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Corazón oscuro, de Jay Asher y Jessica Freeburg

Corazón oscuro

Corazón oscuroLo que me gustan a mí las reinvenciones de los clásicos. Hace poco os hablé de la que Margaret Atwood había hecho de La tempestad, de William Shakespeare; también de la nueva versión que Sergio García y Lola Moral habían escrito sobre La bella durmiente. Y en esta ocasión os traigo la de otra fábula de los hermanos Grimm: El flautista de Hamelín.

Quizá os suene el nombre de Jay Asher. Es el escritor de Por trece razones, la novela en la que se basó la controvertida serie de Netflix. Menos conocida es Jessica Freeburg, escritora de literatura juvenil que siente predilección por leyendas  y momentos de la historia espeluznantes (por lo que intuyo que me caería muy bien). Ambos autores han unido sus talentos para crear Corazón oscuro, junto al ilustrador Jeff Stokely. Y, en este cómic, han tratado de dar respuesta a todas las incógnitas que plantea la leyenda de Hamelín: ¿quién era ese misterioso flautista? ¿Cómo sabía qué notas tocar para apoderarse de la voluntad de ratas y humanos? ¿Qué hizo y con quién se relacionó durante aquellos días que pasó en Hamelín? ¿Solo por dinero llevó a cabo semejante venganza?

Hay muchas versiones sobre la famosa leyenda del flautista de Hamelín. La fecha de algunas fuentes se remonta hasta el año 1384 y la cantidad de datos que se han ido añadiendo y eliminando hace pensar que nació de una tragedia acontecida en un pueblo alemán, allá por el siglo XIII. Jay Asher y Jessica Freeburg han profundizado en qué pudo suceder en aquellos días. No han intentado darle base real a los poderes del flautista, pues lo suyo es la fantasía; sin embargo, han conseguido unos protagonistas creíbles, con matices, y una recreación convincente de la época y del día a día de aquel pueblo. Y todo eso en tan solo ciento cuarenta y cuatro páginas. Por ello, Corazón oscuro se disfruta desde la primera página y no se suelta hasta el final.

La leyenda del Hamelín es la excusa para abordar temas universales que van desde la injusticia y la marginación social hasta la esperanza de encontrar un lugar en el mundo. Eso la convierte en una bonita historia de amor, pero, a la vez, en una cruel venganza. Y por encima de todo eso está el homenaje a las palabras, a los cuentos. Maggie, la chica que aparece en la portada junto al flautista, inventa historias para soportar su realidad. Al igual que los autores de este cómic, Jay Asher y Jessica Freeburg, que modifican el final de esta conocida fábula para, quizá, volverla más justa. Si es que es posible algún final justo sin que se pierda la verdadera esencia de esta leyenda, que no muestra precisamente el lado más amable del ser humano.

Tendréis que leer Corazón oscuro para valorar vosotros mismos si ese desenlace es justo o no. Pero os aviso de que corréis el riesgo de fascinaros con esta leyenda, tanto de la reinvención de estos autores como de las mil versiones ya existentes. Y es que el poder del flautista de Hamelín seguirá seduciendo a los lectores por siempre.

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La mujer singular y la ciudad, de Vivian Gornick

La mujer singular y la ciudad

La mujer singular y la ciudadHan pasado muchas cosas desde que os recomendé aquí Apegos Feroces, la novela de Vivian Gornick que publicó Sexto piso hace un año. En este tiempo, Gornick se ha convertido en una de las voces más inspiradoras para los lectores españoles. Autoras como Elvira Lindo han escrito sobre la genialidad de Apegos feroces, que ha vendido una barbaridad de ejemplares y ha sido considerado el Mejor Libro del Año 2017 para el Gremio de Libreros de Madrid y distinguido como Mejor Libro del Año de No Ficción por el Cultura(s) de La Vanguardia y otras tantas distinciones. No es poco, ¿verdad?

De nuevo la Gornick, de nuevo Sexto piso publicando una de sus novelas. Esta vez es el turno de La mujer singular y la ciudad, el segundo volumen de sus memorias o la continuación natural de Apegos Feroces. En esta parte vuelve a aparecer la madre, aquel personaje que nos fascinó en la primera entrega y nos hizo pasar tan buenos ratos (aunque no tantos a nuestra escritora). Eso sí, esta vez aparece de forma mucho más sutil, pues el punto de partida y centro de esta entrega es la ciudad de Nueva York.

La mujer singular y la ciudad es una especie de compendio de anécdotas que tienen como eje la ciudad, sus calles, sus gentes y sus rutinas y extravagancias. Y de fondo, la amistad, la soledad, las relaciones personales y los conflictos. Todo, claro está, narrado con la lucidez y autenticidad a la que nos tiene acostumbrados Vivian Gornick.

Un libro que no he podido dejar de subrayar mientras lo leía, que te hace reflexionar sobre nuestro papel en el mundo y en la sociedad, sobre las relaciones tan distintas y peculiares como la de Gornick y su amigo Leonard. Esas relaciones que nos llenan y hacen que seamos quien realmente somos.

Porque la ciudad solo tiene sentido cuando hace soportable la soledad, cuando esa conexión genérica que solo una ciudad como Nueva York puede ofrecer es capaz de reconfortar de una forma que no se puede explicar.

No sé si La mujer singular y la ciudad me ha gustado más que Apegos feroces, creo que aún necesito tiempo para digerir su lectura y saborearla al máximo. Lo que sí sé es que Gornick ha vuelto a fascinarme con su inteligencia y escritura y que leerla debería ser obligatorio. Una maravilla esta Gornick. Ojalá mucho más libros suyos.

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Confesiones de una policía, de Olga Maeso

Confesiones de una policía

Confesiones de una policíaCuando yo era pequeña vivía con mi madre y con mi tío. A pesar de no tener hermanos, mi tío se encargó de convertirse en uno, en lo bueno y en lo malo. Lo bueno: siempre se quedaba en casa cuidando de mí cuando mi madre trabajaba, jugábamos a la Play día sí y día también, me llevaba al cine a ver Harry Potter (aunque siempre se quedara dormido) y me protegía como si yo estuviera hecha de cristal. Lo malo: todos los días acabábamos peleados por alguna que otra tontería, lo echaba tremendamente de menos cuando se iba con sus amigos y no pasaba la tarde conmigo y me daba un pánico horrible saber en lo que trabajaba. Mi tío era paracaidista.

Por aquel entonces, teniendo yo unos seis años, en la tele nada más que se hablaba de una guerra en un sitio llamado Kósovo. Yo no tenía ni idea de lo que era, pero en casa el ambiente se enrarecía cada vez que alguna noticia relacionada salía en la televisión. Y todo tenía sentido: era probable que a mi tío lo tuvieran que mandar allí. Yo no sabía lo que significaba aquello, pero desde luego no era nada bueno.

Fue en ese instante en el que me di cuenta de lo valiente que era mi tío.

Por suerte, el tiempo pasó, los ánimos se calmaron y él se quedó en mi casa unos cuantos años más. Años que invirtió en una única cosa: prepararse las oposiciones para convertirse en guardia civil. Yo lo veía estudiar día y noche e ir al gimnasio como si no hubiera mañana. Recuerdo que iba con los apuntes de la oposición a todas partes, cualquier momento era bueno para darle un repaso. Fueron unos años muy largos en los que tuvo que sacrificar muchas cosas para poder llegar a ser lo que es hoy en día. No fue fácil, desde luego, sobre todo al ver que los años iban pasando y que, a pesar de aprobar los exámenes y las pruebas físicas, al final terminaba cayendo. Pero lo consiguió y hoy puede decir que es la persona que siempre quiso ser.

Al leer el libro de Olga Maeso, Confesiones de una policía, no he podido evitar acordarme de él todo el tiempo, ya que este libro cuenta la historia real de su autora y de cómo, después de mucho esfuerzo, consiguió trabajar de lo que siempre había querido: policía.

Olga lo tenía claro, ella quería ser policía, costara lo que costara. Ya le venía de familia, pues su padre también lo era, pero cuando se lo comentó a su madre, a esta se le cayó el alma a los pies. Y es normal, porque me imagino que las madres quieren tener a sus hijos sanos y salvos para siempre. ¡Con la de trabajos que hay! ¿No podría haber escogido ser administrativa y estar en una oficina segura y sin pistolas de por medio? Pero Olga lo tenía claro, iba a estudiar (muchísimo), se iba a preparar físicamente para las duras pruebas que tendría que pasar en breve e iba a conseguir la plaza que tanto tiempo había añorado.

Leer su experiencia personal es algo que me ha encantado. No os miento si os digo que me leí el libro de una sentada. Ya desde el principio quedé prendada de la historia, de la sinceridad con que Olga la cuenta. Sentí la frustración que ella debió sentir cuando suspendió por primera vez la oposición y (lo que fue mucho más bonito) la alegría de aprobar. Por supuesto, la presión de estar en la academia, la ilusión por conocer el primer destino y la adrenalina que nace al patrullar la ciudad y no saber qué te vas a encontrar ese día. También la tristeza de vivir casos difíciles, como el de un suicidio o la impotencia al tratar un caso de violencia de género.

La autora nos cuenta todo esto desde su propia perspectiva, siendo sincera y hablando al lector de tú a tú. Yo creo que esto es muy importante para el lector, ya que desde el primer momento siente la cercanía inmediata con ella y es eso precisamente lo que hace que no pueda parar de leer. Además, considero que conocer esta profesión desde dentro es algo imprescindible para todos. Todos deberíamos entender cuál es el proceso selectivo, cuáles son las inquietudes que hacen que una persona se quiera dedicar a este trabajo, a qué presiones está sometida y qué labores hace por los ciudadanos.

Es cierto que este libro, Confesiones de una policía, no contiene gran calidad literaria. Hay alguna que otra falta de ortografía y error en la maquetación que hace este libro no sea perfecto. Pero entiendo que lo que busca la escritora es contar su historia, simplemente. Hacer llegar su profesión a la mayor cantidad de gente posible, contando su experiencia en primera persona. Así como si fuera un diario. Y, como decía en el párrafo anterior, esa cercanía es lo que hace que este libro sea algo especial. Normalmente le doy muchísima importancia a la redacción y no me gusta encontrar errores en ella, pero la verdad es que al leer este libro he conseguido olvidarme de esos fallos, porque la historia de Olga me tenía tan atrapada que lo demás me daba igual. Recomendaría a su autora que, para las siguientes ediciones, se revisaran estos pequeños fallos para así tener un libro redondo.

Os confesaré que, mientras escribo estas líneas, no paro de pensar que tengo la segunda parte de este libro aquí a mi lado (Confesiones de una policía 2) y que ya me está empezando a costar concentrarme en la reseña porque tengo unas ganas tremendas de ponerme ahora mismo con ella. Pero antes de hacerlo, voy a llamar a mi tío y le voy a decir que haga hueco en su agenda porque tiene que leerse un libro que le voy a recomendar. Seguro que le encanta.

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La sinfonía del tiempo, de Álvaro Arbina

la sinfonía del tiempo

la sinfonía del tiempoNo sé si hice bien, pero leí la biografía de Álvaro Arbina que aparece en la solapa de La sinfonía del tiempo antes de empezar la lectura. Reconozco que me sorprendió que el año de nacimiento del autor de esta novela histórica de más de quinientas páginas fuera 1990, pero aún más que ya fuese su segunda novela publicada. Eso, unido a la frase promocional en la que Julia Navarro afirmaba que este precoz escritor vasco tenía «el don de los grandes narradores», me hizo adentrarme en la primera página con escepticismo: ¿de verdad escribe tan bien Álvaro Arbina?

Me bastaron un par de párrafos para rendirme a la evidencia: sí, Álvaro Arbina escribe muy bien. Pródigo en adjetivos, aunque siempre atinados, se recrea en cada descripción para deleite de sus lectores. Pero no solo su prosa es exquisita, sino que la historia que teje es envolvente y su documentación, apabullante.

Secretos familiares, fotos venidas del pasado con mensajes sobre el futuro, fortunas surgidas de la iniquidad e historias de amor truncadas son algunos de los elementos que componen La sinfonía del tiempo y la convierten en una novela apasionante. Todo comienza en 1914, en una estación de Londres, cuando Benjamin, el esposo de Elsa, no regresa en el tren previsto. Tampoco lo hace en los días siguientes. Y Elsa, que se resiste a creer que la desaparición es voluntaria, viaja hasta París en busca de él. Allí descubre que para dar respuesta a ese y a otros muchos misterios de su vida debe regresar a la casa de su familia, los Zulueta, en la costa cantábrica. En paralelo al viaje de Elsa, también se narra la juventud de sus padres. De esta manera, Álvaro Arbina retrata tanto el convulso contexto económico, político y social de la España de finales del siglo XIX y principios del XX como los avances tecnológicos y conflictos que se sucedían entonces en el mundo y, especialmente, en Europa.

El autor reconoce en las notas finales que «No es un retrato fiel de lo que sucedió» porque «Para eso ya están las labores periodísticas, o los libros de Historia». Que «Una novela reconstruye la realidad, se rebela ante ella, (…) y juega con sus piezas», creando «una ilusión tan verdadera y tan mentirosa como la memoria, un regalo que enriquece la vida y nos hace soñar, y tal vez entender un poco más». Y, sin duda, en La sinfonía del tiempo cumple con el cometido que se propone como escritor, pues nos hace soñar con las vicisitudes de sus protagonistas y comprender mejor la complejidad de aquel periodo histórico que abarca casi sesenta años, sin importar las licencias históricas que se tome.

Dentro de este panorama tan agitado que se plasma en La sinfonía del tiempo, tiene un papel crucial Samuel Lowell Higgins, un científico, historiador, pensador y profesor de estadística matemática obsesionado con crear una teoría llamada Las notas del tiempo, en la que intenta revelar los engranajes que subyacen en cada suceso histórico para, así, predecir los comportamientos futuros de la humanidad. Porque, como dice uno de los personajes, «La vida es redundante. Aunque a todos nos parezca nueva». Y adelantarse al devenir histórico cobra relevancia justo en ese 1914, ya que, como todos sabemos, es el año en el que dio comienzo la Primera Guerra Mundial.

No sé si hice bien leyendo la biografía de Álvaro Arbina antes de empezar la lectura, pero estoy segura de que si la hubiera leído tras acabar el libro, todavía me hubiera sorprendido más con la edad del autor. Si con tan solo veintiocho años es capaz de escribir semejante libro, no exageraba Julia Navarro en su definición, ni tampoco mi compañero Gorka en la reseña que le dedicó al debut literario de este autor, La mujer del reloj. Tampoco exagero yo si os digo que Álvaro Arbina está llamado a ser uno de los grandes escritores de novela histórica de nuestro país. Si no lo es ya.

@EstherMagar

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Bowie, de María Hesse y Fran Ruíz

Bowie

“There’s a starman waiting in the sky,

He’d like to come and meet us but he thinks he’d blow our minds”.

 

BowiePues sí, había un hombre de las estrellas que vivía en cielo y que, finalmente se atrevió a visitarnos. Y sí, estaba en lo cierto: realmente nos hizo perder la razón. Es una pena que el hombre de las estrellas nos dejara hace dos años y volviera a su lugar, pero cuando alguien ha supuesto tanto para la historia de la música como David Bowie es imposible que se vaya del todo, ¿verdad? Yo, por si acaso, lo llevo siempre dentro, porque tanto él como su música han estado conmigo desde que era una enana y le debo tanto al Duque Blanco.

Somos muchos los que adoramos a Bowie, afortunadamente. Entre ellos se encuentran María Hesse y Fran Ruíz, los creadores de esta maravilla de libro que os comento hoy. Ya os he hablado en alguna ocasión de la ilustradora María Hesse, como por ejemplo con su preciosa biografía de Frida Kahlo. Su estilo me encanta y cuando me enteré de que iba a ilustrar este libro se me pusieron los ojos con dos corazones, como al emoticón. Para la parte literaria, Bowie cuenta con Fran Ruíz, quien escribe esta personal biografía del cantante, mezcla de ficción y realidad. Tengo que confesar que soy un poco reticente a las biografías ficticias, porque ya que estoy leyendo sobre la vida de alguien me gusta que sea verdad. Pero, claro, con David Bowie me pasa que ya he leído mucho sobre él y que sé dónde encontrar lo que busco cuando me refiero a una biografía propiamente dicha.

Supongo que por eso me ha gustado este libro, porque me he dejado llevar por esa licencia que se ha tomado el autor de adornar, en ocasiones, la vida de Bowie. Y me he dejado llevar porque Fran Ruíz lo ha hecho muy bien, ha sabido mezclar con sutileza esas historias que podrían ser tan verdaderas como las reales.

En cuanto a las ilustraciones de María Hesse, sólo puedo decir que lo ha vuelto a hacer. O que, mejor dicho, se ha superado. Su estilo tan personal, tan atípico y único tiene ese sello tan Bowie que hace que el resultado sea perfecto. A mí es que esta chica me flipa, qué queréis que os diga.

No podéis dejar pasar de largo este libro, queridos amantes de Bowie. Es tan perfecto que tiene su sello y eso es algo muy difícil de lograr. Estoy segura de que será todo un éxito.

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La furgo, de Martín Tognola y Ramón Pardina

La furgo

La furgoA los que vivimos sin lujos, pero también sin estrecheces, a los que podemos salir a cenar una vez al mes y llevar a los niños al cine el día del espectador, a los que recibimos como un puñetazo la factura de la luz, pero la pagamos puntualmente, nos cuesta imaginar la vida del desahuciado. Podemos, naturalmente, indignarnos, compadecernos y ayudar, pero, si estás leyendo esto, lo más probable es estés muy lejos de preocuparte por dónde dormirás la semana que viene o de dónde vas a sacar dinero para la ropa de tus niños. Y nos cuesta imaginar esa vida no sólo porque nuestra situación actual pueda ser más o menos estable, sino porque nuestra imaginación nos impide dar un salto tan cruel en el tiempo. Si hoy estoy aquí, ¿por qué iba a estar mañana en la calle?

Un desahuciado puede sorprenderse al echar la vista cinco años atrás, cuando tenía trabajo, piso y pareja estable; cuando podía salir a la calle sin someterse al juicio de los desconocidos y cuando su presencia no incomodaba a la gente bienpensante. Pero se sorprende menos si va remontándose en el tiempo paso a paso. La tragedia del desahuciado radica, en parte, en su carácter gradual. Un día perdemos el trabajo y deja de entrar el dinero en casa. Empiezan a llamar a la puerta señores con corbata a los que no queremos ver, y la tensión nos distancia de nuestra pareja. Cuando finalmente lo hemos perdido todo, los que nos rodeaban y se hacían llamar amigos han tenido el tiempo necesario para ir alejándose de nosotros. Estamos solos.

Conocemos a Oso, el entrañable protagonista de esta estupenda novela gráfica, cuando ya se ha hecho a esa vida de estable precariedad. Vive en una furgoneta y sale adelante a base de chanchullos, chapuzas y la ayuda, más moral que material, de esa buena gente que tanto abunda y a la que los zombis con corbata no nos dejan ver. El pensionista al que Oso arregla la tostadora le paga con un plato de fabada; Luis, el guardia urbano, le perdona las multas de aparcamiento y le invita a alguna cerveza mientras ven el fútbol en el bar; Javi, un greñudo heavy, organiza grupos de turistas despistados a los que ofrecen tours alternativos por Barcelona. Una de las ventajas de vivir en una furgoneta, nos dice el propio Oso, es que uno no se cansa nunca de las vistas. Éstas, sin embargo, tampoco le permiten atisbar la más mínima esperanza de alcanzar una vida mejor.

Oso tiene una hija, Violeta, y en su custodia compartida la lleva a extraordinarios viajes por el fondo del mar o le enseña juegos tan divertidos como el del reciclaje. Un día entra en su vida Penélope, una mujer que. como él, rueda por la vida sin rumbo fijo. Otro día se presenta su hermano, un hombre muy formal del que podemos intuir que ha conseguido algo así como un puesto fijo en una caja de ahorros, y que le trae noticias acerca de su padre. Mientas tanto, su ex-mujer sigue creyendo las mentiras que le ha contado Oso acerca de la respetable y próspera vida que lleva. Y así, poco a poco, gracias a un gran sentido del ritmo narrativo y con un guión excelente, Ramón Pardina va trenzando todos los hilos  de esta espléndida La Furgo, apoyado en los dibujos de Martín Tognola, de trazo desenfadado y sutil retrato. El resultado es una historia humana, sencilla, divertida e inolvidable. ¿Qué más se puede pedir?

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Sara, mi vida por 37 kilos, de Jon Ugutz Zubizarreta

Sara, mi vida por 37 kilos

Sara, mi vida por 37 kilosSara ha muerto. Era inteligente, tenía una mirada espiritual, era tímida, insegura, buena estudiante, muy sensible , un poco solitaria, afectuosa e hija formal y obediente. Tenía 21 años y sólo pesaba 37 kilos. La novela comienza justo ahí, en el momento posterior a la muerte de Sara. Deja a sus padres desconsolados, perdidos, enfrentados a una convivencia en la que les falta el nexo más fuerte que los unía, incapaces de reconstruir su vida en pareja; deja un grupo de amigas que acuden muy respetuosas a su funeral pero que fueron uno de los desencadenantes de su enfermedad; deja también un diario personal que sus padres descubrirán y leerán, cada uno por separado. No serán los únicos que lo lean; también lo hará algún otro personaje, que añadirá su propia mirada y su trocito de conocimiento de Sara, y lo hará también el lector de la novela, que podrá así conformar el mosaico de la personalidad de la doncella muerta, Sara, a la cual conoceremos realmente sólo al final de la novela, al llegar a esas últimas páginas y a ese último párrafo tan lleno de gravedad, con ecos de tragedia griega, de epopeya con un final infeliz -el cumplimiento del destino aciago de Sara, morir cuando apenas empezaba a vivir, sin haber podido ofrecer al mundo todos sus dones- pero, como todos los finales épicos, imposible de evitar.

Sara, mi vida por 37 kilos, es más que una novela sobre una joven que cae enferma y muere. Es más que una novela de descubrimiento de un personaje y del mundo que había antes de su muerte y después, es decir, de la forma en que un personaje cambia el mundo, su mundo, por reducido que éste sea y por pocas que sean las personas a quienes engloba. En cierto sentido, es una disección contundente e implacable de cierto tipo de personalidad proclive a los desórdenes alimentarios, así como a cualquier otro tipo de enfermedad mental: personas vulnerables, muy sensibles a su entorno, en una edad especialmente difícil que hace que la piel sea permeable a cualquier agresión externa, que penetra el alma y provoca cambios que pueden ser decisivos y terribles; al mismo tiempo, es una exposición de cierto tipo de relaciones entre adolescentes, relaciones de poder y de dominación con un componente de crueldad muy marcado que puede destrozar vidas, como es el caso de Sara, miembro de un grupo de amistades con personalidades muy superficiales y egoístas que la empujan un poco más al vacío. Por otro lado, la novela es sincera y valiente al tratar los desórdenes alimentarios como lo que son: una enfermedad mental, no una moda, ni un “estilo de vida”, ni algo que se elige voluntariamente tanto al entrar como al salir de ellas, ni una “dieta llevada al extremo”; simplemente una enfermedad mental en todo lo que éstas tienen de feo, de aleatorio, de antirromántico, de mortal.

La caída de Sara en la anorexia se muestra sin caer en tópicos, de forma sutil pero directa, a medida que vemos su caída en la locura, gradualmente pero sin freno. Una muerte a cámara lenta y un deterioro de facultades psíquicas que vemos impotentes, sabiendo exactamente lo que está sucediendo y, en parte, por qué (conocemos algunos de los desencadenantes de la enfermedad de Sara, si bien no los porqués, quizás porque no hay porqués en el campo de las enfermedades psiquiátricas; todavía hay mucho que la ciencia ignora sobre éstas y sobre los desórdenes del comportamiento alimentario en concreto). El golpe resulta más fuerte cuanto que el principio del relato de la vida de Sara es ligero, de modo que, si no fuera porque la protagonista muere, casi podría ser el principio de una novela de comedia romántica. Y es que el fin del mundo seguramente sea así: no está precedido de truenos y de fanfarrias, sino que nos pillará en un día cualquiera, haciendo cualquier cosa banal, en un momento indistinguible del anterior.

Jon Ugutz Zubizarreta ha hilvanado en Sara, mi vida por 37 kilos una novela de rápida lectura, pero de poso profundo; de lenguaje ágil y directo, que no necesita de florituras para narrar un drama del que siempre puede decirse que “podía haberse evitado”.

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Primavera cruel, de Luis Roso

Primavera cruel

Primavera cruelQué maravilla es reencontrarse con un viejo amigo. Con un viejo amigo de los que solo conservas buenos recuerdos, de los que, a pesar de que lleves un tiempo sin hablar, cuando os volvéis a ver es como si no hubiera pasado el tiempo entre vosotros. Este sentimiento es el que he tenido al reencontrarme con el Inspector Ernesto Trevejo, personaje salido directamente de la pluma de Luis Roso, que se estrenaba con Aguacero y hace tan solo unos meses ha publicado Primavera Cruel.

Esta segunda novela nos traslada de nuevo a la España de los años 50. Como en la anterior, la historia arranca en Madrid cuando Trevejo recibe la orden de encargarse de un caso que podría poner patas arriba el régimen franquista. Un joven vinculado con organizaciones contrarias a la dictadura aparece muerto en el Monte del Pardo, cerca del palacio donde vive el Caudillo. En un primer momento cunde el pánico al sospechar que podría tratarse de un intento de asesinato contra Franco, pero ya sobre el terreno, nuestro inspector descubre que en realidad el chico fue asesinado al huir de un coche en el que viajaba con sus propios camaradas. Tras el descubrimiento de otros asesinatos ligados al del joven comunista, Ernesto Trevejo tendrá que viajar hasta un pueblo de Cataluña para tratar de esclarecer el caso.

En Primavera Cruel volvemos a encontrarnos con un noir a la española que nada tiene que envidiar a los de otros autores consagrados. Con un ritmo más pausado e introductorio al principio y, sin embargo, más trepidante aún que el de Aguacero según avanza la historia, nos vamos sumiendo en una apasionante trama policiaca que engancha desde la primera página..

Luis Roso, vuelve a hacer gala de una prosa sencilla pero elegante y depurada que no necesita de grandes alardes léxicos para destacar. Los puntos fuertes del libro son los mismos que los de su antecesora: una ambientación impecable, fiel reflejo de los sucesos y la vida de la época tanto en la gran ciudad como en los entornos más oscuros y rurales. Un equilibrio perfecto entre narración y diálogo, a pesar de que (otra vez más) el segundo acapare un mayor porcentaje del libro, haciéndolo brillar por encima de la mayoría de las novelas negras que se escriben hoy en día. Una trama perfectamente hilvanada, con una investigación metódica y clásica, pero ágil y llena de giros inesperados que harán que nos cueste soltar el libro. Y, por último, la verdadera clave, a mí parecer, de los libros de Luis Roso, el inspector Ernesto Trevejo. Sin profundizar en la vida personal del protagonista ni dotarlo de una vida llena de sufrimientos ni tormentos (como nos tienen acostumbrados la mayoría de los autores de misterio), Luis Roso consigue encandilar con su personaje estrella simplemente dejándole hablar. Porque Trevejo es uno de esos personajes con los que empatizas desde el primer momento gracias a su carisma y a su personalidad irónica, algo pendenciera, pero a la vez humilde y honesta.

La novela no estará exenta de cierta crítica social que, aunque sutil, no deja de mostrarnos las miserias de una dictadura que pretendía reconstruir las ruinas de una cruenta guerra civil y una postguerra que la había sumido del todo en la pobreza y el aislamiento internacional, a pesar de que se empezaba a atisbar cierto aperturismo hacia el exterior. En Primavera Cruel seremos testigos de los primeros pasos de la oposición al régimen, encabezada por algunos jóvenes universitarios que mantenían el contacto con los comunistas exiliados y también podremos comprobar que el nacionalismo catalán no es una tema de ahora, sino que viene de lejos.

La única pega que le puedo poner al libro es que he echado de menos a un personaje que, al igual que Trevejo, me cautivó en Aguacero. Hablo de Aparecido, un guardiacivil que en la novela anterior hacía el papel de segundo del protagonista, y que en esta, aunque sale en alguna escena, no ha tenido todo el peso que me habría gustado, pero que espero que tenga en las siguientes novelas de la saga (guiño, guiño, codazo, codazo). No obstante, Primavera Cruel es una segunda parte excepcional que, casi me atrevería a decir, supera a la primera y que gracias a una trama envolvente, bien desarrollada y ambientada y a unos personajes de excepción, encabezados por su protagonista, te enganchará sin remedio.

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Pikunikku, de Monika Budišova y Jordi Trilla

Pikunikku

PikunikkuDecir que lo japonés está de moda es una apreciación tibia. La gran ola de Kanagawa es una imagen mucho más certera para lo que nos está ocurriendo. Como en la popular imagen de Hokusai, estamos siendo arrastrados por una fuerza cultural que nos lleva irremediablemente a las orillas japonesas. Una y otra vez. Lo curioso es que no conozco a nadie que esté nadando a contracorriente. Desde luego no lo está haciendo el que escribe estas palabras.

Hay una euforia general y normalizada cada vez que una editorial se arriesga con un autor japonés. O cuando un nuevo artefacto visual acampa a sus anchas en las librerías ondeando la hinomaru, nombre con el que se designa a la bandera japonesa. Si hace unas semanas os estaba hablando de la guía para perderse en Japón de Amaia Arrazola, hoy quiero hablaros de Pikunikku. Un diccionario visual un tanto gamberro que comulga con la extrañeza y la cultura centenaria propias de Japón. Como diría un japonés enérgico: ¡hajimemashō!

Todo comienza con una colaboración entre la buena gente de Impedimenta, artífices de los libros mejor acabados de la industria editorial patria, y el dúo creativo Pinkpill Design, formado por Monika Budišova y Jordi Trilla. Aprovechando los conocimientos de Monika sobre Japón, deciden llevar a cabo este proyecto en gran formato que hoy nos ocupa. La ilustradora estuvo viviendo entre japoneses durante casi un año y todas esas experiencias, muchas de ellas algo bizarras, han sido volcadas aquí.

Pero, ¿qué es Pikunikku? A grandes rasgos es un diccionario gráfico que se alimenta de todo aquello que nos fascina del país del manga. Desde tipologías de sushi hasta conceptos claves para entender la sociedad como los hikikomori, un fenómeno que roza la figura del ermitaño pero cuyo trasfondo es menos amable. O el Oshogatsu, todo un conjunto de rituales que giran en torno al Año Nuevo. Visitas a los templos, limpiezas exhaustivas en las que participa toda la familia o envíos de regalos con cierta utilidad a personas que han sido importantes para ti en el año que acaba.

El repaso que nos ofrece el libro es amplio y está categorizado en cuatro apartados. El día a día, Sociedad y cultura popular, En casa y fuera y, por último, Tradición y folklore. En cada una de estas categorías aparece un sinfín de ilustraciones y definiciones sencillas que dejan la página al borde del colapso. Uno siente que al avanzar entre sus múltiples referencias se lleva consigo pequeñas dosis de información que vuelven más certera su visión de Japón y su intrincada idiosincrasia.

Una de las cosas que más me han llamado la atención de este proyecto es, sin duda, su capacidad para trascender la franja de edad del lector. Lo he disfrutado tanto y estaba tan sumergido en el libro, que no me he dado cuenta de que en casa no era el único que lo estaba leyendo. Si hay pequeños curiosos en la familia, haced el experimento y dejadles el libro un par de horas. El asombro es contagioso, y lo extraño y  raro se acaban convirtiendo en un lenguaje universal que no requiere de traducción alguna. Además, las explicaciones que acompañan a todo el proceso de lectura lo hacen adecuado para incentivar la imaginación y entender cómo es el día a día de esa gente fascinante que vive justo en el otro lado del mundo.

Cuando hablamos de un libro en gran formato y lleno de ilustraciones hay que andarse con ojo. Los libros artísticos en ocasiones pecan de una falta de guía que les hace perder el concepto a mitad del recorrido. Gracias los siete Dioses de la fortuna, no estamos ante tal caso. Como decía antes, el buen hacer al que nos tiene acostumbrados Impedimenta en su línea literaria no ha faltado aquí. Hablamos de un libro con unos acabados de calidad que lo convierten en algo digno de tener entre manos.

Los dibujos de Monika Budišova tienen ese toque infantil de la nueva era que tanto me gusta. Alejado de la mojigatería de la ilustración tradicional, el trazo aquí vibra por su sencillez y su aire gamberro. He tenido la sensación más de una vez de verlos en movimiento. De cerrar el libro y sospechar que hubiese una fiesta ahí dentro a la que no se me había invitado. Hay una viveza explícita que me ha sacado una sonrisa en numerosas ocasiones y quizás es lo que al final me acabo llevando de todo este gran proyecto. Una socarronería y un amor por Japón que han conseguido algo inaudito, llegar a tipos de lectores muy diferentes. Algo a lo que muchos aspiran pero pocos consiguen.

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Goya: Lo sublime terrible, de El Torres y Fran Galán

goya

goyaSi me preguntaran cual es mi pintor favorito no respondería nada. Me quedaría en blanco pensando en pintores y miraría fijamente a los ojos a mi interlocutor hasta que se diera por vencido. ¿Por qué esa manía de tener un pintor, escritor, director de cine, grupo de música, actor, actriz… favorito? Yo tengo muchos favoritos de todos, no puedo quedarme solo con uno. Van Gogh, Klimt, Munch, Warhol, Dalí, Rothko, Tamara de Lempicka… No te puedes quedar con uno como el favorito porque incluso si así lo haces, hoy puede ser uno y mañana o tal vez dentro de seis horas, puede ser otro.

En el caso de Goya, me gusta lógicamente, sino no habría leído este cómic, y figura también entre mis predilectos. Pero me gusta más que nada por su parte oscura. Las llamadas Pinturas negras, (con las que decoró su casa, la Quinta del Sordo), y otras anteriores. Tal vez por ser tan nocturnas y oscuras; por tener la mitología y la brujería de fondo en unos tiempos en los que la Inquisición aún rondaba por estas tierras; por lo que tienen de pesadilla malsana, de irrealidad, de cercanía a la enfermedad, la vejez y la muerte; por estar descentrados y por crear una sensación de angustia y pesimismo vital. Por lo innovador y rompedor. Por todo eso o qué sé yo porqué, me gustan estas obras goyescas.

Y por eso, y porque al guion estaba El Torres (Camisa de fuerza), tenía que leer sí o sí este Goya: Lo sublime terrible.

Conviene advertir que esta no es una biografía. Este cómic, siendo quien es el autor y conociendo la obra de Goya y los sucesos que vivió, no podía ser de otro género que no fuera el del terror.

Un pintor que se está recuperando de una enfermedad a partir de la cual ha cambiado su temática. Una enfermedad que le ha dejado sordo y que le hace sufrir fiebres y alucinaciones. ¿O puede que no sean alucinaciones? ¿Hay algo más terrorífico que caminar al filo de la navaja? ¿Que no saber si es real o invención de nuestro cerebro lo que estamos viendo? Es cierto que el no poder distinguir la realidad es un recurso muy visto, pero no por ello menos atractivo y, en este caso además, queda de primera. El Torres se inventa, y combina a la vez con hechos históricos, la razón de las extrañas obras surgidas a raíz de esa enfermedad, las cuales terminarían desembocando en las Pinturas negras, y somos testigos del proceso de lucha interna de un hombre ilustrado y racionalista contra sus propios demonios internos (que, por extensión, podríamos generalizar a los demonios de todos aquellos creadores), la superstición y el miedo imperante en el país. Y por culpa de, o mejor dicho, gracias a, esa lucha Goya dará rienda suelta a su creatividad, alejándose de encargos convencionales que limitaban su arte haciéndolo ceñirse a unas normas académicas y del buen gusto.

Ay, Goya. Pintas a los ricos, los nobles y sus santos… Los ídolos que matan la libertad del individuo. Tienes recompensas materiales, claro. Pero con cada santo, matas tu arte. Con cada noble matas tu propia grandeza.”

Por otra parte, la forma en la que se introduce a la Duquesa de Alba (inspirada en Eva Green) en la historia me ha parecido muy acertada. Nunca se ha sabido si fueron amantes o no y la idea que se propone aquí encaja como un guante dentro del contexto de la trama.

En cuanto al dibujo. ¡Soberbio Fran Galán! Estamos viendo a Goya, a las brujas, al macho cabrío, las viejas, los fusilamientos y sobre todo el tratamiento de la luz y la recreación de escenarios y vestuario y nos lo creemos todo, todito, todo.

En resumen, Goya: lo sublime terrible es un pedazo de cómic que gustará a quienes les guste Goya, hará las delicias de los que quieran una buena historia de terror y saciará a todo aquel que se acerque a él.

Después de leerlo, verás la obra de Goya de otra manera. Eso está garantizado.

Sin duda este cómic dará que hablar y es ya, por derecho propio, uno de los mejores del año. ¡El Torres ha vuelto a hacerlo!

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Hermanos, de Rocío Bonilla

Hermanos

HermanosSoy la pequeña de cuatro hermanos, así que supongo que me toca ese papel de la hermana pequeña engorrosa a la que había que cuidar y recoger del cole. Los que tengáis hermanos pequeños supongo que podéis corroborar esa sensación. Nosotros, los pequeños, nos limitaremos a poner cara de no haber roto nunca un plato, algo que se nos da genial, por cierto.

Pero bueno, digo yo que tener hermanos pequeños no es tan rollo, ¿no? También os hacemos reír, hemos prolongado vuestra infancia jugando con vosotros y habéis podido echarnos la culpa de todo. “¿El jarrón? Ha sido la pequeña.”. ¿A que os suena?

Por mi parte, en mi papel de hermana pequeña, tengo que decir que el tener hermanos mayores también tiene sus cosas buenas. No es sólo el cargarte con las culpas, ni heredar sus ropas y juguetes (que también). Siempre tienes a alguien que te cuida, que te ayuda con los deberes, que te defiende y que juega contigo aunque os acabéis de tirar de los pelos. (Os quiero, hermanitos).

Pues de esto trata este divertido libro de Rocía Bonilla, Hermanos, de las relaciones entre hermanos pequeños y mayores y viceversa. Porque lo más original de este libro es que tiene doble lectura. Por un lado, tenemos la historia de la hermana mayor que se queja de su “hermano mono” que siempre le anda fastidiando y robando sus cosas. Y, solo con girar el libro, encontramos la historia del hermano pequeña y su “hermana rinocerente”, una niña aburrida y abusona que solo piensa en ella. O eso es, al menos, lo que parece.

Resulta que, después de todo, estos hermanitos se lo pasan bien entre ellos. Se hacen reír, comparten juegos y descubren que, en el fondo, eso de tener un hermano pequeño/mayor no está tan mal. Pero, ¿qué pasará si viene un tercero? Eso sí que va a ser un lío.

Hermanos son dos cuentos en un uno muy divertidos. El libro ideal para los peques de la casa que tienen hermanos con los que compartir esta lectura. Sus maravillosas ilustraciones les encantarán y, además, pueden leerlo juntos cuando tengan una de esas peleas de hermanos. Seguro que después de leer esta historia se les pasa.

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Batman: El Príncipe Oscuro (1 de 2) de Enrico Marini

Batman principe oscuro

Batman principe oscuroDesde que en verano de 2017 supe de la existencia de este proyecto no veía el momento en que cayera en mis manos. Faltaba tanto para que saliera publicado en España, que a punto estuve de pillarlo por cierta empresa de comercio electrónico en su edición francesa y de lujo, a pesar de no tener ni zorra idea de francés. Pude controlarme, con dificultad, pero lo logré, como buen guerrero con nervios de acero. Cómo él me enseñó. En vez de eso tuve que conformarme con las pildoritas que el propio Marini subía a Facebook, en donde nos ponía los dientes largos enseñándonos con videos su destreza con las acuarelas.

Pero ahora ya, por fin, lo tengo en mis manos. Formato europeo, tapa dura y portada chulísima con un Batman que parece pensativo ocupándola casi toda, pero dejando también espacio al negro y al morado. Una excelente combinación cromática para una portada simple, pero igualmente atractiva.

Marini y Batman. ¿Qué decir de ellos? De cualquiera de ellos. Uno de los mejores artistas de cómic del mundo (Rapaces, El Escorpión) junto a uno de los personajes e iconos mundiales del noveno arte. Sobran las explicaciones, y aunque lo cierto es que es raro ver a autores como Marini trabajando para las grandes editoriales yanquis, ¿cómo no vas a hacerlo cuando el propio Batman entra en tu casa rompiendo tu ventana, (que no te va a pagar), y te pide que le dibujes una historia sobre él? A Batman no se le dice que no, y menos cuando ves que tu sueño de infancia se va a hacer realidad y además querías que tu próximo proyecto fuera un noir.

Para leer este Batman: El príncipe oscuro (1 de 2) no hace falta estar al corriente de ninguna de las múltiples colecciones del murciélago. Cualquiera puede adentrarse en la lectura de este tomo y disfrutarlo sin miedo a perderse por falta de conocimientos previos en la mitología del personaje.

La historia comienza con el secuestro de una niña por parte del Príncipe Payaso. Una niña que, no quiero hacer spoilers, pero va a traer de cabeza a Bruce Wayne y, claro está, a Batman. El murciélago va a dejarse la piel, va a dejar de comer y de dormir por encontrar a esa niña y va a hacer de su rescate algo personal.

En cuanto al Joker, es el viejo Joker de siempre al que no le importa matar a su propia banda si un chiste no le hace gracia y Harley Quinn parece ser la de los tiempos de Mad Love, cuando aún estaba enamorada de su pastelito.

Y ya sé que está feo decirlo pero, aunque en un cómic, como en un libro, la historia es importante, es un pilar básico, en un cómic también lo es, pero el dibujo a veces lo es aún más. Yo buscaba aquí una buena historia, y la he encontrado a pesar de faltar aún la segunda parte, pero sobre todo lo que quería era ver a Batman, a sus villanos, a Gotham, y al universo del Caballero Oscuro dibujados por ese genio del dibujo que es Marini. No me importaba tanto la historia. Por mí, como si no hubiera ni un diálogo. Quería el dibujo. Y, ¡joder!… ¡vaya que si me lo ha dado! Un dibujo de una calidad indiscutible. Muchas veces he dicho de algún cómic que tiene páginas dignas de ser enmarcadas y colgadas en las paredes de mi casa. Aquí no solo cada una de las páginas pueden ser enmarcadas, sino protegidas con un cristal blindado como si se tratara de La Gioconda o La Piedad de Miguel Ángel.

¿Ha merecido la pena la espera? ¡Coño!, ¿no has leído lo que te he dicho? Rotundamente sí. Batman: El príncipe oscuro (1 de 2) es el cómic que debes leer tanto si eres fanático del personaje como si quieres encontrarte con un dibujo increíblemente bueno de la mano de uno de los mejores dibujantes.

En serio, si no habéis visto en acción a Marini, buscad sus videos. Podríais pasar horas embobados viéndole pintar.

Un cómic para leer y releer, arte para la vista y para las paredes. Un cómic que se convertirá en otro clásico del murciélago.

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