría, hacernos con ella nos evitará bastantes problemas.

 

Convencernos a nosotros mismos

Un examen no se aprueba si tú piensas que no vas a hacerlo. Libros como El poder del ahora son estupendos para concienciarnos de que hay algo en nosotros capaz de todo y que nos da las garantías de las posibilidades. Es importante que creamos en lo que hacemos y que estudiemos con ganas sino, de nada sirve la prueba que te pongan por delante porque no lo conseguirás.

 

Evaluación personal

Una vez que hemos estudiado todo y sabemos más o menos cuáles son esas preguntas claves que estarán en el examen, debemos hacernos una autoevaluación para que seamos conscientes de nuestras capacidades. Hemos abarcado cantidad de conocimientos y ahora toca ponerlos todos al aire. ¿Serás capaz de lograrlo?

 

¿Puedo recibir clases para aprobar mi examen?

Además de nuestra propia preparación de cara al examen que tenemos, recibir clases también nos puede ayudar con el cometido. Dependiendo de la asignatura que tengamos o de la prueba a la que nos vayamos a enfrentar, será bueno que haya profesionales de las materias de por medio o no.

GRE Madrid nos da la garantía de que sacaremos este título tan importante únicamente dedicando nuestro tiempo desde aquí. Para los que están emocionados con la idea de superarlo, quizás sea una de las mejores opciones y la perfecta ocasión para superar un obstáculo más.

Por otra parte Cepcan formación es una academia de oposiciones las palmas que nos da su voto para cantidad de puestos de trabajo en el Estado. Viendo esto, nos damos cuenta de la cantidad de opciones que hay para sacar una titulación adelante. ¿Cuál sería la que te prepararías tú a conciencia?

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Un viaje pendiente… al reino de Mustang, de Daniel Torán

Un viaje pendiente... al reino de Mustang

Un viaje pendiente... al reino de MustangÚltimamente llevo un ritmo de lectura frenético. Entiendo que me pasa como a todos y que va por temporadas. Hay meses en los que puedo leerme diez libros sin casi darme ni cuenta y hay otros meses en los que si leo un par siento como si hubiera batido algún récord. Ahora estoy en esa fase maravillosa en la que puedo pasarme tres horas al día leyendo y cierro un libro para abrir inmediatamente otro.

Esto tiene sus cosas buenas, como que puedo ir haciendo tachones en mi lista de pendientes a un ritmo que me sube mucho la moral. Pero también tiene cosas malas y es que hay veces que, leyendo a esta velocidad, no consigo conectar demasiado con el libro o no le guardo el debido respeto cuando lo termino. Son manías mías, pero tiendo a digerir un poco la historia y guardarle un “pequeño luto” cuando termino un libro y así disfrutarlo un poquito más antes de empezar otro.

Pero a pesar de que llevaba una buena temporada saltándome mi propia norma, con Un viaje pendiente… al reino de Mustang he vuelto a las andadas, por fin. Después de terminarlo no solo he tenido que estar unos días pensando en él hasta que he cogido otro libro, sino que también para hacer la reseña me he tenido que dar un tiempo.

Os pongo en situación para que me entendáis. El protagonista tiene muchos miedos a los que enfrentarse. Su vida no es perfecta y sabe que en gran parte ello depende de él mismo y de su incapacidad por plantarle cara a todo aquello que le supone una barrera en su camino. Lleva tiempo pensando en hacer un viaje, en concreto a Nepal, al norte del Annapurna, donde tendrá tiempo de pensar en todo lo que necesita cambiar en su vida. Pero el acoso que viene sufriendo y la imposibilidad de vivir su propia vida de la manera que a él le gustaría, hacen que tenga que posponer el viaje una y otra vez. Hasta que un día, armado de valor, se decide: se va a ir a Nepal, se va a enfrentar a todo lo que tenga que enfrentarse y volverá siendo una persona completamente nueva.

En ese viaje lleno de aventuras y misticismo narrado por Daniel Torán, nuestro protagonista conocerá a personajes variopintos que le irán enseñando un sinfín de lecciones que después tendrá que aplicar a su día a día. Solo así, con la sabiduría de los que lo saben casi todo y la propia experiencia de emprender ese camino, será capaz de enfrentarse a los abusos de su vida anterior.

Contándoos esto espero que entendáis por qué he tenido que recapacitar un poco después de leer este libro. El protagonista bien podría ser cualquier persona, bien podría ser yo misma. Al terminarlo he estado pensando en mi propia vida: ¿la estoy viviendo bien?, ¿me he convertido en la persona que quería?, ¿me arrepiento de algunas decisiones que he tomado a lo largo de los años? Un viaje pendiente… al reino de Mustang  me ha hecho pensar en esto y en mucho más. Y, ¿qué queréis que os diga? Terminar un libro y recapacitar sobre todo lo que me ha enseñado es una de las cosas que más me gustan de este mundo.

He disfrutado mucho su lectura y, además, he tenido la oportunidad de encontrar alguna frase que no he podido evitar subrayar y pasar directamente a mi “cuaderno de frases”. Este cuaderno se va llenando poco a poco con las citas con las que me voy topando y que después de un tiempo me obligo a releer. Esto me permite recordarme quién era yo cuando leí ese libro y en qué medida he cambiado durante todo este tiempo.

En concreto, quiero compartir esta frase con vosotros: “Por mucha empatía que pueda tener la gente de tu alrededor, hasta que no eres la víctima, hasta que no sufres la cacería en tus propias carnes, no puedes comprender lo que es en toda su extensión, profundidad e impacto. Incluso puedes oír: <<lo que están haciendo contigo es excesivo>>. Como si se pudiera cometer un acoso sensato y comedido. Como si hubiera guerras sangrientas que fueran menos trágicas que otras”. Imposible no anotarla, ¿verdad?

Daniel Torán nos trae un libro en el que crea una atmósfera única. Acompañar al protagonista por todos esos parajes que parecen sacados de la ciencia ficción (pero no) es una experiencia increíble. Me gusta la forma que tiene de describir los escenarios: permitiéndose el tiempo suficiente para describirlos, pero sin llegar a ser abrumador o aburrido. En su justa medida, como debe ser. Además, el autor tiene una forma de escribir muy peculiar que se caracteriza básicamente por el uso de figuras literarias como el pleonasmo llevado a su propio campo: subir para abajo, entrar hacia fuera. Esto a mí me ha hecho mucha gracia y lo he admirado bastante durante el tiempo de lectura, ya que me ha parecido de gran valor el atreverse a usar ese registro en toda la narración.

Y es que a veces es imprescindible saber subir hacia abajo o entrar hacia fuera. Será una de las cosas que aprenderá nuestro protagonista y nosotros con él. Así que ¡normal que tuviera que darme un tiempo de descanso después de terminarlo! Pero ahora, que ya he hecho un repaso de toda mi vida y he estudiado todos aquellos puntos de inflexión que la han marcado irremediablemente, es el momento de cerrar (al menos durante una buena temporada) las tapas de este libro para dar paso —ahora sí— al siguiente.

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